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Las claves de un tema que nos afecta a todos

Rajoy, Obélix y la poción mágica

Mariano Sidrach de Cardona – Catedrático de la Universidad de Málaga

Presidente del Gobierno

Cuando media España, al menos, se dispone a empezar sus vacaciones de verano en busca de un merecido descanso, llega la hora de hacer balance de un curso político, académico, que termina. Deformación profesional, seguramente. El balance de este último curso, en lo referente a energía y cambio climático, nos presenta una gran diferencia entre lo que está pasando en el mundo y lo que sucede en España.

En el mundo, las energías renovables y, sobre todo, la fotovoltaica, siguen un ritmo de crecimiento imparable. Solamente en China, se han instalado en el primer trimestre de 2017 24,4 GW, cinco veces más que toda la capacidad fotovoltaica española, y lo han hecho combinando grandes plantas (83%) con generación distribuida (17%). En California, a pesar de las políticas de la nueva administración de Estados Unidos, la energía solar continúa desarrollándose y han empezado a incorporar grandes sistemas de almacenamiento eléctrico para permitir mayor penetración de la fotovoltaica, lo que está suponiendo un profundo cambio en una red eléctrica cada vez más descentralizada. Encontramos ejemplos similares en multitud de países que apuestan decididamente por las energías renovables, el abandono progresivo de los combustibles fósiles y la electrificación de la demanda como elementos claves de un nuevo modelo energético. Y no es precisamente que todos se hayan vuelto locos de repente.

Vivimos diariamente los efectos de un cambio climático global que nadie sensato se atreve ya  a discutir, con contundentes evidencias científicas sobre las causas del mismo y un consenso casi unánime sobre las urgentes medidas que hay que tomar. A nivel global, el efecto más visible -que no el único- es el aumento de las temperaturas, mientras que, a nivel local, es la contaminación del aire que respiramos su consecuencia más devastadora. La Organización Mundial de la Salud atribuye cada año siete millones de muertes a la contaminación atmosférica, que se ha convertido en el mayor riesgo medioambiental para la salud y que, según el Banco Mundial, tiene un coste del 3,5% del PIB mundial.

Mientras tanto, en España, como si de un cómic de Astérix se tratara, nuestro gobierno se opone estoicamente a un cambio en el modelo energético, tal y como se resistían unos galos aislados al empuje de las legiones romanas. Eso sí, el Gobierno acaba de adjudicar 8737 MW para instalar energías renovables en los próximos años e intentar así  cumplir con nuestros compromisos europeos. Como si con esta medida pudiéramos paliar la falta de planificación energética que padecemos y olvidarnos de la política que, contra las energías renovables, ha desarrollado este gobierno en los últimos años. Además, lo ha hecho sin cuestionar en absoluto el modelo energético actual y se ha cuidado mucho de contentar a los poderes establecidos. Ha vuelto a dar la espalda a la generación distribuida y, por supuesto, al autoconsumo, que sigue siendo una de las asignaturas pendientes de este gobierno en materia de energía y que debe ser una de las claves de la transición energética.

No es que aumentar la potencia renovable instalada me parezca mal, obviamente. Lo que me parece es una política poco ambiciosa y muy mal organizada. Por ejemplo: para cerrar las centrales de carbón sin disminuir la potencia actual, cosa también discutible, haría falta instalar alrededor de 16 GW de renovables. Para cambiar el consumo de un millón de vehículos a motor por consumo eléctrico, alrededor de 1.5 GW, y en España tenemos 28 millones de vehículos.

Para rematar esta ceremonia de confusión en la que estamos inmersos, el gobierno ha creado una comisión de expertos para que, como el druida Panorámix, elaboren una ley de transición energética que sea la pócima mágica que solucione nuestros problemas. Comisión que, antes de empezar sus trabajos, ya está en entredicho, y a la que no han sido invitadas organizaciones sociales ni ecologistas representativas.

Desde la Fundación Renovables llevamos años proponiendo y debatiendo sobre las medidas necesarias para llevar a cabo la Transición Energética, y lo vamos a seguir haciendo aunque el gobierno no nos dé voz en esta comisión. A la vuelta de las vacaciones y dentro de los cursos de verano de la Universidad Internacional de Andalucía vamos a plantear y debatir en Málaga nuestras propuestas para un desarrollo sostenible urbano.

Señor Rajoy: somos como Obélix, no necesitamos de sus pócimas mágicas. Necesitamos una planificación energética seria y coherente a largo plazo, que mire por los intereses de la ciudadanía.

Nuestras propuestas son públicas. ¿Cuáles son las suyas?

 

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