Descorche Descorche

Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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Dos vinos auténticos a precios comedidos

El primero de nuestros vinos de este fin de mes nos viene de un enólogo del que ya hemos hablado varias veces, Marcos Eguren.

Se trata de Protocolo 2007, un Vino de la Tierra de Castilla elaborado sólo con Tempranillo.

Se han buscado viñedos de rendimientos no muy altos, nunca más de 35 hectolitros por hectárea. Se ha realizado una maceración en frío antes de la fermentación durante 24 horas. Durante la fermentación, y buscando una buena extracción, se han hecho 2 remontados diarios.

La cosecha 2007 es una cosecha especialmente fresca en la zona y se nota en el vino. Tras un noviembre muy lluvioso llegó una época sin lluvias que se prolongó hasta primeros de marzo. Después durante el mes de abril las lluvias fueron copiosas. El verano fue uno de los más frescos y suaves de los últimos años, con un importante contraste noche día. La vendimia se realizó en la última semana de septiembre.

El resultado es un vino fresco, sin excesivo cuerpo, con una relación taninos acidez adecuada y con la fruta roja como gran protagonista. Es un vino de trago fácil, sencillo pero agradable. Un vino para beber ahora. Uno de sus puntos fuertes es su relación calidad precio, pues en una tienda cuesta menos de 3 euros.

El segundo vino nos viene otra vez del sur del Ródano, uno de los lugares del mundo donde se puede encontrar mejor calidad a muy buenos precios. Es el Sélection Laurence Féraud 2005.

Es un Côtes du Rhône Villages Séguret. Las 268 hectáreas de viñedo se extiende por el pueblo de Séguret, situado a los pies de los Dentelles de Montmirail.

El primer aval de este vino viene de mano de su elaboradora, Laurence Féraud, propietaria del Domaine de Pégau en Châteauneuf-du-Pape, uno de las mejores bodegas de la zona.

Este vino tiene un 90% de Garnacha y un 10% de Syrah. Las uvas se han despalillado totalmente y la vinificación se ha hecho en cubas de cemento.

Es uno de esos vinos que a mi me gustan, elegante, auténtico, con un buen equilibrio. No tiene un cuerpo excesivo, es fresco, con buena acidez, sin nada que oculte la buena expresión de la Garnacha. Su precio en una tienda no llega a los 10 euros.

Un Chenin Blanc del Loira y un Rioja de Burgos

En más de una ocasión os he hablado de Clos Rougeard, uno de mis vinos favoritos. Hoy el primer vino que recomiendo, Domaine du Coller 2005, es uno que elabora Antoine Foucault, hijo de Charly y sobrino de Nadi, los propietarios de Clos Rougeard.

El domaine lo crean en 1999 Antoine y Caroline Boireau. Sus 6 hectáreas de viñedo están en Brézé. La Chenin Blanc es mayoritaria con 4,5 hectáreas, siendo el resto Cabernet Franc.

Antoine es tan meticuloso en el trabajo en el campo como su padre y su tío. Agricultura biológica, rendimientos muy bajos, cada cepa trabajada de forma personal, poco intervencionismo en bodega para dejar que hable el terroir y la madera que no maquille el vino son sus reglas de trabajo.

Domaine du Collier 2005 está elaborado sólo con Chenin Blanc. Es su vino básico pero resulta sorprendente por su gran calidad. Lleno de personalidad tiene un magnífico equilibrio entre la acidez, marcada pero para nada molesta, la frescura y la mineralidad.

Su precio en tienda está sobre los 22 euros.

Para el segundo vino me voy a permitir un pequeño toque de chauvinismo burgalés, porque el elegido es un Rioja de Burgos. Más de uno pensará que ha leído mal, pero no hay ni error ni gazapo.

El vino escogido es Miranda Crianza 2005, un vino de Viñedos del Ternero. Los orígenes de la finca El Ternero se remontan al siglo XI. Durante muchos años fue un pueblo con escuela propia y cuartel de la Guardia Civil, pero la mecanización hizo que la mano de obra necesaria fuese cada vez menor y los dos acabaron cerrando. Hoy sus edificios son parte de la bodega.

Enclavado en territorio burgalés, por una de esas curiosidades administrativas que de vez en cuando se producen en nuestro país, está rodeado de fincas riojanas. La finca tiene 250 hectáreas de las que 61 son de viña, 3 de olivar, 50 de cereal y el resto de monte de pino y pinsapo.

La mayor parte del vino se vende a otras bodegas y la bodega sólo embotella 40.000 botellas, de las que unas 15.000 son de Crianza.

Uno de los rasgos diferenciadores de la finca es su altitud, sus viñedos están entre 550 y 650 metros. La media de edad de las cepas es de 22 años y el Tempranillo siempre va acompañado de una pequeña parte de Mazuelo, entre un 5 y un 10%.

De la elaboración se encarga Ana Blanco, que por cierto nació en la finca pues su padre trabajaba en ella. Su marido Carlos González se encarga de dirigir los trabajos en el campo.

Miranda Crianza 2005 ha tenido una crianza de 12 meses en barricas de roble, francés en un 90%. Es suave en boca, con la madera presente pero no ahogando la buena fruta, fresco, goloso pero vivo. Su precio en tienda ronda los 9 euros.

Los vinos para estas fiestas

Dado que la semana que descansaré hasta el 12 de enero, voy a recomendar algunos vinos para esta Nochebuena y esta Navidad. Volveré el 26 para recomendar vinos para el fin de año.

La primera elección es un Champagne de la casa André Clouet, de la que ya recomendé un vino.

Hoy he escogido el André Clouet Cuvée Matador Alfaro. Es un Champagne nuevo, que supone una innovación en la forma de trabajar de esta casa y que se hizo inicialmente sólo para la cuvée Matador, pero que dado el resultado es difícil que Jean-François Sainz-Clouet no lo vuelva a utilizar.

La etiqueta reproduce un cuadro original del artista valenciano Andreu Alfaro.

Está elaborado sólo con Pinot Noir de Bouzy, Grand Cru de Champagne, de las añadas 2005 y 2006. La añada 2005 fue especialmente buena en Bouzy, consiguiendo las uvas una magnífica acidez y un buen grado.

Primero se vinificó en pequeños depósitos de acero inoxidable, después el mosto pasó a barricas de roble de tercer año procedentes del Château Doisy Däene, de Sauternes. El mosto volvió al inox, que contenía lías de Chardonnay, para acabar la fermentación alcohólica. El vino continuó su crianza en las barricas durante 3 semanas antes de hacer el ensamblaje.

El aporte dulce de las barricas, la memoria de azúcar y riqueza, en palabras de Jean-François Sainz-Clouet, hace que no se añadiese ningún licor de expedición, ni ningún vino viejo.

Un Champagne fino, elegante, todavía muy joven, con larga capacidad de envejecer pero que puede disfrutarse ahora. Su precio en tienda ronda los 50 euros.

Como vino blanco he pensado en La Calma 2005, un vino de Carlos Esteva. La Calma procede de una parcela de 0,89 hectáreas, plantadas en 1982 con Chenin Blanc. Está situada en la parte de arriba de la colina y eso le da una curiosa orientación norte y sur. Los suelos son muy calcáreos y la presencia de fósiles de conchas marinas destaca a primera vista. Ha tenido una breve crianza en barricas de roble francés.

La Calma 2004 es un vino elegante, sutil, mineral y lleno de encanto. Su precio en tienda está sobre los 25 euros.

En estos días nos juntamos a comer con nuestros padres, suegros y demás familia. En su honor voy a escoger un vino clásico. Hablaba de Bodegas Muga y dentro de su gama voy a escoger Prado Enea Gran Reserva 2000.

Con este vino tengo una relación curiosa. Cuando lo cato nunca me deslumbra, pero cuando hago una comida con él según va pasando el tiempo cada vez me gusta más.

Está elaborado con un 80% de Tempranillo, repartiéndose el resto entre Garnacha, Mazuelo y Graciano. Las uvas se vendimian bien maduras, son las últimas en entrar a la bodega. La fermentación se hace en tinas de madera de 10.000 litros. La crianza es de 12 meses en depósitos de madera de 16.000 litros y 36 meses en barricas de roble. Nunca sale al mercado antes de permanecer 36 meses en botella.

Un vino clásico, aunque en las últimas añadas es algo más poderoso. Un vino redondo, sedoso, que se puede beber muy bien ya. Gustará a los mayores pero también a los jóvenes. Su precio en tienda está sobre los 30 euros.

Por último, como la noche va a ser larga, vamos a escoger un vino dulce y, aunque ya he hablado de él, no puedo evitar elegir una de mis pasiones. Molino Real 2005 es un vino de Telmo Rodríguez, elaborado en la Axarquía de Málaga.

Como ya contamos, para elaborar este vino se ha aprovechado la tradición de las paseras, mujeres que dejaban las uvas solearse nada más ser recogidas. Entre 10 y 15 días las paseras limpian y dan la vuelta a los racimos, eliminando las uvas de peor aspecto. Más tarde, se utilizan prensas de aceite de oliva verticales, se seleccionan los primeros mostos de la prensada y sin desfangar se fermentan en barricas durante unos dos meses. Para obtener una botella de medio litro hacen falta más de 4 Kg. de uva. Después de permanecer dos años en barrica, este vino se embotella con vocación de envejecer durante muchos años

Pura sensualidad, goloso en boca, con el dulzor justo y la acidez perfecta. Su precio roda los 40 euros, pero da tanto placer que se olvida el dato pronto.

Un Vin de Pays des Gaules y un Rioja: gran trabajo de dos viticultores de verdad

Los Lapierre son la tercera generación de vignerons, ahora con Mathieu la cuarta. Ya hablamos de ellos cuando recomendamos su magnífico Morgon y hoy volvemos a recomendar un vino suyo. No lo puedo negar, son una de mis pasiones. El vino de esta semana es su vino más básico, el Vins de Pays des Gaules 2007.

Procede de sus viñedos más jóvenes de Gamay situados en Villié-Morgon. Desde 1981 la bodega trabaja todas sus viñas de forma biológica y lleva ya varios años usando la biodinámica. Una excepción en una zona donde se abusa de los rendimientos y se usan todo tipo de tratamientos químicos para combatir las plagas que la abundante humedad genera.

Es el resultado del esfuerzo conjunto de Marcel Lapierre y su hijo Mathieu, tan apasionados con su trabajo que trasmiten su pasión a los vinos. Como siempre hay mucho trabajo de campo y muy poco intervencionismo en bodega. No se usan encimas o levaduras exógenas, tampoco SO2 y no se chaptaliza nunca. Una parte fermenta con el gas carbónico y otra de forma tradicional.

Después de la fermentación el vino pasa a pièces, la barrica borgoñona, de 228 litros, de entre 3 y 13 años, abundando más de éstas últimas, donde permanece durante 3 meses. Su precio en tienda está sobre los 9 euros.

La etiqueta resume muy bien lo que es el vino, pero me voy a remitir a la cata que hace Joan Gómez Pallares

Con un color entre el coral rojo subido y el rubí, capa baja; con unos aromas francos, sinceros, amables y abiertos, de zarzaparrilla, de mora madura, de golosina con frutas rojas, que encantan. Es un vino fino, largo, con un vegetal armónico y un especiado de pimienta tanto en nariz como en posgusto, que acompaña con gracia. Es un vino vivo, ligero, ágil, sencillo y agradable que, como decía Benoît, casi como se bebe, se mea (con perdón). Es un vino redondo, de taninos pequeños, que pasan como un hilo de azúcar rojo y dejan un reguero de pequeños susurros que siguen invitando al trago

El segundo vino nos viene de Rioja, es el Syc de Mitarte 2003. Otro vino de viticultor de los de verdad, de los que trabajan las viñas con sus manos.

Mitarte es una bodega familiar que se funda en 1992, aunque llevan generaciones cultivando la uva. Ahora tienen 40 hectáreas de viñedo, de las que 15 tienen más de 80 años.

Propiedad se Santiago Gil y de sus hijos Ignacio y Antonio. La bodega, situada en Labastida, tiene un calado excavado en la roca hace más de 500 años.

Syc viene de unir los nombres de Santiago y Carmen, su mujer. Procede de los viñedos más viejos, algunos de más de 100 años, y está elaborado sólo con Tempranillo.

Tras una maceración en frío previa a la fermentación de 6 días, se realizó la fermentación que duró 18 días. Maceración posterior de 10 días y maloláctica en barrica con sus lías. La crianza duró 6 meses.

Un vino de verdad, con buena fruta, nada cargante, a pesar de ser 2003. La madera está muy bien integrada y apenas destaca, lo que se agradece mucho. Su precio en tienda ronda los 30 euros.

Un barrica de la Ribera del Duero y un Cabernet Franc del Loira

El primer vino que recomendamos hoy viene de la Ribera del Duero y es el Marqués de Velilla Barrica 2004.

Nunca he ocultado mi personal debilidad por Gabriel Rivero, para mi uno de los mejores enólogos que actualmente trabajan en España.

Conocí a Gabi hace ya muchos años cuando dirigía Château Sociando Mallet, vino que con su trabajo contribuyó a situar entre los más grandes de Burdeos. Después se marchó al Líbano a Château Kefraya y hace poco más de 3 años se volvió a España, donde nunca había trabajado, para dirigir Marqués de Velilla.

Se encontró con una bodega bastante abandonada en su día a día. Vinos normales, sin demasiadas pretensiones y en muchas ocasiones con marcados defectos. La labor de levantar la bodega era dura pero Gabi se puso a ella con la fe que le caracteriza.

Su primera tarea consistió en hacer un estudio de suelo de las 183 hectáreas de viñedo, situadas en el entorno de La Horra, que tiene la bodega. Encontró 18 tipos de suelo, desde arcillosos que proporcionan a los vinos potencia, hasta gravas y arenas que aportan más delicadeza.

Su pasión por el viñedo hace que no sea extraño verle paseando a primeras horas de la mañana, cuando el sol todavía se niega a salir del todo.

Marqués de Velilla Barrica 2004 es el primer vino que elabora Gabriel Rivero en la bodega. Una añada marcada por el granizo que destruyó la mitad de la cosecha.

Tiene un 95% de Tempranillo y 5% de Cabernet Sauvignon, procedentes de las parcelas Curillas, La Vega del Conde, La Encina y El Membrillo. Ha tenido una crianza de 12 meses en barricas de roble, sobre todo francés.

Cuando salió al mercado algunos se quejaban de que era un vino duro y difícil. Han pasado algunos meses y el vino está en un momento impecable, con los taninos finos y redondos, para nada agresivos y con una frescura de fruta muy destacable.

Su precio en tienda está sobre los 7 euros y es muy difícil encontrar un vino de la Ribera del Duero mejor por este precio.

Una demostración más del buen hacer de Gabriel Rivero y de que los grandes vinos de esta bodega están por llegar.

El segundo vino es del Loira francés. Ya hablamos el otro día de los hermanos Foucault, viticultores a los que tengo especial respeto. Su feudo está en Saumur-Champigny, en el Loira.

El nombre de Champigny viene del latín campus ignis, que significa campo de fuego y posiblemente sea porque tienen la temperatura media más alta de la región.

Clos Rougeard siempre está elaborado únicamente con Cabernet Franc, conocido en la zona como breton, debido a que en el siglo XVII Richelieu encarga al abad Breton que replante los viñedos y utiliza para hacerlo plantas de Cabernet Franc compradas en Burdeos.

Cuando las uvas llegan a la bodega, que está entre 10 y 12ºC, permanecen entre 4 y 5 días a esta temperatura, haciendo una maceración prefermentativa en pequeñas cubas de cemento. El encubado se hace en cubas de cemento abiertas y dura de 3 a 4 semanas y a diario se hacen bazuqueos con los pies y remontados. No se incorporan los vinos de prensa. La maloláctica se hace en barricas de roble. Se hacen 3 ó 4 trasiegos por año.

Clos Rougeard 2003 proviene de 4,5 hectáreas de viñedo, situadas en diferentes parcelas. Las cepas oscilan entre los 15 y los 70 años. El rendimiento medio es de 40 hectolitros por hectárea. Ha tenido una crianza en barrica de 18 meses, parte importante de las cuales son barricas usadas procedentes de Château Margaux y Château Haut-Brion.

La añada 2003 en el Loira, como en el resto de Francia y también de España, fue especialmente calurosa, por eso el vino tiene un poco más de color y algo menos de acidez de lo que es habitual, aunque, debido a su buen trabajo en el campo, tiene una acidez realmente sorprendente para las características de la añada.

La frescura, la profundidad y la mineralidad son rasgos siempre característicos de este vino.

Es un vino destinado a vivir muchos años pero que empieza a estar en buen momento. Yo aconsejo abrirlo cuando menos 1 hora antes de beberlo.

Con su prestigio y su baja producción es un vino difícil de conseguir pero se puede encontrar a unos 29 euros en las tiendas.

Viña Tondonia Reserva blanco y tinto: la esencia histórica de Rioja

Por primera vez vamos a recomendar dos vinos de una misma bodega, un blanco y un tinto. Y la bodega que tiene ese honor es R. López de Heredia. Viña Tondonia.

La bodega la funda en 1877 Rafael López de Heredia, aprovechando el impulso que recibió Haro con la llegada de los franceses que buscaban uvas para abastecerse pues sus viñedos estaban desolados por la filoxera.

Hoy, 131 años después, la bodega sigue en manos de la misma familia. En palabras de María José López de Heredia

En mi casa el hacer las cosas como se han hecho siempre se considera la mayor hazaña

Esa frase resume perfectamente su filosofía y su forma de actuar. No hay en España ninguna bodega que siga con tal respeto la tradición como esta.

Los dos vinos escogidos son Viña Tondonia Blanco Reserva 1989 y Viña Tondonia Tinto Reserva 1999. No hay ningún gazapo, ni errata. El blanco es de la cosecha 1989 y todavía le quedan muchos años por delante.

Los dos vinos proceden de una única viña que les da el nombre, que en la foto, sacada de la página web de la bodega, vemos nevada.

Una finca de 100 hectáreas de viñedo, plantada entre los años 1913 y 1914, situada en un meandro en la margen derecha del río Ebro. Toda la plantación es en vaso. De esas 100 hectáreas, hay 6 plantadas con Viura y 2 con Malvasía.

La pobreza del suelo y la edad de las cepas hacen que los rendimientos sean bajos.

El cultivo es en vaso. Los injertos se hacen todos en los viñedos de la bodega y el material vegetal se obtiene mediante selección masal en las fincas propias. La viticultura es prácticamente ecológica.

La vendimia es manual, con una amplia selección en viñedo. Las uvas se trasladan a la cercana bodega en comportas de madera de chopo de forma troncocónica, de unos 80/90 kilos.

Tanto estas comportas como las tinas de madera en las que los vinos fermentan, de 60 hectolitros para los blancos y de hasta 240 para los tintos, y la totalidad de las barricas se hacen en la tonelería de la bodega. Ellos seleccionan la madera en los bosques de los Montes Apalaches de los Estados Unidos, la secan, la tuestan y construyen los diferentes recipientes en los que el vino va a permanecer.

Aunque hoy tiene una producción casi marginal, históricamente el vino blanco en Haro tuvo una especial importancia. el profesor bordelés Alain Huetz de Lemps en su magnífico libro Vignobles et vins del Nord-Ouest de l’Espagne afirma

En el año 1599 Haro producía 54.538 cántaras de vino blanco. En 1669 en Haro hay 36.266 cántaras de blanco por sólo 6.733 de tinto. En esos años la tasa fiscal del vino blanco era dos veces superior a la del vino tinto.

Viña Tondonia Blanco Reserva 1989 tiene un 90% de Viura y un 10% de Malvasía. Su crianza ha sido de 6 años, con trasiegos cada 2 años, pero la madera en ningún momento se impone. La clarificación se hace mediante clara de huevo fresco. Para el vino blanco se usa una dosis un poco mayor, 9 claras por barrica, que para el tinto.

Un vino de excepcional calidad, uno de los pocos blancos españoles que puede competir con los grandes vinos blancos del mundo.

Su precio está sobre los 18 euros y es difícil dar más por menos.

Viña Tondonia Tinto Reserva 1999 tiene un 75% de Tempranillo y 15% de Garnacha, repartiéndose el 10% restante entre Graciano y Mazuelo. Ha tenido una crianza de cinco años y medio, también con 2 trasiegos por año. La clarificación es igualmente con claras de huevo.

Su precio ronda los 19 euros.

Dos vinos que es necesario probar para conocer lo que es un vino clásico de Rioja, pero un clásico auténtico, de los de verdad, no de los de nombre.

Un tinto goloso de Extremadura y otro fresco del Jura

Nuestra primera recomendación de esta semana viene de Extremadura. Para mi un reciente descubrimiento. Es el Mirabel 2006.

La ligazón al mundo del vino le viene a Anders Vinding-Diers por todos sus poros. Su padre es Peter Vinding-Diers, antiguo propietario del Château de Landiras y del Domaine La Grave en Burdeos y después elaborador de vinos en medio mundo, desde Sicilia a Sudáfrica, pasando por Hungría donde elabora el Tokaji Stanza.

Su hermano Hans es asesor en Argentina de vinos como Noemía o Humberto Canale y en Italia de Argiano. Su primo es Peter Sisseck, el creador de Pingus.

Anders, nacido en Sudáfrica, siguió los pasos familiares y ha trabajado en Chile, Argentina, Italia y Francia. Se casa con la española Andrea Sánchez y, tras una temporada en la Toscana, se instalan en Cañamero, donde compran una pequeña finca que plantan de viñedo, siguiendo todas las normas de la agricultura biodinámica. Su trabajo en Extremadura empieza asesorando a Bodegas Ortiz en Almendralejo.

Este Mirabel 2006 es su primer y sorprendente vino. Las uvas no proceden de su finca sino que las ha comprado, seleccionando a fondo. Tiene un 70% de Tempranillo, siendo el resto Cabernet Sauvignon. La crianza ha sido de 6 meses en barricas de roble francés.

Un vino goloso, pero para nada empalagoso, bien equilibrado y en el que se ve un trabajo bien hecho, sin excesos, buscando la elegancia.

Todavía no ha llegado el mejor vino de Anders pero su primer fruto es esperanzador. Estoy seguro de que vamos a disfrutar mucho con él. Su precio está sobre los 20 euros.

El segundo vino nos viene de más lejos, del Jura. Es el Tissot Trousseau Singulier 2005.

El viñedo de Jura es desconocido, incluso en Francia. Ocupa de manera discontinua las laderas mejor expuestas de la cara oeste del macizo de Jura, formando una franja de 80 kilómetros de longitud y entre 2 y 4 de ancho. Situado al este de Francia, limita al Este con Suiza y al Norte con la Côte d’Or de Borgoña.

El clima es semicontinental, marcado por estaciones muy contrastadas. Las horas de sol anuales son pocas y la pluviometría varía entre 1.100 y 1.500 mm/año. La naturaleza geológica del subsuelo está formada en un 90% de margas. Los suelos son sueltos y poco espesos.

Está bodega fue creada por André y Mireille Tissot en 1962. En la actualidad la dirigen Stéphane Tissot y su mujer, Bénédicte. Tienen 35,15 hectáreas de viñedo

Stéphane, calificado por Le Monde como

el vinificador más imaginativo y mejor dotado de Jura desde hace 50 años

hizo su primera vendimia en 1989, cuando únicamente tenía 19 años. Siempre dice que no le costó mucho pues desde pequeño había visto como lo hacía su padre.

Cuando convirtió todo el viñedo en biodinámico todos le tomaron por loco. Sus padres le decían

así no vas a llenar las cubas

Incluso el Comité Técnico de Vinos de Jura le dijo

no es posible tener 30 hectáreas en biodinámica y el tiempo nos dará la razón

Este sistema de trabajo conlleva muchos esfuerzos y tiene un equipo de 15 personas trabajando durante todo el año, que en época de vendimias aumenta hasta 50.

Trousseau es una variedad tardía, lo que facilita que evite las heladas primaverales tan peligrosas en la zona, que necesita de terrenos calcáreos, muy bien expuestos para poder llegar a la maduración. Apenas hay 100 hectáreas de esta variedad.

Trousseau Singulier 2005 procede de las mejores cepas de Troisseau de la bodega. Los rendimientos son muy bajos, en torno a los 25 hectolitros por hectárea y se elaboran unas 8.000 botellas. Después el vino se cría en la cava subterránea durante 1 año en demi-muits, fudres de 600 litros, con sólo un 20% de roble nuevo.

Un vino fresco, original, de marcada acidez y personalidad única. Su precio en tienda, y ya se que no es fácil de conseguir, también está en torno a los 20 euros.

Un blanco criado de Rueda y un goloso vino de La Mancha

Nuestro primer vino de hoy es un blanco de Rueda, Belondrade y Lurton 2006.

Didier Belondrade se enamoró de España hace muchos años y su sueño fue tener un motivo para quedarse a vivir aquí. Lo encontró en Rueda. Era el año 1994 cuando apareció en el mercado por primera vez Belondrade y Lurton.

Un vino por entonces novedoso, que se alejaba del perfil clásico de los vinos de Rueda. No buscaba la fruta inmediata y fácil, sino que utilizó las viejas técnicas de Burdeos para conseguir un vino con capacidad de envejecer durante bastantes años. Empezó con 10.000 botellas y ahora está sobre las 95.000.

De la mano del arquitecto francés Vicent Dufos construyó una bodega también atípica en la zona, pues no buscaba llamar la atención sino pasar desapercibida e integrarse en el paisaje.

Tiene 25 hectáreas de viñedo propias y controla otro tanto de viticultores de la zona. Belondrade y Lurton 2006 fermenta y envejece en barricas de roble, con clara mayoría de roble francés, durante 10 meses.

Que nadie espere encontrar un verdejo de los de libro, todo lo contrario, encontrará un vino más complejo, todavía marcado por la madera, pero con gran futuro por delante. Sirve para acompañar pescados con salsas, carnes blancas y caza de pluma.

Su precio en tienda está sobre los 21 euros.

El segundo vino es de Alejandro Fernández y no es, como parecería seguro, de la Ribera del Duero sino de La Mancha.

Cuenta Alejandro que en todos sus viajes cada vez que pasaba por los viñedos de La Manca sentía sana envidia de las uvas manchegas, que siempre crecían ajenas a las lluvias y a las heladas de su Ribera del Duero.

Hasta que un día decidió invertir allí. Se instaló en Campo de Criptana, entre molinos de viento y muy cerca de la estación montó su bodega. Así nació El Vínculo, cuyo nombre es un homenaje a la bodeguita que tenía su padre en Pesquera de Duero. Una unión entre dos zonas, a través de un hombre que ha hecho del Tempranillo su pasión.

Paraje La Golosa Gran Reserva 2002 nace de un viñedo de más de 60 años, situado en el pago del mismo nombre. Ha tenido una crianza en roble francés de 24 meses. Pocos nombres encajan tan bien en un vino como este. Goloso a más no poder, incita a seguir bebiendo.

Su precio ronda los 27 euros.

Fruta en la Ribera del Duero, potencia río abajo

Como algunos no habrán cobrado la nómina todavía y en estas fechas eso duele, voy a ser comedido en las recomendaciones.

Empezamos por un Ribera del Duero.

Vivir Vivir 2005 está elaborado por los 3 propietarios de Bodegas Conde, Javier Ajenjo, Julio César Conde y José Luis Simón.

Está elaborado con cepas de más de 60 años de la zona de Quemada, plantadas en vaso. La vendimia es manual y se hace en cajas de plástico de 16 kilos. La maceración es de 10 días a temperatura controlada de forma natural mediante ducha de agua. No tiene ningún paso por madera y se embotellaron unas 45.000 botelals en octubre de 2006.

Un vino que define bien la Ribera del Duero más sencilla y elemental. Intenso de color, lleno de fruta, agradable y con un precio de tienda que no llega a los 4,50 euros.

Una vez consolidadas Tinto Pesquera y <a href="http://www.condadodehaza.com/”>Condado de Haza, la inquietud de Alejandro Fernández, al que siempre acompañó en su labor su mujer, Esperanza Rivera, le llevó a recorrer río abajo el Duero, que siempre ha sido una referencia en su vida.

Cuando Alejandro y Esperanza llegan a Vadillo de la Guareña y ven Dehesa la Granja saben, desde el primer momento, que su siguiente sueño iba a realizarse allí.

Les enamora una finca de más de 800 hectáreas, con un microclima muy especial, que le viene dado por las aguas del río Guareña, que atraviesa la finca, y por la dehesa de encinas, alcornoques y robles centenarios.

Les enamoran las laderas, orientadas al sur y llenas de cantos rodados. Pero en cuanto entran en la casa y ven la bodega subterránea saben que ya nada les hará cambiar de opinión.

Durante 17 años, desde 1750 hasta 1767, 125 hombres en la oscuridad y el silencio, que sólo rompían sus golpes, fueron robando espacio a la piedra hasta conseguir un precioso laberinto de pasillos, que superan los 3.000 metros cuadrados.

Plantan más de 100 hectáreas de Tempranillo, la cepa con la que siempre se identifica Alejandro Fernández. Recorren los pueblos cercanos en busca de las mejores uvas, que van comprando hasta que su viñedo adquiera la edad necesaria para dar uvas de calidad.

Dehesa la Granja 2002 sale de uvas jóvenes de la nueva plantación y de uvas de viejas cepas compradas y seleccionadas por Alejandro. Primero se comercializó como Vino de Mesa y en la actualidad es Vino de la Tierra de Castilla y León.

Un vino intenso, poderoso, como todos los que hace Alejandro, que necesita a su lado platos contundentes para lucirse, desde unas lentejas con chorizo hasta una berza estofada al estilo castellano.

Su precio en tienda está sobre los 12 euros.

Arlanza, una zona que quiere despertar, pero que todavía bosteza

Durante años conocida como Ribera del Arlanza y ahora despojada, por eso de la burocracia, de la palabra ribera, es una de las últimas Denominaciones de Origen de Castilla y León, la segunda que tienen los viñedos burgaleses y la única de Palencia.

Es una larga franja que se extiende desde la Sierra de Covarrubias hasta los Páramos del Cerrato. Son en total 67 pueblos, de los que 54 están en Burgos y el resto en Palencia, con poco más de 400 hectáreas.

Puntos culminantes de esta franja son Covarrubias, Lerma y Santa María del Campo. Lugares donde se mezclan el arte, el paisaje, la historia y el vino. Destacar también la cercana ermita de Santa María en Quintanilla de las Viñas del siglo VII, con sus racimos y zarcillos, tal como vemos en la foto.

Aquí también reina la Tempranillo, con un 95%, aunque en las nuevas plantaciones aparecen, como no, otras variedades francesas.

Si las condiciones climáticas de la Ribera del Duero son duras, en el Arlanza todavía son más extremas, con las heladas como el enemigo a temer todos los años. La temperatura media se sitúa en el límite en el que se desarrolla el viñedo, por eso la búsqueda de laderas con buena insolación es esencial.

Un clima extremo, unos suelos extraordinarios y laderas bien orientadas son los secretos de una zona difícil, que en los mejores años puede dar vinos capaces de situarse entre los más grandes de nuestro país.

Pero todo está por hacer. El viejo viñedo ha sido en muchas ocasiones abandonado, sustituido por lo cerezos o simplemente se ha dejado morir. Las pocas cepas que han sobrevivido en muchos casos han estado mal cuidadas, sin exigirles calidad y dejadas a su aire.

Sobreviven pequeños majuelos de uvas excepcionales, que durante años han mantenido con mimo auténticos viticultores, que las conocen a la perfección. Hay algún bodeguero que ha conseguido juntar una parte de estos minúsculos majuelos y que con ellos pretende hacer un gran vino, todavía no lo ha conseguido, pero tiene la base para hacerlo.

En las nuevas plantaciones hay de todo, pero me temo, otra vez, que hay más errores que aciertos. No se ha partido de las viejas cepas perfectamente adaptadas y se han comprado clones de fuera de la zona, en general sin demasiado criterio.

Una zona difícil desde el punto de vista climático, con suelos de gran potencial pero todavía con todo por hacer. Me gustaría que dentro de poco podamos disfrutar de un gran vino del Arlanza, posibilidades existen pero, de momento, está por llegar.