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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
actualizada y decidida a interactuar
con el prójimo a librazos,
ya sea entre anaqueles o travestida
en iRegina, su réplica digital

“Yo Soy Madame Bovary”

Y que Flaubert me perdone la licencia, pero es que soy de un bovarismo desmesurado. Vivo en un estado de frustración e insatisfacción crónica, atrapada entre mis aspiraciones y fantasías, y la insoportable parquedad de la realidad que habito.

(Madame Bovary 1949 / V. Minnelli)

(Madame Bovary 1949 / V. Minnelli)

De no ser por Reginaexlibrislandia y por mis atracones de ficción pura mi existencia estaría irremediablemente abocada a un final trágico en lo emocional y en lo financiero. Y cada vez que vuelvo a esa novela capital de la literatura -y lo hago periódicamente, unas veces por voluntad propia y otras porque se la prescribo a algún reginaexlibrislandiano- me reafirmo en mi diagnóstico y lo verbalizo frente al espejo: Yo soy Madame Bovary.

Pero no solo yo: si rascáis un poco os daréis cuenta de que vosotros, mis reginaexlibrislandanos, también sois ella, ya sea a perpetuidad o en algún momento puntual de vuestra existencia. Es la grandeza de un personaje que se alimenta de melodrama, sexo, ensueños, rebeldía, violencia y ambición, seis de las fuentes que alimentan cualquier trama de proyección universal, solo que condensadas todas en Enma Bovary.

Así que mejor y llegados a este punto matizo el título del post de hoy: Todos somos Madame Bovary. Os aseguro que, cuanto antes lo acepteis y conviváis con ello, mejor. De hecho es el tantra que musitaba una reginaexlibrislandiana asidua esta mañana mientras abandonaba mis confines entre cabizbaja y pensativa con un ejemplar de la edición de Siruela bajo el brazo. Apenas una hora antes se materializaba ante mí recelosa de la lectura del novelón de Flaubert:

Clienta: Buenos días, Regina

Regina ExLibris: ¡Ah, hola, XXX! Sé un ángel y dame un segundo que, o me libro de estas cajas vacías, o me pongo a gritar aquí mismo en plan soprano histérica hasta que estallen los cristales del escaparate… ¡que vaya mañanita llevo!

Clienta: ¡Ja, ja, ja, ja! Uy, te noto entre tensa y acelerada y son poco más de las 11, querida ¿se puede saber cuánto café has bebido ya?

Regina ExLibris: ¿Tú qué crees? ¡Apenas una mísera taza antes de venir! Han cortado el agua y, claro, sin agua NO HAY CAFÉ. Como tarden mucho en reanudar el servicio te juro que voy a aquel anaquel, saco un ejemplar de El libro del Café y ME LO COMO. ¡Literalmente!

Clienta: ¡Ja, ja, ja, ja! Vaya tela, Regina, cómo estamos hoy…

Regina ExLibris: Pero, dime, ¿necesitas algo?

(M.Bovary /V. Minnelli)

(M.Bovary /V. Minnelli)

Clienta: Pues mira, sí. Me voy unos días fuera y en el club de lectura han acordado leer Madame Bovary para comentarlo a la vuelta. Pero, yo qué sé, hija, es que es un libro que siempre me da dado como pereza. No me preguntes por qué. Vi la película en el cine hace unos diez o doce años, y me desanimó aún más. Así que vengo sin tener claro si lo quiero o si me lo salto… Sinceramente no sé si tengo el ánimo para rollos moralizantes sobre mujeres adúlteras escritos por hombres.

Regina ExLibris: ¿Moralizantes? No, querida, nada más lejos de la realidad. Flaubert ni se burla de Emma Bovary ni moraliza sobre sus emociones. Lo que hace es pulverizar todas las convenciones morales y literarias de la Burguesía del siglo XIX para presentar un prototipo de heroína rebelde que se niega a resignarse al destino.

Clienta: Ah, entonces la cosa cambia. Pero, entonces, ¿cuál es el punto?

Regina ExLibris: La novela es el magistral retrato de una libertina elegante y con delirios de grandeza que anhela en secreto las emociones maravillosas y desmesuradas que devora en sus novelas románticas y que es una de las más grandes adúlteras de libro de todos los tiempos. Desgarrada entre la prosaica realidad en que vive y sus ensueños de romances y riquezas, Enma nunca será feliz junto a su marido, un modesto médico de pueblo. Ni el nacimiento de su hija ni su affaire con un joven seductor de provincias lograrán colmar a la eternamente insatisfecha Madame Bovary.

Clienta: Mmmmm, visto así ya me va entrando más por el ojo. ¿Lo tienes?

Madame Bovary

Madame Bovary

Regina ExLibris: Sí, en varias ediciones (te diré que ahora existen en circulación más de sesenta traducciones al castellano disponibles). Yo te recomiendo una de las últimas, la de Siruela de Mauro Armiño, que además incluye fragmentos inéditos sacados de los manuscritos. Que ya que te metes en harina… Pero, como te digo, hay otras buenas, como la última de Alba Editorial Señora Bovary.

Clienta: No, vale, me quedo con la que dices de Siruela. Pinta bien.

Regina ExLibris: Te vas a sorprender, y mucho. Porque te verás reflejada en facetas de un personaje poliédrico que así, de entrada y sin haber leído la novela, puede no caerte simpática. Pero, como siempre digo, Todos somos Madame Bovary… al menos una vez en la vida. Ya me dirás a la vuelta si tengo o no razón.

Y se fue, como os decía, musitando esa frase en plan tántrico. Y yo no sólo me reafirmé en mi bovarismo desmesurado, es que aproveché el cierre de la franja del almuerzo para releérmela. Y cada vez que vuelvo a ella me parece incluso mejor. En la narración nada falta y nada sobra, y es efectivo hasta el extremo de que el texto fluye con más rapidez cuando Enma está emocionada, excitada o contenta, y se ralentiza cuando ella está aburrida o deprimida. Muy, muy grande, el maestro Flaubert.

Sin duda, un libro de los que hay que leer al menos una vez en la vida. Palabra de Regina ExLibris (a ratos Madame Bovary).

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6 novelas aterradoras de varios monstruos del género

Es un hecho empírico-bibliófilo. Hasta que no das con una novela de esas que hace que te tiemble hasta la campanilla infravaloras la capacidad aterradora de la literatura.

(The Mummys Tomb, 1942 / Universal)

(The Mummys Tomb, 1942 / Universal)

Hasta que no te ves aferrada al libro con los pelos como escarpias, una mueca de espanto congelada en el rostro y una arritmia de escándalo no calibras bien el talento de algunos autores para generar horrores de tinta.

Yo pasé por eso, y cada vez que alguien accede a mis confines y subestima el terror literario del bueno disfruto retándole a leer algún que otro título de esos cuya lectura me puso en su noche el pelucón de punta y los nervios de verbena.

Hoy, por suerte para mi, ha sido uno de esos días. Una reginaexlibrislandiana asidua entró acompañada de un reginaexlibrislandiano en potencia y, tras darse un garbeo por la librería se acercaron a mi mesa:

Clienta: Regina, ¿qué tal?

Regina ExLibris: Pues divinamente con mis libros.

