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Ictericia neonatal: ¿por qué los bebés se ponen amarillos al nacer?

Ictericia fototerapia

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

Dicen las enfermeras con más experiencia en neonatos que las madres que más lloran tras el parto son las de los niños a los que los pediatras debemos ingresar para el tratamiento de una ictericia neonatal. Seguramente parte de esa desazón se produce porque tras nueve meses de embarazo y un par de días con el retoño entre sus brazos llega la mala noticia de que al niño, que por otro lado parece estar estupendamente, le ha subido la bilirrubina y se ha puesto muy amarillo, precisando entonces el ingreso en la unidad neonatal para tratar con fototerapia dicha condición. Este ingreso suele coincidir con el alta de la madre, la cual siempre tendrá la sensación de que abandona a su bebé al no poder estar con él todo el tiempo que ella querría.

En la inmensa mayoría de los casos no serán más de 36-48 horas con el bebé dentro de la incubadora bajo una luz de fototerapia, pero claro, a quién no se le caerían las lágrimas al comprobar que aquello que parecía que iba a ser dar a luz y en un par de días para casa se convierte en un ingreso en donde el niño pasa a estar rodeado de cables y monitores que hacen ruido.

A lo largo de este post os explicaremos por qué se produce la ictericia neonatal y cuál es su tratamiento.

¿Por qué le sube la bilirrubina a los recién nacidos?

Seguro que todos habéis oído hablar de la hemoglobina, una molécula que se encuentra dentro de los glóbulos rojos y que se encarga del transporte del oxígeno en la sangre. Cuando la hemoglobina se destruye, una parte se transforma en bilirrubina, la cual, a través de un complejo mecanismo en el que interviene el hígado, se acaba eliminando en las heces. Este proceso metabólico se produce durante toda la vida, ya que los glóbulos rojos no son ‘inmortales’ y deben renovarse cada cierto tiempo.

Sin embargo, cuando el hígado no es capaz de eliminar la bilirrubina a una velocidad adecuada, esta se acumula en sangre y produce una coloración amarillenta de la piel, ya que, como su propio nombre indica, la bilirrubina es un pigmento de color amarillo. A esta situación clínica se la conoce como ictericia. Lee el resto de la entrada »

Los embarazos no duran nueve meses

Hace unos días publicamos en redes sociales una viñeta de un humorista que venía a cuestionar la manía que tienen algunos padres de contar la edad de sus criaturas en meses a partir de los 2 años. Lo habitual es que los pediatras contemos la edad de los niños en meses hasta los 24 meses y, a partir de ahí, en años y meses. Esto se puede deber a varios motivos. En mi opinión porque las gráficas de percentiles infantiles cuentan la edad en meses hasta los 2 años, pero también porque el calendario vacunal hasta esa edad es más fácil de seguir en meses; quizá también porque durante esos 24 meses suceden muchos de los hitos del desarrollo y nos es más sencillo orientarnos al fijarnos en los meses que tiene cada niño.

El caso es que esta publicación tuvo muchos comentarios, muchos de los cuales denunciaban la manía que tenemos los médicos de contar de cuánto está embarazada una mujer en semanas y no en meses. De toda la vida de Dios se ha dicho que los embarazos duran 9 meses, pero la realidad es que esto no es del todo cierto, de ahí la afirmación tan rotunda que titula esta entrada. A ver si a lo largo de este post os lo consigo explicar sin liaros mucho.

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Si estás embarazada debes vacunarte de la gripe

La Campaña de Vacunación contra la gripe empezará en unos días en toda España y entre los grupos de riesgo que se deben vacunar figuran, como todos los años desde que tenemos memoria, las mujeres embarazadas, ya que pueden desarrollar complicaciones. Por desgracia, sólo el 38,5% de las gestantes españolas se vacunaron de la gripe en la temporada 2018-2019, porcentaje que se antoja muy bajo cuando la gripe puede pasar de ser una infección viral sin importancia en una persona sana a algo muy grave en el caso de las embarazadas, tanto para ellas como para sus futuros bebés, aunque es cierto que en la temporada 2019-2020 esta cobertura aumentó hasta el 5.8% (datos de la Comunidad de Madrid).

En este post te contamos todo lo que debes saber sobre la gripe en el embarazo para que no te queden dudas de que lo mejor que puedes hacer es vacunarte. En le caso de que no estés embarazada pero tengas una amiga que esté esperando un hijo, no dudes en compartir con ella esta información.

El riesgo de tener gripe durante el embarazo

Como sabréis, la gripe es una enfermedad viral que cursa con fiebre alta y malestar general y que, a menudo, dura cerca de una semana. En la mayoría de las personas no suele dar lugar a complicaciones, lo que se traduce en una semana de sofá, antitérmicos y Netflix.

Sin embargo, hay una serie de grupos de riesgo en los que la gripe puede complicarse, como por ejemplo los mayores de 65 años o aquellas personas con enfermedades cardiorespiratorias crónicas, incluidos los niños. Desde hace más de 100 años se sabe que las mujeres embarazadas que contraen la gripe tienen mayor riesgo de complicaciones, así como de hospitalización e, incluso, de muerte.

El motivo por el que la gripe puede ser un proceso más grave en las embarazadas que en la población general se debe a que durante la gestación ocurren una serie de cambios fisiológicos, tales como una mayor frecuencia cardíaca, mayor consumo de oxigeno, menor capacidad pulmonar y una menor capacidad para defenderse contra algunas infecciones por una alteración transitoria en la inmunidad.

¿Y qué pasa con el feto?

A menudo se dice que el riesgo de que una madre contraiga la gripe es sólo para ella y que esta infección no acarrea mayor riesgo para el feto que cualquier otra infección viral, afirmación que se basa en que el virus de la gripe no suele atravesar la placenta y llegar a infectar al futuro bebé.

Es cierto que los posibles riesgos para el feto todavía no están bien estudiados, sin embargo, existen estudios que afirman que el riesgo de malformaciones, como labio leporino, defectos del cierre del tubo neural, hidrocefalia y del corazón, es mayor en madres que tuvieron la gripe durante el primero trimestre de embarazo. Además, también hay investigaciones que han concluido que la gripe durante el embarazo conlleva mayor riesgo de aborto y parto prematuro.

¿Y la vacuna de la gripe funciona en las embarazadas?

Desde hace más de diez años, las embarazadas figuran entre los grupos de riesgo que deben vacunarse de la gripe, recomendación que realiza tanto el Center of Disease Control and Prevention americano como europeo.

La vacuna de la gripe consigue una protección similar en las embarazas que en la población general, lo que ha dado como resultado una reducción en el número de complicaciones e ingresos, así como de abortos y partos prematuros.

Sobra decir que, la vacuna de la gripe durante el embarazo es segura y no presenta más riesgos que en el resto de la población.

Entonces, ¿cuándo deben vacunarse las embarazadas?

La Campaña de Vacunación de la gripe en España suele comenzar durante las últimas semanas de octubre o primeras de noviembre, con el objetivo de que, cuando llegue la epidemia (habitualmente entre diciembre y enero), haya dado tiempo a que las personas que deben vacunarse lo hayan hecho.

Por ello, las embarazadas deben vacunarse en cuanto comience la Campaña de Vacunación, independientemente del trimestre de gestación en el que se encuentren.

Extra bonus: protección al recién nacido

La vacuna de la gripe no está autorizada en niños menores de seis meses de vida. Por ello, aunque no es el objetivo principal de la vacunación durante el embarazo, los más pequeños de la casa disfrutan de protección indirecta si sus madres se vacunan durante el embarazo.

Por un lado, el bebé recibe de su madre anticuerpos contra la gripe antes de nacer, ya que existe paso de estas defensas a través de la placenta. Además, aquellos a los que se les da el pecho, también reciben anticuerpos a través de la leche materna. Debido a estos dos mecanismos, los recién nacidos gozan de cierta protección contra la gripe durante los primeros meses de vida.

Por otro lado, una madre vacunada es poco probable que se contagie de la gripe, lo que hace muy improbable que sea ella la causa de contagio a su bebé. Esto es lo que se conoce como estrategia nido: la protección pasiva de un recién nacido gracias a la vacunación de las personas con las que convive.


En resumen, la gripe en las embarazadas puede ser una infección muy grave, tanto para ellas como para sus futuros bebés. Por fortuna, existe una vacuna contra esta infección igual de segura que en la población general y con la misma eficacia. Por ello, todas las embarazadas deben vacunarse durante la Campaña de Vacunación contra la gripe, independientemente del mes de embarazo en el que se encuentren.

También puede interesarte:

Bilbiografía:

  • Influenza and congenital anomalies: a systematic review and meta-analysis (link).
  • Populations at risk for severe or complicated influenza illness: systematic review and meta-analysis (link).
  • Risk of fetal death after pandemic influenza virus infection or vaccination (link).
  • Influenza vaccination of pregnant women and protection of their infants (link).

Las primeras 48 horas de vida de un recién nacido

Hace tiempo publicamos una entrada sobre consejos antes del alta de un recién nacido en el que os contábamos aquellas cosas que creíamos que eran importantes que supierais durante las primeras semanas de vida tras el parto. Pero antes de que un bebé se vaya de alta del hospital con su madre, los pediatras y las enfermeras realizamos una serie de pruebas y exploraciones para garantizar que vuestro niño es un bebé sano. En ocasiones son actos médicos que ni pensáis que estamos haciendo y en otras son tan visibles como las pruebas del talón. Detrás de todo esos procesos están los protocolos de cada hospital pero, de forma general, se realizan los mismos procedimientos en (casi) todos los sitios independientemente donde se dé a luz desde el mismo momento del parto hasta el alta.

Este post te puede servir de guía para que conozcas de primera mano cuál es el motivo de todos los procedimientos que se realizan al recién nacido durante esas primeras 48 horas de vida. ¡¡Vamos con ello!!

Los primeros minutos de vida de un recién nacido

Tras el parto, ya sea por cesárea o por vía vaginal, el bebé debe adaptarse a una nueva forma de vivir ya que deja de estar rodeado del líquido amniótico de la madre y de utilizar la placenta para “respirar” a estar en un ambiente aéreo en el que los pulmones deben empezar a trabajar para poder oxigenar la sangre. La gran mayoría de las veces este periodo de adaptación lo realiza el recién nacido sin incidencias, aunque en un 10% de los casos requieren de alguna maniobra para que esa adaptación se realice adecuadamente, como puede ser aspirar secreciones de la boca o administrar oxigeno, lo que comúnmente se llama Reanimación Neonatal.

La mejor manera que existe para que un recién nacido realice una transición adecuada a la vida extrauterina es en “piel con piel” con la madre o, en su ausencia, con el padre. Se recomienda que el bebé permanezca en contacto con el vientre materno durante al menos una hora. Con este método se ha comprobado que los recién nacidos pierden menos calor y su transición a la vida es más adecuada.

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Otra de las cosas que se debe hacer tras un parto es “retrasar el pinzamiento” del cordón umbilical ya que con ello se consigue que los bebés aumenten sus reservas de hierro, fundamental para cuando inicien la alimentación complementaria y no sufran anemia.

Sin embargo, tanto el “piel con piel” como el “pinzamiento retrasado del cordón” deben interrumpirse si el recién nacido necesita algún tipo de ayuda (reanimación) para adaptarse a la vida extrauterina. Tras ello, y si el bebé se encuentra bien, debemos volver a ponerlo en “piel con piel” con la madre.

Durante esos primeros minutos de vida se realiza el Test de Apgar. No es un test que requiera unas pruebas específicas para ver cómo está el bebé ya que lo que se evalúa es la frecuencia cardiaca, la respiración, el color, el tono y los reflejos al minuto y a los cinco minutos de vida. Es un test que refleja cómo ha tolerado el bebé el parto y su adaptación al medio ambiente. También tiene interés porque puntuaciones bajas se han relacionado con daño cerebral durante la infancia.

Antes de abandonar el paritorio se cogen las huellas dactilares del recién nacido para poder identificarlo sin posibilidad de error, de tal forma que no exista duda de que ese bebé en concreto pertenece a su madre.

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La profilaxis hemorrágica y la pomada de los ojos

Al poco tiempo del parto, en general después del piel con piel, se llevan a cabo dos “tratamientos” que tiene como objetivo disminuir la frecuencia de dos enfermedades típicas de los recién nacidos.

Por un lado, se administra una dosis de vitamina K intramuscular al bebé, por lo que requiere de un pinchacito para ello. El objetivo de esta medida es disminuir la enfermedad hemorrágica del recién nacido. Esta enfermedad, muy rara desde que se administra la vitamina K, puede provocar sangrados en el bebé a nivel cerebral, con todas sus consecuencias. Los recién nacidos nacen con pocos factores de coagulación y esa inyección de vitamina K hace que suban, por lo que esos sangrados de los que hablamos se hacen infrecuentes.

La otra medida que se realiza de forma temprana tras el parto es la administración de una pomada antibiótica en los ojos. El objetivo de esta medida es disminuir la conjuntivitis neonatal. Los bebés al nacer, sobre todo por vía vaginal, entran en contacto con un montón de bacterias que están colonizando a la madre y que, en ocasiones, pueden dar lugar a una conjuntivitis. Gracias a esta pomada, la frecuencia de esta enfermedad es rara.

La primera toma

Una cosa que tienen que hacer los bebés tras el nacimiento es empezar a comer, aunque os parezca una obviedad.

Tanto si habéis optado por lactancia materna o por artificial, las tomas en el recién nacido deben ser a demanda. Esto quiere decir que debemos respetar la sensación de hambre del bebé y darle de comer cuando reclame.

Esa primera toma a la que nos referimos suele realizarse entre la primera hora de vida y la tercera, y desde ahí habrá que ir viendo cada cuánto quiere comer el bebé. Las primeras tomas, en el caso de que hayáis optado por lactancia materna, serán de calostro y en unos días os subirá la leche. Lo más habitual es que un niño de esta edad realice de 8 a 12 tomas al día.

¿Cuándo pesan y miden al recien nacido?

Una de las cosas que más interesan a los padres tras el nacimiento de un bebé es cuánto ha pesado y medido el crío. Es un dato importante para los pediatras ya que debemos conocer si un niño tiene el tamaño adecuado para las semanas de gestación en las que ocurrió el parto.

Como sabréis, los bebés pierden peso durante los primeros días de vida. Sin embargo, no es necesario conocer este dato nada más nacer y se suele esperar a que el bebé tenga unas pocas horas de vida, en general al ingresar en planta.

La longitud del bebé suele tomarse a la mañana siguiente de nacer ya que los bebés no crecen tan rápido como para que esta medida varíe en unas horas. Lo mismo pasa con el perímetro cefálico, otra de las medidas  que se toman tras el nacimiento.

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La primera micción y la primera deposición

El igual que nada más nacer los bebés deben empezar a respirar como un primer paso de adaptación a la vida extrauterina, tanto el niños como el intestino debe ponerse en marcha.

Por norma general, el 70% de los recién nacidos hacen si primer pis en el primer día de vida, porcentaje que asciende casi hasta el 100% en el segundo día de vida. En el caso de que la situación se prolongue, el pediatra deberá valorar si se trata de algún trastorno. A medida que se instaure la alimentación, los bebés irán orinando cada vez más hasta que se establezca una diuresis estable que se traduce en que mojan unos 6-8 pañales al día.

En ocasiones, esos primeras diuresis de los recién nacidos se acompañan de uratos amorfos, una especie de arenilla naranja que tiñe el pañal y da la sensación de que el recién nacido ha hecho pis con sangre. Esto es habitual y no constituye ninguna enfermedad.

En cuanto a la primera deposición, ésta se conoce como meconio y una vez que la has visto no se te olvida. Es muy oscura y pegajosa, casi como petróleo. El igual que la primera micción, suele realizarse en las primeras 24 horas. Posteriormente el bebé realiza alguna deposición similar para en 24-48 horas cambiar el aspecto de las deposiciones hasta convertirse en heces de aspecto grumoso y amarillento-marrón. El hábito intestinal de un recién nacido es muy variable dependiendo de muchas cosas, entre ellas, de la alimentación que reciben.

El primer baño

Los bebés nacen con una fina capa de grasa que se llama caseum que les permite mantener la piel hidratada y no perder calor durante las primeras horas de vida. Pero además, tras el nacimiento, el bebé se impregna de sangre y secreciones de la madre. No podemos considerar que el bebé esté “sucio” pero lo normal es que lo bañemos para retirar tanto las secreciones de la madre como esa grasilla.

Lo habitual es esperar a las 18-24 horas de vida que es cuando el bebé suele haber conseguido una temperatura estable y ya no necesita ese caseum al que nos referíamos.

Tras ello, podéis ponerle la ropa que queráis, pero si nos permitís un consejo, con un body y unas calzas suele ser suficiente, y si se abrochan por delante con corchetes mejor que mejor.

Los siguientes baños dependerán de la preferencia de los padres y de si el bebé está sucio no, os lo explicamos aquí.

Las revisiones del pediatra

Una de las acciones más importantes que realizamos los pediatras mientras están los niños en el hospital es asegurar que la historia del embarazo y el parto es normal y que la exploración del recién nacido no revela ningún dato patológico, es decir, comprobar que todo está en orden.

La primera exploración del bebé se suele realizar al día siguiente de nacer y es una exploración completa, en la que desvestimos al niño por completo y lo miramos de arriba abajo. En general, salvo que se haya detectado algo patológico, los bebés se vuelven a explorar el día que se van a casa.

En el caso de que el pediatra haya detectado alguna anomalía en la historia o en la exploración, se empezarán a dar los primeros pasos para realizar un diagnóstico y poner un tratamiento en caso necesario.

El peso día a día y la ictericia

Una de las cosas que se debe hacer durante las primeras 48 horas de vida del bebé es vigilar que no pierda mucho peso antes del alta. Se considera normal una pérdida de peso máxima del 10% respecto al nacimiento. En general, los bebés que no han superado el 7% a las 48 horas de vida, no suelen superar ese 10% al que nos referimos. Medir el peso a diario durante esas primeras 48 horas es importante para poder indicar a los padres si su hijo necesita algún control de peso en los siguientes días o puede esperar a la primera revisión del pediatra.

Algo parecido pasa con la ictericia, esa coloración amarillenta de la piel que suelen tener los recién nacidos por aumento de la bilirubina. Es normal hasta un límite y por eso el pediatra debe evaluar la coloración del bebé antes del alta por si fuera necesario medir la bilirubina en sangre y comprobar si está más alta de lo habitual y precisa tratamiento (fototerapia).

La prueba de los oídos y la prueba del talón

Estos dos test de screening tienen como objetivo detectar enfermedades que pueden ser graves pero que si se diagnostican a tiempo, el tratamiento hace que la evolución de la enfermedad sea más benigna.

En el caso de los oídos, la prueba que se realiza se llama potenciales evocados y sirve para comprobar si el bebé oye, o mejor dicho, si el cerebro del niño es capaz de detectar sonidos. Si el bebé pasa la prueba, podremos decir con bastante seguridad que no es un niño sordo. En general esta prueba se realiza entre las 24 y 48 horas de vida.

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La prueba del talón sirve para descartar una serie de enfermedades raras en las que si se establece un tratamiento precoz, la evolución de las mismas es mucho más benigna. Esta prueba se realiza a las 48 horas de vida y el resultado lo reciben los padres por correo.

El cribado de cardiopatías

La gran mayoría de los embarazos de nuestro entorno están controlados por ginecólogos expertos que son capaces de diagnosticar una amplia gama de malformaciones en el feto. Una de las cosa que se mira con más esmero es el corazón, debido a las implicaciones que puede tener tras el nacimiento. Y aunque la mayoría de esas malformaciones se pueden detectar antes del parto, algunas se escapan o son muy difíciles de observar en una ecografía ginecológica.

