Entradas etiquetadas como ‘leche’

Alergia a la leche, ¿en qué consiste esta enfermedad?

Leche

Fuente: Pixabay.

La información sobre la alergia a la leche en niños, o más bien a las proteínas de la leche de vaca, es uno de los temas más demandados tanto por los lectores de nuestro blog como por los pacientes que se ven aquejados por esta enfermedad y que atendemos en nuestras consultas. Esta enfermedad afecta al 2,5% de los niños menores de 2 años, frecuencia que como veis no es nada desdeñable. Así que tras casi cuatro años de vida de esta bitácora, nos hemos liado la manta a la cabeza y por fin hemos escrito el post que tanto tiempo llevaba escrito en nuestra cabeza. Con él intentaremos dar respuestas a muchas de las dudas que nos planteáis y esperemos que la información que encontréis aquí os resulte realmente útil.

Lee el resto de la entrada »

¿Cuándo debería empezar a dar la cena a mi bebé?

Como todos sabréis, hasta los 6 meses de edad los niños son capaces de crecer y desarrollarse de forma adecuada con la leche como único alimento. Una vez alcanzada esa edad se hace necesario que el niño se alimente de otras cosas para cubrir junto a la leche todos los requerimientos nutricionales que necesitan. Este periodo se conoce como alimentación complementaria y se extiende hasta los 12 meses. Durante ese tiempo la leche sigue teniendo un papel principal en la alimentación de los niños (ya sea de pecho o de biberón), pero de manera progresiva va perdiendo protagonismo hasta convertirse en un alimento más dentro de lo que debería ser una alimentación variada.

A nadie se le debería escapar que aunque la leche sigue siendo muy importante entre los 6 y 12 meses, de la noche a la mañana no es posible que un niño pase de comer “casi todo leche” a comer “muchas cosas aparte de leche”. Y en ese camino hacia alimentarse como un niño mayor surgen las papillas y los purés o los trozos, si es que habéis optado por el Baby Led Weaning, que en general el niño se zampa a la hora de la comida y de la merienda acompañados muchas veces de un poco de teta de mamá o un biberón calentito.

Pero, ¿y las cenas? ¿Cuándo deben los niños empezar a tomar una cena como parte de su alimentación? Esta es una pregunta que nos habéis hecho muchas veces y que os vamos a intentar contestar en este post.

El convencionalismo de los horarios de las comidas

¿Nunca os habéis preguntado por qué las verduras se dan a la hora de la comida y la fruta en la merienda? La verdad es que basta con preguntar a cuatro o cinco familias con hijos pequeños y lo más probable es que todas coincidan en ese horario.

Cuando comienzas con la alimentación complementaria, lo más habitual es empezar por la verdura o por la fruta a la hora de la comida o la merienda. Durante los primeros meses es normal que el niño coma poco y por eso se complete esa toma con leche. Pero a medida que pasa el tiempo esas verduras o esas frutas acaban sustituyendo totalmente una de las tomas de leche que hacía el bebé.

Cuando la madre opta por mantener la lactancia materna más allá de los 6 meses, ese horario resulta muy práctico ya que suele coincidir con las horas en las que la mamá no está en casa si es que se ha incorporado a trabajar y de esta forma al bebé se le puede seguir alimentando sin tener que darle un biberón. Por extensión, las que han optado por dar leche artificial a sus hijos suelen seguir también este horario. Y mira tu por donde, es el horario que también siguen en las escuelas infantiles para dar de comer y merendar a los niños.

Este horario de comidas no deja de ser un convencionalismo social que se extiende durante toda la vida ya que a esas horas los niños con algo más de edad suelen hacer la comida y la merienda, al igual que hacemos los adultos. Al fin y al cabo, cuando a un bebé se le dan las verduras para comer y la fruta para merendar no estamos haciendo otra cosa que imitar lo que sucederá a lo largo de su infancia y seguramente de toda su vida, es decir, establecer un horario más o menos fijo en el que hacemos tal o cual comida.

Y aunque no lo parezca, este es un hecho muy importante que ocurre durante el periodo de alimentación complementaria que, no lo olvidemos, consiste en pasar de alimentarse como un bebé a como un niño mayor.

El ejemplo de la enfermera que trabaja de noche

Hace unos años nos preguntó una amiga enfermera que si no podía darle a su bebé de 6 meses las verduras a la hora de la cena y la fruta en el desayuno. Ella quería seguir manteniendo el pecho y como trabajaba haciendo noches se había planteado darle la teta al niño mientras ella estuviera en casa (casi todo la mañana y buen parte de la tarde) y que su pareja le diera los purés y las papillas cuando se tenía que ir a trabajar.

Este ejemplo real ilustra muy bien que no es necesario seguir a rajatabla el convencionalismo que la gran mayoría hemos utilizado en los horarios de las comidas de nuestros hijos y que existen muchas posibilidades (tantas como familias, cada una con sus necesidades). Al final, lo importante es lo que coma el niño a lo largo de todo el día y no tanto si las verduras de las damos a la 1 pm o las 8pm.

Con el paso del tiempo nuestra amiga fue dejando el pecho y como el desayuno y la cena ya los tenía cubiertos, empezó a darle algo de puré en la comida y algo más de fruta en la tarde. Al llegar a los 12 meses la criatura se tomaba un poco de leche por la mañana y por la noche, una pieza de fruta a media mañana, un puré de verduras con proteína a la hora de la comida y fruta variada con algo de pan para merendar. A medida que fue creciendo comenzó a mostrar interés por lo que comían sus padres, así que en la cena le daban algo de lo que hubieran preparado para ellos ese día, por ejemplo una tortilla con brócoli, arroz con verduras, pasta con calabacín o ensalada de tomate y atún.

Como veis, este niño llegó a los doce meses con el mismo horario de comidas convencionales que nos hemos autoimpuesto como sociedad, aunque por un camino distinto. Al final, no es tan importante empezar por la merienda o la comida; lo que realmente importa es que llegados a los 12 meses los niños coman lo más parecido posible a los adultos, dentro de una alimentación sana y variada, tanto en alimentos como en horarios.

Vale, ¿pero entonces cuándo le empiezo a dar cenas a mi hijo?

Espero que con este ejemplo os hayáis dado cuenta de que no hay una edad concreta a la que se deban empezar las cenas. De hecho, ningún manual de nutrición pediátrica establece si deben darse primero las comidas, las meriendas o las cenas o a que edad se debe empezar con cada una ellas.

Sin embargo, la mayoría de nosotros no tenemos el horario de trabajo de nuestra amiga enfermera, por lo que al final lo más práctico es empezar con las verduras en la hora de la comida y las frutas en la hora de la merienda. Debido a que la introducción de los diferentes alimentos debe ser progresiva para detectar alguna alergia (recordad que hay que separar cada alimento nuevo 2-3 días del anterior), al final tardas varias semanas en que un bebé de 6 meses tome un puré con al menos 4-5 verduras diferentes o una papilla con fruta variada. Si a esto le sumas que al puré de verduras hay que añadirle la parte proteica (pollo, ternera, pescado, huevo, legumbres…), no es raro que hasta los 8 o 9 meses el niño no haya establecido una rutina de comida y merienda estable en la que toma una buena cantidad de alimentos diferentes a la leche.

A partir de esa edad, más o menos a los 9 meses, los niños empiezan a mostrar mucho interés en las cosas que comemos los adultos y muchas veces se relamen al ver nuestros platos comparados con su tazón de puré. En mi opinión, este es un buen momento para que los niños empiecen con la cena. No hace falta que les calcéis un tazón de puré como el de la comida de buenas a primeras, ya que después de la cena siguen haciendo una toma de leche, pero no está mal que a partir de esta edad les empecéis a ofrecer algo para completar la toma de leche antes de dormirse. Además, es con esta edad con la que se recomienda que los niños que han iniciado la alimentación complementaria con triturados empiecen con los sólidos, así que mira, qué mejor momento para que les demos de comer lo mismo que nos hemos preparado nosotros para cenar. En cuanto a qué alimentos les podéis dar, valdría cualquiera que ya sepamos que el niño tolera.

Con el paso del tiempo vuestro hijo irá comiendo cada vez más cantidad de comida a la hora de la cena y desplazará a la leche como alimento principal a esta hora del día, porque recordad que hacia los 12 meses ya deberían comer como un niño mayor (tanto en horarios como en variedad de alimentos).

Si os trae por la calle de la amargura tener que preparar una comida sana y variada para vuestros hijos en el horario de la comida y estáis dándole vueltas a qué podéis preparar en la cena para no ser repetitivos, recordad que el Plato de Harvard es una herramienta muy útil para tener ideas en cuanto a una alimentación sana y variada.


En resumen, los horarios a los que hacen las comidas los niños imitan al convencionalismo de los horarios de los adultos. Sin embargo, no hay una pauta que establezca cuando un niño debe empezar con la comida, la merienda o la cena. Parece razonable empezar por las verduras a mediodía y las frutas en la tarde al comenzar con la alimentación complementaria y dejar para un poco más adelante las cenas. Un buen momento para ello es hacia los 9 meses.

También te puede interesar:

¿Es obligatorio que los niños tomen leche de vaca?

Que la leche de vaca es un alimento rico en calcio es una verdad innegable. De hecho, esta bebida es de las fuentes más ricas de este mineral que nos podemos llevar a la boca. Sin embargo, muchos padres y madres de hoy en día se preguntan si realmente es necesario que los niños sigan la ya clásica recomendación de tomar al menos medio litro de leche al día para recibir el calcio que necesitan.

Como ya sabréis, la Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños sean alimentados con lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y, a partir de entonces, de forma complementaria con otros alimentos, siendo recomendable mantener el pecho hasta los dos años o más, siempre y cuando el bebé y la mamá quieran. Por desgracia, las tasas de lactancia materna en nuestro país rondan el 50% a los seis meses edad, porcentaje que disminuye de manera considerable cuando la mujer se incorpora al trabajo. Este hecho hace que la gran mayoría acaben optando por una fórmula adaptada si el niño tiene menos de doce meses y por leche entera de vaca a partir del año de vida para seguir alimentando a sus hijos.

Sin embargo, por el motivo que sea, algunos padres prefieren que sus pequeños no tomen leche de vaca o cualquiera de sus derivados. En ocasiones por seguir una dieta vegetariana, en otros por creer el falso mito de que produce mocos o, simplemente, porque a ellos no les gusta el sabor. El problema se plantea en qué hacemos entonces para compensar el calcio que dejan de tomar esos niños al no tener leche -o lácteos- entre sus alimentos habituales.

Las necesidades diarias de calcio

Si volviéramos a las clases de primaria que nos daban en el el colegio, recordaríamos sin dificultad que el calcio resulta esencial para mantener una buena salud ósea tanto en la infancia como en el resto de la vida. Además, interviene en otros procesos como la coagulación, la contracción del corazón o la transmisión del impulso nervioso, entre otras muchas cosas. De esto se desprende que, como pasa con otros tantos minerales y vitaminas que nuestro cuerpo necesita, hay que tomar una determinada cantidad al día para no caer en una deficiencia que pueda ser perjudicial para la salud y la máquina que es el cuerpo humano esté bien engrasada.

Hasta el año de vida, las necesidades de calcio de los menores de seis meses son de 200 mg/día y de 260 mg/día entre los seis y doce meses, necesidades que se cubren sin dificultad con la leche que toman a diario, ya sea materna o de fórmula, ya que, por debajo del año de vida, esté es su alimento principal.

A partir de esa edad, las recomendaciones diarias de calcio aumentan. Entre el año y los tres años son de 700 mg/día, hasta los ocho años de 1.000 mg/día y desde entonces hasta la pubertad de 1.300 mg/día.

Pero andar con números y cuentas es una pérdida de tiempo ya que en nuestro día a día, salvo en caso de enfermedades especiales o dietas muy concretas, no estamos contando los miligramos de cada alimento que comemos o cuál es su composición.

¿Y cuánto calcio aporta la leche de vaca?

He aquí el quid de la cuestión que nos ocupa. Cada 100 gramos de leche de vaca (unos 100 ml) contienen 125 mg de calcio. De forma más sencilla, una taza de las normales aporta unos 300 mg de calcio.

Quizá por ello, los pediatras hemos insistido tanto desde hace montones de años en lo recomendable que es que los niños tomen leche, ya que, por ejemplo, con un vaso en el desayuno y uno en la cena, las necesidades diarias de calcio quedan cubiertas en los menores de tres años. En el resto de edades, las necesidades son mayores pero también realizan comidas más grandes, por lo que el resto de alimentos suele compensar los requerimientos diarios que no se alcanzan con un par de vasos de leche. Sobra decir, que cualquier lácteo, como el queso y el yogur, también aportan mucho calcio por ración como lo hace la leche.

Sin embargo, la leche de vaca no es obligatoria. A todas luces no lo es. Lo que es obligatorio es que los niños (y los adultos) tomemos a diario el calcio que nuestro cuerpo necesita. Si este calcio proviene de la leche, pues fenomenal, pero si proviene de otra fuente, pues fenomenal también.

Pero una cosa hay que tener clara, la leche de vaca es una forma sencilla de que los niños tomen calcio ya que en un par de tragos llegan a las necesidades que necesiten cada día. Aquellos padres que decidan que sus hijos no van a tomar leche o sus derivados, tendrán que adaptar sus menús para no caer en una deficiencia.

Otros alimentos ricos en calcio

Existen en la naturaleza multitud de alimentos ricos en calcio. Algunos de estar por casa y otros más exóticos, pero todos, al fin y al cabo, en las estanterías del supermercado.

Por ejemplo, las legumbres, una excelente fuente de proteína saludable, tienen un alto contenido en calcio, sobre todo las alubias y los garbanzos. También los pescados estilo sardinillas, los langostinos, las gambas o los berberechos.

En el reino vegetal, las verduras de hoja oscura como las acelgas, las espinacas o el brócoli, también son un fuente considerable de este elemento. Así mismo, casi todos los frutos secos.

El problema de estas fuentes no lácteas de calcio surge porque una ración de estos alimentos no es comparable a la cantidad de calcio que aporta un vaso de leche. Veámoslo con un ejemplo a ver si se entiende mejor.

Para que un niño tome el mismo calcio que con un vaso de leche pero con brócoli, debe tomar unos 300 gramos de este vegetal. Si una ración normal de brócoli es de unos 70 gramos, significa que para compensar el calcio que aportaría la leche debe tomar unas cuatro raciones y media de esta verdura. O lo que es lo mismo, brócoli para desayunar, comer, merendar y cenar.

Con el resto de alimentos pasa lo mismo, se necesita más de una ración al día para alcanzar a una taza de leche. Esto se debe a que, a pesar de que el contenido en calcio de estos alimentos es alto, su biodisponibildad y absorción en comparación con la leche es mucho menor.

La verdad es que no pasa nada porque los niños no tomen leche de vaca, sin embargo, aquellos que no lo hagan tendrán que incluir de forma habitual en sus menús diarios alimentos ricos en calcio para compensar las necesidades diarias.

Por último, no querría acabar este post sin hablar de las bebidas vegetales. Muchos padres están optando por ellas como sustituto a la leche de vaca y es una opción totalmente válida. Sin embargo, deben fijarse en que vayan enriquecidas con calcio para que 100ml de producto aporten 120 mg de calcio. De lo contrario, la idea de que al tomar alguna de estas bebidas compensa lo que aporta la leche es totalmente equivocada, ya que la mayoría de ellas, si no están enriquecidas, no aporta casi nada de calcio.


En resumen, la leche de vaca y los lácteos no son un alimento imprescindible durante la infancia, una vez que se ha completado el periodo de alimentación complementaria. Sin embargo, es un comida sencilla con la que es muy fácil que los niños alcancen los requerimientos diarios de calcio, lo que la convierte en un alimento de gran valor.

