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El curioso origen del término ‘sarcófago’

El curioso origen del término ‘sarcófago’

Conocemos como ‘sarcófago’ al sepulcro, normalmente realizado de obra y piedra, que es utilizado para dar sepultura a un cadáver (o varios).

El origen etimológico del término sarcófago lo encontramos en el griego ‘sarkophágos’ (σαρκοφάγος) aunque al castellano llegó desde el latín ‘sarcophăgum’ y cuya traducción literal es el que se come/devora la carne’.

Y es que ese ‘devorar la carne’ provenía del tipo de piedra caliza utilizada en la antigüedad para construir los sarcófagos, la cual tenían el convencimiento que poseía unos poderes especiales para comer y hacer desparecer los cuerpos que ahí se introducían.

Hay que tener en cuenta que en la antigüedad cada pueblo y cultura tenía sus propias costumbres a la hora de despedirse de los cuerpos de sus difuntos: unos los enterraban (tanto bajo tierra, nichos o mausoleos) y otros los momificaban o quemaban.

 

 

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Post realizado a raíz de la consulta recibida vía email de Nuri Juarez
Fuentes de consulta: wordinfo / RAE / mcah.columbia / etimologias.dechile
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

Tapefobia, el miedo irracional y patológico a ser enterrado vivo

Algunas personas desarrollan un pánico obsesivo y persistente a la idea de que pueden sufrir de catalepsia o cualquier otro trastorno o enfermedad que les haga parecer muertos, aunque realmente no lo estén, y ser enterrados sin haber fallecido… si habéis leído alguna vez a Edgar Allan Poe podréis haber sentido intensamente lo terrorífico de la situación.

Este miedo irracional y patológico a ser enterrado vivo se le conoce como tapefobia. Proviene del griego taphos, cuyo significado es tumba. Existen otros sinónimos para calificar tal patología tales como tafofobia, tafiofobia y tafefobia.

Esta situación podría haberse dado antiguamente con mucha más facilidad que en la actualidad, ya que gracias a los avances tecnológicos y médicos con los que contamos hoy en día es prácticamente imposible dar a alguien por muerto cuando en realidad no lo está, aunque aun y así no es extraño oír el comentario de más de uno que dice:  “A mi incinerarme… por si acaso”.

Durante una época esta fobia estuvo ampliamente extendida y en la gran mayoría de países podemos encontrar infinidad de leyendas urbanas que relatan historias del tipo que, años después de muerta una persona, se la encontró en su tumba con indicios evidentes de haber vuelto a la vida tras ser enterrada e intentar salir del ataúd arañándolo.

Es por ello que se puso de moda construir féretros especiales con diversas medidas de seguridad y en los que algunos tenían una campanilla que podía tocarse desde dentro mediante una cadena o cuerda para así hacer saber que el muerto no era tal y pudiera ser rescatado.

Otros ataúdes permitían izar una bandera, los había que tenían paneles de cristal rompibles en vez de tapa e incluso se llegó a incluir una llave que pudiera ser utilizada para abrir la caja desde dentro en caso de necesidad.

Cabe señalar que es un error muy habitual atribuir el origen la expresión “salvado por la campana” al uso de ataúdes que incorporaban una campanilla, ya que el dicho proviene realmente del mundo pugilístico, cuando el toque de campana en el ring concede un descanso a un maltrecho boxeador que está perdiendo el combate.

Así que no puedo más que desear lo mismo que Lord Chesterfield cuando decía aquello de…

“Lo único que deseo para mi entierro es no ser enterrado vivo”

 

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Fuentes de consulta:  elordenyelkaos / emmabalmer / wikipedia / periodicolea
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