Archivo de la categoría ‘Enfermedades’

Lunares y niños, ¿qué debo vigilar?

Nevus melanocítico

Fuente: DermNet NZ (CC BY-NC-ND 3.0 NZ)

No creo que haya un sola persona sobre la faz de la tierra  que en su piel no tenga algún que otro lunar. Bueno, quizá estamos exagerando un poco, ya que la piel de los recién nacidos no suele estar salpicada de esos puntitos de color marrón, aunque lo habitual es que con el paso del tiempo acabe apareciendo alguno que otro sobre su piel. La gran pregunta que se hacen muchos padres cuando llega ese momento es si esas manchitas serán lunares ‘malos’ o simplemente lunares como los que tenemos todos.

Porque otra cosa es segura, (casi) todos hemos oído hablar del melanoma, el tipo más grave de cáncer de piel, el cual suele aparecer sobre una lesión melanocítica, es decir, sobre una zona de la piel en la que hay un acúmulo de melanocitos, como es el caso de los lunares. Sin embargo, tener un lunar no es equivalente a tener cáncer de piel, así que tampoco nos agobiemos en exceso.

En este post os contamos qué son los lunares y por qué aparecen, además de explicaros qué debéis vigilar en ellos para que así sepáis cuándo consultar al pediatra o al dermatólogo.

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¿Qué son los espasmos del sollozo?

Niño Llorando

Fuente: Pixabay.

Hace unas semanas se puso en contacto con nosotros una de nuestras mejores amigas y nos contó que a su hijo de un año le había pasado algo muy raro en la escuela infantil. La profesora se había asustado mucho porque el crío, tras darse un pequeño golpe en la cabeza, se había puesto a llorar y de repente se le empezaron a poner los labios morados a la vez que dejaba de respirar, llegando a perder el conocimiento durante unos breves segundos. Tras ello, el niño había recuperado la conciencia y había seguido con sus quehaceres como si nada. La profesora estaba muy preocupada porque no veía normal lo que acababa de ocurrir y recomendaba, no sin parte de razón, que nuestra amiga consultara con su médico.

Esta situación que os acabamos de relatar es bien conocida por los pediatras y lleva por nombre espasmo del sollozo. Para el que no la conoce resulta muy estresante, ya que da la sensación de que al niño le está ocurriendo algo muy grave. Sin embargo, este tipo de episodios son benignos y no tienen ninguna trascendencia, más allá del susto que se lleva el que los observa. En este post os contamos en qué consisten y cómo debéis actuar en estos casos.

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Día Internacional del Cáncer Infantil

Día Internacional del Cáncer Infantil

Desde el año 2002, cada 15 de febrero se celebra el Día Internacional del Cáncer Infantil con el objetivo de visibilizar esta enfermedad, así como sensibilizar y concienciar a la población de los retos a los que se enfrentan cada día estos niños y sus familias.

En España se diagnostican cada año alrededor de 1.100 casos nuevos de cáncer infantil. Aunque a algunos esta cifra les puede parecer pequeña, el cáncer supone la primera causa de muerte infantil por enfermedad en países desarrollados por debajo de los 14 años, y la segunda (por detrás de los accidentes) si tenemos en cuenta todas las causas. Estos datos ponen de manifiesto la importancia de un diagnóstico precoz y un tratamiento personalizado en unidades oncológicas específicas para niños en donde se les puede dar un tratamiento dirigido a su enfermedad, además de cuidar otros aspectos de la salud tan importantes como el bienestar psicológico y social, tanto de ellos como de sus familiares. De entre todos los tipos de cáncer infantil, la leucemia -el cáncer de la sangre- es el más frecuente (cerca del 30%), seguido del los tumores del sistema nervioso central (un 22%).

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Ictericia neonatal: ¿por qué los bebés se ponen amarillos al nacer?

Ictericia fototerapia

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

Dicen las enfermeras con más experiencia en neonatos que las madres que más lloran tras el parto son las de los niños a los que los pediatras debemos ingresar para el tratamiento de una ictericia neonatal. Seguramente parte de esa desazón se produce porque tras nueve meses de embarazo y un par de días con el retoño entre sus brazos llega la mala noticia de que al niño, que por otro lado parece estar estupendamente, le ha subido la bilirrubina y se ha puesto muy amarillo, precisando entonces el ingreso en la unidad neonatal para tratar con fototerapia dicha condición. Este ingreso suele coincidir con el alta de la madre, la cual siempre tendrá la sensación de que abandona a su bebé al no poder estar con él todo el tiempo que ella querría.

