¿Hace cuánto que no escribes una carta?

25 mayo 2012
'Dear Annie'

'Dear Annie'

Cada vez somos más los que estamos abandonando la escritura manual para entregarnos de lleno a las teclas del ordenador. Cuando llega la hora de escribir una nota, la lista de la compra o una dirección y un número de teléfono, descubres con horror que la letra que recordabas como tuya ha dejado de existir, que es una parodia desentrenada, una tarea costosa que deseas finalizar cuanto antes.

La artista estadounidense Annie Vought piensa que estamos perdiendo una parte de nosotros cuando abandonamos el hábito de escribir a mano. “Los documentos escritos son fragmentos de la historia individual. En la caligrafía, la elección de palabras y la ortografía el autor se revela, a pesar de que esa no sea su intención. Una carta es una confirmación física de quiénes éramos en el momento en que la escribimos”.

Colecciona notas, misivas encontradas, dirigidas a ella o que otras personas le donan. Las amplía y después, valiéndose de un cúter, corta con esmero todos los “espacios negativos”, los huecos blancos del papel.

Las letras quedan vacías y forman una especie de red o bordado, una pieza artesanal que se puede palpar al fin, sin que la hoja impida el contacto físico con los mensajes.

Detalle de 'Christmas'

Detalle de 'Christmas'

Otras veces la artista opta por recortar cada palabra por separado y unirlas todas en un panel, clavándolas con alfileres como si fueran insectos de colección. En los últimos meses ha avanzado un poco más en su aventura y ha empezado a experimentar también con dibujos, bocetos y garabatos que muchas veces decoran el final de un texto o incluso protagonizan el folio.

Los renglones y el tipo de letra mantienen la estructura de ese nuevo texto sin superficie. Los borrones y la manchas de tinta también son útiles para dar solidez al fino encaje de caracteres. En el proceso, Vought pone especial atención en hilar cada palabra con la siguiente, se zambulle en el mensaje y se detiene a pensar en las circunstancias en que la persona escribió la carta.

Aunque laboriosa, es una labor gratificante que la conecta con las narrativas. La artista se siente a veces un poco intrusa por cotillear en los pensamientos de otros y —para colmo— colgarlos luego de una pared. En su tarea reflexiona a menudo sobre cómo los documentos escritos son susceptibles de hacernos parecer vulnerables, frente a la seguridad que dan las letras impolutas de una tipografía.

Helena Celdrán

La ‘retronostalgia’ del ‘Swinging London’

24 mayo 2012
Frank Habicht - "My heart leaps up when I behold"

Frank Habicht - "My heart leaps up when I behold"

Propuesta de resumen abreviado del Swinging London.

Primero, un mandamiento de la suma sacerdotisa Mary Quant: “Una mujer es tan joven como sus rodillas”. Es inncesario añadir que la señora Quant vendía minifaldas.

Segundo, una canción: Itchycoo Park, de los siempre bien planchados Small Faces. La letra pringa como melaza y tiene el grado exacto de himno para el campo de fútbol: Be nice and have fun in the sun / It’s all too beatiful (Sé amable y disfruta al sol / Todo es tan hermoso).

Tercero: un símbolo femenino. Jean Shrimpton, La Gamba (The Shrimp). Una patada al canon de la voluptuosidad: piernas extralargas, figura delgada, melena con flequillo, pestañas ténues pero extremas, cejas arqueadas y —algunos pecados nunca cambian— labios sensuales.

Cuarto, un símbolo masculino. Mick Jagger, dandy, vicioso, millonario, con agenda social repleta y un Aston Martin en las antiguas caballerizas de la mansión. Tenía ventitantos y ya necesitaba asesores contables.

Frank Habicht - "Mick Jagger profile"

Frank Habicht - "Mick Jagger profile"

Quinto, un icono gráfico. La Union Jack. Un símbolo patriotico del siglo XVII para una supuesta revolución. Muy british: vamos a ponernos hasta las cejas, pero el té, ni un minuto después de las 5 de la tarde.

Sexto: ¿vamos esta tarde otra vez a Carnaby Street?.

Séptimo: una película. Modesty Blaise (Joseph Losey, 1966). No compensa ni el tiempo de bajada desde un torrent.

Octavo: una serie de televisión. The Avengers (Los vengadores), cuyos actores tienen gran importancia en los estampados de los bolsos de la fauna modernaria de hoy. Ella llevaba catsuit y él —ya les hablé del té a las cinco, ¿verdad?— bombín y paraguas.

Noveno: gurús. Los Beatles, primera industria nacional en importación de divisas e intocables moralmente pese a que actuaban en países sometidos a dictaduras donde se reprimían las libertades de pensamiento y expresión: la España de Francisco Franco (1965) y la Filipinas de Ferdinand Marcos (1966).

Décimo: una crónica condensada. “Parecía que nadie estaba fuera de la burbuja, observando qué raro, superficial, egocéntrico e incluso horrible era todo“, escribió el periodista Christopher Booker.

Frank Habicht - "Live it to the hilt!"

Frank Habicht - "Live it to the hilt!"

Retratándo el elenco al completo —siempre hay excepciones: a los Beatles nunca consiguió hacerles una foto, el manager Brian Epstein filtraba a los fotógrafos segúnlos dictados del capricho personal— estaba Frank Habicht.

Nacido en Hamburgo (Alemania) en 1938, lo tenía todo para triunfar en el Swinging London: gracia, caradura y belleza física, un valor que los ingleses tienen bastante en cuenta, acaso porque en general son de un rojizo que se inclina hacia lo desagradable. Habicht tenía la edad justa (ventitantos, un pasaporte a la gloria entonces), el aspecto justo (pelo ensortijado, labios carnosos, cierta catadura de truhán) y estaba en el lugar justo.

Las fotos que hizo como freelance durante los años en que la capital inglesa era el lugar más dinámico del mundo —sobre todo según los editores de moda, entre ellos la gran manejadora Diana Vreeland, boss de Vogue— son hoy un agradable pasatiempo para ejercer la retronostalgia, eso que Simon Reynolds llama el “melancólico languidecer por un tiempo idílico perdido de la propia vida” y que queda tan adecuado colgado de la pared del vestidor.

Una falsa motorista sostiene un cigarrillo en la comisura de los labios como una falsa fumadora, una chica desnuda avanza hacia un señor —¡bingo!, con bombín— montado en un caballo, los asistentes a un marriage a la mode —que viene a ser una boda pero en ropa interior— posan con descuidado cuidado…

Frank Habicht - "Bare essentials"

Frank Habicht - "Bare essentials"

El gran Paul Strand opinaba que la fotografía debe ser un “registro de tu vida”. Según esa acertada y simple máxima, la vida de Habicht fue una pose.

En su página web —una de ésas que están escritas en tercera persona, lo cual nos otorga la visión de fantaciencia del fotógrafo tratándose a sí mismo de él, como siendo capaz de desgajarse en dos entes diferenciados—, Habicht afirma que sus imágenes capturan el “espíritu deshinbido” de un tiempo arcádico y “documentan socialmente a la juventud de Londres”. Aprovecha para intentar vender el par de libros que ha publicado con el mismo mensaje.

Ni un mohín de disgusto, ni un atisbo de angustia, ni una sola expresión de la náusea de la existencia y el terrario de insectos de la vida… Esto no es un inventario, es un álbum de vacaciones, un flashback manipulado. Excepción —siempre las hay, nada es rígido—: la foto de la manifestación pacifista con la actriz troskista Vanessa Redgrave al frente.

No me sorprende saber que el autor de estas fotos frías de un tiempo en apariencia caliente vive desde los años ochenta en una remota isla de Nueva Zelanda y se dedica a retratar paisajes y arrecifes de coral. Quizá en esa labor no necesite mentir: un atardecer no se desnuda aunque el fotógrafo se lo ordene.

Ánxel Grove

Frank Habitch - "Peace Message (Vanessa Redgrave)"

Frank Habitch - "Peace Message (Vanessa Redgrave)"

Frank Habicht - "Marriage a la mode"

Frank Habicht - "Marriage a la mode"

Frank Habicht - "Amazed to be"

Frank Habicht - "Amazed to be"

El silencio de Picasso, el fingimiento de Modigliani, la desfachatez de Kiki de Montparnasse…

23 mayo 2012

Siempre nos quedará París. La frase, un tópico del cine trasladado con frecuencia a la vida cotidiana, retiene algo de verdad. Durante casi un siglo, la capital francesa fue también capital cultural del mundo occidental.

La bonanza había comenzado con el impresionismo de Van Gogh, Monet, Manet, Degas y Renoir, pero la llama estaba lejos de apagarse: quedaba el siglo XX, la vanguardia, la confusión, la ruptura con la tradición que tan segura parecía. Picasso desafió la percepción visual con el cubismo; Apollinaire y después Breton retaron el significado de las palabras.

Los barrios de Montmartre y Montparnasse dejaron de ser simples colinas para funcionar como imán de las mentes más despiertas del mundo. La mezcla producía personajes excéntricos, hambre, miseria, demonios personales, la oposición a la burguesía a la vez que una necesidad de nutrirse de su sensibilidad, el deseo del burgués de participar aunque fuera un poco de la locura de ser pobre…

El Cotilleando a… de esta semana es un repaso por la vida en París de siete artistas de la bohemia del siglo XX. Algunos coincidieron en el tiempo de manera desigual, otros fueron grandes amigos. La capital francesa fue hasta la II Guerra Mundial una narrativa continua de personajes que se entrelazaron, influyeron unos en otros y propiciaron un microclima frágil pero constante que cambió las concepciones artísticas más básicas de la historia del arte.

El joven Picasso en París

El joven Picasso en París

1. Pablo Picasso (1881-1973) llegó a París con 19 años, para la Exposición Universal de 1900. Les Derniers Monet (un cuadro que tapó tres años después con La Vie) fue elegida para representar a España en el evento. No sabía mucho de Francia ni planeaba quedarse demasiado tiempo, pero tampoco veía  una salida clara para su arte en España. Al final se quedó para siempre en territorio francés. El pintor catalán Isidre Nonell le dejó su estudio en la Rue de Gabrielle, en el barrio de Montmartre.

Picasso solía guardar silencio en las reuniones sociales, ocultando su rudimentario francés, y se valía de la mirada para comunicar sus impresiones. Tenía relaciones con muchas de sus modelos y frecuentaba burdeles , pero cuando se enamoraba era sumamente posesivo y celoso, una característica que conservó toda su vida.

Inició su famoso período azulmelancólico y doloroso — entre 1901 y 1904. El detonante del cambio radical en su pintura fue el suicidio de uno de sus grandes amigos españoles en París, el pintor Carlos Casagemas, enamorado de Germaine, una de las amantes ocasionales de Picasso que posaba habitualmente para él. Ella rechazó a Casagemas y a pesar de los esfuerzos de Picasso para que olvidara a la chica, su amigo seguía obsesionado con ella. Casagemas organizó una cena para siete en un restaurante e invitó también a la modelo. Tras lanzar un discurso en francés comunicando que volvía a España para siempre, ella no mostró reacción alguna. En un arranque de desesperación el anfitrión disparó a la chica y tras fallar, se pegó un tiro en la frente. Picasso se sintió culpable de la muerte, se recluyó en su estudio e iluminado con una pequeña lámpara de gas, comenzó a pintar con fiereza.

Amedeo Modigliani antes de su 'transformación'

Amedeo Modigliani antes de su 'transformación'

2. Amedeo Modigliani (1884-1920). El pintor y escultor italiano se instaló en París en 1906. De familia rica venida a menos, Modigliani trataba de preservar su dignidad burguesa, cuidaba su vestuario en todo lo posible y decoró su humilde estudio con reproducciones de pinturas renacentistas y cortinas de felpa. Cuando se relacionaba con el grupo de artistas bohemios de la vanguardia parisina, parecía más bien que se disfrazaba de pobre.

Un año después de vivir en Montmartre sufrió una tranformación: de ser un artista academicista que miraba de reojo el mono de trabajo de Picasso, pasó a renegar de sus obras más canónicas y convertirse en un adicto al alcohol y las drogas, en parte para cubrir los efectos de la tuberculosis que sufría. La enfermedad, crónica y contagiosa, era sinónimo en Francia de aislamiento social y Modigliani se valió de todo aquello que justificara los síntomas y además le ayudara a desprenderse de su timidez.

Apollinaire herido de metralla

Apollinaire herido de metralla

3. Gillaume Apollinaire (1880-1918). El poeta era uno de los personajes más populares del barrio de Montparnasse. Cautivó al joven Picasso con una verborrea de cultura y curiosidad innata. Era capaz de hablar de Nerón, componer una estrofa de cuatro versos, interesarse por la construcción de un muro, describir el aroma de algún suculento plato y sacar tres libros diferentes de sus bolsillos en la misma conversación. Era un burgués bien vestido capaz de hablar de los asuntos más escatológicos tras emitir un discurso de corte académico.

Escribió novelas pornográficas y caligramas, recuperó como crítico literario las obras del Marqués de Sade, perteneció al dadaísmo… Apollinaire luchó en la I Guerra Mundial y fue herido de metralla en la cabeza. Milagrosamente no murió, pero nunca se recuperó totalmente. Fue durante su convalecencia cuando acuñó el término surrealismo. Murió con 38 años víctima de la Gripe Española, una de las epidemias más virulentas de la historia, que terminó con la vida de 50 a 100 millones de personas en sólo dos años.

Kiki de Montaparnasse retratada por Man Ray en 'Noire et blanche'

Kiki de Montaparnasse retratada por Man Ray en 'Noire et blanche'

4. Alice Prin (Kiki de Montparnasse) (1901-1953). De hija ilegítima nacida en un pueblo de la Borgoña a reina de Montmartre. Kiki de Montparnasse era una superviviente nata, descarada y audaz, que cautivaba ya desde la adolescencia por su mezcla de vulgaridad, valentía y sensibilidad. Se convirtió en la musa por excelencia, posó para el japonés Tsuguharu Foujita, el dadaista y surrealista Francis Picabia, el escultor aragonés Pablo GargalloMan Ray también cayó a sus pies. La conoció en 1921 cuando ella montaba un escándalo en una terraza de París. El camarero se negaba a atender a Kiki y a una amiga porque, al no llevar sombrero y estar solas, se les podía confundir con prostitutas. Ella puso un pie descalzo sobre la silla y otro sobre la mesa, vociferando que no vendía sus atributos, que ni ella ni ningún conocido suyo volverían a ir al negocio. Cuando terminó el discurso dio un salto para bajar, calculando el vuelo de su vestido para que se adivinara que no llevaba ropa interior. “¡Sin sombrero, sin zapatos y sin bragas!”, exclamó.

