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¿Debería tener un humidificador para los catarros de mis hijos?

Si tuviéramos que elegir un tipo de infección como la más frecuente en pediatría, sin duda alguna, las infecciones respiratorias ocuparían el primer lugar de todas las quinielas , y de entre todas ellas, los catarros se alzarían como ganadores por varios cuerpos de distancia. De hecho, durante el primer año escolar de un niño cualquiera, lo habitual es que tenga que enfrentarse a una media de diez o doce episodios; si tenemos en cuanta que por cada uno de ellos pueden estar dos o tres semanas con mocos, es más que probable que desde mediados de septiembre hasta que lleguen las vacaciones de veranos éstos incómodos amiguitos se instalen en la nariz de vuestros hijos como si de un piso okupa se tratara.

Y ante el drama de afrontar otro invierno más entre catarros, muchos padres buscan remedios que les transporten a un país en el que los mocos no hagan acto de presencia. Entre todos ellos, los humidificadores siempre salen a la palestra o, mejor dicho, al grupo de Whatsapp de padres y madres del colegio, como si no se pudiera criar a un niño sin este cachivache .

En este post os contamos todo lo que tenéis que saber sobre ellos para que, con conocimiento de causa, decidáis si realmente son necesarios para vuestros hijos.

¿Qúe es un humidificador?

Parece una pregunta de perogrullo pero es conveniente hacérsela, si no, estaríamos hablando de un aparato que realmente no sabemos para qué sirve.

Como su nombre indica (los que lo inventaron no se estrujaron mucho la cabeza), los humidificadores aumentan la humedad del ambiente. Para ello, utilizan diferentes tipos de tecnología para transformar el agua en vapor de agua y con ello aumentar la humedad ambiental.

Pueden dividirse en dos, según humidifiquen el aire con vapor de agua caliente o frio. Los primeros, calientan el agua de un recipiente hasta que hierve y con eso producen el vapor de agua, algo parecido a lo que ocurre cuando os dais una ducha calentita y se empañan los espejos del baño. Por otro lado, existen dos tipos de humidificadores de vapor frio: los de mecha (que lo que hacen es aplicar un ventilador a un filtro húmedo) y los ultrasónicos (que en este caso hacen vibrar el agua por encima de la velocidad del sonido, lo que consigue que ésta se transforme en vapor de agua).

La desventaja principal de los humidificadores de vapor caliente es que pueden producir quemaduras en la piel al manipularlos. En cuanto a los de vapor frío, pueden “vaporirzar” al ambiente bacterias y hongos que hayan crecido en su interior si no se realiza de forma adecuada la limpieza del aparato, poniendo en peligro la salud del que los usa.

¿Es imprescindible que haya humedad en el ambiente cuando se tienen mocos?

Hasta ahora sabemos que existe un aparato que consigue elevar la humedad del ambiente, pero quizá lo que habría que preguntarse es cómo de imprescindible es que exista cierta humedad cuando nuestros hijos tienen mocos.

Es cierto que el ser humano necesita un mínimo de humedad ambiental para mantener la mucosa respiratoria a pleno rendimiento. Si no fuera así, se secaría, lo que a la postre destruiría dicha mucosa y daría lugar a que nos extinguiéramos de la faz de la tierra. Seguro que después de estas últimas líneas estáis pensando que no es que queráis un humidificador en vuestra vida, que lo que queréis son tres por si las moscas… Sin embargo, el planeta donde vivimos es muy sabio y en casi todas las partes del mundo hay humedad suficiente para que no pasemos a la historia como ese ser vivo que murió desecado. Además, el cuerpo humano esta diseñado para humedecer la mucosa respiratoria de manera natural y mantenerla sana, gracias en parte a las células caliciformes, cuya función es producir moco, y a los cilios que recubren este epitelio.

Cuando en el ambiente hay poca humedad, los mocos que nuestro cuerpo produce tienden secarse, lo que hace más difícil que podamos expulsarlos. Todo lo contrario ocurre en ambientes húmedos, en los que los mocos son más fluidos. Un claro ejemplo lo podéis observar cuando bañáis a vuestros hijos: si tienen mocos resecos asomando por la nariz y los metéis en la bañara y habéis montado un spa en el cuarto de baño con agua caliente a tope, empezarán a moquear al poco tiempo de estar a remojo.

Por tanto, la pregunta que habría que hacerse es qué humedad ambiental es necesaria para que nuestras vías respiratorias funcionen correctamente. En general se acepta que una humedad entre el 40 y el 60% es adecuada para que no notemos el ambiente ni excesivamente húmedo ni muy reseco. En ambientes con esa humedad somos capaces de aclarar y movilizar los mocos de nuestra vía respiratoria sin mucha dificultad.

Entonces, si mi hijo tiene un catarro, ¿necesito un humidificador?

Más de uno se estará frotando las manos pensando que si el ambiente bien cargadito de humedad hace que los mocos sean más líquidos, el humidificador tiene que ser la solución definitiva para que no tengáis que hacer nunca más lavados nasales a vuestros hijos. Fijo que es ponerlo y que desaparezcan los mocos por arte de magia…

Siento deciros que no es así. Por mucho humidificador que utilicéis, mientras dure el catarro, los mocos seguirán instalados en la nariz de vuestros hijos. Esto se debe a que los catarros son consecuencia de infecciones virales y para defendernos de ellas, entre otras muchas cosas, nuestro cuerpo se pone a producir mocos en cantidades industriales, ya que en ellos flotan leucocitos, las células del cuerpo que nos defienden de las infecciones, para que destruyan a los malditos virus. Además, en ambientes con humedad por encima del 60%, haya o no haya virus de por medio, nuestro cuerpo se pone a producir moco, pudiendo empeorar el problema y estableciéndose un círculo vicioso como si fuera una pescadilla que se muerde la cola.

Por tanto, es verdad que cuando un niño tiene una infección respiratoria es preferible que el ambiente no esté seco, pero de ahí a que tengamos que tener un humidificador en casa hay un camino muy largo que recorrer; todo dependerá de donde viváis y la humedad que haya habitualmente en vuestra casa. Por ejemplo, no será lo mismo vivir en el norte de España, donde llueve un día sí y otro también, que en el secarral manchego de la meseta sur.

Sin ir más lejos, la Organización Mundial de la Salud desaconseja el uso de humidificadores como parte del tratamiento habitual de la tos y los mocos de un catarro. Además, en la literatura científica encontramos más de un estudio que ha demostrado que estos síntomas no mejoran cuando se utiliza un humidificador en el contexto de una infección respiratoria.

En cualquier caso, si por un casual ya tenéis un humidificador en casa, podéis emplearlo de forma prudente. No hace falta que pongáis el cacharro a todo trapo y que la habitación de vuestros hijos se convierta en el Londres del siglo XIX con su niebla matutina; como mucho, unos 10 o 20 minutos antes de que vuestro hijos se acuesten, y nada de dejarlo toda la noche encendido. Incluso habría que plantearse si no resultaría más útil tener por casa un aparato que mida la humedad ambiental para saber cuándo esta está por debajo del 40% o por encima de ese 60% .

Alternativas a los humidificadores

Si sois de los que no tienes humidificador en casa, no pasa absolutamente nada. No hay que volverse loco buscando la mejor oferta de Amazon Prime para cubrir esa necesidad inexistente.

En todo caso, si vuestras casas son de las que tienen poca humedad y observáis que cuando vuestros hijos están acatarrados los mocos que tienen son muy secos, podéis optar por algún truquillo casero para ver si al aumentar la humedad ambiental conseguís que respiren de manera más confortable.

Por ejemplo, si tenéis radiadores, podéis colgar de ellos depósitos con agua, como hacían nuestros padres cuando éramos pequeños. También podéis mojar tres o cuatro trapos de cocina o poner a secar la colada en el cuarto de vuestros hijos. A medida que se vayan secando, la humedad en el ambiente aumentará.


En resumen, los humidificadores no son imprescindibles. Los ambientes excesivamente secos pueden provocar que los mocos de un catarro sean menos fluidos y, sólo en esos casos, elevar un poco la humedad ambiental puede conseguir que los niños respiren de manera más confortable, aunque esto no tenga un impacto real sobre la infección que están pasando. En cualquier caso, estos cacharros no acortan la duración de la sintomatología ya que ésta depende del virus que provoca el catarro.

También te puede interesar:

Bibliografía:

  • Cough and cold remedies for the treatment of acute respiratory infections in young children. Documento dela OMS (Link).
  • Caring for a child with a viral infection. Del portal Healthy Children de la AAP (Link).
  • The common cold in children: Management and prevention. Revisión Cochrane (Link).
  • Ibuprofen, paracetamol, and steam for patients with respiratory tract infections in primary care: pragmatic randomised factorial trial (Link).
  • ¿Me compro un humidificador? Del portal Familia y Salud del a AEPap (Link).

Hola, ¡soy tu moco!

Queremos dar las gracias a los pediatras de este blog por cedernos a nosotros, los mocos, este espacio para poder manifestarnos, ya que el maltrato que sufrimos por vuestra parte, padres de hijos en edad escolar, es insultante. Nos odiáis y os gustaría que no estuviéramos en la nariz de vuestros retoños todo el invierno. Pero tenéis que saber que no somos los malos, sino que somos vuestros aliados, ya que sin nosotros no podríais vivir.

¿Quiénes somos?

Los mocos somos una sustancia pegajosa que segregan las mucosas, esa parte del cuerpo que está expuesta al medio ambiente. Nos puedes encontrar en sitios tan diferentes como la nariz (el más conocido), pero también en el intestino o el pulmón (en este caso nos soléis llamar flemas…).

El motivo por el que existimos es que sin nosotros las mucosas se secarían, ya que una de nuestras principales funciones es mantenerlas hidratadas. Gracias a nosotros permanecen fuertes y sanas. De hecho, aunque vuestros hijos no estén enfermos, las mucosas producen una pequeña cantidad de moco de forma continua, así que ahí estamos siempre.

“Los mocos siempre estamos ahí…”

Pero además, somos la primera línea de defensa que intenta evitar que vuestros hijos se pongan enfermos. Esto se debe a que una de nuestras funciones es hacer de barrera contra agentes extraños como la contaminación. Además, colaboramos en la defensa contra las infecciones.

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A los mocos nos gusta ponernos juguetones y, a veces, hacemos pompas en la nariz.

A los mocos nos encantan las infecciones

Todos sabréis que cuando un niño se coge un catarro empieza a producir moco sin parar. Gracias a nosotros, los leucocitos, unas células del cuerpo que nos defienden de las infecciones, son capaces de llegar al lugar donde se está produciendo el catarro. Por eso, cuando vemos un virus que quiere atacar a vuestros hijos nos ponemos como locos y aumentamos mucho nuestra cantidad para poder ayudar en la defensa de estos microorganismos.

El problema que tenemos los mocos es que somos un poco perezosos. Aunque haya terminado la batalla contra los virus nos gusta saborear la victoria durante un tiempo y, a pesar de que la fiebre ya se haya ido y no quede rastro del virus, nosotros preferimos quedarnos en la nariz de vuestros hijos durante unos días más, entre 10 y 15 días por lo menos.

Y esteremos ahí hasta que llegue el verano

Lo de que somos perezosos no es broma. Pensarás, “bueno, mientras solo estén por aquí 15 días… podremos aguantar a estos pesados”. Sin embargo, te equivocas.

Tu hijo, sobretodo cuando es pequeño, se pilla unas 8-10 infecciones a lo largo del curso escolar. Si tenemos en cuenta que por cada una de ellas estaremos con vosotros unos 15 días…, pues puedes echar cuentas: tu hijo tendrá mocos unos 5 meses durante el año. Vamos, lo que viene siendo todo el invierno. Ahora entenderéis por qué a los niños pequeños se les llama de forma cariñosa mocosos…

Cuando llegue el verano y los virus se vayan, nos tomaremos un descanso y nos iremos de vacaciones. ¡¡Pero ojo!!, con la vuelta al cole, nosotros también volvernos a instalarnos en la nariz de vuestros hijos..

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Un niño con mocos es un niño feliz.

Aunque me ponga verde, da igual que pidas antibiótico, seguiremos en la nariz de tu hijo sí o sí

Una duda que nos asalta a los mocos es por qué diantres os empeñáis en que el pediatra os mande un antibiótico cuando nos ponemos de color verde, ¡con lo bien que nos queda el verde lima o el verde botella!.

Tenéis que entender que cuando cambiamos de color es porque estamos ganando la batalla a los microbios. Esto se debe a que los leucocitos que trasportamos con nosotros segregan unas “enzimas” que destruyen a esos microorganismos. En ese proceso las enzimas oxidan el hierro y se produce el cambio de color, primero amarillo y luego verde.

Por tanto, el cambio de color durante los días que dura un catarro no quiere decir que las cosas estén yendo mal. Significa que estamos en el buen camino. Así que dejadnos hacer nuestro trabajo y no deis el peñazo a los pobres pediatras, que suficiente tienen con explicaros lo de los cólicos del lactante.

Eso sí, si ves que somos muchos y tu hijo no respirara: ¡¡haz un lavado nasal!!

Ya os hemos dicho que en ocasiones somos un poco pesados. Esto es así porque nos esforzamos al máximo para acabar con los virus que provocan los catarros de vuestros hijos. Pero a veces nos pasamos de frenada y nos juntamos tantos que impedimos que el aire entre por la nariz y la obstruimos.

En estos casos puedes hacer un lavado nasal para que tu hijo respire mejor. Hay que hacerlo con un poco de mala leche, que como somos pegajosos, como no metas un buen chorro de suero no saldremos de la nariz y solo conseguirás cabrear a tu hijo.

Este video de aquí te explica estupendamente como hacerlo.

¿Cómo, que quieres usar un aspirador de esos para sacar los mocos?

Sinceramente, no seas guarro.

Los aspiradores de mocos son una guarrería. Ten en cuenta que el que aspira para hacer fuerza eres tú y por tanto, parte del moco podría pasar a tu boca. ¿Te comerías los mocos de tus hijos por afición?, seguro que no. Pues ya tienes la respuesta.

De todas formas, los lavados nasales bien hechos son mucho más efectivos para que nos hagas salir de la nariz que el aspiradorcito ese que te han dicho que es tan imprescindible.

Aquí tienes una foto del kit limpiamocos de los autores de este blog: suero, jeringa, botellitas, unos pañuelos de papel y un poco de alcohol para lavarse las manos. Unos cracks de las limpiezas nasales.

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El kit limpiamocos de un pediatra cualquiera

No luches contra nosotros, ¡¡ÚNETE A NOSOTROS!!

Te lo hemos dicho por activa y por pasiva: no nos vamos a ir. Así que acepta que estaremos por aquí mientras tu hijo tenga infancia. Ya nos echarás de menos cuando llegue el momento…

Pero hasta que ese día llegue, es mejor que te unas a nosotros porque no tenemos solución.

¿Habrás oído hablar de los jarabes y remedios varios para los mocos…?. Pues tampoco sirven para nada. Da igual que en el bote ponga “mucolítico”, somo inmunes contra ellos. Lo único que conseguirás es gastarte un dinero en balde porque nosotros, los mocos, duramos lo mismo con esos jarabes o sin ellos. Además, todos los fármacos tienen efectos secundarios, por lo que es mejor que no expongas a tus hijos a riesgos innecesarios.

Así que acéptalo: ¡¡si no puedes con nosotros, únete a nosotros!!.

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¡¡No nos mires, únete!!


Para finalizar, siete puntos para guardar en la memoria:

  1. Los mocos no somos malos.
  2. Los mocos defendemos de los virus a vuestros hijos.
  3. Los mocos somos muy pesados y podemos estar en la nariz de vuestros hijos varios meses.
  4. Cuando llegue el veranos nos iremos de vacaciones para que estéis tranquilos, pero con la vuelta al cole nos tendréis dando guerra otra vez.
  5. Cuando hacemos nuestro trabajo, los mocos nos ponemos de color verde.
  6. Por mucho antibiótico que des a tu hijo, los mocos seguiremos por aquí.
  7. Si ves que nos hemos pasado y que tu hijo tiene la nariz taponada, no dudes en hacerle un lavado nasal con mala leche para que respire mejor.
  8. A los mocos, los jarabes no nos hacen nada.


El copyrigth de la segunda imagen de este post pertenece a Jason White, la tercera a mlui92 y la cuarta a Whatchumean,  todas ellas bajo una  licencia CC BY-NC-ND 2.0

Mi hijo tiene el moco verde, ¿no necesitará antibiótico?

– Gonzalo, tu sobrina tiene el moco verde…

– Y…. ¿qué me quieres decir con eso?

– Pues que ya vale, ¿no? Quiero decir que tiene pinta de infectado y ya va siendo hora de darle un antibiótico.

– Ay!! Hermanita, ¡¡Qué paciencia hay que tener!!

Una de las preguntas más frecuentes en las consultas de pediatría versa sobre el color de los mocos de los niños. Los p/madres asumen que cuando a uno de sus hijos le cambia el color de los mocos es signo de “mala evolución” y, en la mayoría de los casos, esto se traduce en la creencia de que es necesario iniciar un antibiótico.

En este blog ya publicamos una entrada sobre los mitos y leyendas de los catarros y los mocos pero, debido a lo recurrente del tema, hemos querido escribir un post sobre qué son los mocos y cómo valoramos los pediatras este síntoma para que entendáis que el color nos da muy poca información de la causa de la infección que tiene el niño.

El moco, la primera defensa de las vías respiratorias

El moco es una sustancia espesa y pegajosa que segregan las “mucosas” del cuerpo. Estos tejidos del cuerpo son aquellos que están en contacto con el ambiente, como por ejemplo, la nariz y el resto de vías respiratorias. Estás mucosas tienden a secarse por estar en contacto con el aire por lo que una de las principales funciones del moco es mantenerlas hidratadas y lubricadas para que permanezcan sanas.

Pero además, el moco nos protege atrapando polvo y otras impurezas que flotan en el aire y, sobretodo, impiden que microorganismos como los virus y las bacterias entren en contacto con nuestro cuerpo y nos contagiemos de algunas infecciones. Es decir, actúan como un muro. Este sistema de defensa supone la primera línea de batalla contra los microorganismos que intentan infectar nuestro cuerpo. Pero además, el moco contiene leucocitos, las células del cuerpo que nos defienden contra las infecciones, lo que aumenta su poder como elemento barrera.

Por tanto, en circunstancias normales, todos producimos moco sin que signifique que hayamos enfermado. Pero cuando algunas sustancias entran en contacto con nuestras vías respiratorias nos ponemos a producir más moco del habitual para defendernos. No siempre tiene que ser contra microorganismos, los alérgicos saben de sobra que cuando llega la época del polen moquear es algo habitual…

¿Y qué pasa cuando nos cogemos un catarro?

Los catarros son las infecciones de las vías respiratorias superiores (nariz y garganta) y están provocadas por virus.

Para defendernos de este tipo de microorganismos el cuerpo, entre otras cosas, produce moco. Como ya os hemos explicado éste servirá de primera línea de defensa, por un lado atrapando al virus que lo provoca, y por otro, transportando a las células que finalmente eliminaran al virus de nuestro cuerpo.

Durante un catarro, además de moco, podemos tener otros síntomas inespecíficos de cualquier infección viral como fiebre, dolor de cabeza y malestar general. En general estos síntomas desaparecen en 4-5 días mientras que los mocos pueden durar 2-3 semanas.

¡¡Pero es que mi hijo siempre está con mocos!!

Un niño pequeño que acude a guardería se contagia de unos 8-10 catarros al año, normalmente concentrados entre septiembre y mayo (meses fríos). Si tenemos en cuenta que cada catarro puede durar unos 20 días, esto significa que nuestros hijos pueden llegar a estar 200 días al año con mocos, lo que nos dará la impresión de que no dejan de tenerlos durante todo el invierno.

Pero recordad que los mocos no son malos, simplemente son molestos.

Muy bien señor pediatra, pero es que a mi hijo, cuando se pone malo, el moco le cambia a color verde

En eso tenéis razón, a medida que el catarro evoluciona el moco cambia de aspecto. Inicialmente es fluido y trasparente, luego blanquecino para cambiar posteriormente a espeso y amarillo y, al final, a verde. Ésta es la evolución natural de un catarro simplón provocado por un virus y que el moco cambie de color es normal, ya que refleja que nuestras defensas están haciendo su trabajo. Esos leucocitos que habíamos dicho que se encontraban en el moco producen unas sustancias llamadas “enzimas” que sirven para eliminar a los microorganismos que invaden la nariz. Estas enzimas oxidan el hierro, lo que da lugar al color verde que tanto os preocupa.

Por tanto, da igual cuál sea el bicho que esté produciendo el catarro ya que la aparición de moco verde no nos orienta sobre el microorganismo en cuestión. Por ello, el cambio de color en el moco no implica que haya que mandar un antibiótico. En otras circunstancias como son las alergias o ambientes cargados de polución es normal que el moco no cambie de color porque no hay microorganismo que combatir.

Y entonces, ¿qué puedo hacer para que mi hijo se encuentre mejor?

Cuando un niño tiene mocos se encuentra incómodo y le cuesta respirar. Hay que tener en cuenta que la nariz es la parte más estrecha de la vía aérea y si un moco tapa la mitad de la nariz significa que entrará la mitad del aire. Por esto es muy importante que limpiemos los mocos de nuestros hijos con frecuencia cuando les notemos taponados.

Para realizar esta limpieza nasal lo más adecuado es realizar lavados con suero fisiológico. Recordad que hay que poner al niño de lado y hacerlo con un poco de mala leche. El objetivo es que metáis el suero por un orificio con la suficiente fuerza como para que salga por el otro (tragándose lo mínimo indispensable) y solucione el atasco. Simple fontanería. Podéis realizar la maniobra tantas veces como veáis la nariz taponada de vuestro hijo, incluso una vez antes de cada toma en el caso de los niños más pequeños. Este video de YouTube explica la técnica estupendamente y pone un ejemplo con un niño chiquitín.

https://youtu.be/7iBW-yOzaP8

En otras muchas ocasiones nos comentáis que por mucho que laváis los mocos a vuestros hijos no sale nada. Esto se debe a que en ocasiones la mucosa de la nariz está inflamada pero no produce moco. Esta situación es muy bien conocida por las personas alérgicas pero también es frecuente en catarros. En estos casos, el lavado excesivo de la nariz puede provocar más inflamación así que no os empeñéis en sacar el moco que no existe. Con una adecuada hidratación será suficiente.

Además de mocos, un catarro produce fiebre y malestar general por lo que es conveniente administrar un analgésico/antipirético.

Y los jarabes, ¿sirven de algo?

Muchos padres no se creen que los pediatras no conozcamos ningún jarabe para lo mocos. Dudan de nosotros y piensan que nos guardamos bajo manga algún remedio milagroso solo para nuestros hijos. Por desgracia, esto no es verdad. Si realmente existiera un jarabe efectivo, lo indicaríamos encantados y así estaríamos todos más contentos.

Si los mucolíticos no funcionan, menos aún los antihistamínicos para tratar los mocos de un catarro. Es que además no tienen ninguna lógica científica, ¿por qué iba un jarabe para la alergia (antihistamínico) funcionar contra los mocos de un catarro que están provocados por un virus? La respuesta se contesta por sí sola…

Y antes de acabar y de que nos lo preguntéis: no, la leche tampoco produce mocos.


Para finalizar y a modo de resumen os dejamos esta infografía que hemos compartido en redes sociales y pertenece a nuestra sección de #Pedicosejos.

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El copyright de la imagen de cabecera de este post pertenece a Whatchumean a través de una licencia CC BY-NC-ND 2.0.