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Crímenes con rigor químico: los venenos de Agatha Christie

Por Pilar Goya (CSIC), José Elguero (CSIC) y Pascual Román (UPV/EHU)*

Agatha Christie, veneno, talio, arsénico

La escritora británica Agatha Mary Clarissa Miller, más conocida como Agatha Christie, en una imagen de archivo. / Wikipedia

En las novelas de Agatha Christie (1890-1976) se puede morir de muy diversas formas, pero el veneno era sin duda su arma preferida, ya fuese un solo elemento químico o complejas sustancias naturales. La escritora plasmó en su obra los conocimientos de química que había adquirido en las dos guerras mundiales, al trabajar como enfermera en los dispensarios de los hospitales de Torquay y del University College de Londres, una experiencia que ayudó a que los protagonistas de sus historias fueran asesinados con mucho rigor químico.

En un libro sobre ella escrito por Kathryn Harkup, titulado A is for arsenic: the poisons of Agatha Christie, su autora analiza las novelas en las que el agente homicida es un veneno.

Agatha Christie se basaba generalmente en datos lo más exactos posibles en términos de disponibilidad y trazabilidad de sus venenos, que conocía bien por su trabajo en la farmacia. Hay que recordar que algunos elementos tóxicos como el arsénico y el talio estaban presentes en determinadas for­mulaciones médicas en los primeros años del siglo XX.

El elemento que más aparece en sus novelas es el arsénico, “el veneno de los reyes y el rey de los venenos”. Ocho personajes de cuatro novelas y de cuatro cuen­tos cortos mueren por ingerirlo. El arsénico es conocido como veneno desde la Antigüedad, aunque en realidad el agente letal no es el elemento puro, sino el trióxido de arsénico, que se absorbe más fácilmente por el organismo. Este compuesto no se disuelve en agua fría, pero sí en agua caliente, lo que lo hace muy apto para ser camuflado en infusiones.

Diversas traduccciones de obras de Agatha Christie. / Jour~commonswiki

Diversas traduccciones de obras de Agatha Christie. / Jour~commonswiki

Cuenta la leyenda que cuando Cleopatra decidió acabar con su vida ensayó distin­tos venenos en sus sirvientas, entre ellos el arsénico, pero al final optó por la mordedura de áspid (una especie de víbora) porque le pareció una muerte menos desagradable. El en­venenamiento por arsénico fue popular durante el Renacimiento, en particular entre los Borgia. Parece ser que añadían arsénico a las entrañas de un cerdo sacrificado y lo dejaban pudrir. Esa masa se secaba y el polvo resultante, llamado “la cantarella”, se incorporaba a la comida o bebida, de forma que lo que no hacía el veneno lo remataban las toxinas del animal. Entre las ventajas de esta sustancia estaba que, sorprendentemente, era bastante insípida y que los síntomas se confundían con los del cólera o la disentería. En general, el envenenamiento por ar­sénico puede identificarse erróneamente con causas naturales. Además, en la época en la que transcurren las primeras novelas de Agatha Christie era fácil comprar compuestos de ar­sénico en el Reino Unido, como herbicidas, matarratas e incluso tónicos que contenían este elemento.

Otro elemento venenoso al que hace referencia la autora británica es el talio, que aparece en su novela El misterio de Pale Horse. El talio es conocido como el “veneno de los envenena­dores” y también produce síntomas que pueden atribuirse a causas naturales. Christie solo utiliza el talio como veneno en esta novela, que trata de una organización criminal que ofrece ase­sinatos “a demanda”. El libro dio cierta notoriedad al talio, ya que en la fecha de su publicación, 1961, esta forma de enve­nenamiento era poco conocida, si bien en la novela de Ngaio Marsh, Final Curtain, escrita en 1947, ya aparece este elemento como veneno. El misterio de Pale Horse suscitó cierta polémica, ya que se sugirió que podía haber inspirado algunos asesinatos en la vida real pero, sin embargo, su minuciosa descripción de los síntomas del envenenamiento con talio fue útil para salvar algunas vidas.

El primer caso de un envenenamiento real con talio fue el de Molly Young, ocurrido en el Reino Unido en 1962, solo unos meses después de que se publicara la novela. Graham Young, autor de este crimen y otros más, negó haber leído la novela, lo que probablemente fuera cierto, ya que Young era un verdadero experto en venenos.

A favor de la novelista está otro caso real. En 1977, después de que ella hubiera fallecido, una niña de 19 meses fue llevada a un hospital de Londres con síntomas de una enfermedad extraña. La enferme­ra Marsha Maitland, que había leído El misterio de Pale Horse, sugirió que podía tratarse de un envenenamiento con talio. Se analizaron muestras en el laboratorio forense de Scotland Yard y se encontró efectivamente la presencia de este elemento. El ori­gen parecía ser un producto utilizado por los padres para aca­bar con cucarachas y ratas, al que la niña de alguna forma había tenido acceso y había ingerido. Finalmente, la pequeña se recuperó y en el artículo que apareció en el British Journal of Hospital Medicine los autores agradecen a “Agatha Christie sus excelentes descripciones clínicas y a la enfermera por mantenerles al día con la bibliografía”.

 

* Este post se basa en varios fragmentos del libro La tabla periódica (Editorial CSIC-Los libros de la Catarata), escrito por José Elguero Bertolini, Pilar Goya Laza (ambos, investigadores del Instituto de Química Médica del CSIC) y Pascual Román Polo (Universidad del País Vasco).

Relato ganador Inspiraciencia 2016: ‘Yo no creía en el Satori’

Por Mar Gulis (CSIC)

El certamen de relatos de inspiración científica Inspiraciencia, organizado por el CSIC, celebró ayer en Madrid la entrega de premios de su sexta edición. Compartimos aquí Yo no creía en el Satori, del valenciano Luis Neira Tovar, el relato que ha resultado ganador en la categoría ‘adulto’ en idioma castellano.


Yo no creía en el Satori

Luis Neira Tovar

Todo empezó cuando el yogui llegó al campus. No podía dejar de hacerse notar, sin duda con la intención de buscar prosélitos, con su aire de santón, sus túnicas chillonas y su barba patriarcal. Comenzó a pegar carteles anunciando un curso de meditación y ciencia. No podíamos consentirlo. ¿Qué podía decir aquel mamarracho sobre ciencia? ¡Bastante teníamos con un máster en Reiki en la Universidad! Así que fuimos a reventarle la sesión inaugural.

MeditaciónMe decepcionó comprobar que entre los asistentes se encontraba el rector y varios catedráticos, todos con su chándal y su esterilla. Se produjo un silencio respetuoso y el yogui comenzó ufanándose de haber desarrollado una serie de técnicas que permitían llegar a un control absoluto de la mente sobre la materia. Me chirrió tanto su palabrería que en seguida le interrumpí diciéndole que con la respiración no se podía cambiar la trayectoria de un planeta. El yogui no se alteró.

-No hay nada que no se pueda conseguir con un correcto estado mental.

-¡Qué locura!

-No es locura, sino ciencia. La meditación induce estados en los que se pueden generar ondas de diversa naturaleza. Se emplean las bases de la mecánica cuántica a partir de la hipótesis de De Broglie.

¿Qué estaba farfullando aquel loco? ¿Qué sabía él de mecánica cuántica? Era el típico vendedor de crecepelos que no sabe una palabra de lo que dice pero emplea vagamente conceptos científicos para justificar cualquier disparate.

-¿Pero qué sabes de De Broglie?

-¿Conoce usted la hipótesis de De Broglie?

-Por supuesto. – No era así, pero no me achanté. Sabía que estaba ahí, después de Plank y antes de Schrodinger, en los libros de química. Pero estaba seguro de saber más que él.

-Pues entonces entenderá que toda entidad del universo posee una dualidad onda-corpúsculo. Controlando las energías internas se puede expandir nuestro cuerpo en forma de radiación. Podemos entrar en comunión con el cosmos gracias a ello. De Broglie obtuvo la clave: la longitud de onda se obtiene a partir de la constante de Plank dividida entre el momentum de la partícula. La concentración que propongo controla el momentum y por ello la longitud de onda.

-Eso que dices son vaguedades.

-Si consigo detener todo movimiento en mi ser, al ser el momentum igual a cero y éste ocupar el denominador, ello hace que la longitud de onda sea infinita. Dado que la longitud de onda, para una velocidad de propagación “C”, es inversamente proporcional a la frecuencia, ésta tendrá que ser también infinita, y en consecuencia entrar en un estado de resonancia que permite expandir la mente y comunicarse con el universo.

-¡Qué disparate! ¡No puedes demostralo!

-Nunca he intentado llegar tan lejos como me propone, pero aquí hay reunidos muchos amigos a los que su obstinación está haciendo daño.

El yogui tomó una alfombrilla que tenía enrollada, la extendió en el centro de la estancia y quedó sentado en la posición de loto. Todos guardábamos silencio y podía sentir la inquina en las miradas de la concurrencia, pero me daba igual, yo estaba allí para defender la razón y la ciencia.

Los minutos transcurrían en la contemplación de aquel hombre estático y aquello comenzaba a ser incómodo. No pasaba absolutamente nada. Parecía que no respiraba, que su corazón ni siguiera latía. No movía ni un músculo. Empecé a imaginar cómo evolucionaría la situación si, pasadas unas horas, el individuo siguiera quieto.

Finalmente una sensación desasosegadora se comenzó a apoderar de todos. De repente hacía mucho frío y no había motivo para ello.

El frío emanaba del yogui. La barba se le empezaba a quedar escarchada. La piel se le azulaba. Era asombroso. De repente, el fenómeno se aceleró. Se formó una fina capa de hielo sobre la tez y, de golpe, todo su cuerpo se fracturó en mil pedazos haciéndose añicos, colapsando en una miríada de bloquecillos helados.
En medio de la estupefacción general, Damián me susurró al oído:

-Se equivocó al despejar la ecuación. La frecuencia no tendía a infinito, sino a cero. La energía interna de sus moléculas se ha hecho nula y ha bajado su temperatura hasta el cero absoluto.

-Pues ya me podrías haber avisado antes. Ahora ya no podemos rebatirle.

El caso es que, siendo aquello tan extraño y no teniendo a nadie más a quien culpar, me acusaron a mí de homicidio y no sé de cuántas cosas más. Después de todo, el yogui no sabía tanta física, pero el secreto de cómo era capaz de controlar hasta ese punto cada átomo de su ser se lo ha llevado a la tumba. Todavía recuerdo, antes de que me prendieran, las palabras de Damián:

-Menos mal que no intentó hacer la longitud de onda cero. Podría haber fisionado en una explosión nuclear.

 

Inspiraciencia es una iniciativa del Consejo Superior de Invesitgaciones Científicas (CSIC) que cuenta con financiación de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), del Ministerio de Economía y Competitividad. Numerosas entidades dan apoyo a este certamen: la Escola d’Escriptura de l’Ateneu Barcelonès, la Escuela de Escritores, la Editorial Galaxia, la Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega, Mètode, Revista de difusió de la ciència de la Universitat de València, Euskal Etxea Centre Cultural Barcelona, la Fundazioa ElHuyar, así como otras entidades culturales y bibliotecas públicas.

La historia de la impresora 3D que se clonó a sí misma

Foto: Ultra-labPor Mar Gulis

El mundo de las impresoras 3D (máquinas capaces de imprimir en volumen a partir de un diseño hecho por ordenador) da para todo. Muchos recordarán que hace poco un universitario tejano que no tenía nada mejor, ni peor, que hacer logró fabricar con ellas una pistola… ¿Pero, y si en lugar de construir una máquina de matar, utilizáramos una de estas impresoras para fabricar otra exactamente igual? ¿No habríamos construido entonces una máquina ‘viva’, con capacidad para replicarse a sí misma indefinidamente?  Porque, ¿qué impediría que la nueva impresora fabricase un nuevo clon?

De ambivalencias tecnológicas y mucho más va el relato que os dejamos a continuación: ‘Servicio técnico’, el texto de Guillermo Chicón e Isabel Cuesta que el año pasado ganó el premio al mejor microrrelato en español del certamen de literatura científica Inspiraciencia.


SERVICIO TÉCNICO

Incidencia: IS.3002891-234-42
Fecha: 4 de julio de 2042, 8:16 a.m.
Asunto: Anomalía en 3D Printer modelo 5623-JX.

A las 8:16 a.m. del presente día, se reporta incidencia del cliente con DNI 27121561-J con su impresora 3D modelo 5623-JX.

Dicha impresora presenta una anomalía en su funcionamiento. Este modelo incluye dentro de sus funcionalidades la opción de auto regeneración, permitiendo a dicha impresora generar otras idénticas con las mismas características.

El usuario explica en la llamada que durante la noche la impresora al parecer ha comenzado a activar dicha auto generación, y al despertarse se ha encontrado la casa inundada de impresoras idénticas, las cuales a su vez se auto generaban.

Se envía inmediatamente un Técnico para resolver dicha anomalía.

Incidencia: TS.3000982-234-42
Fecha: 4 de julio de 2042, 10:43 a.m.
Asunto: Anomalía en Técnico modelo 4823-TX

A las 10:43 a.m. del presente día, se reporta incidencia del cliente con DNI 27121561-J con el Técnico modelo 4823-TX

Dicho Técnico presenta una anomalía en su funcionamiento. Este modelo incluye dentro de sus funcionalidades la opción de auto regeneración, permitiendo a dicho Técnico generar otros idénticos con las mismas características.

El usuario explica en la llamada que durante la resolución de la incidencia IS.3002891-234-42 con su 3D Printer el Técnico al parecer ha comenzado a activar dicha auto generación, y se ha encontrado la casa inundada de Técnicos idénticos, los cuales a su vez se auto generaban. Todos los técnicos solicitaron su factura, con lo que el cliente se encuentra francamente disgustado.

Se envía servicio de limpieza robótica.

 

El plazo de presentación de relatos para la nueva edición de Inspiraciencia está abierto hasta el 4 de mayo. Si te gusta escribir, todavía estás a tiempo de dejarte inspirar por la ciencia y enviar tu propuesta.

Y si te interesan las relaciones entre ciencia y literatura, no te pierdas el ciclo de charlas ‘Imaginando universos’, que se está celebrando en Barcelona, Madrid, Santiago de Compostela y Valencia.

Ambas iniciativas están organizadas por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC,) en colaboración con la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

Edgar Alan Poe… el astrónomo

GASPor Gustavo Ariel Schwartz

Poe tenía una gran afición por la ciencia, y en especial por la astronomía. Tal era su interés por estos temas que estaba convencido de que iba a ser más recordado por sus ideas científicas que por sus escritos.

En 1848, con 39 años de edad y a uno de su muerte, propuso una solución realmente innovadora a la paradoja de Olbers. Esta paradoja señala que en un universo infinito, eterno e inmutable (como se creía entonces que era el universo) el cielo nocturno no podría contener regiones oscuras.

Paradoja

Según la paradoja de Olbers, a medida que observamos las estrellas situadas en capas más lejanas a la Tierra, el cielo debería verse más luminoso. / Kmarinas86 (CC-BY-SA-3.0)

Sabemos que cuanto más lejos está una estrella de la Tierra, menor es su intensidad aparente (en concreto, esta intensidad disminuye con el cuadrado de la distancia). Por eso, cuando observamos dos estrellas similares situadas a diferente distancia de nuestro planeta, vemos más brillante la que está más cerca. Pero si suponemos que la densidad de estrellas en el universo es constante, a medida que nos alejamos de la Tierra y abarcamos un radio mayor del espacio, la cantidad de estrellas tendrá que aumentar (y no de cualquier manera, sino en proporción al cuadrado de la distancia). Por tanto, estos dos efectos se cancelan (cuanto más lejos, menos intensidad tienen los puntos de luz pero más puntos de luz hay) y, al observar el cielo en cualquier dirección, deberíamos ver una cantidad de luz infinita. Y éste, obviamente, no es el caso. Entonces, ¿cuál es el problema?

Alguna de las hipótesis arriba mencionadas no puede ser correcta: el universo no puede ser infinito, eterno e inmutable. Poe propuso entonces que “[…] podríamos comprender los vacíos que nuestros telescopios encuentran en innumerables direcciones suponiendo que la distancia hasta el fondo invisible es tan inmensa que ningún rayo de luz procedente de allí ha sido todavía capaz de alcanzarnos”. Esta idea echaba por tierra la hipótesis de eternidad; el universo tuvo un principio. De no ser así, por más lejos que estuviera una estrella, su luz habría tenido tiempo suficiente para llegar hasta nosotros.

Como si de un oxímoron borgiano se tratase, la oscuridad del cielo nocturno es una de las más claras y bellas evidencias a favor del Big Bang.

Cielo nocturno

 

Gustavo Ariel Schwartz es científico del CSIC en el Centro de Física de Materiales, dirige el Programa Mestizajes y mantiene un blog sobre Arte, Literatura y Ciencia.