Descorche Descorche

Puede que en el vino no esté la verdad, si es que sólo existe una,pero lo que es seguro es que está el placer y juntos vamos a encontrarlo

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Un Godello y un Caiño: la Galicia más verdadera

Los vinos recomendados para esta semana nos vienen desde Galicia. El primero es Gaba do Xil Godello 2007, un vino elaborado por Telmo Rodríguez, que como ya dije es mi socio en Alma Vinos Únicos, en Valdeorras.

Esta zona fue uno de los primeros sitios que atrajeron la atención de Telmo pero su proyecto no empieza hasta el año 2003. La base de todo está en el término llamado “La Falcoeira”, en el municipio de Santa Cruz, considerado durante años uno de los mejores lugares para elaborar vino y ahora en plena decadencia. Allí se ha hecho un gran trabajo de recuperación de las antiguas terrazas y muros, respetando al máximo la antigua forma de trabajar.

De momento las uvas con las que se elabora el vino todavía no proceden de estos viñedos sino de viejas cepas del mismo pueblo.

Gaba do Xil 2007 explica de forma sencilla la complejidad de la Godello de Valdeorras, una uva de marcada personalidad. Aquí no vamos a encontrar aromas de levaduras, ni frutas exóticas, lo que destaca es la autenticidad, la nitidez de la uva. Su precio en tienda está sobre 8,30 euros.

El siguiente vino es un tinto, uno de esos tintos de Galicia que tanto me gustan. Goliardo Caiño 2006 está elaborado por la bodega Forja del Salnés, situada en el pueblo de Meaño.

Una bodega pequeña pero que cuenta con una preciosa colección de viñas viejas. Rodrigo Méndez es un apasionado de las viejas viñas a las que cuida y mima con cariño y pasión.

Su abuelo, Francisco Méndez, fue uno de los fundadores de la DO Rías Baixas. Enamorado de las uvas tintas plantó hace muchos años Loureiro Tinto, Caiño y Espadeiro en la fincas A Tellería y Ameiro, situadas en la ladera de la ría de Dena, con suelos arcillosos y presencia de cantos rodados y gran cantidad de cuarzo. Aunque en su momento le consideraron loco él siempre soñó con elaborar un gran vino tinto. Murió en 2001 sin poder hacerlo pero sus nietos lo han conseguido. De esta cosecha se han elaborado únicamente 1.200 botellas.

Voy a copiar la preciosa descripción del vino que hace Pitu Roca, el gran sumiller de El Celler de Can Roca, en su habitual columna en El Magazine.

Viñedos fríos, viñedos atlánticos. Como los de este vino, el Goliardo Caíño en el Salnés, que viste de color cereza brillante, aunque la percepción visual sea aguada. Se abre sin contundencia pero con limpidez: los aromas balsámicos de eucalipto enriquecen una secuencia de cítricos, frambuesas y grosellas. Tiene agilidad táctil, es vibrante, vertical, penetrante. El retronasal envuelve con compota de cítricos y florales, bergamota y fresitas de bosque, con vegetales sombríos de bosque de hayas. La sensación final es una caricia salina y sensual, de cristalina elegancia. Es un guiño desde el final del camino a los monjes de Cluny, allá en Borgoña, donde empieza el camino

Pinchad en el enlace porque merece la pena. Poco más puedo añadir. Su precio en tienda supera por poco los 26 euros, pero es un gasto muy justificado. Lástima que haya tan pocas botellas.

Los tintos despiertan en Galicia

Hace algún tiempo en una entrevista en la revista La Clave dije que la zona de más futuro para elaborar vinos tintos es Galicia. Hasta ahora sólo se valoraban sus vinos blancos, sobre todo sus albariños, pero el cambio climático les ha cogido en buen momento.

Vicente Sotés, presidente del Comité Científico del CONCLIVIT y del grupo de expertos Medio Ambiente y Cambio Climático de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) lo tiene claro:

El ciclo se está adelantando. La vid brota antes en Galicia y la uva tiene más meses por delante para alcanzar un nivel óptimo de maduración.

El catedrático de edafología Francisco Díaz-Fierros asegura:

En algunos lugares la vendimia ha pasado de realizarse a mediados de octubre a primeros de septiembre. La temperatura media puede subir en torno a los 2,5 grados al norte de Galicia, y hasta 5 grados al sur, lo que haría posible incluso la introducción en algunos valles de las provincias de Lugo y Ourense de variedades de uva francesa como Cabernet Sauvignon o Chardonnay, o las utilizadas en las denominaciones de origen Rioja y Ribera del Duero, Garnacha y Tempranillo, entre otras.

Esta es la parte que más me preocupa, que en Galicia se repita el terrible mal de otras zonas en las que se ha abandonado lo propio para empezar a apostar por lo que viene de fuera, sin darse cuenta de que caemos otra vez en la internacionalización del gusto. Vinos iguales en todos los sitios.

Galicia tiene la suerte de contar con una buena cantidad de uvas autóctonas, cultivadas durante años y de marcada personalidad. Dejarlas de lado sería un crimen.

Bastardo, Caiño, Loureiro y Mencía son las cuatro patas sobre las que debe asentarse esta revolución que en pocos años situará los tintos gallegos entre los más prestigiosos de España. Olvídense del Cabernet, del Tempranillo o de la inefable Syrah.

Vinos atlánticos, finos y la vez intensos, capaces de expresar la mineralidad de sus suelos, a veces graníticos y a veces pizarrosos, provenientes de viejas cepas de poca producción. Vinos diferentes.

No hay que olvidar estos nombres:

Quinta Muradella y Gorvia de Monterrei, Goliardo de Rías Baixas, Algueira, La Cima y La Lama de Ribeira Sacra, Gaba do Xil de Valdeorras y A torna dos pasas de Ribeiro. Sus producciones son pequeñas y a veces son difíciles de encontrar pero hay que hacer el esfuerzo porque la recompensa merece la pena.