Man Ray, fascinado, la observaba desde otra mesa. Tardó poco en proponerle que posara para él. El fotógrafo le hizo cientos de retratos, entre los que hay obras maestras como Noire et blanche y Le violon d’Ingres. Durante seis años fueron inseparables.

Man Ray

Man Ray

5. Man Ray (1890-1976). El fotógrafo estadounidense pasó 20 años en Montparnasse. Con Picasso, Max Ernst, André Masson, Jean Arp y Joan Miró expuso su obra en la primera exposición surrealista de la historia, que se celebró en 1925 en la galería Pierre de París. Junto a los retratos clásicos de personajes como Gertrude Stein y James Joyce, Ray exploró más tarde —junto a su otra musa y compañera artística Lee Miller— la parte más vanguardista de la fotografía con solarizaciones y fotos sin cámara (poniendo los objetos directamente sobre papel fotográfico). Su relación con Kiki de Montparnasse se tornó obsesiva y turbulenta por ambas partes. Los dos eran terriblemente celosos y posesivos y todo el vecindario se enteraba de sus escandalosas peleas.

En 1929 Lee Miller, una modelo estadounidense  recién llegada a París, le pidió a Man Ray ser su asistente. Miller demostró pronto su talento como fotógrafa. Se enamoraron. En la última discusión de pareja con Kiki, en un bar, Ray escapaba bajo las mesas del restaurante mientras la Reina de Montmartre le tiraba platos.

Gertrude Stein (1905-6) - Pablo Picasso

Gertrude Stein (1905-6) - Pablo Picasso

6. Gertrude Stein (1874-1946). Según el crítico de arte del New York Sun Henry McBride (1867-1962), la escritora, poeta y mecenas tenía el don de “coleccionar genios en lugar de obras de arte. Los reconocía de lejos”. De familia rica, llegó a París en 1903 con su hermano Leo, también amante del arte, y vivió allí hasta el final de sus días. Pronto comenzaron una colección que llegó a ser de las más notables del mundo. Adquirieron obras de autores como Cézanne, Renoir, Braque, Gauguin y Matisse, pronto se fijaron en Picasso. Gertrude Stein y el pintor congeniaron desde el primer momento. Él encontraba fascinante el aspecto masculino de la millonaria y pidió retratarla. La primera sesión, posando sentada en un sillón medio desarmado, entusiasmó tanto a Stein que decidió volver a diario y permanecer varias horas inmóvil si era necesario para que Picasso capturara su imagen. Tras 90 sesiones, el pintor tiró los pinceles y la toalla y dijo: “Te he dejado de ver cuando te miro”. Sólo había pintado la cara y la borró, dejando consternada a la mecenas estadounidense. Picasso pasó unos días en el pueblo catalán de Gosol y cuando volvió se puso frente a lo poco que quedaba del cuadro fallido. Sin ver a su modelo, la retrató de nuevo. El rostro parecía una máscara, la piedra fundacional de Las señoritas de Aviñón: había pintado su primera obra cubista.

Aunque Stein apoyó a grandes artistas y su gusto e intuición eran refinados, había algo reprochable en el modo en que trataba a las piezas de su colección. Las paredes de su casa, en la Rue de Fleurus, estaban plagadas de cuadros de gran calidad, pero apiñados sin demasiado acierto. Para colmo, los artistas acudían a reuniones en casa de los Stein y podían atestiguar los estropicios. Georges Braque ardía por dentro al ver cómo sus obras se ahumaban poco a poco por estar colgadas sobre la chimenea. Picasso se dio cuenta de que dos de sus cuadros habían sido barnizados para que brillaran más: tardó varias semanas en calmarse y volver a la vivienda de la mecenas.

André Breton retratado por Man Ray

André Breton retratado por Man Ray

7. André Breton (1896-1966). El poeta y escritor francés, también ávido coleccionista de cualquier manifestación artística, redactó el Manifiesto Surrealista en 1924 definiendo el movimiento como un “automatismo psíquico puro, por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado del pensamiento, sin la intervención reguladora de la razón, ajeno a toda preocupación estética o moral”. Se peleó con la mayoría de los artistas surrealistas y se sintió con derecho de excluirlos del grupo. Breton era conocido entre la bohemia por sus arranques de cólera, los insultos y las bofetadas en público a cualquiera que lo provocara. Las causas eran de lo más subjetivo. Dirigirle la palabra a su exmujer Simone o no ser lo suficientemente comunista para atender a todas las reuniones del Partido Comunista francés, al que se afilió en 1927, podían ser motivo de abofeteo.

Helena Celdrán

Objetos teñidos de blanco demuestran el poder de las marcas

22 mayo 2012
Cuatro de los objetos de 'Brand Spirit'

Cuatro de los objetos de 'Brand Spirit'

Ya lleva 71 objetos de los 100 que va a fotografíar “borrando toda marca visual, reduciendo el objeto a su forma más pura“.

Andrew Miller, un creativo que trabaja en una agencia de publicidad Carbone Smolan de Nueva York, es el autor de Brand Spirit (Espíritu de marca), un proyecto que reflexiona sobre el poder de las señas de identidad de una marca.

Se ha propuesto pintar cada día un objeto de blanco, despojándolo de su identidad corporativa: la maquinilla desechable de afeitar no tiene su característico color, el botellín de cerveza sólo da pistas de su marca por la media rodaja de limón incrustada en la boca, la pila alcalina pierde su credibilidad con solo pasarle una capa de pintura.

Entre los bodegones inmaculados que colecciona en un microblog dedicado a la misión, Miller ha pintado objetos de diseño atemporal como la navaja suiza Victorinox, el mechero Bic o una caja de ceras Crayola de colores. Como normas para la selección, el artículo tiene que ser de su propiedad, haberlo recibido de otra persona o haberlo encontrado. En caso de comprarlo, no puede superar los 10 dólares (unos 7,8 euros).

Brand Spirit da que pensar al espectador cuando en su mente, al ver cada objeto, se dispara un color, un logotipo o la canción de un anuncio. Las imágenes vacías, por otro lado, sugieren un artículo pirateado, poco auténtico. No podemos sacar conclusiones sobre su efectividad o calidad y sin embargo nos atrevemos a sentenciar que aquel pan de molde es de buena calidad o que ese cepillo de dientes es efectivo en cuanto vemos las señas de identidad de la marca, como si ofrecieran garantías.

Helena Celdrán

Moon Martin, el músico que llegaba tarde al éxito

21 mayo 2012
Foto promocional de Moon Martin, 1979

Foto promocional de Moon Martin, 1979

Perdonado el pecado de los atuendos de camarero de crucero —quien esté libre de pecado…—, los años finales de la década de los setenta estuvieron plagados de renacimiento.