En la inmensa mayoría de los casos no serán más de 36-48 horas con el bebé dentro de la incubadora bajo una luz de fototerapia, pero claro, a quién no se le caerían las lágrimas al comprobar que aquello que parecía que iba a ser dar a luz y en un par de días para casa se convierte en un ingreso en donde el niño pasa a estar rodeado de cables y monitores que hacen ruido.

A lo largo de este post os explicaremos por qué se produce la ictericia neonatal y cuál es su tratamiento.

¿Por qué le sube la bilirrubina a los recién nacidos?

Seguro que todos habéis oído hablar de la hemoglobina, una molécula que se encuentra dentro de los glóbulos rojos y que se encarga del transporte del oxígeno en la sangre. Cuando la hemoglobina se destruye, una parte se transforma en bilirrubina, la cual, a través de un complejo mecanismo en el que interviene el hígado, se acaba eliminando en las heces. Este proceso metabólico se produce durante toda la vida, ya que los glóbulos rojos no son ‘inmortales’ y deben renovarse cada cierto tiempo.

Sin embargo, cuando el hígado no es capaz de eliminar la bilirrubina a una velocidad adecuada, esta se acumula en sangre y produce una coloración amarillenta de la piel, ya que, como su propio nombre indica, la bilirrubina es un pigmento de color amarillo. A esta situación clínica se la conoce como ictericia. Lee el resto de la entrada »

Hemangioma infantil o nevus en fresa, ¿qué es lo que tiene mi bebé?

Seréis muy pocos a los que no os ha llamado la atención ver alguna vez a un bebé que desde bien pequeñito presenta una mancha abultada roja y brillante en alguna parte de la cara, si es que ese niño no era vuestro propio hijo. Estas manchas que aparecen sobre todo en la cara y el cuello, aunque no es raro que aparezcan en cualquier parte del cuerpo, se conocen como hemangiomas infantiles o “manchas en fresa”. Dada la gran frecuencia con la que vemos este tipo de lesiones en consultas de pediatría nos hemos animado a escribir sobre este tema, esperamos que os guste y resulte de utilidad.

¿Qué es un hemangioma infantil?

Un hemangioma es un tumor benigno de los vasos sanguíneos superficiales de la piel que típicamente crece mucho en los primeros meses de vida. Al nacimiento puede pasar inadvertido ya que aparece como una mancha pálida y plana, pero que al cabo de unos días o semanas empieza a crecer muy rápidamente hasta convertirse en un “bulto de color rosa brillante” que estabiliza su crecimiento hacia los 9 meses. Este aspecto tan característico que realmente se parece a una fresa es el causante de que los hemangiomas en muchas ocasiones se les denomina “nevus en fresa”. Este tipo de lesiones cutáneas son más frecuentemente en niñas, en niños prematuros o con bajo peso al nacer.

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¿Cuál es el color normal de las deposiciones de un niño?

Cuando abrimos este blog hace más de tres años, una de las cosas que nos prometimos fue no escribir nunca un artículo sobre el color de las deposiciones de los niños. El caso es que recibimos casi a diario mensajes a través de las redes sociales con imágenes de pañales con cacas de todo tipo, con las que los padres nos preguntan si eso que han echado sus hijos es normal, además de alguna que otra consulta por parte de nuestros amigos y familiares sobre la misma temática. Que levante la mano el pediatra que no tenga en el Whatsapp de su móvil ni una sola foto de este tipo acompañada de un “¿Esto te parece normal?”.

La verdad es que no creemos que haya nadie al que le apasione hablar sobre el color de las deposiciones de un niño, pero dada la demanda popular sobre esta cuestión, no nos queda otra que sucumbir a vuestra demanda de información y escribir este post. Vaya por delante que en este texto va a haber mucho de caca-culo-pedo-pis, así que avisados estáis.

NOTA: nos vais a permitir que no adjuntemos fotos de cacas a este post. Esperamos por otro lado que este texto sea lo suficientemente detallado y explicativo para que vuestra imaginación se haga una imagen mental de a qué nos estamos refiriendo.

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Dolores de crecimiento: ¿mito o realidad?

“Hola, buenos días. Nos hemos citado porque a mi hijo de doce años le duelen las rodillas desde hace ya varias semanas, sobre todo después de hacer ejercicio, y ha llegado al punto de que no aguanta ni quince minutos del entrenamiento de baloncesto…”.

Esta recreación resume la típica consulta al pediatra que en muchos casos acaba con el diagnóstico de “dolores de crecimiento”. Pero, ¿realmente esta “enfermedad” existe o es algo que nos hemos inventado los pediatras para desviar la atención de algo que sabemos que acabará pasando con el paso del tiempo y que no tiene mayor importancia? ¿Son los adolescentes unos quejicas o realmente les pasa algo?

