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Destripando bulos: La expresión ‘Más vale maña que fuerza’ no tiene nada que ver con las aragonesas [#StopBulos]

Destripando bulos: La expresión ‘Más vale maña que fuerza’ no tiene nada que ver con las aragonesas [#StopBulos]Días atrás, a través de twitter, mi amiga Ana (@ANASAYEK) me pasaba un meme, que le había llegado, en el que se explicaba que durante el Primer Sitio de Zaragoza las mujeres (con Agustina de Aragón a la cabeza) defendieron la Puerta del Carmen, acabando con la vida de 4312 soldados franceses y que, de ahí, surgió la expresión ‘Más vale maña que fuerza’ (cuyo significado es que ‘es mejor utilizar la habilidad e inteligencia para conseguir un fin en lugar de la violencia o fuerza bruta’), haciendo una clara alusión al gentilicio coloquial ‘maña’ que se utiliza para referirse a las aragonesas.

Pero, como en tantas otras ocasiones, esta se trata de una etimología errónea y totalmente equivocada que, ha sido ampliamente difundida y son muchas las personas y páginas que lo defienden como origen de la expresión.

Nada tiene que ver el término ‘maña’ (referida a la destreza y habilidad) con el vocablo utilizado para llamar de un modo  coloquial a las personas originarias de Aragón (maño, maña, mañico, mañica…).

Por un lado nos encontramos que ambos términos polisémicos (palabras que, a pesar de pronunciarse o escribirse de un mismo modo, tienen significados diferentes) tienen orígenes distintos.

El vocablo que se refiere a la habilidad procede del latín vulgar *mania, utilizado antiguamente para referirse a una ‘habilidad manual’, mientras que el término que hace alusión a una persona aragonesa proviene etimológicamente del latín ‘magnus’ usado para designar a aquellas personas magnas, importantes y grandes. Pero algunos etimólogos apuntan a que maño es la aféresis y trasformación de la palabra ‘hermano’. Aunque hay quien incluso defiende que es la unión de ambos orígenes (de magnus y hermano), debido a que existen constancia de que ‘maño’ fue un calificativo utilizado entre los mudéjares aragoneses con el que se designaban afectivamente (como si formasen parte de una hermandad, como pueblo sometido).

Pero lo que pretendía con este post no es encontrar la etimología del término maña, sino destripar el bulo que vincula la expresión ‘Más vale maña que fuerza’ con el hecho histórico protagonizado por Agustina de Aragón que tuvo lugar en 1808 durante la Guerra de Independencia que enfrentó a españoles contra las fuerzas de ocupación francesas de Napoleón Bonaparte.

Y el hecho de que es imposible que dicha expresión se originase por tal motivo está en que ya era conocida muchísimo tiempo antes, existiendo múltiples referencias escritas a la misma en obras tan insignes como la comedia ‘Cada uno para sí’ del célebre autor del Siglo de Oro Pedro Calderón de la Barca, publicado en el año 1661 (un siglo y medio antes que el episodio del Sitio de Zaragoza) y en el que aparecía el siguiente texto:

«Hernando Como digo de mi cuento,
empezando finalmente, ¿es más ser uno valiente
que darle en el pensamiento
que lo es? No. Pues, ¡ea, desvelos!,
tratemos de envalentar,
manos a labor, y dar
heroico fin a mis celos.
Salga Simón a campaña,
que esto, sin que el refrán tuerza,
más quiere maña que fuerza»

Por tanto, queda demostrado que dicha expresión ya se pronunciaba como refrán popular varios siglos antes que el supuesto origen zaragozano. Según el Corpus Diacrónico del Español (CORDE), ya hay constancia escrita de la forma ‘maña que fuerza’ en el año 1652.

 

 

 

Te puede interesar leer el post: Bulos en la red ¿qué son y cómo detectarlos? #StopBulos

 

 

Fuentes de consulta: cvc.cervantes / cervantesvirtual (descarga del pdf del libro ‘Cada uno para sí’ de Pedro Calderón de la Barca) / etimologias.dechile / RAE (1) / Corpus Diacrónico del Español (CORDE) / RAE (2) / 86400.es / webislam / eltostondeluismi

Fuente de la imagen: Viral en Twitter y Redes Sociales

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [2]

Días atrás publicaba el post ‘Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban’ el cual alcanzó un gran éxito de lectura y muchos fueron quienes lo compartieron en sus redes sociales.

Haciendo caso a varias peticiones que he recibido a través de los diferentes medios de contacto, en el post de hoy os traigo una segunda entrega con otra docena de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban, el cual espero sea de vuestro agrado, al igual que ocurrió la vez anterior:

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Chicote

 

Chicote:

A muchos os vendrá a la cabeza el popular chef y presentador de televisión Alberto Chicote, pero, en este caso, un chicote es el nombre que se le da a la colilla de un cigarro puro

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Zorongo

 

Zorongo:

Nombre que recibe el característico pañuelo doblado (en forma de venda) que llevan en la cabeza los baturros (, el Diccionario de la RAE los define como “aragoneses rústicos”)

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Guedeja

 

Guedeja:

Es la melena del león. También se le llama así a las melenas muy largas en general

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Baceta

 

Baceta:

Son aquellas cartas (naipes) que se quedan en un montón y sin repartir (también llamada baza)

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Dilúculo

 

Dilúculo:

La última parte en la que se divide la noche. Es justo el momento anterior al que va a asomar el primer rayo de Sol.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Boquerel

 

Boquerel:

Es la pieza que se encuentra en la manguera de un surtidor de gasolina la cual agarramos y  apretamos el gatillo para que salga el combustible

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Sicote

 

Sicote:

La mugre que se acumula en el cuerpo (sobre todo en los pies) por la falta de higiene y limpieza

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Bazucar

 

Bazucar:

Lo que hacemos con un vaso o cualquier otro recipiente que contiene un líquido y movemos dando giros con la muñeca con el fin de removerlo (por ejemplo el azúcar de un café cuando no tenemos cucharilla)

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Bomborombillos

 

Bomborombillos:

Es el acto de llevar a alguien montado sobre los hombros (muy típico hacérselo a toreros, deportistas o a los niños pequeños)

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Chisguete

 

Chisguete:

Se llama así al chorrito de un líquido que sale disparado con fuerza (por ejemplo el de una pistola de agua) Pero un chisguete también es pedir que te sirvan un culín de vino (un trago corto)

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Zupia

 

Zupia:

Y hablando de vino, la zupia es el poso o residuo que queda al fondo de la botella o copa

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban - Jareta

 

Jareta:

Es el dobladillo que llevan muchas piezas de ropa por el que se coloca y/o asoma un cordón, goma o cinta que sirve para ajustar la prenda (pantalones, sudaderas…)

 

 

 

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Fuentes de las imágenes: KS Peartree (Flickr) / medicablogs / badeendjuh (morguefile) / clipartbest / João Carlos Beneton (panoramio) / pixabay / kurtito (Flickr) / public-domain-image / vladimirteran (Flickr) / pixabay / descorchevinos Wikimedia commons

 

¿Cuál es el origen de la expresión «Es malo, pero es queso»?

A través de un correo electrónico, Evuchy me realiza la siguiente consulta:

Desde que era pequeña en mi casa siempre he escuchado decir a mi madre y abuelos la frase «Es malo, pero es queso». No sé porqué, pero creía que era algo que se decía sólo en mi familia, pero no hace mucho escuché por la tele a un personaje que lo soltó y desde entonces estoy intrigadísima por saber cuál es su origen.

No hay demasiada información sobre el origen exacto de esta expresión que se utiliza en aquellos casos que uno quiere tener la razón hasta el final, de una manera tozuda.

A través de la hemeroteca del diario La Vanguardia he encontrado un artículo del 21 de agosto de 1959  y firmado por Juan Manén, en el que explica su origen, el cual a continuación os resumo:

En cierta ocasión un mañico vestido de baturro viajó hasta Madrid. Paseando por sus calles le llamó la atención el escaparate de una perfumería en el que estaba expuesta una extensa colección de jabones realizados de las más diversas formas y colores.

Llamó su atención uno que tenía forma de queso de gruyere, pero, al ser analfabeto el buen hombre, no se pudo percatar de los cartelitos que estaban colocados junto a cada pieza y que indicaban que se trataba de jabón.

Debió hacérsele la boca agua al baturro que, tras contemplarlo durante un buen rato, se decidió a entrar al establecimiento y comprarlo. Tal y como se lo pidió al dependiente, éste le advirtió que no se trataba de queso sino de jabón, pero el maño, creyendo que le estaba tomando el pelo por ser forastero, insistió en que estaba seguro de que se trataba de queso.

El dependiente fue hasta el aparador, cogió el jabón con forma de queso de gruyere y se lo ofreció al cliente para que lo probara y se diera cuenta de su error.

El baturro, ni corto ni perezoso, le pego un mordisco. Tras un rato masticando el empleado de la perfumería, con una sonrisa burlona, le preguntó que qué tal, a lo que el maño escupió el trozo de jabón y espetó categóricamente: «Es malo, pero es queso»