Aquellos padres que opten por no dar leche de vaca a sus hijos han de ser conscientes de que deben compensar con otros alimentos estas necesidades diarias de calcio.

También te puede interesar:

Addenddum: la leche de cabra es muy similar a la leche de vaca en cuento a contenido en calcio por lo que todo este post también es aplicable a ella.

¿Es necesaria la “leche de crecimiento” o leche Tipo 3?

Hay un mantra que os hemos repetido en más de una ocasión desde que abrimos este blog que viene a decir algo así: “los niños están preparados para tomar leche de vaca entera a partir de los 12 meses”. Esto es así porque el tubo digestivo de los niños a esa edad es capaz de digerir y asimilar la carga proteica de este alimento. De hecho, como ya os contamos en otro post, ya desde los 9-10 meses de edad los niños son capaces de digerir pequeñas cantidades de leche de vaca entera (entorno al 30% del total del día, más o menos lo que vendría siendo un yogur).

Sin embargo, muchos habréis visto en el supermercado una leche “especial” que suele llevar en su nombre la coletilla “de crecimiento” y/o el número 3, y habréis pensado que quizá es la leche adecuada para dar a vuestros hijos tras cumplir su primer año de vida. ¿Pues sabéis qué? Nada más lejos de la realidad. Y aunque estas leches de fórmula están diseñadas para niños mayores de un año de vida, no quiere decir que sean necesarias. A ver si conseguimos explicarlo bien para que no caigáis en la tentación de comprarlas en el supermercado… Así que, empecemos por el principio.

¿Qué son las leches/fórmulas de crecimiento?

Según la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN), las “fórmulas de crecimiento” o “leches de crecimiento” son leches diseñadas para los niños de uno a tres años. Hablamos de leche diseñada ya que ha sido modificada desde la leche de vaca original para dar lugar a un producto que intenta cubrir las necesidades de nutrientes de estos niños.

Esta misma sociedad cree que el nombre de estas fórmulas debería cambiarse ya que al incluir la palabra “crecimiento” en su designación crea la falsa impresión en los padres de que son necesarias para un adecuado desarrollo de los niños. El nombre propuesto seria “Fórmulas para chicos jóvenes”, del inglés Young Child Formula.

Este tipo de leches existen en el mercado desde hace más de dos décadas y en España podemos encontrar más de 30 productos comerciales que encajarían en esta categoría.

¿En qué varía su composición de la leche de vaca?

A diferencia de las leches de fórmula de inicio (para menores de 6 meses) o de continuación (de 6 a 12 meses) en las que su composición debe ajustarse a unas proporciones de hidratos de carbono, proteínas, lípidos y demás nutrientes, por ley no existe una recomendación oficial de cómo deberían ser estas leches de “crecimiento”, por lo que cada marca hace un poco lo que le apetece o cree que es mejor. Esto se debe a que el consumo de alimentos pasados los 12 meses varía ostensiblemente de unos niños a otros y por tanto habría que “diseñar” una leche diferente para cada niño dependiendo de la alimentación que recibe. Esto difiere de los niños menores de 12 meses en los que la leche es el alimento principal. Pero analicemos punto por punto la composición de esas leches para ver las diferencias con la leche de vaca entera.

Las leches de crecimiento aportan más o menos la misma energía que la leche de vaca, es decir, las calorías que aportan por cada 100 mL es similar entre ellas. Por el contrario, la cantidad de proteínas que contienen varía enormemente de unas marcas a otras y, en general, la cantidad que aportan es menor (en torno a la mitad) que la contenida en la leche de vaca. Otra de las grandes diferencias de las leches de crecimiento es que contienen gran cantidad de azúcares respecto a la leche de vaca, en algunas de ellas casi el doble, lo que las convierte en una fuente extra de azúcares añadidos. Como sabéis, este tipo de azúcares añadidos no son nada saludables y su consumo excesivo de forma regular puede condicionar obesidad y diabetes en la etapa adulta.

En cuanto a las sales minerales, su composición no es muy diferente respecto a la leche de vaca, mientras que sí que podemos encontrar mayor cantidad de elementos traza (hierro, cobre, zinc, magnesio…) así como de vitaminas (casi todas ellas), es decir están “enriquecidas”.

¿Y qué nos dice la ciencia de la posible utilidad de estas leches?

El posible beneficio de este tipo de leches lo podríamos encontrar en el suministro de algunos nutrientes que a menudo faltan en la dieta de los niños europeos a estas edades. Estos son básicamente tres: el hierro, la vitamina D y los ácidos grasos poliinsaturados, como el omega 3, los cuales se encuentran en escasa cantidad en la leche de vaca.

Para comprobar si estas leches de crecimiento son realmente útiles para suplir ese posible déficit de nutrientes, debemos evaluar si los estudios clínicos realizados con ellas demuestran con suficiente evidencia que consiguen corregir estos déficits como para recomendarlas de forma habitual. Por desgracia, existen pocos estudios de calidad que hayan evaluado los posibles beneficios de estas leches por lo que hacer un recomendación para que se utilicen de manera rutinaria no es posible.

Respecto a la vitamina D, los pocos estudios que existen han encontrado que el consumo regular de las leches de crecimiento aumenta las concentraciones de esta vitamina en sangre respecto a los que solo toman leche de vaca “sin fortificar”. Sin embargo, este aumento en los niveles de vitamina D también lo podemos encontrar en niños que consumen leche entera de vaca fortificada exclusivamente con vitamina D, por lo que recurrir a las leches de crecimiento no sería la solución.

En cuanto al hierro, algún estudio ha demostrado que las fórmulas de crecimiento aumentan las reservas de hierro del cuerpo respecto a la leche de vaca, aunque la traducción clínica de esto es incierta, es decir, no tiene por qué tener ningún beneficio real más allá del dato de laboratorio.

También hay que ser justos y decir que no existe ningún estudio que haya demostrado que este tipo de leches sea malo para la salud. Sin embargo, de manera teórica, su alto contenido en azúcares no sería nada beneficioso para el niño y podría condicionar enfermedades en la edad adulta. Además, estas leches son muy caras respecto a la leche de vaca normal, lo que puede suponer un alto coste para las familias de los niños que deciden utilizarla sin realmente obtener ningún beneficio.

En conclusión, ¿qué debería hacer?

Teniendo en cuenta todo lo anterior, el consumo de leches de crecimiento no supone una ventaja real respecto al consumo de leche de vaca entera. Las mal llamadas leches de crecimiento podrían ser útiles como parte de una estrategia dirigida en un niño concreto para aumentar su consumo de vitamina D, hierro y ácidos omega 3 y siempre supervisadas por un pediatra que las utiliza como parte de una dieta diseñada para ello.

Los que sí que es importante que entendáis es que la mayoría de esos déficits a los que nos hemos referido en niños europeos se deben a dietas selectivas y poco nutritivas. Deficiencias que se podrían compensar con dietas saludables y variadas, o en el peor de los casos, con leche entera de vaca normal fortificada exclusivamente con hierro y vitamina D sin tener que recurrir a una leche de crecimiento.

Así que ya sabéis, antes de lanzaros a comprar este tipo de leches y seguir las recomendaciones de la publicidad que nos inundan por todos lados, consultad con vuestro pediatra si vuestro hijo necesita este tipo de leche, pero ya os digo que lo más normal es que no sea así. Lo normal es que vuestro hijo sea un niño sano que no requiera ningún tipo de leche especial.


Seguro que muchos de vosotros estáis pensando que por qué solo hablamos de leche de vaca cuando hay opciones de otros orígenes en el mercado, tanto animal como vegetal. Es verdad que existen leches de cabra y oveja, pero son más difíciles de encontrar pero nos servirían igual para mayores de 12 meses de edad. Respecto a las mal llamadas “leches vegetales” (soja, almendras…) hemos preferido dejar para más adelante un post entero hablando de ellas y de la conveniencia de utilizarlas o no en niños.


Las recomendaciones que has podido leer en este post están extraídas del documento de posicionamiento de la ESPGHAN sobre Young Child Formula (Link, está en ingles).

Los derechos de imagen de la foto de cabecera de este post pertenecen a Jim Champion bajo una licencia CC BY-SA 2.0.

¿Cómo se prepara un biberón?, ¿es necesario esterilizarlo todo?

Ya hemos escrito en este blog que la lactancia materna exclusiva es lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud para alimentar a un niño sano hasta los 6 meses. Sin embargo, ya sea por motivos médicos o simplemente por una decisión personal, hay madres y padres que no dan el pecho a sus hijos o que abandonan en algún momento esta práctica y se pasan a las formulas artificiales, en general administradas con biberón, hasta que el niño está preparado para beber leche de vaca.

Estas madres (o padres) no son ni mejores ni peores que las que dan el pecho. Toda persona que decide traer un hijo a este mundo es maravillosa por haber tomado una decisión tan valiente. Si es vuestra primera vez, ya veréis cómo cambia la perspectiva de la vida y diréis  “¡¡Ostrás!!, no me imaginaba que esto fuera a ser así”. Así que no permitáis que nadie os afee esta experiencia por dar de comer a vuestro hijo de una forma u otra. Ante todo, siempre respeto.

Pero no nos vayamos por los cerros de Úbeda, que aquí a lo que hemos venido hoy es a hablar de cómo se preparan los biberones y si es necesaria toda esa parafernalia que habéis leído en otros sitios o que os ha contado una amiga.

Ya os anticipo que, con un poco de sentido común y organización, es mucho más sencillo de lo que parece.

¿Qué leches artificiales existen para un bebé sano?

Básicamente hay dos: las Fórmulas de Inicio (o tipo 1) y las Fórmulas de Continuación (o tipo 2).

Las primeras, las de inicio, son aptas para dar a los bebés desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad, mientras que las segundas están diseñadas para los bebes desde 6 meses hasta el año de vida.

Y os preguntaréis, ¿y a partir de los 12 meses?…. Pues lo que recomienda la Sociedad Pediátrica Europea de Digestivo, Gastroenterología y Nutrición es la leche entera de vaca. Vamos, que no hace falta comprar ninguna leche especial a partir de esa edad, cosa que ya os contamos en otro post. Por este motivo, solo habrá que preparar biberones con leche en polvo hasta los 12 meses de edad.

Por otro lado, habréis visto en el mercado muchas otras leches con nombres especiales: que si anticólicos, que si antiestreñimiento, que si antirreflujo, semihidrolizadas… La mayoría de ellas no han demostrado eficacia para apaciguar las patologías que mencionan en su nombre y, en cualquier caso, deberían ser indicadas siempre por un pediatra.

Antes de empezar, ¿debo esterilizarlo todo?, ¿y entre toma y toma?

No existe ninguna recomendación oficial por parte de la Academia Española de Pediatría al respecto de que sea necesario esterilizar los biberones antes o después de una toma. Se que esto va a cortocicuitar los esquemas mentales que muchos teníais, sobretodo teniendo en cuenta que esa recomendación te la habrá dado una amiga o tu propia madre. Pues, sintiéndolo mucho, no es necesario.

Sin embargo, lo que está recomendado es limpiar muy bien el biberón después de su uso, tanto el recipiente como la tetina. Emplea agua y jabón de fregar, asegurándote que no quedan restos de leche, luego acláralo bien y déjalo secar al aire. De vez en cuando, también puedes meter los biberones en le lavaplatos, siempre y cuando el fabricante no diga lo contrario. Allí se lavarán con agua muy caliente que, al fin y al cabo, es algo parecido a esterilizar.

¿Necesitas una explicación de porqué no es necesaria la esterilización?, pues muy sencillo. Las bacterias que pueden contaminar un biberón lo harán si hay leche en él. Por tanto, si lo limpias bien, no habrá “caldo de cultivo” y no se contaminarán. Piensa en este ejemplo: antes de beber de un vaso de agua, ¿lo esterilizas?, seguro que no. Por mucho que este ahí en un estante de la cocina, si esta limpio y seco, no se contamina por bacterias del ambiente, ¿no?. Pues con los biberones, si están limpios, pasa lo mismo.

Si eres muy aprensiva de la limpieza y sientes la necesidad de esterilizarlo todo después de cada toma, puedes hacerlo, no estarás haciendo nada perjudicial para tu bebé. Como mucho estarás perdiendo el tiempo…

Lo que sí que debes hacer antes de empezar a preparar el biberón de tu hijo es lavarte bien las manos con agua y jabón, al igual que haría una madre que va a dar el pecho a su hijo o se quiere extraer con un sacaleches.

¿Cómo se prepara un biberón de leche artificial?

Ya tenemos el tipo de la leche en polvo y el recipiente, el biberón. Ahora toca hablar de cómo preparar el bibe para dar de comer al retoño.

Todas las leches, independiente de la marca o de si son de inicio o de continuación, se preparan igual.

La proporción de agua y cacitos es siempre la misma. Se debe poner 30 ml de agua (1 onza) por cada cacito raso de polvo. Y como no se pueden preparar medios cacitos, lo biberones siempre se prepararán “de 30 en 30”. De esta forma tendremos biberones de 30ml, 60ml, 90ml, 120ml o 150ml… y así hasta el infinito y ¡¡más allá!!.

¿Qué agua debo utilizar?

Seguro que habrás oído que el agua de los bebés debe ser mineral… pues es una verdad a medias, no siempre es necesario.

Si en donde vives el agua del grifo es apta para consumo humano podéis usarla. Si por el contrario no es potable o sois vosotros mismos los que usáis agua mineral porque “la del grifo no sabe bien” o, como se dice a veces, “tiene mucha cal y sales”, solo en estos casos, debéis usar agua mineral para preparar un biberón.

Un ejemplo buenísimo es el agua de Madrid que, como todo el mundo sabe, es una autentica maravilla y se puede usar directamente del grifo al biberón.

En el caso de que decidáis utilizar agua envasada, elegid las que tengan bajo contenido en sales (a veces en el envase pone “de mineralización débil”).

Las diferentes marcas que fabrican leche recomiendan hervir el agua antes de usarla. Esto se debe a que no pueden garantizar que en el proceso de fabricación quede alguna bacteria que contamine le leche. La forma de prevenir esto sería hirviendo el agua para que, con ese agua caliente, se murieran las posibles bacterias que hubiera en los polvos. Si siguiéramos esta recomendación, deberíamos hervir tanto el agua del grifo como la embotellada y hasta que dejáramos de dar leche artificial a nuestro hijo (hacia los 12 meses, ¿verdad?). Sin embargo, la OMS, en su documento de cómo preparar un biberón, nos dice que en caso de no disponer de agua hirviendo no sería imprescindible y que siempre podríamos utilizar agua del grifo (si está es apta para consumo humano) o embotellada y administrar el biberón nada más prepararlo. Aquí te dejo también el link a la web de familias de la Asociación Española de Pediatría en la que tampoco figura que sea imprescindible hervir el agua.

Recuerda que si finalmente hierves el agua, debes esperar a que se enfríe para que tu bebé no se queme al tomarla. Este proceso puede llevarte de 15 minutos a media hora, así que organízate con tiempo.

¿Cómo caliento el agua?

Para poder diluir bien los polvos de leche, debéis calentar primero el agua.

Se puede hacer de varias formas. Por ejemplo, podéis calentar el agua en un cazo al fuego, pero vigilad que no se caliente mucho. Otra forma es en el microondas, el cual es muy útil porque tras unas cuantas veces de haberlo probado sabes los segundos exactos que necesitas para calentar tu biberón (ojo las primeras veces: el agua se calienta muy rápido!!)

Siempre debéis probar la temperatura del agua antes de dar el biberón al crío, por ejemplo en el dorso de la mano, para comprobar que no está muy caliente, y siempre es mejor un poco tibia que muy caliente.

También podéis utilizar un calientabiberones. Son unos cacharros que ocupan mucho espacio y que sirven para meter el biberón con agua y que te lo lleven a la temperatura elegida. Nosotros no hemos tenido nunca uno y dudamos que realmente se le saque partido a la inversión si es que ya tenéis un microondas en casa. Además, solo sirven para calentar el agua, no debéis dejar nunca un biberón preparado con leche en un calientabiberones.

¡¡Añade el polvo y agita!!

Una vez que tengas el agua caliente en el biberón, añade los cacitos correspondientes al volumen que has preparado. Recuerda que los cacitos deben ser rasos, es decir, ni medios cacitos, ni colmados. Es muy importante que tengas en cuenta esta recomendación ya que, si preparas la leche en otra proporción, puede ser perjudicial para tu bebé.

Una vez los cacitos estén junto al agua caliente en el biberón, pon la tetina y ciérralo con la tapa. Si no haces esto, cuando lo agites, saldrá todo volando y lo pondrás todo perdido…. Agita bien el biberón para que la mezcla sea homogénea y no quede con grumosvoila!! Listo para tomar!!

Un truco: comprueba la temperatura del agua del biberón ANTES de echar los polvos. Esto te permitirá corregir la temperatura y no tener que estar esperando a que se enfríe la mezcla. Pero ojo, lo que no vale es tirar un poco de leche preparada y añadir más agua para que se temple, ya que estarías cambiando la proporción de agua-cacitos.

¿Qué cantidad de biberón le doy al niño?, ¿tengo que sacarle los gases?

La cantidad de leche que debes dar a tu hijo es aquella que le proporcione la energía suficiente para que crezca y se desarrolle adecuadamente.

Y dirás, “pero eso, ¿cuánto es?”. Pues algo parecido le pasa a las mamás que dan el pecho, que realmente no saben lo que comen sus hijos y se tiene que fiar de que la ganancia de peso y el desarrollo sea adecuada.

Los pediatras, según el peso del niño, sabemos qué cantidad de volumen de leche debe tomar un niño. Sin embargo, son cantidades orientativas porque cada niño es un mundo.

Como norma general, puedes preparar una cantidad y cuando veas que se termina todos los biberones de esa medida, pases a la siguiente.

Por otro lado, los biberones, como el pecho, se deben dar a demanda. Lo que si es verdad es que los niños que toman biberón suelen coger un horario algo más fácil que los niños de pecho, pero esto no significa que tu hijo quiera hacer alguna toma antes de tiempo de lo que os tiene tiene acostumbrados, quiera dejarse un poco de lo que preparasteis o incluso comer más en una toma. Al final lo que importa es que a lo largo del día haya tomado una cantidad adecuada. Así que recuerda, el biberón también es a demanda.

Y volverás a pensar, “vale, yo le voy dando, ¿pero será sufiente?”. Pues la respuesta es la misma. Habrá que tener paciencia y confiar en que las cosas están yendo bien, con el paso de las semanas o meses iras viendo si tu hijo crece de manera adecuada. Y ya sabes, si tienes dudas, acude a tu pediatra.

En cuanto a la postura, para darle el biberón al niño, busca una posición cómoda tanto para ti como para él. Las primeras veces te resultará complicado. Respeta su ritmo y dale su tiempo, no hace falta embutirle el biberón en 3 minutos para quitarte la tarea de encima….

Y respecto a los gases… Hay niños muy glotones que tragan aire cuando hacen una toma de biberón. Si tu bebé es uno de ellos, para que se quede más cómodo después de comer puedes “sacarles los gases”. Para ello puedes sentártelo en las rodillas y ponértele en el hombro y darle unos golpecitos en la espalda de forma suave. Si no consigues que los eche pero está tranquilo despues de comer, no hace falta que insistas.

¿Qué tetina elijo?

Aquí entra el sentido común.

La mejor tetina que puedes usar es aquella que tenga un flujo lo suficientemente rápido para que la toma no se prolongue hasta el infinito pero sin que el bebé se atragante. Será cuestión de ensayo-error e ir probando cuál es la tetina que encaja mejor con tu hijo.

Ten en cuenta que cuando tu hijo crezca, tendrás que cambiar las tetinas para que el flujo sea más rápido dependiendo de la demandada del niño.

Y si me voy de casa, ¿cómo lo hago?

Aquí si que hay que tener un poco de planificación y logística antes de salir de casa.

Las mamás que dan el pecho lo llevan puesto, pero los padres que deciden dar biberón deben preparar bien las cosas antes de salir de casa para que no falte algo llegado el momento de dar la toma al niño. En caso de olvido, tendréis una visita garantizada a una farmacia o supermercado para comprar algo, que por otro lado ya tenéis en casa.

Lo más adecuado es preparar los biberones justo antes de cada toma siguiendo las recomendaciones que te hemos dicho más arriba. También puedes preparar varios biberones para más de una toma, pero lo que guardes debe estar en nevera, lo que no supone una solución en caso de que os hayáis ido de casa.

Lo que no se puede hacer es preparar un biberón y llevártelo caliente en un termo o dejarlo en un calentador hasta la siguiente toma, ya que en estos casos si que se corre el riesgo de que se contamine la leche y tu hijo se intoxique.

Lo que sí puedes hacer en estos casos es llevarte el agua caliente (solo el agua) en un termo y preparar la mezcla en el momento. Existen unos recipientes pequeños con un embudo en el que puedes añadir los cacitos que sabes que luego vas a usar y de esta forma no hace falta que te lleves todo el bote de leche en el bolso o la mochila.

Si por lo que fuera no te has podido llevar el agua caliente, siempre puedes pedir que te la calienten en algún restaurante. Como ultima medida en caso de que todo lo anterior falle, puedes preparar un biberón con agua del tiempo, lo malo es que a veces quedan grumos y, a muchos bebés, no les gusta.


Esperamos que después de leer este texto te hayan quedado los conceptos claros de lo que necesitas para dar de comer a tu hijo con una fórmula artificial y con biberón. A modo de resumen, ten en cuentas estas cosas:

  1. Elige el tipo de leche.
  2. Añade el agua al biberón.
  3. Calienta el agua (mejor tibia que muy caliente).
  4. Añade los cacitos según la regla de “un cacito por cada 30 ml”.
  5. Agita bien.
  6. Al acabar, limpia bien el biberón con agua y jabón.


El copyright de cabecera de este post pertenece a Jérôme Deco bajo una licencia CC BY 2.0.

¿Desde cuándo puedo dar leche de vaca a mi hijo?

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad del bebé. Pasada esta edad los requerimientos de nutrientes de los niños no se cubren solo con leche por lo que debe iniciarse la diversificación alimentaria, manteniéndose la lactancia materna hasta los 2 años o más, siempre que el niño y la madre quieran.

Estas recomendaciones han sido asumidas por todas las sociedad científicas a nivel mundial incluyendo la Asociación Española de Pediatría a través del Comité de Lactancia Materna (Link). Sin embargo, algunas madres deciden dar menos tiempo el pecho a sus hijos y cambiar antes a otro tipo de leche, en general leche de vaca.

Muchas madres nos preguntan en la consulta de pediatría sobre qué tipo de leche de fórmula pueden dar a sus hijos y cuándo cambiar a leche entera. En el post de hoy te resolvemos las dudas sobre este tipo de productos alimentarios.

¿Qué son las leches de fórmula para bebés?

La leche es el principal alimento de un bebé hasta los 6 meses y una parte muy importante hasta el año de vida. Sin embargo, hasta esa edad, tanto el sistema digestivo como el sistema renal de los niños pequeños no está preparado para asumir la digestión de leche de vaca entera. Por ello, la industria farmacéutica pone a disposición de las madres o padres que hayan optado por no dar o suspender la lactancia materna a sus hijos antes de esta edad una serie de leches adaptadas para que alimenten lo mejor posible a estos niños.

La base de estos preparados lácteos (conocidos como “leche de fórmula”) suele ser leche de vaca (también existe a base de leche de cabra) a la que se añaden o quitan diferente nutrientes para que se parezcan lo máximo posible a la leche humana. Uno de los nutrientes con los que están fortificadas estas fórmulas es con hierro debido a su bajo contenido en la leche de vaca, la cual no es capaz de cubrir por si sola las necesidades de los niños. Como os podéis imaginar, por muy conseguida que esté esa fórmula nunca conseguirá ser exactamente igual que la que toman los bebés lactados al pecho de sus madres.

¿Qué tipos de fórmula existen?

Debido a esa inmadurez del sistema digestivo y renal, las leches de fórmula se dividen en dos grandes grupos.

Las “leche de inicio” o tipo 1 es la que se recomienda desde el nacimiento hasta los 6 meses de vida, mientras que la “leche de continuación” o tipo 2 es aquella que cubriría las necesidades de un niño desde los 6 meses hasta el año de vida.

Además existe un tercer tipo de leche conocida como “leche de crecimiento” o tipo 3 que podría darse desde el año de vida en adelante.

¿Desde cuándo puedo dar leche de vaca entera a mi hijo?

La recomendación actual de la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) es la de no utilizar la leche de vaca entera como bebida principal de un niño por debajo de los 12 meses de vida. Sin embargo, a partir de los 9-10 meses, los niños son capaces de digerir sin problemas pequeñas cantidades de leche de vaca entera (por debajo del 30% del aporte total, lo que representaría el volumen de un yogur en un niño que tomara 500 ml de leche al día).

Muchos os preguntareis por qué existen entonces leches tipo 3, ya que con las recomendaciones actuales no son necesarias. Este tipo de leche son similares a la leche de vaca entera aunque suelen estar fortificadas de hierro, vitamina D y ácidos polinsaturados (PUFAs) entre otros. Quizá estas fórmulas estarían justificadas en niños muy mal comedores. Sin embargo, desde Dos Pediatras en Casa apostamos por enseñar a comer sano a los niños ya que la solución correcta pasa por ahí más que por suplementar las deficiencias de una dieta inadecuada.

Por otro lado, los niños que toman en leche de vaca en exceso (tanto de fórmula como entera) tienen ingestas excesivas de energía, proteínas y grasas, todas ellas relacionadas con obesidad, diabetes, hipertensión…. Además, estos niños suelen padecer anemia debido a la baja cantidad de hierro que acaban tomando. Por ello, nunca debería sustituirse una comida que un niño rechaza por un vaso de leche.


Estas recomendaciones que te hemos contado las hemos extraído del documento de posicionamiento de la ESPGHAN sobre la Alimentación Complementaria (que puedes consultar en este Link) y sobre las Formulas para Niños (en este otro Link), ambos están en ingles.