La anatomía del hueso en crecimiento

Los huesos largos del cuerpo -como el fémur, la tibia o el húmero- tienen tres partes muy diferenciadas.

  • Por un lado está la parte central, estrecha y circular, y que lleva por nombre diáfisis.
  • Las epífisis son los extremos del hueso, son anchos y en esa zona se encuentran las articulaciones.
  • Por último, a la zona de transición entre diáfisis y epífisis se la conoce como metáfisis.

Los prefijos dia-, epi, y meta- provienen del griego y hacen referencia a opuesto, encima y después de “algo”, en el caso de los huesos a la fisis, o lo que es lo mismo, al cartílago de crecimiento.

Por tanto, durante la infancia y la adolescencia (o hasta que se cierran las muñecas, como les gusta decir a la abuelas), el hueso tiene una cuarta parte, la fisis, que es la zona donde se forma hueso nuevo y hace que el niño crezca en altura, la cual desaparece al finalizar la pubertad.

Además, hay otros tipos de huesos en el cuerpo, muchos de ellos pequeños y cortos, como los de las manos y los pies. Este tipo de huesos también tienen zonas de cartílago que permite que estos huesos crezcan a medida que el niño se hace mayor.

¿Duelen los huesos al crecer?

El crecimiento de un hueso no duele. Si no fuera así, desde el mismo día en que nacemos y hasta que dejamos de crecer, nos estaríamos quejando de que alguna parte del cuerpo nos molesta.

Sin embargo, cuando los niños dan el estirón durante la pubertad, los huesos crecen a una velocidad mucho más alta que durante el resto de la infancia. Durante ese tiempo, el cartílago de crecimiento se pone a formar hueso como si no hubiera un mañana. Y a pesar del ello, esto tampoco duele.

Pero la anatomía del cuerpo humano es muy caprichosa y justo donde hay un cartílago de crecimiento suele insertarse un tendón. Los tendones son la parte final de los músculos desde donde ejercen la tracción que permite que las articulaciones se muevan.

Cuando esos tendones someten a los cartílagos de crecimiento de un niño adolescente a una tracción repetida e intensa puede llegar el momento en que provoquen inflamación y con ello dolor. Es como si el cartílago de crecimiento, que ya de por sí está trabajando más de la cuenta para que el niño pegue el estirón dijera “… estoy aquí dándolo todo para que el niño pegue el estirón y encima el tendón que tengo insertado a mi lado no para de tirar de mi… pues mira, como que no puedo con todo…”. Y entonces se inflama, lo que se traduce en dolor. Como os podéis imaginar, esto ocurrirá casi en exclusiva en las piernas -sobre todo en las rodillas y en los talones-, ya que es ahí en donde nuestro cuerpo soporta mayor peso y carga durante el ejercicio.

En la literatura médica nos referimos a este proceso inflamatorio del cartílago de crecimiento por actividad física de diferentes formas, como ostecondrosis o apofisitis por tracción. Nombres muy complejos para el día a día y sobre todo para explicar a los padres lo que les pasa a sus hijos, por lo que al final usamos el término de “dolores de crecimiento”.

La enfermedad de Osgood-Schlatter

De entre todos los dolores de crecimiento, la enfermedad de Osgood-Schlatter es la más frecuente y conocida. En este caso, el cartílago de crecimiento afectado se encuentra en la región superior de la tibia, allí donde se inserta el tendón rotuliano, por lo que los niños que la sufren se quejan de dolor en la parte de abajo de las rodillas.

Ocurre típicamente entre los 9 y 14 años de edad, sobre todo hacia los 12-13 años y coincidiendo con el estirón. Es mucho más frecuente en adolescentes que hacen deporte, en donde la incidencia es de hasta el 20%. Los deportes que se consideran un factor de riesgo son aquellos que hacen “trabajar” mucho al cuadriceps, el músculo que se inserta en la tibia a través del tendón rotuliano, como el fútbol, el running, el tenis, el baloncesto o la gimnasia deportiva. Debido a que es una enfermedad que afecta preferentemente a adolescentes que hacen deporte, estos suelen tener una complexión atlética y delgada.

La historia típica de esta enfermedad es la de un chico o una chica adolescente delgado/a que hace mucho deporte y que desde hace varias semanas le duelen las rodillas (a veces puede ser solo una). Este dolor empeora con el ejercicio y mejora con el reposo, llegando en ocasiones a impedir la actividad física. A la exploración encontramos dolor al palpar la zona en donde se inserta el tendón rotuliano, incluso a veces se puede ver cierto grado de inflamación. En general no se requieren radiografías ni otras pruebas para su diagnóstico.

El problema que tiene la enfermedad de Osgood-Schlatter, como todos los dolores de crecimiento, es que no terminan de resolverse hasta que el niño deja de crecer. Os parecerá una tontería, pero es importante que esto lo entiendan los padres, ya que en ocasiones estos dolores dan mucho la lata durante varios meses.

Para calmar el dolor es adecuado ciclos cortos de antiinflamatorios como el ibuprofeno durante 4 o 5 días. El hielo aplicado sobre la rodilla también suelen ser efectivo. Además, el reposo relativo, interrumpiendo la actividad física durante unos pocos días o bajando la intensidad de los ejercicios suelen ayudar.

La enfermedad de Severs

En este caso el cartílago de crecimiento que se afecta es el del calcáneo, el hueso que se encuentra en el pie formando el talón. Allí se encuentra insertado el tendón de Aquíles, que en parte es el responsable de que se produzca esta enfermedad. A diferencia del Osgood-Schalter, la enfermedad de Severs se presenta un poco antes, entre los 8 y 12 años y afecta preferentemente a niños, generalmente de forma bilateral.

En este caso, la historia típica es la de un niño de unos 10 años que se queja de dolor en los talones cuando hace ejercicio y que mejora cuando hace reposo o toma un antiinflamatorio. Otra diferencia con el Osgood-Schalter es que estos niños, aunque suelen practicar deporte, no suelen estar muy delgados, de hecho no es raro que presenten sobrepeso. Pensad que el exceso de peso caerá en cada paso en el talón y si además el tendón de Aquíles ejerce su tracción de forma intensa, pues al final el cartílago del calcáneo se inflamará. A la exploración física el niño presentará dolor cuando le palpemos el talón y la parte más posterior de la planta del pie. Tampoco suele ser necesario hacer radiografías.

Esta enfermedad está muy relacionada con el uso de calzado que no sujeta bien el talón, como las sandalias o calzado deportivo excesivamente blando. Además, las botas de fútbol también se han relacionado con la enfermedad de Severs ya que los tacos que tienen en su suela transmiten de forma directa al talón el impacto del pie contra el suelo.

Cuando el niño esta muy dolorido se recomienda tomar antiinflamtorios durante 2 o 3 días y cesar la actividad física si esta era muy incapacitante. Para prevenir que reaparezcan los síntomas se aconseja el empleo de taloneras (unas lengüetas de silicona que se introducen dentro del calzado para que absorban el impacto), además de utilizar zapatos y zapatillas que sujeten bien el talón. También se recomienda que el niño haga ejercicios de estiramiento del tendón de Aquíles.

Dolores que no son “dolores de crecimiento”

Aunque hay otras muchas enfermedades que podemos catalogar de “dolores de crecimiento”, no merece la pena que nos metamos en ellas ya que son mucho más raras que las dos anteriores. Sin embargo, si que queremos dejar claro cuándo el dolor de los huesos/articulaciones debe ser evaluado siempre por un pediatra para descartar otro tipo de enfermedades.

Como habéis podido leer, los dolores de crecimiento tienen un curso subagudo, es decir, van cambiando de intensidad a lo largo de varias semanas. Por ello, todo dolor articular de aparición súbita (días) debe ser evaluado para saber qué está pasando. También aquellos dolores que se refieren a otras partes del cuerpo como los brazos, las caderas o columna vertebral.

Por otro lado, los dolores de crecimiento empeoran con el ejercicio y mejoran con el reposo. En le caso de que suceda al contrario, que sea un dolor de mayor intensidad por las mañanas y que mejora a lo largo del día, también debe ser evaluado. Lo mismo ocurre con los dolores articulares que van cambiando de localización: un día me duele la rodilla, otra semana el codo, ahora las manos y más tarde los tobillos…

Además, si el dolor del niño se acompaña de síntomas constitucionales como la fiebre o la pérdida de peso o producen una impotencia funcional importante (por ejemplo que el niño cojee) , no dudéis en acudir al médico.

Y por supuesto, los dolores de crecimiento se producen durante la pubertad. Cualquier dolor fuera de esta edad (por debajo de los 8 años y por encima de los 15) también debe ser evaluado.


En resumen, los dolores de crecimiento existen, aunque se limitan al periodo de la vida en la que los niños pegan el estirón. Suelen estar limitados a las rodillas (Osgood-Schalter) o a los talones (Severs) y empeoran al hacer ejercicio y mejoran con el reposo. Son una enfermedad que puede durar varios meses ya que no suele resolverse del todo hasta que el niño supera la pubertad. Los antiinflamatorios y el reposo son la mejor arma para luchar contra ellos.

