Archivo de agosto, 2021

Sofía Suescun hace llorar a Gianmarco con una puñalada mentándole los cuernos que le pusieron

 

Este en Gianmarco en ‘GH’… es verdad que el chico es muy de disgustos.

Hay gente que no mide los ataques. Por ejemplo, Sofía Suescun cuando está en la tele, que tienes la más mínima discusión con ella y trata de destruirte con todo lo que tenga. A Sofía le gustaría que las bombas atómicas se vendieran en paquetes de seis para ahorrar, porque las gastaría mucho.

Se pone hecha un basilisco y hasta que no estás como pasado por la trituradora no le vale. Y eso hizo con Gianmarco. Cuando Mel Gibson hizo la peli de La pasión de Cristo contrataron a Sofía para que maquillara al actor al final de la crucifixión. Y no era maquillaje. Le dijeron a Sofía “uy, pues Jim ha hablado mal de ti…”, y dejaron que la ira de Sofía hiciera su magia.

Pero vamos por partes. Sofía era la última anfitriona de Ven a cenar conmigo: Gourmet edition, que entre Sofía y Gianmarco han convertido en Ven a Cenar Conmigo: A hostia limpia edition.

“Cocinar se me da fatal, no me gusta, no me gustan los pasos”, dijo Sofía, que prefiere cocinar todo a la vez. Echas el arroz, el caldo, los pimientos enteros, la cebolla sin pelar y un pollo vivo y hala, que se haga el arroz con pollo él solo. Sin pasos, joder.

“Solo disfruto de la comida que me prepara Kiko”, alegó. Ese muchacho entra por la puerta y se pone un delantal y una cofia. Kiko es lo que pasa cuando se enamoran un chef y una keli.

“Va a estar muy rico, eso sí”, dijo Sofía sobre su menú, con mucho optimismo. “Encontramos El dorado en un par de horas” y “va a estar muy rico”, dos cosas que acabaron igual.

El primer plato se llamaba De Navarra al cielo. Copia de eslogan a Madrid, denuncia de Ayuso en 3, 2, 1…

Para dar más pena que Heidi en el día que los padres van al cole a explicar a qué se dedican, Sofía contó que en su infancia comía austero. Había tan poco de comer que a las cucarachas en casa de Sofía se les veían las costillas.

“Mi dieta es muy variada, desde pequeña no tenía otro remedio, tenía que comerme lo que me ponía mi madre si no quería morir”, nos contaba Sofía. Y es que según ella cuenta su madre es poco de gastar dinero. Maite se va a hacer enterrar con la cartilla del banco.

“En el colegio, durante el recreo, mis compañeras tenían bocadillos de chorizo o jamón y yo en la mochila me encontraba un plátano, un yogur si tenía suerte… y yo tenía envidia de los bocadillos de mis compañeras”, contaba Sofía. Joder. Esto se lo pones a un mendigo cojo de las afueras del París del siglo XV y llora de la pena.

A Maite Galdeano no la conocían en la charcutería. La única proteína que Sofía comía de pequeña eran los padrastros de los dedos cuando se los mordía. Sofía no supo lo que era un paluego de carne hasta que tuvo 20 años.

“Este plato me enseñó a hacerlo mi hermano y me dijo que no me cortara con el aceite”, nos explicó Sofía y no, no se cortó. En el aceite que echó Sofía se podía freír un elefante.

El plato eran pimientos del piquillo tratando de mantenerse a flote en el aceite, fritos con ajo y puestos sobre una tosta de pan antibalas con anchoas encima. Anchoas que tenían una pinta de baratas y saladas que las pisa un cerdo y la pata se le convierte en jamón en el acto.

El plato principal era Aluvión de Likes. Aluvión de hojas de reclamaciones más bien.

Era un trozo guarro de salmón frito. Madre mía qué elaborado. Con esa receta se lía David Muñoz.

“Se podría decir que soy influencer”, dijo Sofía. Sí, claro que se podría decir. Y también se podría decir que Ibai Llanos va a desfilar con Victoria’s Secret y lo mismo no es verdad.

Sofía se puso a cortar cebolla y comenzó a llorar como si estuviera cortando un bote de gas lacrimógeno. Las cebollas de Sofía son capaces de disolver manifestaciones. Las compró Maite Galdeano a un agricultor de Chernóbil porque se las dejaba baratas.

Sofía lleva unas uñas debajo de las cuales no es que quepa mierdecilla, es que cabe una fosa séptica. Con esas garras Sofía se encuentra con una familia de Velocirraptors y la enseñan a cazar con ellos.

Llamó a Kiko por videollamada para que le ayudara a hacer el salmón. “Pones el fuego al máximo”, le dijo Kiko, que lo mismo fríe salmón que forja una herradura. “¿Al máximo, seguro?”, dijo Sofía acobardada, porque piensa que su vitrocerámica es un alto horno.

“¿Es normal que salga humo?”, preguntó Sofía cuando el aceite empezó a echar humo.

– Doctor, ¿es normal que el paciente no respire?

– Capitán, ¿es normal que el barco se esté hundiendo?

– ¿Es normal que me haya sentado desnudo encima del hámster y que ahora no lo encuentre?

Otras preguntas sobre la normalidad que la gente suele hacerse.

“Echalo en el fregadero”, le dijo Kiko sobre el aceite hirviendo. Kiko quería renovar la cocina por la vía del incendio tocho.

“Si sale mal es por tu culpa, a mí no me digas nada”, dijo Sofía, echando mierdas fuera.

Sofía le echó al salmón sal. Mucha sal. TODA LA PUTA SAL. El mar muerto era un sitio lleno de peces hasta que Sofía lo aliñó. Sofía no le pide una tacita de sal al vecino, pide un camión a la salina de Torrevieja.

El salmón iba con una cebolla mal pochada y unos chips de remolacha frita de sobre de color rojo. Qué presentación más mala. Sofía te presenta a Brad Pitt y te parece feo de lo mal que lo presenta.

A ese conjunto que ya de por sí parecía decir “que alguien me mate”, le echó crema de vinagre de Módena hasta que desapareció cualquier otro sabor. El plato era vinagre de módena con cosas debajo.

El postre se llamaba: Si crees que te lo has ganado Sofía te lo dará regalado. Sofía se pone un restaurante y mueres de inanición antes de acabar de leer la carta.

Era una tarta de queso. Hecha, una vez más, con la Thermomix.

Sofía intentó untar mantequilla en un molde, pero no podía con las uñas. Te pones las uñas de Sofía y te dan una invalidez del 33%. Llevar eso en el día a día tiene que ser peligroso. Te vas a poner un tampón y se haces otra vagina.

El gato de Sofía, uno de ellos, se puso a chupar la fuente con mantequilla y a meter las patas en el molde. No pasa nada, Sofía usó el mismo recipiente sin lavarlo. La baba de gato y el polvillo de la arena donde caga, qué puntito le da eso a cualquier receta. Gatocrem.

“20 cucharadas de azúcar”, ponía en la receta, pero ella le puso paladas de albañil haciendo mortero. Lo remató con mermelada de bote roja como si hubieran sacrificado a un prisionero encima.

El primero en llegar fue Gianmarco, que le dio al timbre ocho veces. Se había puesto una camisa que debería ser delito y, por supuesto, abierta hasta el ombligo, porque Gianmarco se abrocha los botones y se le asfixia el pecho. Las tetas de Gianmarco están más vistas que las de la vaca de Milka.

“Está genial este olor de cebolla y de ajo”, dijo Gianmarco nada más entrar, porque iba más resentido que Britney Spears el día del padre y con ganas de revancha y criticar a saco a Sofía, para devolverle a la muchacha las gentilezas de tocar las pelotas que le dijo ella en su cena. Las genitalezas.

Nada más entrar ya se pusieron a echarse mierda el uno al otro como si se estuvieran abonando mutuamente.

Sofía había puesto de cóctel queso azul y Gianmarco lo definió como “queso con gusanos”. Lo matan como vaya a Cabrales.

También había langostinos, que para un cóctel es una mierda porque te huelen los dedos y hay cáscaras. Ya que estaba podía haber puesto algo menos aparatoso, como el corazón crudo de un jabalí.

Yurena llegó con una blusa que ella consideraba color “verde militar”. Eso se lo pone un soldado y le dispara el enemigo y sus compañeros.

Sofía sentó a Gianmarco solo en un lado de la mesa. No lo sentó en un potro de tortura porque le falló el reparto de Amazon, pero lo tenía pedido.

“Sofía había tomado nota de mi casa al poner la mesa”, dijo Terelu al ver la mesa puesta, porque poner los cubiertos y las servilletas lo inventó ella.

Sofía preparaba las tostas de pimientos tirándolos desde dos metros de altura. La presentación era como si un gato hubiera vomitado en el plato.

A Gianmarco le echó en su plato muchísima sal y Gianmarco casi se lo pone a Yurena, por ser caballeroso. Este chaval necesita un catador por si lo envenenan.

Gianmarco lo mordió y se le quedó un trozo de pimiento colgando de la boca. Un trozo de medio metro. Con ese paluego la madre de Sofía tenía para dar de comer a la familia una semana.

“Me gusta la cocina con menos sal”, dijo él. Sí, básicamente la comida que no está en salmuera. Gianmarco criticó todo lo que había en el plato, incluida la composición química de la loza.

Sofía dijo que a GH se presentó su madre y que ella la acompañaba y que su madre fue la primera expulsada y que ella ganó. Y luego dejó claro que ha ganado realities. La vida laboral de Sofía le hace sombra al currículum de Einstein.

“Cuando entré en GH tuve mis rollitos, pero a Kiko le había echado el ojo con 17 años”, contaba ella y el resto de la historia es un relato de acoso en toda regla, porque Sofía dijo que le seguía, escribía, le buscaba… joder. Miedo. Prefiero gustarle a Candyman que a Sofía.

“Le mandé un mensaje a Kiko y me bloqueó, lo hizo Gloria Camila, me lo ha contado Kiko”, dijo Sofía. JAJAJA Echar las culpas a tu ex, de primero de relaciones.

O sea, que Kiko prefirió a Gloria Camila que a Sofía y ésta le escribía mensajitos a un chico con pareja. Vaia, Vaia.

Y Llegó el momento puñalada. Gianmarco lloró porque Sofía le tocó la patata a mala leche con sus problemas en el amor y sus cuernos. Sofía es que no mide. Sofía es capaz de hacer llorar a una estatua metiéndose con sus problemas personales.

El comentario fue tan feo que hasta Terelu fue a regañar a Sofía. “No se mete un zarpazo así con la infidelidad”, le dijo la señora, conmovida por la pena de Gianmarco, que hizo de modelo de la Virgen María lamentándose en la Pietá de Miguel Ángel.

“Puedes pedirle perdón por mí… eso te hace mejor persona”, le dijo Terelu a Sofía para convencerla. Sí, pedir perdón hace que Dios le dé una patada a la Madre Teresa de Calcuta para hacerte hueco a su diestra.

Sofía en la cocina ya sola se puso a burlarse del dolor de Gianmarco y a imitarle lamentándose. Sofía un día iba con su empatía por la calle y se despistó y se la atropelló un camión y desde entonces pues no tiene.

Como a Gianmarco no le gusta la cebolla, le hago otra ronda de cebolla”, dijo. A tomar por culo. Como a Gianmarco no le gusta morir, pues le pongo matarratas y otras cositas que piensa Sofía. Le puso en el plato la producción anual de cebolla de Almería.

El salmón del plato principal estaba más seco que la pata de Tutankamon.

“¿A quién buscabas en el salmón, a Adara?”, le dijo Sofía a Gianmarco porque no se lo había acabado, sacando de nuevo el tema de los cuernos, a ver si con un poco de suerte Gianmarco se quitaba los cordones de los zapatos y se ahorcaba con ellos allí mismo.

“¡¡Ya el conejo me enriscó a la perra!!” dijo Yurena y dejó a la gente tiesa. Al parecer es un dicho canario que allí nadie conocía. Yurena acaba con las discusiones por la vía de dejar a la gente pensando en qué cojones dice.

“El salmón se pega a los dientes”, dijo Gianmarco, que en lugar de salmón estaba comiendo lapas. Los dientes de Gianmarco pegan más que el Loctite Forte. “Si me como esto voy al hospital y me muero”, dijo Gianmarco, que no es nada exagerado.

Se pusieron a discutir y le jodieron la cena a Terelu y a Terelu si le estropeas lo de comer se enfada, así que se fue a la cocina a buscar refrescos. Así es ella, se le pasan los disgustos abriendo neveras de otras personas. Terelu supo abrir la lata sin que le ayudara Luz.