Desde hace ya unos años, la Sociedad Española de Neonatología recomienda realizar el cribado de cardiopatía a todos los recién nacidos. Esta es una prueba muy sencilla que consiste en medir el oxigeno mediante pulsioximetria en los brazos y en las piernas del bebé, ya que hay algunas cardiopatías que provocan una diferencia de medidas entre ambas medidas. Si esta prueba no se pasa de forma adecuada se requiere la evaluación por un cardiólogo infantil.

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Y creo que no se nos escapa nada. Como habréis podido comprobar, los pediatras y el personal del hospital “poco” hacemos más allá de observar que todo está bien y que vuestro bebé está sano. Como solemos decir a los padres que se van de alta, los que realmente han hecho algo han sido ellos y solo han necesitado un poco de consejo por nuestra parte. Así que no tengáis miedo a la hora del alta porque seguro que lo vais a hacer genial!!

Si conoces a alguien que vaya a dar a luz próximamente, no dudes en compartir con ella este post para que pueda tomarse con calma esas primeras horas de vida del recién nacido.

Consejos antes del alta de un recién nacido

Tras el nacimiento de un bebé y su estancia durante unos días en el hospital con la madre, llega el momento de que ambos se vayan a casa. Si una cosa he aprendido como madre y pediatra es la gran cantidad de dudas y preguntas que surgen en ese momento antes de abandonar el hospital. Es verdad que los padres primerizos suelen tener más dudas que los que ya han tenido otros hijos, pero siempre hay alguna preguntita que les ronda por la cabeza antes del alta.

En este post he intentado agrupar las respuestas a todas esas preguntas que, aunque parezcan dudas banales, los padres las suelen vivir como algo importante, y no es para menos. Espero que este texto te sirva para que el aterrizaje en vuestro domicilio con vuestro recién nacido sea calmado y podáis afrontar esa nueva etapa de la vida desde la seguridad de saber que lo estáis haciendo bien.

Planificar las siguientes visitas al pediatra

Un recién nacido sano suele irse de alta del hospital a la vez que su madre, por norma general a las 48 o 72 horas de vida. El alta suele coincidir con el alta de la madre por parte del servicio de Ginecología.

Por norma general, las siguientes visitas al pediatra, en caso de que vuestro hijo sea un niño sano, son siempre las mismas.

La primera visita suele realizarse con la enfermera del Centro de Salud en torno a la semana de vida. Esta primera visita sirve para asegurar que todo está en orden, pesar al recién nacido y comprobar que ha empezado a coger peso así como valorar el color de la piel para comprobar si el bebé se ha puesto ictérico (coloración amarilla por un aumento de la bilirubina). Además, en esta primera visita con la enfermera, se resuelven dudas sobre la alimentación del recién nacido que hayan podido surgir o cualquier otro aspecto. En el caso de que esté todo en orden, la enfermera os emplazará para la siguiente visita, ya con el pediatra. En el caso de que se detecte alguna alteración, la enfermera suele avisar al pediatra para que valore en ese momento al niño.

La primera visita con el pediatra, que será la segunda visita al Centro de Salud en el caso de un niño sano, se realiza hacia los 15 días de vida. En esta primera visita con el pediatra se realiza una exploración completa del bebé para evaluar si hay alguna alteración o si todo está en orden. Además, se da información a los padres sobre qué cosas deben hacer a continuación, como cuándo empezar con la vitamina D (como ya os explicamos en este otro post (link) debe mantenerse durante el primer año de vida) o las vacunas que recibirá el niño próximamente. También se programarán las siguientes visitas del “niño sano”, como las llamamos nosotros.

Es totalmente recomendable que en estas dos visitas hagáis todas las preguntas que creáis oportunas para que no os vayáis con dudas a casa.

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La alimentación del recién nacido

Esta es una de las partes fundamentales del alta del hospital. Los pediatras debemos ofrecer la información necesaria para que seáis capaces de alimentar en casa a vuestros hijos de forma adecuada.

En el caso de las madres que opten por la lactancia materna debemos recalcar que ésta es “a demanda” y cómo con el paso de los días la madre irá produciendo cada vez más leche para cubrir las necesidades del bebé. Te recomiendo que entres en nuestra sección Consejos sobre Lactancia Materna (link) en donde tenemos varias entradas que te pueden ayudar en caso de haber optado por esta forma de alimentación para tu hijo.

En el caso de que la decisión haya sido por la lactancia artificial, los pediatras debemos resolver las dudas sobre cómo se prepara un biberón y qué cantidad debéis ofrecer según la edad y peso de vuestros hijos. Si éste ha sido el caso, puedes leer más en esta otra entrada de nuestro blog (link).

Como os decía, la alimentación de un recién nacido es fundamental por lo que es muy importante que preguntéis al pediatra antes del alta todas las dudas que tengáis.

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El cuidado del cordón umbilical

Este punto suele ser uno de los que más ansiedad genera a los padres. Dudan si lo harán bien o si serán capaces de limpiar el cordón hasta su caída de forma adecuada.

Recordad que las recomendaciones actuales son la limpieza diaria del cordón con agua y jabón y mantenerlo seco y al aire el resto del día. Si os interesa saber más podéis consultar esta entrada del blog (link). Os dejo aquí abajo un video explicativo para que no os queden dudas.

El aseo del recién nacido

Ésta es otra de las grandes dudas de los padres antes del alta. En general, el primer baño de un recién nacido se realiza a las 24 horas de vida. Posteriormente, la frecuencia del baño dependerá de las preferencias de los padres y de cómo de sucio se encuentre el bebé cada día.

Podéis optar por un baño diario o hacerlo cada más días. No hay ningún inconveniente en ninguno de los dos casos. Tampoco pasa nada por que el cordón umbilical se sumerja, de hecho, como hemos dicho, hay que lavarlo con agua y jabón. Eso sí, después del baño hay que secarlo bien para que no esté húmedo.

Respecto al aseo de un recién nacido, no necesitan cremas especiales, incluso no es necesario ponérselas todos los días. Dependerá de la piel de cada niño y de sus propias necesidades. Si optas por ponerle crema a tu bebé, elige siempre aquellas que no contengan irritantes.

Por últimos, es recomendable que esperéis unas semanas antes de cortar las uñas por primera vez ya que si lo hacéis muy pronto corréis el peligro de recortar algo de piel  además de la uña. La consecuencia de esto sería una herida, con el consecuente riesgo de que se infecte.

Si queres saber más sobre el aseo de un recién nacido, consulta este link.

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Elige ropa cómoda para el bebé

Hasta que no tienes que cuidar a un niño 24 horas al día/7 días a la semana, no te das cuanta de lo engorroso que puede ser tener que vestir y desvestir a un recién nacido. Son niños que no colaboran en ese proceso y, vete tu a saber por qué, son capaces de sacar la pierna que ya habías metido en unas mallas mientras metes la contraria o revolverse cual cocodrilo cuando lo capturan.

Ten en cuenta que, durante los primeros meses de vida de un niño, se le cambian unos 5-6 pañales al día por lo que la ropa que han de llevar debe ser lo más cómoda posible, tanto para ellos como para que te sea más fácil cambiarlos.

Vale. Si quieres ponerle esa primera puesta para salir del hospital o hacer unas fotos bonitas no hay problema, pero en casa procura que estén con ropa cómoda que te sea fácil de poner o quitar. En general estas prendas suelen ser un body y unas calzas. Ah!! y mucho mejor con corchetes y que se abrochen delante.

También, en referencia a la ropa, los niños crecen muy rápido durante los primeros meses de vida por lo que es mejor comprar un talla que le quede algo grande (y por tanto le dure unos meses) que justo la que en ese mismo momento le queda perfecta y no le durará mas de unos días o, a lo sumo, unas semanas.

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Paseos por la calle

Un niño recién nacido puede salir a la calle. No hace falta tenerlo en cuarentena en casa hasta que se haga mayor. Eso sí, elige las horas centrales del día si es invierno o a primera o última hora en caso del verano. La ropa que debéis poner al niño para estos paseos debe ser la adecuada a la estación en la que os encontréis, más abrigado en invierno y menos en verano.

Recordad que al recién nacido no le debe dar el sol directo, aunque sí es adecuado que reciba algo de luminosidad.

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Recuerda, los niños menores de un año deben dormir BOCA ARRIBA

Ésta medida es un factor protector para la muerte súbita del lactante. Se recomienda que los niños mantengan esta postura hasta el año de vida. Y al decir boca arriba me refiero a boca arriba, por lo que no vale tampoco ponerlos de medio lado. Además, se recomienda que los niños menores de un año duerman en la misma habitación que sus padres con el mismo objetivo.

Recordad también que la cuna debe estar libre de objetos y el colchón ser firme. Podéis leer más sobre la muerte súbita del lactante en esta entrada (link).

Aprende a descansar

Con la llegada de un nuevo bebé, las rutinas de la casa cambian. Da igual que seas primeriza o que éste sea tu segundo o tercer hijo, la verdad es que un recién nacido exige un esfuerzo físico y mental que, en la gran mayoría de los casos, no nos imaginamos.

Por eso digo que hay que aprender a descansar. Intenta aprovechar los ratos del día en los que el bebé se está echando una siesta para dormir un rato y, en la medida de lo posible, delega parte del cuidado del niño en tu pareja o en un familiar cercano.

Recuerdo con nuestro primer hijo cómo después de darle el pecho, el padre del niño se iba a pasear con él a la calle y volvían pasadas un par de horas… El bebé ni se había inmutado con el traqueteo del carro y yo había podido descansar y cargar un poco las pilas. Es importante que busques esos momentos para ti, para que no caigas en un círculo vicioso en el que parezca que solo estás para atender al bebé y que acaba agotando a cualquiera. La p/maternidad es una cosa de dos: del bebé y de quién lo cuida, y ambos deben estar descansados para poder disfrutar de esta experiencia.

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Visitas al bebé

Esto hay que tenerlo muy claro: los únicos beneficiados de una vista al bebé son las personas que vienen a visitarlo. El bebé no necesita visitas.

