La tuna se podría considerar como una de las instituciones universitarias más antiguas de la historia. Sus inicios se vinculan al de las Universidades de Palencia (1208) y Salamanca (1220).
Los originarios tunos eran estudiantes universitarios que provenían de las clases más humildes y eran conocidos como sopistas, ya que hacían rondallas y serenatas para amenizar a los presentes a cambio de un plato de sopa.
Según fue evolucionando la universidad lo fueron haciendo los sopistas, integrándose con el tiempo todo tipo de persona de cualquier condición económica.
El término tuna viene de la palabra tunante, que era la forma de llamar a aquellos que llevaban una vida trasnochadora y alegre. De hecho, en el Diccionario de la RAE nos trae la descripción de tunante como «pícaro, bribón y taimado» y nos referencia a la palabra tunar, que la describe como «andar vagando en vida libre».
Todas las universidades tienen su tuna y en ellas se puede encontrar una serie de personajes de lo más pintorescos. Muchos de ellos son repetidores de cursos y otros muchos personajes que ya hace muchos años dejaron de acudir a la facultad pero que han convertido su pertenencia a la tuna como un modo de vida y sustento.
Podemos encontrarlos en cualquier tipo de celebración, cantando por las calles y terrazas de lugares turísticos, en bodas, despedidas de solteras y en mil y un saraos.
Estos peculiares personajes, con el paso del tiempo, se han ganado la simpatía de la mayoría de personas y sus canciones pegadizas hacen, de cualquier evento en el que se encuentren, una celebración divertida.
A través de la página en Facebook de este blog, Manel Robles me pregunta sobre el origen de la palabra ‘asqueroso’ para referirnos a algo que causa repulsión.
El término ‘asqueroso’ proviene de la palabra griega ‘esjara’ y esta derivó en la latina ‘eschăra’ (escara) la cual se utilizaba para referirse a las costras que aparecían como resultado de la cicatrización de una herida, quemaduras o la gangrena/putrefacción de alguna parte del cuerpo.
Antiguamente, ante la falta de una higiene adecuada y una medicina que pudiese curar muchos tipos de lesiones y enfermedades, era muy común encontrarse con personas llagadas y llenas de ‘escaras’, las cuales tenían un aspecto repulsivo y solían desprender un desagradable olor a putrefacto.
Ese efecto de repulsa hacia las personas con escaras fue lo que originó que se utilizase ese mismo término para referirse a las mismas, pero con los años comenzó a usarse para describir a todas aquellas cosas y personas que producían algún tipo de repulsión, pero curiosamente no solo para los que la causan sino que también para los que la padecen.
En el Diccionario de la RAE podemos encontrar que la palabra ‘asco’ nos la define cómo la alteración del estómago causada por la repugnancia que se tiene a algo que incita a vómito y una impresión desagradable causada por algo que repugna; proviniendo del término ‘asqueroso’ y al cual se refiere como:
1. adj. Que causa asco.
2. adj. Que tiene asco.
3. adj. Propenso a tenerlo.
4. adj. Que causa repulsión moral o física.
En las últimas horas, tanto la prensa como la inmensa mayoría de las redes sociales han estado hablando del Barça, nuevo campeón de la temporada 2012/2013 de la liga de fútbol española.
Muchos son los que utilizan el término ‘culé’ para referirse a los aficionados de este equipo y varios los lectores que me han hecho llegar su consulta para saber cuál es el origen y por qué a los aficionados del Barça se les llama culés.
Entre 1909 y 1922, el Fútbol Club Barcelona disputó sus partidos en un estadio situado en la calle Industria de la Ciudad Condal.
Este estadio solo tenía capacidad para seis mil personas, que se sentaban apelotonadas en una gradería de dos pisos. Los días que había un partido de suma importancia se llenaba hasta los topes, habiendo aficionados sentados encima del muro que lo rodeaba.
Estos seguidores se encontraban colocados de una manera en que el culo les sobresalía por la parte del muro que daba a la calle Industria, lo que hacía que se viese asomados todos los traseros y ello originó que, los viandantes que por allí pasaban, se echaran unas buenas risas a costa de los culos por allí mostrados.
