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Reflexiones de una librera
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Lee la novela ‘El Alienista’, de Caleb Carr, tanto si vas a ver la serie como si no

Ya perdí la cuenta de los bibliofavores que le debo a las series televisivas. En reginaexlibrislandia el más reciente tiene el nombre de una novela fantástica: El alienista, de Caleb Carr. Lleva en circulación desde mediados de los 90, y en reginaexlibrislandia nunca hemos dejado de recomendarla porque es de esas novelas con el que es difícil errar el bibliotiro.

(El alienista, 2018 / TNT)

(El alienista, 2018 / TNT)

¿La razón? La disparidad de bibliopatencias que satisface su lectura.

El alienista (editada por B de Books, en rústica, en bolsillo y digital) no solo es muy adictiva, que lo es, y mucho, sino que recrea de forma impecable un lugar, unos personajes y un momento en la historia en el que se avecinaban grandes cambios (no sólo en el campo de la criminología, sino en la ciencia y la sociedad en general) y donde los más lúcidos sabían que muy pronto casi nada iba a ser como hasta ahora.

Caleb Carr te clava en la Nueva York de 1896. Una urbe literalmente en construcción donde una oligarquía adinerada y todopoderosa se viste de etiqueta para atiborrarse de fastuosas cenas de seis platos mientras, unas calles más abajo, masas de inmigrantes hambrientos y helados sobreviven hacinados en lo que ya es una olla social a presión.

El Alienista

El Alienista

Ese es el paisaje urbano en el que andan sueltos Laszlo Kreizler, un alienista, o psicólogo dedicado al estudio y curación de enfermedades mentales; John Moore, un ilustrador de sucesos del New York Times que lo mismo frecuenta una fiesta de etiqueta que un antro de dudosa reputación, y Sara Howard, primera mujer policía de NYC.

Y junto a este peculiar trío los mellizos Isaacson, dos detectives apasionados de novedosas y polémicas técnicas de investigación: análisis de huellas dactilares, estudios grafológicos, autopsias y lesiones, etc.

Este grupo tan heterogéneo será a quien Theodore Roosevelt, gerifalte incorruptible y bienintencionado de la más que corrupta Policía de Nueva York, encargue la investigación de una serie de espeluznantes asesinatos de niños chaperos misteriosamente abducidos de sórdidos prostíbulos frecuentados sobre todo por hombres adinerados de la ciudad.

(El alienista, 2018 / TNT)

(El alienista, 2018 / TNT)

Este peculiar quinteto se tendrá que enfrentar a un asesino que irá siempre parece ir un paso por delante de la investigación, sí, pero también a un cuerpo repleto de policías corruptos, a una alta sociedad más interesada en mantener sus privilegios que en atrapar al asesino, y a las mafias que controlan los burdeles y explotan a los menores.

Y con todos esos ingredientes Caleb Carr hilvana una trama trepidante y absorbente, con una fidedigna recreación de la ciudad y del momento donde mezcla con gran habilidad realidad y ficción, en la que personajes y hechos históricos coexisten con pura literatura, y que es, además, una memorable disección de las incursiones pioneras y a tientas en la mente de un asesino.

¿Alguien da más?

Así que, resumiendo en términos de biblioapetencias os diré que:

  • El alienista (Bolsillo)

    El alienista (Bolsillo)

    Si te gusta la intriga detectivesca, la novela El alienista te enganchará. 

  • Si te gusta criminología y la evolución de las técnicas y métodos de investigación, El alienista te encantará. 
  • Si buscas detalles del Nueva York de finales del S.XIX, con El alienista te darás un buen festín.
  • Si tienes ramalazos neoyorquinóticos, devorarás El alienista
  • Pero si simplemente aspiras a leer una historia que te absorba y entretenga El alienista no te defraudará en absoluto.

 

Y la serie homónima producida por Cary Joji Fukunaga tampoco está nada, pero que nada mal, queridos. Al menos los diez capítulos de la primera temporada.

Hete aquí el tráiler de la serie El alienista, para que vayáis haciendo boca:

“No será gay la de Los números primos, ¿no?”

