Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Escritores que quemaron sus obras o al menos lo intentaron

Algunos escritores (casi todos) son pirólatras, o adoradores del fuego (ahora lo sabes). Animalillos que azuzan la chimenea prendida y que en algún momento de sus vidas quisieron ordenarle a la noche, a sus amigos o amantes, que sus obras ardieran.

Son numerosos los casos de esta adicción a la catarsis (que viene del griego y significa purificación). La palabra actúa como la morfina: pica, engancha, rinde, hiere. Después es necesario el pertinaz rito de una desintoxicación destructiva.

¡Fuego!

Podríamos llamar al fuego, sin temor a equivocarnos, el mejor lector cuando llega la noche. Es el perrito del escribiente, el gato negro que acompaña al brujo de las palabras.

Tenemos sobrados ejemplos… Personas que odiaron las letras que amaban.

Retrato de Franz Kafka. Wikimedia,

Retrato de Franz Kafka. Wikimedia.

Kafka ordenó a su albacea que quemara todos sus escritos.

Stephen King lanzo a la pira las primeras páginas de su novela Carrie.

Emily Dickinson pidió a su hermana que su legado terminara en las brasas.

Mijaíl Bulgákov tiró al fuego la primera versión de El maestro y Margarita. Lee el resto de la entrada »

‘El Reino de las Personas Pequeñas’, un polémico parque temático en China

Desde que se inaugurara en 2009, este reino desconocido en España, situado en la masa continental china, cerca del Himalaya ocupado, fuera de la Ruta de la Seda, en una zona nublada y rural que llamaremos Yunnan, parece un despropósito.

Un reino que no es tal sino un parque de atracciones. Un divertimento que cuenta con personas de baja estatura como si fueran bufones de feria. Un universo entre kitsch y enigmático, satírico y denigrante, donde estas personas pequeñas actúan como si estuvieran en la corte de un cuento de hadas extravagante.

Los habitantes del Reino de las Personas Pequeñas posan junto a su audiencia tras un espectáculo. Blorg. Wikimedia Commons.

Los habitantes del Reino de las Personas Pequeñas posan junto a su audiencia tras un espectáculo. Blorg. Wikimedia Commons.

El fotógrafo Giulio Di Sturco, de quien os hablé en una entrada anterior por su trabajo sobre la agonía del Ganges, visitó este lugar y dejó como testimonio sus fotografías.

 

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From the archive: Wu Zi Ming, 49 years old and 90 cm tall, Emperor of the Kingdom of the Little People. Kunming, China, 2014. An hour's drive east of Kunming, capital of Yunnan province, Southwest China, between gentle slopes and rolling hills, lies a place with houses in the shape of mushrooms, fireplaces and pink ladders. The Kingdom of the Little People is a theme park in which a hundred people ranging in age from 20 to 50 years and whose height cannot exceed 120 cm live and perform. Mr. Chen Mingjing, a real estate entrepreneur of Sichuan, created the park in 2009. “One day, on the train, I saw two dwarfs and I thought What a pity! What a thrill! I quickly decided that we would create a place for them.” This controversial decision triggered strong reactions from all sides. In fact, some people consider it a zoo, a grotesque parade, a return to the time when, in Renaissance courts, the dwarf was not more than an entertainment marvel. At the same time, some of the workers performing at the park said they had more negative experiences outside of it, in a country like China where, especially in rural areas, attitudes about disabled people can be very harsh. . . . #LiveforTheStory #canonitaliaspa #canonambassador #giuliodisturco #KingdomOfTheLittlePeople #littlepeople #kunming #yunnan #china #documentary

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Personas que no superan los 120 centímetros de alto luciendo atuendos de fantasía; hombres y mujeres que deambulan por las suaves colinas, en un pueblecito inventado cuyas casas de plástico son hongos con chimeneas y hay escaleras de color de rosa.

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El ‘arte de vivir’ en un campo de concentración

Esta es la historia de un psiquiatra en el lugar más enloquecido de la tierra. Es la historia de un hombre que intenta responder a la única pregunta posible: ¿puede tener sentido la vida cuando todo te fue arrebatado, desposeído de tus seres queridos, de tu trabajo, estatus y posesiones, cuando careces de dignidad y futuro, si tu vida es provisional?

Esta es la historia del arte de vivir – si se puede utilizar aquí este término filosófico cuando ya no tienes futuro. Cuando no tienes música, esperanza y abrazos. Cuando todo lo que creías que sería tu vida naufraga en el fango.

Ayer os dije que un libro es capaz de salvarnos la vida. Hoy os hablaré de uno que seguramente ha salvado miles de ellas.

Es el Hombre en busca de sentido (Herder), de Viktor Frankl.

Parece un texto de autoayuda descarnado, una poética de una lucha (casi) imposible, una carta desde la aniquilación y el desamparo que exhala su aliento íntimo y cálido sobre tu pequeño fracaso.

No encontrarás en él máximas del tipo “piensa en positivo y el éxito acudirá a tu puerta”, porque en el campo de concentración las puertas estuvieron siempre cerradas: allí el éxito era una muchachita en fuga perseguida por perros rabiosos.

 

Entrada del campo de concentración de Auschwitz, con el lema, 'el trabajo os hará libres'. Wikimedia Commons. PerSona77

Entrada del campo de concentración de Auschwitz, con el lema, ‘el trabajo os hará libres’. Wikimedia Commons. PerSona77

Frankl fue un psiquiatra célebre y uno de los pocos supervivientes de Auschwitz. Impulsó la disciplina de la Logoterapia y estaba convencido de que el ser humano, más que por una voluntad de poder, estaba guiado por una necesidad de dotar de sentido a su existencia.

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El libro que te salvará la vida

Nadie puede saber en qué momento aparecerá el libro que le salvará la vida. El libro que hará ¡boom!, el contra disparo del suicida, la bala que en vez de quitar da.

Collage de libros. David Monniaux 007 Tanuki © Jorge Royan. Wikimedia Commons.

Collage de libros. David Monniaux 007 Tanuki © Jorge Royan. Wikimedia Commons.

No podemos saber si el libro será actual- leído durante la enésima crisis- o si surgirá a través del recuerdo, como el chaleco salvavidas, un fantasma de las lecturas pasadas, frases, ideas, personajes, reflexiones, que quizás antes nos parecieron abstractas, lejanas, o incluso estúpidas.

Solo es posible afirmar que un día, tarde o temprano, lo vas a necesitar. Así que será mejor que leas, y mucho.

Los libros salvan vidas.

A diario.

Leer no es un divertimiento.

No sé quién fue el genio que quiso vendernos esta idea. Lean para divertirse. Sean felices. Pasen el rato. Qué estupidez teniendo la tele y los videojuegos, la bolsa y la pornografía.

Leer es mucho más que eso, más que un modo de actualizar la empatía. Ahora el concepto está de moda, pero no te equivoques, leer es un acto desesperado y egoísta.

No importa que sea literatura, poesía, ensayo, teatro… Leer es tu protección solar, es acero, dinamita, es tener un cuchillo afilado cuando suena el cascabel en la noche desértica.

Tiene la misma utilidad que encontrar un manual de supervivencia entre las ruinas.

Es la máscara de oxígeno que te mantiene a flote en tu vecindario marciano. Leer es la estaca en la larga noche de los vampiros. Es el camino de baldosas amarillas.

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Así brilla el corazón de nuestra galaxia desde la Tierra

“Hay algo fascinante en esta galaxia que es nuestro hogar”, escribe Adrien Mauduit, fotógrafo celeste. Hay un fondo que despierta cuando anochece y para el que no existen palabras que puedan describirlo. Yo al menos no las tengo. Así que mejor el silencio, el silencio de una nebulosa trífida, rosada y azul. El silencio de quienes abandonan las ciudades de noche. El silencio del punto más lejano y oscuro. La mudez de mirar al cielo y toparse con el incendio.