En catalán culo se dice cul y culés es la transformación (con la pérdida de la erre) de culers [culones]. Desde entonces ha perdurado la costumbre de llamar así a los aficionados del Barça.
Esta curiosidad forma parte del libro “Ya está el listo que todo lo sabe” (366 curiosidades para descubrir el porqué de las cosas cada día) de Alfred López y publicado por la Editorial Léeme Libros
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Posiblemente en alguna ocasión os habéis encontrado con una escena en la que alguien estaba explicando algo y lo hacía de forma larga y poniéndole todo tipo de detalles a su relato, a lo que otra persona le ha apremiado y le ha espetado un ‘ve al grano y deja de andarte con florituras’.
Esas ‘florituras’ no provienen del campo, sino del mundo de la música y es el modo con el que se bautizó en Italia al hecho de introducir un ‘adorno en el canto’.
Era habitual que cuando un cantante añadía (voluntariamente) una nota (o varias) en una composición musical, con el ánimo de embellecer la obra de un compositor, se le llamase la atención para que no se anduviese con florituras, o sea, que no adornase con notas extras dicha obra.
Con el tiempo, el término floritura acabó utilizándose para definir a aquello que estaba más adornado de lo normal o incluso a los propios adornos que se añaden como complementos.
Algunas fuentes indican que, posiblemente, también provenga del preludio que se realiza con el florete por parte de los practicantes de esgrima (esos movimientos que se hace con la espada en el aire), pero esto en realidad es conocido como ‘floreo’ y se utilizaría en expresiones como ‘andarse con floreos’, sirviendo perfectamente como sustituta de la frase ‘andarse con florituras’.
Dos palabras que se asemejan (floritura y floreo), de distintas procedencias y que se pueden utilizar para referirse a lo mismo.
Fuentes de consulta: RAE 1 / RAE 2 / Abecedario de Dichos y Frases Hechas – Guillermo Suazo Pascual
Fuente de la imagen: twainquotes
Recibo un correo electrónico de Manuel Rodríguez en el que me pregunta sobre el origen y el motivo por el que las hojas de los periódicos de información económica son de color salmón.
Hoy en día es muy común encontrarnos con que un gran número de periódicos especializados en información financiera, o las páginas dedicadas a hablar de economía de muchos diarios generalistas, tengan ese característico color salmón. El hecho de que sean tantos los que coincidan viene originado por una rivalidad entre dos publicaciones de este tipo de noticias que tuvo lugar a finales del siglo XIX.
Desde su aparición en 1884, el periódico británico de noticias económicas ‘Financial News’ tenía la hegemonía en el mercado, pero en 1888 apareció el ‘Financial Times’, el cual llegaba dispuesto a ‘robar’ un gran número de lectores a su competidor. Por aquel entonces, ambos diarios se imprimían en el mismo tipo de papel y color que el del resto de la prensa convencional.
Fue a partir del 2 de enero de 1893 cuando Sydney Murray (nombrado nuevo director del Financial Times unos meses atrás) decide dar un golpe de efecto y comenzar a imprimir el periódico en papel de color salmón, con el fin de llamar la atención de aquellos lectores que se acercaban hasta el punto de venta y lograr que eligiesen su diario frente al de su competidor, el Financial News. El hecho de diferenciar ambos rotativos con colores diferentes también ayudaría al comprador a distinguirlo, ya que tenían nombres similares y se tendía a la confusión.
El motivo de la elección del color salmón para las nuevas hojas del periódico fue por la sencilla razón de que resultaba mucho más ‘económico’ que cualquier otro.
Esta estrategia marcó favorablemente el camino ascendente del Financial Times convirtiéndose en referente de la prensa dedicada a hablar de noticias económicas. En 1945 se fusionó con el Financial News, manteniendo el nombre de The Financial Times y su característico color salmón, el cual sirvió como ejemplo para otros periódicos que han ido apareciendo posteriormente.
