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El colecho, ¿es seguro para mi bebé?: entrevista en Madresfera

El colecho es una opción que cada vez eligen más p/madres para dormir por la noche junto a sus hijos. En este blog ya hemos hablado de ello desde el punto de vista de la seguridad al practicarlo y su relación con el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. Además, hemos vuelto a participar en el podcast #buenosdíasMadresfera de Madresfera para hablar del tema y solucionar dudas. Solo pudo estar presente Gonzalo debido a la reciente maternidad de Elena, que se quedó en la cama apurando las horas de una estupenda noche de lactancia materna.

Podéis escucharlo dándole al play en el reproductor.

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O si prefieres escucharlo con video, aquí lo tienes en YouTube.

Disfrutad!!

Consejos sobre Lactancia Materna: el calostro

Tras es el nacimiento de un hijo, las madres que han decidido dar el pecho experimentan unos cambios hormonales que permiten que se establezca la lactancia materna. Para ello, debe desaparecer la progesterona de la sangre (hormona que producía la placenta durante el embarazo), permitiendo entonces que la prolactina (la hormona de la lactancia) de la orden a la glándula mamaria para que produzca leche.

Ese momento se conoce como subida de la leche (o bajada, según el lugar del mundo donde nos leáis) y ocurre de media entre las 48-72 horas tras un parto vaginal. En caso de una cesárea puede ocurrir un poco más tarde.

Durante esos 2-3 primeros días en los que la producción de leche se pone en marcha, el bebé se alimenta de calostro, una sustancia que por sus características especiales merece que le dediquemos un post entero dentro de nuestra sección Consejos sobre Lactancia Materna.

¿Qué es el calostro?

El calostro es la primera “leche” que produce el pecho hasta que acontece la subida. Es una sustancia espesa y amarillenta. Durante estos primeros días, en espera de que la madre comience con la producción de leche madura, el bebé se alimentará de esta sustancia.

Características especiales

Esta leche especial se diferencia de la leche madura, no solo en que el calostro se produce en pequeñas cantidades, sino también en su composición.

Posee una gran cantidad de proteínas, vitaminas e inmunoglobulinas respecto a la leche que posteriormente producirá la mamá, a pesar de su pequeño volumen.

Las inmunoglobulinas son un tipo de moléculas que nos defienden contra las infecciones y juegan un papel muy importante en la inmunidad de los recién nacidos dada la poca madurez que presentan durante los primeros meses de vida. Debido a esta característica, el calostro se conoce como “la primera vacuna”.

Otro de los papeles importantes del calostro es el efecto laxante que posee. Gracias a él, el intestino del recién nacido se pone en marcha después de llevar “parado” varios meses dentro del útero materno permitiendo la expulsión de las primeras deposiciones del niño (meconio).

¿Pero será suficiente?

Como ya hemos dicho, la madre produce poca cantidad de calostro. Sin embargo, es el volumen adecuado para amamantar a un recién nacido durante los primeros días de vida.

Recordad que el estómago de un recién nacido es del tamaño de una canica y con el paso de los días se va haciendo más grande. El pequeño volumen del calostro se adapta perfectamente a ese pequeño estómago que tiene vuestro hijo en el momento de nacer.

Para que no se produzca una perdida de peso excesiva hasta que a la madre le suba la leche, es importante que las tomas sean frecuentes, al menos 10-12 al día.

¿Puedo guardar el calostro para más adelante?

Si tienes un hijo sano, lo que debes hacer es amamantarle desde el nacimiento. No tiene sentido guardar calostro para más adelante.

Sin embargo, los recién nacidos que requieren ingreso al nacer por alguna enfermedad no suelen comer durante las primeras horas/días de vida. En este caso podrías extraerte el calostro y guardarlo en una jeringa para más adelante.

Recuerda que el calostro puede conservarse a temperatura ambiente (27-32ºC) unas 12 horas, en nevera 6 días, en congelador pequeño 2 semanas, en cogelador Combi 6 meses y en congelador indutrial (-20ºC) hasta 12 meses.


En resumen, el calostro es la leche que ha diseñado la naturaleza para los primeros días de vida y permite que el recién nacido realice una adaptación a la vida extrauterina de manera adecuada.

El copyright de la imagen de cabecera de este post pertenece a danielpeinado.photo bajo una licencia CC BY 2.0.

Consejos sobre Lactancia Materna: mastitis

La decisión de realizar lactancia materna como método de alimentación para vuestros hijos está llena de beneficios tanto para la madre como para el recién nacido (visita nuestro post sobre el tema en este link).

Sin embargo, los inicios, sobretodo en madres inexpertas, pueden ser complicados si no se recibe el apoyo, seguimiento y ayuda suficientes, produciéndose una alta tasa de abandono tras las primeras semanas. Una vez superado este tiempo en el que se establece la lactancia, podemos encontrar algún que otro bache durante los primeros meses como son las temidas mastitis. En el siguiente post os explicamos qué son, a qué se deben y qué debemos hacer cuando estamos ante una de ellas.

Mastitis aguda

Se define como el dolor en una región del pecho acompañado de enrojecimiento e induración (se palpa un bulto doloroso) y que en la evolución puede acompañarse de fiebre o sensación gripal. La leche puede cambiar de sabor, aunque sigue siendo apta para su consumo, y puede que el recién nacido llegue a rechazar ese pecho. Ocurre generalmente a partir de la 3ª-4ª semana de lactancia y es más frecuente en los primeros 3 meses.

La leche materna es un producto biológico vivo en el que existen bacterias de forma natural conviviendo en equilibrio entre la madre y la boca-intestino del bebé. En aquellas situaciones en las que no se produce una extracción adecuada y un vaciado eficaz puede desarrollarse un  sobrecrecimiento bacteriano que condicione una infección y finalmente una mastitis.

Y aunque pueden aparecer en cualquier madre que de el pecho a su hijo, las causas o factores predisponentes para desarrollar una mastitis son:

  • Grietas o escoriaciones en el pezón por mal enganche.
  • Tomas escasas o limitadas tanto en tiempo o frecuencia.
  • Obstrucción ductal como consecuencia de presión del pecho (ropa ajustada).
  • Sobreestimulación con sacaleches.
  • Estados de estrés o malnutrición materna.
  • Destete rápido.
  • Inadecuada higiene de manos o de utensilios extractores.
  • Episodios previos de mastitis.

El diagnóstico de la mastitis es clínico a través de los datos de la exploración física y la historia clínica, no siendo necesario recoger cultivo de leche materna en la gran mayoría de los casos.

El principal tratamiento de la mastitis consistirá por tanto en extracción frecuente y adecuada de leche del pecho afectado y antiinflamatorios (por ejemplo, ibuprofeno por vía oral), no siendo recomendable por tanto el destete en este momento. Si a pesar de la adecuada extracción y tratamiento antiinflamatorio los síntomas progresan con mayor dolor, enrojecimiento o aparición de fiebre estaría indicado iniciar tratamiento antibiótico, siempre bajo la valoración de ginecólogo, pediatra y/o experto en lactancia materna.

El destete no está recomendado en caso de mastitis ya que puede empeorar la clínica de la madre

Debido a que muchas de las causas de mastitis se deben a un enganche inadecuado del bebé deberá valorarse siempre cómo realiza una toma el binomio madre-hijo (enganche, existencia de frenillo, anatomía de la mama…) y resolver los problemas que puedan estar originando las grietas o el vaciado ineficaz. Es muy importante respetar la demanda de las tomas que a su vez regulará la producción y que permitirá un excelente funcionamiento de la lactancia.

No es lo mismo mastitis que ingurgitación mamaria

Durante los primeros días tras el nacimiento del bebé se produce lo que se conoce como “subida de la leche”. La mama, glándula que produce la leche materna, tiene que activarse para la misión para la que existe: producir leche y alimentar al bebé. Para ello, se produce un aumento muy importante del volumen global de la glándula así como sensación de inflamación de toda ella con calor, endurecimiento o incluso dolor, fenómeno conocido como ingurgitación mamaria. A diferencia de la mastitis, la sensación de inflamación mejora cuando el bebé finaliza la toma y siempre que éste haga un vaciado eficaz. En general mejoran después de 1 o 2 días.

La ingurgitación mamaria se produce en los primeros días de lactancia a diferencia de las mastitis que suelen aparecen a las 3-4 semanas de vida.

Cuando se produce la ingurgitación mamaria puede ocurrir que ésta sea muy molesta y dolorosa o que el pecho esté tan duro que no sea posible que el bebé realice un buen enganche. Esta situación empeora en caso de que la técnica de amamantamiento no resulte adecuada o la demanda del bebé no está satisfecha. En estos casos será útil la extracción manual (el sacaleches no siempre va a poder realizar la extracción si el pecho está muy congestionado) junto con masaje y aplicación de calor local previo a la toma (por ejemplo con la ducha). Es muy importante pedir ayuda a un experto en lactancia materna si con las primeras medidas no se ha conseguido una mejoría del cuadro clínico.

Abscesos mamarios

Muy ocasionalmente las mastitis pueden complicarse con la aparición de un absceso mamario (zona de pus localizada en el interior de la mama). Suelen ser fallos de tratamiento antibiótico y precisará cirugía en la mayoría de las ocasiones para su curación definitiva, pero la lactancia puede ser continuada sin ningún inconveniente.

Temas controvertidos en la mastitis

  • Cultivo de leche materna: últimamente se ha extendido mucho la creencia de que para el diagnóstico de mastitis aguda debemos recoger un cultivo de leche materna. La realidad es que su interpretación es difícil dado que la leche materna contiene bacterias (generalmente las propias de la piel). Por ello, solo se recomienda en los casos de mastitis repetidas, falta de mejoría del cuadro de mastitis a pesar de adecuado tratamiento antibiótico, cuadros graves o en caso de madres alérgicas a antibióticos de uso habitual.
  • Mastitis subaguda: Se trata de un proceso de dolor con y tras la toma sin otros signos de mastitis (no hay fiebre, no enrojecimiento ni induración) que no mejora a pesar de la corrección de la técnica de amamantamiento. Es un término que está bastante extendido aunque poco reconocido en la literatura internacional. No se conoce bien el origen de este dolor y por ello tampoco cuál es el tratamiento más adecuado. Ante pacientes con estos síntomas debemos ser cautos y valorar si la técnica de amamantamiento es adecuada. Los tratamientos más habituales suelen ser tratamiento con antiinflamatorios o incluso con antibióticos.
  • Uso de probióticos: actualmente existen algunos estudios que han arrojado resultados esperanzadores sobre la toma de lactobacilos como es el Lactobacilus fermentum, para la prevención y/o el tratamiento de la mastitis aguda no complicada. Sin embargo, todavía estos estudios son escasos por lo que actualmente no puede recomendarse su uso de forma generalizada a todas la madres que presentan dolor con la toma.

Como habrás podido comprobar la patología de la mama es compleja y no siempre que presentes dolor al amamantar será que estás sufriendo una mastitis. Como ya te hemos comentado a lo largo del post, en caso de problemas con la lactancia lo mejor que puedes hacer es pedir ayuda a un experto para intentar solucionar el problema.

Si quieres leer más sobre mastitis puedes consultar los siguientes enlaces:

  1. Documente de la Organización Mundial de la Salud sobre las causas de mastitis y su manejo (Año 2000).
  2. Protocolo de manejo de la mastitis de la Academia Americana de Lactancia materna (Año 2014).
  3. Mastitis, puesta al día. Documento en el que colabora el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (año 2016).

El colecho, ¿es seguro para mi bebé?

Hace poco publicamos en uno de nuestros Pediconsejos, una infografía sobre la muerte súbita del lactante (SMSL, os la hemos dejado al final del post). En ella, entre los factores de riesgo para dicho síndrome, figura el colecho. Much@s os habéis sorprendido y nos habéis preguntado que por qué ocurre esto y que si realmente es peligroso practicar colecho con vuestros hijos. Hemos decidido dedicar un post entero a la relación entre el colecho y la muerte súbita para despejar dudas y que podáis decidir si queréis practicarlo con toda la información a vuestra mano.

Pero vamos por partes…

¿Qué es el colecho?

Como su propio nombre indica, el colecho es compartir regularmente la cama con el bebé para dormir. Esta forma de descansar ha sido practicada desde hace muchíiiisimos años por la humanidad, tanto en culturas antiguas como en actuales. Con ello, el bebé pasa los primeros meses de su vida muy cerca de su madre lo que garantiza un buen apego y facilidad para la lactancia materna.

Últimamente está en boca de todos porque cada vez son más las familias de nuestro entorno que deciden practicarlo, ya no solo como una forma de descanso sino como una parte importante del modelo de crianza que han elegido para sus hijos.

Pero como bien sabéis, éste que leéis no es un blog sobre crianza, es un blog sobre pediatría así que no esperéis una defensa a ultranza sobre si el colecho es mejor para vuestro bebé ni una condena sobre lo malo que puede ser en cuanto a la crianza se refiere.  Eso se lo dejamos a los neuropsicólogos infantiles que saben mucho más sobre el tema: por ejemplo podéis buscar información en internet sobre el tema del colecho de Alvaro Bilbao, autor del blog y el libro El cerebro del niño explicado a los padres, o de Albert Soler, creador de las Píldoras de psicología (una en concreto sobre el colecho que es un buen resumen), ambos muy didácticos y con mensajes claros y directos.

Al final, la decisión de cómo criar a un niño debe ser tomada por sus p/madres después de sopesar qué es lo que creen que es mejor para ellos y elegir un modelo de educación. Por lo que respecta a este blog, solo comentaremos las implicaciones que puede tener en la salud de los niños.

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Mamá y su bebé practicando colecho

¿Y qué es el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante?

Aunque se desconoce la causa, la definición más aceptada es aquella “muerte súbita de un niño de menos de un año de edad, que ocurre aparentemente durante el sueño y que permanece sin explicación después de la realización de una minuciosa investigación postmortem, que incluye la práctica de la autopsia, examen del lugar del fallecimiento y revisión de la historia clínica”. Esta definición la podemos encontrar dentro del Libro Blanco de la Muerte Súbita Infantil de la Asociación Española de Pediatría (AEP) y que podéis consultar en este Link.

Pese a que no se conoce la causa, se han conseguido identificar algunos factores de riesgo para que ocurra así como otros protectores para no padecerlo. Entre todos ellos, tanto la lactancia materna como poner a los niños a dormir boca arriba son de los más conocidos. De hecho, desde que a finales de los años 90 se hicieron campañas para que los niños durmieran boca arriba se ha conseguido disminuir drásticamente la incidencia, actualmente 0,5-1 casos por cada 1.000 recién nacidos vivos. En España esto significa unas 100 muertes al año.

También se sabe que cuando sucede una muerte súbita coinciden al menos 2 factores de riesgo en el 95% de los casos, lo que pone de manifiesto el origen multifactorial de este síndrome. Pero además, no se puede prever qué niños lo padecerán a pesar de que en ellos concurran muchos de los factores de riesgo y pocos de los protectores.

Otra dato importante sobre el SMSL es que la mayoría de esos factores protectores y de riesgo han sido extraídos de estudios de “poca calidad”. Esto se debe a que, afortunadamente, existen pocos casos de SMSL lo que permite sacar de ellos conclusiones limitadas. Pero además, estos estudios son retrospectivos. En este tipo de estudios estadísticos lo que se hace es evaluar qué ha ocurrido después de que haya acontecido el suceso, y así intentar dar una explicación. Como hemos dicho este tipo de estudios no son los mejores para establecer relaciones pero el SMSL es una patología compleja que en muchos casos no permite hacerlo de otra forma.

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Bebé durmiendo boca abajo, uno de los factores de riesgo más importantes para el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante

¿Y qué pasa entonces con el colecho y la muerte súbita?

El documento antes citado así como las recomendaciones de consenso del Comité de Lactancia Materna de AEP cuenta entre los factores de riesgo para la muerte súbita del lactante al colecho. Este Comité recomienda que los lactantes menores de seis meses duerman en “su cuna, boca arriba, cerca de la cama de sus padres” como forma más segura para dormir, lo que disminuiría el riesgo de muerte súbita en más del 50%. Esto es así porque en algunos estudios del tipo que os hemos contado se encontró esa relación (quizá el más conocido es éste de aquí, que afirma claramente que existe esa relación directa entre el SMSL y el colecho). Otro organismo importante que opina parecido es la Academia Americana de Pediatría. Os podéis imaginar que por tanto algunos pediatras se laven las manos y digan “no hagáis colecho, que es peligroso”, pero las cosas no son tan fáciles como eso.

El problema (y el debate) se plantea cuando otros estudios afirman que el colecho aumenta las tasas de éxito de lactancia materna. También es conocido que la propia lactancia materna supone un factor protector contra el SMSL. Esto ha llevado a plantearse a otras asociaciones como la IHAN (Iniciativa para la Humanización del Nacimiento y la Lactancia, auspiciada por UNICEF) y la Liga de la Leche, que el colecho realizado en el contexto de lactancia materna quizá no aumentaría ese riesgo de muerte súbita e incluso se podría recomendar como medida que potencie la lactancia materna. En este otro artículo de la Asociación Española de Peditría de Atención Primaria podéis leer más sobre el tema.

No resulta difícil de entender que, si por un lado parece bueno pero por otro malo, en este mundo que vivimos tan polarizado en el que cuesta encontrar el punto medio, hayan salido a la palestra defensores extremos del colecho y sus beneficios y también detractores.

En nuestra opinión, son dos caras de la misma moneda. Nosotros preferimos hablar de “colecho seguro”, ya que lo que sí que parece claro es que el colecho realizado bajo ciertas circunstancias concretas no tendría por qué suponer mayor riesgo para sufrir una muerte súbita. Por ejemplo, estas fotos de abajo son las típicas situaciones en las que el colecho debería de evitarse como veréis más adelante.

¿Qué es lo que tengo qué hacer entonces para que sea seguro hacer colecho con mi bebé?

Si consultamos lo que opinan el Comité de Lactancia de la AEP y la IHAN, como grandes defensores en nuestro país de la lactancia materna, a primera vista podrían parecer contradictorias.

Como hemos dicho, el Comité recomienda que los niños duerman en una cama diferente a sus padres, mientras que la IHAN resalta que no existe evidencia para decir que el colecho se relacione con el SMSL.  Lo más interesante es que ambas asociaciones resaltan que el colecho se debe realizar SOLO bajo ciertas circunstancias y siempre que al bebé se le alimente con lactancia materna y no con artificial, debiendo evitar ciertas situaciones concretas. Es decir, no todas las mamás estarán en posición de poder realizar colecho con todas las garantías.

En este sentido el Comité de Lactancia Materna recomienda que NO se realice colecho en estas circunstancias (y citamos textualmente):

  • Lactantes menores de tres meses de edad.
  • Prematuridad y bajo peso al nacimiento.
  • Padres que consuman tabaco, alcohol, drogas o fármacos sedantes.
  • Situaciones de cansancio, especialmente de cansancio extremo, como el postparto inmediato.
  • Colecho sobre superficies blandas, colchones de agua, sofá o sillones
  • Compartir la cama con otros familiares, con otros niños o con múltiples personas.

En cuanto a la IHAN, ellos recomiendan que el colecho NO lo realicen (y también citamos textualmente) “madres en las que la lactancia natural esté contraindicada por algún motivo (por problema materno o neonatal) o para las que, aun pudiendo amamantar, precisan tomar medicación que pudiera alterar la normalidad del sueño natural”. Además recomiendan que se eviten ciertas prácticas en el caso de que “se decida dormir con el bebé porque pueden convertir el colecho en poco seguro” como:

  • Compartir el sueño con el lactante en superficies poco seguras: colchones blandos, sofás o sillones o con edredones o almohadas en la cama.
  • Ofrecer al recién nacido o lactante leche artificial.
  • Tomar medicación para dormir.
  • Fumar o tomar alcohol o drogas ilegales.
  • Compartir la cama con otras personas que no sean los padres biológicos (otros hijos o la pareja de la madre).

Como habéis podido leer no son posiciones tan enfrentadas como mucha gente os hará creer ya que ambas abogan porque el colecho se realice SOLO si existen las garantías suficientes de que sea una práctica segura.

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Colecho seguro (incluso con el rímel…)

Entonces, ¿Cuál debería ser mi decisión?

Lo que sí está claro es que la decisión última de si una familia quiere hacer colecho debe ser tomada por los padres. Tendrán que ser ellos los que decidan si quieren una forma más cercana de crianza o simplemente prefieren tenerlo en la cama cerca para no levantarse por las noches a coger al niño cuando haya que darle de comer o dormir. Ambas dos son igual de válidas como también lo es la decisión de los padres que prefieren no practicarlo.

Los pediatras somos los que tendremos que asesorar e informar sobre si en las circunstancias concretas de cada pareja supone una práctica segura o no, y nunca juzgarles independientemente de la decisión que tomen.

Por ejemplo, un pediatra nunca debería recomendar el colecho a una familia que alimenta a su hijo con lactancia artificial o que fuma. Tampoco a padres con hijos prematuros o con otras enfermedades. O a una madre que toma un antihistamínico (medicamento para la la alergia que puede provocar sueño). El colecho debería realizarse siempre en una cama firme, boca arriba y no en un sofá para dormir una “siestecita”. Como veis estas son circunstancias que por sí mismas son factores de riesgo para el SMSL y por tanto no deberían combinarse con el colecho.


A modo resumen, esperamos que después de todo lo leído, hayáis entendido que de lo que se trata es de realizar colecho con garantías, en el que no confluyan factores de riesgo y existan el máximo de factores protectores para el SMSL. Bajo estas circunstancias estarías practicando un “colecho seguro”.

En este link tenéis un documento de la Liga de Leche a modo de check list para comprobar si cumplirías con los requisitos para hacer un colecho seguro.

Por cierto, todas estas recomendaciones/advertencias están realizadas para niños menores de un año (y si me apuran de seis meses) ya que el SMSL se produce por debajo de esta edad y se supone que por encima del año no hay riesgo de que ocurra.


Os dejamos aquí el Pediconsejo del que os habíamos hablado y en un futuro haremos un post sobre el SMSL explicando bien qué es y cuáles son sus factores de riesgo.

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El copyright de la imagen de cabecera de este post pertenece a Melanie Parejo McWey bajo una licencia CC BY-NC-ND 2.0. El copyright de las imagines del mosaico pertenece (por orden de arriba abajo y de izquierda a derecha): ex.libris (licencia CC BY-NC-ND 2.0), Ross Burton (licencia CC BY-NC-ND 2.0), Sean Donohue (licencia CC BY-NC-ND 2.0) y Matt (licencia CC BY-ND 2.0).

El chupete, ¿amigo o enemigo?

Una de las grandes preocupaciones de los p/madres de niños pequeños es no saber calmar el llanto de su hijo o que la hora de dormir se prolongue hasta el infinito… En estos casos, el chupete es un gran aliado ya que es capaz de disminuir el dolor de un niño que se ha dado un golpe así como ser una magnífica ayuda para que los niños concilien el sueño. Sin embargo, no todo son bondades ya que está demostrado que puede influir en el fracaso del inicio de la lactancia materna así como dar lugar a problemas en la dentición a largo plazo.

Debido a estas discrepancias sobre si su uso es bueno o malo, existe un debate abierto sobre si los beneficios del empleo del chupete supera a los riesgos. Este debate es terreno abonado para que tanto profesionales como p/madres duden si debe emplearse en bebés o no. Con este post intentaremos despejar dudas y explicaros cuáles son las recomendaciones actuales sobre el empleo del chupete.

El chupete en los primeros días de vida, un enemigo a evitar

La Organización Mundial de la Salud recomienda que durante los primeros 6 meses de vida de un niño reciban de manera exclusiva lactancia materna. Entre todos los factores que pueden influir de forma negativa en que una madre no consiga afianzar la lactancia materna y mantenerla se encuentra el uso del chupete.

Existen estudios en los que se ha relacionado el empleo precoz del chupete con un fracaso de la lactancia materna y también con el destete temprano. Tal es así que la Iniciativa para la Humanización y Asistencia al Nacimiento y la Lactancia (iHAN, asociación que promueve la lactancia materna a nivel mundial auspiciada por UNICEF) incluye en una de sus directrices “no dar a los niños alimentados al pecho biberones, tetinas o chupetes ” en un intento de proteger y potenciar la lactancia materna.

A esto se añade la hipótesis de que el empleo precoz del chupete supone un marcador de dificultades para la lactancia o de una escasa motivación para dar el pecho. Serían madres que, al afrontar la lactancia sin ganas o con miedo por el dolor u otros aspectos, ofrecen el chupete a sus hijos desde el principio para no sentirse obligadas a dar el pecho frecuentemente en el caso que el niño pidiera mucho.

De esta forma no podemos decir que el empleo del chupete sea bueno desde el primer día ya que estaremos haciendo un flaco favor a una madre que desea amamantar a su bebé y necesita de nuestra ayuda y apoyo para conseguirlo.

El síndrome de confusión tetina-pezón

La forma en la que se succiona un pecho no es igual a la que se emplea para succionar un chupete. Por ello, una madre en la que la lactancia materna no esté bien establecida y el bebé esté todavía “aprendiendo” a engancharse, si le ofrecemos un chupete puede dar lugar a lo que se conoce como “Síndrome de confusión tetina-pezón” e influir negativamente en el establecimiento de la lactancia materna.

Por ello, debemos posponer la introducción del chupete hasta que hayamos comprobado que el bebé se engancha de forma adecuada y la madre tiene una producción de leche suficiente. A este respecto, la mayoría de las sociedades científicas recomiendan esperar hasta el mes de vida para empezar a usarlo, como por ejemplo la Academia Americana de Pediatría y la Asociación Española de Pediatría (AEP).

El chupete en inglés se llama “pacifier” (pacificador)

Pero no todo lo que concierne al chupete son pegas, hay también demostrados aspectos positivo en su utilización.

La succión no nutritiva (cuando succionamos pero no comemos) da lugar a la secreción de endorfinas, moléculas naturales que hacen que un niño se relaje. Esto sucede tanto en niños mayores que se han podido enrabietar por un golpe o antes de dormir y en aquellos que estén ingresados en un hospital (como los niños prematuros). Quizá por este efecto, la traducción de chupete al ingles es “pacificador”.

Este efecto relajante es especialmente útil en las Unidades de Cuidados Intensivos Neonatales donde se recomienda su empleo (siempre que no este la madre para ofrecer el pecho a su hijo) ante cualquier procedimiento doloroso (como son las extracción de un análisis de sangre o las pruebas del talón), como se puede leer en los protocolos sobre el dolor de la Sociedad Española de Neonatología.

El chupete como factor protector de la muerte súbita del lactante

No se conoce cuál es el mecanismo por el que el uso del chupete se encuentra entre los factores protectores frente al síndrome de muerte súbita del lactante, pero existe evidencia suficiente como recomendar su empleo tanto en la siesta como en la noche con ese objetivo. Si tenemos en cuenta que puede interferir con el inicio de la lactancia, lo recomendable seria empezar a ofrecerlo a partir del mes de vida, pero nunca forzando al niño a que lo coja.

Entre otros factores que disminuyen el riesgo de muerte súbita del lactante encontramos el dormir al bebé boca arriba y la lactancia materna, como ya expuso en 2013 la AEP en el libro blanco de esta patología.

El chupete modifica la mordida de los dientes, pero de forma reversible si se retira pronto

Otro de los motivos por los que el chupete está tan perseguido es debido a sus efectos negativos sobre la dentadura de los niños pequeños.

El empleo del chupete, debido a la succión continua que el niño genera sobre él, da lugar a lo que se conoce como mordida abierta, donde los dientes superiores se separan dando un aspecto de dientes de conejo. Para que esto ocurra se debería mantener una succión sobre el chupete de al menos 6 horas al día durante varios meses.

Sin embargo, estos cambios en la dentadura infantil son reversibles siempre y cuando se retire el chupete antes de los 3 años de edad debido a la capacidad de moldeamiento y regresión que tienen los dientes de los niños antes de esta edad como nos recuerda la Sociedad Española de Odontología Pediátrica.

En base a esto, esta sociedad recomienda la retirada del chupete antes de los 3 años de edad mientras que la AEP rebaja esa edad al año de vida. No existe por tanto un consenso médico para decir de forma estricta cuándo es el mejor momento para hacerlo, pero seguramente se encuentre en entre el año y los tres años de vida.

La decisión debe ser tomada por los padres

Lo que si está muy claro es que deben ser los p/madres los que tomen la decisión de si desean que su hijo utilice chupete y cuándo retirarlo. Los pediatras debemos dar la información respecto a los pros y los contras, como los que habéis leído en este post, y tras ello, debemos respetar la decisión que tomen los padres más allá de que nos parezca bien o mal.

También hay que tener en cuenta que existen niños que por mucho que les ofrezcamos el chupete nunca lo cogen y lo escupen. En estos casos lo podemos seguir intentando aunque no está asegurado que acaben empleándolo.

Ante todo, seguridad

Si finalmente habéis decidido utilizar el chupete debéis elegir tanto un chupete como un portachupetes que cumplan con un mínimo de normas de seguridad. Lo mejor que podemos hacer es comprarlo allí donde nos aseguren que cumplen las normas de normas mínimas de fabricación y calidad.

Debemos evitar los chupetes que se desmonten en varias partes para así impedir que el niño se atragante con alguna pieza desprendida. Además, la parte externa del chupete, contará con “agujeros de ventilación” para evitar la asfixia en el raro caso de que el niño se lo trague.

Respecto a los portachueptes no debemos utilizar los que sean muy largos o tipo bucle que permita que se enreden alrededor del cuello y el niño se estrangule. En la cama o la cuna es mejor retirar el portachupetes como medida preventiva.


Teniendo en cuenta los aspectos más importantes de lo que os hemos contado, podemos resumir el empleo del chupete en las siguientes recomendaciones, tal y como nos apunta el Comité de Lactancia Materna de la AEP :

  • Debemos evitar el empleo del chupete en los niños amamantados al pecho hasta el mes de vida.
  • En caso de procedimientos dolorosos (analíticas, pruebas del talón…) ofrecer un chupete (siempre y cuando no esté la madre con el niño para ofrecerle el pecho).
  • Se recomienda el uso del chupete en los niños alimentados con lactancia artificial para disminuir el síndrome de muerte súbita del lactante.
  • La retirada del chupete debe realizarse entorno al año de vida.

Queda pendiente otro post sobre cómo retirar el chupete, cosa que, los que ya lo hayáis intentado, puede resultar agotadora.

Alimentación complementaria: desde cuándo y cómo

Como ya hemos dicho en numerosas entradas de este blog, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses y de forma complementaria hasta los 2 años o más. Esto es así porque la lactancia materna exclusiva es suficiente para conseguir que un niño crezca y se desarrolle de manera adecuada durante los primeros 6 meses de vida. Pasados estos 6 meses es necesario comenzar con otros alimentos ya que la leche materna no cubre todas las necesidades nutricionales de los niños a partir de esa edad.

En el post de hoy repasaremos todos los conceptos que necesitáis conocer para guiar a vuestros hijos a lo largo de esta etapa de la vida.

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¿Qué es la alimentación complementaria?

En el año 2001 la OMS publicó un documento en el que se recomendaba la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de vida. El motivo de esta recomendación es que se observó que los lactantes amantados al pecho crecían y se desarrollaban de forma adecuada solamente con leche materna hasta esa edad. Pasados los 6 meses se inicia un periodo llamado de “alimentación complementaria” en el que los niños deben tomar otros alimentos de manera “complementaria” mientras se mantendría la lactancia materna a demanda. Esos alimentos nuevos cubrirían junto con la leche materna el total de las las necesidades nutricionales del niño.

Este periodo de alimentación complementaria, en el que el niño toma lactancia materna a demanda junto con otros alimentos, se prolonga durante los siguientes 18 meses hasta que el niño se incorpora de manera definitiva a las comidas familiares, más o menos a los 2 años de vida del niño.

Pero, ¿y qué pasa con los niños que toman biberón?

De forma estricta, la alimentación complementaria empezaría cuando un niño come o bebe un alimento diferente a la leche materna. En este sentido, los niños que toman lactancia mixta o artificial antes de los 6 meses de vida, ya habrían empezado la alimentación complementaria.

Dejando de lado este aspecto de la definición, el cual fue pensado para proteger y dar más valor a la alimentación con lactancia materna exclusiva, los niños que son alimentados con biberón (ya sea de forma parcial o total) llegados a los 6 meses de vida deben empezar a tomar otros alimentos ya que la leche de fórmula artificial tampoco cubre sus necesidades más allá de esta edad.

En resumen, independientemente de la leche que tome un niño, las recomendaciones de alimentación complementaria para los niños lactados al pecho son igualmente aplicables para los que toman lactancia artificial.

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¿Y por qué a los 6 meses? La madurez del sistema digestivo, renal y neurológico

Para que un niño sea capaz de metabolizar comida distinta a leche requiere que determinados sistemas maduren. Por un lado, el sistema nervioso debe madurar para permitir que un niño trague alimentos diferentes a leche de forma segura, pero además el tubo digestivo y los riñones deben ser capaces de asimilar y metabolizar esa comida.

Esta maduración suele ocurrir entre los 4 y los 6 meses de vida del lactante. En este sentido, los bebés con más de 4 meses estarían “preparados” para empezar a comer otros alimentos diferentes a la leche.

Sin embargo, no existe ningún estudio que haya demostrado beneficios en introducir la alimentación complementaria a los 4 que a los 6 meses desde un punto de vista médico y nutricional. Esto se debe, como ya hemos explicado, a que la lactancia cubriría las necesidades del niño de forma completa hasta los 6 meses.

Debido a todo esto, la recomendación en un niño sano que toma el pecho y crece de manera adecuada es retrasar la alimentación complementaria lo máximo posible para potenciar la lactancia materna y sus beneficios, pero no más allá de los 6 meses de vida. Sin embargo, en los niños con lactancia artificial o mixta, podría iniciarse entre los 4 y los 6 meses, aunque sin ningún beneficio nutricional.

Antes de seguir, un pequeño inciso. El único beneficio demostrado de comenzar la alimentación complementaria entre los 4 y los 6 meses de vida es que disminuye posibles alergias en niños predispuestos (antecedentes en padres o hermanos alérgicos), ya que el contacto precoz con ciertos alimentos produciría tolerancia. Sin embargo, ese es otro tema que daría para un post entero…

¿Qué alimentos puedo dar a partir de los 6 meses?

Antiguamente era habitual que en las consultas de pediatría se pasara una hoja a los padres de los niños, cuando acudían a la revisión de los 6 meses, en las que se les daban unas pautas estrictas de con qué edad introducir este alimento y cuándo este otro.

Estas recomendaciones se hacían por la creencia de que retrasar el contacto con ciertos alimentos eliminaba el riesgo de padecer una alergia. Como ya hemos dicho, tanto el sistema digestivo como renal están preparados a la edad de 6 meses para recibir cualquier alimento y no existe evidencia para recomendar que tal o cual comida se retrase más allá de los 6 meses de vida (salvo excepciones).

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¿Cómo y con qué alimentos empiezo?

Uno de los motivos por los que la alimentación complementaria debe empezarse a los 6 meses es porque la leche no es suficiente para cubrir las necesidades de hierro de los niños a partir de esa edad. De esta forma, si un niño prolongara la lactancia exclusiva más allá de los 6 meses, rápidamente desarrollaría una anemia junto con otros déficits nutricionales.

Teniendo esto en cuenta, parece lógico que la alimentación complementaria se inicie con alimentos con alto contenido en hierro. En nuestro entorno esto se puede conseguir con cereales (los cuales suelen estar enriquecidos con hierro) e introduciendo las legumbres y la carne lo antes posible.

Aunque podamos dar todos los alimentos a partir de los 6 meses (salvo alguna excepción), debemos hacerlo de forma secuencial, es decir, primero uno y luego otro y otro y así sucesivamente. Esto nos permitirá identificar si el niño manifiesta alguna reacción o alergia a algún alimento concreto. Si después de 2-3 días tomando un alimento nuevo el niño lo tolera podemos pasar al siguiente.

En España, por motivos culturales, un niño pequeño suele comer fruta a media mañana, verduras/legumbres (con algo de proteína) al medio día, más fruta en la tarde y una cena con verduras/legumbres. Este es el objetivo hacia el que los padres deberían de conducir a su hijo para “normalizar” su alimentación respecto a los horarios y el tipo de comida que toman los adultos, pero sabiendo que si alteran el orden, tampoco pasa nada.

Si el niño toma todavía el pecho, habrá que mantenerlo a demanda. Por el contrario, si lo que toma es lactancia artificial,se irán sustituyendo tomas de biberón por otros alimentos hasta llegar a medio litro de leche al día. En general, en estos niños se sustituye una toma de biberón por otra comida hasta reducir a dos tomas de leche al día (mañana y noche).

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¿Y qué pasa con el gluten?

Este tema ya lo tratamos en un post anterior, pero en resumen, la recomendación actual es no introducir el gluten antes de los 4 meses pero tampoco después de los 12. Además, durante el primer mes de contacto con el gluten, no deben darse grandes cantidades.

La textura de los alimentos: purés vs. trocitos

Cuando una madre/padre tiene que empezar con la alimentación complementaria suele plantearse una pregunta: “¿y esto cómo lo hago?, ¿todo en puré?, ¿le puedo dar trocitos?”.

No existe evidencia de que sea más sano empezar la alimentación complementaria con purés o con comida en trocitos que el niño pueda coger con las manos. Este último método se conoce como Baby Led Weaning (traducido al español como “alimentación complementaria guiada por el bebé”) y busca que sea el niño el que decida qué comidas toma para complementar al pecho.

Lo que si que está demostrado es que los niños deberían tomar comidas con texturas grumosas desde los 8-10 meses de edad, ya que el retrasar su introducción pasada esta edad puede conllevar a que se desarrolle en un futuro un trastorno alimenticio con aversión a texturas.

También está claro, independientemente de que sean alimentado con purés o con trocitos, que los padres deben reconocer y respetar el hambre de sus hijos así como la saciedad no forzándoles a comer y evitando utilizar la comida como una recompensa o castigo.

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Pero es que a mi hijo no le gustan las verduras ni la fruta…

Ésta es un consulta muy frecuente en las consultas de pediatría: niños que parecen rechazar un alimento cuando se le introduce por primera vez.

El cerebro de los niños pequeños está programado para tener una predisposición hacia los alimentos dulces y salados. Pero además, los alimentos nuevos suelen requerir hasta de 10 intentos para que el niño no los rechace. Es por ello que los padres deben persistir en el intento de introducir un alimento nuevo a sus hijos pese a que éstos muestren descontento. Tampoco está recomendado añadir sal o azúcar a las comidas.

¿Cuántas comidas debe hacer entonces un niño?

De manera progresiva, los niños lactados al pecho suelen aumentar el número de comidas al día. De forma orientativa, hacia los 6-8 meses conviene que a los niños lactados al pecho se les ofrezca otros alimentos diferentes a la leche en unas 2-3 comidas al día y desde los 9 a los 24 meses unas 3-4 al día. Inicialmente serán tomas escasas que complementan al pecho y progresivamente irán ganando en importancia.

Esto no debería variar mucho de los niños que toman biberón, con la diferencia de que estos suelen reducir las tomas de leche mientras que los lactados al pecho lo siguen tomando a demanda.

Hay que tener en mente que el objetivo final es que los niños acaben incorporándose al horario familiar y coman junto con los adultos.

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Alimentos prohibidos

Como ya hemos dicho, no se debe añadir ni sal ni azúcar a la comida de los niños. Se deben evitar al máximo las comidas precocinadas/envasadas/comerciales (mejor un puré de verduras o papilla de frutas casera que una comercial). También se deben evitar bebidas con sabor dulce.

La introducción de la miel se debe posponer hasta los 12 meses de edad por la posibilidad de botulismo infantil. De todas formas, la miel es un alimento con alto contenido en hidratos de carbono que tampoco es muy recomendable desde el punto de vista nutricional.

Debe retrasarse la introducción de la leche de vaca entera hasta los 12 meses de edad como ya se comentó en un post anterior.

Respecto a las verduras de hoja verde (acelgas o espinacas) se recomienda retrasar su introducción hasta los 12 meses. En caso de que sean utilizadas antes del año de vida no deberían suponer más del 20% de la comida ni darse más de una vez al día.


Si habeís llegado hasta el final de este post es porque estáis lo suficientemente interesados en cómo acompañar a vuestro hijo en este periodo de la vida e intentar hacerlo de la mejor y más sana forma posible. Debido a toda la información que habéis leído puede que necesitéis releer el post un par de veces, pero no queríamos acabar sin un pequeño resumen de las recomendaciones más importantes:

  • La leche, ya sea la materna o la de fórmula, es un alimento suficiente para un niño sano que crece y se desarrolla de forma adecuada hasta los 6 meses de vida.
  • Entre los 4 y los 6 meses de vida se podría iniciar la alimentación complementaria, tanto para los niños lactados la pecho como para los que toman biberón. Sin embargo, si tu hijo crece de forma adecuada, puedes esperar hasta que este cerca de los 6 meses de vida para empezar y siempre individualizando a la situación personal de tu bebé.
  • Los niños que toman pecho lo mantendrán a demanda mientras que los que toman biberón pueden reducir las tomas hasta medio litro de leche al día.
  • Se debe introducir pronto alimentos ricos en hierro (como los cereales, las legumbres o las carnes).
  • No existe ninguna razón médica ni nutricional para retrasar ningún alimento más allá de los 6 meses de vida (salvo miel, leche de vaca o verduras de hoja verde).
  • La introducción de nuevos alimentos debe hacerse de forma ordenada con 2-3 días entre ellos.
  • No se debe añadir azúcar ni sal a la comida de los niños.
  • Tampoco existe ningún motivo para recomendar iniciar la alimentación complementaria con purés o con trocitos. Sin embargo, todos los niños deberían haber empezado a tomar texturas grumosas a los 8-10 meses de vida.
  • Es normal que los niños rechacen alimentos y sabores nuevos. Los padres debemos seguir insistiendo para vencer esa aversión inicial.


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NOTA: además de con el documento de la OMS mencionado, este post ha sido desarrollado con las recomendaciones de la Sociedad europea de gastroenterología, hepatología y nutrición pediátricas (Link)

NOTA 2: Si te has quedado con ganas de conocer más del Baby Led Weaning puedes leer más en este link del blog “A demanda” de la Dra. Trina o en este otro link del blog personal de la Dra. Gloria Colli.

Consejos sobre Lactancia Materna: los beneficios de la lactancia

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna de forma exclusiva hasta los 6 meses. Esto se debe en parte a que solo con ella los niños son capaces de crecer y desarrollarse de forma adecuada durante este tiempo. Pero además, la lactancia materna tiene otros beneficios tanto para la madre como para el bebé.

Algunos de estos beneficios te los puedes imaginar, como por ejemplo lo fácil que es alimentar a tu hijo y no tener que estar acordándote de meter un biberón en el bolso cada vez que sales de casa. A todo ello se añade que la lactancia materna es superior a la artificial porque previene muchas enfermedades (tanto al niño como a la madre).

Esperamos que después de la lectura de este post no te queden dudas de que la lactancia materna es la mejor opción tanto para ti como para tu bebé.

Beneficios de la lactancia materna para el bebé

Simplemente con sentido común deberíamos deducir que la lactancia materna es la mejor opción para tu hijo. Al fin y al cabo es lo que ha dispuesto la naturaleza para que se alimenten durante los primeros meses de vida. Pero además, la lactancia materna tiene varios beneficios más para el bebé que han sido demostrados en múltiples estudios:

  • La leche materna contiene inmunoglobulinas. Estas proteínas son una parte fundamental del sistema inmune de los humanos y nos ayudan a defendernos de muchas infecciones. Los niños pequeños tienen poco desarrollada la inmunidad, sin embargo los niños que toman lactancia materna tienen menos infecciones como neumonías, gastroenteritis y otitis respecto a los que toman artificial gracias a esas inmunoglobulinas. Fíjate si es buena que muchas veces se denomina a la leche materna como “la primera vacuna” del niño.
  • Está demostrado que los niños amamantados al pecho tienen menos probabilidades de sufrir Muerte Súbita del Lactante comparado con aquellos que reciben lactancia mixta o artificial, ya que la lactancia materna actúa como factor protector.
  • La lactancia materna prolongada disminuye la probabilidad de sobrepeso y obesidad en la infancia. Esto supone que también disminuyan otras enfermedades como la diabetes, la hipertensión o la hipercolesterolemia, todas ellas asociadas a la obesidad.
  • Los bebés que son amamantados son más inteligentes, tanto en indicadores de desarrollo cognitivo como en logros educativos y desarrollo motriz.

Beneficios para la madre que da el pecho

Además de los beneficios que supone para un niño que le des el pecho, la lactancia materna también tiene beneficios demostrados para la madre que no son nada desdeñables. Así que recuerda, dar el pecho a tu hijo es ganar salud para ti:

  • Está demostrado que las madres que amamantan a sus hijos tiene una mayor capacidad de respuesta así como una mayor seguridad emocional gracias al vínculo que realizan con el bebé. Todo ello se traduce en un menor riesgo de depresión post-parto. A esto hay que añadir que a la mayoría de las madres que optan por la lactancia materna valoran de forma muy positiva el sentimiento de autorrealización que experimentan al dar el pecho a sus hijos.
  • La lactancia materna ha demostrado disminuir el cáncer de mama y ovario en aquellas madres que dan el pecho. Pero además previene contra otras enfermedades como la hipertensión, la diabetes, la hipercolesterolemia, la anemia y la osteoporosis.
  • Las madres que dan el pecho se recuperan antes del parto debido a que la oxitocina (una de las hormonas de la lactancia) hace que el útero se contraiga y vuelva a su tamaño más rápidamente. Además recuperan el peso previo al embarazo más rápidamente.

Beneficios para la economía familiar y el medio ambiente

Por si te han parecido pocos los dos puntos anteriores, ademas de la prevención de todas esas enfermedades tanto en la madre como en el niño, la lactancia materna tiene un importante impacto a nivel social y económico:

  • La lactancia materna es barata. Se calcula que las madres que dan el pecho a sus hijos de forma exclusiva ahorran entre 5 y 10 euros al día. Esto supone un ahorro durante los primeros 6 meses de vida del niño de unos 1.200 euros.
  • A esto hay que sumar el beneficio económico que se produce en la sociedad al tener niños que enferman menos, lo que provoca menor absentismo laboral en sus padres y también menos visitas al pediatra.
  • La lactancia materna también protege al medio ambiente. Para dar el pecho a tu hijo no necesitas envases ni otros utensilios ni tampoco de una fábrica que produzca la leche artificial. Por eso la lactancia materna es más limpia para el planeta.

Estos beneficios que acabas de leer han sido demostrado en muchos estudios y son la base para que los pediatras recomendemos la lactancia materna como la mejor opción de alimentación de un recién nacido. Es fundamental que las madres que dudan si dar lactancia a sus hijos conozcan estos beneficios ya que la decisión de amantar a un niño debe hacerse desde el conocimiento de por qué es mejor una opción que otra. Sin embargo, no debemos olvidar que debemos respetar la decisión de las madres que finalmente optan por dar lactancia artificial a sus hijos y apoyarlas de igual forma que aquellas que amamantan a sus bebés.

Consejos sobre Lactancia Materna: los primeros días

Seguimos con la recién estrenada sección, esta vez hablamos de los primeros días tras el parto y su relación con lactancia materna : un tabú para muchas madres y un mundo muy desconocido para otras. Después de este post esperamos que ya no lo sea tanto. Empecemos por el principio.

Tras el nacimiento: el “piel con piel”

La práctica del “piel con piel” supone la no separación de madre-hijo en el momento inmediato tras el nacimiento, directamente cuerpo con cuerpo, y mantenido durante al menos 60 minutos. Para ello deberán ser retrasadas prácticas tan habituales como la toma del peso, el secado y otras que se realizarán en las siguientes horas de vida del bebé. Se sabe que esto ayuda al recién nacido a estabilizar mejor sus parámetros fisiológicos (respiración, frecuencia cardíaca, temperatura) y además es un factor de buen pronóstico para el inicio y el establecimiento de la lactancia materna. La gran mayoría de los recién nacidos serán capaces de realizar un enganche espontáneo para la realizar su primera toma de calostro (la leche materna de los primeros días).

Siempre que no exista contraindicación e independientemente del tipo de parto debe realizarse según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (Link)

El calostro: No se si será suficiente leche para mi Bebé

A menudo nos encontramos con madres que tienen dudas sobre si el escaso volumen de este líquido amarillo y espeso será suficiente alimento para cumplir las necesidades nutricionales de su bebé. La realidad es que sí: los recién nacidos no precisan de volúmenes mayores de 5-7 ml por toma (correspondiente a una cucharita de postre)en el primer día de vida. Además el calostro tiene una composición nutricional rica en grasas, proteínas y azúcares, y lo más importante en componentes inmunológicos que protegerán el intestino del bebé frente a los agentes infecciosos o las alergias (en ocasiones la llamamos la “primera vacuna”).

Dado que el volumen es pequeño la frecuencia de las tomas debe ser elevada para asegurar una adecuada ingesta. Se recomienda no realizar menos de 8-10 tomas al día. Es normal que tras las primeras horas de vida en las que el recién nacido se encuentra muy activo entre en un periodo de “bello durmiente” en el que será muy complicado despertarlo para comer. Tranquilos que después pedirán sin parar.

La pérdida de peso de los primeros días es necesaria pero debe ser controlada por los profesionales para que no sea excesiva.

Las grietas o enrojecimiento de los pezones así como el dolor durante la toma no son normales y se producen por una inadecuada técnica de enganche. A ser posible cuando existen estos problemas el enganche debería ser evaluado por un profesional con formación en lactancia o consejer@ en lactancia materna, para solventar las dificultades existentes y asegurar una continuación de la lactancia.

No dudes en que este será el mejor alimento del recién nacido en sus primeros días.

La subida de la leche

O bajada como dicen en algunos países. Este es el momento en el que la leche inmadura (“calostro”) pasa a ser madura, es decir se vuelve de color blanquecino y aumenta considerablemente en volumen para quedarse en esta forma tanto tiempo como dure la lactancia.

Los cambios en el pecho se vuelven evidentes: aumentan en tamaño (todavía más), temperatura y si la técnica de extracción del bebé no es adecuada podrían aparecer problemas como la ingurgitación o la obstrucción mamaria (normalmente veremos zonas del pecho enrojecidas, duras o doloridas).

El momento de la subida de la leche suele ser al 3º-4º día tras el parto en mujeres que han dado a luz por primera vez y en torno al 2º día para aquellas que ya han dado el pecho previamente. Factores como parto por cesárea o separación madre-hijo entre otros pueden retrasar este momento.

Es de suma importancia que la técnica de enganche sea adecuada (como ya hemos recalcado en el párrafo anterior) para que la transición a este momento sea lo más adecuada posible. Si tienes problemas con el enganche no dudes en consultar ya que los recién nacidos que no se “enganchan adecuadamente” además de producir grietas y dolor en la madre, no extraen la cantidad de leche materna que realmente necesitan y por ello serán niños que hacen tomas continuas al pecho, lloran si los separas y no ganarán peso de forma adecuada.

La lactancia materna durante el primer mes de vida

Pasados los primeros días, si no existen problemas con el enganche, pronto veréis como el recién nacido mojará un mínimo de 6 pañales al día con pis claro y hará deposiciones amarillentas, líquidas y con grumos. Empezará a regular las tomas siendo siempre más frecuentes durante la tarde y la noche con espacios de sueño profundo entre tomas, siendo muy importante realizarlas a demanda.

Será el pediatra durante este mes el que valore la ganancia de peso así como el estado de hidratación y nutrición del recién nacido.


En resumen y como veis el camino inicial es largo pero con la ayuda y el conocimiento suficiente no será complicado llegar. Recalcar que durante el inicio de la lactancia materna el dolor y la grietas NO son normales y que pedir ayuda a tiempo mejorará el éxito de vuestra lactancia.

Consejos sobre Lactancia Materna: extracción y almacenaje

Iniciamos nueva sección dedicada a nuestra gran amiga que hemos titulado: Consejos sobre Lactancia Materna. Como ya habréis leído en muchos post de este blog, la lactancia materna está recomendada por la Organización Mundial de la Salud hasta los 6 meses de forma exclusiva y hasta los 2 años o más de forma complementaria, siempre que el bebé y la mamá quieran.

A través de diferentes capítulos iremos repasando conceptos básicos y muy útiles para todas aquellas madres que hayan decidido dar el pecho a su hijos. Dedicamos este primer post a los métodos de extracción y almacenaje de la leche materna.

¿Es necesario tener un sacaleches desde el inicio de la lactancia materna?

Durante los primeros días de vida del recién nacido será muy importante tanto el adecuado enganche al pecho como la frecuencia de las tomas. En la medida de lo posible debe haber sido supervisado por un profesional antes del alta para asegurar que el inicio de lactancia es óptima.

Para que se establezca una adecuada producción de leche materna es necesario respetar la demanda del niño, es decir ofrecer al bebé tantas tomas como quiera y durante el tiempo que requiera, con un mínimo recomendado de 8-10 tomas al día.

El empleo del sacaleches durante estos primeros días puede dar lugar a una estimulación por encima de las necesidades del niño que, en el caso de no ser estaría puede dar lugar a complicaciones mamarias como la mastitis. Por tanto, no debemos recomendar el uso del sacaleches en los primeros días e incluso hasta el primer mes.

En ocasiones cuando existen problemas en la alimentación bien sea por inadecuada técnica de enganche (con la consiguiente inadecuada producción de leche materna) , bajo peso del recién nacido o excesiva pérdida, separación madre-hijo, etc. , será necesaria la utilización del sacaleches con el objetivo de aumentar la producción o mantener la existente y poder retomar posteriormente la lactancia materna exclusiva.

En el caso de separación madre-hijo en los primeros momentos tras el nacimiento, puede resultar útil la estimulación con extracción del calostro tan pronto como sea posible: se recomienda no demorarla más allá de las primeras 6 horas tras el nacimiento, ya que se ha demostrado que se correlaciona con una buena producción de leche posterior.

Pasado el primer mes e instaurada la lactancia materna la necesidad de un sacaleches y su uso habitual debe ser valorado por la madre teniendo en cuenta el modelo de vida de cada familia.

Diferentes métodos de extracción

La extracción de leche materna puede ser tanto manual (con sacaleches o directamente con las manos) o bien eléctrica con sacaleches de una o dos copas extractoras:

  • La extracción manual sin sacaleches será la más útil para el calostro de los primeros días en el caso de necesitarlo.
  • Cuando el volumen de leche a extraer es mayor o se utiliza de forma rutinaria (por ejemplo durante la jornada laboral una vez la madre está incorporada al trabajo) se puede optar por el sacaleches manual o eléctrico. Éste último será siempre más eficaz y rápido. Se recomienda un tiempo de extracción no menor a 10-15 minutos o bien hasta que la salida de la leche sea de tan solo gotas. Existen extractores de dos copas que ahorrarán mucho tiempo además de ser más eficaz ya que se estimulan los dos pechos a la vez. Es muy importante elegir un tamaño adecuado de copa que evite el roce del pezón con el plástico y utilizar siempre una presión de extracción que sea cómoda para la madre (no debe producir dolor).

Cómo guardar la leche extraída

Una vez extraída la leche materna puede utilizarse para el consumo inmediato o almacenarse para ser utilizada en los siguientes días o incluso meses. Dependiendo del tiempo que vaya a ser guardada la leche deberemos emplear unos medios de conservación u otros.

Según el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, los tiempos de conservación y congelación de la leche materna son los siguientes dependerán si la leche es calostro o madura. En el caso el calostro puede converse a temperatura ambiente (27-32ºC) unas 12 horas. En la siguiente tabla tiene los tiempos para la leche madura.

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La leche almacenada debe estar guardada en recipientes específicos para el consumo de alimentos infantiles (libres de bisfenol) y rotulada con el día de extracción. La leche extraída en un mismo día puede guardarse en un mismo recipiente pero siempre mezclada cuando esté a la misma temperatura (por ejemplo guardaremos en la nevera las extracciones de un mismo día y cuando estén todas frías podrán juntarse en un mismo recipiente para ser congelado). Es preferible almacenar en varios botes que en uno muy grande, ya que esto permitirá luego descongelar el volumen de leche que necesites.

Utilización de la leche materna extraída: métodos de alimentación con leche materna sin ofrecer el pecho

La leche materna puede calentarse o bien ofrecerse a temperatura ambiente: se recomienda no sobrecalentar por el riesgo de quemaduras, por lo que la temperatura debe comprobarse SIEMPRE antes de ofrecer la leche al bebé. Si ésta se había congelado o enfriado en la nevera lo más útil será calentarla con agua corriente caliente bajo el grifo, al baño maría o bien en el microondas. El uso de este último siempre es controvertido y en general no debe utilizarse rutinariamente. Tenéis que tener en cuenta que el proceso de sobrecalentamiento es más alto que con los otros métodos lo que puede provocar que la leche materna pierda propiedades. En cualquier caso, debe agitarse bien antes de ofrecerla para repartir bien el calor.

Muchos niños rechazan el consumo de leche materna en biberones con tetina (sobretodo por encima de los 3-4 meses de edad) pero aceptarán bien el uso de cuchara o vasito por lo que siempre será posible mantener la lactancia exclusiva aunque la madre inicie el trabajo. Solo habrá que averiguar cuál es la forma favorita de tomar leche para vuestro bebé.

Como hemos dicho antes, es preferible que la leche sea congelada en botes pequeños que en uno muy grande. Esto garantiza que no vas a desperdiciar leche en el caso de que tu hijo, en una toma concreta no la quiera.


Por último, es importante  conocer que la leche materna va a perder cualidades tanto inmunológicas como biológicas tras el proceso de extracción-enfriamiento-congelación-calentamiento pero siempre será mejor la leche materna extraída que ofrecer una fórmula infantil artificial.

¿Desde cuándo puedo dar leche de vaca a mi hijo?

La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses de edad del bebé. Pasada esta edad los requerimientos de nutrientes de los niños no se cubren solo con leche por lo que debe iniciarse la diversificación alimentaria, manteniéndose la lactancia materna hasta los 2 años o más, siempre que el niño y la madre quieran.

Estas recomendaciones han sido asumidas por todas las sociedad científicas a nivel mundial incluyendo la Asociación Española de Pediatría a través del Comité de Lactancia Materna (Link). Sin embargo, algunas madres deciden dar menos tiempo el pecho a sus hijos y cambiar antes a otro tipo de leche, en general leche de vaca.

Muchas madres nos preguntan en la consulta de pediatría sobre qué tipo de leche de fórmula pueden dar a sus hijos y cuándo cambiar a leche entera. En el post de hoy te resolvemos las dudas sobre este tipo de productos alimentarios.

¿Qué son las leches de fórmula para bebés?

La leche es el principal alimento de un bebé hasta los 6 meses y una parte muy importante hasta el año de vida. Sin embargo, hasta esa edad, tanto el sistema digestivo como el sistema renal de los niños pequeños no está preparado para asumir la digestión de leche de vaca entera. Por ello, la industria farmacéutica pone a disposición de las madres o padres que hayan optado por no dar o suspender la lactancia materna a sus hijos antes de esta edad una serie de leches adaptadas para que alimenten lo mejor posible a estos niños.

La base de estos preparados lácteos (conocidos como “leche de fórmula”) suele ser leche de vaca (también existe a base de leche de cabra) a la que se añaden o quitan diferente nutrientes para que se parezcan lo máximo posible a la leche humana. Uno de los nutrientes con los que están fortificadas estas fórmulas es con hierro debido a su bajo contenido en la leche de vaca, la cual no es capaz de cubrir por si sola las necesidades de los niños. Como os podéis imaginar, por muy conseguida que esté esa fórmula nunca conseguirá ser exactamente igual que la que toman los bebés lactados al pecho de sus madres.

¿Qué tipos de fórmula existen?

Debido a esa inmadurez del sistema digestivo y renal, las leches de fórmula se dividen en dos grandes grupos.

Las “leche de inicio” o tipo 1 es la que se recomienda desde el nacimiento hasta los 6 meses de vida, mientras que la “leche de continuación” o tipo 2 es aquella que cubriría las necesidades de un niño desde los 6 meses hasta el año de vida.

Además existe un tercer tipo de leche conocida como “leche de crecimiento” o tipo 3 que podría darse desde el año de vida en adelante.

¿Desde cuándo puedo dar leche de vaca entera a mi hijo?

La recomendación actual de la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica) es la de no utilizar la leche de vaca entera como bebida principal de un niño por debajo de los 12 meses de vida. Sin embargo, a partir de los 9-10 meses, los niños son capaces de digerir sin problemas pequeñas cantidades de leche de vaca entera (por debajo del 30% del aporte total, lo que representaría el volumen de un yogur en un niño que tomara 500 ml de leche al día).

Muchos os preguntareis por qué existen entonces leches tipo 3, ya que con las recomendaciones actuales no son necesarias. Este tipo de leche son similares a la leche de vaca entera aunque suelen estar fortificadas de hierro, vitamina D y ácidos polinsaturados (PUFAs) entre otros. Quizá estas fórmulas estarían justificadas en niños muy mal comedores. Sin embargo, desde Dos Pediatras en Casa apostamos por enseñar a comer sano a los niños ya que la solución correcta pasa por ahí más que por suplementar las deficiencias de una dieta inadecuada.

Por otro lado, los niños que toman en leche de vaca en exceso (tanto de fórmula como entera) tienen ingestas excesivas de energía, proteínas y grasas, todas ellas relacionadas con obesidad, diabetes, hipertensión…. Además, estos niños suelen padecer anemia debido a la baja cantidad de hierro que acaban tomando. Por ello, nunca debería sustituirse una comida que un niño rechaza por un vaso de leche.


Estas recomendaciones que te hemos contado las hemos extraído del documento de posicionamiento de la ESPGHAN sobre la Alimentación Complementaria (que puedes consultar en este Link) y sobre las Formulas para Niños (en este otro Link), ambos están en ingles.