Una de las cosas que he aprendido desde que trabajo en la librería es que, sin duda, estar ‘de cara al público’ en muchas ocasiones llega a ser sinónimo de estar ‘atada de pies y manos’. O, lo que es lo mismo, no puedo dar rienda suelta a mi bibliofilia extrema ni, por su puesto, a mi forma de ver las cosas, ni a la literal ni a la literaria. Sonreír, oír, ver y callar. Y ya. Así que como mi libertad de reacción acaba donde empieza ‘el cliente’, la capa de cafeína y de barniz bajo la que sepulto mis emociones es tan densa que por las noches en lugar de desmaquillante utilizo disolvente químico. Y menos mal, queridos, menos mal, porque hay veces en que me pondría a gritar y no pararía hasta pulverizar todos los cristales de reginaexlibrislandia.

Como por ejemplo, esta misma mañana. Estaba yo correteando de un lado a otro plumero en mano cuando se materializó en mis confines una mujer de mediana edad. Apenas habló y yo supe que era una madre agradecida en busca de ‘un libro’ con el que compensar al maestro sus desvelos y sinsabores tras un año escolar educando a su retoño.

No me equivocaba:

 

– Clienta: Estooo, oiga, mire.- Regina: ¿Si?

– C.: No será gay ésta de los Números primos, ¿no?

– R.: ¿Cómo dice?

– C.: Verá, es que quiero regalarle un libro al maestro de mi hijo, y como oí tanto hablar de esta novela vine a por ella. Pero al leer la parte de atrás, pues eso, ¿no será de mariquitas, nooo?

– R.: Pues no, la verdad. La soledad de los números primos una historia de amor entre dos seres que…

– C.: Bueno, bueno, pero es amor entre una mujer y un hombre, ¿verdad?

– R.: Estooo… sí, son chico y chica. Pero…

– C.: No hay gays ni cosas raras, ¿verdad? Él es joven, pero no quiero líos. Y como pone eso de ‘números primos’, pensé que…

– R.: ¿Cosas raras? Pues no se a qué se refiere, pero yo le diría que no. Es muy recomendable.

– C.: Ah, pues ya me quedo tranquila. ¡Me la llevo!

 

Y se fue. Y me dejó envuelta en un silencio enrarecido, de esos que preceden a una tormenta. De pronto, ¡ZAS! Se me agrietó el barniz emocional y descargué la retahíla contenida sobre uno de mis libreros, que aguantó estoicamente mi chaparrón dialéctico:

 

Pero, pero, es que hay que ver. ¿Pues no me ha dicho que si no será ‘gay’ la de La importancia de los números primos? ¿Y qué demonios importará eso? ¡Como si la literatura entendiera de géneros! Porque, vamos a ver, estás leyendo una historia, una ficción, y cada lector extrae su propia lectura y mensaje, y más si para es un profesor, que se supone que debería ser un poco abierto de mente, ¿o no? ¡Que es EDUCADOR, diantre!.. BRRRRR. No sé qué me indigna más, si esto o aquella vez que me soltaron eso de “Ah, pero… ¿las novelas gay no son porno?” Pero mira que llega a ser atrevida la ignorancia… ¡ISSSSHHHH! Por esa regla de tres no podrías leer una novela sobre, qué se yo, apicultores, porque como no te dedicas a la cría de abejas… Ni sobre otros ambientes, culturas ni civilizaciones… Ay, señor, es que cuando nos da por estrecharnos la mente no hay quien nos pare…

Y así seguí hasta que, tras un carraspeo, mi librero me cortó con un simple:

Oye, por cierto, ¿Qué tal está la de Paolo Giordano? Aún no me decidí a leérmela

.

Y entonces yo reconduje mis energías a una nueva causa: convencer para que se leyera una de las novelas más impactantes y conmovedoras con las que nos hemos topado últimamente mi pelucón y yo.

Y vosotros, regianexlibrislandianos de pro, ¿qué os parece la actitud de mi clienta? ¿Cómo hubiérais reaccionado vosotros de haber estado en mi regino pelucón? ¿Le dais importancia a la orientación sexual de los protagonistas de los libros que leéis? ¿Por qué sería tan esencial para ella ese detalle? ¿Leísteis La soledad de los números primos? ¿Os gustó?