A través del apartado de contacto, Mª Isabel Crespo me pregunta sobre el término ‘pinta’ y de dónde surge para indicar que alguna cosa o alguien tiene un buen o mal aspecto y me pone como ejemplo una frase que muchas veces le ha dicho su madre: “Hija ¿no irás a salir a la calle con esa pinta?”
La utilización del término ‘pinta’ es tan antigua como las barajas de cartas que todos estamos acostumbrados a utilizar para los juegos de mesa y/o apuesta.
La pinta es el nombre con el que se designaba a la señal/raya que tienen los naipes de la baraja española en sus extremos y que, sin tener que descubrirlos por entero, uno puede saber de qué palo es la carta (oros, copas, espadas o bastos) y, por lo tanto, saber por la pinta si tienes una buena o mala mano.
Frecuente era escuchar entre los jugadores frases tan típicas como: “A ver qué pinta tienen las cartas que me has dado” y/o pensar para sus adentros “Estas cartas no tienen muy buena pinta”.
Con el tiempo se popularizó en el lenguaje cotidiano y comenzó a utilizarse para definir a muchas personas por sus vestimentas (buenas o malas pintas) y también para señalar según qué situaciones o lugares: “Hoy tiene pinta de que va a llover”, “Según sea la pinta del restaurante nos quedamos a comer o no”.
Seguro que en más de una ocasión habéis escuchado o leído que, tras dictar la sentencia, un juez ha declarado al acusado como no culpable… ¿Eso quiere decir que es inocente?
Pues no. La diferencia entre declararlo inocente o no culpable es que en el primero de los dos se ha podido comprobar la inocencia del acusado y por lo tanto queda libre de todo cargo.
Por el contrario el segundo supuesto se aplica cuando, aun existiendo evidencias que apuntan que el acusado podría ser culpable del delito, no existen suficientes pruebas que lo demuestren, éstas se han conseguido de un modo ilegal o que cometió el delito bajo cualquier atenuante (por ejemplo, un cuadro psicótico), por lo que hay que declararlo como no culpable.
No sólo se realizan cameos en las películas, ya que podemos encontrarnos muchos ejemplos en obras de teatro, numerosas series y, cada vez más, en programas de televisión.
Fue precisamente en el teatro donde se originó la costumbre de llamar cameo a la aparición fugaz de algún personaje famoso.
A mediados del siglo XIX, durante el reinado de Victoria del Reino Unido, hubo un gran interés y apoyo hacia las artes escénicas, representándose importantes obras de teatro en las que de vez en cuando se invitaba a algún personaje destacado de la época a aparecer en escena interpretando un pequeño papel.
La mayoría de ocasiones esas apariciones no llevaban consigo ningún tipo de texto en la obra, sino que simplemente en un momento dado de la misma aparecía el personaje en cuestión en algún punto del escenario (ya fuese cruzándolo, quedándose quieto en un lado o simplemente para hacer ‘bulto’).
A esas intervenciones se les empezó a llamar ‘cameo’ que es el modo en el que se llama en inglés a los ‘camafeos’ (piedra tallada que suele representar alguna figura humana y que van insertados normalmente en un broche) muy famosos en aquella época, en el que casi todas las mujeres (que se lo podían permitir) lucían uno.
Todo parece indicar que el hecho de utilizar el término cameo (refiriéndose a camafeo) viene por el estado inmóvil (y normalmente de perfil) en el que aparecían los invitados a realizar su pequeña intervención en las obras de teatro.
A pesar de provenir de la misma palabra, en cada idioma tienen su forma propia de llamar al camafeo (camée en francés, Kamee en alemán, cammeo en italiano o camafeu en portugués) pero en la gran mayoría de los países (entre los que se encuentra España) han adoptado el término anglosajón ‘cameo’ para referirse a las apariciones fugaces y esporádicas en alguna obra escénica.
Famosos son los cameos que realizó el director de cine británico Alfred Hitchcock, apareciendo fugazmente en 37 de las 58 películas que dirigió. A continuación podréis visionar un vídeo con un buen número de ellos.
A través de la página en Facebook de este blog, Maribel Santamaría me pregunta sobre el origen de los famosos pañuelos de papel desechables, más comúnmente conocidos como ‘kleenex’.
