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Buscando desesperadamente el carrito más pequeño del mercado

Cuando nació mi peque, como carrito para los seis primeros meses usé un Jané Carrera que me prestó mi prima.

Realmente cualquier carro que me hubiera prestado me hubiera servido: vivía en un tercero sin ascensor pero con un gigantesco cuarto de contadores en el bajo en el que dejar el carro y subir al enano en brazos. Además, yo sabía que viniendo de ella, no sería malo.

Pero ahora es distinto, la pasada primavera nos mudamos a otro piso algo más grande y con ascensor. El problema es que el ascensor es francamente pequeño.

Tuvimos que cambiar la silla de paseo de Chicco que teníamos por una Brevi Grillo, que es lo más pequeño que encontramos.

Y ahora que espero otro bebé, necesitamos encontrar un carrito diminuto para sus seis primeros meses. Lo demás es secundario.

En el catálogo de Prenatal no he visto ningún que encaje con las medidas del ascensor. Aún nos quedan unos meses para seguir buscando.

Pero nos vendría muy bien que me recomendárais carritos pequeños. ¿Sabéis de alguno?

Los carritos «aquí estoy yo», primera parte

Así los bautizó mi madre. Esos carritos en plan «antes muerta que sencilla». Y es que hay tanta tontería alrededor de los carritos como de los coches, los móviles o los bolsos. Marcas y modelos de moda frente a utilitarios normales y corrientes.

Hay dos tipos de carritos «aquí estoy yo».

De los que más se ríe mi madre es de esos tipo hipermoderno.

Colores brillantes, materiales raros, formas extrañas… vendidos además de por su originalidad en formas y colores por cosas como su versatilidad, su ergonomía o su estudiada psicología infantil por cosas como permitir mirar al niño cara a cara a su misma altura.

Eso último me lo dijo literal una empleada de una tienda mientras intentaba sin demasiado éxito convencerme de lo bien que se podían subir escaleras empujando de espaldas ese mostrenco de carrito.

Yo mientras rumiaba qué demonios de ventajas psicológicas podía tener que el niño midiera metro y medio mientras rodaba por las calles, cuando generaciones y generaciones de bebés humanos han visto el mundo a una altura de 80 centímetros.

Y es que no digo que no sean todo lo que prometen, pero a veces se pasan un pelo.

Es como si los arquitectos más famosos se hubieran hartado de diseñar griferías, lámparas, sillas y de vez en cuando casas en las que poder vivir y se hubieran lanzado a modelar carritos de bebés (si algunos no lo han hecho ya pronto lo harán, seguro).

En las fotos tres carritos estilosos de moda: el Bugaboo , el Quinny Buzz y el Stokke Xplory.

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Mañana la segunda parte de carritos «aquí estoy yo»: los decimonónicos, que son de los que más me río yo.