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Algunos ornamentos vegetales muy presentes durante el periodo navideño

Junto al muérdago, la flor de Pascua o el tradicional árbol de Navidad, otros son los ornamentos de origen vegetal imprescindibles durante el periodo navideño, ya sea como un simple elemento decorativo o como algo con una fuerte simbología litúrgica.

Algunos ornamentos vegetales muy presentes durante el periodo navideño

Y es que durante la mayor parte de la Historia, nuestros antepasados tenían que utilizar como artículos de decoración todo aquello que podían aprovechar de la naturaleza, de ahí que hoy en día todavía perdure la presencia de muchos de esos elementos.

El acebo ya era utilizado en numerosas celebraciones en épocas precristianas. Hoy en día muchos son los hogares que cuelgan unas ramas en la puerta de entrada, en el árbol, como centro de mesa o lo colocan junto al pesebre. Incluso en algunos lugares sirve como sustituto del muérdago. Ya en la antigüedad se le atribuía a esta planta unas propiedades mágicas y era muy común portar un ramo de acebo en ciertas celebraciones, como protector y ahuyentador de espíritus. Con la llegada del cristianismo y la sustitución de las fiestas paganas por religiosas, algunos elementos perduraron, como fue el caso del acebo, llegando hasta nuestros días.

La hiedra es común en la ornamentación de los centros de mesa en las comidas y cenas de Navidad. También se usa para colgar. En las antiguas culturas griegas y egipcias ya era utilizada, debido a que estaba considerada como una planta símbolo de la eternidad y la resurrección.

En las puertas de muchos hogares, durante la Navidad, se cuelga una corona de laurel. Este simbolizaba el éxito y la fortuna; de hecho era lo que se entregaba a los ganadores de alguna competición en los juegos olímpicos de la antigüedad. El incorporarlo a las celebraciones navideñas fue para simbolizar el triunfo de Dios sobre el diablo.

Podemos encontrar romero esparcido por diferentes lugares de una casa. Esto es debido a que se le atribuye unas propiedades de protección (sobre todo por parte de las personas devotas de la Virgen María). Y es que, según relatan algunas leyendas, el romero era la planta preferida de la madre de Jesús. Al ser una planta aromática, también es muy utilizado el romero para dar sabor a algunos platos navideños e incluso para colocarlo de adorno sobre la comida que se ha servido en Nochebuena o Navidad (sobre el besugo, pavo, cochinillo…).

 

 

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¿De dónde surge llamar ‘triunfo’ a un éxito o victoria?

Se utiliza el término ‘triunfo’ para hacer referencia al éxito o victoria que alguien ha conseguido (o pretende hacerlo). Referirse como ‘triunfador’ o ‘triunfadora’ a una persona que ha alcanzado unas metas o ganado algún tipo de competición también es muy común su uso. Incluso, uno de los programas de talentos de más éxito en la televisión española es ‘Operación triunfo’, con el que el propósito de los concursantes (cantantes) es disputarse entre ellos quién será el que se acabe ganando dicha competición.

¿De dónde surge llamar ‘triunfo’ a un éxito o victoria?

Para encontrar el origen del término debemos viajar hacia atrás en el tiempo algo más de dos milenios, en el que en la Antigua Roma se realizaban una fastuosa celebración cada vez que un general volvía a la capital del imperio tras haber obtenido una victoria en el campo de batalla.

Dicha celebración era conocida como ‘triumphus’ y constaba de un desfile por las principales vías de Roma y que acababa en el Capitolio en el que, con una solemne ceremonia, se le hacía entrega al victorioso general de la preciada ‘corona de laurel’ y se le rendía todo tipo de honores (muchos eran quienes conseguían unas ganancias suficientemente cuantiosas con las que retirarse).

De la ceremonia del triumphus es de donde surgió que al éxito y conseguir la gloria o fama se le denomine como triunfo o triunfar e incluso a quien ha logrado alcanzar algún determinado objetivo (deportivo, empresarial, económico, familiar…) se le señale como que ha triunfado en la vida.

 

 

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El curioso y mitológico origen de la expresión ‘dormirse en los laureles’

El curioso y mitológico origen de la expresión ‘dormirse en los laureles’Tanto en la Antigua Roma como en la Antigua Grecia se tenía por costumbre agasajar a sus ciudadanos más ilustres y destacados (poetas, filósofos, deportistas, militares y políticos)  con una corona hecha con hojas de laurel.

Dicha distinción provenía de la leyenda de la mitología griega en la que Dafne fue transformada en un laurel y pasó a convertirse en el símbolo más preciado de distinción que se le entregaba a las personas más relevantes (el mito aparece explicado en el Libro I del poema ‘Las metamorfosis’, terminada en el año 8 a.C., y en la que a lo largo de quince libros el poeta romano Ovidio hacía un repaso a la Historia del mundo).

Era tal el valor simbólico que tenían estas coronas de laurel que incluso algunos líderes y emperadores se las auto otorgaban y las llevaban puestas en su cabeza.

El curioso y mitológico origen de la expresión ‘dormirse en los laureles’En algunas ocasiones las coronas con las que se premiaba el trabajo de alguien destacado eran realizadas en oro, por lo que las mismas tenían un altísimo valor y el que la recibía podía vivir un largo periodo de tiempo sin trabajar o esforzarse como hasta entonces, motivo por el que empezó a utilizarse la expresión ‘dormirse en los laureles’ para indicar ese letargo en el que se había sumido aquel que un día no muy lejano  había sido condecorado con ese solemne galardón.

Cabe destacar que no siempre las coronas eran de oro, ya que el propio laurel ya estaba considerado de por si como algo muy valioso (al menos simbólicamente) y aunque el valor material del premio no era suficiente como para retirarse de trabajar sí que provocaba que hubiese quien creyese que ya había alcanzado el tope de su carrera y dejaba de rendir y esforzarse al máximo, siendo acusado de que se había quedado dormido en los laureles.

Algunos fueron los militares romanos que gracias a una triunfal campaña recibieron la preciada corona pero tras dejar de esforzarse (dormirse) fueron degradados, castigados o retirados a la fuerza.

 

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