Cabe destacar que el término ‘kleenex’, con el que nos referimos comúnmente a los pañuelos desechablesde papel, en realidad es la marca con la que se comercializa desde 1924.
Los pañuelos desechables son la consecuencia directa del desarrollo de una celulosa que creó en 1914 la compañía norteamericana Kimberly-Clark. Este material se produjo para ser introducido como filtro en las máscaras antigás, durante la Primera Guerra Mundial.
Una vez acabada la guerra se trató de buscar una salida comercial a esa celulosa, por lo que se desarrollaron diferentes productos muy relacionados con la higiene personal femenina y, bajo el nombre de Kotex, se comercializaron compresas, diferentes tipos de apósitos y unas prácticas toallitas para desmaquillarse.
Estas últimas fueron muy bien acogidas por el gremio de profesionales dedicados a maquillar (y desmaquillar) a los artistas de Hollywood, en la famosa época dorada de los felices años 20.
Muchos eran aquellos de la Meca del cine que aprovechaban el tener a mano esas finas toallitas de papel para utilizarlas también como pañuelo y sonarse la nariz, algo que llevó a la empresa Kimberly-Clark a desarrollar un nuevo producto de usar y tirar que sustituyera a los pañuelos de tela.
Ahí nació el Kleenex, cuyo nombre (según explican en su propia web) es una combinación de las palabras ‘clean’ (limpiar) y Kotex (el producto antecesor del pañuelo desechable).
Un año después, 1925, los pañuelos desechables Kleenex ya se comercializaban en todos los Estados unidos, vendiéndose millones de unidades y con una gran presencia en todos los medios de comunicación.
Recibo un correo electrónico de Eva Martín en el que me pregunta sobre el origen y a quién se le ocurrió incluir la coletilla de ‘una hora menos en Canarias’ cuando se dice por la tele o la radio la hora que es.
Tanto en la radio como en la televisión cuando nos dicen la hora que es o nos indican la hora en la que tendrá lugar algún evento lo hacen diciéndolo de dos posibles formas: «son las doce de la mañana, las once en las Islas Canarias» o de otra manera que se ha hecho incluso más popular que es: «son las doce, una hora menos en Canarias».
La costumbre de añadir cualquiera de estas dos coletillas junto a la hora correspondiente proviene de los inicios del mítico programa Protagonistas, que se emitía en Radio Nacional de España y era presentado en aquella época (1969) por José Ferrer.
Cuando el programa comenzaba a la seis de la mañana y a lo largo de toda la duración de éste, se iba dando la hora peninsular, por lo que José Antonio Pardellas, corresponsal de la emisora en Tenerife, comentó a sus superiores el desconcierto que había en las islas Canarias cada vez que por la radio se informaba de la hora, ya que allí tenían un huso horario diferente al de la península y por lo tanto no sabían si el locutor se refería a la hora insular o peninsular. A raíz de esta queja se incorporó la ya famosa coletilla y que estamos tan habituados a escuchar.
Cabe destacar que, Luis del Olmo no se pondría al frente del programa Protagonistas hasta el 1 de julio de 1973 y, a día de hoy, el leonés continúa siendo el presentador desde hace casi 40 años, del programa, aunque actualmente sólo lo realiza en formato entrevista de media hora, cada viernes a partir de las 12:00… una hora menos en Canarias.
Esta curiosidad forma parte del libro “Ya está el listo que todo lo sabe” (366 curiosidades para descubrir el porqué de las cosas cada día) de Alfred López y publicado por la Editorial Léeme Libros
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Me llamo Alfred López, nací en Barcelona en 1965 y me dedico a lo que más me gusta: bloguear, divulgar e indagar historias curiosas. Pasé gran parte de mi infancia preguntando por casi todo y cuando tuve la edad suficiente comencé a buscar las respuestas a mis dudas, que eran muchas e inacabables.
Desde enero de 2006 me dedico a explicarlo a través de este blog y las diferentes colaboraciones que realizo tanto en radio como en otros medios.
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