En el Reino Unido, el punk nihilista de los Sex Pistols, el de trinchera de los Clash, el frenesí tribal de los Specials, la náusea de Elvis Costello y la sincopada rabia de los Jam

También en los EE UU hubo signos de esperanza. Dado que los músicos de rock and roll del lado de allá del Atlántico siempre han estado menos preocupados por la imagen que por el ritmo, la revolución fue menos formal pero bastante más intensa: Tom Petty and The Heartbreakers, Dwight Twilley Band, The Plimsouls, Romantics… Grupos que, tras décadas de dominación de los teclados, volvían otra vez al pop de guitarras, arreglos vocales perfectos y melodías de escuchas y te enganchas.

Hoy traigo a Top Secret, nuestra sección de olvidados, perdidos o poco estimados, a un músico que emergió en aquellos tiempos efervescentes y que lo tenía todo para ser una estrella: Moon Martin.

Martin fue el compositor de esta tremenda canción, Cadillac Walk, —una pieza construida en torno al sentido de fiebre sexual de tantos inolvidables temas de rock—, pero no el primero en grabarla. En 1977, un año antes, había editado una versión estremecedora Mink De Ville, que llenaba la pieza de humo y vicio y la cantaba con más tensión contenida que Martin.

No fue la única ocasión en que Martin, nacido en 1950 en una pequeña ciudad de Oklahoma, vió como sus canciones se convertían en éxito en la voz de otros. En 1979 le pasó lo mismo con Bad Case of Loving You, que Robert Palmer convirtió en un hit mundial en 1979.

Moon Martin

Moon Martin

Martin era un tipo cultivado y con un currículo largo —había tocado con Gram Parsons y Linda Ronstand— que parecía tener el desgraciado don de llegar tarde a las citas del destino.

Su primer disco, Shots From A Cold Nightmare (1978), no logró colarse entre las piezas veneradas de la new wave y el power-pop.

El segundo, Escape From Domination (1979), aunque estaba repleto de grandes canciones, le dejó relegado para siempre —sigue en la música, pero sin ánimo ni inspiración— a la poco satisfactoria categoría de artista de culto.

Escuchados ahora y pese a la producción poco trabajada, sus dos primeros discos siguen siendo capaces de animar cualquier fiesta.

Ánxel Grove

Minibibliotecas gratuitas, una iniciativa vecinal que se extiende por el mundo

18 mayo 2012
Pequeñas bibliotecas gratuitas

Pequeñas bibliotecas gratuitas

Rick Brooks y Todd Bol viven en el estado de Wisconsin, en el Medio Oeste de EE UU. Los fines de semana se reunen para hacer pequeñas casas de madera. Todas tienen estantes en su interior y una puerta transparente de cristal de metracrilato para protejer proteger lo que atesoran en su interior una vez terminadas: una colección de libros.

Little Free Library (Pequeña biblioteca gratuita) es una iniciativa parecida al book crossing, pero con la intención de crear conciencia de barrio a la vez que se incita a la lectura. En su página web dejan claras sus intenciones:  “Misión: promover la introducción y el amor a la lectura creando intercambios gratuitos de libros. Construir un sentido de comunidad mientras compartimos habilidades, creatividad y conocimiento a lo largo de las generaciones. Construir más de 2.510 bibliotecas alrededor del mundo”.

La primera 'pequeña biblioteca gratuita' que existió, en Wisconsin

La primera 'pequeña biblioteca gratuita' que existió, en Wisconsin (EE UU)

Las casitas, muchas exquisitamente adornadas y pintadas, contienen títulos para quien quiera llevárselos, sin ningún compromiso salvo devolver lo que lleves o, en caso de que te encapriches, reemplazar el libro por otro. Brooks y Bol —dos padres de familia con iniciativa— se dieron cuenta además del potencial que tenía el sistema para que los vecinos se conocieran y compartieran impresiones sobre las lecturas. Cuando dos personas coincidían, comenzaban a hablar de lo que habían cogido y lo que dejaban, algo que nunca hubieran hecho en la calle sin más.

Lo que comenzó como un proyecto altruista de dos personas se ha universalizado. Ya hay más de 40 estados de EE UU y 20 países más que tienen minibibliotecas gratuitas y los nombres de los fundadores se diluyen entre un montón de voluntarios.

Hay cabañas llenas de libros en lugares tan remotos como Accra (Ghana), Pointe-Noire (República del Congo) o Victoria (Australia). En Europa todavía escasean: hay una en Inglaterra, dos en Alemania y una en Italia, pero eso es fácilmente solucionable con un poco de voluntad.

Los miembros de Little Free Library dan planos, consejos e instrucciones precisas para construir una cabaña resistente al tiempo más inclemente. También dan la posibilidad de comprar una ya hecha, pero el gasto se dispara innecesariamente para una acción que evita utilizar dinero. Quien decida iniciarse puede registrarse en la página web o el grupo de Facebook de Little Free Library, poner fotos, comentar la experiencia y los problemas (o las alegrías) que surjan.

Lo primero que le puede venir a uno a la cabeza es que un plan así falla: los libros pueden desaparecer una y otra vez, las cabañas pueden sufrir actos de vandalismo… Pero el tiempo ha demostrado que si se cuidan las cosas en conjunto, no tiene por qué pasar nada grave.

Los miembros de Little Free Library consideran que “no se puede robar un libro si es gratis”, si hay socios activos y el ladrón potencial entra en la dinámica de préstamos, se dará cuenta de que no tiene sentido sustraer nada. Se trata de un código de honor que de momento está funcionando. En cuanto al vandalismo, se han encontrado en total cuatro bibliotecas dañadas por alguna gamberrada, pero en todos los casos los vecinos que vieron el daño se ocuparon de arreglarlas o cuidar mejor de ellas. “Pon siempre la biblioteca en un lugar visible (…). Ten a mucha gente usándola y cuidando de ella. Mantenla limpia y ocupada”, aconsejan los expertos.

Helena Celdrán

Darío Martínez, un fotógrafo que sabe estar de paso

17 mayo 2012
Darío Martínez ("Snapshot 2011")

Darío Martínez ("Snapshot 2011")

Me atrevo a pensar que el fotógrafo Darío Martínez haría suya una frase del infatigable andarín Bruce Chatwin: “Perder el pasaporte es la menor de las preocupaciones. Perder un cuaderno es un desastre“.

Sé poca cosa registral de Darío Martínez: gijonés de 1983, prefiere el blanco y negro, revela con las manos, tiene una Hasselbald, una Mamiya, acaba de montar una web, en Facebook añade a su identidad un adjetivo de poder litúrgico: Darío Malnacido Martínez…

Me consta que hace fotos con la voluntad de humo de quien está en tránsito, sin pertenecer, como diciendo vamos que esto se acaba, consciente de que el viaje es, debe ser, un fragmento del infierno y que necesitamos encender otro cigarrillo para quemarnos antes de que nos quemen otros.

Darío Martínez está de paso. Su casa primordial es deslizante.

Las series que exhibe son pasajeras. Snapshots 2011 y Snapshots 2012 (en proceso) tienen un carácter eventual de parpadeos, son huidizas como aceite. Parecen insistir en un refrán viejo: “Malo es errar, pero peor es perseverar”.

Darío Martínez ("Cuaderno")

Darío Martínez ("Cuaderno")

Me gustan mucho los Cuadernos (1 y 2), donde las fotos son insertadas, pegadas, sometidas a la dictadura blanda de la página y la frase fugaz.

Es una pena que, al parecer, sean cosa del pasado y el autor no se anime a proseguir con estos diarios que todo dicen con munición humilde. Expresan un ideario (“con tus dudas, selladas en la frente“), trazan una frontera (“entre siempre y jamás“), fomentan la ideología de la perdición (“regalo el Cielo / yo no lo quiero“), manejan el disgusto (“tírale el hueso al perro, no es caridad“)…

En una entrevista de hace casi dos años Martínez confiesa lo que uno deduce al repasar sus fotos: que no está enganchado al resultado, que no le puede la imposible perfección, que el clic es un modo de caminar. “Lo realmente bonito es el recuerdo, dónde estábamos, qué hicimos”, declara en una respuesta no por sencilla menos certera.

Encuentro en la fotografía del presente a pocos narradores del tránsito en la tradición de Robert Frank, aquel afiebrado suizo que renegó de casi todo —también de la patria, gran ramera— para buscar la alquimia humanismo-visión y que dejó anotado en su diario el mandamiento único para quien pretende ser fotógrafo: “Trabajo todo el tiempo, hablo poco, trato de no ser visto”.

"Ada" (Darío Martínez)

"Ada" (Darío Martínez)

Finalmente, los retratos, la prueba final de la intuición y el aliento retenido, la decisión moral mediante la cual los demás tenemos el derecho de juzgar al fotógrafo.

Los de Darío Martínez sobrecogen, son actos de pureza extrema.

“Cuando la gente mira mis fotos quiero que sientan lo mismo que cuando leen un verso de un poema”, decía Robert Frank.

Creo que este malnacido gijonés ha conseguido concretar la pretensión del viejo Frank. Deseo que pueda seguir transitando, pisando con algodón en la suela de las botas, quemándose con el fuego de cada foto en la misma combustión a la que, como espectador, me somete.

Ánxel Grove

Darío Martínez

Darío Martínez

Darío Martínez

Darío Martínez

Darío Martínez

Darío Martínez

50 años de los Beach Boys: el loco sigue siendo el objetivo

16 mayo 2012
Cartel promocional de la gira mundial de los Beach Boys

Cartel promocional de la gira mundial de los Beach Boys

Elocuente. Existe la posibilidad de comprar una entrada VIP. No se trata de una final de fútbol, sino de un concierto de los Beach Boys, en teoría una banda de rock. El súper tique da derecho a un asiento de primera fila, una charleta  y fotos con los artistas, una camiseta de tirada limitada y otra parafernalia nada útil. Cuesta 750 dólares (unos 590 euros). No hay crisis si vives en la dorada California de la mente.

La gira que celebra el medio siglo de los Beach Boys —casi cincuenta actuaciones en EE UU, Europa (dos fechas en España: 21 de de julio en Gredos, en el festival Músicos en la Naturaleza, y el 23 en Barcelona) y Japón— es una nueva temporada del más añejo y obsceno reality show del pop. Se titula Brian Is Back (Brian está de vuelta), comenzó a emitirse en 1976 y mantiene un par de objetivos inmutables: la recaudación de dividendos nostálgicos y la explotación de una persona que no puede valerse por sí misma y no es dueña de sus actos, Brian Wilson, sin el cual los demás protagonistas del sainete no son más que peleles. El loco es el objetivo financiero.

Desde la izquierda, en el sentido del reloj: Al Jardine, Mike Love, Brian Wilson, Carl Wilson y Dennis Wilson

Desde la izquierda, en el sentido del reloj: Al Jardine, Mike Love, Brian Wilson, Carl Wilson y Dennis Wilson

No es discutible que Wilson es uno de los tres grandes genios musicales del pop rock  del siglo XX —es opinable, por supuesto, pero los otros dos serían, creo, Bob Dylan y la pareja simbiótica Lennon-McCartney—. Tampoco hay duda sobre su condición de ángel quebrado, creador enfermo y saturnal, quemado e inocente, socialmente afásico, habitante de un mundo fuera de foco, incapaz de sostenerse y, por tanto, fácil de manejar…

Para celebrar esta supuesta reunión del grupo original —hay tres miembros fundadores y dos arribistas— y su nuevo disco, That’s Why God Made the Radio, con Brian en la producción y en el tutelaje de la caja registradora su perverso primo Mike Love (ayudado por la no menos avispada esposa de Brian desde 1995, Melinda Ledbetter, una antigua vendedeora de coches Cadillac), dedicamos este Cotilleando a… al grupo más blanco con la historia más negra, los Beach Boys.

Murry Wilson

Murry Wilson

1. Papi negro. Padre de los hermanos Wilson (Brian, Dennis y Carl), Murry Wilson (1917-1973) se presentaba fanfarronamente como el “inventor y manager” de los Beach Boys. Era un tipo amargado y con complejo de inferioridad que se dedicaba a vender electrodomésticos antes de encontrar el filón de explotar las dotes de los críos.

2. Rey desnudo. Murry, que tenía un ojo de cristal a causa de un accidente, pegaba y humillaba a sus hijos y su mujer. En los momentos de subidón se encaramaba desnudo en la mesa de la cocina y proclamaba: “¡Soy el rey de esta familia!”.

3. Un sólo oído. A causa de una paliza de Murry, Brian  perdió casi por completo la audición en el oído derecho.

4. Mami vodka. La madre, Audree Korthof (1917-1998), se desentendía de la pesadilla tragando vodka. A veces tocaba el piano. Nunca discutió una orden de su marido.

5. Suburbiales. El escenario del sueño fue el suburbio, fenómenso social y urbanístico de la bonanza económica de los EE UU durante la Guerra Fría. La patria natal de los Beach Boys fue la ciudad de Hawthorne, cuyo lema era “barrio de buenos vecinos”.

6. City of Light (and cars). La familia Wilson vivía en una casa de planta baja de dos dormitorios, salón, cocina y cuarto de baño, en el número 3.701 de la calle 119 Oeste. La ciudad fue engullida por el enorme área metropolitana de Los Ángeles. El automóvil, sobre el que tantas veces cantarían los Beach Boys, era un miembro más de la familia, imprescindible en un territorio desproporcionado de casitas residenciales idénticas.

Brian (segundo por la izquierda) instruye a Mike, Carl, Dennis y David Marks (1962)

Brian (segundo por la izquierda) instruye a Mike, Carl, Dennis y David Marks (1962)

7. Brian Douglas Wilson (20 de junio de 1942), el primogénito, nunca estudió música según los cánones académicos. Sin embargo, fue el compositor más prolífico de los años sesenta, produjo sus discos cuando ningún artista lo hacía y fue capaz de dictar los arreglos para una orquesta de cuerda musitando a cada maestro su línea melódica. A los cuatro años tarareaba Rhapsody In Blue, la obra en la que George Gershwin cruzó el jazz con la música clásica para expresar el mood de una ciudad.

8. Dennis Carl Wilson (4 de diciembre de 1944-28 de diciembre de 1983), el hermano mediano, era apodado Dennis the Menace (Daniel el Travieso) cuando era un crío. Fue el primero que fumó marihuana, que hizo el amor con una chica y que se atrevió a devolverle una agresión a Murry. También era el único beach boy que sabía hacer surf.

9. Carl Dean Wilson (21 de diciembre de 1946-6 de febrero de 1998), el benjamín, era tímido, estaba acomplejado por que tenía tendencía a engordar y llegó a ser un decente guitarrista y, sobre todo, un gran cantante.

Brian tocando el bajo. Detrás, David Marks (1962)

Brian tocando el bajo. Detrás, David Marks (1962)

10. Michael Mike Edward Love (15 de marzo de 1941) era primo de los Wilson por parte de madre. Su familia era mucho más rica, vivía en una mansión y organizaba veladas musicales. En 1959 las cosas se torcieron y la empresa de su padre, dedicada a la construcción metálica, quebró. Mike se resintió del golpe y no cesaba de insistir ante Brian para montar un grupo y “hacernos millonarios”.

11. Al Jardine (3 de septiembre de 1942), vecino de los Wilson y compañero de instituto de Brian. Estuvo en el grupo desde el primer momento, pero no veía futuro en la música y lo dejó para estudiar Odontología. En 1964 regresó pese a la oposición de Murry, que había considerado una “traición” su deserción.

12. David Lee Marks (22 de agosto de 1948). Otro vecino. Tocó en los primeros cuatro discos como sustituto de urgencia de Jardine. Era malísimo y los demás le despreciaban, pero ahora le presentan como “miembro fundador” del grupo.

13. Bruce Arthur Johnston (27 de junio de 1942). Mercenario de lujo y con experiencia, fue llamado para reemplazar a Brian en directo cuando éste dejó las actuaciones en 1965. Nunca ha sido miembro de pleno derecho del grupo, sino un músico asalariado, pero gusta de aparecer como propietario de las esencias. Entre 1972 y 1978 fue expulsado por enfrentarse a Mike Love. Johnston, que figura entre los músicos más ricos de los EE UU, es un activo militante del ala más conservadora del Partido Republicano. Hace unos días calificó a Obama de “tonto del culo” y dijo que Reagan fue un gran presidente.

14. Me llamo como mi camisa. Antes de llamarse The Beach Boys —nombre que les pusieron, un poco de rebote, durante su primera grabación como aficionados— preferían The Pendletones, una referencia a la marca de camisas de franela Pendleton, fabricadas en Oregon y usadas por los surfistas para protegerse del viento del Pacífico..

El primer 'single' (Candix Records, noviembre, 1961)

El primer 'single' (Candix Records, noviembre, 1961)

15. Disco en papel de estraza. El 15 de septiembre de 1961 el grupo grabó —con instrumentos alquilados— su primer single, con Surfin’ en la cara A. Dennis, que había aportado la idea para la letra (“hay un deporte que practican todos en las playas: el surf”) fue expulsado de la sesión porque tocaba muy mal la batería. El disco lo editó, envuelto en una bolsa de papel de estraza, la humilde discográfica Candix y vendió 50.000 copias.

16. Uniforme conservador. Murry quería que el grupo fuera “jodidamente famoso” (y que grabara sus propias composiciones, que consideraba mejores que las de Brian). Primer movimiento: llevar a los chicos a la misma sastrería que vestía a Cary Grant para encargar uniformes: pantalones blancos, camisas y pullovers a rayas. Estilo limpio.

17. Rechazados. Segunda estrategia: intentar negociar un contrato con una compañía potente. El grupo fue rechazado por Liberty, Dot y Decca.

18. “Basura blanca”. En Capitol, la última baza de Murry, el rock no gustaba y la primera audición terminó con un dictamen: “estos chicos son pura basura blanca”. En un segundo intento la maqueta que llevaba Brian (con Surfin’ Safari y 409) conquistó al promotor Nick Venet, que recomendó la contratación del grupo. El acuerdo era leonino en lo económico y agotador en el ritmo de producción.

Seis singlesy EP's de los Beach Boys

Seis singlesy EP's de los Beach Boys

19. Brian, la máquina. Entre diciembre de 1961 y octubre de 1966, cuando tenía entre 19 y 24 años, Brian Wilson dirigió, compuso, arregló, cantó, tocó y produjo 41 discos sencillos y 12 elepés para Los Beach Boys. Casi todos fueron grandes éxitos en ventas y consolidaron un sonido inequívoco basado en el ideal de California.

20. Cándida Arcadia. El primer número uno nacional de Brian no fue con los Beach Boys, sino con  sus colegas Jan and Dean, para quienes compuso y produjo Surf City (1963). El eslogan con el que se abre la canción se convirtió en un lema de la cándida arcadia californiana que vendía Brian: “Dos chicas para cada chico”.

21. Plagiando a Chuck. Habitante de un terreno inocente, Brian quiso ofrecer un homenaje al rock and roll esencial de Chuck Berry tomando la música de Sweet Little Sixteen para componer el himno surfista Surfin’ USA. Berry, para quien el rock siempre se redujo a una palabra, “dólar”, litigó ante los tribunales y ganó el pleito: las regalías de la pieza de los Beach Boys han aportado más dinero a Berry que cualquiera de sus temas.

Brian Wilson sostiene a su grupo

Brian Wilson sostiene a su grupo

22. Artísticamente libres. Los Beach Boys fueron el primer grupo en imponer condiciones artísticas a una discográfica, decidir qué temas grabar y con qué músicos y en qué estudios hacerlo. Ni siquiera los Beatles llegaron a pelear por tanta libertad creativa en esa época (1963).

23. “Brian, eres un mariquita”. Desde finales de 1963 Brian escuchaba voces dentro de su cabeza, sufría ataques de angustia y somatizaba el estrés con insomnio, palpitaciones y erráticos cambios de humor. Aparentaba seguridad (“me siento como una versión de Cassius Clay en clave de rock and roll, invencible”) y no dejaba de superarse como productor, compositor y arreglista —The Warmth of the Sun, I Get Around y Don’t Worry Baby son perfectas, inmejorables—, pero se rompía. Intentó detener la ansiedad fumando marihuana, pero los efectos fueron los contrarios. No soportaba la presión, tenía migrañas constantes. Insinuó al resto del grupo que necesitaba un descanso y Mike Love dijo: “Brian, eres un mariquita. Tienes miedo al público”. El 23 de diciembre de 1964 sufrió un ataque de pánico a bordo de un avión. Sus compañeros de grupo aceptaron el consejo de los médicos y le permitieron dejar las actuaciones en directo. Se dedicaría a componer, grabar y producir.

24. Paranoia. Con la estructura sentimental interna de un adolescente, Brian había iniciado una enfermiza carrera contra quienes consideraba sus enemigos y, al tiempo, más admiraba: los Beatles, el peligro inglés que podía acabar con su reinado, y Phil Spector, el productor al que veneraba y que había rechazado una de sus canciones. Con el tiempo, la competencia derivo en paranoia y llegó a creer que Spector le espiaba.

"The Beach Boys Today!" (1965)

"The Beach Boys Today!" (1965)

25. Primer ácido. Brian consumió LSD por primera vez en 1965. Sufre un mal viaje (“me voló la mente, vi a Dios”) y promete que no repetirá, pero repitió. Y mucho.

26. Canciones-sinfonía. The Beach Boys Today! (marzo, 1965) es la primera obra maestra. Brian se desprende de sus compañeros de grupo como instrumentistas y sólo los utiliza como cantantes. Para tocar contrata a los mejores músicos de sesión de Los Ángeles. Empieza a componer cada canción como si se tratase de una sinfonía: Please let me wonder, She knows me too well

27. Canción-LSD. California Girls (1965), es la primera canción compuesta por Brian en ácido.

28. Moralinas Johnston. También fue la primera canción de los Beach Boys en la que participó Bruce Johnston, que utiliza el ejemplo de Brian Wilson para explicar a sus hijos “las consecuencias perniciosas del consumo de drogas”, según ha declarado públicamente, quizá unos minutos antes de cantar California Girls.

29. “Flores y días espléndidos”. Comentario de Murry a  Brian durante una sesión de estudio: “¿Otra canción sobre válvulas y pistones, muchachos? ¿Sobre chicas en bikini y surf? Estoy cansado de esa basura. ¿Por qué no escribís sobre temas atemporales? Esas canciones son las que permanecerán: canciones sobre el amor, las flores o los días espléndidos”.

30. Murry en la solapa. Iniciativa promocional de Murry:  fabricar cinco mil pins con el lema: “Yo conozco al padre de Los Beach Boys”.

Brian Wilson dirige una sesión vocal durante la grabación de "Pet Sounds"

Brian Wilson dirige una sesión vocal durante la grabación de "Pet Sounds"

31. El mejor disco de la historia. Una fecha histórica: 16 de mayo de 1966. Aparece Pet Sounds, según muchos rankings el mejor disco de pop rock de todos los tiempos. No hay ni una sola nota tocada por los Beach Boys, que sólo ponen las voces. Las canciones son sinfónicas, minimalistas, arriesgadas

32. Adiós al surf. Los temas de las canciones son el amor y la pérdida. Para las letras Brian, que no se sentía capaz de afrontar el trabajo, contrató a un redactor de una agencia de publicidad al que apenas conocía, Tony Asher.

33. Los Beatles tienen miedo. Tras escuchar Pet Sounds, los Beatles decidieron posponer la edición del álbum sicodélico en el que trabajan, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. El disco de Brian les atemorizaba.

34. “¿Nada surf?”. Cuando les puso el disco, los directivos de Capitol dijeron a Brian: “Es bueno, pero, ¿no tendrás alguna canción sobre surf?”.

35. “Oídos de perro”. Opinión de Mike Love: “Esto es música ególatra, Brian. ¿Quién va a escuchar esto?, ¿alguien con oídos de perro?”.

36. Mejores que los Beatles para los ingleses. A finales de 1966 los lectores del semanario británico New Musical Express eligen a los Beach Boys como el mejor grupo del mundo, por delante de los Beatles. El resultado fue muy ajustado, 5.373 contra 5.272 votos, pero era la primera vez que los Cuatro Fabulosos eran derrotados desde 1963.

Muñeco de Brian Wilson

Muñeco de Brian Wilson

37. La Disneylandia de Brian. Brian compra una mansión en la calle Laurel Way, en Beverly Hills, barrio chic de Hollywood. La convierte en una disneylandia particular: una tienda para fumar marihuana en medio del salón, una plataforma con arena del Pacífico para instalar el piano de cola y componer descalzo —terminó siendo el lugar favorito de los perros para hacer sus necesidades—, habitaciones pintadas de violeta y negro, una colección de muñecas Barbie dentro de cápsulas plásticas insertadas en las paredes, una máquina de discos cargada solamente con singles de los Beach Boys y Phil Spector…

38. Excesivo. Para Good Vibrations, su “sinfonía de bolsillo”, Brian grabó 90 horas de música.

36. Anfetaminas. El siguiente proyecto, Smile, quedó sin terminar, enloqueció definitivamente a su creador —que no paró de consumir anfetaminas durante las sesiones—. Iba a ser el disco de una época.

Brian Wilson en su tienda 'Rábano Radiante'

Brian Wilson en su tienda 'Rábano Radiante'

37. Cantante con chivato. Desde entonces la vida de Brian ha sido un calvario: diagnosticado como bipolar y con cierto grado de esquizofrenia, internado en hospitales siquiátricos, al menos dos intentos de suicidio, bulimia (llegó a pesar casi 200 kilos), enclaustramiento (vivió durante dos años en su cama), alejamiento de la realidad, pérdida de memoria (desde su último regreso canta con un telepronter que reproduce las letras de las canciones)…

38. Sacando provecho del drogadicto. El grupo-familia, los Beach Boys, se dedicó a vivir de los réditos. Poblaron sus siguientes discos, en los que Brian no participó o lo hizo sólo a nivel nominal, con sobrantes de Smile, el disco al que Mike Love consideraba “música para drogadictos”.

39. Entra Manson. Dennis Wilson estuvo involucrado con la familia de Charles Manson antes de los asesinatos de Sharon Tate y otras personas. Dos de las mansonitas se liaron con Dennis y éste alojó a la familia en su mansión durante meses.

40. Tendero. Brian intentó convertirse en empresario abriendo una tienda de vitaminas y dietética llamada Radiant Radish (Rábano Radiante).

"The Many Moods of Murray Wilson"

"The Many Moods of Murray Wilson"

41. “Son unos perdedores”. En 1967 Murry editó un disco como solista, The Many Moods of Murry Wilson. Declaró: “Quiero demostrar que mis hijos son unos perdedores”. Lo mejor que se puede decir del álbum es que hace reir. Murry murió de un ataque al corazón en 1973. Está enterrado en una tumba sin lápida.

42. Falso chamán. Brian cayó en las manos del falso sicólogo Eugene Landy —no tenía licencia—, que intentó curarlo, con el beneplácito de los demás beach boys, con técnicas conductistas y verborrea new age. También quiso robarle los derechos de las canciones.

43. Con el Maharishi. Mike Love es adepto de primera oleada de la Meditación Trascendental, la secta del seudo gurú Maharishi Mahesh Yogui —el mismo que cameló temporalmente a John Lennon y por toda la vida a George Harrison—. Love convenció al resto del grupo (excepto a Brian, que estaba suficientemente volado como para no creer en profetas) de montar una gira en la que el Maharishi abría los shows con una prédica. La suspendieron tras el primer concierto, al que asistieron dos mil personas.

Los Beach Boys y el Maharishi en 1968. La foto es de Linda McCartney.

Los Beach Boys y el Maharishi en 1968. La foto es de Linda McCartney.

44. Entra Julio. La carrera de los Beach Boys desde los años ochenta es grotesca. Si quieren sufrir (o mondarse, que también) vean este vídeo: Julio Iglesias, Latoya Jackson y los Beach Boys.

45. Entran los Reagan. Si desean prolongar la sensación (esta vez definitivamente cercana a la naúsea), vean este otro: los Beach Boys rindiendo pleitesía a Ronald Reagan y señora. La hija díscola del matrimonio presidencial, Patti, no asistió al acto. Había sido una de las muchas compañeras de cama de Dennis Wilson, que se paseaba por Hollywood en un Corvette con un lema inequívoco estampado en los laterales: Golden Penetrator (Penetrador Dorado).

