Entradas etiquetadas como ‘bronquitis’

Broncodilatadores: cámara vs. aerosol. ¿Qué es mejor?

Una de las medicaciones más empleadas en pediatría son los broncodilatadores, en concreto el Salbutamol, el cual conoceréis por su nombre comercial más extendido: Ventolín. Esta medicación se emplea en caso de bronquitis o broncoespasmo, situaciones en las que existe un descenso del calibre de los bronquios, ya sea por una alergia, por una infección o, incluso, por hacer ejercicio.

Como muchos sabréis, en las bronquitis, entre otras muchas cosas, los músculos que rodean a los bronquios se contraen provocando una estrechez al paso del aire hacia los pulmones, lo que en la clínica se traduce como tos y dificultad respiratoria y en la exploración encontramos sibilancias en la auscultación pulmonar. En estos casos, el salbutamol consigue relajar esos músculos de forma rápida y eficaz, facilitando entonces la entrada del aire. Por ello, se emplean como primera linea de tratamiento en estas situaciones.

La forma en la que se administran los broncodilatadores es por vía inhalatoria, de tal forma que la medicación llega directamente a los pulmones a través de la vía aérea.Esto que parece una tontería es muy importante ya que el broncodilatador actúa solo donde se le necesita (los bronquios), lo que disminuye considerablemente sus efectos secundarios.

Como os podéis imaginar, el problema se plantea cuando esta medicación la tiene que tomar un niño, ya que no es capaz de coordinar la inspiración con la administración de este tipo de medicación. En estos casos podemos utilizar tanto cámaras espaciadoras con el salbutamol de toda la vida (el que ilustra la cabecera de este post) así como nebulizadores similares a los del hospital.

A menudo los padres nos reclaman más los nebulizadores porque, en su opinión, les parece que hacen más efecto que los puff con la cámara. Pero, ¿es realmente más eficaz un tipo de dispositivo que otro? ¿Qué ventajas ofrece un sistema frente al otro? Veámoslos por separado a ver si llegamos a alguna conclusión.

Las cámaras espaciadoras

Los inhaladores presurizados como el que ilustra este post, administran el salbutamol al ser pulsados, lo que vulgarmente conoceréis como puffs. Para que este llegue a los bronquios, la persona que lo utiliza debe inspirar de forma coordinada cuando se activa. Sin embargo, los niños (y casi ningún adulto) son capaces de hacerlo de forma adecuada.

Por fortuna, para salvar este inconveniente, existen unas cámaras espaciadores en las que se administra la medicación y el niño la inhala a través de una mascarilla sin tener que coordinar la respiración. Podéis ver una de ellas en la imagen de abajo.

Cámara espaciadora: básicamente es un tubo en el que se administra la medicación. Este tubo tiene dos aberturas: 1) la de la izquierda de la imagen es donde se colocaría la mascarilla que se adapta a la cara del niño y por la que se respira; 2) la de la derecha de la imagen es donde se coloca el inhalador presurizado.

En el mercado existen muchas marcas comerciales y cada una tiene sus peculiaridades. Preguntad a vuestro pediatra y/o farmacéutico como se utilizan para que no haya dudas en casa. Con la correcta información y entrenamiento, no deberían surgir inconvenientes para que administréis el salbutamol a vuestros hijos de forma adecuada.

Nebulizadores

Muchos habréis visto en los hospitales como, para administrar un broncodilatador como el salbutamol, utilizamos un sistema que nebuliza ésta medicación gracias a un sistema de aerosoles. Para ello empleamos una fuente de oxigeno que tomamos de las canalizaciones del hospital y una mascarilla que es la que se coloca el paciente. Podéis ver un ejemplo en la foto de abajo.

Nebulización en forma de aerosol.

Seguro que algunos de vosotros conocéis a alguien que dispone en su casa de una maquina de aerosoles porque, existir existen máquinas “portátiles” para su empleo en domicilio, pero que en general se reservan a pacientes con enfermedades crónicas. La diferencia con la del hospital es que cogen el aire del ambiente para concentrarlo y formar el aerosol. He puesto portátil entre comillas porque, aunque no son de gran tamaño, sería difícil meterlas en un bolso o en una bolsa de carrito de niño, además de requerir de un enchufe que les aporte energía eléctrica para que funcionen. Por otro lado, para poder general el aresol, además de la propia medicación (en este caso es un botecito con un líquido), se necesita suero fisiológico para disolverlo. En la siguiente foto podéis ver unos ejemplos de una maquinas de aerosoles.