Dicho esto, no quiere decir que al bebé no se le pueda ir a visitar, sino que las visitas deben estar planificadas y contar con el visto bueno de los padres. Como ya te he dicho, cuidar a un bebé exige tiempo y dedicación, y si tienes que decir a alguien “mejor ven en otro momento”,  no te cortes. Es mejor eso que tener que recibir a una visita que no te apetece nada.

Si quieres saber más sobre el tema puedes leer esta entrada de nuestro blog (link).


Espero que este post te haya ayudado a perder el miedo de la llegada del recién nacido a casa. La incertidumbre de qué pasará la hemos vivido todos los que somos padres pero con el tiempo se va diluyendo. Como último consejo, no os vayáis del hospital con dudas, preguntad todo aquello que no tengáis claro y que queréis que os expliquen, que los pediatras estamos justo para ello.

Visitar a un recién nacido en el hospital

Como pediatras, observamos a diario a madres y padres que acaban de tener un hijo y se encuentran ingresados en el hospital. A menudo vemos como las habitaciones se llenan de familiares y amigos que, con toda su buena intención, vienen a ver cómo se encuentra la madre y a dar la bienvenida al recién nacido.

A pesar de que la llegada de un nuevo bebé a este mundo es siempre un motivo de alegría, debemos saber que antes de visitar a un recién nacido en el hospital hay que tomar una serie de precauciones para que nuestras visitas no resulten molestas ni para la madre ni para retoño, ya que ninguna visita, por muy necesaria que parezca, es imprescindible. Llegado el caso, posponer la visita para un momento distinto en ocasiones puede ser incluso lo más inteligente.

Pregunta SIEMPRE antes de acudir al hospital

Y cuando nos referimos a siempre, es siempre.

Puede que tu tengas la mejor de las intenciones acudiendo al hospital para dar un beso a la madre y un abrazo al padre, pero quizá no sea el momento adecuado. Tras el parto, la madre necesitar descansar, por un lado por el gran esfuerzo físico que significa traer una vida a este mundo y por otro debido a las pocas horas de sueño que suelen tener entre teta y teta o biberón y biberón.

Por ello, es imprescindible que preguntes antes de ir al hospital. Lo más probable es que no haya inconveniente pero merece la pena una llamada para poder organizar las visitas y que no coincidas con otros muchos familiares más en la habitación o mientras que la madre se asea o es visitada por la ginecóloga.

Si los nuevos padres te dicen que es mejor dejarlo para otro momento, no te lo tomes como algo personal. Estoy segura de que estarían encantados de recibirte pero si prefieren que no vayas es mejor no forzar las cosas y quedar como un inoportuno.

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Respeta la organización del hospital

Aunque tu no lo observes, el hospital es lugar de trabajo de mucha gente que vela por la salud de la madre y el nuevo bebé. La gran mayoría de las veces nuestro trabajo, al igual que el de las ginecólogas, enfermeras, auxiliares y demás personal del hospital, es invisible para respetar al máximo la privacidad de nuestros pacientes.

Sin embargo, hay una serie de cosas que debemos hacer a lo largo del día encaminadas a comprobar que todo sigue en orden. Por ello es muy importante que cuando alguno de nosotros entre en la habitación -ya sea para darle algo de medicación a la madre, ponerle el termómetro al bebé o simplemente para preguntar que tal han pasado la noche- respetes nuestro trabajo y no interrumpas lo que tenemos que hacer. Cuanto antes terminemos antes nos iremos de la habitación y podréis seguir disfrutando de la compañía mutua.

Además, en caso de que la ginecóloga o la pediatra vaya a explorar a la madre o al bebé, debéis abandonar la habitación por respeto a la intimidad de ambos. Esto que parece tan lógico cuando la ginecóloga tiene que revisar el canal del parto o la cicatriz de una cesárea debe también aplicarse a los recién nacidos ya que ellos también tienen intimidad, y siempre es mejor pecar de prudente que recibir una “sugerencia” a esperar en el pasillo por parte del personal sanitario.

Por otro lado, en el hospital hay muchas otras madres y bebés ingresados, además de otros pacientes con patologías muy variadas. Esto es importante porque puede que en la habitación de al lado de la que estás visitando haya alguien que lo está pasando mal o que necesite descansar, así que, en cualquier caso, intentad ser lo más discretos posibles y no arméis mucho ruido.

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No hace falta coger al bebé ni darle besos

Y dirás, ¿entonces para qué voy al hospital?

Pues simple y llanamente par felicitar a esos padres recién estrenados la llegada de su nuevo hijo. Sin embargo, no es obligatorio coger al bebé ni llenarlo de besos. De hecho, si no lo haces mejor que mejor.

Cierto es que todos somos muy cariñosos con los recién nacidos y se nos cae la baba cuando los miramos, pero esto no implica que debamos aplacar nuestras necesidades de achucharlos sí o sí. Piensa que un recién nacido poco necesita más allá de los brazos de sus padres, alimentarse, dormir y que lo aseen.

En cualquier caso, pregunta a la madre ante de hacerlo y, si no le parece mal, recuerda lavarte las manos siempre antes de hacerlo.

Si estás enfermo, deja la visita para otro momento

Y cuando me refiero a enfermo significa que incluso con un poco de moco o tos puede que acabes contagiando al bebé.

Como bien sabrás, un simple catarro puede ser algo muy grave en un recién nacido y seguro que no quieres ser tu la persona a la que luego dirijan las críticas por haber acudido al hospital estando enfermo.

Como decíamos al principio, ninguna visita es imprescindible para la madre o el niño, así que si crees que puedes contagiar al bebé es mejor que pospongas la visita hasta que te hayas recuperado.

Dentro de este saco de personas enfermas, hay que tener mucho ojo con los niños que acuden a ver al recién nacido. Todos sabemos que un niño pequeño suele estar cargadito de mocos por lo que su visita a un recién nacido -ya sea en casa o en el hospital- se puede volver de lo más inoportuna. Si tu hijo está enfermo, deja mejor la visita para otro momento, quizá en un paseo por el parque en el que el bebé irá en carro y tus hijos podrán correr a sus anchas, reduciendo mucho la probabilidad de contagio.

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Menos es más

En cualquier caso, es mejor una visita corta de cortesía que una visita larga e interminable. La madre no está para atenderte a ti, en todo caso está para recibir tu cariño. Muchas veces con una visita corta de 10-15 minutos es más que suficiente porque, como ya te dije antes, la madre también tiene que descansar y es muy probable que reciba varias visitas además de la tuya.

Otro tema importante en el que menos es más son los regalos que le puedas llevar a los nuevos padres. No hace falta agasajarles con un peluche gigante o con un tarta de pañales enorme que no les quepa en el coche. Te recomiendo que revises este post sobre qué regalos no deberías hacer nunca a un recién nacido que escribimos hace tiempo. En cualquier caso es mejor preguntar a los padres si necesitan algo, y en caso de que te digan que no necesitan nada, es preferible un detalle pequeño o algo de dinero para sufragar el precio de las vacunas que debe recibir el niño durante los primeros años de vida.


Por último, aunque nos hemos referido a la visita al hospital, la mayoría de estas reglas se pueden aplicar a las visitas que podáis hacer a un recién nacido durante las primeras semanas de vida cuando ya esté en su casa, así que ¡¡aplicaros el cuento!!

La sangre del cordón umbilical, ¿donación pública o banco privado?

Es frecuente que, cuando se acerca la fecha de parto, nuestros amigos que están esperando un bebé nos pregunten si deberían o no guardar la sangre del cordón umbilical en un banco privado. Es una pregunta que resulta difícil de contestar porque, aunque nosotros siempre hemos tenido muy claro que la donación pública es la mejor opción, en muchas ocasiones lo que buscan nuestros amigos es una justificación al margen del marketing de las empresas, para terminar de tomar una decisión que en ocasiones ya tienen pensada antes de llamarnos.

En este post encontrarás información sobre la sangre de cordón umbilical y cuáles son las ventajas de guardarla. Te expondremos la realidad actual sobre los bancos privados para su almacenamiento así como por qué resulta tan útil y necesaria la donación pública para que pueda ser utilizada por cualquier enfermo que necesite un trasplante de médula.

La sangre de cordón umbilical, fuente de células madre

Las células madre hematopoyéticas son aquellas células con el potencial de convertirse en cualquier célula sanguínea. En adultos se encuentran sobre todo en la médula ósea de los huesos y también, en escasa cantidad, en sangre periférica. Esto hace que, en caso de necesitar “recolectarlas”, el proceso de extracción sea difícil.

Sin embargo, la sangre del cordón umbilical es muy rica en este tipo de células. Como sabéis, tras el nacimiento de un niño, se debe pinzar el cordón umbilical para separarlo de su madre. Toda la sangre que queda en la parte del cordón que ya no está unida al niño y la placenta se puede recolectar de manera muy sencilla sin que suponga un riesgo para el niño o la madre.

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La sangre del cordón umbilical es rica en células madre. Tras el pinzamiento pueden recogerse de forma sencilla. Fuente: Fundación Josep Carreras contra la Leucemia.

Esto convierte a la sangre del cordón en un bien muy preciado ya que esas células madre forman parte del tratamiento de muchas enfermedades graves como algunas leucemias y linfomas. De hecho, a día de hoy, se ha empleado la sangre de cordón como parte del tratamiento de unas 70 enfermedades distintas. Además, existen líneas de investigación en los laboratorios más avanzados del mundo sobre qué otras enfermedades pueden beneficiarse de su uso.

La recogida de la sangre de cordón debe realizarse en el momento del parto (y solo en ese momento), por lo que la decisión de qué hacer con ella debe estar tomada antes de dar a luz.

Tras la recolección mediante un kit especial, la sangre del cordón se envía a un laboratorio donde se realiza un análisis de la cantidad de células madre y su calidad tras el cual se decide si son suficientes y merece la pena guardarlas o, por el contrario, son pocas y lo más adecuado es desecharlas. Todos los bancos de sangre de cordón, ya sean públicos o privados, debe cumplir con la legislación vigente, que en nuestro país en concreto corresponde con el Real Decreto-ley 9/2014.