Clienta: Verás, es que aquí mi amigo y yo hemos estado discutiendo sobre los libros de terror. A mi de entrada no me tientan nada, pero creo que de darme miedo algo… sería más una película y un libro. No me veo yo acojonada con una novela, la verdad.

Ciente: Ya le he dicho yo que es una insensata. Lo que pasa es que tiene que dar con el libro o el autor que le pinchen el nervio adecuado. Hay relatos de Poe con los que a veces aún sueño. Y otros más gore que a veces te dan miedo, pero la mayoría más bien asco. Y antes de…

Clienta: Antes de que me recomiende él algo poco afinado y que desbarate su teoría, y como sabe que te conozco me ha propuesto acercarnos y que seas tú la que me prepares un festín horripilante.

Regina ExLibris: ¡Ja, ja, ja! ¡Vaya dos! Bueno, bueno, bueno entonces, ¿buscamos algo para pasar miedo de verdad?

Ciente: Sí, Regina. Dale algo que no olvide en mucho tiempo.

Clienta: Ya será menos. Creo, chicos, que os puede la pasión por los libros. Pero, en fin, a ver…

Regina ExLibris: Pues, nada, vamos a disfrutar del perverso placer de palidecer leyendo un libro. Da igual si se trata de horrores oníricos, criaturas del averno, situaciones inquietantes, caserones malditos, seres perversos, transformaciones monstruosas o escenas dantescas bien aderezadas con sangre y vísceras. Aquí lo importante es sentir que llegar al punto y final es cuestión de vida o muerte y alguna que otra arritmia. ¿Empezamos?

Y le saqué mi más reciente selección de seis libros aterradores firmados por monstruos del género. De algunos mejor que no os engañen ni su fama, ni su brevedad, ni sus múltiples adaptaciones: hasta los que parecen más inofensivos terminan por hacerte sudar tinta. Allá van:

1. La casa y el cerebro. Edward Bulwer-Lytton. Impedimenta. Considerada una pieza maestra de la literatura sobrenatural, esta endiabladamente aterradora fábula de fantasmas cautivó al propio Lovecraft. En ella un hombre decide pasar la noche en una casa encantada en Londres, junto a su criado y a su perro. Allí es testigo de espeluznantes apariciones y descubre que en sus dependencias se cometieron crímenes atroces años atrás. Todo el mal parece irradiar de una de las habitaciones que, aunque en apariencia está vacía, acoge la voluntad de un ser maligno.

La casa y el cerebro

La casa y el cerebro

2. El caso de Charles Dexter Ward. Howard Phillips Lovecraft. Acantilado. Charles Dexter Ward decide buscar los rastros de un misterioso antepasado llamado Joseph Curwen. En su investigación, se encuentra con fuerzas insospechadas y terribles, que le acarrearán consecuencias nefastas. Esta novela clásica de terror, bien sazonada con vampirismo, golems, conjuros, espectros e invocaciones, nos advierte entre lineas de un peligro tan real como transcendente: «No invoquéis nada que no podáis controlar».

El caso de Charles Dexter Wax

El caso de Charles Dexter Wax

3. El Santuario del Diablo. Marie Hermanson. Alevosía. Max está internado voluntariamente en una lujosa clínica en un enclave privilegiado de los Alpes suizos. Daniel, su hermano gemelo, recibe una carta en la que le invita a visitarle para pasar unos días juntos en ese entorno idílico. Una vez juntos, Max le pide a Daniel que le suplante un par de días para poder solucionar un asunto, y él acaba cediendo. Pero pasan los días, Max no vuelve y empieza la pesadilla para Daniel. Poco a poco descubrirá que el marco ideal que recorría días antes no es tan ideal como pintaba, y que los lugareños y gentes que le rodean resultan ser lo opuesto a lo que parecen. Una novela de suspense tan adictiva como sobrecogedora.

El santuario del diablo

El santuario del diablo

4. El Resplandor. Stephen King. Debolsillo. El terror literario tiene nombre -Stephen King-, y una de sus cimas es El Resplandor. Se haya visto o no la adaptación al cine de Kubrick, la novela es estremecedora e inquietante de principio a fin. En ella un escritor, su mujer y su hijo se mudan a un hotel asilado en las montañas para cuidar el recinto hasta el deshielo al final del invierno. Pero el pequeño Danny tiene un don que despierta fuerzas diabólicas y advierte del peligro que les acecha. Una obra maestra con horrores a cada salto de línea.

El resplandor

El resplandor

5. La maldición de Hill House. Shirley Jackson. Valdemar. Uno de los relatos más estremecedores e inquietantes que le he echado a mi bibliofilia en la última década. Narra el inquietante experimento de John Montague que, en su empeño de escribir un libro sobre fenómenos en casas encantadas, decide alquilar Hill House, una mansión solitaria y de siniestra reputación. Además escoge a un grupo de ayudantes para pasar juntos una temporada en Hill House. Son la desdichada Eleanor, que esta desquiciada tras pasarse media vida cuidando de su arisca madre inválida; la alegre y curiosa Theodora, seleccionada por su increíble capacidad telepática; y Luke, vividor y mentiroso, incluido por exigencia de la propietaria, su tía. El objetivo: dejar constancia de cualquier fenómeno paranormal para documentar el libro de Montangue. Sobre las alucinantes experiencias que vivirán durante su estancia en la casa… mejor callar y leer. Solo diré que Shirley Jackson no da tregua y ya no solo es que tiene un endemoniado talento para alternar escenas cotidianas con fenómenos aterradores, sino que además se guarda muy mucho de dar pistas acerca del origen del mal de Hill House.

La maldicion de Hill House

La maldición de Hill House

6. El apartamento 16. Adam Nevill. Minotauro. Adam Nevill recupera la tradición anglosajona de la casa encantada y la convierte en un elegante edificio de apartamentos londinense llamado Barrington House, donde el espacio es el personaje más terrorífico de todos. Allí hay un apartamento vacío. Nadie entra, nadie sale. Y así lleva cincuenta años. Hasta que una noche el vigilante oye ruidos y decide investigar. Lo que experimenta allí le marca para siempre. Poco después la joven Apryl llega a Barrington House desde EEUU tras heredar un apartamento de su tía abuela Lillian, fallecida en extrañas circunstancias, de la que se rumoreaba que estaba loca y cuyo diario da cuenta de un horrible suceso. Apryl descubrirá no solo que hay un mal que transforma a la gente y que aún habita en Barrington House, sino que la puerta del apartamento 16 es el acceso a algo mucho más terrorífico.

Apartamento 16, Minotauro

Apartamento 16, Minotauro

Mis reginaexlibrislandiana asidua se llevó los tres primeros, y el reginaexlibrislandiano en potencia los tres últimos. Han quedado en leerlos, intercambiarlos y comentarlos entre ellos y conmigo. Se admiten apuestas, pero yo sé que ellos saben y que nosotros sabemos que una y otro pasarán unos cuantos ratos de órdago. Palabra de Regina ExLibris.

Confesiones de una groupie de Tom Ripley

Mea culpa. Soy patriciahighsmithiana hasta la médula. Y más aún, soy una groupie de Tom Ripley. Ay, ese hombre es mi debilidad. Daría hasta el último pelo de mi pelucón por pasar una temporadita con uno de los psicópatas más logrados de la literatura, un joven diabólicamente brillante, amoral, camaleónico y obsesionado con el estatus y el dinero. Ya nos visualizo a los dos quemando la Costa Azul a lo Bonny&Clyde.

