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¿Quién acuñó el término ‘vacuna’?

Fue Louis Pasteur, en 1881, quien acuñó y popularizó el término  ‘vacuna’, como referencia al preparado orgánico conteniendo un virus y que es inoculado a personas y animales como modo de defensa ante una determinada enfermedad.

¿Quién acuñó el término ‘vacuna’?

Le puso ese nombre en honor al trabajo desarrollado un siglo antes por el médico rural inglés Edward Jenner, quien fue el primero en descubrir el remedio eficaz para combatir la ‘viruela bovina’ que afectaba a numerosos granjeros del condado de Gloucester, pero casualmente no a las personas que ordeñaban a las vacas.

Al provenir la enfermedad de las vacas le dio al remedio un término en latín referido a esos rumiantes: ‘vaccine’ (que provenía de ‘vacca’).

 

 

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¿Por qué se ha llamado #OperaciónBalmis a la actuación de las Fuerzas Armadas españolas contra el coronavirus?

Las Fuerzas Armadas españolas, a través de la Unidad Militar de Emergencias (UME), se ha puesto al servicio del mando conjunto que coordina la crisis sanitaria en España a causa del coronavirus (Covid-19) tras decretarse el ‘Estado de alarma’ en todo el territorio nacional y considerarse la enfermedad como una pandemia que afecta a todo el planeta.

¿Por qué se ha llamado #OperaciónBalmis a la actuación de las Fuerzas Armadas españolas contra al coronavirus?

La UME está realizando trabajos de desinfección de espacios públicos, encargándose de habilitar lugares que acogerán a personas sin hogar para que puedan estar confinadas y a salvo del contagio o velar por la seguridad de infraestructuras y población en general, entre las muchas tareas encomendadas.

Se ha denominado a todo este operativo como ‘Operación Balmis’ y se ha elegido tal nombre como referencia a Francisco Javier de Balmis, un insigne militar y médico español que, a principios del siglo XIX, dirigió la primera campaña internacional para vacunar contra la viruela a los niños residentes en las colonias españolas en ultramar del continente americano y Filipinas (alrededor de 250.000).

El doctor Balmis recibió el encargo y financiación del rey Carlos IV (de quien era su médico de cabecera) debido a que el monarca estaba muy sensibilizado con el tema tras haber perdido a una de sus hijas (la infanta María Teresa) a causa de la viruela.

Dicha expedición, que duró tres años (1803-1806) y dio la vuelta al mundo, fue bautizada como ‘Real Expedición Filantrópica de la Vacuna’, aunque con los años acabó siendo denominada ‘Expedición Balmis’ en honor al personaje que la encabezo y lideró, el mismo que actualmente ha dado nombre al operativo de la UME para combatir el coronavirus.

Como dato anecdótico, cabe destacar que fue tal la proeza de Francisco Javier de Balmis que el propio Edward Jenner, descubridor de la ‘vacuna de la viruela’, elogió tal gesta como uno de los actos de filantropía más nobles realizados por la humanidad hasta aquel momento.

 

 

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Cuando Louis Pasteur probó por primera vez en un humano (y con éxito) la vacuna contra la rabia

Cuando Louis Pasteur probó por primera vez en un humano (y con éxito) la vacuna contra la rabia

La década de 1880 fue muy prolífica para el químico y bacteriólogo francés Louis Pasteur, quien se encontraba inmerso en su trabajo de laboratorio tratando de buscar diferentes vacunas que pudiesen salvar la vida a miles de ciudadanos que morían a diario a causa de múltiples infecciones y enfermedades.

El 6 de julio de 1885 se presentaron, en el pequeño laboratorio que tenía Pasteur en la parisina calle de Ulm, tres personas a las que un perro rabioso había mordido. Entre ellos se encontraba Josef Meister, un niño de nueve años de edad que parecía ser el que se había llevado la peor parte.

El científico, en colaboración con Émile Roux, llevaba tiempo trabajando en el desarrollo de una vacuna contra la rabia pero ésta, hasta el momento, solo había sido probada en algunos animales (sobre todo perros y conejos) por lo que, al no tener la titulación de médico y la vacuna no estar reconocida por el organismo oficial correspondiente, se arriesgaba a tener serios problemas si los trataba y vacunaba con lo que de momento tenía elaborado. Tras consultarlo, y aconsejado por su colega, Pasteur se animó a hacerlo.

De los tres pacientes a los que atendió el único que logró sobrevivir fue el pequeño Josef, a quien estuvo suministrando el compuesto antirrábico durante los siguientes diez días. Pasado este tiempo el investigador vio con satisfacción que había hecho efecto y que el niño estaba totalmente curado y fuera de peligro. Había nacido la vacuna contra la rabia con la que, debido a su éxito, en los siguientes años Pasteur trataría y salvaría la vida a cerca de tres mil personas que habían sido víctimas de mordeduras de perros rabiosos.

Como nota anecdótica cabe destacar que, años más tarde y siendo ya adulto, Josef Meister entró a trabajar en el Instituto Pasteur que se crearía unos años después y allí ejerció de vigilante hasta el día de su muerte, el 16 de junio de 1940, fecha en la que se suicidó tras la entrada en París de los nazis y tras haber intentado impedir que miembros de la Wehrmacht (fuerzas armadas del Tercer Reich) accediesen a la cripta en la que reposaban los restos mortales de Louis Pasteur, fallecido en 1895.

Lo que no queda muy claro en las crónicas de la época, ya que hay mucha información contradictoria, es el motivo real por el que Josef decidió suicidarse. Algunas fuentes señalan que fue tras la impotencia de ver que no había podido impedir el paso a los nazis y otras que indican que fue por la pena de haber enviado a su familia lejos de París, imaginando que éstos acabarían muriendo a manos de los alemanes.

 

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El curioso origen de las ‘vacunas’

Durante el último cuarto del siglo XVIII, Edward Jenner estuvo ejerciendo como médico rural en el condado de Gloucester, al oeste de Inglaterra.

Una labor que, a menudo, le hacía visitar a familias de granjeros que contraían diferentes enfermedades por el hecho de estar en contacto con los animales así como otras de índole vírico; pero se dio cuenta que aquellas mujeres que se dedicaban a ordeñar vacas se infectaban con la viruela bovina pero sin embargo quedaban inmunes a la viruela que padecían los humanos, algo que en aquella época era muy común que se transmitiese con cierta facilidad.

Tras comprobar todo el proceso de cómo las ordeñadoras en contacto con vacas que padecían la viruela bovina quedaban innocuas a la enfermedad de los humanos, se puso a investigar y realizó varios ensayos con un niño de ocho años al que le inyectó la ‘viruela vacuna’ publicando en 1798 un informe que tituló ‘An enquiry into the causes and effects of Variolae Vaccinae, known by the name of cow pox’ (Una investigación sobre las causas y efectos de Variolae Vaccinae, conocida por el nombre de la viruela de la vaca) y en el que determinaba que si se inoculaba dicho virus a una persona ésta quedaba preservada de sucesivos contagios.

 

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