Dennis Wilson

Dennis Wilson

46. El final de un surfista. Dennis Wilson murió mientras buceaba a pelo y borracho el Día de los Inocentes de 1983 en un puerto deportivo. Intentaba recuperar fotos de su pasado que había arrojado por la borda de su yate en un ataque previo de furia. Estaba arruinado, mendigaba tragos en los antros (“soy el batería de los Beach Boys”, decía) y se había enganchado a la cocaína. Son celebres las cocaine sessions, grabaciones pirata en las que Dennis invitaba a rayas y hamburguesas a Brian a cambio de que éste compusiese una canción.

47. Carl Wilson, el beach boy bueno, murió en 1998 de cáncer de cerebro y pulmones.

48. Campeones en demandas. Ningún otro grupo ha litigado más en los tribunales que los Beach Boys. Se han denunciado unos a otros tantas veces que ya nadie lleva la cuenta: Mike Love demandó a Brian por retirarle de los créditos de las canciones, Murry demandó al grupo por ningunear su contribución, Al Jardine y Mike Love litigaron hasta hace muy poco para quedarse con la explotación comercial del nombre del grupo…

49. Good Vibrations. En el ejemplar de este mes de la prestigiosa revista musical Mojo celebran el medio siglo de los Beach Boys con una relación de las cincuenta mejores canciones del grupo. Ésta es la número dos:

50. Surf’s Up. Y ésta es la número 1:

Ánxel Grove

Cuadros hiperrealistas de tumultos ‘punk’

15 mayo 2012
'Big Mosh Pit' - Dan Witz

'Big Mosh Pit' - Dan Witz

Dan Witz (Chicago – EE UU, 1957), residente en Brooklyn (Nueva York), siempre ha examinado en sus obras el lado irracional, primario y a veces perverso del ser humano con un lenguaje artístico que lleva desarrollando tres décadas. Sus tétricos trampantojos son habituales en los lugares recónditos y las autopistas de acceso a Nueva York, pero también tiene una larga trayectoria como artista plástico.

Mosh Pits es una colección de óleos hiperrealistas de gran tamaño que ilustran el mosh, el baile-ritual de los conciertos de punk y hardcore en que unos se chocan con otros, buscando la violencia rítmica del golpe y del empujón mientras suena la música. El resultado es un desenfreno colectivo del que nunca sabes bien cómo vas a salir.

'Rats' - Dan Witz

'Rats' - Dan Witz

Pinta los tumultos desde la experiencia. A finales de los años ochenta tocaba en un grupo de noise postpunk y el punto de vista de las obras corresponde con lo que él veía desde el escenario. El artista lleva más de 10 años ampliando la serie de caras en tensión, iluminación cruda y cuerpos balanceándose en la dirección de la marea humana que los arrastra.

Pero aunque el grueso de las pinturas muestran a asistentes a conciertos, Witz tiene también ejemplos con jaurías de perros, montañas de ratas y hombres trajeados abriéndose paso en la Estación Central de Nueva York en hora punta, una combinación que amplía el significado de la palabra multitud y hace pensar al espectador en las similitudes del ser humano con otros animales y en la incómoda sensación de compartir oxígeno con demasiados congéneres y no tener espacio vital suficiente para poder moverse.

Helena Celdrán

El suceso musical del año: editan las cintas perdidas de Can

14 mayo 2012
"The Lost Tapes" (Can)

"The Lost Tapes" (Can)

Entre 1968 y 1977 en la burguesa ciudad alemana de Weilerswist, veinte kilómetros al sur de Colonia y a tiro de piedra de la frontera con Holanda, la pausada vida luterana centroeuropea era quebrada por las vibraciones dionisíacas generadas por un grupo de  comedores de hongos psicoactivos y sustancias químicas de similares efectos aperturistas.

Los músicos de Can se encerraban en su estudio campestre y volaban. Dos de los fundadores del grupo, el teclista Irmin Schimdt y el guitarrista Holger Czukay, eran desertores de la música clásica, capaces de interpretar a Brahms y de reconocer que Brahms era, sobre todo, profundamente aburrido.

Del compositor Karlheinz Stockhausen, a cuyas clases académicas habían asistido ambos, aprendieron a gozar de la electrónica, el serialismo, la música espacial y el punctualismo. De la Velvet Underground admiraban la capacidad de corromper el pop con ruido controlado y feedback. De Sly Stone y James Brown tomaron la consideración del síncope como componente primario. De la música africana, la posilibilidad de alcanzar la embriaguez mística con la sola ayuda del ritmo encadenado.

Can

Can

En 1968 montaron una primera unidad de vanguardia. Se llamaban, de manera muy apropiada, Inner Space. El nombre era demasiado textual, se lo pusieron al estudio de grabación y sustituyeron el del grupo por unas siglas no menos reveladoras: CAN, de comunismo, anarquismo y nihilismo.

No era una declaración ideológica sino musical. Can practicaba la “composición instantánea” de canciones que nacían al tiempo en que eran interpretadas y mientras los músicos se comunicaban entre sí por lo que llamaban “telepatía del ritmo”. Nada amigos de explicarse, sino de ofrecer descargas epifánicas que trasladaban a  los oyentes a otros confines, Czukay fue quien más se acercó a una declaración de pretensiones: “La ineptitud es la madre de la carencia y la carencia es la abuela de las actuaciones imaginativas”. Ya ven, actitud punk a principios de los setenta.

A la comunidad se unieron otras almas en busca de elevación: primero el batería Jaki Liebezeit y el guitarrista Mikel Karoli y más tarde, el cantante, poeta y artista Malcom Mooney y, para sustituir a éste —aquejado de paranoia clínica—, el nómada japonés Damo Suzuki, que improvisaba las letras y siempre se negó con radical vehemencia a transcribirlas en papel.

El grupo grabó discos que asombraban por su libertad. La trilogía consecutiva Monster Movie (1969), Tago Mago (1971) y Ege Bamyasi (1972) los convirtió en el mejor grupo europeo de entonces (Reino Unido incluido) en la construcción de madejas improvisadas donde el funk rítmico se combinaba con el jazz libre, el ambient repetitivo que prefiguraba el trance y la psicodelia. Casi veinte años después comenzaron a ser citados como precursores por Joy Division, Talking Heads, John Lydon, Radiohead, The Fall, Sonic Youth, The Mars Volta, The Jesus and Mary Chain, The Flaming Lips… Incluso Kanye West ha sampleado a Can.

Era conocido que Can registraba casi todo lo que interpretaba en las largas sesiones de grabación de Inner Space, que a veces se prolongaban durante noches enteras. Sin embargo, la venta del estudio y su traslado de ciudad, hizo que las cintas se traspapelaran. Tras un trabajo de búsqueda de dos años, varias bobinas con 30 horas de grabación fueron encontradas en un viejo mueble archivador. El 18 de junio la discográfica Mute anuncia la edición del disco triple The Lost Tapes (Las cintas perdidas). Irmin Schmidt ha participado en la reconstrucción y nueva mezcla del material.

No se trata de una recopilación de descartes o tomas alternativas, sino de música original que no llegó a los discos por razones de espacio. Si juzgamos por lo único que se ha filtrado —los salvajes tres minutos y medio de Millionenspiel del vídeo de abajo—, estamos ante el suceso musical del año.

Ánxel Grove