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El análisis de la calidad y la cantidad de la sangre de cordón se realiza antes de su almacenamiento. Solo las muestras óptimas pasan a la fase de conservación, el resto se desechan.

¿Para qué sirven las células madre de sangre de cordón umbilical?

Las células madre, tanto las recogidas del cordón umbilical como las que se podrían obtener de un donante de médula ósea adulto, son el principal componente de lo que se conocen como “trasplante de médula”. Si somos estrictos, deberíamos llamarlos trasplante de progenitores hemotopoyéticos, ya que la fuente de esas células madre no es siempre la médula ósea, como en el caso de la sangre del cordón umbilical.

Estos trasplantes forman parte del tratamiento de muchas enfermedades, la mayoría de ellas graves. Algunos ejemplos son los cánceres de la sangre (como las leucemias y los linfomas) o enfermedades genéticas como las talasemias y las anemias congéntias.

En todas ellas, y a grosso modo, lo que se pretende con estos trasplantes es sustituir las células “malas” del paciente que están dando lugar a la enfermedad por unas nuevas y sanas. Dicho en otras palabras, sería quitar el trigo enfermo de un campo para sustituirlo por unas nuevas semillas que, con el paso de los días, darán lugar a una cosecha nueva y sana. Pero ojo, para poder utilizar la sangre de cordón de algún bebé o las células madre de un adulto, tanto el donante como el receptor deben ser compatibles. Esto último hace que buscar un donante sea complejo, ya que en muchas ocasiones no existe un donante compatible para el enfermo en cuestión, sea un familiar o un donante anónimo.

Parece que la conclusión de todo lo anterior sale sola, ¿no?: debemos guardar la sangre de cordón de los recién nacidos por si en un futuro puede servir para un trasplante. La siguiente pregunta entonces sería: ¿son los bancos privados la mejor opción o debería optar por la donación pública?. Vayamos por partes.

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Banco de almacenaje de sangre de cordón umbilical. Fuente: Fundación Josep Carreras contra la Leucemia

Los bancos privados de sangre de cordón

Si volvemos al inicio de este texto, nos encontramos con una pareja que va a tener un hijo y que nos preguntaba que qué podían hacer con la sangre de cordón de su futuro bebé. La mayoría de estos padres han leído o alguien les ha comentado que existe la posibilidad de guardar de forma privada la sangre de su propio cordón umbilical. Muchos de ellos, tras consultar la página web de las empresas que ofrecen este servicio, suelen buscar una opinión profesional al margen del markenting o los intereses comerciales.

Los bancos privados ofrecen un servicio que consiste en el almacenaje y conservación de las células madre de sangre de cordón durante 20 o 30 años. El procedimiento es muy sencillo. A los futuros padres se les envía un kit con el material médico necesario para la recogida de la sangre y una caja para el envío de la misma. Tras el parto, el ginecólogo recoge la sangre en una bolsa, la cual se introduce en la caja de transporte. Sobra decir que este sistema está lo suficientemente probado para que la sangre no se estropee durante el envío.

Una vez que la sangre llega al banco privado, el laboratorio analiza la calidad y cantidad de las células madre y decide, como ya hemos explicado, si merece la pena guardarlas o por el contrario, no servirían para un futuro tratamiento.

Al ser una recogida privada, la muestra es propiedad de los padres y, cumplidos los 18 años, del niño del que procede la sangre. Esto garantiza que solo ellos pueden disponer de ella en caso de que se plantee la necesidad de un tratamiento en algún familiar compatible.

El precio de todo el proceso (envió del kit, análisis, conservación…) de estos bancos oscila entre los 1.300 y 1.500€.

La donación pública del cordón umbilical

Además de la opción privada, los futuros padres pueden optar por la donación pública de la sangre de cordón umbilical.

En estos casos, la recogida se realiza de la misma forma que la anterior. Debes avisar con anterioridad a tu ginecólogo para que lo sepa antes del momento del parto ya que hay que firmar unos papeles y cumplir una serie de requisitos (tener más de 18 años, que el embarazo sea normal y el parto trascurra sin incidencias).

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Ejemplo de consentimiento informado de donación publica de sangre de cordón.

El receptor de la sangre es un laboratorio y banco de gestión pública (por ejemplo, en Madrid es el Centro de Transfusión que depende de la Consejería de Sanidad). Estos realizan el análisis y, en caso de que las células madre sean suficientes, las almacenan pasando a formar parte del Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO), creado por la Fundación Josep Carreras en 1991. Hay que tener en cuenta que algo más de la mitad de las muestras recibidas en un banco de sangre de cordón (ya sea público o privado) se desechan debido a que no contienen las células suficientes para que puedan ser utilizadas o simplemente están contaminadas.

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Kit de recogida de sangre de cordón: consiste en un sistema con un aguja que se pincha en el cordón umbilical una vez que esté separado del niño. La sangre pasa directamente a una bolsa. Además hay un par de tubos y un bote para poder hacer los análisis de calidad de la muestra.

Este registro es el que se consulta cuando alguien, en cualquier parte del mundo, necesita un trasplante, siempre de forma anónima. En la actualidad se han realizado más de 8.500 trasplantes gracias a él (la mayoría de ellos procedentes de médula ósea pero también muchos de sangre de cordón).

La donación pública no tiene ningún coste para el donante y, llegado el momento, tampoco para el receptor del futuro trasplante. Puedes optar por ella tanto en un hospital público como en uno privado. En estos últimos, a pesar de realizarse en un hospital privado, el coste del proceso de recogida lo asumen las diferentes entidades públicas que se encargan de su gestión posterior. Puedes consultar la lista de hospitales y maternidades -tanto públicos como privados- en los que está disponible la donación pública de sangre de cordón en este link.

¿Banco privado o donación pública?

En la actualidad, tanto la Organización Nacional de Trasplantes como la Unión Europea dudan de la utilidad del almacenamiento privado de la sangre de cordón, ya que la probabilidad de que un paciente necesite un trasplante autólogo (es decir, utilizar su propia sangre para un trasplante) es extremadamente baja.

Esto se debe a que la gran mayoría de las enfermedades que requieren un trasplante (leucemias, enfermedades congénitas…) tienen una base genética, por lo que dichas alteraciones podrían estar ya presentes en la sangre de cordón. Esto descarta la sangre almacenada como posibilidad para el propio niño o para cualquier otro paciente. Para que te hagas una idea, en la actualidad solo se han realizado 9 trasplantes de sangre de cordón empleado la sangre del propio paciente frente a los más de 20.000 efectuados a nivel mundial con el método clásico (sangre de un donante para un receptor). De hecho, si un niño tiene una leucemia (independientemente de que tenga la sangre de su cordón guardada en un banco privado) tendrá que recurrir a la red pública de donantes en caso de necesitar un trasplante.

Unidad de sangre de cordón umbilical

Sangre de cordón umbilical preparada para su conservación. Fuente: Fundación Josep Carreras contra la Leucemia

Otro caso muy distinto es lo que se conoce como donación dirigida. Esta consiste en conservar la sangre de manera “privada” para ser utilizada en un familiar que ya está enfermo bajo una indicación médica. En estos casos, el almacenamiento se puede realizar en un banco público sin ningun coste.

También es justo decir que hay líneas de investigación en desarrollo que quizá en un futuro puedan encontrar alguna utilidad a la sangre de cordón para el propio paciente (trasplante autólogo). Pero de momento esto es medicina-ficción. Todos somos muy dueños de utilizar nuestro dinero en lo que creamos conveniente, pero también hay que saber que, por el momento, el almacenamiento privado es muy poco rentable desde el punto de vista médico.

Por todo lo anterior, la Organización Nacional de Trasplantes desaconseja el almacenamiento privado y contempla la donación publica como la única opción con verdadera utilidad médica. Nosotros somos de la misma opinión ya que, a día de hoy, donar el cordón es la única opción útil avalada por la ciencia.

De hecho vamos un poco más allá. Si todos donáramos la sangre de cordón de nuestros hijos estaríamos aumentado las posibilidades de encontrar un donante compatible a los enfermos que están “en búsqueda” en espera de un trasplante.  Ser donante es altruista y solidario, y además, no cuesta nada. No hay mejor manera de traer a un niño a este mundo que donando su sangre de cordón. Quién sabe si en el futuro seremos nosotros mismos o algún familiar cercano el que necesite un trasplante, si por algún motivo ese día llega, ojalá todos tengamos un donante compatible.


Con el post de hoy no hemos querido aleccionar a nadie pero sí creemos en un mundo en el que la gente hace las cosas de forma desinteresada sin que unos miles de euros marquen la diferencia. Nosotros con nuestros dos hijos optamos por la donación pública de cordón. Siempre podremos contarles cuando sean un poco más mayores que hay sangre suya por ahí guardada esperando para ayudar a otro niño.

Fuentes:

Las imágenes de este post identificadas con el crédito “Fundación Josep Carreras contra la Leucemia” están protegidas por derechos de propiedad intelectual y pertenecen a la Fundación Internacional Josep Carreras, la cual ha cedido dicho material gráfico bajo consentimiento expreso para esta publicación.

Prematuridad, ¿qué significa que un bebé nazca antes de tiempo?

En las últimas semanas hemos leído en la prensa muchos artículos sobre qué significa ser un bebé prematuro y, aunque la gran mayoría de ellos están bien planteados y los datos que utilizan son correctos, no dejan de estar escritos por un periodista que nunca ha trabajado en una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales y, por tanto, no conocen de primera mano lo que es el día a día de cada uno de estos niños o el miedo que viven sus familiares durante el ingreso hospitalario.

La tasa de prematuridad en España ronda 7,5%, una de las más bajas de la zona europea y muy por debajo de la estadounidense que se sitúa en el 12,5%. Si tenemos en cuenta que en España hubo cerca de 400.000 partos en 2017, eso significa que nacieron en torno a 30.000 niños prematuros. Estás cifras deben poner en valor la magnitud del tema sobre el que escribimos hoy.

