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Las claves de un tema que nos afecta a todos

Fomento y desarrollo del vehículo eléctrico: ¿hay alguien al mando?

Por Sergio de Otto – Periodista especializado en energía

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Que el vehículo eléctrico es una herramienta esencial de una movilidad sostenible a la que estamos abocados sí o sí es un hecho innegable; que ese vehículo tiene que estar alimentado con electricidad generada por fuentes renovables, también. No es objetivo de estas líneas enumerar aquí sus ventajas, que damos por sabidas para cualquier persona mínimamente informada. El problema surge cuando, una vez más, el discurso y la acción no se corresponden y así sucede con el desarrollo del vehículo eléctrico en nuestro país, al que todo el mundo elogia, incluido este Gobierno y también su hermano mellizo de la legislatura anterior.

Hace dos años el entonces Ministerio de Industria, Energía y Turismo (MINETUR) presentó solemnemente una “Estrategia de Desarrollo del Vehículo con energías alternativas 2014-2020” (¿alternativas?) que fue erróneamente bautizada con las siglas de VEA.  El objetivo era ambicioso, no tanto como requiere el camino tan largo que debemos recorrer, pero suponía un paso importante: matricular en el periodo de vigencia del plan 150.000 vehículos. A día de hoy, según los datos de la solvente Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico (AEDIVE), en España hay unos 22.000 vehículos eléctricos. Eso significa que de aquí a 2020 tendríamos que matricular casi 33.000 al año. La realidad, la triste realidad es que en 2006 fueron 4.000, cifra muy similar a la que se alcanzará este año y que debería haber doblado o triplicado la anterior si estuviéramos de verdad en un proceso de desarrollo exponencial de una nueva tecnología.

Ese proceso, ese ritmo de implantación de algo que por tantos motivos nuestra sociedad debería reclamar a gritos, requiere todavía de ayudas económicas. No porque no les salgan los números a los compradores sino porque son necesarias para romper la inercia, los tabúes o los falsos mitos sobre el vehículo eléctrico. Lo malo llega cuando esas ayudas se han convertido en una pésima novela de misterio en la que al final de cada capítulo, léase ejercicio, no se sabe lo que va a pasar al año siguiente.

Energías… ¿Alternativas?

Tenemos una estrategia para 2020, pero una de las herramientas clave para hacerla realidad no tiene continuidad en el tiempo, no hay plan plurianual para el famoso MOVEA, “Plan de Impulso a la Movilidad con Vehículos de Energías Alternativas” (¡y dale con lo de alternativas! ¡Ponga usted renovables que, si no, no tiene sentido!). En otoño redoblan cada año los tambores mientras crece el suspense de si estará o no este capítulo en los presupuestos. Afortunados somos porque ya sabemos que para el próximo año estará la ridícula cifra (sí, ridícula frente al reto que tenemos) de 12 millones de euros, eso sí con la pésima noticia de que serán incompatibles con las ayudas autonómicas o locales. ¿Para qué vamos a poner las cosas fáciles si tenemos que llegar pasado mañana a 150.000 matriculados?

En realidad, tenemos un problema más importante: el desarrollo del vehículo eléctrico no tiene padre. Dicho de otra forma, no hay nadie en el Gobierno que lidere el proyecto. Y el problema se agranda porque, dada la larga lista de ministerios implicados en la tarea, se necesitaría un respaldo jerárquico suficiente como para poner en firmes a todos. No, no miren para Moncloa (aunque deberíamos) porque me temo que, como en todos los temas de sostenibilidad, esa no está entre las 528 primeras preocupaciones del Presidente del Gobierno, ni tampoco de su Vicepresidenta. Y la cuestión es que esto afecta a Industria (en dos palabras, por aquello de fabricarlos aquí, en España), a Energía (por aquello de que impulsados por renovables van a contribuir decisivamente a sus respectivos desarrollos), a Medio Ambiente (por razones obvias), a Fomento (que tendrá que colaborar en las infraestructuras), a Sanidad (por aquello de reducir la contaminación de nuestras ciudades), a Hacienda (sí hombre, por lo de ayudas), a Interior (por su positiva incidencia en el tráfico), … y a alguno más, seguro.

El desarrollo del vehículo eléctrico no tiene padre, no hay nadie en el Gobierno que lidere el proyecto. Y el problema se agranda porque, dada la larga lista de ministerios implicados en la tarea, se necesitaría un respaldo jerárquico suficiente como para poner en firmes a todos

El otro grave inconveniente es que no estamos sensibilizando a la ciudadanía sobre sus ventajas, ni siquiera los fabricantes publicitan sus vehículos eléctricos y siguen volcados en vendernos esos de combustión (¡Sí, incluso los diésel!) a los que en pocos años prohibirán circular por nuestras calles, como ya han anunciado algunas urbes del norte de Europa.

Definitivamente el vehículo eléctrico necesita alguien que le escriba, pero desde el BOE, desde la publicidad institucional para animarnos a dar el paso; necesita que los señores del petróleo se escandalicen porque se les acaba el chollo y, sobre todo, es imprescindible que la industria del automóvil tome conciencia de que no es que sea su futuro, sino que es su presente. Y los ciudadanos a exigirlo.

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