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¡Silencio, cámara y acción! 7 novelas que Hitchcock filmó y que deberías leer

No nos vamos a engañar, querid@s, da cierto reparo empezar una novela cuya adaptación a celuloide has visto una, o incluso varias veces.

(Psycho, 1960/Paramount)

(Psycho, 1960/Paramount)

Piensas que no te va a enganchar porque ya conoces la trama y el final, sabes que te han pisoteado la libertad para imaginar personajes, situaciones y escenarios, y temes que, para colmo, pueden haberte masacrado sin pudor el original. Pero en el caso de Alfred Hitchcok quizá podamos darle una vuelta de tuerca al enunciado, y ver en el coloso británico no a un revienta-ficciones literarias, sino a un prescriptor de buenas novelas y relatos de suspense y thrillers psicológicos. Al fin y al cabo, queridos, él era un genio en lo suyo -el celuloide y el humor negro- y un altísimo porcentaje de sus guiones eran adaptaciones literarias. Así que, siendo realistas, antes que cineasta era buen lector. Y un buen lector es siempre un estupendo prescriptor de títulos en los confines de reginaexlibrislandia.

Y con ese espíritu cinefilo-bibliófilo he decidido homenajear a Sir Alfred Joseph Hitchcock, montando un rinconcito dedicado a 7 de las novelas que él filmó y que no deberías dejar de leer. Como he mencionado, de sus más de cincuenta películas en seis décadas de carrera, la gran mayoría provenían de obras literarias (novelas, relatos y obras teatrales). Pero por desgracia algunas están descatalogadas en castellano y otras son prácticamente imposibles de encontrar. De ahí que mi selección regina se base en nuestro criterio reginaexlibrislandiano y en las existencias en stock de esos títulos en sus respectivas editoriales.

¿Listos, reginaexlibrislandianos de pro?

Pues ¡Silencio, cámara y acción! Van 7 novelas que Hitchcock filmó y que deberías leer según Regina ExLibris:

1. Los treinta y nueve escalones. John Buchan. Losada. Publicada en 1915, filmada en 1935. John Buchan, escribió Los treinta y nueve escalones, cuando estallaba la I Guerra Mundial. En esta vertiginosa narración introdujo a su héroe famoso: Richard Hannay, atrapado en una dramática carrera para frustrar un complot contra Gran Bretaña. La visita de un vecino llamado Scudder pulveriza la monotonía de Hannay en Londres, al revelarle que ha tenido que fingir su muerte para escapar de una trama de conspiración y espionaje que detonará un conflicto bélico internacional. Horas después, Hannay encuentra a Scudder muerto en su apartamento, así que, convencido de que es una trampa para empapelarle el asesinato, toma el relevo en la misión de su vecino y va en busca de los enigmáticos 39 escalones. Así arranca una trama de huída hacia adelante para salvar el pellejo y resolver el misterio. Con un ritmo trepidante para ser una de las primeras novelas de espías, fue un best seller desde su publicación e inauguró la serie de otras cuatro novelas protagonizadas por Richard Hannay (Greenmantle, Mr. Standfast, Los tres rehenes y La isla de las ovejas).

Rebeca

Los treinta y nueve escalones.

2. La dama desaparece. Ethel Lina White. Alba Rara Avis. Publicada en 1936, filmada en 1938. Después de unos días algo ajetreados en un hotel de montaña del Este de Europa, la joven y rica Iris Carr coge impaciente el tren a Trieste. En un vagón repleto, la única persona que no parece serle hostil es una institutriz inglesa, la señorita Floy, con la que entabla conversación. Poco después se queda dormida y, al despertar, el lugar de su nueva amiga lo ocupa otra mujer. La señorita Floy parece haberse desvanecido: nadie en el tren recuerda haberla visto e Iris empieza a creer que no está en sus cabales, dudando de si aquella mujer es real, o si, como le sugieren otros, el episodio fue un sueño fruto del cansancio y la tensión del viaje. Sin embargo, Iris sabe que la damita inglesa es real y, con la ayuda de un joven que la cree solo a medias, trata de llegar a la verdad. Impecable muestra del misterio de la habitación cerrada, donde no hay cadáver pero sí una desaparición, y donde Ethel Lina White te lleva como lector al límite, inoculándote una ansiedad extrema con la silueta de la esquiva señorita Floy, y difuminando a golpe de letra la línea que separa lo real de la alucinación. Un tren que ningún lector debería dejar pasar.

 

La Dama Desaparece

La Dama Desaparece

3. Rebeca, Daphne du Maurier. Debolsillo. Publicada en 1938, filmada en 1940. Nadie que conozca la película homónima habrá olvidado la voz en off con la que que arranca Rebeca, la obra más lograda de Daphne du Maurier. “Anoche soñé que volvía a Manderley“. Así comienzan los tortuosos recuerdos de la segunda señora De Winter, que la transportan de nuevo a la impresionante mansión situada en la húmeda y ventosa costa de Cornualles. Con un marido al que apenas conoce, la joven esposa llega a este inmenso caserón que, aunque hermoso e imponente desde el exterior, oculta una atmósfera inquietante y opresiva. Desde que se instala, la joven va a ser inexorablemente fagocitada por la fantasmal presencia de la primera señora De Winter, la hermosa Rebeca, muerta pero nunca olvidada. Su habitación permanece intacta, sus vestidos listos para ser lucidos y su sirvienta, la siniestra señora Danvers, aún le profesa una devoción malsana. Y con el espeluznante presentimiento de que algo maligno le está aprisionando el corazón, la joven comienza a investigar el verdadero destino de Rebeca: el oscuro secreto de Manderley. Impresionante narración que es, a la vez, drama psicológico, novela de terror gótico y relato de suspense. Un artefacto literario perfecto que clava al lector en el ennegrecido corazón de Manderley para acompañar a su protagonista por el angustioso calvario de sus recuerdos. Brutalmente buena. Y no fue la única obra de la du Maurier que filmó el coloso inglés: entre otros, Los pájaros se basó también en un espléndido y sobrecogedor relato de doña Daphne.

