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Destripando bulos: la expresión ‘salvado por la campana’ proviene del boxeo y no de ataúdes que llevaban una campana

La expresión ‘salvado por la campana’ suele utilizarse para indicar que alguien ha conseguido librarse de un peligro en el último instante.

La locución se hico muy famosa hace tres décadas al ser el título de una serie juvenil de televisión (en inglés ‘Saved by the Bell’) emitida entre 1989 y 1993.

Pero la ficción televisiva no fue el origen de la expresión, sino que la misma es mucho más antigua y se data en el último cuarto del siglo XIX en los ambientes pugilísticos de la Inglaterra Victoriana.

Destripando bulos: la expresión ‘salvado por la campana’ proviene del boxeo y no de ataúdes que llevaban una campana

Fue por aquella época en el momento en el que al boxeo, que hasta entonces había sido un deporte practicado por caballeros, empezó a practicarlo también fornidos hombres de clase baja con el fin de animar algunas veladas pugilísticas, a la vez que se apostaban grandes sumas de dinero.

Con el fin de evitar la brutalidad en las peleas, se añadieron una serie de reglas a seguir en cada combate y entre ellas se incorporó una campana con la que, a través de su sonido, se avisaba a los contrincantes en el momento en que cada asalto empezaba o finalizaba.

La dureza con la que algunos púgiles golpeaban provocaba que en más de una ocasión su contrincante quedase malherido durante el combate y el hecho de sonar la campana, para avisar que el asalto había finalizado, proporcionaba un pequeño tiempo de descanso con el que recuperar fuerzas.

Muchos han sido quienes, estando a punto de perder un combate y caer noqueados, se salvaron al sonar la campana y, una vez reanudada la pelea, consiguieron remontar y acabar ganando.

Esta es la explicación, sobre el origen de la expresión ‘salvado por la campana’ que dan la inmensa mayoría de expertos y etimólogos, pero a pesar de ello, corre por la red (desde hace mucho tiempo) otra explicación que, aunque tiene su lógica, no es la verdadera (es uno de los tantísimos bulos que se comparten).

Destripando bulos: la expresión ‘salvado por la campana’ proviene del boxeo y no de ataúdes que llevaban una campanaDicha explicación (que se ha hecho viral en más de una ocasión) es la que da como origen a un tipo de ataúdes que llevaban incorporada una campana y que podía ser tocada desde el interior, en caso de que la persona enterrada no estuviera realmente muerta.

Esas explicaciones virales indican que dichos ataúdes se realizaron en la Edad Media, lo que es un dato totalmente erróneo, ya que sí que existieron pero fue hacia mediados del siglo XIX, coincidiendo con la publicación del famoso su cuento de terror ‘El entierro prematuro’, de Edgar Allan Poe, y a una serie de casos de catalepsia que se dieron por la época. Con el propósito de no ser enterrados vivos (en caso de ser catalépticos) muchas fueron las personas que encargaron que, si morían, se les enterrase en un ataúd con campana.

No se sabe a ciencia cierta si se dio algún caso en el que alguien logró ser desenterrado tras tocar la campana (aunque sí hay muchos relatos de ficción publicados en aquella época), pero en ningún momento se vinculó la expresión ‘salvado por la campana’ con ese hecho.

 

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Fuente de la imágenes: aibaboxing (Flickr) / Redes Sociales

Curiosidades de la ‘no muerte’: Tapefobia, Catalepsia y el Delirio Nihilista

Curiosidades de la ‘no muerte’: Tapefobia, Catalepsia y el Delirio Nihilista

Uno de los mayores temores del ser humano es que le den por muerto y ser enterrado vivo.

Este miedo es conocido como ‘tapefobia’  y fue precisamente ese temor a ser enterrados vivos lo que propició que en la antigüedad comenzara una tradición que actualmente todavía seguimos realizando, a pesar de que hoy en día no cumple el objetivo original: el velatorio.

Curiosidades de la ‘no muerte’: Tapefobia, Catalepsia y el Delirio Nihilista

El hecho de velar un cadáver durante un buen puñado de horas (normalmente toda una noche) no comenzó a realizarse para llorar al difunto o acompañar a sus familiares sino que el objetivo principal era comprobar que el finado había realmente fallecido. La etimología de velatorio o velorio proviene de velar y este del latín ‘vigilare’,  cuyo significado literal es ‘vigilar’, que era lo que realmente se realizaba.

En la historia muchos han sido los casos en los que al abrir una tumba (tiempo después de haber enterrado a alguien, ya fuera porque tenían que cambiarla de ubicación o enterrar un nuevo cadáver) se dieron cuenta de que la persona enterrada tiempo atrás tenía un gesto de haber querido salir y arañazos en el interior de la tapa del ataúd.

Y es que existe un curioso trastorno llamado catalepsia que consiste en perder la conciencia durante un periodo de tiempo (que puede ser unos escasos minutos o incluso alargarse varias horas). Junto a esa pérdida de consciencia viene un descenso del ritmo cardiaco y la respiración. Son tan leves que casi no se aprecian y se puede dar como fallecido al cataléptico.

El hecho de no apreciar los signos vitales de una persona en estado de catalepsia ha producido un buen número de entierros a personas vivas durante la Historia.

Muchas son las novelas y relatos que se han escrito al respecto, siendo uno de los autores más famosos Edgar Allan Poe con su cuento de terror ‘El entierro prematuro’.

Pero la tapefobia  era un miedo muy común de todos aquellos que padecían de catalepsia y aunque los velatorios ha evitado muchos entierros antes de hora, también dio paso a que durante la historia se hayan ideado los más originales ataúdes, tumbas y o nichos al realizarlos con algún sistema de seguridad con el que se pudiera avisar, una vez enterrado, que quien se encontraba dentro estaba realmente vivo.

Curiosidades de la ‘no muerte’: Tapefobia, Catalepsia y el Delirio Nihilista

Tumbas con dispositivos que dejaban entrar el oxígeno e incluso con mecanismos para poder accionarlo y hacer sonar una campana que estaría colocada fuera y así advertir que no estaba muerto.

Erróneamente muchas son las personas que explican que este hecho fue el que dio origen a la expresión ‘salvado por la campana’, pero no es así. Esta locución proviene del mundo del boxeo y se refiere al instante en el que se agota el tiempo y suena la campana de aviso. Muchas son las ocasiones en las que uno de los púgiles está siendo fuertemente golpeado y el sonar la campana y acabarse el round se salvan de continuar recibiendo dicha somanta de palos.

Esto se puso sobre todo de moda durante la segunda mitad del siglo XIX, sobre todo a partir de la publicación del mencionado relato de Edgar Allan Poe.

Entre los muchos casos de catalepsia que se han dado hay uno especialmente curioso: Washington Irving Bishop fue un famoso mentalista estadounidense que padecía de catalepsia. Varias eran las veces que en sus 33 años de vida le había dado algún que otro desvanecimiento. Por tal motivo siempre llevaba consigo una nota en el bolsillo de su chaqueta que advertía de su condición de cataléptico y que bajo ninguna condición fuese enterrado hasta transcurridas 48 horas desde el ataque.

Curiosidades de la ‘no muerte’: Tapefobia, Catalepsia y el Delirio Nihilista

Pero la noche del 12 de mayo de 1889 le sobrevino uno de esos ataques mientras realizaba su show de ilusionismo y mentalismo en un club de Nueva York. A nadie de los presentes se le ocurrió buscar entre sus pertenencias y tras ser examinado por un médico éste diagnosticó que había fallecido. Washington Irving Bishop fue llevado a la morgue y allí le practicaron de inmediato la autopsia. Cuando su esposa y madre llegaron ya estaba abierto en canal y su cerebro había desaparecido.

Resulta que hubo tanta prisa en hacer todo esto porque uno de los médicos que intervino en la autopsia llevaba años intentando averiguar cómo podía el mentalista adivinar y tener poderes sobrenaturales. Como podréis imaginar este tipo fue quien se encargó de abrir la cabeza, sustraer el cerebro y hacerlo desaparecer. Nunca más se supo.

El término catalepsia proviene del griego ‘katálēpsis’ cuyo significado literal es ‘sorpresa’… y sí, más de una sorpresa se darían cuando vieron resucitar a un cadáver de alguien que realmente no estaba muerto.

Curiosidades de la ‘no muerte’: Tapefobia, Catalepsia y el Delirio NihilistaY relacionado con la ‘no muerte’ nos encontramos con otra curiosísima patología conocida como ‘Delirio Nihilista’ o ‘Síndrome de Cotard’ la cual es una enfermedad mental relacionada con la hipocondría y que consiste en tener la sensación de creer haber fallecido, sentir los síntomas de la putrefacción de los órganos o simplemente estar convencido de no existir de que estás muerto.

A lo largo de la historia poquísimos son los casos que se han dado de una persona de la noche a la mañana asegure sentir que se está muriendo por dentro y que nota cómo se le pudren los órganos. Evidentemente todo está en su cerebro, pero les afecta tanto que son capaces de oler el hedor a descomposición.

El primer científico en dar a conocer este trastorno fue el neurólogo francés Jules Cotard quien a finales de 1870 atendió a una paciente de mediana edad que decía sentir todos los síntomas que os acabo de describir.

Cotard se refirió a ello como un ‘delirio hipocondriaco’ provocado por una grave ansiedad melancólica y años después lo rebautizó como ‘Delirio nihilista’, en clara referencia al nihilismo, corriente filosófica y artística que consistía en la negación de todo principio religioso, político y social y que fue promovida en la Antigua Grecia.

 

El pasado sábado 30 de septiembre participé en el evento de divulgación científica BCNspiracy que se celebró en el CosmoCaixa de Barcelona donde ofrecí una charla de diez minutos titulada ‘No estaba muerto (ni tampoco de parranda)’ y en la que expliqué estas curiosidades. Te invito a visionarla en el siguiente vídeo:

Visita mi canal de curiosidades en YouTube: https://www.youtube.com/c/AlfredLopez y si te gustan los vídeos suscríbete, dale a ‘me gusta’ y compártelos en tus redes sociales 🙂

 

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Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons

Tapefobia, el miedo irracional y patológico a ser enterrado vivo

Algunas personas desarrollan un pánico obsesivo y persistente a la idea de que pueden sufrir de catalepsia o cualquier otro trastorno o enfermedad que les haga parecer muertos, aunque realmente no lo estén, y ser enterrados sin haber fallecido… si habéis leído alguna vez a Edgar Allan Poe podréis haber sentido intensamente lo terrorífico de la situación.

Este miedo irracional y patológico a ser enterrado vivo se le conoce como tapefobia. Proviene del griego taphos, cuyo significado es tumba. Existen otros sinónimos para calificar tal patología tales como tafofobia, tafiofobia y tafefobia.

Esta situación podría haberse dado antiguamente con mucha más facilidad que en la actualidad, ya que gracias a los avances tecnológicos y médicos con los que contamos hoy en día es prácticamente imposible dar a alguien por muerto cuando en realidad no lo está, aunque aun y así no es extraño oír el comentario de más de uno que dice:  “A mi incinerarme… por si acaso”.

Durante una época esta fobia estuvo ampliamente extendida y en la gran mayoría de países podemos encontrar infinidad de leyendas urbanas que relatan historias del tipo que, años después de muerta una persona, se la encontró en su tumba con indicios evidentes de haber vuelto a la vida tras ser enterrada e intentar salir del ataúd arañándolo.

Es por ello que se puso de moda construir féretros especiales con diversas medidas de seguridad y en los que algunos tenían una campanilla que podía tocarse desde dentro mediante una cadena o cuerda para así hacer saber que el muerto no era tal y pudiera ser rescatado.

Otros ataúdes permitían izar una bandera, los había que tenían paneles de cristal rompibles en vez de tapa e incluso se llegó a incluir una llave que pudiera ser utilizada para abrir la caja desde dentro en caso de necesidad.

Cabe señalar que es un error muy habitual atribuir el origen la expresión “salvado por la campana” al uso de ataúdes que incorporaban una campanilla, ya que el dicho proviene realmente del mundo pugilístico, cuando el toque de campana en el ring concede un descanso a un maltrecho boxeador que está perdiendo el combate.

Así que no puedo más que desear lo mismo que Lord Chesterfield cuando decía aquello de…

“Lo único que deseo para mi entierro es no ser enterrado vivo”

 

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Fuentes de consulta:  elordenyelkaos / emmabalmer / wikipedia / periodicolea
Fuente de la imagen: Wikimedia commons