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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Viaje al Japón abisal con el fotógrafo taxista Issui Enomoto

Estoy en la ciudad Yokohama y es a través del sueño de un extraño, el recuerdo de otra persona. No sé si hace frío o calor. A veces creo que llueve. Tiene algo de nebuloso, de abisal, este paisaje marino: navego por una fotografía de Issui Enomoto

©Issui Enamoto

©Issui Enamoto

En la pantalla del ordenador aparecen estos retratos publicados en su página web. Nado hacia las fosas del Japón nocturno que captura. Él ha dejado escrito que no es una ciudad, sino un océano fotográfico. Él entiende la ciudad como un mar compuesto de ilimitados componentes que son sacudidos frente a su vista por la presión de las olas.

El taxi opera de submarino, sus ojos son el batiscafo, dispara con su cámara arpones de luz. Captura momentos de la ciudad acuática. Miles de kilómetros nos separan, pero nos acompaña la noche, la noche en la que él bucea como taxista. Intuyo las luces de neón y los semáforos tintineantes de una Yokohama marina, abisal, profunda…

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Los sueños flotantes de Miyazaki

Dos elementos describen el universo cinematográfico de Hayao Miyazaki: su amor por la humanidad y las alturas. Dos video-ensayos traigo a colación, colgados en la Red por sus autores, lugar que le brinda constantes homenajes.

Uno lleva el título de Miyazaki Dreams of Flying, una oda a su pasión por los cielos, de Zach Prewitt; el segundo es Hayao Miyazaki. La esencia de humanidad, de Lewis Bond, una pieza sobre los valores de su cine. Están en inglés, pero las imágenes del autor japonés superan el lenguaje.

En casi todas sus películas (El viaje de Chihiro, El castillo ambulante, El viento se levanta, Porco Rosso…) aparecen vuelos, escenas de aviación, ingenieros, piratas, máquinas gigantes, o dragones que hacen del firmamento su terreno de juegos. Acaban enfrentados monstruos industriales frente a pequeños aeroplanos o magos.

Su padre fue el director de Miyazaki Airplane, compañía que construyó timones para los aviones de combate Mitsubishi A6M Zero durante la Segunda Guerra Mundial. Miyazaki sintió desde pequeño la fascinación por los aeroplanos militares a pesar de ser pacifista. Sueños malditos de ingeniero que supo convertir en poesía animada dentro de su contradicción vital. Denota en sus películas la búsqueda de una humanidad enfrentada que necesita de un modo u otro conquistar los cielos

Miyazaki Dreams of Flying – Video Essay from Plot Point Productions on Vimeo.

 

Canódromo Abandonado no hace humor, pero nadie sabe bien qué es lo que hacen

Se describen sin apetito comercial, cual ladrido contra la lógica: “Damos vídeos que no tenemos a la gente que no los quiere”. Son Canódromo Abandonado y juntos forman un colectivo artístico de tres mentes luciérnaga (Lorena Iglesias, Julián Génisson y Aaron Rux). En caso de que tuvieran un objetivo vital éste sería el de expulsar vídeos a la nebulosa de Internet movidos por la extraña manía del ser y querer extraterrestre.

Ciertos exégetas los etiquetan dentro del movimiento post-humor, título que soy incapaz de compartir porque no significa nada para mí (¿qué habrá después del post-humor? ¿cuánto post se necesita para llegar a algo sólido?); humor abandonado será, humor de perros sin un bozal que los obligue a decorar su slogan, píldoras de filosofía errática, extraña, un poderoso eco surreal en el canódromo videográfico que se esconde en la periferia del youtube, en la zona de penumbra, allí abajo, a una profundidad de 13 clicks, donde se oculta la inteligencia: ese virus perverso que un día venceremos.

Otros usan el calificativo de humor claustrofóbico. Yo creo, en cambio, que es arte. Cierto encanto por el surrealismo y la cultura pop. Cada vídeo, te guste o no, estimula alguna glándula que no sabías que existía en tu cuerpo. Como una flora intestinal de ideas bacteria que intentan devorarte, como las odas de los ácaros a las magníficas bolas de pelo. Algo así. Me cuesta definir sus vídeos. A cada intento, aparecen cosas absurdas que flotan por mi mente cual niños ahogados en una charca, y sufro entonces un cálido delirio invernal… Como si todos los despertadores del mundo sonaran a la vez y no hubiera nadie que pudiera apagarlos. Algo así.