Diferentes dispositivos que administran medicación en aerosol.

¿Y qué es mejor, una cámara o una máquina de aerosoles?

De vez en cuando, los padres de algún paciente nos piden que, en vez de mandarle el dicho salbutamol con la cámara, les prescribamos una maquina de aerosoles para poder ponerle la medicación como en el hospital pero en casa.

Es cierto que en muchos hospitales y centros de salud, cuando un niño requiere un broncodilatador, se utilizan los aerosoles en vez de los dispositivos presurizados y las cámaras, pero cabría preguntarnos, ¿qué sistema es más adecuado?

Para responder a esta pregunta, lo mejor es revisar la literatura existente y daros respuestas basadas en la evidencia científica. El caso es que existe una revisión Cochrane que precisamente compara unos dispositivos con otros. Esta revisión bibliográfica concluye que las cámaras espaciadoras no son peores que los aerosoles por lo que, debido a lo sencillas que son de usar y el poco espacio que ocupan y lo fáciles que son de transportar fuera de casa, deberían considerarse siempre como primera opción para utilizar en el caso de bronquitis o broncoespasmo en niños sanos.

Muchos estaréis pensando que lo de administrar el salbutamol con cámara no es sencillo y que vuestros hijos no se dejan… y es verdad que cuando son pequeños no es nada fácil. Pero os puedo asegurar que es más fácil con cámara, al fin y al cabo son uno o dos minutos, que con una máquina de aerosoles que , como mínimo, tarda en administrar la medicación entre cinco o diez minutos.

Pero es que además, los protocolos más actualizados sobre crisis de broncoespasmo contemplan que en los hospitales se utilicen las cámaras en vez de los aerosoles en casos de crisis leves o moderadas, como se puede comprobar en la última edición de la Guía GEMA (Guía Española para el Manejo del Asma). En mi opinión, si está recomendado su empleo en situaciones hospitalarias, más aún para su empleo en domicilio.

Camaras espaciadoras y mascarillas esperando ser utilizadas en las Urgencias del Hospital Infantil Universitario Niño Jesús.

Por mi parte, a las cámaras les veo muchas más ventajas que inconvenientes respecto a las máquinas de aerosoles. Por ejemplo, si salís a dar un paseo, es mucho más sencillo llevarlas (y utilizarlas) por ahí, que una máquina de aerosoles. Además, cuando el niño crezca y sea más autónomo, puede meter su cámara en la mochila del colegio y utilizarla el solo en caso de que lo necesite.


En resumen, las cámaras espaciadoras deberían contemplarse siempre como primera opción en el caso de que un niño necesite un broncodilatador de forma ambulatoria. A día de hoy, la evidencia científica ha demostrado que no son peores que las máquinas de aerosoles a la hora de administrar esta medicación.

También te puede interesar:

Bibliografía:

Trece cosas que (quizá) no sabías de la bronquiolitis

La bronquiolitis es el caballo de batalla de los pediatras en los meses fríos del año. Millones de niños en todo el mundo la padecen, lo que en muchos casos acaba saturando desde las consultas de Atención Primaria hasta las Unidades de Cuidados Intensivos Pediátricos de los hospitales de tercer nivel.

A lo largo de este post encontrarás mucha información útil sobre la bronquiolitis que te puede ayudar a entender qué le pasa a tu hijo.

1. Se define bronquiolitis al primer episodio de sibilancias (“pitos”) en un menor de dos años en el contexto de una infección viral. En ocasiones, los siguientes episodios en los que aparecen sibilancias se denominan de la misma forma o simplemente como bronquitis o broncoespasmo.

2. La causa de la bronquiolitis es siempre un virus, en concreto, más del 80% de los casos se debe al Virus Respiratorio Sincitial (VRS). La epidemia de este virus coincide con los meses fríos del año, en nuestro país entre octubre y febrero. El VRS no siempre da lugar a bronquiolitis, en ocasiones se queda solo en un catarro (sobre todo en adultos).