“Te pido disculpas por tratar de hacerte daño con un tema tan delicado, porque sé que lo has pasado mal y en el fondo no quiero que nadie sufra con eso”, le pidió perdón finalmente Sofía a Gianmarco, con poco convencimiento.

“Me sale de lo más adentro”, le aseguró a Gianmarco Sofía, que en su interior debí estar pensado “sí de lo más profundo del culo”.

Espero que esas disculpas sean sinceras, porque si no, no te disculpes”, dijo Terelu, que había obligado a Sofía a pedir disculpas. La coherencia y Terelu, una historia de desencuentro.

Quiero ver a tus gatitos y comérmelos”, dijo Yurena con tanto énfasis que creo que se los quería comer de verdad. Y claro, cogió a uno y el pobre gato luchaba por su vida y se retorcía en brazos de Yurena para no ser devorado.

Yurena, acariciando un gato:

El bicho le dejó con más pelo que el Yeti en invierno. Y claro, el pelo acabó en la tarta. Era tarta de queso y pelo. Riquísima. Yurena y Sofía llegaron con las tartas y con pelo encima como para matar a un alérgico a los gatos. Pero qué risas. “Como tenga pelos me mosqueo, eh?” Dijo Terelu que se apartó de Yurena como si fuera una leprosa.

A Gianmarco, oh, sorpresa, no acabó de gustarle el postre, aunque dijo que era pasable. Bien por él y por su sinceridad.

El gato asomó al salón y Terelu se puso tensa como si hubiera aparecido un señor con una motosierra.

“Ahora os cuento el misterio de los gatos porque la puerta está cerrada y ha salido el gato”, dijo Sofía. EL MISTERIO DE LOS GATOS QUE SALEN DE UNA HABITACIÓN. El mundo no está preparado para algo así. Que vengan los alien para que nos vayamos acostumbrando a los cambios.

“Vosotros sabéis que en esta casa yo sufrí un robo”, contó Sofía, que empezó a inventarse historias fantásticas sobre el hurto que lo van a coger de referencia para Ocean’s Taitantos. Sofía se inventó una historia en la que uno de los gatos atacó al ladrón y frustró el robo. Gatúritas Direct.

“Se fueron en mi coche, pero el gato les atacó de nuevo y les cogió por la oreja”. Cuqui, el gato policía. Lassie era una mierda al lado del gato de Sofía, que si tiene un buen día te desarticula el cártel de Medellín en una mañana.

Y en el fin de fiesta apareció Maite Galdeano, porque claro, ella y Sofía son inseparables, son peores que Alaska y Mario, que cagan juntos aunque uno no tenga ganas.

Maite se puso a imitar a Fernando Simón y Yurena pensó que era Lydia Lozano. Sí, Maite tiene futuro en el mundo de la imitación.

Y llegó el final. Giamarco le dio a Sofía de nota un cero. Como Sofía a él. “Para la nota cuenta la comida, pero también cuenta si río”, dijo Gianmarco. Si río, si lago, si bahía…

Terelu le dio un 8 y Yurena un 6. Ganó Terelu, por los pelos. En cuarto lugar quedó Gianmarco. En tercer lugar quedó Sofía.

Y se acabó lo que se daba!!

El truco para que los invitados pesados no vuelvan a tu casa: entiérrales la comida en cosas horribles

Yurena, que se moja y es como Gizmo. (TELECINCO)

Llegó por fin la cena de Ven a cenar conmigo: Gourmet Edition en la que Yurena ejercía como anfitriona. Yurena consiguió una cena mediocre, pero un milagro grandioso: que Terelu, Sofía Y Gianmarco hicieran una buena acción.

Yurena hizo ensaladilla rusa y la enterró en aceitunas negras. Yurena hizo huevos rellenos y los enterró en cherrys y espárragos. Yurena hizo tarta y la enterró en coco. Si queréis hacer desaparecer un cadáver sólo tenéis que decirle a Yurena que es comida y ella os lo entierra.

Vaya por delante que Yurena me parece un amor de persona, la más educada, cuerda y buena de su edición. ¿Es más rara que ponerte unos pantalones con el culo recortado para un entierro? Sí, pero es más maja que las pesetas.

Yo era Tamara, pero a principios de 2012 comenzó la nueva Yurena”, nos contó Yurena, que en su biografía tiene más alias que un agente doble de la Guerra Fría.

Yurena besaba a su gata tanto que es el único minino que no tiene que lamerse para lavarse. En casa de Yurena la que vomita bolas de pelo es Yurena. El gato de Yurena no ronronea para que le cojan, ruruega para que le suelten.

“En el año 93 se compone y se produce A por ti, el maxisingle más vendido de la historia de este país”, explicaba la mujer, que ha vendido tantos discos que España se convirtió en el primer importador de vinilo del mundo.

Me convertí en un fenómeno que nunca se había dado en España”, dijo orgullosa. La comunidad educativa mira cada septiembre los libros de Historia nuevos a ver si han incluido ya a Yurena para poder explicarla en clase.

“Yo siempre estoy abierta al amor”, dijo Yurena, que es el 7Eleven del cariño. A Yurena le llega el amor a las cinco de la mañana de un domingo y la pilla vestida y esperando en el salón.

Yurena repitió su entradilla del programa medio millón de veces. La pones a dar las campanadas y ese año los españoles se comen 480 uvas.

“Necesito un redbull o algo, ¿eh?”, dijo Sofía antes de empezar el programa, porque llevaba encima una empanada gallega de kilo y medio.

El primer plato de Yurena era ‘Duna Negra’. Era un homenaje a su gata, que se llama así. Por eso hizo una cosa que parecía sacada de una lata con la foto de un gato. Era una ensaladilla rusa normal y corriente, pero con medio millón de aceitunas negras por encima.

– Papá, yo querría ir a la Universidad, pero claro, con lo que ganas vendiendo aceitunas sé que no puedo.

– Hija, vas a ir, ha ocurrido algo maravilloso…

Y así.

Eso no era una duna negra, era duna donde han cagado muchos conejos con la tripa mal. Era como un cónclave de escarabajos peloteros mal avenidos.

El principal eran ‘Yurehuevos’. Eran huevos rellenos con tomate frito de bote. Eso lo haces en MasterChef y aparece por la mañana ahorcado con los cordones de sus zapatos Jordi Cruz.

Los decoró con muchísima imaginación: apuñalándolos con un espárrago y con un tomate cherri encima, un ingrediente que nunca se ha usado en la cocina.

El postre era Tarta Margarita. Era un bizcocho carbonizado relleno de chocolate y flan. Era en homenaje a su madre.

Yurena intentó hacer un flan de sobre y no consiguió que espesara. Por el amor de dios, que el flan de sobre espesa aunque lo hagas con aire, que te lo echas en una herida de bala y te la coagula. Pero nana, a ella no. Yurena hace un puré de patata en polvo y se le corta.

Luego le puso por encima a la tarta mucho coco y parecía la tarta preferida de Pablo Escobar. Filomena pasó por Madrid y por esa tarta. Era como si la tarta hubiera llegado a la vejez y no tuviera intención de teñirse las canas.

Gianmarco no tiene miedo a nada, porque se presentó en la casa de Yurena con una rosa para regalársela. Es como ir a casa de un ruso con un revólver con una sola bala. A Gianmarco le llamó una vez la Inquisición para interrogarle y fue con una camiseta de la Bruja Avería.

Pero la primera en llegar fue Terelu. El cóctel lo habían servido en la terraza y había avispas por allí pululando. No sé si eran parte del aperitivo.

Terelu criticó el cóctel, porque dijo que el embutido estaba seco. A Terelu le gusta el lomo embuchado mojado en su taza de duralex.

Hay gente que es alérgica a la picadura de avispas, de escorpiones…”, nos explicó Yurena, porque los escorpiones no son venenosos, es que son alérgicos para el 100% de la población del planeta.

“A las avispas le gustan los embutidos”, nos iluminó Terelu, que es la Félix Rodríguez de la Fuente de la carne en barra. Los jubilados en una boda y las avispas, seres a los que les gustan los embutidos.

Llegó Gianmarco y le dio la rosa a Yurena. “Eres adorable… te daría un…”, dijo la anfitriona, pero se reprimió. Hijo, creo que iba a decir hijo. Fue Gianmarco el que dijo “¿entramos?” porque Yurena se quedó embelesada en la entrada.

Gianmarco se puso a hablarle en inglés a Yurena. Ella dijo que empezó a estudiar inglés a los 12 años y que ejerció como profesora. Los alumnos de Yurena se fueron de fin de curso a Londres y siguen allí incapaces de comunicarse ni encontrar la salida.

Los comensales se fueron a cotillear por la casa de Yurena. La cama tenía un dosel azul y estaba llena de peluches. Se pensaron que era la cama de un niño. Para que te baje la lívido puedes cortarte el pene o entrar en la habitación de Yurena.

Sofía se empezó a probar ropa de Yurena, que en el armario tiene trajes como para salir en la película de Drácula sin pasar por vestuario.

Estoy arriesgando con algo que no se ha hecho nunca”, dijo Yurena sobre su ensaladilla enterrada en aceitunas. Si no se ha hecho nunca, por algo será, mujer.

Llegó el primero a la mesa y Terelu empezó a descojonarse. Y claro, después Gianmarco y Sofía.

“¿Por dónde se empieza?”, preguntó Sofía. Pues se empieza por cavar con una pala para encontrar la ensaladilla de abajo.

“Las podéis apartar”, dijo Yurena. Las podéis apartar si tenéis un buldozer. Las podéis apartar con unos barrenos de dinamita y muchos años de desescombro.

“Tantas aceitunas juntas es un poco agresivo”, opinó Sofía, que se encuentra una pandilla de Latin King con machetes y piensa que vienen a jugar, pero ve una lata de aceitunas y se siente agredida.

“Miusic raun de guol” es uno de los éxitos de Yurena, tal y como ella lo pronuncieicion.

Sofía, por aquello de no tocar temas dolorosos, le preguntó por Tamara. “La chica que canta boleros me demandó”, les contó Yurena, que dijo que le regaló el nombre a la chiquilla, y se puso Ámbar y luego Yurena. La siguiente opción era registrar el nombre artístico XDR34FR56HU789?@#1234.

“Tamara hace muchos años que murió porque yo, Yurena, decidió que muriese”, contó Yurena, que es como un capo de la mafia italiana, pero de los nombres artísticos.

Las arañas conocidas como viudas negras son uno de los animales más letales que existen, son unas cazadoras terriblemente eficaces. Y lo son porque cuando son pequeñas sus mamás les ponen el vídeo de Yurena haciéndole una encerrona a Gianmarco en la cocina.

El italiano fue a la cocina a ver si podía ayudar con el segundo plato y Yurena cerró la puerta tras él con un lenguaje corporal similar al de un atracador justo antes de entrar en un banco. Yurena le cierra la puerta del coche a la niña de la curva y la pobre niña se arroja por la ventanilla antes de llegar a donde se mató.

Comenzó a agarrar a Gianmarco por los hombros como un cóndor de los andes agarra a una oveja despistada.

“ME VOY”, dijo Gianmarco, haciendo un regate que si este programa lo ven en París despiden a Messi y se quedan con Giamarco en el PSG.

Y llegaron los Yurehuevos. Las caras. Las caras, por dios. Terelu. Sofía y Gianmarco metieron eso en la boca como el que se bebe el contenido de una botella con el símbolo de una calavera.

Como le criticaron también el segundo plato Yurena se vino abajo. Se puso a llorar y muy triste.

Yurena se puso a cantar por Rocío Jurado y Gianmarco se puso a descojonarse mucho. “No me estaba riendo en su cara”, dijo el muchacho. No, estabas mirando al mantel, pero en su puñetera cara te estabas riendo.

“Estos días he tenido una laringitis importante”, se justificó Yurena, que lleva con faringitis desde el año 90. Yurena una vez que se tomó un strepsils y le hizo unas sustituciones a María Callas.

Llegó el postre. Los Yurehuevos son como los boomeran, se fueron por donde habían venido. Antes de que viniera Yurena con el postre, Sofía, Terelu y Gianmarco pactaron en decir que les gustaba aunque no fuera así para no ofender a Yurena.

¡¡MILAGRO!! Algunos de los corazones más duros y fríos de la tele preocupándose del bienestar emocional de otra persona. Vivir para ver.

Terelu se salió a la terraza a comerse los restos del aperitivo. Terelu es como los mapaches, te dejas la tapa del cubo de la basura abierta y te la encuentras rebuscando.

Yurena dijo que la tarta se la había visto hacer a su madre “millones de veces”. Lo que pasa es que la pobre mujer, que en paz descanse, debía cocinar a oscuras, porque esa tarta tenía toda la pinta de ser la versión surrealista de un paisaje.

Yurena cortó la tarta y vimos cómo era por dentro. A ver cómo lo describo… vale, mirad, si yo supiera que se avecina una guerra nuclear, preferiría meterme debajo de la tarta de Yurena que en un búker antibombas. Joder. Ese bizcocho estaba a unos pocos hierros de ser hormigón armado.

Los tres comensales cumplieron su palabra y dijeron que la tarta estaba muy buena. Terelu se la comió toda, pero como el que toma jarabe de cojón de trol para salvar su vida. Gianmarco va a estar seis meses en el gimnasio solo para quemar ese pedazo de tarta.

El caso es que Yurena se puso contenta. Qué fácil es hacer felices a las personas.

El fin de fiesta consistía en abandonar a sus comensales en el jardín a oscuras a ver si aparecía un psicópata y los mataba. Pero el asesino debía estar ocupado con unos adolescentes a la orilla de un lago, y los tres sobrevivieron.

Así que la que apareció fue Yurena para cantar una canción. Son esas ocasiones en las que un psicópata no parece tan mala opción.

El cuerpo de baile eran Sofía, Gianmarco y Terelu. Como las bailarinas de Lola Índigo, pero atadas a una silla. Pinocho bailaba así antes de ser un niño de verdad. Tereru iba desfasada porque todo lo que tenga más pasos que Los Pajaritos es muy complicado para ella.

Sofía le puso un 5. Gianmarco le dio un 7. Terelu le dio un 6. De esto podemos sacar una ilusionante conclusión: La gente buena es querida, aunque sea diferente.

Ese es el milagro de Yurena: ablandar los corazones de piedra.

Y se acabó lo que se daba.

 

Cuando te lo dan todo hecho y acabas volviéndote poco hábil: el caso de Terelu Campos

Terelu y sus cuatro brazos. (TELECINCO)

Apéndices de manejo y utilidad en humanos: manos, quizá pies, (lo otro que estáis pensando) y en el caso de Terelu Campos, una señora llamada Luz que le hace cosas todo el rato y un robot de cocina que trabaja tanto que tiene derecho a pensión contributiva.

Anoche vimos a Terelu en su velada de Ven a Cenar Conmigo Gourmet Edition (a esas cenas va un gourmet y se arranca la lengua) y su empleada doméstica tuvo que intervenir más que los bomberos en las fiestas de San Pirómano.

No sé cómo será en la vida real, pero en el programa Terelu se me presentaba como un ser indefenso (exceptuando por la mala leche) y desorientado moviéndose por su casa y preguntándose como la Sirenita para qué servirían los extraños objetos que la rodeaban.

Pero vamos por partes y de delante a atrás: ¡resumencito del programa!

Lo primero fue la segunda presentación de Gianmarco. Estaba como estudiando en una mesa de cristal con unos libros gordísimos y un puto papel en el que había escrito dos líneas. Los apuntes de derecho de Gianmarco son así:

Cosas malas, caca, juez se enfada y vas a la cárcel.

Cualquier persona que no sea yo es fea hasta que se demuestra lo contrario.

Y así.

Sofía apareció como haciendo abdominales y tiraba un besito cada vez que subía. Abdobesales. Para tal desempeño llevaba un vestido de noche, que es lo que más se usa en los gimnasios. Eso y los trajes de comunión.

Yurena, más conocida como María del Mar Cuena Seisdedos. “Todos me conocéis como Yurena”, dijo. TODOS. Hay un aborigen en lo más profundo del Amazonas, el último de su tribu, que jamás ha visto a otro ser humano, pero se cruza con ella y le dice “¡Ey, qué pasa Yurena!”.

“Soy una persona muy perfeccionista”, dijo Terelu, pero creo que se refería a que es una persona que se pasa la vida poniendo pegas a todo lo que hacen los demás.

Terelu escribía en un ordenador con dos dedos y la pantalla apagada. Lo que la producción literaria de este país se está perdiendo. Por dios, que alguien le encienda el portátil y le enseñe mecanografía, que a ese ritmo llega a ser ella Cervantes y solo escribe tres capítulos del Quijote.

Terelu nos dejó claro que ella comió una vez con Letizia, la reina. La batallita que debe contar cada dos por tres. Yo una vez le di la mano a los Reyes y no voy presumiendo por ahí.

Pues fue una vez durante el aniversario de 20 Minutos y… bueno, ya os lo contaré.

Total, que Terelu sacó al perro. El perro cagó como una mula romera y Terelu recogió el zurullo. Terelu-1 Asistenta-0. “Has hecho caca conmigo”, le reprochó al animal, que ponía ojos de terror que lo cogen para protagonizar la próxima peli de La Llorona.

La cocina de Terelu tiene freidora. La puerta del infierno de las lorzas y las arterias atascadas.

El primer plato se llamaba ‘Banderita, tú eres roja’. Muy bien, ponerle a tus platos nombres de canciones de Marujita Díaz, eso le da un frescor como de jamón de bodega abandonado.

Es un pastel rojo y amarillo, de cangrejo y pimientos y de espárragos. Eso lo pones en un cuartel y te dispara la tropa, ya sea como bandera o como rancho.

Terelu usó la Termomix. Terelu-1 Termomix-1 Asistenta-0.

Al triturado como de mortero de obra Terelu le echó “una cucharadita de sal”. La cucharadita de Terelu la echas en el Mediterráneo y pasa a ser el Mar Muerto II.

Y pareció Luz, la asistenta. Terelu iba ensuciando cosas y la mujer las iba limpiando. Terelu-1 Termomix-1 Asistenta-1.

“Un pastel es rojo y otro como amarillo”, dijo. Unos cojones, era blanco como el culo de Frozen. Y le puso al lado unos rastros de mahonesa como de haber mojado pan un jubilado.

El segundo era ‘Sueño de Florencia’. “Este plato para mí es español”, dijo Terelu, que le puso sueño de Florencia porque le salió del mismísimo. Era pastel de carne con verduras. Está obsesionada con los pasteles.

Las patatas las hizo en el microondas. Todo natural. La salsa llevaba de todo. TODO LO QUE HABÍA EN LA COCINA. Usó el robot de cocina. Terelu-1 Termomix- Asistenta-1. Le ayudó a sacar el pastel del horno Luz. Terelu-1 Termomix-2 Asistenta-2.

Para lo peligroso interviene la asistenta, que es como una extra de escenas de acción. Terelu miraba sentada mientras la mujer sacaba la fuente. Menos mal que Terelu está en Ven a Cenar Conmigo y no en Ven a la Fundición Conmigo, porque Luz no lo cuenta.