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Acciones callejeras para concienciar sobre la destrucción del aceite de palma

Volaron a la Isla de Sumatra (Indonesia) y tuvieron que trabajar en secreto. Fueron sombras dejando su huella entre cultivos, solares y carreteras. Con su arte querían que fijáramos la mirada allí donde se destruye el bosque primario, el hogar de miles de especies, una tierra en llamas. “¡Tala y quema!”, es el grito que asusta a los pájaros que alzan el vuelo sobre nubes negras.

Eran artistas callejeros reconocidos, y habían sido invitados por el artista lituano Ernest Zacharevic. La misión consistía en crear una obra de arte que denunciara el ecocidio que producen las malas prácticas del cultivo de aceite de palma en Indonesia. Los preparativos se llevaron en secreto para evitar presiones. El proyecto se llamaría Splash and Burn, juego de palabras derivado de un lema, slash-and-burn, tala y quema, método que usan los agricultores para liberar la selva.

Cada artista debería donar su obra a la causa: una campaña de arte público que llegara a muchos de los terrícolas que hemos decidido vivir como invidentes dentro de una gigantesca bolsa de plástico, ajenos a la necesidad de aire puro: aire que proviene de los bosques que ahora arden, oxígeno que compartimos con el resto de animales que huyen despavoridos, buscando a su madre sin saber que la leche de los muertos no alimenta.

El arte convertido en un arma poética que denunciara el cultivo de esta planta africana, la elaeis guineensis, que ha ido colonizando el Sudeste Asiático. Gracias a la grasa vegetal que de ella se extrae, nuestros alimentos y cosméticos resultan más económicos, duraderos o sabrosos. Pero el precio que pagamos es altísimo.

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54 horas para iluminarse con un mandala

This is by far my favourite colour chart 🙂 Blue and Gold. ✌🏼#murderandrose #mandala #art

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La artista es yemení y se llama Asmahan Rose Mosleh y vive en Reino Unido. Sus mandalas son pequeñas maravillas hechas con paciencia y pintura acrílica. Entre 8 y 54 horas invierte en cada dibujo. 

Estos trazos y pigmentos parece que despiertan a un abstracto pavo real. La pintura es como un ritual de apareamiento, llama a tus ojos el símbolo que despliega una ilusión geométrica. Estás sometido al espacio concéntrico, perdido en el plumaje que es un círculo de círculos, sabes que las líneas esconden su secreto en las regiones internas.

It's always these little ones that take the longest to complete.

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El mandala- término que proviene del sánscrito– es conocido por su linaje budista e hinduista, aunque su devoción abarca otras prácticas espirituales y podemos encontrarlo en representaciones de piedra en América o en las catedrales cristianas y las mezquitas árabes (como en el alucinante templo de Isfahán, Irán). Formas complejas, de composición usualmente circular, arabescos extensivos que representan las fuerzas que regulan el universo y que sirven de apoyo en la meditación o el rezo.

LOST FOR WORDS!! One day! i'A 🇮🇷 #esfahan // Photo by @kozx

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Un mandala suele ser un microcosmos que nos guía por el macrocosmos, un símbolo que acoge un significado oculto por desvelar. Decía el filósofo e historiador de las religiones, Mircea Eliade, que el mandala es “a la vez una imagen del universo y una teofanía (manifestación de dios)”, un centro para los iniciados que deciden quemar su ignorancia, un apoyo en la concentración.

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Nazis paseándose por Nueva York

Marshall Curry ha sido nonimado dos veces a los Oscar y firma esta pieza que se titula a A night at the Garden, emitida por la plataforma Field of Vision.

El corto documental usa metraje de archivo y recupera un suceso olvidado por la mayoría de estadounidenses: cuando los nazis se paseaban con marcial simpatía por las calles de Nueva York, una estampa para la estupefacción, escenografía hitleriana que se perdió en el tiempo, con actores secundarios borrados del recuerdo, demasiado molestos con sus brazos alzados. Esta es la historia de cuando Hitler era un tío cool en los Estados Unidos.

