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Media docena de famosas expresiones que surgieron en el mundo militar (I)

Numerosas son las expresiones que utilizamos coloquialmente en cualquier conversación y que provienen de situaciones acontecidas en el ámbito militar en cualquier lugar y época. Aquí os traigo una primera entrega con media docena de ejemplos:

Media docena de famosas expresiones que surgieron en el mundo militar (I)

 Dar el espaldarazo: Se trata del reconocimiento público que se le hace a alguien, dándole el apoyo y respaldo suficiente con el fin de que consiga un objetivo. Se originó en la Edad Media, del acto en el que un rey o alto mando militar nombraba a alguien caballero o le concedía algún título (gracias a su valiosa contribución en una guerra) y consistía en darle un golpe con una espada sobre los hombros estando el respaldado de rodillas.

Dormirse en los laureles: En la antigüedad, una de las distinciones a las que podía aspirar un militar que había participado exitosamente en alguna campaña bélica era recibir una  corona de laurel, que era símbolo de distinción, que se le ponía en la cabeza. El problema surgía cuando quien así había sido distinguido se relajaba y dejaba de esforzarse ―y, por tanto ya no era una persona tan valiosa para el Estado como hasta entonces―. De ahí que surgiera la expresión  dormirse en los laureles para indicar ese letargo en el que se había sumido quien un día no muy lejano había sido condecorado con ese solemne galardón.

Hacer alarde: Expresión utilizada para indicar la ostentación que se hace de algo. Proviene del árabe ard, que designaba la revista de la tropa. El acto de alardear también era hacer desfilar a los miembros del ejército ante un público lo contemplaba con admiración y orgullo. Esto motivó que tanto el término como la expresión acabasen siendo utilizados para referirse a aquel que hace ostentación de alguna cosa o presume públicamente de algo.

Ir en plan comando: Locución coloquial que significa ‘ir sin ropa interior’ y que llegó al castellano como calco del inglés going commando. Hay ciertas discrepancias sobre cuándo se originó la expresión, pero la mayoría de las fuentes coinciden en señalar que empezaron a usarla los soldados norteamericanos que participaron en la guerra de Corea (1950-1953) o en la de Vietnam (1955-1975). Una de las hipótesis es que surgió porque algunos soldados destinados en el frente no usaban ropa interior; el macuto que llevaban era reducido y podían llevar pocas pertenencias, lo que hacía que prescindieran de esas prendas para portar otras cosas más importantes para ellos. También hay quien indica que el caluroso y húmedo ambiente del sudeste asiático hacía era más cómodo ponerse los pantalones de comando (o campaña) directamente sobre la piel.

Leer la cartilla:  Se dice que se le lee o se le canta la cartilla cuando se le reprende y se le está advirtiendo que debe hacer algo concreto. La  cartilla a la que hace referencia era un pequeño libro o cuaderno que recibía cada soldado y en el que se especificaban las normas de comportamiento y las obligaciones dentro de un cuerpo militar.

Ser de la misma quinta: Se conoce como ‘quinto’ a aquellos jóvenes que, llegada cierta edad (aproximadamente los 18 años) debían de cumplir con el servicio militar obligatorio. El término surgió a raíz de la orden del rey Juan II de Castilla, en el siglo XV, por la que una quinta parte de los muchachos varones que vivían en el reino debían incorporarse al ejército real. Para determinar quiénes eran los escogidos, se quintaba, es decir, se hacía un sorteo del que salía el nombre de uno de cada cinco mozos nacidos en un año determinado. Por eso se decía que eran quintos y de ahí también surgió la expresión ‘ser de la misma quinta’ para referirse a quienes comparten año de nacimiento o graduación.

 

 

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Algunos ornamentos vegetales muy presentes durante el periodo navideño

Junto al muérdago, la flor de Pascua o el tradicional árbol de Navidad, otros son los ornamentos de origen vegetal imprescindibles durante el periodo navideño, ya sea como un simple elemento decorativo o como algo con una fuerte simbología litúrgica.

Algunos ornamentos vegetales muy presentes durante el periodo navideño

Y es que durante la mayor parte de la Historia, nuestros antepasados tenían que utilizar como artículos de decoración todo aquello que podían aprovechar de la naturaleza, de ahí que hoy en día todavía perdure la presencia de muchos de esos elementos.

El acebo ya era utilizado en numerosas celebraciones en épocas precristianas. Hoy en día muchos son los hogares que cuelgan unas ramas en la puerta de entrada, en el árbol, como centro de mesa o lo colocan junto al pesebre. Incluso en algunos lugares sirve como sustituto del muérdago. Ya en la antigüedad se le atribuía a esta planta unas propiedades mágicas y era muy común portar un ramo de acebo en ciertas celebraciones, como protector y ahuyentador de espíritus. Con la llegada del cristianismo y la sustitución de las fiestas paganas por religiosas, algunos elementos perduraron, como fue el caso del acebo, llegando hasta nuestros días.

La hiedra es común en la ornamentación de los centros de mesa en las comidas y cenas de Navidad. También se usa para colgar. En las antiguas culturas griegas y egipcias ya era utilizada, debido a que estaba considerada como una planta símbolo de la eternidad y la resurrección.

En las puertas de muchos hogares, durante la Navidad, se cuelga una corona de laurel. Este simbolizaba el éxito y la fortuna; de hecho era lo que se entregaba a los ganadores de alguna competición en los juegos olímpicos de la antigüedad. El incorporarlo a las celebraciones navideñas fue para simbolizar el triunfo de Dios sobre el diablo.

Podemos encontrar romero esparcido por diferentes lugares de una casa. Esto es debido a que se le atribuye unas propiedades de protección (sobre todo por parte de las personas devotas de la Virgen María). Y es que, según relatan algunas leyendas, el romero era la planta preferida de la madre de Jesús. Al ser una planta aromática, también es muy utilizado el romero para dar sabor a algunos platos navideños e incluso para colocarlo de adorno sobre la comida que se ha servido en Nochebuena o Navidad (sobre el besugo, pavo, cochinillo…).

 

 

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¿De dónde surge llamar ‘triunfo’ a un éxito o victoria?

Se utiliza el término ‘triunfo’ para hacer referencia al éxito o victoria que alguien ha conseguido (o pretende hacerlo). Referirse como ‘triunfador’ o ‘triunfadora’ a una persona que ha alcanzado unas metas o ganado algún tipo de competición también es muy común su uso. Incluso, uno de los programas de talentos de más éxito en la televisión española es ‘Operación triunfo’, con el que el propósito de los concursantes (cantantes) es disputarse entre ellos quién será el que se acabe ganando dicha competición.

¿De dónde surge llamar ‘triunfo’ a un éxito o victoria?

Para encontrar el origen del término debemos viajar hacia atrás en el tiempo algo más de dos milenios, en el que en la Antigua Roma se realizaban una fastuosa celebración cada vez que un general volvía a la capital del imperio tras haber obtenido una victoria en el campo de batalla.

Dicha celebración era conocida como ‘triumphus’ y constaba de un desfile por las principales vías de Roma y que acababa en el Capitolio en el que, con una solemne ceremonia, se le hacía entrega al victorioso general de la preciada ‘corona de laurel’ y se le rendía todo tipo de honores (muchos eran quienes conseguían unas ganancias suficientemente cuantiosas con las que retirarse).

De la ceremonia del triumphus es de donde surgió que al éxito y conseguir la gloria o fama se le denomine como triunfo o triunfar e incluso a quien ha logrado alcanzar algún determinado objetivo (deportivo, empresarial, económico, familiar…) se le señale como que ha triunfado en la vida.

 

 

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El curioso y mitológico origen de la expresión ‘dormirse en los laureles’

El curioso y mitológico origen de la expresión ‘dormirse en los laureles’Tanto en la Antigua Roma como en la Antigua Grecia se tenía por costumbre agasajar a sus ciudadanos más ilustres y destacados (poetas, filósofos, deportistas, militares y políticos)  con una corona hecha con hojas de laurel.

Dicha distinción provenía de la leyenda de la mitología griega en la que Dafne fue transformada en un laurel y pasó a convertirse en el símbolo más preciado de distinción que se le entregaba a las personas más relevantes (el mito aparece explicado en el Libro I del poema ‘Las metamorfosis’, terminada en el año 8 a.C., y en la que a lo largo de quince libros el poeta romano Ovidio hacía un repaso a la Historia del mundo).

Era tal el valor simbólico que tenían estas coronas de laurel que incluso algunos líderes y emperadores se las auto otorgaban y las llevaban puestas en su cabeza.

El curioso y mitológico origen de la expresión ‘dormirse en los laureles’En algunas ocasiones las coronas con las que se premiaba el trabajo de alguien destacado eran realizadas en oro, por lo que las mismas tenían un altísimo valor y el que la recibía podía vivir un largo periodo de tiempo sin trabajar o esforzarse como hasta entonces, motivo por el que empezó a utilizarse la expresión ‘dormirse en los laureles’ para indicar ese letargo en el que se había sumido aquel que un día no muy lejano  había sido condecorado con ese solemne galardón.

Cabe destacar que no siempre las coronas eran de oro, ya que el propio laurel ya estaba considerado de por si como algo muy valioso (al menos simbólicamente) y aunque el valor material del premio no era suficiente como para retirarse de trabajar sí que provocaba que hubiese quien creyese que ya había alcanzado el tope de su carrera y dejaba de rendir y esforzarse al máximo, siendo acusado de que se había quedado dormido en los laureles.

Algunos fueron los militares romanos que gracias a una triunfal campaña recibieron la preciada corona pero tras dejar de esforzarse (dormirse) fueron degradados, castigados o retirados a la fuerza.

 

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