‘De Madrid al Cielo’ era el postre. Era un tocino de cielo, que no es de Madrid, pero eh, qué más da.

Terelu intentó separar las yemas. Cuando en 1527, los soldados de Carlos V saquearon Roma hicieron menos estropicio que Terelu con las yemas.

El postre lo hizo con la Termomix. Terelu-1 Termomix-3 Asistenta-2. En casa de Terelu se rompe una tubería y lo arregla la Termomix.

Para el merengue tuvo que intervenir Luz. Termomix. Terelu-1 Termomix-3 Asistenta-3. Terelu se queda atrás en el marcador.

Terelu quiso sacar una paleta de cortar tartas y abrió 254 cajones antes de encontrarlo. Luego quiso cerrar el cajón indicado, pero no podía, porque había un cazo grande como de servirle sopa al Gigante Verde. Llegó Luz y cerró el cajón. Terelu-1 Termomix-3 Asistenta-4.

“Fenómeno, ¿eh? Ahora he quedado yo de…”, dijo Terelu. Si vais a una entrevista de trabajo no digáis que no sabéis cerrar cajones.

El merengue lo puso en el plato como una manga pastelera, haciendo espirales, como si hubiera cagado un ángel encima del postre.

Y llegó la cena. La primera en llegar fue Sofía. “En mi casa cuanto menos se friegue mejor, que mi madre se altera gastando agua del grifo y jabón”, nos contó Sofía. En casa de esta gente la Higiene es persona non grata.

El aperitivo tenía más cosas que un menú degustación.

Gianmarco apareció vestido igual que el primer día. Este chaval no tiene ni una camisa que tenga botones más allá del ombligo.

Gianmarco y Sofía trataron de hacer las paces. “¡Por la cordialidad!”, dijo Sofía, que es como si un tigre grita “¡Por el veganismo!”.

Yurena llegó y se fue lanzada a abrazar a Gianmarco como una lapa al casco de un barco, pero Gianmarco le puso el codito por delante. Yurena se quedó a dos velas.

“Me sucedió una cosa de agua trágame”, nos contó Yurena, que en la cena de Gianmarco se cayó a la piscina, casi a las dos de madrugada. “Yo me iba ya a mi casa, pero estaba oscuro y me iba a montar en el coche y no vi la piscina”, explicó. Las piscinas de 20 metros, que no se ven a simple vista.

Los comensales se fueron a curiosear por casa de Terelu. Era como un museo de Las Campos. Había medio millón de fotos. Sofía y Yurena le hicieron a Gianmarco un examen de españolidad preguntándole quiénes eran los que salían en las fotos.

Gianmarco dijo que Terelu se casó con Elton John, pero era Julio Iglesias y tampoco. Gianmarco compra el ¡Hola! por los artículos científicos.

“En mi casa se sirve siempre al hombre”, dijo Terelu, que es una gran feminista. Te casas con Terelu y espera que salgas a cazar mamuts mientras ella cuida de las crías en la cueva, así de moderna parecía con el comentario.

Las caras al probar el primer plato eran un poema. Pero no un poema bonito, más un poema tipo:

Ay, Dios, qué asco

este pastel es un fiasco

y aunque lleve trabajo

me voy la pata abajo.

“Ah, que me habéis cotilleado… no me habréis abierto un cajón, que tenéis muerte segura”, dijo Terelu, a la que le atracas por la calle con una navaja y bueno, no pasa nada, pero le abres un cajón y te saca el hígado a mordiscos.

Yurena le pregutó a Terelu si estaba enamorada. Terelu dijo que no había “aparecido nadie” en su vida. Terelu en el amor es como un apocalipsis zombi.

“Cuando hay un hombre que me gusta le miro a los ojos, le clavo la mirada”, dijo la anfitriona. A Terelu le gustas y no sabes si está por ti o si está planeando tu secuestro.

“Existe el amor de tu vida en cada momento”, dijo Terelu, que tiene amores de su vida cada cinco minutos más o menos.

“Estuve saliendo con un chico pero lo dejé porque tenía una serie de negocios que eran incompatibles con lo que yo deseo de un hombre”, dijo Yurena. “¿Pero era narco? ¿Tenía puticlubs?”, dijo Sofía, que siempre se pone en lo peor. Para qué va a pensar ella que el señor era comercial y viajaba mucho. Pero sí, eran puticlubs.

Y así, de la nada, llegó otra bronca Sofía-Gianmarco. El italiano trataba de mantener la calma y hablar despacio y con educación, pero Sofía encuentra cualquier resquicio para atacar. Sofía sabría montarle una bronca al Dalai Lama.

Yurena puso fin a la bronca diciendo “STOP”. A Yurena la sueltas en la francia ocupada por los nazis y te para la Segunda Guerra Mundial con un par de “stop”.

Llegó el segundo plato. Terelu no pone los platos en la mesa, los lanza, no sabes si comértelos o dispararles con una escopeta.

“Es un plato muy trabajado”, dijo Sofía del segundo. Y sí, lo habían trabajado mucho Luz y la Termomix. Me da que Sofía entra en un Burguer King y piensa que es alta cocina. Si se pide un long chicken es ya comida fusión.

Yurena es la reina de las metáfotas y las segundas intenciones picantonas y guarrillas. No pierde ripio para hacerle insinuaciones a Gianmarco, que las esquiva a lo Matrix.

“¿Tu crees que Gianmarco puede ser que esté atraído por ti?”, preguntó Yurena a Sofía y Terelu le dijo a Gianmarco que si no se peleaban por la “tensión sexual no resuelta”. La gente que estudia cinco años de psicología pierde el tiempo, cuando puedes atribuirlo todo a que no has follao.

Llegó el postre. Cabe destacar que Gianmarco coge la cucharilla como los cowboys comiendo alubias en medio del lejano oeste. En el capítulo de educación, Sofía tenía merengue en la comisura de los labios y ahí se quedó seis días. El animal mitológico preferido de Sofía es la servilleta.

Se pusieron a jugar al yo nunca. “Yo nunca he sido infiel”, dijo Sofía y luego fue la única en beber. JAJAJAJA Solo bebió ella, pero me da que mentía todo el mundo.

“Yo nunca me he enrollado en una playa”, dijo Terelu. Bebieron todos. Y por eso hay que llevar chanclas en la playa, amigos.

“Yo nunca he fantaseado con una persona del mismo sexo”, dijo Sofía. Bebieron las tres chicas. Gianmarco casi tira la copa lejos de allí para demostrar más su hombría.

“Yo nunca he hecho pis mientras me duchaba”, dijo Terelu. Yurena no bebió y Terelu no se lo creía. Terelu te mira mal si controlas tus esfínteres.

“Hay cosas en la vida que hay que probarlas”, dijo Sofía, para la que saltar en paracaídas y mear en la ducha son la misma cosa. “Yo alguna vez me he aguantado el pis para hacerlo en la ducha y sentir cosas”, nos explicó. Sí, mearte encima le hace a uno sentirse vivo.

El fin de fiesta de Terelu era un señor escalofriante al que no le ha dado nunca el sol y que echaba las cartas del Tarot. Invocar espíritus, la idea de fiesta de Terelu. Tócate los cojones. Vas a una fiesta de esta mujer y de acompañante tienes que llevar a los Cazafantasmas.

“Todas las personas que estáis aquí tenéis muchos difuntos alrededor”, dijo el señor de tez enfermiza. “Están alrededor de la mesa y se paran donde está Sofía”, dijo el señor capaz de hacer que te mees de miedo antes de llegar a la ducha.

“Te está acariciando el pelo, porque cuida de ti”, añadió el señor. JODER. PUTO FIN DE FIESTA. Es fin de fiesta PORQUE SE ACABA LA PUTA FIESTA y empieza el terror.

“¿Mi mamá está conmigo?”, preguntó Yurena y el señor le dijo “lo confirmamos”, como el que mira qué tarifa de móvil tienes.

– Hola, me llamo Wendolyn, le llamo de Muertotel, ¿me dice su nombre para dirigirme a usted y ofrecerle unas palabras de sus muertos?

Y así.

El caso es que la cosa acabó en drama, con Yurena llorando desconsolada. Fiestón. FIESTÓN de la lágrima viva. Pero claro, ¿cómo podía imaginarse si llevas a un señor a hablar de la gente que se ha muerto?

“Te casarás y serás papá de dos hijos”, le vaticinó el señor a Gianmarco y el muchacho se agobió. Hoy mismo está Gianmarco llamando a ver si la vasectomía duele.

Terelu tenía el poder de que le valoraran la cena a la cara. Y claro había acojone. Yurena le dio un 8. Gianmarco un 7. A Terelu le pareció poco. Sofía le dio un 9. PELOTEO PURO.

¡Y se acabó lo que se daba!

Lo peor que te puede pasar en una cena: que te vengan de invitadas Terelu Campos y Sofía Suescun

No sé si es una cosa del siglo XXI o en el Neolítico ya había gente que confundía ser sincero con ser un absoluto maleducado. Es lo que les suele pasar en los realities a Sofía Suescun y Terelu Campos. Si en los Juegos Olímpicos hubiera una disciplina llamada Ofensa, España tendría con ellas dos el oro asegurado.

Ambas fueron invitadas de Gianmarco en Ven a cenar conmigo: Gourmet Edition, junto con Yurena, que es todo amor y armonía. Bueno, armonía la justa, pero es un encanto.

Todo comenzó con Gianmarco como anfitrión. Le presentaron como de profesión “concursante de reality”, licenciado en la Contestant of Reality University

El muchacho salía tirando a canasta y no metía ni una sola pelota y encima después de cinco lanzamientos ya estaba herniado. Gianmarco tiene menos fondo que un plato de ducha.

“Estoy estudiando derecho pero me encantaría bailar y cantar”, nos dijo. Gianmarco en un juicio.

– ¿Tiene algo que alegar la defensa?

– Sí, señoría, permítame que haga mi alegato en formato de musical…

– Fusílenlo.

– ¿A mi cliente?

– A usted.

Y así.

La piscina en la que hicieron el vídeo de presentación era la alberca de una casa abandonada. En esa piscina murieron seis adolescentes en extrañas circunstancias.

Y sí, una de las invitadas era Sofía Suescun. “Todos me conocéis como la colaboradora de Telecinco que ha colaborado en todos los realities existentes”, sí porque por ser la ganadora de un Premio Nobel no nos suenas.

Desde pequeña me imaginaba siendo albañil”, dijo Sofía, que era mucho más realista que sus compañeros de colegio, los muy gilipollas, queriendo ser astronautas.

Soy muy simpática”, alegó Sofía, que no es simpática ni cuando se mira en el espejo.

Sofía salía en su vídeo con un gato. El gato quería irse de los brazos de Sofía. “Este se tira de la ventana”, dijo Sofía. Normal. Es más, yo soy el gato y primero me lo monto para que Sofía se mude a lo alto del Burj Kalifa y después me tiro, sólo para asegurar.

Terelu Campos la otra alegría de la huerta que estaba invitada. “Soy un petardo de persona, muy perfeccionista, soy un rollazo, de verdad”, se presentaba. Por lo menos lo tiene claro.

Terelu no soporta que las cosas estén descolocadas, según reveló. Tiene TOC, pero no trastorno obsesivo compulsivo, tiene TOCAMIENTO OBSESIVO DE COJONES.

“Tengo mi taza de Duralex y sólo desayuno en esa taza”, nos informó, porque las tazas de duralex hacen que todo sepa mejor. A tí te escupe en una taza de Duralex un orco con las encías mal y te sabe eso a ambrosía de los dioses.

– ¿Es esto maná?

– No, es un colacao en un vaso de Duralex.

Y así.

Yurena era la última invitada.

“Yo soy un poco masoquista”, dijo para presentarse y ya supiéramos a qué atenernos.

“En el año 93 lancé el maxisingle más vendido de la historia de este país, por encima de U2, de Alejandro Sanz, de Mónica Naranjo, de Madonna, Back Street Boys…”, dijo Yurena. Han descolgado el retrato de Elvis Presley del Salón de la Fama de Hollywood para hacer hueco para una foto firmada de Yurena.

“He hecho giras por China”, nos contó. El jamón, el aceite de oliva y Yurena como producto nacional de gran éxito en Asia. En China consumen perro, como para no consumir música de Yurena.

La casa en la que salía Gianmarco no era la casa de Gianmarco y todos lo sabemos.

Gianmarco comenzó la cena preparando Spaghetti de la sonrisa (una carbonara, vamos).

Gianmarco dijo que estaba usando era panceta típicamente italiana, pero era el bacon en tiras del Mercadona. Lo echó en un litro de aceite frío. Spagheti al atasco de arterias.

Gianmarco no ha hervido pasta en su vida. Qué desastre. Ya no puede volver a Italia. Es como si sale un español en un programa inglés haciendo paella con chorizo.

El segundo era Involtini del buon humore. Revoltijo que te cagas de la risa. Eran filetes envueltos con queso y jamón. Filete de mal humor.

Le echó agua al aceite caliente donde freía los tomates de la guarnición porque Gianmarco si no produce un incendio no se va tranquilo a dormir. Niños no hagáis eso en casa. No hagáis eso ni en un parque de bomberos.

El filete acabó con el mismo aspecto que el vómito de un zombi al que algo le ha sentado mal. Y lo peor que le puede pasar a un tomate es que lo cocine Gianmarco.

De postre había tiramisú, al que Gianmarco llamó Pastel del Amor.

Se puso a montar las claras a mano. Con la mano de las pajas. Gianmarco es de de paja rápida a juzgar por cómo le costó montar las claras.

Le puso mascarpone. Mucho. Muchísimo. La mitad de las lecherías de Italia se han volcado con ese pedazo de mascarpone.

Empapó los bizcochos en el café que esas soletillas no van a dormir más hasta el día en que se mueran.

No sé si Drácula caga, pero si caga, sus zurullos deben ser como el tiramisú de Gianmarco una vez emplatado. Eso no era Pastel del Amor, era pastel de Cariño Tenemos que hablar.

Cena.

Para la cena Gianmarco se vistió como si fuera de stripper a un entierro, de negro, pero con la camisa abierta. Es que el muchacho es muy de pezones libres.

La primera en llegar fue Terelu y no dejó de poner pegas y de hacer comentarios desagradables desde que llegó. “Esta aceituna que he cogido no me gusta”, dijo Terelu, que es catadora de aceitunas.

Llegó Sofía y si hubiera llamado a la puerta la peste negra a Gianmarco le habría hecho más ilusión.

Terelu le ponía problemas a todo. A TODO. Y lo decía de la forma más hiriente posible. A Terelu los sentimientos de los demás le importan lo mismo que el precio del acero en la bolsa de Moscú.

Llegó Yurena. A Terelu no le pareció que Yurena estuviera a su altura, porque claro, Terelu ha hecho… sí, eso que hizo que era importante… esto… No sé, ya me acordaré.

“Tú paséate, que por lo menos se nos recree la vista”, dijo Terelu, que tiene la entrada vetada en los clubs de strippers porque les dice cosas y los boys lloran. Cuando Terelu pasa por una obra son los obreros los que se sonrojan con lo que Terelu les dice.

– Oye, ¿y Paco?

– Está de baja.

– ¿Se cayó del andamio?

– No, que estaba él enfoscando y pasó Terelu y…

– Pobre.

Y así.

Para Sofía era todo empalagoso. Todo lo que no sea aire es empalagoso para Sofía.

– Sofía, ¿Cómo era Vlad Tepes?

– Empalagoso.

– Empalador, Sofía, por el amor de Dios.

– Eso, empalagoso.

Y así.

Gianmarco les había puesto los platos para luego quitárselos para servirles. No se llevó el mantel para coserlo porque no sabe coser.

Las tres se fueron a fisgar al dormitorio. En un cajón Gianmarco tenía una cosa de madera con forma fálica de esas que es mejor no tocar sin guantes.

También había una foto de Gianmarco hecho un fanegas de pueblo.

Gianmarco no sabía ni servir vino sin que se le cayera fuera y lo puso caliente que se podía cocer pollo en ese vino.

Los espaguetis se habían quedado como pasta para cementar sillares de una catedral.

Sofía probó los espaguetis y puso cara de asco. Bueno, en realidad cuando está en la tele la cara de Sofía es de asco. De su foto del DNI puedes deducir que el fotomatón olía mal.

Resultó que la madera con pinta de pene de persona con un solo cojón, que así era lo que habían encontrado en el cajón, era una cosa para dar masajes. Gianmarco se puso a darle masaje a Yurena y a ella le daban unos calambres que el aparato ese lo puedes usar para masajes o como desfibrilador.

Gianmarco estaba contando su infancia traumática de niño aficionado en demasía a los bollicaos y Sofía descojonada, porque a Sofía los niños gordos no le dan pena.

Llegó el segundo plato, el filete enrollado. Hay pangolines cocidos con mejor aspecto.

“Parece un pez muerto”, dijo Sofía. Bueno, un pez muerto, pero por radiación.

Terelu tuvo que cortar el rollo de carne con motosierra. El examen final para ser leñador en Canadá es cortar algo que haya cocinado Gianmarco.

Y llegó el postre, llamado ‘del amor’. “Nosotros antes o después de hacer el amor comemos tiramisú”, dijo Gianmarco. Vale, si te pides tiramisú en un restaurante italiano es como comprar condones en una farmacia: saben que vas a follar.

El juego final de Gianmarco era ponerse máscaras opacas y probar cosas. Cosas tan locas como comer helado. Qué fiestón.

“Quería ver si confiáis un poquito en mi o no”, dijo Gianmarco, que oye, tiene esa necesidad de saber si la gente desagradable que le trata mal confía en él.

Luego intentó que hicieran todas una coreografía de su superéxito ‘Maracaná’. Si alguna vez os habéis ido la pata abajo con cagurrias y habéis intentado aguantar para no hacéroslo encima ya sabéis bailar la canción de Gianmarco.

“La canción es ridícula y a mí no me gusta hacer el ridículo intencionadamente”, dijo Sofía, que tuvo el santo papo de sacar una canción que hacía llorar a los perros y de decir ahora que no le gusta hacer el ridículo.

“Amargada y maleducada” es como Gianmarco definió a Sofía Suescun y es posible que acertara al 100%.

Gianmarco y Sofía estuvieron a punto de sacarse los ojos a navajazos en la ‘fiesta’ de después pero para Yurena solo fue un “pique sin importancia”. Terelu, con su saber estar, directamente se fue y ahí se las vieran. De todos los motes que le puedes poner a Terelu el de “pacificadora” no le pega.

Yurena le puso a Gianmarco un 7. “La cena ha sido amena, me he divertido pero el final de fiesta me ha parecido agridulce”, dijo como frase final.

Terelu, 6. “Voluntad y cariño”, mira, una cosa amable de Terelu, ¡cerrad los ojos y pedid un deseo!

Sofía, 0. “La noche ha sido un coñazo”, espetó. Ella sabe irse de los sitios con un buen sentimiento.