En este post hemos querido hacer un resumen de lo que significa la prematuridad y cuáles son las enfermedades más frecuentes que padecen estos niños de tal forma que sea accesible para alguien que no sea médico. Ya sea porque has llegado a este texto por curiosidad o porque has tenido un hijo prematuro, seguro que te resulta interesante.

¿Cuándo se puede decir que un bebé es prematuro?

Un embarazo dura de media 280 días o lo que es lo mismo, 40 semanas. Sin embargo, se considera que el embarazo es a término si el bebé nace entre la semana 37 y la 41+6 de gestación (+6 días significa que son 41 semanas y 6 días).

Por el contrario, los niños nacidos antes de la semana 37 se les considera pretérmino o prematuros y a aquellos que lo hacen por encima de la semana 42, postérmino.

Si nos centramos en los niños prematuros, consideramos prematuros extremos a aquellos nacido por debajo de la semana 27, muy prematuros entre la 28 y la 32 y moderadamente prematuros a aquellos que lo hicieron por encima de la semana 32. Se reserva el término prematuro tardío a los nacidos entre la semana 34 y 37 (ya que este grupo, aunque puede sufrir algunas complicaciones, son menos habituales las que pueden condicionar el resto de su vida). Estas distinciones son importantes porque la mortalidad del niño al nacer y las secuelas son mayores cuanto más prematuro sea un bebé.

Como ya te habrás dado cuenta, los médicos no nos referimos a estos niños como seismesinos, sietemesinos… términos muy empleados en la sociedad. Esto es debido a que el pronóstico de estos niños varía mucho de semana en semana por lo que hablar de mes en mes no tiene mucho sentido.

Pero no todo es la edad gestacional ya que no es lo mismo nacer de 34 semanas pesando 2.500 gr que 1.200 gr o de 26 semanas con 800 gr que con 450 gr. A este respecto, los niños nacidos con menos de 1.500 gramos de peso se les considera de muy bajo peso al nacer, otro de los condicionantes para una evolución menos favorable independientemente de la edad gestacional.

Teniendo en cuenta la edad con la que nace un prematuro y su peso, si no ocurren grandes complicaciones, podemos estimar cuánto tiempo requerirán de ingreso antes de poder irse a casa. Si tenemos en cuenta que el alta suele ocurrir cuando llegan a una edad corregida de 38 semanas, basta con hacer la cuenta. Por ejemplo, un prematuro de 28 semanas estará ingresado entre 2 y 3 meses, uno de 24 semanas entre 4 y 5 meses y uno de 34 semanas aproximadamente un mes.

¿Cuál es el límite inferior para decidir reanimar al bebé?

Otro dato importante es conocer a partir de qué semana de gestación los niños son “viables”, es decir, que tengan probabilidad de sobrevivir con unas secuelas aceptables. En España, la gran mayoría de los autores coincide en que por encima de la semana 25 de gestación (en torno a los 6 meses de gestación) los niños prematuros deben ser reanimados debido a la alta tasa de supervivencia y la relativa baja probabilidad de secuelas. Sin embargo, entre la semana 23 y 24 existe una sombra gris en la que la mortalidad se dispara y, en caso de que los niños sobrevivan, lo harán con importantes secuelas. En estos casos, los mismos autores coinciden en que está justificado proponer a los padres una conducta no activa y decidir con ellos las medidas a llevar a cabo. Además, el peso siempre será un limitante de la actuación. En caso de un peso estimado inferior a 400 gramos la viabilidad del niño suele verse comprometida.

Os preguntareis porqué ese límite en las 23 semanas y/o los 400 gramos. Por desgracia, la medicina no ha evolucionado lo suficiente como para sacar adelante a esos niños con una calidad de vida adecuada, de ahí que se haya puesto ese límite en este momento.

¿Cuáles son las causas de prematuridad?

Conocer la causa de la prematuridad del bebé es importante porque dependiendo de ésta, el bebé puede necesitar una serie de medidas especiales.

En general se clasifican en tres grandes grupos. El primero de ellos es por “causa materna” y agruparía aquellas condiciones previas al embarazo que condicionan el parto prematuro. Algunos ejemplos son enfermedades crónicas en la madre, madres con edad mayor a 35 o inferiores a 17 años, exceso de ejercicio físico o estrés durante el embarazo. Un segundo grupo serían debidas a “causa fetal”, como son las malformaciones congénitas o muchos síndromes. Y por último, las “derivadas del propio embarazo”, que por cierto, son las más frecuentes. En este último grupo se encuentran enfermedades como la diabetes gestacional o la preclampsia, los embarazos múltiples o las infecciones del útero materno. Esta última condición, conocida como coriamnionitis, es responsable de la gran mayoría de los partos prematuros en los que no se encuentra otra causa clara.

¿A qué se enfrenta un bebé prematuro al nacer?

Los riesgos a los que se enfrenta un bebé al nacer prematuro son muchos, desde que fallezca hasta que tenga complicaciones que condicionen el resto de su vida. Esto se debe a que toda la maduración que tiene que hacer un recién nacido prematuro (ya sea por unos días o por muchos meses) lo va a hacer fuera de donde la naturaleza ha diseñado que tiene que ser, es decir, en el útero materno. Por ello intentamos realizar lo que se conoce como CDC, Cuidados Centrados en el Desarrollo, protegiéndoles del ruido y la luz, favoreciendo el contacto materno mediante el método canguro, etc.

Esa maduración que le falta al prematuro la debe hacer en unas condiciones que los médicos tratamos que sean lo más parecidas posibles al vientre materno, pero que por desgracia distan mucho de serlo. Esto provoca que ese desarrollo de órganos sea muy diferente a lo que ocurre dentro del útero materno. Toda esa alteración de la maduración puede afectar al cerebro, el corazón, los pulmones, los riñones, los ojos, el intestino… y condicionar muchos cuidados especiales a lo largo de su vida.

Pero como ya hemos apuntado más arriba, no es lo mismo nacer con 35 semanas (los cuales no suelen requerir ingreso hospitalario ni presentar grandes complicaciones a corto o largo plazo) que con 25 (en los que un ingreso en una unidad de cuidados intensivos neonatales está garantizado), ya que cuanto más prematuro sea un niño más probabilidad de complicaciones tendrá.

Además, a toda esa “alteración” de maduración que se produce al nacer de forma prematura hay que añadir una serie de riesgo derivados de la propia atención médica como son las infecciones nosocomiales (las que se producen por el propio acto médico), el daño producido por el oxígeno que, aún siendo necesario, les administramos, recibir nutrición parenteral, accesos venosos… que en muchos casos son una gran parte del problema de los partos prematuros.

¿Y cuántos bebés prematuros sobreviven?

La tasa de superveniencia global de un prematuro es muy alta debido a que la mayoría de los niños que nacen prematuros lo hacen por encima de la semana 28 de gestación. Sin embargo, estas cifras varían enormemente por debajo de esta edad gestacional. La mortalidad global de la prematuridad alcanza el 19%. Esto se debe a que la mitad de los niños nacidos antes de la semana 25 fallecen en su evolución. Sin embargo, la mortalidad mejora sustancialmente a partir de la semana 28, la cuál desciende por debajo del 10%, hasta hacerse inferior al 1% por encima de la semana 32.

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En estas gráficas se puede observar la mortalidad de los niños prematuros según su edad gestacional (Fuente: Informe de mortalidad y causa de muerte por edad gestacional, comisión de mortalidad y grupos de GEN Año 2010)

¿Qué porcentaje de bebés prematuros sobrevive con discapacidad?

Además de la supervivencia, la otra gran preocupación de los padres cuando tienen un niño prematuro es el grado de discapacidad que tendrá en un futuro, ya que esto es lo que va a condicionar cómo será su vida una vez que sea dado de alta del hospital.

De entre todas las enfermedades a las que se enfrentan estos bebés, la discapacidad neurológica es la más importante, la gran mayoría de las veces manifestada como parálisis cerebral, la cual provoca un déficit motor y, en muchos casos, asociado a un déficit intelectual, ya que es el mayor condicionante para el grado de dependencia que desarrollarán a medida que crezcan.

Al igual que pasaba con la mortalidad, a menor edad gestacional, más probabilidades de padecer una discapacidad neurológica. Como ya explicamos en un punto anterior, esto se debe a que la maduración final del cerebro del bebé prematuro ocurrirá en una condiciones que nos son las óptimas para ello junto con otros eventos propios de la prematuridad, como son el sangrando intracraneal y los infartos cerebrales. En general, las lesiones que condicionan esa discapacidad son muy frecuentes cuando un niño nace por debajo de la semana 28 de gestación. De manera global, la parálisis cerebral tiene una incidencia de 2-3 por cada 1.000 recién nacidos vivos y se dispara a 40-100 por cada 1.000 recién nacidos pretérminos extremos o muy bajo peso. De hecho, se presenta en 82 de cada 1.000 prematuros nacidos por debajo de la semana 28 y en 43 de aquellos que lo hacen entre la semana 28 y 31. Por debajo de esta edad gestacional, menos de 27 semanas, se dispara a más de 100 por cada 1.000 nacidos y más de 200 por cada 1.000 en los que nacen por debajo de la semana con 24. Además, si nos fijamos en el peso, 50 de de cada 1.000 niños nacidos con menos de 1.000gr de peso la acabarán desarrollando.