Dentro fuego

GALAXIES VOL. III : Voyage to the core – 4K from Adrien Mauduit Films on Vimeo.

Adrien Mauduit trabaja para la NASA y viaja por el mundo buscando los lugares más remotos y con mejor visibilidad para poder fotografiar y grabar el firmamento, especialmente el corazón de la Vía Láctea, el lugar superpoblado de estrellas, nebulosas, planetas, asteroides, agujeros negros, y que califica de zona de “fuego“.

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Un fotógrafo atestigua la lenta agonía del río Ganges

El fotógrafo Giulio Di Sturco sabe que el Ganges se muere. El río está enfermo, en muchos puntos parece un sonámbulo drogado con químicos, zigzaguea por meandros y ciudades como un turbio y alargado desecho.

La muerte de un río debería despertarnos una tensión opresiva, la indigestión, el sudor, el malestar del síntoma, sentir el infarto de esa arteria que nos secará, tarde o temprano, por dentro.

Coágulos.
Lento declinar de una fuente de vida.
Sal y fango tóxico.
Violadores de ríos. Hambre de niños futuros.

Pero el Ganges es más que un curso de aguas universales. Uno de cada doce habitantes del planeta vive aquí. Es la columna vertebral de La India, “su madre” continental, espíritu piadoso, la cuna histórica, el camino que acompaña a millones de personas desde las fuentes del Himalaya al delta multipoblado y amenazado de Bangladés​.

El río Ganges a su paso por Benarés. Fotografía: Wikimedia Commons. Babasteve.

El río Ganges a su paso por Benarés. Fotografía: Wikimedia Commons. Babasteve.

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La Muerte nos enseña sus vacaciones a través de su cuenta de Instagram

Si la Muerte se fuera de vacaciones, ¿qué harías?

Sin duda buscarías descargar la adrenalina, porque como habitante de la Tierra puede que estés quemado y necesites tu día de purga.

1. Desobedecer la primera norma infantil y meter los dedos en el enchufe, por ejemplo. ¡Apagón en el vecindario!
2. Tirarte desde un rascacielos vestido de pájaro y volver a repetir.
3. Atracar un banco con unas salchichas y con el dinero robado…
4. … comprarte un lamborghini para estrellarte con él a 300 k/h contra las vallas de zoo.
5. Meter la cabeza en la boca de un hipopótamo y hacerte un selfie
6. robar luego un avión y estrellarlo contra la ciudadela de Pamplona
7. para jugar después al candy-crush en mitad del encierro

Es un plan como otro cualquiera. Puedes hacer esto y mucho más. La muerte es el único límite, y esta vez se ha ido de vacaciones, ¡y qué buena vida lleva la tía!

 

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Así nos imaginaban en el siglo XIX: iríamos a la ópera subidos en coches voladores

En el pasado, los libros e ilustraciones de ciencia ficción creyeron que el siglo XXI sería un espectáculo glorioso, sugerente, lleno de sorpresas aéreas, pero hoy, 10 de octubre de 2018, los habitantes reales de aquel futuro imaginado sabemos que fracasaron en su predicción.

Los patinetes no vuelan. No hay replicantes huyendo ni coches policiales aéreos que los persigan. El hombre sigue viviendo en cuevas que llama pisos (aunque paga por ellos el coste equivalente a 20 mamuts).

Seguimos habitando en pisos, sí, y temiendo a la gran depresión.

Erramos, casi siempre, al predecir el mañana o imaginarlo. Prueba de ello es esta curiosa ilustración con tintes humorísticos.

Se titula La salida de la ópera en el año 2000.

Le Sortie de l’opéra en l’an 2000. Albert Robida.

Le Sortie de l’opéra en l’an 2000. Albert Robida.

Fue pintada a finales del siglo XIX. La Ópera de París retratada un siglo hacia adelante. Hay coches voladores, autobuses flotantes y limusinas, damiselas vestidas a lo vintage y militares decimonónicos, cabalgando sobre extraños peces eléctricos, que aún blanden su espada en busca de duelo, antes de descender hacia los restaurantes con terraza abierta a los cielos parisinos.

Es obra del artista Albert Robida, que imaginó el futuro para sus contemporáneos. Llegó incluso a soñar un aparato que bautizó como el Téléphonoscope, una pantalla que emitía noticias las 24 horas y con la que podías ejecutar videoconferencias.

Publicó una serie vanguardista en el periódico La Caricature. Entonces el futuro, recientemente iluminado por la electricidad, era brillante y simpático.

Hoy los futurólogos del futuro nos dividimos entre pesimistas y tecno-optimistas. Unos ven el cambio climático y el desierto que se nos viene encima; otros, máquinas y nanorobots que nos harán inmortales en solo 20 años.

Me gustaba más la idea de ir a la ópera volando en patinete. Era una visión naif y perfecta para mí. Nada tan aterrador como vivir eternamente, pasando mi conciencia de un disquete a otro, en un desierto infame.

La artista que realiza retratos en tres dimensiones de gatos difuntos

Wakuneco invierte muchas horas en su taller de Tokio. Tiene un sentido asiático de la perfección y el realismo. Sus retratos en tres dimensiones terminan dentro de un marco que envía luego a los clientes.

Con pulso de taxidermista, la artista realiza estos trabajos. Son retratos minuciosos, fieles, y siempre por encargo. Algunos quieren, y es una rara costumbre que parece egipcia, inmortalizar a sus gatos. Entonces le mandan una fotografía del animal difunto.

Cose, teje, pega.

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真正面と、途中経過。

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Wakuneco significa en japonés: “marco de gato” o “retrato de gato”. Los clientes que acuden a ella quieren mediante este culto recordarlos, casi una momificación hecha de tela.

 

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El día en que una elefanta saltó del tranvía volador

¡Tuffi está loca! ¡Tuffi se cree Dumbo! ¡Tuffi baila con la muerte…!

Seguramente sea uno de los intentos de suicidio más extraños de la historia animal. Cayó desde una altura considerable, pero la fortaleza propia del elefante le evitó males mayores. Puede que se tratara de una huida desesperada, como en las películas de espías o presidarios, un doble o nada, salto al agua y a ver qué ocurre.

Es imposible pensar como un elefante. Sentir como un paquidermo. Escuchar las llamadas suicidas en la demencia de sentirte atrapada en un diminuto vagón de tren.

Es paradójico querer meterse en la mente de esta elefanta inverosímil.

Solo deberían importarnos unos segundos de caída libre

Fotomontaje del salto de Tuffi.

Fotomontaje del salto de Tuffi.

Un tren aéreo, un dragón de acero, no es lugar para una elefanta; un camión o un circo, no se engañen, tampoco. Tenía motivos de peso. Unas estaciones repletas de ojos. Una trompa que expulsó quejidos flamencos. Y ese río teñido de negro.

Esta podría haber sido su esquela si el azar y un fondo de fango no la hubieran protegido:

El animal se tiró desde el ferrocarril colgante en marcha, en la ciudad alemana de Wuppertal, centro económico, industrial y cultural del Condado del Monte (Renania del Norte-Westfalia). Cayó al frío río Wupper desde una altura de más de 10 metros.

Pudo atraerla el brillo del Wupper por el recuerdo imantado de su India natal (los elefantes son seres memoriosos y los ríos se parecen en todas partes del mundo). Seguro que estaría harta de ser el monstruo de feria (también son orgullosos). Se puso nerviosa frente a los cables que parecían serpientes siniestras (lejos del paisaje ocre y del olor a especias, en la mecánica Alemania).

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