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La libertad interior que el ego esconde

Todos necesitamos un ego sano para realizar el proceso de individuación. Es decir, responder con nuestra vida a las preguntas: quién soy, porque estoy aquí y qué voy a hacer.

No terminar este proceso nos priva de la densidad psicológica, emocional y espiritual necesaria para seguir desarrollándonos. Como demuestra la psicología de desarrollo, el ego es un paso necesario en la evolución como humanos.

El ego… ¿tu enemigo?

Llega momento en que tu ego se convierte en una piedra enorme en el camino con la que no dejas de tropezar. El ego tiene muchos problemas. Para empezar es terriblemente miope a la hora de percibir. Recibe una versión distorsionada de lo que pasa, o como diría él, de lo que “te pasa”. Porque según el ego todo lo que pasa te pasa a ti. Desde este centralismo interno, actúa de centinela juzgando todo el rato: bueno o malo, amigo o enemigo, seguro o riesgoso. Vivir desde el ego significa vivir en un estado defensivo constante, lo que resulta agotador.

Sin embargo, cuando intentas dominar al ego a través de fuerza de voluntad, no puedes. ¿Por qué? Porque es el mismo ego quien lo intenta. Es como intentar quitar el amarillo de una pared, con más pintura amarilla: por mucho que te esfuerces, ¡la pared es cada vez más amarilla!

Hombre con foto

(Kyle Glenn, UNSPLASH)

La alternativa que te recomiendo es simplemente observar a tu ego – ¡ojo, sin juzgarlo! Observa sus juicios constantes, sus intentos de dominar el cotarro, su intención de manipular, de conseguir. Contempla su permanente estar en guardia. Mira los dramas de serie barata que proyecta. Observa también el resultado de las acciones guiadas por él.

Dónde habita la libertad interior

Cuando lleves cierto tiempo observándote sin intentar cambiar nada ocurrirán cambios. Al aflojar la sed infinita que mueve al ego, tu impulsividad se reducirá. Verás a tu juicio desaparecer como una nube empujada por un suave viento. Emergerá la solución a un problema sin saber de dónde. Y aunque tus problemas no desaparecerán, despertarás a tu experiencia de una forma nueva. Todo ello porqué habrás expandido el espacio entre lo que percibes – y cómo lo percibes-  y tu reacción a ello. Y es precisamente en es ese espacio libre de ego donde habita la verdadera libertad interior.

 

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No te tomes tan en serio porque… no existes

Una de las enseñanzas fundamentales de Buda es que no existe un yo separado. Se denomina la doctrina del no-yo. Cuando Buda promulgó esta comprensión del ser humano hace más de dos mil años, sacudió los cimientos de las creencias del momento. Ahora, en plena cultura narcisista y egocéntrica esta verdad se me presenta como algo provocadoramente radical pero sobretodo necesario e inspirador.

El hecho que no exista un yo, no significa que no existas. Negar la existencia del yo – es decir del ego – no significa que lo que exista sea nada. El budismo no es una espiritualidad nihilista. De lo que Buda se dio cuenta es que suponer que existimos como ente separado y continuo en el tiempo es la fuente de sufrimiento por excelencia de los seres humanos.

Mujer con círculo blanco

(Caroline, UNSPLASH)

¿Si no existes tú, qué es lo que existe?

Existe un sustrato básico del que todo emerge. Una sopa cósmica de potencial de la que nacen estados, formas, energías, fuerzas. Existen distintos estados egoicos que generan acciones y reacciones. Existes tú, un puñado de células que quieren vivir.

A una parte de ti le entra pánico, cuando se da cuenta del sustrato básico sobre el que no tiene control. El miedo nace de no querer ver la verdadera naturaleza de las cosas. El miedo contrae y separa, y así nace tu ego. Y con él la primera dualidad: todo lo que no eres tú. A partir de ahí, tu ego expande sus tentáculos en una madeja abominable, modela lo que percibes, cómo lo percibes, sesga tu consciencia y condiciona tus actos en una rueda sin fin.

Chögyam Trungpa Rinpoche lo asemeja a estar conduciendo un coche a gran velocidad. Lo estás conduciendo y todo va bien, pero de pronto, te acecha el pensamiento de que has estado yendo demasiado rápido sin darte cuenta. Te entra pánico, le das al freno bruscamente y probablemente tienes un accidente1. El ego es la tensión y todo lo que genera después, preocupaciones, racionalizaciones, acciones, interpretaciones. Y el accidente son todos los problemas en los que nos mete.

Más allá del lenguaje

El lenguaje insiste en separarnos los unos de los otros y por esa razón no nos ayuda a experimentar la verdadera naturaleza de las cosas. Thich Nhat Hanh2 lo describe exquisitamente cuando afirma que somos aquello que hacemos en cada momento. Tu eres el viaje y el viajero. Eres el coche y la carretera. Eres la avería y la puesta de sol.

Sí, la vida va a gran velocidad, pero no necesitas controlarla. Tal vez ya te hayas percatado de que intentarlo es una mala idea, por mucho que tu ego se empeñe. Te invito entonces a darte permiso para ser cada una de tus experiencias, sin apegarte a ninguna, ni tomarte demasiado en serio, pues al fin y al cabo…no existes 😉

 

(1) Del libro Glimpses of Abhidharma

(2) Del libro The sun. My heart

 

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