3. La bronquiolitis afecta a uno de cada tres niños menores de dos años. De todos ellos, un 5% requiere ingreso hospitalario para su tratamiento, lo que la convierte en el motivo de ingreso más frecuente en pediatría.

4. El cuadro clínico de la bronquiolitis es siempre muy parecido. Comienza con un cuadro catarral en el que predominan los mocos durante 2-3 días. Posteriormente aparecen la tos junto con las sibilancias en la auscultación y dificultad respiratoria. Durante los primeros días puede haber fiebre. Suele mejorar al cabo de una semana aunque la tos puede persistir más allá de 20-30 días.

5. Existen una serie de factores de riesgo para que la bronquiolitis sea más grave como son el sexo masculino, ser menor de un mes de vida, la prematuridad, padecer enfermedades cardíacas o pulmonares crónicas, las inmunodeficiencias, las enfermedades neurológicas… En estos casos, la bronquiolitis suele requerir ingreso.

6. No existe un tratamiento que “cure” la bronquiolitis. En ocasiones los broncodilatadores (salbutamol) pueden ayudar, aunque la respuesta en niños pequeños es escasa y la mayoría de las guías clínicas no los aconseja. Los corticoides no han demostrado ser útiles en esta patología.

7. Los antibióticos, al tratarse de una infección viral, no tienen ningún papel en las bronquiolitis. En ocasiones se emplean cuando se sospecha una sobreinfección bacteriana pero nunca deben utilizarse de forma rutinaria.

8. Los lavados nasales son una parte fundamental del tratamiento de la bronquiolitis. Los niños pequeños no saben respirar por la boca por lo que despejar la nariz de moco es muy importante para que el cuadro clínico no empeore.

9. La posición semiincorporada mejora la dificultadad respiratoria en la bronquiolitis por lo que es adecuado que incorpores a tu hijo mientras duerme.

10. Para que el niño no se fatigue durante las tomas suele ser útil ofrecerle de comer más veces pero menos cantidad. Cuando la dificultad respiratoria que presenta el bebé durante una bronquiolitis le impide comer es necesario el ingreso para poder iniciar una sueroterapia intravenosa o alimentarlo por sonda nasogástrica.

11. En ocasiones, la afectación respiratoria es lo suficientemente grave como para que los niños requieran oxígeno o incluso algún tipo de asistencia respiratoria. En estos casos el ingreso hospitalario está garantizado.

12. En el caso de que tu hijo presente mal estado general, no quiera comer o le cueste respirar debes acudir al hospital para que sea valorado por un pediatra.

13. La infección por VRS suele cursar en adultos en forma de catarro por lo que si estás enfermo en esta época del año es mejor que no vayas de visita a ver a recién nacidos (que son los que más riego tienen de padecer una bronquiolitis grave en caso de contagiarse).


No nos podemos resistir a enseñarte un vídeo de un niño con dificultad respiratoria debido a una bronquiolitis. Es muy importante que los padres aprendan a apreciarla ya que es uno de los motivos que justifican una visita a Urgencias.

Te dejamos por aquí el tuit que abre un hilo de Twitter de nuestro amigo Alberto García Salido (@Nopanaden) en el que habla de la bronquiolitis y el VRS extensamente de una manera genial.

PD: la bronquiolitis es una enfermedad que nos “gusta” a diferencia de muchos pediatras que la consideran muy aburrida porque no tenemos muchas armas con las que luchar contra ella y porque nos carga de trabajo durante el invierno. Todavía queda mucho que investigar en esta patología. Nosotros pusimos nuestro granito de arena en el estudio de esta patología con la tesis de Gonzalo que fue presentada en Junio de 2017.

El copyright de la foto de cabecera de este post pertenenece a furiousmadgeorge bajo una licencia CC BY 2.0.

Crisis asmática: mitos y leyendas

Las crisis asmáticas son episodios de dificultad respiratoria por disminución en el tamaño de los bronquios en las que los pediatras oímos sibilancias o “pitos” con el fonendoscopio. Lo que ocurre es que el bronquio se vuelve más estrecho. Suelen ocurrir en niños con asma, aunque no es imprescindible tener esta enfermedad para presentarlos (y en estos se llaman crisis de broncoespasmo).

Actualmente se calcula que la mitad de los niños presenta en algún momento de su vida un cuadro de este tipo. Que sea tan habitual y que prácticamente en todas las familias haya algún niño que los padezca ha dado lugar a que los padres tomen como verdaderas ciertas afirmaciones que les puede haber hecho un cuñado o la madre de un amiguito del parque sin que realmente lo sean.

Hoy, en nuestra sección de Mitos y Leyendas, repasaremos qué son las crisis asmáticas para que conozcáis de primera mano en qué consiste esta patología.

1. Si mi hijo tiene una crisis asmática es que es alérgico. FALSO

Como hemos dicho, las crisis asmáticas o de broncoespasmo son episodios de dificultad respiratoria en los que se produce un estrechamiento de los bronquios. Para presentar un episodio de este tipo se necesita una combinación de factores que podríamos resumir en dos grupos. Por un lado una susceptibilidad personal, es decir estar predispuesto para ello, y por otro, un estímulo externo. Ese estímulo puede ser tan variado como el frío, una alergia a un polen o una infección respiratoria vírica. Éstas últimas son la causa más frecuente en niños, entorno al 80% de los casos.

2. Si mi hijo tiene una crisis asmática es que de mayor será asmático. FALSO

Como ya hemos dicho, las crisis asmáticas/crisis de broncoespasmo son típicas de niños con asma. Ésta es la enfermedad crónica más habitual en los niños y se caracteriza porque el niño tiene una tendencia a padecer crisis de broncoespasmo. Puede ocurrir que un niño tenga de forma esporádica uno o dos episodios en la época de lactante sin que presente más el resto de su vida. Al final será la susceptibilidad individual (lo que esté predispuesto cada uno) y el tiempo los que nos sacarán de dudas.

3. Si mi hijo no tiene tos no puede tener una crisis asmática. FALSO

La tos es un síntoma frecuente de cualquier enfermedad respiratoria como los catarros, las laringitis, las neumonías y también de las crisis asmáticas. Sin embargo no es imprescindible. A menudo vemos pacientes que solo presentan dificultad respiratoria y sensación de ahogo.

4. Si mi hijo tiene fiebre es que tiene que tener algo diferente a una crisis asmática. FALSO

Las causas de las crisis asmáticas son muy variadas. En invierno, coincidiendo con los típicos virus, estas crisis suelen presentarse con otros síntomas como la fiebre. Sin embargo, también podemos ver niños con crisis que no presenten fiebre.

5. Si mi hijo tiene crisis asmáticas tengo que tener un pulsioxímetro en casa para medirle el oxígeno y saber si tengo que ir al hospital. FALSO

La gravedad de una crisis asmática puede conocerse valorando la dificultad respiratoria. El “el tiraje”para respirar (cuando el niño marca las costillas o hunde el cuello) o el aumento de la frecuencia respiratoria son signos de dificultad respiratoria e indican la necesidad de tratamiento. No es necesario tener un pulsioxímetro en casa, si tu hijo no mejora la dificultad respiratoria a pesar del tratamiento es el momento de ir a ver al médico. Por ello es muy importante que los padres aprendan a valorar estos síntomas.

6. El salbutamol tiene muchos efectos secundarios. FALSO

El sabutamol es el broncodilatador más empleado en pediatría. Como todo medicamento tiene efectos secundarios, sobretodo, eleva la frecuencia cardíaca y pone a algunos niños un poco nerviosos. En ningún caso son lo suficientemente importantes como para rechazar o tener miedo a este medicamento.

7. Es mejor no dar el broncodilatador al niño para que el pediatra vea si tiene pitos o no y que él decida. FALSO

La mayoría de los niños con crisis asmáticas ya han tenido alguna previa. En estos casos, y siempre que los padres piensen que el niño está teniendo un nuevo episodio, se debe empezar con la medicación cuanto antes. No tiene sentido esperar a ver qué opina el pediatra ya que cuanto más tiempo pase más difícil será que el niño se recupere de la crisis con las medidas habituales. Tras la administración del broncodilatador ya habrá tiempo de acudir al médico.

8. Como mi hijo ya es mayor le puedo dar el broncodilatador sin cámara. FALSO

Está demostrado que los niños pequeños deben usar una cámara para utilizar el broncodilatador. Pero además, los niños mayores tampoco son capaces de realizar bien la técnica con estos dispositivos (conocidos como MDI, los típicos que hacen puuuff, directamente)Lo que si pueden hacer estos niños mayores es dejar de usar los sistemas MDI con cámara y pasarse a los sistemas de polvo seco como el Turbuhaler®. Será tu pediatra el que valore si tu hijo ya ha alcanzado la edad y la madurez suficiente para utilizarlos.

9. Es mejor un nebulizador domiciliario que usar el típico dispositivo con cámara. FALSO

No hay ningún estudio que haya demostrado que la nebulización con un dispositivo de aerosoles sea mejor que una cámara siempre y cuando ésta se haga de forma correcta. Además, éstas últimas son más fáciles de transportar y de utilizar fuera de casa.

10. Los corticoides orales son una medicación muy fuerte para una crisis asmática. FALSO

Tras los broncodilatadores, el siguiente escalón de medicación en caso de que no sea suficiente para controlar la crisis, son lo corticoides orales. Esto no hace que sean más o menos fuertes, simplemente son los medicamentos indicados.


Os dejamos por aquí los link a las hojas de padres de la SEUP sobre cómo utilizar las cámaras y el sistema Turbuhaler® (aquí y aquí).

Ya está aquí: La bronquiolitis…

Suena el teléfono. Por fortuna hoy son las 2 p.m., aunque como ya estamos en noviembre me temo de que va ir el tema:

– Gonzalo, esta vez es tu sobrino. Tiene la misma tos que tuvo la niña cuando tenía 10 meses.

– ¿Y te has fijado si le cuesta respirar? – le digo a mi hermana sospechando que esté empezando con un bronquiolitis.

– No hunde el cuello pero respira más rápido de lo normal. Le he lavado la nariz pero sigue igual. Empezó hace unos días con tos y mocos y esta tarde lo he recogido de la guardería más fatigado y con las tos más fea. ¿Qué hacemos?.

– Llévatelo a casa. Esta tarde me paso porque hay que auscultarle, pero ya sabes que si es una bronquiolitis no tiene tratamiento y habrá que ver como la pasa… – Cuelgo el teléfono y cruzo los dedos. Mi sobrina estuvo unas navidades enteras ingresada por una bronquiolitis. Esperemos que el niño no lleve el mismo camino…


Como todos los años, la bronquiolitis acaba llegando y las salas de espera de las Urgencias de Pediatría se llenan de lactantes pequeños a los que les cuesta respirar. Pero, ¿sabes realmente qué es la bronquiolitis?. En el post de hoy resolvemos tus dudas y, en el caso de que tus hijos la estén padeciendo, te daremos unos consejos sobre qué debes vigilar y qué puedes hacer para que pasen esta enfermedad lo mejor posible.

¿Qué es la bronquiolitis?

La definición clásica dice que una bronquiolitis es “el primer episodio de sibilancias en un menor de dos años en el contexto de una infección viral”. Por tanto, solo se puede tener bronquiolitis una vez en la vida; al resto de episodios en lao que auscultamos sibilancias los llamamos bronquitis. Esta distinción es importante ya que el tratamiento de unos a otros varía ostensiblemente.

El virus que provoca la gran mayoría de las bronquiolitis  es el Virus Respiratorio Sincitial (VRS). Este virus circula en los meses fríos del año (de octubre a marzo en España) por lo que la epidemia de bronquiolitis tiene su pico en diciembre-enero. Este virus se contagia por contacto con las secreciones de la nariz y la garganta de un paciente infectado (saliva, mocos…) por eso es muy frecuente en niños de guardería.

¿Cuál es la evolución de los síntomas?

Los primeros días de la infección cursan con catarro (tos y mucosidad) y puede aparecer fiebre. A los 3 o 4 días del inicio de los síntomas, el virus avanza por la vía aérea hasta llegar al pulmón donde provoca inflamación de los bronquiolos (la parte final de la vía respiratoria). Cuando esto ocurre el niño presenta dificultad para respirar y en la auscultación se escuchan sibilancias (ruidos como “pitos”) y crepitante (ruidos como de “moco”).

La mayoría de los pacientes pueden pasar la bronquiolitis en casa, pero algunos niños requieren ingreso en el hospital para ponerles oxigeno o porque no son capaces de comer debido a la dificultad respiratoria que presentan. No en vano, la bronquiolitis es la causa de ingreso más frecuente en niños pequeños.

Pese a que no podemos saber qué paciente requerirá ingreso, hay una serie de factores que predisponen a padecer una bronquiolitis más grave como son la prematuridad,  la edad menor de un mes, las enfermedades del corazón o el pulmón, el tabaquismo familiar o el ser varón.

La duración de los síntomas es variable y no previsible. En general la bronquiolitis dura unos 7-10 días, aunque la tos puede persistir casi un mes entero.

¿Existe algún tratamiento?

Por desgracia no existe ningún tratamiento que cure la bronquiolitis, es decir, no existe una pastilla mágica que acabe con la enfermedad. Por tanto, el tratamiento irá encaminado a aliviar los síntomas y variará en función de las necesidades de cada niño.

Cuando el niño respira con mucha dificultad en ocasiones requerirá ingreso en el hospital para administrarle oxigeno. Si el problema principal es la alimentación, puede que lo que precise se una vía periférica para ponerle sueros, o mejor, una sonda nasogástrica para darle de comer. La fiebre se tratará con antitérmicos como es habitual.

Si tu hijo ha padecido una bronquiolitis sabrás que en ocasiones se usan aerosoles de diferentes medicaciones (salbutamol, adrenalina, suero hipertónico…). Los estudios actuales no los recomiendan ya que no han demostrado eficacia para disminuir el número de ingresos en el hospital ni la estancia hospitalaria. Los niños entre 12 y 24 meses deben ser evaluados de forma individual ya que algunos de ellos mejoran con esta medicación, aunque son los menos.

Respecto a la fisioterapia respiratoria, estudios recientes no la recomiendan en la fase aguda de la enfermedad, por lo que si estás pensando en usarla en vuestros hijos pregunta primero a tu pediatra.

Otras medidas de soporte que son útiles y que puedes realizar en casa son los lavados frecuentes de la nariz, tener al niño semiincopirado tanto si está despierto como si está dormido y darle de comer de forma fraccionada (varias veces de poco en poco) para que no se fatigue. Además deberías evitar los ambientes con humo.

¿Qué tengo que vigilar en casa?

Los síntomas que tienes que vigilar en casa son:

  • La dificultad respiratoria: en caso de que tu hijo respire muy rápido, marque las costillas o hunda el cuello debes consultar con tu pediatra. A veces la dificultad respiratoria no es tan evidente y se manifiesta como cese de la respiración unos segundos (apneas) o coloración amoratada de los labios. Aquí tienes un vídeo de ejemplo de dificultad respiratoria en niño con bronquiolitis.

https://www.youtube.com/watch?v=SjWm7YY0eNE

  • Dificultad para comer: intenta ofrecer a tu bebé la comida de forma frecuente en pequeñas cantidades. En general los niños ingresan cuando comen menos de la mitad de lo que comían habitualmente.
  • Decaimiento o mal estado general: si ves que tu hijo esta más dormido de lo normal y no consigues despertarle.

En el caso de que tu hijo tenga una bronquiolitis debes llevarlo al pediatra cada 4-5 días para ver como evoluciona y compruebe que no se complica.

¿Puede mi hijo tener más de una bronquiolitis?

Desde el punto de vista estricto la bronquiolis solo se puede pasar una vez. Hay algunos niños que después de superarla presentan síntomas similar cada vez que se acatarran en los que vuelven a presentar “pitos”. En general estos episodios los llamamos bronquitis o bronocoespasmo y el tratamiento es distinto a la bronquiolitis, ya que en los primeros, los broncodilatadores sí que funcionan.

En este link puedes acceder a la hoja de recomendaciones de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría sobre la bronquiolitis.