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Da el primer paso, el paso que no quieres dar

Podemos entender la vida como un conjunto de principios y finales encadenados hasta el gran final. O bien, según el budismo, como una serie de transiciones, estados intermedios o bardos, de igual relevancia. Visto así el nacimiento es una transición, así como la muerte pero también lo son todos los momentos de la vida.

(Meina Yin, UNSPLASH)

Tomar conciencia que nuestra circunstancia es transitoria, relativiza la seriedad de nuestra situación, genera un espacio en el que alinearnos con nuestra verdad. Pues si todo es transición… ¡vayamos a empezar! Pero… ¿cómo comenzar?

Comienza de cerca1,

no des el segundo paso

o el tercero,

empieza por la primera

cosa

cercana,

el paso

que no quieres dar.

Empezamos de cerca, con nuestro estado, con las personas que están ahora con nosotros, con nuestras circunstancias. Cuando no quiero dar el primer paso, me escudo em mil motivos: no estoy de humor, no me siento inspirada, tengo que terminar algo, la crianza me absorbe, no estoy preparada…Todo serrín. Humo. Excusas de mal pagador. Todos tenemos el tiempo, el coraje y los recursos para dar el primer paso que nos resistimos dar.

Empieza por

el terreno

conocido,

el descolorido terreno

bajo tus pies,

tu propio

modo de empezar

la conversación.

Como gran fabuladora, la mente anhela la isla en la que todo salió bien y al hacerlo desdeña el presente. Al centrarse en el futuro se le escapa la abundancia del presente, es por ello que para empezar hay que traer a la mente al aquí y al ahora diciéndole: fíjate en lo que hay, en lo que eres, en las relaciones que existen, en los recursos disponibles. Sí, puede que el terreno esté un poco descolorido pero esto no significa que no sea fértil.

En los años cincuenta una familia se trasladó a vivir a Findhorn, un pueblo escocés de la costa de suelo arcilloso, donde se decía que no crecía nada. Tenían pocos recursos sin embargo empezaron a labrar la tierra con perseverancia y los frutos no tardaron en llegar. Sus legendarias calabazas atrajeron a miles de personas que querían conocer sus métodos de cultivo y alentaron a la vibrante comunidad espiritual que perdura hoy día.

  • ¿Y si el suelo bajo tus pies, o tus circunstancias, o el amigo que te acompaña fuesen ideales?
  • ¿Cómo podrías volverte hacia ellos e iniciar la conversación sobre la verdad que anida en tu corazón?
  • ¿Qué primer paso vas a dar?

(1) Start close in, un poema de David Whyte, mi traducción.

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¿Cómo gestionar tu propia negatividad?

Según la espiritualidad celta1 cuando nacemos, además de nacer nuestro cuerpo y alma, también nace con ellos otra presencia: nuestra muerte. Esta presencia está con nosotros toda la vida y se muestra en los momentos en los que nos dejamos dominar por la negatividad.

Como constato cada día en mis programas de coaching, la negatividad aprovecha los momentos de mayor vulnerabilidad para mostrarse. Como coach no tengo una varita mágica para transformar la negatividad en sus múltiples formas: miedo, victimismo, enojo, agresión, crítica, remordimiento, preocupación…de las personas a quienes acompaño. Sin embargo, cuento con efectivas prácticas para desactivarla. Hoy te comparto cuatro pautas de base budista:

1-TOMAR CONSCIENCIA

Una práctica esencial consiste en tomar consciencia de que estamos presos de un estado negativo dominado por el pesimismo, pensamientos críticos, quejas, etcétera. Aunque parece evidente, en un gran número de casos no nos damos cuenta de lo que nos pasa. Estamos tan acostumbrados a hacernos la víctima, quejarnos, enfadarnos o lo que sea que nos domine, que nuestro cuerpo y mente son adictos a ese estado emocional y a la consciencia se le escapa.

2-ARREPENTIRSE

La negatividad nos daña, nos quita energía y nos enfoca en cosas improductivas como la culpabilidad cuando nos flagelamos a nosotros mismos por nuestros errores o en el deseo de venganza. Arrepentirse significa darnos cuenta del daño que nos estamos haciendo a nosotros mismos cuando nos dejamos llevar por la negatividad.

(Ben Hershey, UNSPLASH)

3-COMPASIÓN HACIA QUIENES HEMOS DAÑADO

La negatividad se cuela por cualquier rendija y cuando estamos presos de ella se manifiesta en una salida de tono, en una falta de respeto, en una actitud agresiva o de cualquier otra forma. Sentir compasión hacia los otros por el daño que les hemos hecho nos permite ampliar la consciencia sobre los efectos de la negatividad.

4-INTENCIÓN

Tomar la intención de no volver a caer en las redes de la negatividad consiste en decirse a uno mismo: “Magda, no volverás a caer en la queja y el victimismo”. Para afianzar cualquier intención aconsejo realizar un pequeño ritual o gesto que la refuerce como por ejemplo: escribirlo en tu diario, hacer un dibujo, encomendarse a la vida, a Dios o a una figura significativa para uno o cualquier otra forma creativa.

APRECIACIÓN Y GRATITUD

En paralelo al proceso anterior, la apreciación y la gratitud son prácticas fundamentales para transmutar la negatividad en vitalidad. Para el escritor, también de raíces celtas, David Whyte la gratitud consiste en: “comprender que muchos millones de cosas se unen, se mezclan y respiran juntas, para que nosotros podamos tomar una respiración más, que el regalo fundamental de estar vivo y haber encarnado como un ser humano vivo y participativo es el privilegio de milagrosamente formar parte de algo, en lugar de nada. Aunque ese algo sea temporalmente dolor o desesperanza, habitamos un mundo vivo, con caras de verdad, voces de verdad, risas, el color azul, el verde de los campos, la frescura de un viento frío, o el tono rojizo de un paisaje invernal2

Cuanto más practiques las pautas citadas, más del lado de tu alma vas a estar y menos del lado de tu muerte.

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(1) Anam Cara: el libro de la sabiduría celta, John O’Donohue.

(2) Consolations, David Whyte. Mi traducción.

Sobrevivir a las celebraciones familiares y de cualquier tipo

En plena celebración familiar sobreviene a Antonia una tristeza sin nombre. De pronto se siente fuera de lugar, como si no perteneciera. Extraña al esfuerzo de todos por estar alegres, el comentario burlón de su cuñada la pilla desprevenida y reacciona con toda su mordacidad. La otra se rebota y se empiezan a gritar. Antonia se va tras dar un sonoro y doloroso portazo que impacta a todos, a ella la primera, arruinando la celebración.

De forma similar, a las pocas horas de una celebración familiar, Fina se siente incómoda. La matriarca de la familia ha mandando cantar villancicos. Ella siente un profundo rechazo hacia el tono de la invitación, pues suena más a obligación que a otra cosa. Sin embargo, como practicamos en sesión, Fina no mira hacia a su suegra sino hacia adentro. Entonces aprovecha para buscar cierta soledad, busca una excusa, sacar al perro. Ahí conecta con su pena y la respira. Se da una tregua. Vuelve a casa y siguen cantando. Le apetece otra cosa. Toma unas cartas e invita a sus sobrinos a jugar. Ha sorteado el bache respetándose a sí misma y creando un espacio en el que ella y una parte de su familia se divierten.

Pasado el gordo de las fiestas navideñas todavía quedan algunos coletazos significativos. Todavía pueden saltar chispas. La sangre puede llegar al río. Todavía podemos vivir una celebración más como si nos tragásemos una amarga píldora. O podemos capearlas como expertos navegantes, disfrutando al hacerlo.

Las fiestas navideñas, como cualquier reunión familiar contienen algunos de los ingredientes que favorecen el conflicto: más tiempo de convivencia; la idea de que “tenemos que pasarlo bien”, lo que añade tensión y facilita que reprimamos emociones que contradicen la alegría; y tradiciones que de mantenerse inflexibles pueden resultar opresivas.

(Nicole Michalou, PEXELS)

Una forma de navegar las fiestas o cualquier encuentro social con soltura es mantenerse conectado con uno mismo. Darte cuenta de lo que sientes y lo que necesitas en cada momento no solo para que la reactividad no te juegue una mala pasada, sino para que el autoconocimiento y la curiosidad te guíen allá donde está tu energía vital y la de los demás.

Una barrera a escucharte internamente es dejarte dominar por la presión inconsciente a conformarte al grupo. Es el miedo atávico a ser abandonado por la tribu, lo que comprometía nuestra supervivencia. Ahora ya no. Así que cuando lo sientas, no te dejes dominar por él y sigue tu intuición de acorde a lo que necesitas, desde el respeto y con amabilidad hacia todos.

Cuando damos espacio a lo que necesitamos desde el respeto hacia nosotros mismos y el sistema en el que nos encontramos, fluimos socialmente con gracia. La mayoría de las veces. Y cuando no sea así, allí aplican los versos del poeta y su inexcusable apelación: “cualquier cosa o persona que no te haga sentir vivo es demasiado pequeño para ti1”.

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(1) “Anything or anyone that does not bring you alive, is too small for you.” David Whyte del poema Sweet Darkness.

Cómo cultivar la resiliencia cada día

«Tu gran error es el de actuar el drama como si estuvieras solo. Como si la vida fuese un progresivo y astuto crimen, sin testigos de las sutiles y minúsculas transgresiones. Sentirte abandonado es negar la intimidad con tus alrededores».

Con estas líneas David Whyte1 describe la actitud anti-resiliente por antonomasia: obcecarnos con nuestros pequeños o grandes dramas, pretendiendo que estamos solos y abandonados.

Esta semana participo en una jornada con Gaspar Hernández – periodista, escritor y un referente en temas de consciencia -, sobre la resiliencia, entendida como la capacidad de superar crisis y traumas vitales, saliendo reforzado de ellos. Existen muchos ángulos para abordar esa capacidad. Viktor Frankl, de su experiencia en dos campos de concentración nazis, lo aborda encontrando un propósito más allá de uno mismo. Boris Cyrulnik lo fundamenta en el poder de buscar y recibir apoyo de personas de nuestro entorno que nos ayuden a resurgir de las cenizas. Otro vehículo es la creatividad como motor para crear sentido e integrar experiencias traumáticas, entre muchos otros.

TODO SON RELACIONES

Lo que tienen en común las prácticas para desarrollar la resiliencia es que se fundamentan en una relación particular. Una relación que vincula aquello traumático que nos ha pasado con algo más allá de nosotros, un proyecto o un propósito: entablar una relación terapéutica, expresar nuestro dolor de una forma creativa, tomar la responsabilidad de cuidar de alguien…Al hacerlo, ocurren dos cosas fundamentales. La primera es que dejamos de hundirnos en el agujero de la soledad y empezamos a no tomarnos tan en serio a nosotros mismos. En la segunda, nuestro sentido de identidad se expande conectándonos a los otros, a la vida y sus infinitas posibilidades.

Flor amarilla

(Leuchtturm81, PIXABAY)

LA RESILIENCIA DE CADA MOMENTO

No hace falta que nos pasen cosas gordas para cultivar la resiliencia. Lo mejor para estar preparados cuando estas lleguen, y te aseguro que lo harán, es practicar la resiliencia cada día a día, o mejor aún: cada instante. Cada momento, eliges consciente o inconscientemente tener una actitud resiliente o dramática. Tu personalidad, tu bagaje y tu situación personal te posicionan más a un lado u a otro de la ecuación. En estos ejemplos recojo dos formas de reaccionar al mismo hecho. Las de la segunda columna te hacen más débil, las de la tercera más fuerte:

 

LO QUE OCURRE DRAMA RESILIENCIA
Se ha estropeado la lavadora “Oh vaya, lo que me faltaba, qué mala suerte.” “Llamo al técnico que venga cuanto antes.”
Tu hijo ha sacado notas bajas “Con todo lo que le he dado y así me lo paga.” “Hablaré con él y buscaremos soluciones juntos.”
No te encuentras bien “Oh vaya, seguro que es algo grave.” No paras de darle vueltas al asunto. “Elijo no preocuparme y pido hora al médico.”
Te has quedado sin trabajo por el covid “No voy a salir nunca de ésta, esto va para largo, y a mi edad…” “Empiezo a buscar trabajo y también ayuda para aguantar hasta que lo encuentre.”

 

Hacerte consciente de tu actitud es clave para dejar de vivir en permanente estado de guerrilla. El mundo no es tu enemigo. Como dice Whyte en el mismo poema, “Suelta el peso de tu aislamiento y entra en conversación” (···) porque: “Todo te está esperando”.

 

(1) Del poema Everything is waiting for you.

 

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