Terapias para destrozar vidas #LGBTI

Por Charo Alises (@viborillapicara)

Foto: Adriano Agulló

Foto: Adriano Agulló

El tratamiento fue largo. Afronté sesiones terapéuticas en las que reforzaban la idea de que la homosexualidad era una enfermedad, de que podía reconducirla. Me sugirieron cosas tan absurdas como comprar revistas deportivas para que me aficionara a estas actividades o tirar mi ropa interior de slips para que me comprara calzoncillos largos de toda la vida. Como eso no funcionó, me propusieron terapias de shock con electrodos: cada vez que tu cuerpo se estimula viendo imágenes eróticas gais, recibes una descarga. Recurrir a esas terapias fue un error. Tuve que hacer trabajo de aceptación y resolverlo porque estaba en peligro mi vida. De todas las personas con las que he conseguido hablar, no he oído a ninguna que se haya podido curar. Hay gente que se ha mantenido con una represión total. En España no conozco gente que haya pasado por la terapia con electrodos pero en Estados Unidos conocí a varios y estaban destrozados psicológicamente; habían desarrollado enfermedades como la fatiga crónica o la fibromialgia

Este es el testimonio de una víctima de las terapias que pretendían curar la homosexualidad llevadas a cabo por Exodus International, una de las mayores organizaciones dedicadas a realizar estas prácticas hasta que cerró en el año 2003, pidiendo perdón por el sufrimiento que sus tratamientos habían causado.

Hasta mediados del siglo XX, los intentos médicos de curar la homosexualidad incluían intervenciones quirúrgicas como la histerectomía, la ablación del clítoris, la castración, la vasectomía y la lobotomía. También se ha intentado la utilización de diversos métodos, que incluían el tratamiento hormonal, el tratamiento de choque farmacológico y el tratamiento con estimulantes y depresivos sexuales. Otras prácticas utilizaban la terapia de aversión, el intento de reducción de la aversión hacia la heterosexualidad, terapia de grupo, hipnosis y psicoanálisis.

Durante el periodo comprendido entre la muerte de Freud (1939) y los disturbios de Stonewall (1969), la terapia de conversión disfrutó de una época de empleo agresivo del tratamiento de homosexuales y la aprobación de la profesión psiquiátrica.

En 1973, con las nuevas informaciones científicas de investigadores como Evelyn Hooker y Kinsey, la APA (American Psychological Association), desclasificó la homosexualidad como un desorden mental y en 1992, la Organización Mundial de la Salud eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. En la actualidad, el colectivo LGTB, instituciones internacionales y profesionales de distintos ámbitos, están exigiendo  la despatologización de la transexualidad y la supresión de los trastornos de identidad de género de las clasificaciones médicas internacionales. La despatologización de la transexualidad es una cuestión de derechos humanos.

En España, durante el siglo XIX, la criminología convirtió al homosexual en un monstruo. A partir del siglo XX,  predomina la visión endocrinológica del fenómeno, que divide a los homosexuales en buenos (los castos) y malos. Una visión típica durante los años veinte decía que “por lo general, la homosexualidad no se observa más que en individuos tarados desde el punto de vista psicopático o biológico”. El mayor representante de este tipo de pensamiento fue Gregorio Marañón.

Durante el franquismo los homosexuales fueron perseguidos y encarcelados o enviados a campos de trabajo. Más tarde, ya en 1970, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social dio el enfoque de “tratar” y “curar” la homosexualidad. Se establecieron dos penales, uno en Badajoz (a donde se enviaban a  los pasivos) y otro en Huelva (dónde se enviaban a los activos). En estos establecimientos se intentaba cambiar la orientación sexual de los presos mediante terapia de aversión: tras estímulos homosexuales se daban descargas eléctricas, que cesaban cuando había estímulos heterosexuales. El psiquiatra López Ibor llegaba a presumir de sus “exitosas” lobotomizaciones a gais. La revista Interviú recogió un fragmento de una conferencia suya en Italia en 1973 donde decía: “Mi último paciente era un desviado. Después de la intervención del lóbulo inferior del cerebro presenta, es cierto, trastornos en la memoria y la vista, pero se muestra más ligeramente atraído por las mujeres”.

Durante el régimen de Franco el número de expedientes sobre casos de lesbianas fue infinitamente menor que el de hombres. El sexo entre mujeres no preocupaba a las autoridades  por la simple razón de que era algo que no podía existir para la mentalidad franquista.

La necesidad de curar la homosexualidad sigue siendo defendida por sectores minoritarios, del que el ejemplo más conocido es el de Aquilino Polaino, catedrático y director del Departamento de Psicología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación de la Universidad CEU San Pablo. Los tratamientos de reorientación han seguido realizándose de forma individual por determinados psicólogos y clínicas.

Grupos religiosos protestantes y católicos han comenzado a ofrecer cursos para “curar la homosexualidad” importados desde Estados Unidos. El obispado de Alcalá de Henares, presidido por el obispo Juan Antonio Reig Pla, ha publicado en su página web una guía para dejar de ser homosexual. El método recomendado por el Obispado es la lectura de determinados párrafos de la Biblia, la meditación y la oración y el estudio de las vidas de san Carlos Lwanga y san Pelayo.

Un informe emitido por el Banco Mundial en 2012 concluía – en base a todos los estudios científicos realizados hasta la fecha- que existe “una abrumadora cantidad de evidencias” que demuestran que la terapia de conversión es “ineficaz, innecesaria y potencialmente dañina.

La AAP (Asociación Americana de Psicología), afirmó- tras un estudio de la cuestión-,  que estas terapias provocan “efectos secundarios negativos que incluyen pérdida del apetito sexual, depresión, tendencias suicidas y ansiedad”.

Los colegios oficiales de psicólogos de España, se han manifestado unánimemente en contra de las prácticas que pretenden “curar” la homosexualidad ya que  consideran  que no son necesarias  y entrañan gran  peligro.

En nuestro país, las terapias de aversión no están prohibidas por la ley. No obstante, quién -en aplicación de estas terapias- causase a una persona daños físicos y/o psicológicos, incurrirá en responsabilidades penales y civiles.

Es imprescindible que se prohíban por ley  las terapias aversivas porque están destrozando las  vidas de personas LGTB. Lo que no es una enfermedad no necesita cura.

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