Uno de los grandes retos al que nos enfrentamos los neonatólogos con estos niños y que los padres a menudo demandan es predecir el grado de daño neurológico que va a presentar ese niño en el futuro. Sin embargo, a veces es difícil dar una respuesta concreta ya que el desarrollo cerebral continúa hasta bien entrada la infancia y, por tanto, saber lo que va a ocurrir en 1 o 2 años se convierte en algo difícil. Como bien sabéis, un bebe recién nacido ni se sienta solo, ni camina, ni habla, ni come con un tenedor… es decir, su desarrollo neurológico no está completado al nacer. En algunos niños prematuros sabremos que su desarrollo neurológico no va a ser completo ya que desde el principio hemos observado alguna lesión que puede predecir que presentará daño neurológico futuro sin poder predecir cuánto, pero en otros, deberemos dejar pasar del tiempo e ir viendo como realizan el desarrollo neurológico para poder afirmar con certeza el grado de afectación que van a presentar en caso de que finalmente ocurra. En este punto, el neurólogo infantil es de suma importancia ya que irá observando el desarrollo del niño para que, en cuanto detecte una ligera alteración, derivar al paciente a rehabilitación y atención temprana. La atención temprana además será recomendable en general para todos los niños por debajo de las 32 semanas de edad gestacional al nacer.

Otras enfermedades asociadas a la prematuridad

Además de la discapacidad neurológica, cuando un bebé nace antes de tiempo se enfrenta a una serie de enfermedades que pueden ocurrir tanto en su evolución en el hospital como una vez que es dado de alta. Al igual que pasaba con la mortalidad y la discapacidad neurológica, será más frecuente que aparezcan cuanto más prematuro sea el niño.

  • Sistema respiratorio: el pulmón termina su maduración tarde dentro del útero materno, en torno a la semana 36. Este hecho provoca que la gran mayoría de los niños prematuros nazcan con cierto grado de “enfermedad respiratoria”. Muchos de ellos precisan de asistencia respiratoria con ventilación mecánica invasiva. A pesar de los esfuerzo médicos, algunos acaban desarrollando lo que se conoce como displasia broncopulmonar, enfermedad respiratoria que padecen algunos niños prematuros dependientes de oxígeno durante los primeros meses y/o años de vida y que condiciona hiperreactividad bronquial importante en los primeros años de vida.
  • Sistema circulatorio: tras el nacimiento de un bebé, el sistema circulatorio debe adaptarse a un ambiente nuevo: el niño pasa de estar en el líquido amniótico, donde su “pulmón” era la placenta, a respirar por sí mismo. Para ello, el corazón debe adaptarse cerrando una serie de conductos cercanos al corazón que permitían que la sangre se oxigenara sin pasar por los pulmones. En algunos niños prematuros esto no ocurre dando lugar a lo que se conoce como ductus arterioso persistente. En ocasiones puede tratarse con medicación pero en otras debe ser cerrado mediante cirugía.
  • Sistema digestivo/nutricional: los recién nacidos pretérmino no desarrollan la succión-deglución hasta la semana 34-35 de edad gestacional y precisan muchas veces ser alimentados por una sonda que llega hasta el estómago, y a menor edad gestacional mayor número inicial de días de alimentación parenteral. Además, todos los niños prematuros están en riesgo de desnutrición ya que requieren mayor numero de calorías que un recién nacido a término para mantener una adecuada velocidad de crecimiento. Para ello es fundamental un abordaje nutricional que permita un desarrollo corporal adecuado que conllevará un mejor neurodesarrollo. Muchos niños deben recibir nutrición parenteral hasta que se realice la transición a alimentación oral por sonda nasogástrica con leche materna fortificada o con fórmulas especialmente preparadas para los recién nacidos y posteriormente por boca. El empleo de leche materna previene la enterocolitis necrotizante, enfermedad del tubo digestivo típica de los recién nacidos pretérminos que ensombrece el pronóstico y en muchas ocasiones requiere cirugía.
  • Sistema hematológico: debido al nacimiento prematuro, estos bebés disponen de pocas reservas de hierro y junto a las múltiples extracciones sanguíneas que requieren estos niños, condiciona anemia y, en muchas ocasiones, necesitan  transfusiones sanguíneas. Los protocolos actuales intentan paliar esta anemia administrando hierro oral a todos los niños prematuros hasta al menos la diversificación alimentaria (6 meses de vida de edad corregida).
  • Retinopatía: nacer antes de tiempo puede condicionar que la vasculatura retiniana se forme de manera inadecuada provocando un desprendimiento de retina y finalmente algún grado de ceguera en el niño prematuro. Los protocolos actuales contemplan revisiones frecuentes de estos niños y el tratamiento con láser antes de que la enfermedad evolucione a un estado irreversible.

Por último, pero no menos importante, debido a que un niño prematuro requerirá de su manejo en una unidad neonatal en donde se realizarán manipulaciones para extracciones sanguíneas, ventilación mecánica o el mero hecho de estar ingresados en el hospital, condiciona un mayor riesgo de que estos niños sufran alguna infección de origen hospitalario. Además, su sistema inmune estará menos desarrollado que el de un niño nacido a término, por lo que el pronóstico de estas infecciones habrá que tomárselo siempre con cautela.

Y cuando me dan de alta, ¿qué?

Cuando un niño prematuro se va de alta del hospital es porque los cuidados que estaba recibiendo ya no son necesarios o, al menos, pueden continuarse en domicilio a cargo de sus padres.

Como ya hemos dicho, el alta suele ocurrir en torno a la semana 38 de edad gestacional corregida y/o con más de 2.000gr de peso.

El camino que debe recorrer el niño prematuro durante el resto de su infancia es largo. Con suerte, no habrá sufrido ninguna complicación y bastará con hacer un seguimiento desde consulta para comprobar que el crecimiento y el desarrollo neurológico es el adecuado. Por el contrario, en niños muy prematuros, requerirán de cuidados habituales por parte de sus padres así como visitas frecuentes a diversos especialistas infantiles.

Sin embargo, cada bebé prematuro es un mundo. Así que, no anticipemos sobre qué va a necesitar éste o aquél y esperemos que vayan ocurriendo las cosas para, en ese momento, decidir hacer una intervención.


En resumen, aquellos niños que nacen antes de tiempo deben completar la maduración que han dejado de hacer en el útero materno. Realizar esa maduración en un lugar distinto condiciona una serie de alteraciones que, en mucho casos, se traducen en enfermedades. Dependiendo del grado de prematuridad con el que nazca cada niño, estas enfermedades podrán ocurrir más frecuentemente o incluso, en aquellos niños que nacen por encima de la semana 34, en muchas ocasiones no llegan a presentarse. El cuidado de estos niños requerirá un esfuerzo inmenso tanto por parte de los médicos pediatras como de sus padres, intentando que la calidad de vida futura se acerque lo máximo posible a la de un niño sin ninguna enfermedad.

El copyright de la imagen de cabecera del post pertenece a Unicef Ethiopia bajo una licencia CC BY-NC-ND 2.0.

¿Estará sordo mi bebé?, la prueba de los oídos del recién nacido

En este blog ya os hemos hablado de las pruebas del talón, uno de los procedimientos que se realizan en los recién nacido cuando nacen para descartar una serie de enfermedades. La que nos ocupa hoy y a la que vamos a dedicar este post es al cribado auditivo neonatal, prueba diseñada para detectar a aquellos bebés que no oyen.

Según datos de la Asociación Española de Pediatría, 5 de cada 1.000 recién nacidos vivos presenta algún grado de sordera, estando el 80% de los casos presente al nacimiento.

Un niño que no oye es incapaz de aprender a hablar, por ello, la detección precoz de esos niños es fundamental para poder llevar a cabo las pruebas diagnósticas y el tratamiento adecuado que permita que en un futuro desarrollen una adecuada comunicación oral adecuada.

Para dar respuesta a esta necesidad, desde hace ya muchos años, se realiza una prueba mientras los niños están ingresados en el hospital para detectar aquellos que no oyen y derivarles al otorrinolaringólogo.

¿En qué consiste la prueba?

Como ya hemos dicho, lo habitual es que el cribado auditivo se realice durante esas 48-72 horas en las que bebé y mamá están ingresados en el hospital. Si por cualquier motivo no se pudiera hacer durante el ingreso, debería realizarse al menos antes del mes de vida del crío.

En la actualidad, la gran mayoría de las maternidades utilizan como prueba de cribado los potenciales auditivos evocados del tronco cerebral automatizados (PAETC-a). Esta prueba evalúa que el sonido que emiten unos “auriculares” que se colocan al recién nacido es registrada por el tronco cerebral, y por tanto se da por hecho que cualquier sonido que pudiera escuchar el recién nacido es registrado por el cerebro.

Esta prueba tiene una gran fiabilidad y se considera que no hay “falsos positivos”, es decir, que si vuestro hijo supera la prueba, podéis estar tranquilos porque vuestro hijo oye.

Los PAETC-a es una prueba sencilla, que no causa dolor ni ningún otro efecto en el recién nacido. Para realizarla, el personal encargado colocará unos “auriculares” al recién nacido en las orejas y una serie de cables y pegatinas (en el hombro, la espalda y la frente) para registrar esa actividad que os mencionábamos.

En estas imágenes de arriba podéis observar como es la maquina que se utiliza para hacer la prueba. Tanto las pegatinas como los “auriculares” son desechables y no se reutilizan para otros niños.

Interpretación de resultados

Esta prueba solo nos informa de si el sonido que emiten los “auriculares” llega al cerebro. Por eso, el resultado de la prueba es “PASA” o “NO PASA”. Con alguna de las máquinas empleadas puede que el resultado se exponga como “OK” o “DERIVAR”. En este caso, OK sería que pasa la prueba y DERIVAR que no la pasa.

¿Pero qué significan realmente estos resultados? Cuando una prueba PASA (o sale OK) significa que el niño oye, y por tanto no hay que hacer más pruebas debido a la gran fiabilidad de la prueba.

Pero lo que realmente preocupa a los padres es cuando la prueba NO PASA o sale a derivar. Esto significa que la maquina no ha conseguido detectar en el cerebro el sonido que emiten los “auriculares”. Pero ojo, esto no quiere decir que el niño sea sordo. Hay muchas circunstancias en las que el resultado de la prueba puede salir alterado pero por otras circunstancias distintas a que el niño no oiga, por ejemplo, cuando todavía queda algo de líquido amniótico en el oído o simplemente porque haya mucho ruido ambiental que no permite hacer la prueba correctamente.

En estos casos la prueba se suele repetir al día siguiente antes de que el bebé se vaya de alta y en el caso de que persista alterada se le remite a consulta para repetirla.

Segunda fase del cribado auditivo

A aquellos niños en los que la prueba ha salido alterada se les remite a la consulta del otorrino. El tiempo para hacerlo no debe superar los tres meses de vida. Con esto queremos decir que no hace falta ir corriendo a la semana siguiente del alta a repetir la prueba.

La gran mayoría de esos niños que tiene la prueba alterada al nacer, cuando se repite al mes o dos meses de vida suele ser normal. Con esto finaliza en ellos el cribado auditivo porque se considera que oyen con normalidad y en ellos no hay que hacer más pruebas.

En el caso de que la prueba vuelva a fallar entrarían en una tercera fase para confirmar el diagnóstico con otro tipo de pruebas más específicas y poder hacer una clasificación del tipo de sordera, que al fin y al cabo es lo que va a permitir poner un tratamiento u otro.

Niños con factores de riesgo

Existe un pequeño grupo de niños que, a pesar de haber tenido una prueba de cribado auditivo normal, se recomienda que se les repita el cribado antes de los tres meses de vida por existir una serie de factores de riesgo de que desarrollen lo que se llama “hipoacusia tardía”. Estos factores de riesgo son

  • Antecedentes de hipoxia perinatal.
  • Antecedentes familiares de sordera neurosensorial o de causa no filiada.
  • Síndromes asociados a hipoacusia.
  • Infecciones del grupo TORCH durante el embarazo.

En este link podeis encontrar el documento informativo para padres que entrega la Comunidad de Madrid sobre el Cribado Auditivo cuando nace un niño.

Y en este otro link podéis acceder a la página de la CODEPEH, de la Confederación Española de Familias de Personas Sordas.

El copyright de las fotos empleadas en este post pertenece a Dos Pediatras en Casa y no se permite su reproducción.

¿Influyen mis emociones al bebé durante el embarazo?

No es raro escuchar en boca de mucha gente frases como “habla con tu bebé, aunque esté dentro de la tripa de escucha” o “tu estado emocional durante el embarazo puede influir en el desarrollo de tu hijo”. pero, ¿cuánto de cierto hay en ellas?.

Estas afirmaciones podrían tener sentido ya que el feto se trata de un ser vivo en formación con la capacidad de sentir y percibir ciertos estímulos incluso semanas antes del nacimiento. No en vano, los recién nacidos prematuros sienten dolor cuando se les extrae una analítica o se tranquilizan al hacer canguro con sus padres aunque hubieran nacido varios meses antes de lo que les tocaba. Esto pone de manifiesto que los fetos perciben de alguna forma los estímulos que reciben dentro del vientre de sus madres.

Pero no solo son sensibles a estímulos como un sonido fuerte o un golpecito en la tripa. Todo lo que les rodea dentro de útero materno es capaz de dar lugar a un cambio en el futuro ser. En esta línea podemos leer en la web de la Asociación Española de Psicología Perinatal que “todo lo que ocurre en el embarazo, parto y postparto influye en la vida de las personas”, debido a la adaptabilidad que presenta el cerebro a los cambios en el entorno que les rodea, incluso desde antes del nacimiento.

Desde hace ya muchos años existe un gran interés en estudiar el desarrollo humano invirtiéndose en él grandes esfuerzos científicos. Con ello, se busca fomentar una buena salud, además de prevenir la enfermedad, tanto en el ámbito de la medicina como en el de la psicología. En este último, ha sido hace pocos años cuando los estudios han ampliado su foco de observación y análisis a cómo la predisposición genética de cada uno se ve afectados por factores ambientales antes del nacimiento. En este contexto surge la llamada psicología gestacional y perinatal, aquella que se interesa por todos los aspectos psicoafectivos relacionados con la concepción, el embarazo, el parto, el postparto y la crianza temprana.

A nosotros, tanto como padres como pediatras que estamos frecuentemente en contacto con futuras madres, este tema siempre nos ha resultado muy interesante. Pero como sabéis, no nos gusta escribir o publicar en este blog temas en los que no somos especialistas y carecemos de las herramientas para poder hacer una búsqueda de información en condiciones. Por fortuna, la hermana de Elena, Cristina Blanco Iglesias, es psicóloga y se ofreció a preparar un texto para conocer cuánto de cierto hay en eso de “mi bebé me siente desde antes de nacer” y cómo pueden influir las emociones en la relación de una madre embarazada con su futuro niño. Esperamos que os guste.


El embarazo, punto de partida en la relación madre-hijo

El embarazo es el punto de partida de un proceso de adaptación psicológica y emocional en el que las personas comienzan la construcción de una nueva identidad, como futuras madres o futuros padres. Son 9 meses en los que imaginan, reflexionan, se proyectan diciendo y haciendo, cambian actitudes… Y con una naturalidad que, a veces, queda inadvertida, también experimentan cambios en sus emociones. Sienten alegría, miedo, ilusión, preocupación, amor, desconcierto -entre otras muchas cosas- de una forma nueva y en relación con un futuro ser que, sin conocerlo, ya forma parte de sus vidas.

La idea de que la mente y el cuerpo están conectados -y que el equilibrio entre ambas partes es fundamental- ha de estar especialmente presente durante todo el embarazo. Si la madre se siente bien, es decir, si su estado físico y mental es bueno, sus relaciones son positivas y su entorno resulta favorable, es fácil deducir que el feto se verá favorecido por ello.

Por ello, se recomienda que durante el embarazo se preste una atención especial a cuestiones tan importantes como la alimentación, la actividad física y el descanso. Asimismo, cada vez es más frecuente que estas recomendaciones vayan acompañadas de un cuidado del estado emocional de las futuras mamás, y de un control de su nivel de activación, de tal manera que se reduzcan al máximo las situaciones estresantes.

El estrés materno influye en el feto

Cuando las personas nos vemos ante situaciones que sentimos que nos sobrepasan -a nivel físico, emocional, o ambas- nuestro cuerpo libera entre otras una sustancia llamada cortisol. Esta sustancia es conocida como la hormona del estrés y su función es llevar al cuerpo a un estado de activación que nos ayude a enfrentarnos a esas situaciones estresantes. Sin embargo, es sabido que unos niveles en sangre demasiado altos de esta hormona, o durante periodos prolongados, puede llegar a ser nociva para el organismo que lo produce.

Vivette Glover es una reputada psicobióloga perinatal, una de las más importantes investigadoras contemporáneas en este campo. Tras diversos estudios científicos, afirma de manera sólida que “el modo en que un feto se desarrolla en el útero afecta al futuro niño durante toda la vida”.  Uno de los pilares sobre los que se sustenta esta afirmación son sus investigaciones sobre los niveles de cortisol maternos, producidos en respuesta al estado emocional y físico de la madre durante el embarazo. En sus estudios ha llegado a asociar los niveles de cortisol presentes en la placenta con alteraciones en la capacidad de aprendizaje durante la infancia junto a otras dificultades y trastornos psicoafectivos (link), extendiendo también la asociación a la relación de apego entre la madre y su bebé (link). Esta experta tiene frases tan contundentes como que “se ha visto que cuanto más alto es el nivel de cortisol en el líquido amniótico que rodea al bebé, más bajo es el coeficiente intelectual del futuro niño. Es una prueba de que los niveles altos de cortisol afectan al cerebro en formación y, por ende, a la capacidad de aprendizaje”.

Un campo todavía por explorar

Hoy por hoy, se siguen llevando a cabo investigaciones que puedan determinar de qué manera y en qué medida esto ocurre.

Un ejemplo de ello es el estudio de la relación de pareja y el impacto que tiene ésta para el feto durante el periodo gestacional (link). En este sentido se ha demostrado que el apoyo paterno durante el embarazo –o falta de él- influye directamente en el bienestar físico y mental de la madre, y por tanto en el del futuro bebé.

En este sentido se están desarrollando multitud de estudios que buscan asociar una situación concreta que ocurre durante el embarazo con posibles alteraciones en el futuro bebé. Ejemplos de ello serían la forma y el estrés en la que el parto se produce (link) o los efectos del estrés derivado de la dedicación laboral de las mujeres profesionales embarazadas (link, link, link). La Dra. Glover apunta a la necesidad de continuar investigando para permitir elevar conclusiones suficientemente contrastadas, de manera que sean tenidas en cuenta a la hora de diseñar e implementar procedimientos y protocolos de atención integral a las mujeres y sus bebés durante el embarazo.

¿Y qué podemos hacer nosotras que estamos embarazadas?

Seguro que habéis escuchado en varias ocasiones que ponerle música al feto es bueno; hay estudios que así lo apuntan (link). ¿Pero habéis pensado alguna vez que besar y abrazar la barriga de la madre también puede serlo?

En este sentido, la Vivette Glover ha llegado a afirmar que “hoy en día existen muchas pruebas, muchas investigaciones que demuestran que el modo en que el bebé se desarrolla en el útero afecta al niño durante toda la vida. Y la manera en que el bebé se desarrolla en éste depende del estado de la madre, de su alimentación y de sus emociones” y que ” la ansiedad sufrida durante el embarazo duplica el riesgo de que el niño padezca ansiedad o trastornos de conducta durante la infancia”.

Somos muchos los profesionales de la psicología que pensamos que el estrés puede llegar a tener un efecto negativo sobre el desarrollo neurológico del feto. Si por el contrario, le exponemos a estados relajados y a emociones positivas muy probablemente podremos evitarlo. Es una más de esas pequeñas acciones que madres y padres podéis llevar a cabo antes del nacimiento de vuestras hijos, que además de generar bienestar, contribuirá a construir los cimientos de una relación positiva entre vosotros.

“Hablad y acariciad a vuestros hijos con amor y tranquilidad, incluso antes del nacimiento”

Si os ha interesado este tema, os recomendamos ver la entrevista llevada a cabo por Eduardo Punset a Vivette Glover, en el programa REDES (2012).


Tambien podeis consutlar los siguientes recuersos: