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Continúan con el serrucho: malos síntomas para las grandes petroleras

Por Manuel Peinado Lorca – Catedrático de la Universidad de Alcalá 

Las multinacionales petroleras más grandes del mundo están en serios problemas porque sus balances económicos acusan los mayores costes de producción, la caída de los beneficios y el aumento vertiginoso de la deuda financiera acumulada tras años de pérdidas. Para mitigar las pérdidas y poder seguir alimentando a sus accionistas, las compañías están también descapitalizando sus gastos de capital en activos productivos (CAPEX).

Según varios analistas energéticos, 2018 será un año de cambio para las principales compañías petroleras. Puede que sea así desde una perspectiva exclusivamente productiva, pero el destino del precio del petróleo y de las compañías petroleras está vinculado a mercados más amplios. Cuando los mercados suben, es bueno para las compañías de energía y para el precio del petróleo, mientras que cuando los mercados caen, sucede todo lo contrario. La próxima oleada de ventas en los mercados bursátiles probablemente provocará daños irreversibles a la industria petrolera mundial.

El mes pasado, Wall Street continuó con su caída en un pozo sin fondo de -425 puntos, lo que provocó por primera vez una caída acumulada en lo que va de año de dos cifras (10%), y la Tasa de Interés de la Reserva Federal Estadounidense subió un 0,25% la semana pasada. Mientras que en el primer caso se está produciendo un reajuste corrector del valor de los activos, la combinación de ambos indicadores parece indicar la inminente llegada de una hiperinflación en la economía estadounidense.

A medida que se intensifique la venta masiva en los mercados bursátiles, continuará la llegada de malas noticias para las compañías petroleras más grandes del mundo. ¿Por qué? Porque cada vez aparecen más síntomas de la misma enfermedad que está amenazando muy seriamente a las compañías de fracking de Estados Unidos, que han aumentado sus deudas a medida que se encarecían los costes de producción.

La próxima oleada de ventas en los mercados bursátiles probablemente provocará daños irreversibles a la industria petrolera mundial

Cuando en 2014 el precio del barril petróleo cayó por debajo de los 100 dólares, empezó el declive de la rentabilidad de la industria petrolera mundial. Como comenté en otro artículo, conforme los precios del petróleo disminuyeron a partir de 2014, las compañías energéticas se vieron obligadas a aumentar su deuda y a pagar intereses cada vez mayores para sufragarla.

Pensemos en pequeño para poder observar a lo grande. Cuando un carpintero prevé que en el futuro su negocio irá a mejor, invertirá parte de sus ganancias en la mejora de sus herramientas para manipular más en menos tiempo. Cambiar el serrucho por una sierra eléctrica es un síntoma de que las cosas van a ir a mejor: lo que hace el carpintero es invertir es aumentar sus gastos de capital (CAPEX), es decir, la cantidad que se gasta una empresa para adquirir o mejorar activos productivos tales como edificios, maquinaria y equipos con el fin de aumentar su capacidad o eficiencia. Para cualquier empresa, reducir el gasto de CAPEX para mitigar las deudas es un mal síntoma.

Conforme los precios del petróleo disminuyeron a partir de 2014, las compañías energéticas se vieron obligadas a aumentar su deuda y a pagar intereses cada vez mayores para sufragarla

Los inversores deberían tomar nota de que en 2013 la industria petrolera mundial invirtió alrededor de 120 dólares por barril para reemplazar las reservas y producir más petróleo. Cuando ese nivel de precios no se logró ese año, las compañías petroleras comenzaron a recortar el gasto de CAPEX incluso antes de que cayera por debajo de los 100 dólares en 2014. Los 64 dólares del precio actual representan aproximadamente la mitad de lo que la industria petrolera necesita para financiar un nuevo incremento de la producción.

Ahí radica el problema. Aunque las compañías petroleras sean hoy algo más rentables, lo han conseguido destruyendo la producción futura. Como podemos ver en la Figura 1, el CAPEX de ocho de las compañías petroleras más grandes del mundo disminuyó desde 245.000 millones en 2013 a 109.000 millones de 2017, lo que significa un descenso del 56%.

FIGURA 1. Fuente.

No cabe duda de que el precio más bajo del crudo obliga a las petroleras a recortar el CAPEX para seguir siendo rentables, pero no es menos cierto que hacerlo también tendrá un impacto negativo en sus ganancias futuras. Todas las grandes compañías redujeron significativamente sus gastos de CAPEX en los últimos cuatro años, con las brasileñas Petrobras y Conoco-Phillips a la cabeza, que los redujeron en un 70%.

Para compensar la caída del precio del petróleo y el desplome de sus ingresos (Figura 2), muchas de las compañías petroleras están recurriendo a endeudarse más para pagar los dividendos de los accionistas o para financiar los gastos de CAPEX (o ambas cosas). Por ejemplo, la deuda a largo plazo de Shell aumentó desde 36.000 millones en 2013 a 74.000 en 2017, mientras que Exxon-Mobil, una de las compañías petroleras más rentables del mundo, vio cómo su deuda aumentaba significativamente de 7.000 a 24.000 millones durante el mismo período.

FIGURA 2. Fuente.

Esas ocho grandes compañías petroleras están aumentando su deuda justo en el momento en que las bolsas de valores están comenzando a reajustarse a la baja. Como he dicho más arriba, cuando el mercado bursátil experimente una gran caída correctora como parece que está sucediendo, también lo hará el precio del petróleo. Una vez más, la caída del precio del crudo obligará a las compañías a reducir sus gastos de CAPEX con objeto de proporcionar un flujo de caja positivo para sus accionistas. Por si eso fuera insuficiente, los crecientes niveles de deuda y las tasas de interés han reducido drásticamente sus beneficios.

No cabe duda de que el precio más bajo del crudo obliga a las petroleras a recortar el CAPEX para seguir siendo rentables, pero no es menos cierto que hacerlo también tendrá un impacto negativo en sus ganancias futuras

En 2013, esas ocho compañías petroleras pagaron 5.700 millones para sufragar los intereses de su deuda. Esa cantidad casi se triplicó en 2017 cuando los intereses alcanzaron los 15.400 millones. Eso quiere decir que se gastaron unos 10.000 millones de sus ventas solo para pagar deuda. Conviene recordar que, cuando se producen las principales correcciones del mercado, los valores de los activos merman mientras que las deudas y obligaciones se mantienen iguales. Lo que significa que un precio del petróleo mucho más bajo hará que sea cada vez más difícil que esas grandes petroleras sigan siendo rentables, habida cuenta de que una gran parte de sus ganancias se está utilizando ahora para pagar deuda.

FIGURA 3. Fuente.

Las tres figuras representan los síntomas que comienzan a aparecer ahora en las compañías petroleras más grandes del mundo. A pesar de que esos gigantes han sido hasta cierto punto inmunes a muchos de los problemas negativos que afectan a la industria estadounidense del fracking, parece que les está amenazando la misma enfermedad.

Un precio del petróleo mucho más bajo hará que sea cada vez más difícil que esas grandes petroleras sigan siendo rentables

Castigados por la cada vez más baja Tasa de Retorno Energético (EROI), los días de gloria de los gigantes petrolíferos altamente rentables que existen desde hace más de medio siglo han llegado a su fin. Todo lo que queda ahora es una sombra de la que una vez fuera una poderosa industria que, como comenté en un artículo anterior, se verá obligada a continuar canibalizándose para extraer la última gota de petróleo.
©Manuel Peinado Lorca. @mpeinadolorca.

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