Entradas etiquetadas como ‘IDAEA’

Desde Norteamérica a Europa: sustancias tóxicas voladoras

Por Mar Gulis (CSIC)

Es difícil ponerle puertas al campo y también al aire. La comunidad investigadora y los gestores políticos conocen desde hace tiempo que los polibromodifeniléteres (PBDEs), una de las familias de retardantes de llama más ampliamente utilizada, se liberan con facilidad de los objetos a los que han sido añadidos y pasan al medio ambiente. Recientemente además se ha descubierto que estos compuestos que evitan la combustión pueden viajar por el aire miles de kilómetros y cruzar de un continente a otro. Así es como productos manufacturados en Estados Unidos liberan PBDEs que acaban depositados en lagos de alta montaña de Europa.

Los PBDEs se empezaron a comercializar en los años 70 en productos como ropa, aparatos electrónicos, tapicerías o mobiliario, para evitar su inflamación. Estos aditivos se añaden durante el proceso de fabricación de tal forma que no quedan ligados por enlaces químicos a los materiales; lo que facilita que puedan ser emitidos al medio ambiente durante su utilización y cuando se desechan.

A principios del siglo XXI se comenzaron a descubrir sus efectos para la salud y el medio ambiente. Diversas investigaciones comprobaron que son persistentes y que se acumulan en los seres vivos. En los últimos años se ha observado que los niños de madres con niveles altos de PBDEs en sangre muestran una disminución de peso, de circunferencia abdominal y de diámetro de la cabeza durante la gestación. También hay indicios de cierto retraso intelectual en niños que han recibido dosis altas de PBDEs mediante alimentación materna.

En Estados Unidos se prohibió el uso de estos compuestos en el año 2006. En Europa se hizo escalonadamente entre 2004 y 2013. Desde 2009 forman parte de la lista de los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs) de la Convención de Estocolmo. Sin embargo, los productos que fueron fabricados en años previos siguen estando en el mercado y liberando PBDEs al medio ambiente.

Detectores PBDEs

Sistemas de recogida de muestras en los lagos de montaña europeos / Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (CSIC).

La alta volatilidad de estos compuestos favorece su transporte por el aire y su deposición en ecosistemas acuáticos y terrestres. De hecho, una investigación desarrollada por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del CSIC ha identificado sustancias procedentes de Norteamérica en zonas de alta montaña de Europa. El estudio se desarrolló entre los años 2004 y 2006, durante los cuales se tomaron muestras directas de agua y nieve en cuatro zonas de alta montaña del continente. Concretamente en el lago Redón (Pirineo catalán), en Gossenköllesee (Alpes, Austria), Lochnagar (Grampian Mountains, Escocia) y Skalnate (Tatras, Eslovaquia). Estas zonas ya habían sido objeto de estudio por parte de diferentes grupos de investigación, lo que permitía contar con datos para la comparación.

Los estudios de deposición atmosférica han mostrado un incremento de estos compuestos en los lagos situados más al oeste, Lochnagar y Redon, cuando las masas de aire vienen de esta dirección. Sin embargo, en los lagos del centro de Europa esto no se observa porque la emisión continental europea de estos compuestos sobrepasa el aporte transcontinental. “La coincidencia de resultados entre los lagos pirenaicos y escoceses situados a una distancia de 1.600 kilómetros y con regímenes climáticos diferentes pone de manifiesto lo que influye la transferencia transoceánica”, explica Joan Grimalt, uno de los investigadores autores del estudio y director del IDAEA del CSIC.

En el caso de Lochnagar y Redón “hemos visto un aumento en la concentración de retardantes de llama con la entrada de masas de aire provenientes del Atlántico Norte, lo que significa que estas muestras deben de proceder de Norteamérica”, apunta Pilar Fernández, también investigadora del equipo del CSIC. Es decir, por primera vez se demuestra que existe una transferencia continental de contaminantes entre América y Europa.

En investigaciones previas se había comprobado la presencia de retardantes de llama en estas zonas de alta montaña, pero las muestras se habían tomado en nieve acumulada o en peces, por lo que no se podía conocer cuándo habían llegado, desde dónde y bajo qué circunstancias. La última investigación ha tomado muestras en nieve nueva a lo largo de un tiempo, lo que ha permitido ver cómo se iba produciendo la contaminación.

Otro resultado del estudio confirma que se da un aumento de la concentración de estas sustancias cuando las temperaturas son más elevadas y cuando hay mayor deposición de lluvia y de partículas, añade Grimalt.

¿Fuego o contaminación? Un dilema en la prevención de incendios

Ethel EljarratPor Ethel Eljarrat*

El fuego es una fuente importante de daños a la propiedad y de pérdida de vidas. Por ejemplo, en 2006 se produjeron a nivel mundial en torno a 7 millones de incendios que causaron 70.000 muertes y 500.000 heridos. Además, se estima que el coste económico total de los incendios representa en torno al 1% del producto interior bruto en la mayoría de los países avanzados. Así pues, existe una necesidad de proteger los materiales contra posibles incendios y de allí que haya normativas de seguridad específicas. Con el fin de cumplir con estas normas de seguridad contra incendios, se aplican sustancias ‘retardantes de llama’ o ‘materiales ignífugos’ a los materiales combustibles, tales como plásticos, maderas, papel, textiles y equipos electrónicos. Se trata de productos químicos que se añaden a los materiales combustibles para aumentar su resistencia al fuego, dificultando su ignición o impidiéndola en forma completa si el fuego es pequeño.

Incendio en Nueva Orleans

El objetivo de los retardantes de llama es evitar incendios / DirectNIC.com.

Actualmente, las sustancias químicas que se comercializan como retardantes de llama están presentes de manera generalizada en nuestros hogares. Pueden integrar del 5 al 30% del peso total de los productos que los llevan. Además, algunos de ellos son simples aditivos de los materiales sin estar demasiado unidos químicamente a ellos. Con el tiempo, los retardantes de llama se liberan y contaminan nuestros hogares, nuestros cuerpos y nuestro medio ambiente, incluso en lugares distantes de donde se fabricaron y se usaron.

Las vías de exposición humana a estos compuestos son, mayoritariamente por ingesta de alimentos, así como por inhalación de aire. Debido a las propiedades físicoquímicas de los retardantes de llama, estos tienden a acumularse en los alimentos más grasos, como los de origen animal: pescados, carnes, lácteos y huevos. Los retardantes de llama, una vez emitidos al medio ambiente, son biodisponibles y por eso se acumulan en los tejidos de diferentes organismos tanto acuáticos como terrestres. Cuando una persona se alimenta de estos organismos, incorpora ese contaminante a sus propios tejidos donde queda acumulado.

Dentro de los retardantes de llama se cuentan algunos que preocupan hoy en día a la comunidad científica por su toxicidad, alta persistencia y capacidad de difundirse por el medio ambiente. Durante décadas se han realizado estudios de presencia y comportamiento ambiental, así como de efectos tóxicos de una de las familias de retardantes de llama más ampliamente utilizada, los polibromodifeniléteres (PBDEs). La exposición humana a los PBDEs provoca la alteración del equilibrio de las hormonas tiroideas, daños permanentes en el aprendizaje y la memoria, cambios de conducta, pérdida de audición, retraso en inicio de la pubertad, disminución del número de espermatozoides, malformaciones fetales y, posiblemente, cáncer (como el de tiroides).

Debido a la preocupación creciente en el ámbito de la salud pública, se han tomado medidas internacionales para su regulación y eliminación. La Unión Europea ha dictado normas para eliminar o reducir la presencia de algunas de estas sustancias. También han sido incluidas en el Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes a fin de reducir su presencia a nivel mundial. A consecuencia de estas y otras medidas, estos PBDEs identificados como conflictivos están siendo sustituidos por otras sustancias.

salón

Los retardantes están presentes en nuestros hogares en los muebles, edredones, alfombras, etc. / Wikipedia.

Sin embargo, la industria química ha respondido a estas legislaciones reemplazando los PBDEs por otras sustancias químicas de propiedades muy similares a las ya prohibidas. Estos nuevos retardantes de llama están apareciendo ahora en el medio ambiente, en la fauna silvestre y en los seres humanos en todas partes del mundo, ¡con lo que podríamos estar repitiendo la misma historia que con los PBDEs!

Un comité de expertos del Convenio de Estocolmo propone alternativas como pueden ser cambios en el diseño de los productos, procesos industriales y otras prácticas que no requieran el uso de ningún retardante de llama. Por ejemplo, las alternativas no químicas en los muebles pueden ser telas sintéticas o barreras inherentemente retardantes de llama que además resistan las fuentes de ignición que arden sin llama. Los productos electrónicos pueden ser rediseñados para separar las partes con alto voltaje de las cubiertas externas, o protegidos con metal en vez de plástico. Las técnicas de construcción con resistencia al fuego pueden eliminar la necesidad de usar sustancias químicas retardantes de llama en el material de aislamiento, reemplazándolo por materiales alternativos, como los hechos con fibras.

En el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC llevamos 15 años estudiando el impacto de los retardantes de llama en el medio ambiente, en organismos vivos y en humanos. Diversos estudios han proporcionado los primeros datos de niveles en España de PBDEs en suelos, fangos de depuradora, sedimentos, peces, aves y leche materna. Asimismo, y a raíz del uso de los nuevos retardantes de llama, actualmente la actividad científica de nuestro grupo de investigación se centra en tener un mejor conocimiento del impacto ambiental de estos sustitutos de los PBDEs.

* Ethel Eljarrat es investigadora en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC