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¿De dónde surge la expresión ‘Ponerse hecho una furia’?

Cuando una persona tiene un gran enfado y éste viene acompañado de exaltación e incluso violencia suele decirse que ‘se ha puesto hecho una furia’.

¿De dónde surge la expresión ‘Ponerse hecho una furia’?

Aunque se sabe que el término ‘furia’ proviene de un vocablo homónimo en latín y etimológicamente éste de ‘furor’ (de ahí palabras como ‘enfurecerse’, ‘enfurecido’…) el adjetivo a ese estado de violencia e ira se lo dieron tres personajes de la Mitología Romana conocidas como las ‘Furias’ (Furiae) y que a su vez provenían de la Mitología Griega (las ‘Erinias’).

Las Erinias (Furias para los romanos) eran tres jóvenes diosas menores surgidas de las gotas de sangre derramadas por el dios Urano tras ser castrado por su propio hijo Cronos. Estas divinidades venían para representar la violencia, discordia y venganza.

 

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Fuente de la imagen: Craig Sunter (Flickr)

El histórico origen de la contundente expresión ‘Odio africano’

El histórico origen de la contundente expresión ‘Odio africano’

A raíz de la filtración con la grabación de una conversación mantenida por los políticos del Partido Popular (el exministro de Trabajo y Asuntos Sociales y expresidente de la Comunidad de Valencia, Eduardo Zaplana, con el expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González), en la que el valenciano comentaba al madrileño que José María Aznar sentía ‘odio africano’ por Mariano Rajoy, he recibido un correo a través del apartado de contacto en el que María Luisa F. G. me consulta sobre el origen de dicha expresión y me pregunta si la misma no debería ser censurable por sus connotaciones racistas.

Ante todo cabe destacar que en la expresión ‘Odio africano’ no existe connotación racista alguna hacia las personas originarias de África y que el significado de esta locución viene a destacar una animadversión intensa que siente una persona por otra, pero no por su origen o color de piel, pues su origen es antiquísimo y paso a explicarlo a continuación.

Tal y como defienden la mayoría de etimólogos e historiadores, sitúan el origen de la contundente expresión ‘Odio africano’ a la época en la que la República Romana se encontraba en guerra con la República Cartaginesa del norte de África (y sur de la Península Ibérica) en el siglo III a.C., que eran las dos potencias que en aquel momento dominaban el Mediterráneo occidental (las conocidas como Guerras Púnicas).

Uno de los grandes enemigos de Roma fue Amílcar Barca, originario de Cartago (en la actualidad a escasos kilómetros de la ciudad de Túnez, capital del homónimo país) y que tras su muerte el odio y enemistad que sentía hacia el pueblo romano fue transmitido a las generaciones que lo sucedieron (ente ellos su hijo Aníbal, quien destacó –entre otras muchas cosas- por su ofensiva militar en la que atravesó los Alpes con un numerosísimo ejército de infantería, caballería y los famosos elefantes).

Pero Roma ganó finalmente las Guerras Púnicas en invadió el norte de África, tras algo más de un siglo de enfrentamientos, destruyendo por completo Cartago y apresando a sus ciudadanos a quienes posteriormente vendieron como esclavos. El ‘odio africano’ hacia el pueblo romano se transmitió de una generación a otra, siendo este hecho histórico el que daría origen a la expresión.

Cabe destacar que, erróneamente, hay quien atribuye el origen de la locución a otros hechos (mucho más recientes en la Historia). Por un lado hay quien defiende que la expresión se originó a raíz de la venta de esclavos africanos por parte de españoles, ingleses y portugueses en el continente americano a partir del siglo XVII. También se puede encontrar quienes dan como origen los conflictos militares entre España y el norte de África (Marruecos) durante la segunda mitad del siglo XIX y primer cuarto del siglo XX.

 

 

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Cuando Louis Pasteur probó por primera vez en un humano (y con éxito) la vacuna contra la rabia

Cuando Louis Pasteur probó por primera vez en un humano (y con éxito) la vacuna contra la rabia

La década de 1880 fue muy prolífica para el químico y bacteriólogo francés Louis Pasteur, quien se encontraba inmerso en su trabajo de laboratorio tratando de buscar diferentes vacunas que pudiesen salvar la vida a miles de ciudadanos que morían a diario a causa de múltiples infecciones y enfermedades.

El 6 de julio de 1885 se presentaron, en el pequeño laboratorio que tenía Pasteur en la parisina calle de Ulm, tres personas a las que un perro rabioso había mordido. Entre ellos se encontraba Josef Meister, un niño de nueve años de edad que parecía ser el que se había llevado la peor parte.

El científico, en colaboración con Émile Roux, llevaba tiempo trabajando en el desarrollo de una vacuna contra la rabia pero ésta, hasta el momento, solo había sido probada en algunos animales (sobre todo perros y conejos) por lo que, al no tener la titulación de médico y la vacuna no estar reconocida por el organismo oficial correspondiente, se arriesgaba a tener serios problemas si los trataba y vacunaba con lo que de momento tenía elaborado. Tras consultarlo, y aconsejado por su colega, Pasteur se animó a hacerlo.

De los tres pacientes a los que atendió el único que logró sobrevivir fue el pequeño Josef, a quien estuvo suministrando el compuesto antirrábico durante los siguientes diez días. Pasado este tiempo el investigador vio con satisfacción que había hecho efecto y que el niño estaba totalmente curado y fuera de peligro. Había nacido la vacuna contra la rabia con la que, debido a su éxito, en los siguientes años Pasteur trataría y salvaría la vida a cerca de tres mil personas que habían sido víctimas de mordeduras de perros rabiosos.

Como nota anecdótica cabe destacar que, años más tarde y siendo ya adulto, Josef Meister entró a trabajar en el Instituto Pasteur que se crearía unos años después y allí ejerció de vigilante hasta el día de su muerte, el 16 de junio de 1940, fecha en la que se suicidó tras la entrada en París de los nazis y tras haber intentado impedir que miembros de la Wehrmacht (fuerzas armadas del Tercer Reich) accediesen a la cripta en la que reposaban los restos mortales de Louis Pasteur, fallecido en 1895.

Lo que no queda muy claro en las crónicas de la época, ya que hay mucha información contradictoria, es el motivo real por el que Josef decidió suicidarse. Algunas fuentes señalan que fue tras la impotencia de ver que no había podido impedir el paso a los nazis y otras que indican que fue por la pena de haber enviado a su familia lejos de París, imaginando que éstos acabarían muriendo a manos de los alemanes.

 

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¿Por qué se llama ‘cólera’ al ataque de ira? ¿tiene algo que ver con la enfermedad del mismo nombre?

¿Por qué se llama ‘cólera’ al ataque de ira? ¿tiene algo que ver con la enfermedad del mismo nombre?

Se conoce como ‘cólera’ a una enfermedad intestinal infecciosa que provoca fuertes diarreas, vómitos y deshidratación. Desde la antigüedad se tenía el convencimiento que dicha dolencia estaba estrechamente relacionada con la ‘bilis’ (secreción amarillenta o verdosa, altamente amarga, y que es producida por el hígado de los vertebrados). De ahí su nombre ‘cólera’ que etimológicamente nos llega del latín ‘cholĕra’ y a éste del griego ‘cholḗ’ (χολή) que significaba literalmente ‘bilis’.

Por otro lado nos encontramos al médico griego Hipócrates de Cos (que vivió entre el 460 a.C y el 370 a.C) a quien se le atribuye una teoría (altamente defendida por los filósofos y expertos de la época) que catalogaba la personalidad de los individuos en cuatro estados (Teoría de los humores) y en la cual destacaba que esos estados (valiente, enojado, depresivo y calmado) eran producidos por cuatro fluidos (humores) que recorrían por el interior del organismo de cualquier persona.

Los líquidos que provocaban esas condiciones en el carácter de los individuos eran: la sangre (producida por el corazón) la cual proporcionaba valentía y coraje; la bilis amarilla (producida en el hígado) que daba exacerbación y mal carácter;  la bilis negra (que se producía en el bazo) responsable del decaimiento y la depresión; la flema (que se producía en los pulmones) que convertía a la persona en indiferente y aplacada.

Y fue precisamente la relación de esa ‘bilis amarilla’ con la ira y el enojo lo que le dio al término cólera (que, como unos párrafos más arriba he explicado, significa literalmente bilis) la acepción de exasperación, rabia, enfado o furia (entre otras) y dando origen a expresiones como ‘tener un ataque de cólera’, ‘entrar en cólera’ o ‘montar en cólera’.

 

 

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Post realizado a raíz de una consulta realizada por Karla Lorente a través de la página en Facebook de este blog.
Fuente de la imagen: Craig Sunter (Flickr)

El cruel e histórico origen de la expresión ‘que te den morcilla’

Posiblemente en alguna ocasión, cuando alguien os ha importunado, resultado molesto o sacado de vuestras casillas, habréis utilizado la expresión ‘que te den morcillas’ con ánimo de zanjar categórica y bruscamente la conversación y/o libraros de esa persona.

Pero, ¿cuál es la procedencia de esta expresión? Antiguamente la rabia o hidrofobia era una enfermedad muy contagiosa (propiciada por la insalubridad de calles y aguas) y ampliamente extendida en algunas ciudades por animales abandonados (sobre todo perros vagabundos, aunque algunas fuentes indican que también se daban casos en los gatos) llegando en ocasiones a convertirse en una peligrosa epidemia de salud pública.

Como método para su erradicación se daba de comer a esos animales callejeros unas morcillas, las cuales contenían estricnina en su interior (un potente y mortal veneno) y de esta manera se intentaba eliminarlos con el fin de controlar la transmisión de la enfermedad.

Este procedimiento despiadado con dichos animales dio paso a finales del siglo XIX, tanto en Madrid como en otras ciudades, a la creación de las perreras y a la profesión de lacero, que era el que se ocupaba de capturar a los perros callejeros y confinarlos, acabando así con la mortal práctica de la morcilla.

Que te den morcilla es una locución que tiene múltiples sinónimos como que te den por saco, que te jodan, que te folle un pez, vete a freír morcilla/espárragos, vete a la porra (o a otro sitio más escatológico) … está visto que el repertorio español tiene una vasta amplitud de formas para que podamos librarnos de nuestros semejantes.

 

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