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Algunas etimologías falsas que soléis creeros a pies juntillas (III)

A menudo me topo con alguna publicación en la que se da una explicación totalmente errónea o falsa sobre el origen de una expresión o término. Algunas veces el error de debe al desconocimiento por parte de quien lo ha escrito, publicado o compartido y otras como divertimento de alguien con el fin de engañar (tomar el pelo) a los lectores. También son muchos los seguidores de este blog, mis libros y redes sociales que contactan conmigo con el fin de consultarme si una etimología que les ha llegado es cierta o no.

Algunas etimologías falsas que soléis creeros a pies juntillas (III)

Uno de los problemas es que en ocasiones hay medios de comunicación que las dan como ciertas y utilizan esos bulos como información real e incluso hay quien me ha recriminado que un post mío era erróneo porque había leído algo distinto en otra lado (cuando el erróneo era el otro).

En este post, otros próximos y en anteriores (esta es la tercera entrega) os voy a ir trayendo algunos de esos bulos o ‘etimologías fakes’ que la gente suele creerse a pies juntillas y las comparte masivamente como si fueran ciertas.

 

 

  • Testificar

Declarar, explicar y denotar con seguridad y verdad algo, normalmente relacionado con el mundo judicial

Algunas etimologías falsas que soléis creeros a pies juntillas (III)Bulo: La etimología falsa, y ampliamente extendida, del término ‘testificar’ es la que explica que los romanos juraban decir la verdad apretándose los testículos con la mano derecha.

Verdad: El vocablo proviene de ‘testigo’ y ésta a su vez viene del antiguo vocablo íbero ‘testiguar’, derivado del latín ‘testificare’, el cual está compuesto de ‘testis’ (testigo) y ‘facere’ (hacer) y nada tiene que ver etimológicamente con los testículos o el hecho de apretárselos a la hora de jurar, pues, evidentemente, no existe ni una sola prueba histórica de que lo hicieran.

 

  • Más vale maña que fuerza

Tener destreza y habilidad para conseguir algo frente al esfuerzo físico.

Algunas etimologías falsas que soléis creeros a pies juntillas (III)Bulo: El bulo alrededor de esta famosa expresión explica que su origen proviene de la época del Primer Sitio de Zaragoza (1808) en el que las mujeres zaragozanas (con Agustina de Aragón al frente) defendieron la Puerta del Carmen, acabando con la vida de 4312 soldados franceses y que, de ahí, surgió la expresión haciendo referencia a maña como gentilicio coloquial para referirse a las aragonesas.

Verdad: El término ‘maña’ de esta locución no hace referencia a las aragonesas sino a la astucia, habilidad y destreza de una persona (no importa el sexo). Este vocablo proviene del latín vulgar *mania, utilizado antiguamente para referirse a una ‘habilidad manual’ y que no tiene conexión alguna con el gentilicio aragonés, el cual proviene etimológicamente del latín ‘magnus’ usado para designar a aquellas personas magnas, importantes y grandes. Además, existe constancia del uso de la expresión ‘Más vale maña que fuerza’ varios siglos antes de producirse el Sitio de Zaragoza de 1808, encontrándonos (entre otros textos) que el célebre escritor Pedro Calderón de la Barca la utilizó, literalmente, en una de sus obras (‘Cada uno para sí’) publicada en el año 1661.

 

 

 

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¿De dónde surge la expresión ‘andar con pies de plomo’?Cuando una situación requiere calma y hacer las cosas con cautela, disimulo, sin prisas o con la máxima precaución posible suele utilizarse la expresión ‘andar con pies de plomo’ e incluso ‘ir con pies de plomo’.

Ambas expresiones provienen del calzado utilizado por los buzos cuyas botas van recubiertas de plomo para así poder andar con seguridad sobre el fondo del mar cuando se sumergían. Sobre todo era utilizado (y aún lo es) por aquellos que llevaban una escafandra (el traje de bucear completo incluyendo un casco herméticamente cerrado con cristal frente a la cara y los orificios para los tubos de respirar).

Cuando éstos realizaban trabajos en el fondo del mar o por la superficie de algún barco hundido, debían caminar con seguridad y el mejor método era llevando unos pesados zapatos recubiertos de plomo, lo que les daba estabilidad en el suelo.

 

 

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Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons (1) / Wikimedia commons (2)

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El término ‘triquiñuela’, a pesar de no ser una de esas palabras que se utilizan excesivamente, tiene cierto encanto especial que, sobre todo, recuerda a tiempos pasados, cuando el lenguaje estaba repleto de vocablos singulares.

Se emplea la expresión ‘hacer triquiñuelas’ para referirse a aquella artimaña o astucia que se realiza para conseguir algún propósito (la palabra triquiñuela es comúnmente utilizada como sinónimo de trampa, engaño o truco). Y es precisamente ese último término (truco), pero en su forma inglesa: ‘trick’ de donde nos llega (seguro que a muchos de vosotros  os sonara trick por el famoso ‘trick-or-treat’ [truco o trato] tan utilizado en Halloween). El término análogo de triquiñuela en el idioma de Shakespeare es ‘trickery’, de mismo significado que nuestra palabra.

Al inglés llegó aproximadamente en el siglo XIV a través del francés medieval ‘tricher’ (engañar) y éste provenía del latín vulgar ‘triccāre’ (comportarse de una manera evasiva).

 

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Debo agradecer al amigo Eduardo Basterrechea Molina (de Molino de Ideas) por ponerme en la pista de esta etimología.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons