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Meten la pata en la final de ‘Pekín Express’

La verdad es que con lo que ha molado esta edición de Pekín Express, la final ha sido de lo más decepcionante. Por no reventar nada, pongo al final quién ganó. Quien no lo quiera saber, que no lea los dos últimos párrafos.

Tras 45 días de paseos por cinco países, Manolo y Marta, padre e hija, y Sandra y Belinda, hermanas, llegaron a la final de Pekín Express, para enfrentarse a una gymkana de 20 horas que no tenía ni pies ni cabeza, entre otras cosas, porque había varias etapas y ganarlas no servía para nada. Todo se decidía en una mini etapa final.

Las dos parejas comenzaron aprendiendo lucha balinesa, no sé muy bien si por poder zurrarse a base de bien entre ellos, o por si tenían que pedir por las malas a algún conductor que les llevara.

Tras eso, que no sé muy bien a qué venía, se fueron a volar cometitas. Se trataba de encontrar una cometa de entre ciento y la madre en la que, al desenredar todo el hilo de la madeja, encontrarían una cinta con la dirección de su próximo destino.

Belinda, como siempre, empezó a lloriquear con que si tienen mucha mala suerte, que la iban a cagar… ¡¡Y encontraron la dirección en la segunda cometa en la que miraron!! Digan lo que digan las hermanas, a las que les encanta ponerse pesadas con lo de su mala suerte, tienen una flor en el culo. ¡¡Las repescaron después de una tarjeta roja!!

Manolo y  Marta tuvieron peor suerte y encontraron la dirección en la novena cometa.

De nuevo nos encontramos con un caso de falta de empatía animal. El caso es que Manolo y Marta pararon un coche que se ofreció a llevarles, pero en la parte de atrás llevaban varias cabras. Marta lo vio como un impedimento, en plan, “¡Pero si llevan cabras!”. Cuando lo más seguro es que las cabras estarían pensando “¡Joder, van a subirnos a unos humanos!”. Ellas estaban primero, ¿por qué han de ir incómodas?

Me encantó el pueblo a lo moraleja balinesa en el que en las puertas de las casas ponía cuánta gente y de qué sexo vivía dentro. Mucho más fácil que mirar los buzones, dónde va a parar. Una de las cosas que tenían que buscar los concursantes era la casa del soltero del pueblo, que no salió, pero que tiene que ser feo de pelotas, porque para que todo el pueblo le conozca como el soltero… Vamos, que es el único del pueblo que no ha pillado cacho.

¿Por qué me caen peor las hermanas que Manolo y Marta? Pues entre otras cosas, porque se pasan la vida poniendo verdes a la gente que les ayuda. Que si que hace este conductor, que si éste va muy despacio, que si a ver  si hay bichos en esta habitación… Me parecen unas desagradecidas, que deben pensar que la gente debe ayudarlas porque ellas lo valen. Lo cual es grave, más en unos países en los que no sobran los recursos, precisamente.

La prueba de buceo fue una putada. Más que nada porque Manolo se tenía que poner las lentillas. Dios, la vida puede ser cruel a veces. Tanto Marta como Sandra tenían miedo al agua (a la del mar, no a la de ducharse). La diferencia es que Marta le echó ovarios y consiguió hacerse con las letras que había atadas y sumergidas a unos metros de la playa, mientras que a Sandra la tuvo que sacar del agua Belinda mientras lloriqueaba.

“Las letras me arrastraban hacia abajo”, dijo Sandra, lo cual es raro, teniendo en cuenta que las letras eran de madera y flotaban.

Manolo, esperando en la playa con el bañador puesto, parecía un vigilante de la playa esmirriado. ¿No os parece graciosa la gente andando con aletas? Ja ja ja

El lugar siguiente al que tuvieron que ir era Pura Tanah Lot, que suena demasiado a Pu-ta-don.

Una cosa que hace que Manolo y Marta me caigan mejor es que nunca pierden el buen humor. Siempre bromean, incluso en los peores momentos y no se ponen cenizas y derrotistas como hacen Sandra y Belinda.

Durante todo el programa, cuando se ganaba una etapa parcial, Raquel Sánchez Silva daba a elegir a los ganadores entre un amuleto de 5.000 euros o una llave para la prueba final. Manolo y Marta, que ganaron todas las etapas, eligieron las llaves.

¡¡EL MAYOR TIMO DE LA HISTORIA DE PEKÍN EXPRESS!!

Ya veremos más adelante por qué. Sandra y Belinda, esas muchachas que siempre tienen tan mala suerte, ganaron una prueba de preguntas y respuestas (a mi me pareció que Belinda comenzaba a mover la mano antes de que Raquel diera permiso, pero bueno) y encima se llevaron un amuleto especial de 25.000 euros. Más de lo que habrían ganado Manolo y marta tras 18 horas de gymkana…

Y entonces llegó la mayor injusticia. El caso es que la última prueba se hacía con los concursantes separados. O sea, uno de cada pareja debía ir a una localización a conseguir la última llave, mientras el otro se quedaba con Raquel haciendo una prueba. Manolo y Sandra se fueron de etapa y Sandra y Belinda de prueba.

La etapa consistía en llegar a una cabina, llamar a un número (resultaba ser de un familiar) para que te dieran instrucciones para conseguir la última llave y llegar al lugar del juego. Manolo llegó primero a la cabina y habló con su mujer. Después llegó Sandra, que habló con su madre (a la que le dijo “vamos, al grano”).

Manolo y Marta fueron por delante ¡¡todo el puñetero día!! Pero claro, sólo contaba esa última prueba y Manolo tuvo la mala suerte de llegar unos minutos después que Sandra.

En el destino les esperaban, tras muuuuucho rato, Belinda y Marta. Ellas tuvieron que abrir cinco cajas. Marta tenía tres llaves, de las pruebas ganadas, y Belinda ninguna. Las que les faltaban debían buscarlas en unas cuerdas donde había otras llaves.

¡¡Caca de idea, de prueba y de todo!! A Belinda le dio tiempo de sobra a encontrar las llaves, y encima hasta para aburrirse. ¿¿Para qué sirvió entonces la tontería de las llaves?? ¿¿No tenía premio el liderazgo absoluto de Manolo y Marta??

En las cajas había banderas de los cinco países que habían pasado, más la de Pekín Express. Las que se quedaron al juego debían ordenarlas por orden de países visitados, e izarlas cuando llegara su compañero. Como os dije, Sandra llegó unos minutos antes que Manolo.

SPOILER

Peeeeero, Belinda la cagó con el orden, así que hubo rebote para Marta, que también falló. Ahí la cosa ya se puso fácil para las hermanas, que pudieron fijarse en lo que había hecho Marta (que había dicho, preguntada por Raquel, que sólo tenía dudas en las dos banderas centrales) cambiar las dos banderas que estaban mal y…

¡¡GANAR PEKÍN EXPRESS!!

No digo que las vascas no merecieran ganar, porque han sido grandes concursantes, pero poca gente habrá (poca, que no ninguna) que no se haya lamentado de que no ganaran Manolo y Marta, que además de grandísimos concursantes, eran mejores personas.

¿No os deja un mal sabor de boca? ¿No han metido la pata con la final los del programa?

Un “apretón intestinal” inoportuno en ‘Pekín Express’

Hay quienes van a un concurso de la tele y se van de allí comiéndose los mocos porque los nervios les han traicionado y hay quien se pasa 42 días compitiendo en países extraños y le traicionan las tripas.  Pero no adelantaré acontecimientos.

El caso es que la de ayer fue una de las mejores etapas de Pekín Express, una semifinal muy movida y disputada. Empezamos sabiendo que el handicap de Manolo y Marta por llegar los últimos en la etapa anterior era ir encadenados el uno al otro, sin poderse quitar la cadena para nada. A David, el azafato, le pareció un handicap “light”.

Tiene razón, deberían haberles puesto cilicios en todos los miembros, ¡en todos!, y haberles encadenado a un tigre de Bengala hambriento que tuviera en el estómago un cocodrilo. Además, para que no fuera light deberían haberles sacado los ojos al padre y a la hija y haberles dado como lazarillos un par de zarigüeyas. Joder con el rianero.

El caso es que las dos primeras etapas de ayer eran de traca, más que nada porque había que llegar hasta un volcán y subírselo a patita y cargando con 17 kilos, o sea, lo que hace cualquier dominguero que se precie, pero sin ensalada de patata y filetes empanados en un tupper.

“En esta etapa vais a visitar el infierno”, les dijo Raquel Sánchez Silva, que es muy de animar a los concursantes y Belinda, que es como Sherlock Holmes pero con tetas y hoyuelos en la cara, dijo que “infierno suena a chungo”. Toma ya. Y paraíso suena guay. No me extrañaría que Belinda fuera entrevistada por Punset dentro de poco.

Dos detalles: por un lado, el guardia de tráfico bailón que intentó meterle mano a Marta, indescriptible, cuando él libra bajan los accidentes de tráfico a cero. Por otro, el amigo conductor que interrumpía la lectura de los mensajes de su móvil para conducir de vez en cuando.

El momento volcán fue digno más que de un programa de la tele, de un programa de desintoxicación intensivo. Me sorprendió que los azafatos, que se creen más en forma que Chuck Norris con el Vibropower, tardaran 2.45 horas en subir al refugio (cargando con sus cestas de 17 kilos) y las vascas lo hicieran sólo en 3 horas. Pero lo que más me llamó la atención es que unos y otros llegaron herniados y Manolo y Marta, que también tardaron 3 horas fueran de cháchara todo el camino sin problemas…

Pudo ser porque Manolo iba más ligero de carga que los demás, porque justo antes de subir el volcán sufrió un apretón que le llevó a un cagadero público de esos en los que la higiene es una cosa que las madres le cuentan a los niños para meterles miedo, a lo hombre del saco. Lo peor es que como él y Marta estaban encadenados, la hija se tuvo que quedar fuera y seguir uno a uno los chofs que su padre iba haciendo. “Mi padre suele ser bastante lento para estas cosas”, dijo la muchacha, entre risas histéricas.

No me gustan nada las hermanas. Insoportables y lloronas como ellas solas. Esa imagen de Sandra sudada que parecía que venía de un concurso de miss camiseta mojada y diciendo que eso no era una aventura sino una putada, y Belinda que si la prueba no era justa… ¡¡Ellas, que están ahí repescadas!!

Casi me muero de la risa con el comentario de uno de los mineros con los que los concursantes compartieron la cena. Viéndoles comer como gochos en piara le dijo a un compi “estos hace mucho que no comen”. Ja ja ja.

Hemos aprendido una importante palabra indonesia: “gracias”, que se dice “mari kita”. O sea, que cuando oigáis que alguien es mariquita lo que pasa es que es muy agradecido.

El caso es que la prueba de inmunidad la ganaron, oh, sorpresa, las hermanas vascas. Eso no les pareció injusto, ojo. Se impusieron en una prueba en la que había que picar y transportar el propio peso en azufre. Ante la reacción desolada de los azafatos, ellas, muy conciliadoras, dijeron “huele a cagarrutas quemadas”. Eso es saber ganar.

Más detalles: Atención al chaparrón que les cayó encima a Manolo y Marta en un pickup. Eso no era lluvia, eso era una cascada.

Otro detalle… ¿ALGUIEN PUEDE EXPLICARME QUE NARICES HACÍA UNO DE LOS AZAFATOS CON UN GLOBITO DE ESOS ALARGADOS CON FORMA DE ESPADA? ¿POR QUÉ SE PASEABA CON ÉL POR BALI? Seguramente se quedó muy mari kita cuando se lo dieron…

El festival del humor llego con las vascas, que como ya habían pasado a la final al hacerse con la inmunidad, se pusieron a hacer bromitas con Bali: “¿Que llegamos tarde? Pues Bali”, dijeron. Madre del amor hermoso. Y haciendo versiones de Alejandro Sanz… para devolverlas a España, vamos.

Pero no fueron ellas las que emprendieron el regreso a España, sino… ¡¡¡LOS AZAFATOS!!!

Pues sí, amigos, los azafatos se van y ¡¡MANOLO Y MARTA SE QUEDAN!! Me dio un buen rollo tremendo, porque el padre y la hija son mis preferidos. Los azafatos fueron orgullosos en su derrota, pero también humildes, y eso les honra.

Fue muy bonito el detalle de dar sus amuletos a Marta y Manolo, porque creo que lo hicieron de corazón, ante la envidia de las hermanas, que pagaron caro su pique con los azafatos.

¡¡¿¿QUIEN GANARÁ PEKÍN EXPRESS, QUIÉN OS GUSTARÍA QUE LO HICIESE??!!

Tratan a los concursantes de Pekín Express como a los monos

Porque tendrían más hambre que un critter vegetariano y no les quedó otra que comer, pero si no, estoy seguro que se les había indigestado. Os hablo de Marta y Manolo, en una de las noches que pidieron alojamiento en Indonesia, en una casa en la que les trataron como a los monos del zoo. Pero no, no adelantemos acontecimientos.

Lo primero que sorprendió a nuestros viajados concursantes a la llegada a Yakarta es que era una ciudad muy fea, o sea, llena de infraviviendas y de gente sucia, ¿sabes? de esas cosas que le quitan glamour a una city, te lo juro por las bragas de Mafalda. ¡¡Qué panda de flipaos!!

“Nunca había visto gente más cerda y guarra”, llegó a decir Belinda, como si los pobres no se lavaran porque no les diera la gana, en un país en el que sólo el 30% de la población tiene acceso a agua corriente. Que mal me caen las hermanas, son unas soberbias…

El caso es que en esa ciudad había más motos que en Jerez un fin de semana de campeonato del mundo y allá donde fueres, haz lo que vieres, cosa que sí hicieron para la primera prueba los azafatos, que se subieron en unas motillos de lo más apañadas. Y claro, llegaron los primeros a la estación de tren, la primera parada, ganando un viaje en tren en primera clase y una ventaja de 30  minutos con las otras dos parejas.

“Vamos en primera clase, como corresponde a nuestro nivel”, dijeron los azafatos, que la única vez que pisan primera es cuando descorren la cortina para llevar cacahuetes cuando curran de azafatos. El caso es que tienen una flor en el culo (imprescindible para llegar tan lejos en Pekín Express) y en el tren se camelaron al Rockefeller indonesio, que les pagó el taxi del tren al siguiente punto.

Sandra y Belinda, que siempre tienen una desgracia a la que acogerse para justificar su mala suerte, dijeron que no las cogían para dormir porque el país es mayoritariamente musulmán y claro, ellas son unas mujeres liberadas. Poco después veríamos que no, que no las cogían porque no les salía del pandero.

El caso es que entonces llegaron todos a la zona selvática de la isla y todos se sorprendieron de su belleza. ¿Pero qué pensaban que toda Java era ciudad?

El caso es que descubrimos que Manolo sabe de muchas cosas, pero desde luego no de organizar una mochila. Al hombre no se le ocurrió otra cosa que envolver las chanclas húmedas (usadas para caminar durante kilómetros y para bañarse en lugares insalubres) con el impermeable. Y claro, cuando lo sacó eso apestaba como las cuentas municipales de Marbella. Me pareció ver que la flora se marchitaba a su paso de la peste.

Otro detalle que hace que las hermanas me caigan mal: Encontraron para dormir una casa que debía pertenecer a los Preysler indonesios, porque ¡madre que casoplón! Y claro, les dejaron para dormir un cuarto pequeñín… ¡¡QUE A LAS HERMANAS NO LES PARECIÓ SUFICIENTE!! ¿Qué querían, una suite? A estas dos les llegan un par de indonesias desarrapadas y malolientes a su casa y ni siquiera les abren la puerta. Esa es la característica principal de Sandra y Belinda: Son unas desagradecidas.

Y llegó el momento mono de Manolo y Marta. Padre e hija dieron con una casa humilde para dormir, pero con más marcha que una discoteca en Nochevieja. Vino la mitad de la comunidad de vecinos y allí estaban las muchachas y señoras musulmanas, metiéndole mano a Manolo y bailando como unas descosías. Se hacían fotos con Marta y con Manolo como si fueran los Pimpinela.

Y después de la jarana llegó el momento de la cena… Pero sólo llevaron cena para Manolo y Marta y les pusieron los platos en el suelo. Y allí estaban los dos, comiendo su arroz y rodeados por un círculo de indonesios/as que les hacían fotos y hacían comentarios mientras los veían comer sentados a lo mandril. Sólo faltó que les echaran trozos de fruta y cacahuetes y tener el culo pelao y rojo.

Volviendo a Sandra y Belinda… ¡Menudo disgusto le dieron a una pobre niña pequeña! El caso es que las vascas se subieron a un coche en el que un hombre llevaba a sus dos hijas, por cierto, en el asiento delante y saltando, que eso lo ve un Guardia Civil de Tráfico y le da un infarto. Al ver a las hermanas, la muchachita se puso a llorar como si se hubieran subido en el coche el hombre del saco y el chupacabras con cara de hambre.

La prueba de inmunidad la jugaron los azafatos contra el padre y la hija. Era una prueba que se la planteas a Einstein y se le ponen los huevecillos de corbata. La cosa era así: salían cinco indonesias con más adornos que un árbol de navidad haciendo un baile tradicional unos segundos. Después, y diferentes y por separado para cada pareja, salían otras cinco, pero con tres objetos menos, de forma que uno de los de la pareja debía descubrir qué faltaba mientras el otro lo buscaba por un templo más grande que mi barrio.

Los azafatos, que quieren ser pilotos, se pusieron el plan flipao con los walkies, diciendo cosas como “3/4, autorizado aterrizaje en pista ocho”. En fin. El caso es, para desgracia de todos, que ellos ganaron la inmunidad.

La siguiente etapa fue de traca: todos debían llegar a la siguiente ciudad y encontrar una librería en concreto. En ella habría un libro de la ruta del dragón, en el que encontrarían la pista para el siguiente destino. Las hermanas llegaron las primeras, pero se pusieron a buscar como gochos en piara, sin mirar. Manolo y Marta fueron a lo reflexivo y así en un periquete, Marta encontró el libro, uno rojo, enorme y con un dragón en las pastas.

El caso es que las vascas le pidieron a Marta que le enseñara el libro (para buscar el mismo) y Marta, supongo que por acto reflejo, se lo enseñó, con lo que las vascas ganaron un tiempo precioso. ¡¡OTRA MUESTRA DE LO DESAGRADECIDAS QUE SON!! No sólo no se lo agradecieron, sino que se burlaron de ella y le quitaron mérito. Eso sí, bien que ellas escondieron el suyo para que no lo vieran los azafatos y eso que les daba igual, porque eran inmunes… que malas pécoras.

De lo primero que dijo Javi: “odio los libros”. Pues el sentimiento era mutuo. ¡¡5 veces 5 tuvieron el libro correcto en la mano y cinco veces lo tiraron al suelo!! ja ja ja 1 hora y 35 minutos estuvieron los azafatos buscando el libro. “Si no está es que estoy ciego”, dijo Javi. ¡Pues sí que lo estás!

Otro detalle de lo prepotentes que son las hermanas. En un país musulman les dan alojamiento en las dependencias de una mezquita, a dos mujeres solas y con ropa occidental, y lo primero que hace Sandra cuando llega, mientras una pobre mujer les barre la sala, es ponerse a mirar si hay bichos con cara de Rottenmeier pasando el algodón.

Los azafatos por su parte, para que confiemos en ellos si se hacen pilotos, se fueron a un garito de mala muerte llamado Lucifer, de copazos. Y claro, encontraron lo que ellos llamaron un sponsor que les pagara las copas, cosa que en España conocemos como un primo.

También encontraron a unas muchachas francesas con más hambre que el Lazarillo de Tormes, y no me refiero a hambre de comida. El caso es que después de hacer el ridículo cantando en el karaoke se llevaron a los azafatos a dormir a su casa (eran estudiantes universitarias). Los muchachos no debieron cumplir mucho, porque las hostias (sí, es que no hay otra palabra) que le dio una en el gemelo a David para despertarlo no fueron normales.

A mi me pegan así recién acostado, de resaca y le defeco en la cara (yo también tengo mi corazoncito choni). El día no les fue mucho mejor, con la resaca: se quedaron dormidos, les llovió a mares cuando iban en la parte de atrás de una camioneta… un día perfecto. Menos mal que eran inmunes.

Una cosa muy rara: en la bandera de llegada no había nadie. Es algo que en el programa no explicaron…

El caso es que Manolo y Marta llegaron a la meta segundos (luego se quejan las vascas de la suerte de los azafatos y ellas están ahí de milagro) y se jugaron la expulsión. ¡¡PERO LA TARJETA ERA VERDE Y SE QUEDAN!!

La semana que viene, que son las semifinales, deberán llevar un handicap (me pareció ver que era una cadena que los mantenía unidos) pero me alegro mucho de que se queden. Son, con diferencia, los que mejor me caen. Y es que a estas alturas es ya una cuestión de simpatía, porque lo que es innegable es que las tres parejas se merecen estar en la final.

¿Cómo lo veis vosotros?

Los espíritus guían a los concursantes de ‘Pekín Express’

Pues sí, amigos, fuerzas sobrenaturales intervinieron en la última edición de Pekín Express. Concretamente, el espíritu de un familiar muerto, que llevó a una pareja hasta su destino. Pero no adelantemos acontecimientos. Si quieren saber qué pasó, tendrán que tragarse todo el rollo (o darle a buscar).

El caso es que la etapa de esta semana era especial. No había ni inmunidad ni amuleto (ahí, ahorrando dinerillo el programa). Había un primer destino y la pareja que primero llegara conseguiría pasar automáticamente a la siguiente etapa, además de llevarse un viajazo a Puket a disfrutar de lo lindo mientras los compañeros seguían rompiéndose el culo haciendo autostop.

Me partí de la risa con el macarra de coche tuneado al que pararon Manuel y Engracia para que les llevara, y que tras decirles que sí, que les llevaba, se dio a la fuga como un campeón. La verdad, a mi me abordan y también me doy a la fuga, hasta el cuartel de la Benemérita más cercano, y me entrego.

En medio de la etapa de clasificación había una especie de parada voluntaria. A los concursantes les dijeron que podían parar o no, era voluntario. El caso es que en la parada lo que había eran unos portátiles con mensajes en vídeo de los seres queridos de los concursantes. ¡Menuda putada!

Sí, sí, muy bonito que tu familia te de ánimos, pero claro, es todo un retraso en medio de una carrera, perdiendo el coche y encima haciendo que llores como una magdalena con depresión. Los Ryaneros recibieron un mensaje de sus colegas, que parecían tan guays y motivados como ellos. Lo mismo son todos de alguna terapia de autoestima…

¡¡¡MENUDA LECHE SE DIO DAVID!!! Qué mordisco le dio el azafato al surtidor de gasolina… Ya sabéis, el chaval quiso bajarse de la parte de atrás de una pickup antes de que parara, se le enganchó el pie en el borde y se fue de cabeza contra el surtidor. Eso sí, él se levantó a lo (incluyo homenaje) Leslie Nielsen, como si no hubiera pasado nada.

Clases de Inglés-Moralio, Moralio-Inglés: “Competición” es en inglés “Competi”, “Edificio” es en inglés “Edificil”, “Chapurrear en inglés es “Chapurret” .

También me hizo gracia el cabreo que se cogió Marta cuando el hombre que les llevaba se equivocó de carretera. “Yo no soy de Tailandia, pero es que sólo hay que leer carteles“, dijo la muchacha.

Al final fueron las vascas las que se llevaron el gato al agua y llegaron las primeras, por lo que se fueron a Puket. Me jorobó, la verdad, porque no se lo merecen. Son unas cenizas y se pasan la vida de mal rollo y pensando en que todo va a salirles mal. Lloraron cuando les dijeron que se iban a Puket y lloraron estando allí.

Y eso que los empleados del hotel le cantaron el cumpleaños feliz a Belinda… ¡¡En vasco!! A los pobres sólo les faltaban unas capas negras llenas de cintas y parches para parecer una Tuna. ¿Cuánto tiempo tendría esa gente que practicar la cancioncita? Ponte tú a aprenderte el cumpleaños feliz en Thai…

Los Azafatos se llevan muy bien con los Moralia, y no me extraña, porque son tal para cual: los cuatro gustan de las cosas gratis. Los agricultores se llevaron por la jeta un paseo en elefante, del que destacaron que era muy alto. Claro, también podían haberles subido en un elefante enano, o en uno cojo de las cuatro patas. Por su parte, a los Ryaneros les dieron un masajito tailandés de pies que (yo lo he probado) que es gloria bendita.

Pero los que más suerte tuvieron fueron Manolo y Marta, que pidieron alojamiento en una mansión que no veas, con vistas al río, y encima con los inquilinos más majos de toda Tailandia. ¡¡La dueña de la casa se ofreció a llevarles al día siguiente en su coche!! Al final, la mujer, entre llevarles y acompañarles se hizo ¡¡CASI 400 KM!! A lo que hay que sumar que la mujer tendría que volver a su casa, o sea, ¡¡UNOS 800 KILÓMETROS DEL ALA!!

Y aquí llegó el momento espíritus. Resulta que en la gymkana que estuvieron haciendo les iban dando unas cajitas con pistas: una estatuilla de Oscar, una foto de un puente metálico y un mp3 con la cancioncilla del Puente sobre el río Kwai. Vamos, que tenían que ir al dicho puente.

Pues resulta que esa película era la preferida del padre de Manolo, que murió hace más o menos un año y Manolo no dudó en pensar que era su padre el que les había conducido hasta allí. O sea, que el espíritu del buen señor (que en paz descanse) había hecho que los responsables de Pekín Express decidieran que una de las etapas sería en Tailandia, y encima, con meta en el puente del río Kwai, para poder llevar hasta allí a su hijo y su nieta, porque esa era su peli preferida..

Yo no me meto, porque con cosas de espíritus mejor no meterse, pero es que soy más de explicaciones racionales… En fin, que sí, que fueron los primeros y allí estaba la mujer de la casa, esperando. De hecho, hasta la pusieron en la foto y se la presentaron a Raquel Sánchez Silva.

Así que Manolo y Engracia y David y Javi siguieron de gymkana… ¡¡DURANTE 12 HORAS!!

Sin palabras me quedé al ver a las tres muchachas (que me perdonen, pero cada una más fea y rara que la anterior) que los Azafatos subieron al coche-karaoke. El caso es que para que el coche se moviera debían cantar y allí se metieron las tres, con esos guapos occidentales (lo mismo las jodías pensaron que habían ligado) a cantar a voz en grito.

Lo de Manuel y Engracia fue peor, porque no es que consiguieran dos voluntarios para cantar con ellos, es que los secuestraron directamente. El chaval jovencillo iba acurrucado en la parte de atrás del taxi acojonado, pensando en qué oscuras perversiones harían con él.

Muy triste fue la imagen de Manuel llorando encima de un capó y arrodillándose para que les llevaran… Y mira que me joroba reconocerlo, pero los Azafatos merecieron ganar su pase a la siguiente etapa, aunque solo fuera porque con dos ovarios se pusieron a apartar los coches en un peaje para que el suyo pasara antes.

Y sí, amigos, Manuel y Engracia se fueron para casa. La verdad, ya era hora, porque me estaban cayendo gordos. ¿Y esos comentarios baboseros sobre las tailandesas? Después de lo del ping pong show…

El amor surge en ‘Pekín Express’

Ay, que tierno me pongo.

Si es que en el fondo, soy un sentimental y ver cómo surge un tierno amor juvenil me toca la fibra sensible. Os hablo, amigos, del cariño puro y casto (de momento, y con el padre mediante) surgido entre Marta e Hilario.

Pero no quiero adelantar acontecimientos. Vayamos con el resumen de la novena entrega de Pekín Express (en total son 13 entregas, que poquito nos queda, pardiez).

En la primera etapa tailandesa, los concursantes debían internarse en la selva esmeralda, que no es porque haya esmeraldas, sino porque es verde. Sí, el que le puso el nombre se hernió pensando: “Manolo, a la selva ésta cómo la llamamos. Bueno, es verde, la podemos llamar la selva moco o la selva esmeralda…”. Ya sabemos qué nombre eligieron. Una pena, porque si no, habríamos visto a los concursantes atravesar la selva moco…

En fin, que me voy por los cerros de la selva moco. El caso es que para llevarlos a la selva los montaron en unos Jeep de cuando Dios era becario, con unos conductores de esos que Rambo mataba a cascoporro en las pelis. Ya sabéis, los típicos jeep que siempre volcaban (explosión de palo mediante) en los episodios del Equipo-A.

Pues bien, uno de ellos se escacharró. Y allí se pusieron los azafatos y los moralia codo con codo, a discutir sobre la junta de la trócola y la tapa de la mondonga. ¿Y cómo lo arreglaron? Pues con cinta aislante, amigos, que es el material más versátil sobre la faz de la tierra. De hecho, no sé como andan dando el Nobel a físicos que descubren cosas que no valen para nada, y no se lo han dado al tipo al que se le ocurrió poner pegamento en una cinta de plástico.

El caso es que las dos primeras etapas de esta emisión eran una travesía atravesando la selva esmeralda. En total, 15 km, con pernocta en un refugio a la mitad. Raquel Sánchez Silva, para que no les diera miedo, se puso a enumerar los múltiples animales que podían matarles, tipo serpientes y tigres, y dejó claro que en esa selva hay más bichos venenosos que el plató de Sálvame.

Los azafatos se tuvieron que comer con patatas el porte de las esterillas para dormir, como lo tuvieron que hacer Manuel y Engracia con los aperos de cocina, porque así lo decidieron Javi e Hilario, que fueron los primeros en resolver un puzzle.

Manuel y Engracia miraban el GPS que les dieron para orientarse como el que mira un OVNI, aunque los tíos (que tontos no son) le sacaron buen provecho. Momento único el de los azafatos y los agricultores gritando a pleno pulmón por la selva (unos, que eran tapiceros, por lo de las esterillas y otros, que arreglaban calderos). Yo lo vi igual de peligroso que coger el móvil y llamar a los tigres para que vengan a comerte.

Sandra y Belinda llevan unas cuantas etapas insoportables. Excepto en la que hicieron de liebres, que estuvieron un poco más de buen rollo, en las demás son más gafes que un gato negro. ¡Cómo les gusta sufrir! Allí estaba Sandra, en medio de una salva tailandesa y diciendo que ella tiene un niño de ocho años y que no tenía por qué estar allí. Como si la hubieran llevado a la fuerza.

Y Manolo, el padre vigilante, casi muere desangrado, porque en sus propias palabras le “apuñaló una caña” (vamos, que se dio un picotazo en un brazo).

Una vez en el refugio encontraron todo tipo de ingredientes para cocinar esa noche, incluso algunos que no supieron (ni yo) identificar. Y allí estaban todos, cada uno cogiendo unos ingredientes y haciendo su apaño. Impagable el momento en el que Manolo se puso a accionar la pierna de Manuel, que tirado en el suelo hacía de fuelle para avivar su fuego.

Pero llegó la tragedia y el desprecio. Ni los tigres de la selva moco quisieron comerse el mejunje que prepararon los moralia. Y claro, a los de Ciudad Real les dolió en el alma y se entristecieron un poco, porque pensaban que habían hecho un plato digno de El bulli.

Y llegó el momento amor.

Todos se ponen picantones cuando hablan de Marta e Hilario. Sus compañeros de viaje se han dado cuenta de que ahí hay cariño, amor y ganas de refrote y el padre de la interesada no es una excepción. Manolo, el jodío, la vigila como un halcón y mira con ojos desconfiados a Hilario.

Me partí la caja cuando tras haber compartido esterilla y mosquitera la noche del refugio, Marta se excusó diciendo que estaba tan cansada que se echó a dormir en el primer sitio que pilló… casualmente al lado de Hilario. Sí, claro, y mi perro se ha comido los deberes.

En fin. Tampoco tuvo precio la cara de pan que se le puso a Belinda, por una alergia, que eso no era una cara, era una hogaza con ojos. Los moralias, que son duros hombres de campo, pensaron que la vasca estaba exagerando: “no digo que sean falsas como Judas, porque al Judas ese yo no lo conocí”, dijo Manuel para argumentar.

El caso es que los de Ciudad Real supieron aprovechar el tiempo al final de la segunda etapa. Fueron a cortarse el pelo, según ellos para estar más atractivos y que los coches les cojan con más facilidad. Sí, claro, y mi perro se ha comido los deberes.

Y ¿a dónde fueron después de que a Manuel le recortaran el entrecejo y los pelos de la napia? ¡Pues a un club de alterne! “Nos han atraído las lucecitas de colores”, dijeron, porque según ellos estaban buscando donde dormir, y les debió dar el síndrome polilla. Sí, claro y mi perro, etc, etc…

El caso es que como no les hicieron un ping pong show (que los tíos guarros se querían  poner en primera fila a ver si las pelotas de ping pong que las chicas tiran con la vagina les caían encima) se fueron con la música a otra parte.

Por su parte, Javier e Hilario pillaron una casa para dormir en la que había una fiesta de cumpleaños. Javier canta igual de bien que el Monstruo de las Galletas con la garganta recién lijada. Por su parte, Sandra y Belinda pillaron a la Carmen Lomana de Tailandia, que les dejó dormir en su casoplón.

El caso es que los azafatos se vengaron de todos sus enemigos, porque al llegar los primeros en la segunda etapa, podían repartir un plano con la dirección exacta de la etapa final (que dieron a los moralia) y a los demás, en plan rencoroso y diciendo “os la debíamos” les dieron unos planos que contenían un acertijo (que no es que fuera para herniarse).

Y la cosa quedó así:

1.- David y Javi (cómo me jorobaría que los chulos de los azafatos ganaran el programa).

2.- Manolo y Marta.

3.- Manuel y Engracia.

4.- Sandra y Belinda.

5.- Javier e Hilario.

Y sí, por desgracia, el profesor y el alumno se fueron de vuelta a España. Y al contrario de lo que sucedería con los azafatos, sus compañeros lamentaron la pérdida. Belinda estaba llorando como una magdalena y Marta puso una carita de pena que no veas al ver ir a su amado.

NOTA: Quiero hacer un homenaje a los cámaras del programa. ¡¡Se curran todo lo que hacen los concursantes y encima con un pedazo de cámara!! ¿Os imagináis correr por la selva a la vez que grabas? ¡Tremendos profesionales!

Accidente de tráfico en ‘Pekín Express’

Yo creo que Manolo pensó: “pa’vernos matao”, cuando vio como el camión se alejaba de la pick up. Y es que el padre de Marta no perdió un brazo en el rodaje de Pekín Express porque estuvo atento, que si no…

El caso es que el padre y la hija estaban en plena carrera y como suelen hacer consiguieron que les llevaran en la parte de atrás de una pick up (vamos, una furgoneta grande todo terreno). Como el cubículo está abierto, el padre iba agarrado al borde, con el brazo fuera, cuando el vehículo se empotró lateralmente con un hermoso camión, que le planchó todo el lateral a la furgoneta y que no le planchó también el brazo a Manolo por unos pocos centímetros.

Yo creo que el hombre no podía ni hablar cuando se bajó y vió cómo había quedado la pick up, con la chapa que parecía un homenaje a María Teresa Fernández de la Vega.

Pero vayamos a la etapa.

La cosa comenzó con una prueba bien sencillita: Conseguir a dos jugadores de ratambol (que no es jugar al fútbol con una rata, sino rattan ball, una especie de voleibol que se juega con los pies, típico en Laos) y hacerles jugar un partido contra otra pareja en el destino de la primera etapa.

Los azafatos, más conocidos como los raianeros, se fliparon como sólo ellos pueden hacerlo y pretendían irse al estadio de la ciudad, entrar en el campo y pedir por la locución del estadio un par de jugadores que se fueran con ellos a otra ciudad a jugar. Madre del amor hermoso. Habría sido más productivo conocer a una laosiana, casarse con ella, dejarla embaraza, tener gemelos con ella, criarlos, apuntarlos a ratambol y luego jugar con ellos. Señor, que muchachos.

Y claro, llegaron al estadio y los azafatos súper sorprendidos de que estuviera cerrado y no hubiera nadie. ¿Pensaban que los jugadores de ratambol viven en el estadio como pequeños roedores en su madriguera? ¿Que allí siempre hay gente por si vienen unos flipaos buscando jugadores?

Pero casi no se lo voy a reprochar, porque la idea de Javier e Hilario era aún más hilarante y delirante: querían irse a la radio nacional para que les dejaran hablar por ella para pedir que se presentaran dos jugadores. Amigos, perdieron el norte. Y claro, en la radio les recibieron los guardias con AK 47, que yo creo que no los usaron por no gastar balas. El caso es que como los laosianos son más majos que las pesetas, los mandaron a la asociación deportiva local, a ver si tenían suerte.

Y claro, en la asociación deportiva les dijeron que tenían jugadores de ratambol, pero a un módico precio. Imaginaos que se presentan dos colgados de laos en el polideportivo de vuestro barrio diciendo que quieren dos jugadores de fútbol para llevárselos a la ciudad de al lado a jugar al día siguiente, y encima por la patilla. Chungo pelotillas.

Al final, Manuel y Engracia (después de tomarse una cervecita por la patilla, eso sí) y los azafatos decidieron irse a la ciudad de destino y buscar allí. Y tuvieron suerte.

Lo de los azafatos fue un claro caso de explotación infantil, porque se buscaron a dos estudiantes de un colegio cercano como jugadores, pero es que encima, como tenían que llevar hinchada al partido, se cogieron a todos los niños y los aleccionaron en todo tipo de coreos y consignas dignas de un ultra de los mejores campos de fútbol.

Manuel y Engracia… bueno, la verdad es que aún no me queda claro cómo lo hicieron, pero el caso es que también consiguieron sus jugadores y su hinchada. Increíble la cara de Sandra y Belinda cuando les vieron pasar, seguidos de medio pueblo agitando banderitas y gritando “¡quijotes, quijotes!”. Ja ja ja

Y se jugó el partido, que ganaron los azafatos, eso sí, con derrota muy digna de Manuel y Engracia, a los que casi les da un soponcio jugando a ratambol a casi 45 grados de temperatura… allí sudaban todos como cochino en horno, sólo había que ver a Raquel Sánchez Silva, que parecía untada en aceite, la mujer.

Los azafatos demostraron, una vez más, que son más chulos y más pedantes que Sánchez Dragó hablando de sus experiencias sexuales. Eso sí, ganaron la inmunidad.

La siguiente no fue una etapa, sino una putada pura y dura. El caso es que tenían que ir a la siguiente ciudad, pero a mitad de camino les paraban y les daban unas bicis (algunas hasta había que montarlas) para hacer una ruta de 13 km hasta una pista para seguir la carrera. Es increíble la de gente que no sabe montar en bici… ¡Eso debería darse en el colegio y no la inutilidad de las matemáticas!

Entre otras cosas, tuvieron que vadear un río más grande que el Mediterráneo. La que peor lo llevó fue María, que dio todo lo que llevaba dentro, y no en un sentido metafórico. Me refiero a que potó hasta la primera papilla y se le quedó peor cuerpo que a una rana espachurrada en una carretera. El pobre Fernando acabó cargando con las dos mochilas y con la pobre María.

El caso es que al final de la etapa de las bicis había una pista, que les conducía al final de la carrera.

Peeeeeero, les pilló la noche en el camino. La mayoría de ellos acabaron pidiendo alojamiento en chozas de la zona, donde vivía gente muy humilde (y cuando digo humilde digo por debajo del umbral de la pobreza) que sin embargo compartió con los concursantes lo poco que tenían para comer. Es para hacernos pensar…

Y luego estuvieron Manuel y Engracia, que tienen una flor en el culo. ¿Os podéis creer que encontraron alojamiento en un restaurante? ¡¡Les pusieron de cenar que eso no se lo comían ni en una boda de pirañas!! Estos tíos van a acabar el programa más gordos que cuando empezaron.

Y al día siguiente llegó la putadilla madre: 328 escalones. No sé muy bien cómo pensaron los de la organización que los concursantes iban a saber con el jeroglífico que les dieron (unos ojos, más una escalera, más un logo del programa) que debían contar los escalones de la escalera que debían subir, pero así era.

Y claro, todos se tuvieron que subir los 328 escalones dos veces. Los primeros fueron los azafatos, que están en una forma que ni Hulk, y a la segunda vez consiguieron acertar el número de peldaños. Manolo y Marta también se subieron la escalera como unos campeones, pero no acertaron el número. Eso sí, como se habían encontrado por el camino con Javier e Hilario y les habían avisado (así se ahorraron el profe y el alumno media escalera) luego les devolvieron el favor diciéndoles el número de escalones.

Sandra y Belinda, amigos, estuvieron esta etapa que no se tumbaron a dejarse morir en una cuneta porque no les dejaron. Que forma de pasar de todo y deprimirse gratuitamente, amigos. Y es que a Sandra le dio la morriña, porque su retoño hacía la comunión y ella no iba a poder estar ahí. Yo pensaba que para eso sólo hacía falta un cura…

El caso es que quedaron así:

1.- David y Javi (azafatos).

2.- Javier e Hilario.

3.- Manolo y Marta.

4.- Manuel y Engracia.

5.- María y Fernando.

6.- Sandra y Belinda. Y con las vascas llegó la sorpresa.

El caso es que ésta era una etapa de falsa eliminación, lo que estaba previsto desde el inicio del programa, como demostró Raquel Sánchez Silva con un periódico a lo secuestro de las pelis. ¿Y eso qué significa? Pues bien, que Sandra y Belinda no están eliminadas, sino que participarán en la siguiente etapa, siendo las primeras en salir y haciendo de cebo al resto de concursantes.

Si llegan entre las tres primeras en la etapa 8, podrán quedarse en el concurso y los primeros que las atrapen ganarán la inmunidad.

¡Así están las cosas!

Peligro de muerte en ‘Pekín Express’

Menos mal que le pasó a Engracia y sobre todo a Manuel, que son hombres aguerridos, duros y curtidos en el campo, porque si le pasa a algunos de los yogurines se matan fijo. Os hablo del frenazo del camión.

Para el que no lo viera: resulta que algunas parejas quisieron subirse en un camión para que les llevara en la ruta. Cuando estaban ya todos subidos, al conductor camboyano le debió dar reparo y les dijo a todos que se bajaran. Pero Manuel y Engracia no se bajaron, no se si porque no se enteraron o porque no se quisieron enterar.

 

Entonces llegó la tragedia. El cabrón (perdónenme ustedes, pero no tiene otro nombre) del conductor se dio cuenta de que estos dos iban detrás y no se le ocurrió otra cosa que pegar un frenazo de padre y muy señor mío. Manuel, que estaba agarrado a una cadena que cruzaba la caja del camión, a la altura de la cabeza, le pegó un mordisco que dejó los eslabones tiritando, engracia se dio el piñazo padre contra el suelo y hasta el cámara se fue a hacer gárgaras.

Os lo digo, no se mataron porque a Dios le debe gustar la jota. Eso sí, como al final el conductor se ablandó (creo que porque pensó que había estado a punto de cargarse a dos guiris y que le podía caer el marrón del siglo) les dejó seguir el camino, y los dos de Ciudad Real encantados, jugándose la vida…

Más cosas. Menos mal que se fueron Esther y Oriol, porque perdieron la etapa y era eliminatoria, porque a esa chica ya no la soportaba. Más pava y la asan el día de acción de gracias. El caso es que como también llegaron los últimos en la anterior carrera debían llevar un par de cerditos durante todo el camino como castigo, como handicap. Que yo me pregunto qué narices habían hecho los pobres animales para merecer eso.

Esther ya se puso flamenca desde el primer momento, que si los cerdos le daban asco, que si ella no los tocaba… ¡Más asco le daría ella a los cerdos, que la miraban y chillaban como si hubieran visto una carnicería! Una cosa me ha quedado clara, los guionistas del programa son un prodigio de ingenio: llamaron a los cerdos Handi y Cap.

Al final, os podéis imaginar, el pobre Oriol, que además de un calzonazos es muy buen chico, acabó cargando con las dos mochilas, los dos cerdos y su novia, que es la más pesada de todas. Y hablando de Esther, lamentable la bronca que tuvo con el azafato, que encima, le había estado cargando con la mochila. Así es Esther, agradecida como un Gremblin al que das de comer pasada la media noche.

Me dio un poco de penilla cuando se pusieron a pedir para hacer dos equipos y dejaron para el final a Manuel y Engracia, que se sintieron un poco tristones. Y es que esta edición estuvo casi protagonizada por los dos veteranos del concurso.

En primer lugar, todos están un poco hartos de ellos, porque “un rato hacen gracia, pero luego cansan”. Y es que los jodíos se pasan la vida como si estuvieran de excursión con el colegio y cantando, si por cantar entendemos chillar como si no hubiera mañana y no colocar bien ni una sola nota, que parece que los tíos están componiendo la canción sobre la marcha.

Y encima, para colmo, hemos descubierto que son un poco de la cofradía del puño cerrado. Resulta que Raquel Sánchez Silva montó una subasta a lo Christie’s, pero con un montón de camboyanos pobres mirando por detrás, en la que todos debían pujar. Pues los amigos de Ciudad Real tenían más pasta que la Reina de Inglaterra, cuando siempre llegan a los campamentos sin provisiones, con cara de perrillos abandonados y comen de lo que los demás compran.

Y claro, cuando sus compañeros vieron a los mendigos del grupo sacando los cuartos fliparon en colores y se tuvieron que acordar hasta del Tío Gilito y toda su estirpe.

En otro orden de cosas, amigos, qué sutiles son en Pekín Express con la publicidad localizada. ¿No os habéis fijado en como beben los concursantes una determinada bebida isotónica siempre con el logotipo bien a la vista? Ja ja ja. ¡Publicidad subliminal pero a lo explícito!

Sigo alabando la labor de los cámaras que acompañan a las parejas. En una ocasión varias parejas cogieron una misma Pick Up y no cabían ni con calzador y uno de los cámaras iba con medio cuerpo fuera, que no lo perdieron en un bache porque deben llevar ventosas en los pies.

Anda que no aprendemos cosas con Pekín Express. Por ejemplo, hemos averiguado que los camboyanos son súper discretos a la hora de casarse. Madre del amor hermoso. Yo no sabía si aquel pobre novio camboyano se casaba con una mujer o con un árbol de navidad con las luces puestas. Cuanto amor por lo hortera, señores.

También cabe destacar el papel del alcalde del pueblo en la prueba de la receta de cocina. Ya os digo que hay que tener redaños para comerse una receta con hormigas y otra con tarántulas que te hagan dos guiris llenos de mierda en cualquier lado. Es como si nos atreviéramos a probar una paella hecha deprisa y corriendo por dos camboyanos. Pero ahí estaba el hombre, con pinta de ser un especulador inmobiliario frustrado y probando.

Eso sí, el tío de protocolo entendía poco, porque el arroz que le llevaron Manolo y Marta se lo escupió a los pies de Raquel Sánchez Silva sin ponerse ni colorao. “Es que quemaba dijo”. Joder, hijo, sopla un poco.

Y llegó, amigos, el momento lacrimógeno total: la llorera de Manuel. Al pobre hombre le dio un bajón y se puso a llorar más rojo que un tomate y a hacer unos pucheros que habrían conmovido hasta a Vlad Tepes el Empalador. “Me lo tomo en serio aunque me veáis alegre” decía el tío. Pues alegre, alegre no parecía, el jodío.

A este tío lo ponen a protagonizar un anuncio de abandono de perros del estilo “él nunca lo haría” y las perreras se vacían en una hora.

En fin, amigos, la cosa está así:

1.- Manolo y Marta (que bien me caen el padre y la hija).

2.- Sandra y Belinda (con lo que lloró Belinda porque se quedaban las últimas).

3.- Engracia y Manuel (y luego se cogen esos disgustos).

4.- David y Javi (divinos, como siempre, les llaman los rayaneros).

5.- María y Fernando (espectaculares los pantalones de sordomudo de ella).

6.- Javier e Hilario (el amigo alumno es como un pegote).

7.- Sonia y Menchu (comienza a mejorar mi opinión sobre ellas).

Pelea a tortazos y patadas en ‘Pekín Express’ entre Alazne y Silvia

Ya sabéis que no sigo Pekín Express, más que nada por no volverme loco con tantos realities, pero ayer lo puse un rato.

¿Y qué me encuentro?

Pues a una concursante soltándole una leche a otra.

La cosa fue así: Alazne y Meritxell estaban en un autobús, rumbo a la meta, cuando se subieron Silvia y su novio Carles. Como siempre pasa, a las que estaban en el autobús les jorobó sobremanera que se les colaran las otros, y a Alazne no se le ocurrió otra cosa que acusar a la pareja de novios de no haber pagado.

La intención de Alazne era que largaran del autobús a Silvia y compañía, pero lo que pasó es que Silvia le largó un tortazo a Alazne que ríete tú de Bud Spencer.

Y se armó la marimorena: Carles echando agua, la otra gritando “hija de puta” y la simpática de Meritxell soltando patadas.

(No os perdáis en el vídeo al nepalí del fondo roto de la risa ante la escena)

Meritxell, que es lista cual coyote, va y dice: “tranquila hija, que se ha llevado dos buenas patadas” y lo dijo así, en plan Latin King, orgullosa.

Eso sí, luego dice “¿Esto no está grabado, no? Pues lo negaré”.

Me pareció un poco floja la reacción del programa, que lo único que hizo fue amenazarlas con la expulsión.

Si en Gran Hermano un concursante le pega a otro lo ahorcan colgado de la encina del patio…

En fin ¿qué os pareció?