Plein soleil / 1960

Plein soleil / 1960

Os digo esto porque hoy le cayó la perorata a uno de mis libreros, cuando me contó que a su mejor amiga no le gustó nada el personaje de Ripley.

Para colmo, su fuente no era la novela original A pleno Sol, ni tan si quiera la adaptación francesa homónima  de 1960… ¡su fuente era la versión que Anthony Minghella destrozó fotograma a fotograma en 1999! (Perdonadme, queridos, pero para mí Alain Delon ES Ripley. Por los siglos de los siglos).

Pero volvamos al personaje y las filias y las fobias que despierta. Vale, él es un asesino y un ladrón. Sí. Se mete en situaciones turbias. También. Pero más allá de crímenes, criminales y moralinas el interés que Patricia Highsmith focalizó en Ripley –y el mío propio- es el engranaje psicológico del malhechor, sus motivaciones, y no tanto lo que siembra o cercena a su paso. Eso son menudencias.

Plein Soleil 1960

Plein Soleil 1960

Y mi antihéroe, queridos, posee una determinación y un extraño encanto que ponen a cualquier lector de su parte y a mi postrada a sus pies calzados con zapatos de otro.

Mi Tomy es el protagonista de cinco novelas de un quinteto magistral, que arranca con A pleno sol (más tarde El Talento de Mr. Ripley). En ella, cuando un magnate le pide que viaje a Italia para devolverle a su heredero descarriado, Ripley inicia un baile de máscaras en el que el asesinato y la suplantación son, además de una ausencia total de empatía con las víctimas, sus señas de identidad. Y todo eso engarzado en una prosa a ratos frenética a ratos letárgica, que es marca de la casa.

Después llegarían cuatro obras más: La máscara de Ripley; El amigo americano; Tras los pasos de Ripley; Ripley en peligro.

En todas y cada una de ellas Tom Ripley es exquisito, impenetrable, audaz, insolente y con algún que otro estallido de violencia, sin ápice de remordimientos y capaz de ejecutar a cualquiera con una eficiencia feroz por la pura necesidad de ser otro. Ahí radica su encanto.

Tom Ripley

Tom Ripley

Bueno, radica ahí y en que la de la Highsmith es ficción de suspense, no policiaca, negra ni detectivesca: en sus historias hay intriga, crímenes y víctimas, pero no hay héroes justicieros ni callejones sórdidos.

Porque Patricia Highsmith te sumerge en una atmósfera cargada donde la sospecha te envuelve como una masa viscosa de la que no logras desprenderte. Estás atrapado hasta el final junto a un personaje cercado por la policía, por acreedores, por sus vecinos, por sus obsesiones o por a saber qué demonios. Pero ¡qué más da! De tener que sentirme atrapada en un entorno asfixiante, ¿con quién mejor que con mi Tom Ripley?

Y eso sin olvidar la exquisita dosis de humor perverso y ácido 100% Patricia Higsmith que aligera la carga y descongestiona el ambiente, de forma que el lector se divierte mientras comparte el tormento del personaje al que acompaña hasta el punto y final. ¿Es o no es un planazo libresco este que os propongo?

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¿Te crees inmune a una sesión de mi biblioterapia de risas?

¿Qué puede ser más efectivo que una buena carcajada para ayudar a pasar por el gaznate un mal trago vital? Nada, excepto que seas reginaexlibrislandiano.

(Katherine Hepburn / Paramount)

(Katherine Hepburn / Paramount)

En ese caso que un libro detone la catarsis intensifica la cualidad terapéutica de la risa, porque también alimenta la bibliofilia. Algunos son conscientes y vienen a pedirme libros que les hagan reír. En cambio otros se adentran en mis confines en “modo joven Werther“: apesadumbrados, llorosos, derrotados y sin saber que la respuesta a su malestar emocional es tan simple como abrir el ejemplar adecuado y reírse a librazos.

Por eso siempre tengo a mano y actualizada lo que en su día denominé la biblioterapia de risas by Regina ExLibris. Consiste en prescribir una serie de títulos específicos para estados carenciales de alegría y episodios de apatía congénita. También son adecuados para prevenir depresiones, desconectar de una rutina plomiza y recuperar la armonía con el entorno.

Su consumo es apto en dosis son ilimitadas y su ingesta masiva no produce efectos secundarios más allá de ataques de risa, espasmos, lagrimones y sonoras carcajadas, o quizás alguna que otra situación incómoda, especialmente si se consumen en espacios públicos.

Son lecturas que no producen somnolencia, reactivan las ganas de vivir y son 100% efectivos salvo en un único supuesto que ya en su día tipificó Oscar Wilde:

Hay que tener un corazón de piedra para no morirse de risa ante ciertas páginas“.

Así que, queridos, aquí os dejo mi nueva selección de esas “ciertas páginas” de las que hablaba Oscar Wilde. Son 6 novelas para reír y pasar páginas, y en ellas la carcajada acecha a cada salto de línea:

1. Pero… ¿quién mató a Harry? Jack Trevor Story. Alba. Verano, campiña inglesa, mariposas, tardes somnolientas, luz estival, noches estrelladas cargadas de magia y de quietud… y un cadáver abandonado en el bosque que parece no encontrar su lugar de descanso porque cada vecino y visitante que se topa con él lo desentierra para enterrarlo después en otro rincón a fin de autoinculparse del crimen. Cada cual tiene sus motivos, no para haber matado al difunto, sino para querer cargar con el muerto. Así que aquí lo que sobran son sospechosos y lo que tiene entre manos el lector es una hilarante vuelta de tuerca a los mecanismos del género policiaco y una comedia negra cargada de ironía y de humor inglés del bueno que Hitchcock filmó en 1955.

Pero ¿quién mató a Harry?

Pero ¿quién mató a Harry?

2. Caída y auge de Reginald Perrin. David Nobbs. Impedimenta. Hay muchas razones por las que sugiero esta novelita desternillante, pero como tengo que ser escueta, me quedo con éstas: es una buenísima novela editada de forma impecable con la que cualquier lector, además de disfrutar y empatizar con el protagonista, se reirá a carcajadas. Y porque su autor, David Nobbs, levantó en torno a Reginald Perrin uno de los artefactos narrativos más irreverentes, agridulces y divertidos de las letras anglosajonas contemporáneas, que inspiró una adaptación televisiva homónima.

Reginald Perris

Reginald Perris

3. La Tía Mame. Patrick Dennis. Acantilado. No concibo que nadie pueda leer este libro sin haber soltado más de una carcajada ni caer rendido a los pies de uno de los personajes más carismáticos, divertidos, imprevisibles, glamurosos y entrañables de las letras anglosajonas. Creado por Patrick Dennis, alias Edward Everett Tanner III, y publicado en 1956 tras varios rechazos editoriales, reventó las listas de ventas de EEUU y cuenta cómo tras quedar huérfano a los 10 años el joven Patrick conoce a su tutora en su mansión neoyorquina justo antes del crack del 1929. Lejos de ser una solterona al uso, la tía Mame es una criatura divina y magnética con más pájaros en la cabeza que plumas en su boa pero con las cosas muy claras y encanto y tozudez a prueba de bombas y declives bursátiles. Por eso, el huerfanito no tarda en adorar a esta viuda chispeante, bífida y deshidratada, para quien las 9 am son “la mitad de la noche”. Rica, deslenguada y estilosa hasta lo imposible, tiene tanto fondo de armario como registros dramáticos, y las peripecias que vivirán sobrino y tía no tienen desperdicio. Muy, muy divertida.

La Tía Mame

La Tía Mame

4. Elling, el baile de los pajaritos. Ingvar AmbjØrnsen. Nórdica. Elling posee mucha vida interior y una ajetreadísima imaginación que le muestra una realidad ligeramente distinta a la que perciben los demás. Creció aislado y superprotegido por su madre, así que cuando ella muere se queda descolocado y lo instalan en un “centro recreativo”, que en realidad es un psiquiátrico. De ahí saldrá tras un periodo de adaptación para compartir un piso tutelado en Oslo junto a su único amigo, un gigantón que es su contrapunto en todos los sentidos, y asistiremos entre otras muchas y desternillantes batallas a su affaire imaginario con una de las enfermeras. También narrará sus peripecias en un divertidísimo viaje a Benidorm, el paraíso del turista nórdico, donde todo será nuevo para él. Una comedia conmovedora e hilarante donde la diferencia es sinónimo de ingenio, de humor, de ternura y de inteligencia.

Elling, el baile de los pajaritos

Elling, el baile de los pajaritos

5. A la caza del amor. Nancy Mitford. Libros del Asteroide. Nancy Mittford utiliza la búsqueda del amor verdadero de Linda Radlett para pintar con palabras el fresco de una familia de la aristocracia británica de entreguerras, de la que ella y su clan fueron parte esencial. Una típica casa de campo, maratones sociales, personajes estrafalarios y mucha gente con clase y bastante mala baba son los ingredientes de este martini bien seco al que Mittford añade una aceituna rellena con un afiladísimo ingenio, que es marca de la casa Mitford. Una novela vibrante y mordaz, que es un fresco en tres dimensiones de una época, un entorno y sus gentes.

A la caza del amor

A la caza del amor

6. La excursión. Beryl Bainbridge. Ático de los Libros. Freda es rubia, pesa cien kilos y tiene un rostro angelical, un genio endiablado y una tozudez extrema. Brenda, su apocada compañera de piso, la sobrelleva con resignación. Se conocieron el día que Brenda abandonó a su marido y la engatusó para entrar juntas a una fábrica italiana de botellas. Y allí están, en un trabajo tedioso, rodeadas de operarios italoparlantes y cada una batallando en su frente: Freda a la caza del sobrino del dueño, y Brenda esquivando manos que tratan de sobarla por doquier. Si el día a día ya es surrealista, todo se complica cuando Freda decide organizar una excursión a Windsor para todos los trabajadores -sin sus parejas- con el objetivo de intimar con Vittorio. La preparación del evento, la llegada del “día D” y como puede llegar a complicarse una sencilla actividad lúdico-campestre aderezada son las claves de una divertidísima novela cargada con un humor a veces negro y a veces surrealista, pero siempre inteligente.

La excursión

La excursión

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“Busco un libro sobre un marrano, los nazis y un club de libros”

Teníais que haberme visto echando el cierre en la librería. La bibliofilia me rezumaba por los poros, mi pelucón irradiaba destellos dorados y caminaba entre vaporosa y ausente con esa sonrisilla pícara y radiante que me daba la vuelta a la cara y que delata que algo muy bueno me acababa de pasar.

(Lana Turner / MGM)

(Lana Turner / MGM)

Y es que si no es suficiente regalazo del destino esta forma de vida tan de libro que llevo hay momentos en que la Providencia Librera decide compensarme por vete tú a saber qué, y me da la oportunidad de desempolvar algún título de esos que adoro pero que nunca fueron un bestseller y a los que me aferro reservándoles un hueco en reginaexlibrislandia aún a costa de mi cuenta de resultados.

El caso es que estaba yo moviendo cajas y preparando devoluciones totalmente sobrecafeinada cuando un reginaexlibrislandiano no asiduo se materializó ante mí. Era un tipo enorme, que vestía todo de verde salvo por una gorra amarilla, y que iba tan cargado de bolsas que respiraba con dificultad.

Mientras yo miraba tranquilamente a este simpático árbol de navidad que acababa de germinar de forma espontánea en el parquet de reginaexlibrislandia en pleno julio, él recuperaba el resuello e iba soltando una a una y con delicadeza sus bolsas por mi mostrador. Cuando acabó me miró, carraspeó y dijo:

Cliente: Buenos días. Perdona que te haya invadido la mesa, pero necesitaba descargar un momento.

Regina ExLibris: Tranquilo, caballero, está usted en su casa.

Cliente: Llevo toda la santa mañana de compras y recaditos, y por suerte esta es la última etapa de mi tour.

Regina ExLIbris: ah, ¿y le puedo ayudar en algo?

Cliente: Sí, en dos cosas. La primera es… bueno, por favor tutéame.

Regina ExLIbris: ¡Ja, ja, ja! Lo intentaré. ¿Y la segunda es..?

Cliente: Me da un poco de apuro. Quiero una novela de la que le hablaron a mi mujer, que está enferma y no se puede mover. Lo está pasando mal y sé que… bueno, da igual. Que busco un libro sobre un marrano, los nazis y un club de libros.

Regina ExLibris:  ¿Cómo? ¿Perdona?

Cliente: Lo que oyes. Necesito encontrar un libro que va de un marrano, un club de libros y con nazis. NO te puedo decir más.

Regina ExLibris:  Mmmm

Cliente: Sé que es poca información, pero…

Aquí dejé de escuchar lo que el buen hombre me decía. Yo ya tenía la mirada vuelta hacia mi bibliofilia, el ceño fruncido y me repetía entre susurros y como conjurando un viejo hechizo “Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros”.  Mientras él seguía hablando…

Cliente: … es la cuarta librería a la que voy y nadie pudo ayudarme. Yo entiendo que son pocas pistas, y bastante rarito suena lo que digo, pero es todo lo que…

“Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros; Marrano, Nazis, Club-de-libros…. ¡LO TENGO! ¡ CLARO QUE SÍ, ES GUERNSEY!”

Cliente: ¿Qué dices?

Regina ExLibris: Ya sé qué libro buscas. Es La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. Es de Mary Ann Shaffer -aunque lo terminó su sobrina Annie Barrows caundo la tía enfermó-, y lo edita RBA.

Cliente: ¡No me jodas! PERDÓN. ¿En serio? ¿Es ese? ¿Segura? Menudo título, ¿no?

Regina ExLibris:  Sí, y no sé cómo no he podido caer antes porque es uno de mis libros favoritos. Y, efectivamente, aparece todo lo que decías. Imagínate el Londres tras la IIGM. Allí vivía una escritora que buscaba como loca material para una nueva novela porque estaba en

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

blanco. De pronto recibe una carta remitida desde la isla de Guernsey en la que un desconocido le dice que ha caído en sus manos un ejemplar de un libro que le perteneció a ella antes de la guerra. Como en su pueblo hay escasez de todo, le pide que le busque unos libros y se los envíe. Así arranca una correspondencia a la que se suman después otros vecinos y le cuentan cómo, entre otras cosas, un cerdo y un pastel de piel de patata les sirvieron de tapadera para dar esquinazo a los nazis en plena ocupación y poder saltarse el toque de queda para reunirse y leer y comentar novelas. Ella se decide a conocer a esa gente tan extravagante y bibliófila y lo que parecía un simple y anecdótico viaje a una Isla próxima a las costas de Normandía termina por cambiarle la vida. Es una auténtica delicia: es divertida, es entrañable, esta cargada de referencias a libros y de amor por la literatura, se lee muy rápido y es un canto a la vida y a la ficción. Acabas con una enorme sonrisa en la cara, de verdad. Pero, ojo, es de todo menos ñoño.

Cliente: Tal y como lo cuentas me dan ganas de leerlo hasta a mi. ¡Dime que lo tienes!

Regina ExLibris:  Sí, espera, ahora te lo traigo. No es muy fácil de encontrar y cíclicamente se acaban los ejemplares en circulación. Pero es de esos que me empeño en tener…

Cliente: ¡Gracias! Ojalá pudiera teletransportarme a casa para poder dárselo ya. ¡No lo va a creer! ¡Y ella se lo merece TODO!

Y se fue con sus bolsas y un paquetito más. Uno que contiene una pequeña gran novela epistolar absolutamente mágica. Uno de esos libros sobre libros que lo tiene todo: unos personajes entrañables, algo excéntricos, muy divertidos y apasionados por la lectura; una historia tan sencilla como cautivadora, de esas que sabes que tiene más de realidad que de ficción y que te sugieren otras lecturas para engrosar tu mapa de constelaciones literarias. Y una lección vital con mayúsculas. Si no os lo habéis leído dejar lo que estéis leyendo y corred a por un ejemplar.

Tanto para quienes hayáis leído La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey como para los que aún no, os comento que tiene muchas semejanzas con otra delicia bibliófila: la mítica 84 Charing Cross Road, de Helene Hanff, y de la que os hablé hace muucho. Palabra de Regina ExLibris.

9 libros para rendirse al turbio encanto de las road novels

Mira que vivo de espaldas a lo real y atrincherada entre anaqueles fortificados con literatura, pero a veces la vida retoma el asedio a mi reginaexlibrislandia. Entonces mi

(Los Ángeles de Charlie / Sony Pictures Tv)

(Los Ángeles de Charlie / Sony Pictures Tv)

bibliofilia se repliega, dejo organizadas las defensas y definida la estrategia de reconquista, mientras huyo de un portazo, me atuso el pelucón, salto a mi Mustang y le meto gas para coger carretera y manta quemando el asfalto y con el maletero cargado de road novels hasta el motel más próximo.

Allí, a salvo de lo real y de la cruenta batalla, devoro de forma compulsiva ficciones de viajes sin rumbo ni posibilidad o voluntad de retorno, polvo y asfalto, excesos, gasolineras solitarias, máquinas de hielo oculta-cadáveres, piscinas en forma de riñón, café aguado, prófugos, paisajes desolados, lugares sórdidos y un maldito desconocido cuya mirada asoma vigilante cada dos por tres a tu retrovisor. También hay otra variante, la de un viaje sobre ruedas sin mapas, pero con un destino -el propio- por conquistar.

Sean del tipo que sean la verdad es que yo siempre empiezo por las tres que considero los pesos pesados del subgénero de las “road novels”, todas ellas made in USA y todas editadas en España por Anagrama: En el camino (Jack Kerouac), Miedo y Asco en las Vegas (Hunter S. Thompson) y Lolita (Nabokov).

Road Novels Anagrama

Road Novels Anagrama

En el camino, redactada entre 1948 y 1951, publicada en 1957, y escrita como monólogo interior narra los viajes en Cadillacs y Dodges desvencijados que Kerouac y los suyos hicieron por EEUU y México, y que contribuyó a la mitificación de la ruta 66. Alcohol, orgías, droga, vidas al límite y desolación, y el retrato de una América subterránea, auténtica y desinhibida en una crónica de los protagonistas de la generación beat.

Miedo y Asco en las Vegas tiene un origen casi anecdótico: cuando a H.S. Thompson -padre del periodismo gonzo en el que el plumilla es parte activa de la trama que narra- le envían a cubrir un rally en Nevada él decide ir con su abogado samoano en pos del sueño americano a Las Vegas en un descapotable rojo y con el maletero cargado de droga. Así escribe cómo, puestos de todo hasta las trancas, la pareja será muy pronto la pesadilla de casinos, policías y turistas, en una orgía de más de 72 horas de acción delirante y frenética.

Y finalmente la controvertida y genial Lolita, en la que un profesor de mediana edad que vive obsesionado por Lolita, una niña más perversa que inocente y plenamente consciente de su poder sobre él. Pronto Humbert Humbert sucumbe a su malsana atracción, y cuando muere su mujer arrastra a Lolita al asiento de su coche prometiéndole mil maravillas e iniciando un periplo por carreteras de EEUU. Un retrato ácido y visionario de los Estados Unidos, de los horrores suburbanos y de la cultura del plástico y del motel.

Y una vez repasadas estas tres indispensables, incorporo nuevos títulos de novelas de carretera y manta de la cosecha reginaexlibrislandiana por si con alguna de ellas -o con todas- logro que os rindáis al turbio encanto de las road novels:

1. Goodbye Berlín. Wolfgang Herrndorf. Siruela. Independientemente de tus inclinaciones bibliófilas, no dejes de leer el revelador relato del loco verano de dos adolescentes marginados al volante de un destartalado coche azul con el que viajan desde Berlín a Valaquia para dejar atrás una realidad que los aplasta e ir tras sus sueños. Aventuras, risas, derroche de picaresca para ir tirando, carreteras secundarias, persecuciones, personajes magnéticos, parajes surrealistas y una historia narrada con sencillez en la que uno se deja atrapar de principio a fin.

Googbye Berlin, Alevosía

Googbye Berlin, Alevosía

2. Viajes con Charley. John Steinbeck. Nórdica. En 1960 John Steinbeck tuvo una revelación dolorosa: llevaba décadas narrando la entraña de su país y de las gentes que lo poblaban, pero ¿de verdad lo conocía? Como sabía la respuesta -desconocía la mayor parte de EEUU salvo por cuanto leía en libros y diarios- decidió emprender su particular odisea estadounidense. Así que cogió a Charley, su perro, y se puso al volante de Rocinante, su autocaravana y juntos recorrieron 16.000 kilómetros atravesando una treintena de estados. De esa experiencia surgió uno de los libros más exquisitos y reveladores del premio Nobel. Solo tiene una pega: apenas alcanzada la página 20 ya te dan ganas de hacer el petate, buscarte una Rocinante y tirar millas.

Viajes con Charley, Nórdica

Viajes con Charley, Nórdica

3. Carreteras secundarias. Ignacio Martínez de Pisón. Booket. Un adolescente y su padre viajan por la España de 1974. Su única posesión es el Citroën Tiburón en el que viajan por los pueblos costeros alquilando apartamentos en urbanizaciones veraniegas, desiertas e inhóspitas en temporada baja. Esa es su vida. Sin embargo algo empieza a cambiar para ellos cuando se adentran hacia paisajes de interior llegado el invierno. En su periplo de asfalto y sin rumbo fijo, padre e hijo descubren todo tipo de cosas, no solo relativas a las gentes, los ambientes y hasta los negocios y garitos turbios con los que se topan, sino sobre lo que les rodea y sobre sí mismos.

Carreteras secundarias, Booket

Carreteras secundarias, Booket

4. Volga Volga. Miljenko Jergovic. Siruela. Todos los viernes Delal Pljevljak se pone al volante de su Volga M24 para recorrer los 116 Km que separan su casa en la costa dálmata, de Livno, Bosnia, para llegar a la oración semanal en la mezquita. Un día una repentina nevada le obliga a detenerse en un pueblecito, y allí su vida cambiará para siempre. Años más tarde, cuando Bosnia sufre una de las fases más dramáticas de su guerra civil, un director de documentales intenta aclarar las incógnitas del fatídico día de Año Nuevo en el que Delal Pljevljak se convirtió, a su pesar y con su coche, en el protagonista de uno de los más controvertidos episodios en los albores del conflicto.

5. Carol. Patricia Highsmith. Anagrama. Imbuida del talento de Patricia Highsmith para urdir tramas cargadas de suspense con personajes magnéticos, Carol es una de las grandes cimas de la escritora norteamericana. En ella, la tediosa rutina de una joven escenógrafa con un empleo precario en unos grandes almacenes estalla por los aires con la visita de una elegante y misteriosa mujer a la que atiende tras el mostrador. La atracción es mutua y ese instante desencadena una historia de seducción, de aceptación y de una amor ardiente que se consuma en un viaje sin retorno por carretera que pone patas arriba la vida de ambas a un precio que, aunque elevado, las dos están dispuestas a pagar.

Carol, Anagrama

Carol, Anagrama

6. El oscuro camino hacia la misericordia. Wiley Cash. Siruela. Wade Quillby es un perdedor, un tipo sin blanca y sin futuro que abandonó a sus dos hijas unos años atrás. También es un forajido implicado en el robo de un furgón que transportaba catorce millones de dólares. Pero la noche en que irrumpe en la casa de acogida donde viven las niñas y huye con ellas a través de las infinitas carreteras de Carolina del Norte, solo es un hombre desesperado que quiere tener una nueva oportunidad como padre. Sin embargo, ni el tutor legal de las niñas ni un ser vengativo que quiere verlo muerto a toda costa esperan que Wade pueda ganar la carrera a su pasado. Una gran road novel a medio camino entre Matar a un ruiseñor y la Carretera, de Cormac McCarthy.

El oscuro camino hacia la misericordia, Siruela

El oscuro camino hacia la misericordia, Siruela

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis alguna de esas road novels? ¿Qué otros títulos de carretera y manta sugeriríais? 
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¿Por qué debería leer La verdad sobre el caso Harry Quebert?

Cuando un reginaexlibrislandiano se adentra en mi librería pueden plantearse tres escenarios distintos. Que sepa qué libro quiere leer y me lo pida. Que no tenga claro qué puede leer y se encomiende a mis prescripciones. O que la Providencia Librera esté acosándole para imponerle una lectura a la que él se resiste por un motivo u otro.

(Damned Don’t Cry / Warner Bros.)

(Damned Don’t Cry / Warner Bros.)

En este último caso acude a mi para que le libere, bien sugiriéndole que baje los brazos y lea el libro, bien reforzando su resistencia y contribuyendo a que le de el esquinazo definitivo a ese título acosador. Aquí la presión pasa directamente de su bibliofilia a mi pelucón, y en décimas de segundo debo pronunciarme sobre la idoneidad de ese libro para ese reginaexlibrislandiano.

Y, claro, eso es es justo lo que me ha pasado hace un rato, cuando un reginaexlibrislandiano entró y me disparó sin titubear:

Cliente: “Oye, Regina ExLibris, ¿Por qué debería leer La verdad sobre el caso Harry Quebert? Llevo resistiéndome desde que salió, ya lo sabes, pero es que entre que no paran de recomendármelo y que lo sigo viendo hasta en la sopa… ya no sé qué demonios hacer. ¡Me persigue!”

Regina ExLibris: No te resistas, querido. Léelo ya, sí o sí. No esperes literatura con mayúsculas, eso es cierto, pero te aseguro que estarás literalmente pegado a las 670 páginas. Es una de esas novelas de “absorción rápida”, porque una vez lo empiezas no puedes parar de leer. Y cuanto más avanzas, más quieres. Es entretenido y te mantiene en jaque hasta el final. Un final que, por cierto, no ves venir.

Cliente: Pues entonces ya está todo dicho, Regina. Me lo llevo. Estaré unos días fuera y se va a venir conmigo. Todo sea que lo lance al agua ¡ja, ja, ja!

Regina ExLibris: Ya me contarás después, pero dudo que acabe en remojo. Que conste que en su día yo también tuve mis recelos… pero al final caí en la trampa del amigo Joël Dicker. Me enganchó y el desenlace me pilló por sorpresa. Ese es su logro. Me lo ventilé en un fin de semana y fue una lectura antioxidante. Palabra de Regina ExLibris

Y se fue con su ejemplar bajo el brazo. El sonido de la puerta al cerrarse me solidificó en el pelucón la certeza de que él volvería como harryquebertiano. Por dos motivos: creo firmemente que, más allá de las trampitas de la Providencia Librera, son los libros los que buscan a sus lectores. Y porque, queridos, La verdad sobre el caso de Harry Quebert (Alfaguara) es una muy buena novela.

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Harry Querbert

Harry Querbert

Atrévete a intentar adivinar quién mató a Nola Kellergan, pero el taimado Joël Dicker no te lo va a poner fácil. A través de la relación entre dos escritores –Harry, una gloria literaria nacional con un único libro publicado que se dedica a la docencia; y Markus, su joven discípulo que tras un éxito aplastante con su debut está bloqueado y no logra ni escribir ni salvar el cerco de un editor rapaz que lo presiona y amenaza- nos adentramos en el misterio de la desaparición de una menor años atrás en Aurora, una localidad de New Hampshire.

La trama detona cuando encuentran los restos de Nola en el jardín de Harry Quebert. A partir de ahí el ídolo cae en desgracia y Markus decide llegar al fondo de todo para salvar a su maestro y para armar con la verdad su nuevo bestseller. Y así es como inicias como lector una trepidante caída en espiral donde nada es lo que parece y donde cada dos por tres te sientes como el conejo al que Dicker sorprende abrasándole las retinas con las luces largas. Ritmo frenético, escenas y diálogos de corte cinematográfico, un toque cómico con la impagable madre telefónica de Markus y un final de órdago al que llegas sin saber muy bien cómo.

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“Mejor me aireo con Los Ángeles del Infierno”

Si no encuentro referencias literarias para reinterpretar en clave de novela situaciones cotidianas me colapso. Así de extrema es mi bibliofilia y así de mal me sienta la vida más allá de mis anaqueles.

(Salvaje / Columbia Pictures)

(Salvaje / Columbia Pictures)

Lo bueno de eso es que almaceno bajo el pelucón más referencias librescas que pergaminos en la antigua Biblioteca de Alejandría. Lo malo es que cíclicamente me desborda tanta ficción pura contenida y necesito airearme con algo un poco más real y que a ser posible me desmonte algún que otro mito. Porque vivir en este estado de sobredramatización permanente me lleva a mitificarlo y novelizarlo prácticamente todo y a todos.

Pues bien, el otro día al echar el cierre de reginaexlibrislandia supe que era uno de esos momentos. Pero esta vez lo vi claro y me dije:

“Regina, tú lo que necesitas es vivir más. Paseos al aire libre, un poco de acción, algún tugurio, un puñado de tipos duros, mucho cuero, más tatuajes, alguna bacanal y una buena Harley para que se oxigene en el pelucón. Así que vuelve ahí dentro, coge el ejemplar de Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga, y date un buen baño de realismo gonzo cortesía del señor Hunter S. Thompson”.

Y eso hice. Y, queridos, ¡mano de santo! Un par de días después vuelvo con una resaca descomunal, grasa de moto hasta en los higadillos, el pelucón chamuscado y unas cuantas magulladuras, pero con la bibliofilia total y absolutamente regenerada y un renovado y voraz apetito por la ficción pura.

Vamos, que he tenido dosis de realismo y de chulazos sobre ruedas para una buena temporadita. Yo creo que para cuando logre despegarme de la epidermis los jirones de los vaqueros y la chupa quizá me plantee las siguientes vacaciones de no ficción. Pero ha merecido la pena, queridos. El libro es una clase magistral de tantas cosas que hasta yo perdí la cuenta. Palabra de Regina (o de lo que queda de ella).

Si os tientan los moteros, os enganchasteis a la serie Hijos de la Anarquía o en su día disfrutasteis con las legendarias  Salvaje (1953) o Easy Rider seguid mi consejo y haceros con un ejemplar. La experiencia lectora es abrumadora de principio a fin.

NOTA DE REGINA:

Más allá de un mito de celuloide, Hells Angels fueron la gran pesadilla del sueño americano, una panda de forajidos motorizados que atravesaba el país hasta las trancas de alcohol, droga y ácido, dejando a su paso regueros de sangre, muchachas violadas y cajas fuertes reventadas. Y si alguien sabe de qué iban sus orgías de violencia y excesos, ése es Hunter S. Thompson, que, fiel al género periodístico que él mismo acuñó, el gonzo, fue literalmente uno de ellos durante un año para contar, desde dentro, cómo se ve el mundo a lomos de una Harley.

Visceral, sobrecogedora y frenética, así es Los Ángeles del Infierno: una extraña y terrible saga (Anagrama), un viaje de ida al reverso más sórdido y salvaje del alma humana. Una odisea que refleja sin tapujos la bicefalía de la sociedad estadounidense de los años sesenta: la mentalidad conservadora y tradicional enquistada en la Guerra Fría frente a la actitud vital de nihilismo extremo de una generación de veinteañeros que, al saberse desclasados y sin opciones en el nuevo capitalismo rapaz, toman una carretera secundaria decididos a cumplir su lema a rajatabla: “Cuando hacemos el bien nadie lo recuerda; cuando hacemos el mal nadie lo olvida”. Una disección tan brillante, cruda y lúcida de uno de los últimos grandes “mitos americanos”. Los mismos que, sin entender muy bien cómo, pasaron en pocos años de temibles renegados a VIPs de las fiestas de la alta sociedad californiana. Y es que todo es posible en (norte)América.

Ángeles del Infierno, Hunter S. Thompson

Ángeles del Infierno, Hunter S. Thompson

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Los Ángeles del Infierno? ¿Qué os pareció? ¿Alguna otro libro de moteros que recomendéis?
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¡Bibliófilos del mundo, a por Los Miserables!

Es 14 de julio, soplan vientos revolucionarios en mi librería y si no lo digo reviento: hacernos un favor a mi y a vuestra bibliofagia y correr a pegaros un atracón con Los Miserables, de Victor Hugo.

Beauty's Lot, W. Humphrey

Beauty’s Lot, W. Humphrey

Sí, queridos, hoy. ¿Qué mejor momento? ¿Imagináis mejor excusa? Si hace 228 años ardió París y el pueblo en masa se echó a la calle, tomó La Bastilla y descabezó la opulencia con pelucón, talco y encajes en cascada vosotros bien podéis bramar  ¡AHOOOORAAAAA! y haceros con más de mil trescientas páginas de Literatura con Mayúsculas. A ser posible en la edición de Edhasa, eso sí, que a día de hoy es una de las mejores traducciones que pululan por los anaqueles.

No, queridos, no permitáis que las buenas gentes del cine, el teatro, la animación o los musicales inoculen en vuestro imaginario sus versiones tridimensionales para arrebataros una de las experiencias lectoras más alucinantes que la Providencia Librera tuvo a bien ofrendarnos.

Porque con Los Miserables Víctor Hugo pulverizó sus límites creativos y levantó a palabras un fresco emocional y realista de las entrañas y el corazón del París de finales del S.XVIII y principios del XIX poblado por personajes aplastados por la pobreza, la injusticia y las situaciones límite en plena convulsión histórica: la Revolución Francesa, el Imperio Napoleónico y la Restauración.

Los Miserables, Edhasa

Los Miserables, Edhasa

Y es en esa Francia que era una olla a presión desde el punto de vista político, social y espiritual, en la que Victor Hugo cocina a fuego lento una maravillosa historia de pasiones, sacrificio, misericordia, dignidad, redención, sueños quebrados y desamores mientras los parisinos buscan su identidad por entre los escombros de sus ideales y al pie de la recién inventada guillotina.

Este novelón es una clase magistral de literatura y de historia, y una impecable disección del alma humana. Una pieza colosal y absorbente, de esas que, además de conmover y de agitar conciencias por igual, te reconcilian con el universo.

Así que, reginaexlibrislandianos del mundo, mejor dejar lo que estéis haciendo y preparaos para emprender un viaje literario alucinante que NADIE debería perderse. Y menos aún vosotros. Y ahora os dejo que me voy a poner un ratito a desgañitarme con La Marsellesa ;P

  • Y vosotros, queridos, ¿leísteis Los Miserables? ¿Qué os pareció?
  • Nota de Regina: gracias a los amigos de El Desvelo por editar La vida me sienta mal, de Alberto Santamaría. Un ensayo exquisito sobre el Romanticismo con una portada gloriosa que me ha ilustrado visual e ideológicamente en este post.
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Si estás a dieta NO leas estas novelas

El leer y el salivar, todo es empezar… si das con la novelita adecuada, o si el autor destila entre líneas y a traición su pasión por la gastronomía. Os lo digo yo, que durante una convalecencia tuve la regia ocurrencia de pegarme un atracón de Pepe Carvalho.

(La Bride sur le cou 1961)

(La Bride sur le cou 1961)

Lo que empezó como un periodo de reposo aligerado con el gran Vázquez Montalbán acabó en un festival de capoeira extrema con mis sufridos custodios en plena madrugada. A ver, mi bibliofilia es débil, y si Carvalho se apañaba un Salmís de Pato a la 1am en La soledad del manager, ¡yo también! Y de postre unos callos ¡como no! Que con el tándem biblio-gastronómico Vázquez Montalbán – Carvalho rara es la página que no pasas sin salivar. Los que lo habéis leído sabéis de qué hablo, queridos. Aquellos que aún no estás carvalhizados ya estáis sobre aviso: mejor leer sus andanzas con la panza llena. Os lo digo yo, que aún hoy tengo a Carvalho alojado en mis cartucheras. Palabra de Regina ExLibris.

Pero ni Vázquez Montalbán es el único en aderezar sus tramas con despliegues gastronómicos ni fue esa la única vez que subestimé la capacidad de un libro para despertarme un apetito feroz en el mejor de los casos, y en el peor inocularme unos antojos de lo más extravagantes a golpe de línea. En concreto recuerdo tres: Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, La casa de Lúculo de Julio Camba y Charlie y la Fábrica de Chocolate, de Roald Dahl.

Si en Como agua para Chocolate (Debolsillo) la protagonista destila su pasión amorosa insatisfecha en exquisiteces culinarias, en La casa del Lúculo (Reino de Cordelia) una de las plumas más brillantes e irreverentes del periodismo español articula uno de los mejores y más serios ensayos sobre gastronomía aderezado con humor a mansalva sin perder un ápice de rigor. Y para el postre un clásico para todos los paladares, Charlie y la fábrica de chocolate, donde Willy Wonka logra que llegues al punto y final con una diabetes libresca de escándalo.

Lecturas para salivar, de Regina ExLibris

Lecturas para salivar, de Regina ExLibris

Y todo esto viene porque un reginaexlibrislandiano asiduo me llamó esta mañana para encomendarme una tarea que me dejó con la boca abierta:

Regina, necesito que me busques novelas relacionadas con la comida y con la cocina. Ya sabes, tipo Como agua para chocolate, pero no tan conocidas. Voy a montar un club de lectura temático para el verano. ¿Qué se te ocurre? Cinco o seis serán suficientes.

Así que aquí estoy, con la boca aún abierta y las tripas rugiéndome en dolby surround tras un rato de introspección regina bajo mi pelucón, pero con las seis afortunadas sobre mi escritorio. Abstenerse de hojearlas reginaexlibrislandianos a dieta:

1. Entre pólvora y canela. Eli Brown. Salamandra. Recién amarrada a reginaexlibrislandia estade maravilla biblioculinaria me ha tenido pegada al ejemplar de principio a fin. En ella los destinos de dos personajes antagónicos -una brava pirata y un cocinero viudo- se unen cuando la tripulación de la intrépida Hannah Mabbot secuestra a Owen Wedgwood, que acaba encerrado en la bodega del Flying Rose. Allí, o cocina un plato exquisito cada domingo a gusto de la corsaria, o muere. Sin apenas medios ni condimentos y en pie de guerra con las ratas, Owen se las ingenia para satisfacer el paladar de su captora mientras en cubierta suceden trepidantes aventuras de salitre y tinta. Una pequeña maravilla cargada de aventuras, de ron y de manjares que hacen salivar hasta a las calaveras.

Entre pólvora y canela, Salamandra

Entre pólvora y canela, Salamandra

2. El último banquete. Jonathan Grimwood. Alevosía. Jean-Marie, marqués d’Aumout, huérfano, soldado, diplomático, espía, amante y, sobre todo, chef. Con la Ilustración, Versalles en su ocaso y la Revolución francesa como telón de fondo, acompañaremos al marqués d’Aumout en su odisea gastronómica en pos de un objetivo: conocer el mundo a través de sus sabores. Para ello buscará de forma casi compulsiva nuevas sensaciones en el paladar, y cada una de sus recetas será una auténtica bomba sensorial y conceptual para sus comensales. Una trepidante y sorprendente aventura culinaria.

El último banquete

El último banquete

3. El último chef chino. Nicole Mones. Nabla Ediciones. Maggie enviudó y se deshizo de cuanto le recordara a su marido. Pero su esfuerzo por mantenerse ajena al dolor se desbarata cuando se entera de que él tiene una hija en China. Decidida a descubrir la verdad sobre su marido y con el encargo de escribir un artículo sobre un legendario Chef que vive su ocaso viaja al país asiático en plenas Olimpiadas de 2008. Así arranca una excepcional novela de intriga con un antiguo recetario, muchos secretos, algunos fogones y dos personas a quien les une más que lo que les distancia, pero sobre todo una monumental oda a la auténtica cocina china. Una pequeña novela sobre la más alta cocina china: la esencial.

El último chef chino

El último chef chino

4. Liquor. Poppy Z. Brite. El Tercer Nombre. Bienvenidos a Nueva Orleans, una ciudad tan decadente como magnética donde dos amigos chefs están tan hartos de encadenar trabajos cutres como decididos a abanderar el American Dream abriendo su propio negocio y petándolo. Y el día que les llega la inspiración saben que su momento ha llegado: abrirán un restaurante, El Liquor, donde solo servirán recetas cargaditas de destilados. Así, entre sus fogones, la panda de personajes que pueblan los garitos de la reina del delta del Misisipi, escenas entre truculentas y divertidas, y un buen puñado de recetas “alegres” Poppy Z. Brite hilvana esta farsa vertiginosa y de todo menos deshidratada que bien vale una leída.

Liquor

Liquor

5. El perfeccionista en la cocina. Julian Barnes. Anagrama. Seas o no devoto de Julian Barnes y seas o no “cocinillas” deberías echarte unas risas leyéndolo. Es la perfecta simbiosis entre el talento, la ironía y la capacidad de observación de un peso pesado de las letras anglosajonas con un eterno aficionado a la cocina que está orgulloso de sus aires de chef de andar por casa. La misión – casi siempre imposible- de calcular medidas, de controlar tiempos, de tomarle el pulso a los utensilios, de comparar con desánimo y frustración el resultado con la foto original del recetario y hasta de ese arte traicionero del emplatado son el via crucis del aficionado a los fogones domésticos. Una divertidísima confesión que a ratos te hará reír y a ratos salivar.

El perfeccionista en la cocina

El perfeccionista en la cocina

6. Recetas para amar y matar. Sally Andrew. Grijalbo. Tannie Maria vive sola en su granja sudafricana desde que enviudó. Es bajita, algo cotilla, regordeta y le apasiona comer, cocinar y escribir sus recetas en el periódico local. Pero para su desgracia un buen día sus jefes deciden que los lectores están más necesitados de consejos que de recetas. Ahí es donde ella, sagaz y tozuda, descubre que es capaz de hacer las dos cosas: mitigar las penas y sugerir platos para tal o cual estado vital. Y no solo eso, pronto deberá enfrentarse a un crimen real. Original reinterpretación del sabueso clásico en un original personaje hecho a retazos de Miss Marpple, Sherlock Homes, el Padre Brown, Brunetti y, como no, el más arriba citado Carvalho. Entretenida, divertida y no apta para quienes pretendan guardar la línea.

Recetas para amar y matar

Recetas para amar y matar

Y eso es todo por ahora, queridos. Bon Appétit!

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