Pero no todo son dolores de crecimiento. En el caso de que el dolor muscular/articular se acompañe de otros síntomas o tenga un curso atípico se debe consultar siempre con el pediatra.

Y si queréis leer información de calidad sobre traumatología y ortopedia infantil no dudéis en visitar el blog Mi Nieta Cojea, escrito a cuatro manos por una pareja de traumatólogo infantil y pediatra que son un amor.

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Bibliografía:

¿Cuánto medirá mi hijo cuando sea mayor?

Si hiciéramos una encuesta a los padres y a las madres que acaban de tener un hijo sobre qué preferirían que fuera su hijo, si alto o bajo, estamos seguros de que la gran mayoría responderían que prefieren que sus hijos sean altos. La verdad es que vivimos en una sociedad en la que el estándar de belleza nos dice que las personas con más altura son más atractivas y, por qué no, con más éxito en la vida. Lo vemos a diario en los anuncios de la tele en donde los modelos, tanto femeninos como masculinos, no es que sean precisamente bajitos. Y no solo eso, para la gran mayoría de los deportistas de alta competición, otro modelo de vida al que muchos miran como algo deseable, ser alto parece una ventaja. En consulta esto se traduce en padres y madres llenos de orgullo cuando les comentas que su hijo tiene un percentil alto de talla.

Sin embargo, si observamos a nuestro alrededor podemos encontrar fácilmente tanto a personas que apenas pasan del metro cincuenta como a los que llegan a los dos metros, y no por ello son mejores ni peores. Y por otro lado, en España la talla media de un adulto varón es de 174 cm y de 163 cm para las mujeres, algo por debajo de la media europea, lo que nos viene a decir que no es que seamos una sociedad de gigantes.

Pero, ¿podemos predecir cuánto medirá un niño cuando se haga mayor? Pues la verdad es que sí, y con un alto porcentaje de acierto. Vamos a verlo con calma.

¿Qué determina la talla de un niño?

La gran mayoría de los niños al nacer miden entorno a los 50 cm. Algunos con un par de centímetros menos o con alguno de más, pero lo cierto es que la longitud de un recién nacido es bastante predecible alrededor del medio metro. Esto se debe a que el tamaño de un bebé al nacer depende sobre todo de cómo se desarrolló el embarazo, es decir, si la madre recibió una nutrición adecuada, si ha tenido alguna enfermedad o si la placenta no presenta ninguna alteración, mientras que la influencia de los genes de los padres es prácticamente nula. Si durante esos nueve meses todo transcurre con normalidad, lo habitual es que el futuro bebé crezca hasta el tamaño que le permite el útero materno dando lugar a un recién nacido de talla estándar. Es decir, durante el embarazo el crecimiento del feto está influenciado por su entorno y no por lo genética que le han transmitido los padres.

Durante los primeros años de vida una nutrición adecuada es el factor más influyente para el crecimiento del niño. En ausencia de enfermedades, podemos afirmar que un niño que come sano y saludable irá creciendo sin mayores problemas. Además, la hormona de crecimiento -la cual no tenía influencia en el crecimiento fetal- irá tomando un mayor papel y será el estímulo principal del crecimiento del niño. De esta forma, entre el 2º y 3er año de vida ocurrirá lo que se conoce como “canalización” del crecimiento, es decir, independientemente de lo que midieran al nacer, cada niño se situará en un determinado percentil en función de la talla de sus progenitores y del propio ritmo de desarrollo. De hecho, al cumplir los tres años, la correlación entre el perecentil de altura por el que discurre el niño y el percentil de talla de sus padres es muy similar.

A partir de esta edad y una vez que el niño se coloca en el percentil que le toca tras la “canalización” que hemos comentado, lo normal es que siga creciendo por él hasta llegar a la pubertad. Durante esos 10-12 años el crecimiento del niño está muy influenciado por su genotipo, es decir, los genes que ha heredado de sus padres y que le programan para tener una talla concreta. Por ese motivo, los hijos de padres altos suelen ser los más altos de la clase, mientras que los que nacieron de padres con poca altura suelen ser los chiquitajos de su aula. Durante este periodo la hormona de crecimiento es el estímulo principal para el crecimiento.

Al llegar a la pubertad ocurre lo que se conoce como “estirón puberal”, o lo que es lo mismo, una aceleración en la velocidad de crecimiento. Esto provoca que en dos o tres año el niño gane altura a una velocidad mayor que lo que venía haciendo anteriormente. Este periodo esta dirigido por la hormona de crecimiento, pero también por los esteroides sexuales propios de la pubertad. Como sucedía en el periodo anterior, los genes de los padres también tienen una influencia muy importante durante este periodo.

Una vez finalizada la pubertad tanto los niños como las niñas crecen muy pocos centímetros más, alcanzando la que será su talla adulta para el resto de su vida. Si os habéis fijado bien, salvo durante la etapa fetal y la primera infancia, los genes de los padres son lo que más influye en que un niño alcance tal o cual altura. Esto nos permite a los médicos predecir con cierta aproximación cuánto medirá un niño cuando se haga mayor siempre y cuando se den condiciones ideales de salud (ausencia de enfermedades y nutrición adecuada). Es lo que se conoce como talla diana familia

El cálculo de la talla diana

Como habéis podido leer la altura de los padres es uno de los determinantes más importantes para la talla de sus hijos. Esa información se trasmite en muchos genes de tal forma que el niño esta programado para crecer hasta cierta estatura. Hay muchas formas de hacer esa predicción, pero la más sencilla de todas es a través de lo que se conoce como talla media parental, cálculo que todos podéis hacer mediante una simple operación matemática: basta con sumar la altura del padre y de la madre y dividirla entre dos.

Una vez que hemos obtenido este resultado, para obtener la talla diana habría que añadir 6,5 cm para los niños y restar 6,5 cm para las niñas. Os lo dejamos de forma más gráfica aquí abajo.

Por último, y una vez finalizado el crecimiento, se considera que ese niño o niña ha cumplido las expectativas de talla cuando su talla adulta esta cinco centímetro por encima o por debajo de la talla diana.

Antes de que empecéis a sacar la calcadora para predecir la talla futura de vuestros hijos cual mago de bola de cristal… hay una cosa que debéis tener en cuenta. Cuando los padres se llevan más de 20 cm de altura entre ellos, el cálculo de la talla diana falla más que una escopeta de feria. En estos casos en los que uno de los progenitores es mucho más bajito que el otro suele pasar que el hijo que tienen en común se parezca a uno de los dos: que sea alto o que sea bajo. Esto se debe a que la genética heredada de uno de los progenitores influye más que la del otro.

¿Y qué pasa si mi hijo es más bajito de lo esperado?

Lo de calcular cuánto medirá tu hijo cuando sea mayor es muy molón: “Pues mi Manolito es muy probable que llegue a medir cerca de un metro ochenta…” y bla, bla, bla… Más allá de lo interesante que puede ser hacerte una idea de cuanto medirá tu hijo cuando se haga mayor, esto de la talla diana es una de las cosas fundamentales que valoramos los pediatras en las consultas de atención primaria.

Desde luego que hay niños que son altos y otros que son bajos, pero lo que hace que se nos encienda una luz a los pediatras es un niño bajito (aunque crezca a una velocidad normal) con unos padres altos. En estos casos, calcular bien la talla diana familiar (midiendo a los padres en la consulta) y hacer una comparación de la talla futura con la actual nos puede poner sobre la pista de que algo esta pasando, es decir, enfermedades que afectan al crecimiento. O al revés, si creemos que un niño es más bajito de lo normal, merece la pena medir a los padres para comprobar si su talla está acorde con la genética que le han transmitido sus progenitores.

En cualquier caso, esa comparación de la talla de un niño con lo que debería medir de mayor no debería hacerse antes de los 2 o 3 años que , como recordareis, es el momento en el que realizan la canalización hacia el percentil por el que crecen el resto de la infancia. De todas formas, un niño con una altura menor de lo esperado por lo que marca la genética de sus padres debe ser valorado por el endocrino pediátrico para analizar qué puede estar pasando.


En resumen, tras el nacimiento, la genética de los progenitores es el factor más influyente para determinar la altura de los niños, siempre y cuando no aparezcan enfermedades crónicas y el niño esté bien nutrido. Mediante la talla media parental podemos calcular de forma sencilla las expectativas de talla de un niño desde la altura de sus padres. En el caso de que el percentil de talla de un niño no sea similar al percentil de talla de su talla diana debemos investigar qué puede estar pasando.

Bibliografía:

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¿Por qué es importante que los ojos salgan rojos en las fotos con flash?

Seguro que os habéis fijado que cuando a una persona se le hace una foto con flash los ojos suelen salir rojos. Lejos de ser algo patológico, esta imagen a la que los pediatras llamamos “reflejo rojo” nos da mucha información y hasta nos tranquiliza. De hecho, es una exploración que se hace de rutina en las revisiones de los bebés, aunque en este casos usamos un aparto médico que se llama oftalmoscopio.

En este post os explicamos por qué se produce este reflejo y qué sospechamos cuando el rojo está ausente.

El globo ocular como sistema de cámara oscura

Para que un objeto sea visible al ojo humano debe reflejar la luz. Es decir, los rayos del sol o de una luz artificial golpean en la superficie de un objeto y la luz que no es absorbida se refleja. Esto nos permite ver que hay algo delante de nosotros, pero también saber de qué color es dependiendo de la luz que haya absorbido el objeto y cuál refleja.

Con un ejemplo se entiende mejor. Imaginaos una pelota de color rojo encima de una mesa. A esa pelota le llegan rayos de luz y parte de esta rebota en su superficie al no ser absorbida. Esa luz robotada que viene desde la pelota es la que llega a nuestros ojos y nos permite decir que lo que esta delante de nosotros es una pelota roja y no otro objeto.

Esto es aplicable a la práctica totalidad de los objetos que podemos ver en nuestro día a día, sin embargo, si os fijáis en la pupila de cualquier persona esta suele ser de color negro. La pupila está justo en el centro del globo ocular y es como una puertecita por donde entra la luz; como es una abertura pequeña, la luz que rebota en la retina no vuelve a salir hacia fuera y por eso al mirar a una persona a los ojos pensamos que la pupila es de color negro. Por si os lo estáis preguntando, la retina es lo que tapiza el globo ocular por dentro y desde donde nuestro ojo manda la información al cerebro sobre lo que estamos viendo.

¿Y por qué la pupila se ve roja cuando hacemos una foto con flash?

En condiciones normales la pupila se ve siempre negra porque la luz que le llega a la retina no vuelve a salir del ojo.

Sin embargo, cuando concurren una serie de circunstancias parte de la luz que rebota en la retina es capaz de salir del ojo y nos devuelve un color entre rojizo-anaranjado. La retina en sí misma es incolora y transparente, pero las células que hay debajo de ella son de color rojizo, al igual que los vasos sanguíneos que llevan la sangre. Pues bien, en condiciones de poca luz, como cuando hacemos una foto con flash, la pupila suele estar dilatada para que al globo ocular entre la mayor cantidad de luz posible; al estar dilatada permite que parte de la luz que rebota en la retina salga hacia fuera.

Muchos estaréis pensando que a pesar de esta clase de óptica maravillosa que os estamos dando, cuando miramos a alguien a los ojos y hay poca luz, la pupila se sigue viendo negra, y tenéis razón. Sin embargo, cuando hacemos una foto con flash estamos jugando con las condiciones de luz y oscuridad. Por un lado, como está oscuro, la pupila de la persona estará dilatada (si no, ¿por qué íbamos a hacer una foto con flash?), lo que permite que la luz que rebota en la retina al recibir el flash salga hacia fuera; y por otro, la óptica de la cámara está alineada con el flash, lo que le permite recibir esa luz rebotada en la retina. Como lo que hay debajo de la retina es de color rojizo, cuando revisamos la foto que hemos hecho, en vez de ver la pupila negra lo que nos encontramos es que la pupila está roja.

Algunas cámaras de fotos utilizan un sistema muy sencillo para hacer que los ojos rojos desaparezcan. Es tan simple como que antes de que se haga la foto, el flash emita unos primeros destellos que hacen que la pupila se cierre y así, cuando se haga la foto con el flash de verdad, esté cerrada y no deje salir la luz. Esto también se pude conseguir si la cámara hace la foto desde un punto diferente a donde se emite el flash, como las cámaras de los fotógrafos profesionales.

¿Y qué pasa cuando no vemos el reflejo rojo?

Aunque no os lo parezca, todo esto de pupilas que se dilatan y contraen, luces que rebotan y cámaras con flash tiene una aplicación médica muy importante, ya que a los pediatras nos permite obtener mucha información sobre si el globo ocular de los niños más pequeños es trasparente. Como os decíamos, en consulta no usamos una cámara de fotos para ver el reflejo rojo, sino que usamos un oftalmoscopio, un aparato especial muy similar al que usamos para ver los oídos y que emite luz.

El objeto de la derecha es el famosos otoscopio para los oídos y el de la derecha el oftalmoscopio. Fuente: Wikipedia.

Cuando los médicos no vemos el reflejo rojo en una foto que nos enseña alguien o al explorarlo con un oftalmoscopio, una de las posibilidades es que esa ausencia de reflejo se produzca porque algún elemento del globo ocular no deja pasar bien la luz hasta la retina cuando debería hacerlo, porque en condiciones normales el interior del ojo es transparente. Si un adulto comenzara a perder visión porque algún elemento del globo ocular no deja pasar la luz, lo más normal es que lo notara y se citara con su médico, pero el problema que tenemos los pediatras con los niños más pequeños, sobre todo por debajo de los tres años, es que no nos van a decir si ven bien o mal.

Por ello, el reflejo rojo es una exploración rutinaria en todas las visitas del niño sano por debajo de los dos o tres años. Con ello buscamos ver este reflejo y así descartar algunas enfermedades. Es verdad que este reflejo no nos permite decir si el niño ve o no ve, ya que esto depende de los nervios ópticos y el cerebro, además del propio ojo. Pero al menos, cuando vemos un reflejo rojo bilateral simétrico, es decir, igual en los dos ojos, podemos afirmar que la luz llega a la retina y no hay nada por delante de ella que lo impida.

Enfermedades que alteran el reflejo rojo

Como os decíamos, algunas enfermedades impiden que se produzca el reflejo rojo al iluminar el ojo con un oftalmoscopio. No merecería la pena mencionarlas todas, sin embargo hay dos que puede que sí que conozcais.

La primera de ellas son las cataratas. Seguro que os suenan de los viejecitos, pero en los niños también se pueden producir. A diferencia de los adultos, las cataratas infantiles suelen producirse por enfermedades genéticas y metabólicas y a veces la ausencia de reflejo rojo, tanto de uno como de los dos ojos, es la primera manifestación de la enfermedad. Al detectarlas al explorar el reflejo rojo conseguimos dos cosas, por un lado iniciar la búsqueda de la enfermedad que las produce , pero también solucionarlas para que el niño pueda ver y desarrolle la visión con normalidad. Quedaos tranquilos porque son raras y se producen en 1 de cada 10.000 niños.

Imagen de niño con catarata congénita, en este caso provocada por una rubeola congénita. Se puede observar a simple vista que las pupilas en vez de ser negras están blancas. Al iluminarlas con el oftalmoscopio o al hacer una foto con flash el reflejo rojo no aparecería. Fuente: Public Health Imagen Library.

Y la segunda enfermedad es el retinoblastoma, el cáncer más frecuente de los ojos y que afecta fundamentalmente a niños. Aun así es un tumor poco frecuente (4 casos por cada millón de niños al año), pero como sucede con las cataratas, el primer signo que solemos encontrar es la ausencia de reflejo rojo. En este caso el diagnóstico precoz es importante ya que dependiendo de lo extendido que esté el tumor tanto el tratamiento como el pronóstico cambia.

Imagen de niño con retinoblastoma. Se puede observar que el reflejo rojo está presente en el ojo derecho (ojo sano), pero en el izquierdo aparece una coloración blanquecina (ojo patológico). Fuente: Wikipedia.

Por tanto, y quizá esto es lo más importante que os debéis guardar en la memoria de este post, si en alguna ocasión veis una foto con flash de un niño en la que aparece el reflejo rojo SOLO en un ojo, debéis decírselo a sus padres para que se citen con el pediatra.

El mito de las fotos con flash y los bebés

Para terminar este post en el que hemos hablado de fotos, flashes, ojos y niños, no queríamos dejar pasar la oportunidad de tumbar el famosos mito que dice que los bebés se pueden quedar ciegos si les hacemos una foto con flash. Estamos seguros que lo habréis oído en más de una ocasión.

Pues sintiéndolo mucho, esto no es verdad, de hecho es una mentira y de las gordas. La luz que emite un flash no es lo suficientemente potente como para que un niño pequeño se quede ciego ni para que le afecte la visión al hacerse mayor. De hecho, los aparatos que usan los oftalmólogos para explorar a los niños emiten más luz que la que emite el flash de una cámara de fotos, por lo que os podéis quedar tranquilos si la tía Maruja saca la cámara de los años 90 y le hace una foto sin que os deis cuenta a vuestro bebé. Puede que le sea molesto, tanto el flash como la pariente en cuestión, pero dañino para la salud del niño no lo es; por el contrario, nos podría dar una información muy valiosa a los médicos en el caso de que solo se viera el reflejo rojo en uno de los ojos.


En conclusión, más allá de lo estético de las fotos en las que la gente aparece con los ojos rojos, este reflejo tiene un valor muy importante para los pediatras ya que nos indica que el ojo del niño es transparente. En el caso de que no aparezca, tanto en una foto como al explorarlo con un oftalmoscopio, se debe derivar al paciente al oftalmólogo para que busque la causa que lo provoca.

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