¿Se inmunizan los bebés del COVID-19 con la leche de las madres vacunadas?

Lactancia materna

Fuente: Pixabay

En las últimas semanas, la velocidad a la que se están administrando vacunas en España contra el coronavirus ha cogido velocidad de crucero. Gracias a ello, hemos pasado de enero de 2021, donde se priorizaba la vacunación de los más vulnerables, las personas de mayor edad, y de los trabajadores sanitarios que están en primera fila, a julio de 2021, donde la inmensa mayoría de esos colectivos ya han recibido la pauta de vacunación completa. Parece que ahora sí, el turno de los jóvenes ha llegado.

Y como no puede ser de otra manera, en ese grupo de jóvenes se encuentran las madres que dan el pecho a sus hijos. No sin parte de razón, todas esas madres se hacen preguntas sobre estas nuevas vacunas, sobre su seguridad, su efectividad y sobre si al vacunarse, sus bebés reciben de algún modo a través de la leche materna parte de esa vacuna. Recordemos que, a día de hoy, no hay ninguna vacuna contra el coronavirus autorizada en menores de 12 años, por lo que a los más pequeños de la casa les toca esperar a que se concluyan los estudios que se están llevando a cabo actualmente y que esperamos finalicen con esa autorización por parte de las administraciones sanitarias.

Desde el inicio de la vacunación contra el coronavirus, muchas madres lactantes han recibido alguna de las vacunas del coronavirus, al principio las médicas que estaban en primera línea y que, además, estaban dando el pecho a sus hijos en esos momentos. Desde entonces se han publicado varios artículos científicos sobre la presencia de anticuerpos contra el coronavirus en la leche materna, tanto de aquellas que pasaron el COVID-19 como de las que se han vacunado. Pero la pregunta del millón sería: ¿protegen realmente esos anticuerpos a los niños que toman esa leche?

Qué sabemos sobre la leche materna y la prevención de enfermedades infecciosas

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niños reciban de forma exclusiva lactancia materna hasta los 6 meses de edad y, a partir de entonces, combinada con la alimentación complementaria hasta los 2 años de vida o más, siempre que el niño y la madre así lo deseen.

El motivo de esta recomendación es nutricional, ya que está demostrado que la leche materna es el mejor alimento que los niños pueden recibir, ya sea en forma de lactancia materna exclusiva o en combinación con la alimentación complementaria. Además del aspecto nutricional, la lactancia materna tienen otros beneficios, tanto para la madre (previene el cáncer de mama y de ovario, así como la depresión postparto), como para la familia (es mucho más barata que la lactancia artificial) como para el propio bebé.

Entre esos beneficios, la lactancia materna influye en la respuesta inmunológica de los niños que se alimentan con ella, lo que se traduce de forma global en un menor número de infecciones mientras ésta se mantenga, así como una menor incidencia a largo plazo de alergias y otras enfermedades. Esa protección contra infecciones es muy importante, ya que durante los primeros meses de vida los niños tienen un sistema inmunológico inmaduro, lo que les predispone a padecer infecciones más graves en caso de contagio. La forma en la que la leche materna protege al niño de esas infecciones es variada:

  • La leche materna contiene inmunoglobulinas, principalmente IgA. Una gran proporción de esas inmunoglobulinas son capaces de actuar de forma específica contra los virus y las bacterias para los que fueron diseñadas después de que la madre hubiera pasado una enfermedad o hubiera recibido una vacuna. Gracias a esas inmunoglobulinas que el bebé recibe durante la lactancia, en muchos casos esos microorganismos que quieren infectar al niño se bloquean en el tracto digestivo y respiratorio, lo que impide que esa infección tenga lugar.
  • Pero no son solo las inmunoglobulinas en leche materna lo que puede proteger a un bebé de una infección mientras se le alimenta con el pecho, ya que en la leche hay otra gran cantidad de productos antiinfecciosos, como la lactoferrina, algunas interleucinas y la glicoproteína, que son capaces de bloquear a algunos virus respiratorios, como el virus respiratorio sincitial, así como de oligoscáridos, que jugarían un papel muy importante en el desarrollo de la microbiota.
  • Por último, la leche materna también transporta células del sistema inmune de la madre (macrófagos, neutrófilos y linfocitos), los cuales actuarían de forma independiente eliminando microorganismos que quisieran infectar al bebé.

Con todo ello, los bebés que reciben lactancia materna tienen menos riesgo de sufrir algunas enfermedades infecciosas, como gastroenteritis, catarros, otitis y neumonías, sobre todo aquellos que la reciben más allá de los 6 meses de vida. Sin embargo, la lactancia materna no disminuye a cero el riesgo de que estos niños se contagien de alguna de estas infecciones, de hecho, es habitual que los pediatras veamos a menudo niños pequeños que reciben lactancia materna, y se contagian de alguno de sus hermanos mayores que han traído los mocos de la guardería.

Además, por mucha lactancia materna que reciban los niños durante los primeros meses de vida, la protección contra algunas enfermedades infecciosas siempre va ser a parcial y no completa, motivo por el que desde bien pequeños (en España desde los dos meses de edad) empiezan a recibir vacunas para que desarrollen por ellos mismos su propia inmunidad, aunque la madre les esté pasando inmunoglobulinas de las enfermedades contra las que ella está vacunada. Dicho en otras palabras, no podemos pensar que un bebé que toma el pecho se está vacunando contra las enfermedades contra las que su madre está inmunizada, ya que esa protección nunca será total y, en todo caso, será temporal mientras dure la lactancia.

Lo que está claro es que la lactancia materna tienen un beneficio evidente en la prevención de enfermedades infecciosas, pero no nos podemos aferrar a ella como si fuera una garantía de que nuestros hijos nunca se van a poner enfermos mientras reciban el pecho.

Lactancia

La lactancia materna tiene beneficios tanto para el bebé como para la madre (Fuente: Pixabay)

¿Son seguras las vacunas contra la COVID para las madres embarazadas o que dan el pecho? ¿Y para sus bebés?

Antes de entrar a valorar si las vacunas que se ponen las madres contra la COVID tienen algún beneficio para los bebés, me parece importante resaltar que a día de hoy no existe ninguna contraindicación para que una madre que da el pecho se vacune contra el coronavirus.

Es cierto que cuando se hicieron los primeros estudios para la autorización de las vacunas contra el coronavirus no se incluyó en ellos a mujeres embarazadas ni que daban el pecho, pero desde el inicio de la vacunación a la población general miles de madres embarazadas ya han recibido estas vacunas sin que se haya encontrado ninguna alarma de seguridad durante su administración. De hecho, entre diciembre del 2020 hasta febrero del 2021 se llevó a cabo en EEUU un estudio con 36.591 mujeres embarazadas vacunadas contra el coronavirus en el que se concluyó que estas vacunas eran seguras. Por todo ello, tanto la OMS como nuestro Ministerio de Sanidad recomiendan que la vacuna del coronavirus sea ofrecida a madres embarazadas o lactantes cuando les toque por grupo de edad, a poder ser con vacunas ARNm, ya que éstas son las que más se han empleado en mujeres embarazadas y lactantes y por tanto más experiencia existe.

Desde entones, son cientos de miles, sino millones, las madres que han recibido la vacuna contra el coronavirus estando embarazadas o dando el pecho, y de momento no ha saltado ninguna alerta de seguridad que nos pueda indicar que estas vacunas no son seguras para ellas o para los bebés que todavía están gestando. Además, si no se ha producido ya esa alerta de seguridad, es muy probable que nunca se produzca debido al gran número de vacunas que ya se han administrado, lo que pone de manifiesto su perfil de seguridad.

Por otro lado, también existen estudios que han evaluado los efectos secundarios de las vacunas en las madres que dan el pecho y sus conclusiones son que tras la vacunación experimentan los mismos efectos secundarios que la población general (fatiga, dolor de cabeza, fiebre o dolor en el brazo). De nuevo, esto refuerza la idea de que no hay inconveniente en que las madres que dan el pecho se vacunen.

Además, desde que se inició la vacunación se han llevado a cabo estudios en los que se ha analizado si en la leche materna aparece alguno de los componentes de la vacuna que se inyecta a la madre. Estos estudios han demostrado que ninguno de ellos aparece en la leche, por lo que las mamás que dais el pecho y os toca ahora vacunaros podéis estar seguras, ya que no se ha demostrado que la vacunación materna afecte negativamente al bebé.

Por tanto, desde aquí os animamos a que os vacunéis contra la COVID cuando os toque, aunque estéis embarazadas, sobre todo en segundo y tercer trimestre, o dando el pecho.

Vacuna

Las vacunas de ARNm son con las que más experiencia se tiene en embarazadas y madres lactantes. (Fuente: Pixabay)

¿Hay presencia de anticuerpos contra la COVID en la leche materna tras recibir la vacuna?

Hace unos párrafos decíamos que una de las cosas por las que la leche materna previene al bebé de que se contagie de algunas infecciones es por la presencia de inmunoglobulinas en leche materna. Teniendo esto en cuenta, no es descabellado pensar que si una madre ha pasado el coronavirus o si se ha vacunado contra la COVID, en su leche aparezcan inmunoglobulinas contra esta infección.

Antes de la aparición de las vacunas contra la COVID se analizó la presencia de inmunoglobulinas en leche materna en aquellas madres que habían pasado la infección y ¡bingo!, ya son muchos los estudios que han demostrado este hecho. Más tarde, una vez que se empezó con la campaña de vacunación, ese interés se desplazó a las madres que recibían la vacuna y, de nuevo, ¡bingo!: en leche materna hay presencia de inmunoglobulinas contra el coronavirus, al menos durante seis semanas y, sobre todo, tras la segunda dosis.

Además, al enfrentar esas inmunoglobulinas aisladas de la leche materna y contra el coronavirus en un laboratorio (lo que en medicina se conoce como ensayos in vitro), se ha comprobado que son capaces de bloquear al virus, lo que se debería de traducir in vivo en protección al bebé contra esta infección, aunque ésta no fuera total.

¿Podemos considerar protegidos contra la COVID a los bebés que toman el pecho de las mamás vacunadas?

Hemos dejado para el final la pregunta del millón. La lógica de lo expuesto hasta ahora nos haría pensar que si en la leche materna hay inmunoglobulinas contra la COVID, el bebé que toma esa leche estará protegido de algún modo. En esta afirmación hay mucho de verdad, sin embargo, todavía hay mucha incertidumbre en este tema.

Los estudios que se han hecho sobre las inmunoglobulinas contra la COVID en leche materna son in vitro, por lo que se desconoce realmente qué ocurre con ellas cuando se las toma el bebé. Por desgracia, todavía no hay estudios que hayan analizado este hecho, por lo que no podemos afirmar con rotundidad que esas inmunoglobulinas protejan al bebé. Seguramente lo hagan, pero no sabemos ni cuánto ni cómo. Por otro lado, la leche materna contienen otros componentes que nos defienden de las infecciones, por lo que, incluso sin vacuna del coronavirus de por medio, la lactancia materna puede ayudar a los bebés a defenderse de esta infección.

Por otro lado, que un bebé reciba inmunoglobulinas de su madre a través de la leche materna no quiere decir que su sistema inmunológico aprenda a fabricarlas. Es decir, es como darle pistolas contra el virus, pero sin las instrucciones de cómo fabricar esas pistolas (que es lo que ocurre cuando no infectamos por el virus o cuando recibimos el pinchazo de la vacuna). Además, en el caso de que esas inmunoglobulinas protejan de algún modo al bebé, esa protección va a ser solo temporal, ya que al dejar de darle el pecho, se dejarían de pasar inmunoglobulinas al niño y, como se ha dicho, éste no sabría fabricarlas.

Además, no podemos considerar que a través de la leche materna se pasen tantas defensas contra el coronavirus como para considerar a ese niño protegido al 100%. Ni contra el coronavirus ni contra ninguna infección, hecho de sobra corroborado con la realidad que supone saber que los niños de corta edad se pueden contagiar de cualquier enfermedad que sus madres hayan pasado o contra las que están vacunadas, como la tosferina o la infección por el virus respiratorio sincitial.

Por todo ello, la gran mayoría de organizaciones científicas mundiales afirma que a través de la leche materna de una madre vacunada contra la COVID el bebé puede estar protegido de algún modo, pero ninguna de ellas se aventura a decir que esa protección es total, como si estuvieras vacunando al niño.

Si nos hemos animado a escribir este post es porque en las últimas semanas hemos recibido muchos mensajes por redes sociales consultándonos casos concretos de lactancia materna y vacunación COVID. Por ejemplo, alguna mamá nos preguntó que cuánto tiempo tenía que esperar para destetar a su hijo para considerar que ya le había inmunizado contra la COVID por darle el pecho. O la que nos decía que se estaba sacando un poquito de leche cada día para darle 5 mL a su hijo de 4 años y que así también él se estaba inmunizando. O la que había empezado a dar el pecho una toma al día al recién nacido de su mejor amiga mientras ésta esperaba su vacuna. O el padre que nos decía que había empezado a compartir con su hijo la leche de la madre para así irse protegiendo a la espera de que le llegara el turno de vacunación.

La lactancia materna es buena, muy buena, pero creo que debemos ser conscientes del papel que puede jugar contra la COVID sin hacernos falsas esperanzas.

Lactancia

Fuente: Pixabay

Un poco de luz a pesar de tanta niebla…

Sé que muchas se habrán llevado un chasco al leer que la leche materna de una madre vacunada no es una garantía para que un bebé no se contagie. Sin embargo, cuando un madre se vacuna (y el resto de familiares) ya están protegiendo a su bebé por lo que se conoce como “estrategia nido”, como sucede cuando una puérpera se vacuna contra la gripe o una madre gestante se vacuna  de la tosferina.

Como sabréis, las vacunas contra el coronavirus han conseguido una gran efectividad, tanto para disminuir las formas graves de esta infección (ingresos hospitalarios y en cuidados intensivos), así como para evitar que una persona sana se contagie. Es cierto que una persona vacunada contra la COVID se puede infectar, de ahí que debamos seguir utilizando mascarillas en interiores, pero es mucho menos probable si lo comparamos con un no vacunado.

En este sentido, que los convivientes de un niño pequeño se vacunen es una forma de protegerse a sí mismos y también a su bebé, sobre todo si tenemos en cuenta que hasta el momento, el origen de los contagios de los más pequeños de la casa suelen ser sus padres. Lo que viene siendo un win-win en toda regla. De todas formas, que los padres se vacunen no quita para que sigan las recomendaciones de prevención de contagio contra la COVID, sobre todo para ahora proteger a sus hijos pequeños: no realizar actividades en interiores y empleo de mascarillas en exteriores si no se puede mantener distancia social, además del consabido lavado de manos.


Si tuviéramos que resumir en unas pocas líneas todo lo expuesto hasta ahora, tenemos muy claro que nuestra recomendación sería que las madres a las que ahora les toca vacunarse lo hicieran aunque estén dando el pecho, es bueno para ellas, paras su bebés y para seguir luchando contra este virus que nos tiene en jaque desde hace año y medio.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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Bibliografía:

 

 

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. muchas gracias por el artículo, porque es verdad que hay muchas madres que afirman tajantemente que dando el pecho están vacunando a su hijo, y está bien que se sepa lo que es y lo que no es.

    12 julio 2021 | 3:00 pm

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