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¿De dónde surge llamar ‘ogro’ a una persona con mal carácter?

A través del perfil en Instagram de este blog (@yaestaellistoquetodolosabe2), Paqui SV me consulta de dónde surge llamar ‘ogro’ a una persona con mal carácter.

¿De dónde surge llamar ‘ogro’ a una persona con mal carácter?

Conocemos como ogro no solo a aquel individuo de carácter agrio, antipático o insociable, sino también al ser fantástico que suele aparecer en algunos cuentos siendo el antagonista de la historia y que suele citarse con el fin de asustar a los más pequeños de la casa (‘Pórtate bien o vendrá el ogro y se te llevará’). Este personaje podría ser otra definición ara referirnos al ‘coco’ o al ‘hombre del saco’.

El diccionario nos da también otra acepción para ogro y es la de ‘ser mitológico de tamaño gigante que se alimentaba de carne humana’.

Y es que originalmente a estos personajes fantásticos los encontramos en numerosos cuentos y fábulas de la mitología escandinava y celta, aunque recibían muy diversos nombres (en sus correspondientes lenguas) y comenzó a ser conocido como ‘ogro’ a partir del siglo XVI (al menos la primera constancia escrita consta de ese siglo).

Al castellano llegó desde el francés ‘ogre’ y el idioma galo lo había tomado del latino ‘orcus’ que los antiguos romanos utilizaban para referirse a la ultratumba o lugar al que iban a parar los muertos y que también recibimos en forma de ‘orco’ (término inmensamente famoso gracias a los libros de J.R.R. Tolkien).

El carácter áspero de estos personajes (los ogros de los cuentos y leyendas) es lo que hizo que se les llamara también de ese modo a las personas antipáticas e insociables.

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿Tiene algo que ver el personaje de ‘el Coco’ con el fruto de la palmera?

¿Tiene algo que ver el personaje de ‘el Coco’ con el fruto de la palmera?A través del apartado de contacto, Mar Gómez me envía un correo electrónico en el que me consulta si tiene algo que ver el personaje de ‘el Coco’ con el fruto tropical del mismo nombre.

Efectivamente, tiene algo que ver y además mucho.

Hace la friolera de seis siglos que ya se conocía en algunas zonas de la Península Ibérica (sobre todo en Portugal) al ‘Coco’, un personaje del folklore popular que se utilizaba (y se sigue utilizando en la actualidad) para asustar a los más pequeños de la casa, siendo numerosos los escritos, canciones populares y de cuna (de principios del siglo XV) en los que se menciona o aparecía la figura de este famoso asusta niños, quien iba provisto de una calabaza vacía, y con unos orificios para los ojos y la boca, a modo de cabeza.

¿Tiene algo que ver el personaje de ‘el Coco’ con el fruto de la palmera?El filólogo y etimólogo Joan Corominas indica en su obra “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” que fueron los marineros que acompañaron en su primer viaje al explorador Vasco da Gama y quienes a su regreso a Portugal se trajeron consigo un buen número de frutos recogidos en las palmeras que crecían en el delta del Ganges.

Muchos fueron los que encontraron una similitud asombrosa entre ese fruto y el personaje del côco tan famoso en su patria, ya que este parecido radicaba en que los tres agujeros que hay en la cáscara del fruto les recordaba a los ojos y boca de la cabeza con la que se ilustraba en aquella época al personaje del asustador.

De ahí que ese fruto tropical recibiese ese nombre con el que se conoce desde entonces.

 

Fuentes de consulta: RAE / datosfreak / “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” de Joan Corominas / Wikipedia
Fuentes de las imágenes: Ilustración ‘Que viene el Coco’ de Francisco de Goya (Wikimedia commons) / torange.biz

¿Quién fue ‘el hombre del saco’?

¿Quién fue 'el hombre del saco'?Desde hace muchos años ha sido muy típico asustar a los más pequeños de la casa diciéndoles ‘¡que viene el hombre del saco!’, la figura de un personaje que está a medio camino entre la realidad y la ficción. Y es que muchos son aquellos a los que se les ha conocido con el apelativo de ‘hombre del saco’ y muchos los lugares de todo el planeta donde hacen referencia a alguno (los anglosajones lo llaman ‘bogeyman’, los franceses ‘croquemitaine’ o los italianos ‘uomo nero’, por poner unos pocos ejemplos).

Muchas son las historias de ficción que hay alrededor del personaje que se dedica a llevarse metido en un saco a aquellos niños que se han portado mal. Lo triste es que muchas son las ocasiones en las que a lo largo de la historia ha habido secuestradores reales de pequeños que han sido conocidos como ‘hombre del saco’.

Este es el relato de uno de ellos. Una historia que tuvo lugar en un pueblo de Almería en 1910…

Se llamaba Francisco Leona y tenía una barbería en Gádor, un pueblo de Almería de unos 3.000 habitantes. Fue el cabecilla del rapto (con saco), asesinato y siniestro ritual de sangre de un niño de 7 años.

A pesar de que tan sólo uno adquirió toda la fama como ‘hombre del saco’, con el que amenazar a los más pequeño, en realidad esta escalofriante historia estuvo copuesta por tres hombres y una mujer.

La trama empezó con una hipotética receta milagrosa para curar a un tuberculoso: Francisco Ortega. Leona, que era curandero, le prescribió “beber la sangre caliente de un niño y untarse sus mantecas sobre el pecho”. No sólo convenció a Ortega, sino que le cobró 3.000 reales por el ritual. Así que Leona decidió raptar a un niño y ahí entró en acción el tercer hombre del saco: Julio Hernández, El Tonto, un joven que tenía como hobby cazar pájaros y arrancarles la cabeza de un mordisco. Su madre, Agustina (también conocida como La Bruja) también se ofreció a colaborar e incluso hay quien cuenta que usó a su otro hijo como cebo.

Y llegó el 28 de junio de 1910. El niño despistado que terminó en el saco se llamaba Bernardo Parra. Leona y El Tonto realizaron el ritual –que nunca llegó a curar al enfermo– y llevaron los restos del niño, otra vez en el saco, a Las Pocicas (a 4 kilómetros del pueblo). Y a partir de ahí la cosa no está muy clara. Parece que El Tonto terminó acudiendo a la Guardia Civil porque Leona no le pagó el dinero acordado: 50 pesetas.

 

 

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Fuente: GPS (Guía Para Sobrevivir)
Fuente de la imagen: Wikimedia commons