Rebeca

Rebeca

4. La ventana indiscreta. Cornell Woolrich. Espasa Calpe. Publicada en 1942, filmada en 1954. Máximo exponente de la pericia narrativa de Cornell Woolrich (Nueva York, 1903-1968), uno de los mayores genios del suspense, cuyas tramas en apariencia anodinas y cotidianas devienen en situaciones límite y claustrofóbicas en las que la inteligencia, el sentido común y muchas veces el humor se convierten en los verdaderos protagonistas. La clave de su éxito fue poner el foco narrativo en la víctima, en personas corrientes siempre en manos del azar. En este caso es un hombre que, convaleciente de una lesión, está recluido en su casa y con la movilidad limitada. Si otra cosa que hacer, se entretiene observando la vida en los apartamentos situados frente al suyo, y de ahí pasa a voyerista semiprofesional, observando y analizando las costumbres, las idas y las venidas de sus vecinos. Y todo cambia el día en que una concatenación de pequeños cambios en la rutina de uno de los matrimonios le inocula la certeza de que se ha cometido un crimen y de que, salvo que él haga algo al respecto, el culpable saldrá impune. Una maravilla que es, a la vez, una inyección letal de suspense y adrenalina bibliófila en el lector.

La ventana indiscreta

La ventana indiscreta

5. Pero… ¿quién mató a Harry? Jack Trevor Story. Alba Rara Avis. Publicada en 1949, filmada en 1955. Verano, campiña inglesa, mariposas, tardes somnolientas, luz estival, noches estrelladas cargadas de magia y de quietud… y un cadáver abandonado en el bosque que parece no encontrar su lugar de descanso porque cada vecino y visitante que se topa con él lo desentierra para enterrarlo después en otro rincón a fin de autoinculparse del crimen. Cada cual tiene sus motivos, no para haber matado al difunto, sino para querer cargar con el muerto. Así que aquí lo que sobran son sospechosos y lo que tiene entre manos el lector es una hilarante vuelta de tuerca a los mecanismos del género policiaco y una comedia negra cargada de ironía y de humor inglés del bueno que Hitchcock filmó en 1955. Si la película es endiabladamente divertida la novela original es perversamente desternillante.

Pero ¿quién mató a Harry?

Pero ¿quién mató a Harry?

6. Extraños en un tren. Patricia Highsmith. Anagrama. Publicada en 1950, filmada en 1951. En la narrativa highsmithiana el crimen es una forma de realización personal, y Patricia Highsmith activa como nadie ese “yo perturbado” que cada lector lleva dentro introduciendo un héroe-criminal cercano y en alguna encrucijada cotidiana, frente a una víctima con la que no simpatizaría, porque conocerá cuanto sucede desde el punto de vista del protagonista, quien expone los hechos como buen psicópata: sin ápice de culpa ni empatía. Por eso Hitchcock la filmó de forma magistral y por eso al lector de Extraños en un tren más que de compadecerse por quienes van a morir, de lo que le entran ganas es de saber más de los mecanismos mentales de ese desconocido que le propone a otro un intercambio de asesinatos durante un viaje en tren. Tú matas por mí, yo por ti, nadie relaciona los crímenes y luego cada uno por su lado festejando en silencio el crimen perfecto. El sórdido dueto Bruno-Guy será, desde la página uno, un trío letal con un lector clavado en el mismo vagón de tren.

Extraños en un tren

Extraños en un tren

7. Psicosis, Robert Bloch. Factoría de ideas. Publicada en 1959, filmada en 1960. Norman Bates es un hombre solitario que, recluido entre alcohol y libros de psicología, regenta con su madre el Motel Bates, un pequeño edificio donde antaño se hospedaban numerosas personas que pasaban por la carretera. Ellos viven al lado, en el caserón sobre el Motel. Pero la construcción de una nueva vía asoló al establecimiento e hizo que el motel perdiera clientela, por lo que ya sólo tienen clientes ocasionales. Pero una noche de tormenta, cuando Norman se dispone a apagar las luces del Motel, un coche se detiene delante de la casa. Una mujer se apea de él, es Mary Craine, y, tiene su propia historia y, bastante nerviosa y agotada, solicita alojamiento. Las habitaciones son viejas y húmedas, pero están limpias, y el encargado, Norman Bates, parece un tipo bastante agradable, aunque un poco raro. Después Mary conocerá a la madre de Norman. Y verá el cuchillo de carnicero. La pesadilla acababa de empezar. Y el relato también. Una novelita de muy fácil lectura que engancha de principio a fin, que te deja suelto como lector en un enclave aterrador y bajo la sombra, no sólo de Norman Bates, sino de otra serie de personajes tirando a espeluznantes.

Psicosis

Psicosis

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