NOTA DE REGINA EXLIBRIS: Mattia y Alice son dos seres que sufren. En algún momento de sus respectivas infancias el destino les quebró el alma y el cuerpo, y desde entonces un dolor que es tan denso que es prácticamente palpable, les aísla del resto. A los quince años se encuentran y, pese a que cada uno es dueño de un espinoso secreto que les atormenta y condiciona al tiempo que marca distancias entre ambos, ya no se separarán jamás. Porque la suya es La soledad de los números primos (Salamandra), donde Paolo Giordano construye una brillante metáfora literaria de base matemática, en la que Mattia y Alice son números primos gemelos, aquellos entre los que siempre se interpone un número par. Así Mattia y Alice cohabitan en su propio universo de la misma forma que el 11 y el 13 permanecen en las hileras numéricas, próximos pero sin llegar nunca a rozarse. Una novela de una dolorosa y conmovedora belleza contenida en el haz de luz de la mirada cuarteada de sus dos protagonistas. Maravillosa.

“Ah, pero, ¿las novelas gay no son porno?”

A mi, como a José Tomás, me pilla el toro en las grandes faenas, queridos. Llevaba días dudando si montar o no en reginaexlibrislandia un rinconcito dedicado a los clásicos de la literatura homosexual por eso de que se avecinaba el Orgullo Gay y ha sido hoy cuando me he decidido por el sí.

Y en realidad tampoco ha salido de mí, sino que el empujoncito que necesitaba me sorprendió en la forma de atroz embestida de un toro-conversación que me empitonó en mis propios confines.

La mantenían dos mujeres de mediana edad. Una de ellas había cogido de la balda Carol, de Patricia Highsmith, y tras decir algo que se me escapó sintonicé mejor y logré escuchar la réplica de la segunda:

“Ah, pero, ¿los libros gay no son porno?”

ZAS, la frase me desgarró de lleno la sensibilidad librera y me dejó allí tendida, sangrando a borbotones. Fue cuando trataba de improvisar un torniquete intelectual cuando tuve la revelación:

Regina, cielo, espabila y muéstrale al mundo esas joyas de la Literatura de temática gay que tienes por toda la librería. Que yo sé que tu sabes que ambas sabemos que aún hoy hay quienes necesitan referentes, y que se trata de historias maravillosas escritas por titanes de las letras con las que cualquiera se puede encamar. Y lo que haga y con quien cada cual al dejar el libro en la mesilla no es asunto nuestro. Después de todo, tesoro, la república de las letras entiende de todo menos de intolerancias y cerrazones. Y nosotras la ignorancia la combatimos a librazo limpio.

Así que me puse manos a la obra con mi selección regia, primero con las damas:

ELLAS:

El bosque de la noche, de Djuna Barnes (Booket); Carol, de Patricia Highsmith (Anagrama); Orlando, de Virginia Woolf (Alianza); Carmilla, de Sheridan Le Fanu (Alianza); Las bostonianas, de Henry James (Debolsillo); El color púrpura, de Alice Walter (Debolsillo); Tomates verdes fritos, de Fannie Flag (Punto de lectura); El lustre de la Perla, de Sara Waters (Anagrama); Sputnick, mi amor de Haruki Murakami (MaxiTusquets); Beatriz y los cuerpos Celestes, de Lucía Etxevarría (Booket); La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin (Booket); El pozo de la soledad, de Radcliff.

ELLOS:

Maurice, de E. M. Forster; El beso de la mujer araña, de Manuel Puig; Teleny, de Oscar Wilde (Valdemar); Confesiones de una máscara, de Yukio Mishima (Espasa-Austral); Retorno a brideshead, de Evelyn Waugh (Tusquets); El auriga, de Mary Renault (Debolsillo); Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas (Tusquets); La muerte en Venecia, de Thomas Mann (Edhasa); Queer, de W. Burroughs (Anagrama); La ciudad y el pilar de sal, de Gore Vidal (Debolsillo); Otras voces, otros ámbitos, de Capote (Anagrama); No se lo digas a nadie, de Jaime Bayly (Booket); Middlesex, de J. Eugenides (Anagrama); Myra Breckinridge, de Gore Vidal (Debolsillo); Yo, Claudio, de Robert Graves (Alianza); Nadan dos chicos, de Jaime O’neill (Pre-textos), Querelle de Brest, de Jean Genet (Debolsillo).

Y vosotros, queridos, ¿habéis leído alguno de estos libros? ¿Tenéis alguna sugerencia y/o aportación a mi mesa temática?

Nota de Regina: todos y cada uno de los títulos aquí citados son obras clave de la Literatura de todos los tiempos. Pasearse por las páginas de cualquiera de ellos es una delicia y un aprendizaje, y os los recomiendo con el pelucón en la mano, queridos, seais heterosexuales, homosexuales, bisexuales, transexuales o ‘por determinar’. Palabra de Regina.