Ocurrió en 1939, en un encuentro llamado Pro American Rally. La misión de los amigos del Reich era la de convencer a las masas americanas de las bondades políticas de una supuesta raza superior que acabaría en su delirio de nibelungo por destruir Europa, exterminando a millones de judíos, homosexuales, gitanos, comunistas, disidentes, críticos, seres humanos inocentes, y todo a ritmo de Wagner y de tubas ensalzando un trastorno freudiano.

20.000 americanos acudieron a esta llamada racista en el Madison Square Garden. Escucharon las proclamas antisemitas. Sintieron el poder del dios primitivo en la movilización popular. En principio el director quiso hacer un documental de corte tradicional, narrado con voz en off, pero en seguida se dio cuenta de la potencia de un mensaje sin más adorno que los hechos: imágenes de George Washington y la bandera de los EEUU unidos a esvásticas, sorprendiendo al moderno espectador. Un insulto a la memoria de Indiana Jones.

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La fascinación del ilustrador Daniel Danger por las casas encantadas

Creo que el ilustrador Daniel Danger compartiría habitación, y no sin gusto, con el fantasma del novelista de terror H.P. Lovecraft, donde podrían jugar a los exorcismos de su dios cefalópodo Cthulhu. Estoy seguro de que Danger se correría una buena juerga con Edgar Allan Poe en una mansión que apestara a decadencia y suciedad espiritual. Lo pasarían de cine B pintando cuervos y gatos negros.

Hi, here's my best selling print.

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Danger hace ilustraciones que recrean la casa encantada con siniestro detallismo, el espacio gótico por excelencia: casas perfectas para sentir el frío aliento en la nuca, mansiones cuyas paredes parecen rasgadas por la uña rota de un enterrado vivo, sombras expectantes que aguardan en las escaleras hacia el dormitorio de los niños, sótanos en los que reverberan bestias inmundas.

Es oriundo del patíbulo por excelencia de las brujas de Norteamérica: Nueva Inglaterra. Providence, la ciudad que forjó las pesadillas lovecraftianas está en esa misma región. A vuelo de cuervo topamos con Boston, capital que alumbró a Poe, y en la frontera, Baltimore, donde murió el genio gótico puede que emborrachado hasta el colapso por unos truhanes que querían persuadirle de que votara a un candidato político; antes de que los hackers manipularan elecciones se utilizaba a los alcohólicos.

Así que Danger es un hijo de la misma brujería que sus predecesores: un amante obsesivo de las casas derrumbadas por el virus de la expansión urbana, vagabundo por puentes ferroviarios adormecidos, murciélago que revolotea sobre ramas que lo engullen todo, amigo de fantasmas y fobias antiguas. Fascinado, como todos, con la casa que levita en la última calle del vecindario. Dirige además Tiny Media Empire, un estudio de diseño gráfico en Boston, enfocado a serigrafías de bellas artes y carteles oficiales limitados para películas y bandas de música. Vende sus obras en Internet. Aquí tenéis sus cementerios…

WHAT EVEN IS SLEEP ANYMORE ?

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Los juguetes del futuro traspasan la pantalla

Hoy sueño con ovejas eléctricas que parecen excitadas y balan conceptos que creía lejanos, y que debo incluir en el moderno vocabulario, cosas como “realidad aumentada, mezclada, algorítmica, juguetes cibernéticos, niños transhumanos, alucinaciones virtuales…”

Son conceptos erráticos, nunca más futuristas, sin embargo, que sobrevuelan mi cabeza después de ver las posibilidades del juego Koski en este vídeo promocional. Lo está desarrollando Václav Mlynář, graduado del Royal College Art de Londres, en el Studio Deform. Une el clásico tablero con una dimensión digital a través de una pantalla que ofrece contenidos virtuales como en el sueño infantil de un ciborg.

Los jugadores (niños, en el pasado) usan un iPad a modo de dimensión mágica que interactúa con las piezas de madera sólida. El juego, basado en retos, consiste en levantar bloques físicos a través de los cuales un personaje corretea, escala o salta dentro del moderno espejo de Alicia: tras el cristal está la frontera en la que aparecen esos seres, árboles y cascadas digitales superpuestos a la dimensión física que se refleja. Usando la realidad aumentada y los sistemas de reconocimiento de objetos, estos serán los juegos del mañana.

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La viajera agorafóbica que pudo fotografiar el horizonte

Debo confesarle, doctor, que tengo alma viajera, una curiosidad innata. Dotado de instinto marinero, tobillos de pirata, culo inquieto, GPS en el lóbulo parietal, cualidades que suplican que me lance al mundo. Tengo un imán para la maravilla lejana.

Quise de niño imitar a los grandes: ser Lawrence de Arabia y recorrer los desiertos y comer camello; o Ibn Batuta y bañarme en el mar africano, bailar entre jirafas; ser Marco Polo y, vestido de seda, perderme en el palacio del emperador de Oriente…

Yo, un trotamundos visceral, amante natural del viaje, sufro, sin embargo, una enfermedad anímica que ustedes los médicos llaman agorafobia. Miedo al afuera, angustia de mezclarse con la gente o hacer cola. Entonces, por la acción de un dolor metafísico, un rayo paralizante, la sencilla visita al supermercado acaba convertida en un pasaje al infierno: el averno, decimos en el grupo de ayuda, es un espacio abierto, territorio sin muros, límites o aristas, sin posibilidad de refugio, un desierto sin fin, la deforestación del espíritu.

Este es un dolor que te aleja del horizonte como quien huye de las serpientes. Un síndrome que te inhabilita para todo viaje o recorrido cotidiano, mal que te recluye en la leprosería del espacio íntimo. Un viajero agorafóbico. ¿Qué sentido tiene? ¿Por qué la naturaleza crea estas paradojas que parecen ficción? ¿Tengo cura, doctor?

Y el doctor respondió: Observe la obra de Jacqui Kenny, inspírese…

Esta fotógrafa padece el mismo síndrome que usted: es agorafóbica y nunca ha usado una cámara en la calle que la incapacita. Si estuviera en el exterior de esa barriada de Senegal que observamos en la foto que hizo buscaría desesperada el punto de fuga que la devolviera al espacio cerrado que acune su ansiedad. Pero este problema no le ha impedido recorrer el mundo y fotografiar sus paisajes abiertos: pueblos perdidos de la Mongolia interior, canes ladrando en un desierto de sal, niños jugando entre icebergs, rusos paseando frente a unos bloques de cemento que llaman hogar… Ha dominado el tormentoso horizonte gracias al ingenio.

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Fotografiarse sobre 500 bombas de Hiroshima

Digamos que es un desastre con atractivo: la posibilidad de visitar una ciudad modelo soviética capturada en el tiempo, encerrada en una burbuja militar, intocable porque continúa apestada de restos de radiación en la zona de exclusión. La cercanía del bosque rojo, cuyo nombre te recuerda a los colores primarios de la muerte.

Es la atracción por la fatalidad comprimida en un tag geográfico: #pripyat, la ciudad fantasma desde 1986. En Instagram exaltan los fotógrafos el concepto de “meca de la exploración urbana”. Etiquetan de este modo a Chernóbil​, un pequeño apocalipsis al alcance de los exploradores por un puñado de grivnas (la moneda de Ucrania).

Donde debería existir un extenso museo – aún hoy imposible por las marcas mortales de la explosión- hay turoperadores que cruzan a diario la barrera militar para mostrarles a los turistas cómo es Pripyat, la ciudad dormida entre las sábanas negras de un reactor incendiado, emblema del comunismo hoy rendido ante las masas arbóreas, los animales vagabundos y el silencio radioactivo. Ofrecen un día emocionante. La posibilidad de unas fotos únicas.

“Toque lo intacto. Sienta lo desconocido. Vea lo salvaje”.

Pripyat se ha convertido en el emblema de las fotografías de territorios abandonados, una moda, disciplina o pasión, que lleva a miles de personas a adentrarse en espacios olvidados, derruidos o prohibidos, con el objetivo de conseguir imágenes impactantes, poéticas, odas a la fragilidad de la prepotencia humana.

Exploring the exclusion zone of Chernobyl and its ghost town Pripyat. #flynordica

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