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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Archivo de la categoría ‘Obsesiones’

Pequeña enciclopedia de las voces perdidas

Abandonados. Ya nadie vive en ellos, pero los lugares que dejamos atrás guardan algo de los ausentes. Hay restos de sus moradores impregnados en las paredes. Porque las almas sudan y dejan huella.

Fieles a su decadencia, los fotografiamos.

Lugar abandonado. Por Russss. Creative Commons. Wikimedia

Fortalezas Maunsell. Red Sand Towers. Lugar abandonado. Por Russss. Creative Commons. Wikimedia Commos.

Nos gusta pensar que estos lugares contienen una parte de sus antiguos habitantes. No hablo de fantasmas, sino de residuos, restos ínfimos de nosotros mismos, materia invisible agarrada como una garrapata en las venas del pasado.

 

He querido visitar algunas de las miles de fotografías que se extienden en la Red. Los cazadores de estos lugares, como en cualquier otra disciplina, tienen sus reglas y deontología. Los sitios que retratan pueden ser distinguidos por categorías que terminarán creando con el paso del tiempo una pequeña enciclopedia de voces perdidas. Me interesan estos susurros. Traduzco lo que creo escuchar. Lee el resto de la entrada »

Reivindicación de la bruja

Si en el anterior post me preguntaba por el gran inquisidor, ese camaleón que a veces nos habita por dentro, hoy lo haré con su antagonista, la bruja.

Al visitar una cueva de los conocidos aquelarres asistimos a lugares que son el recuerdo de un genocidio de estado contra las mujeres. Esta es la tesis que sostiene la escritora Silvia Federici, autora de Calibán y la bruja (publicado por Traficantes de Sueños), quien lanzó un manifiesto para recuperar la memoria de las brujas.

A continuación un extracto de su reivindicación.

Hoy proponemos una campaña para promover el reconocimiento de la historia de las miles de mujeres que en muchas partes del mundo, en Europa, en España, fueron torturadas y asesinadas de las formas más atroces acusadas de ser brujas.

Como parte de esta campaña, pedimos que en los lugares de España donde hubo persecuciones de este tipo y hay espacios dedicados a su memoria, estos tengan como objetivo el recuerdo de estos hechos y no el lucro, en especial, con la venta de objetos y muñecas que reproducen la imagen monstruosa que los perseguidores crearon de estas mujeres.

La imagen monstruosa de unas mujeres que en realidad fueron torturadas y asesinadas bajo la delirante acusación de herejía.

Han pasado los siglos, es cierto. Nos cae lejos el episodio. La memoria se debilita como en un alzheimer selectivo. Por otro lado, algunos hombres siguen asesinando mujeres en nombre de otras cosas, aunque quizás en su fondo sean parecidas: no adaptarse a un credo social, a una idea restrictiva del mundo, una herejía moderna.

La violencia continúa. Y en ciertas regiones del globo, como en África, mueren hoy por la antigua razón: por brujería, por sus hechizos, por sus pactos con el mal. La imagen característica de esta mujer, vieja u horrible, o sensual y peligrosa, ha pervivido, es un retrato degradado que fue usado para deshumanizar al enemigo en esa guerra, y que según Federici terminaron siendo como objetivo las mujeres en su conjunto. Si atendemos a la historia del arte podemos comprobar esta representación. Creo que fue Goya quien tuvo un mayor éxito retratándolas.

Dos viejos cominedo sopa. Goya. Wikimedia Commons.

Dos viejos comiendo o La Bruja comiendo con la Muerte. Goya. Wikimedia Commons.

Las brujas de Goya son seres abyectos, maléficos, fuentes de mal, tienen los rasgos del primitivismo atávico, una violencia inhumana. Delirantes, embrutecidas, alimañas de boca caída, casi bestias que transitan en la oscuridad de los prados, en los límites de la civilización. Difieren bastante del brujo que, aunque también perverso, suele ser un símbolo de poder, tiene el carácter reverencial de sus orígenes en la tribu.

Las brujas son casi siempre mezquinas, bajas y rencorosas. Pervierten la pureza de otras mujeres y de algunos hombres. Matan niños. El genio de Goya quiere asustarnos, como buen artista explota las fobias en estas fantásticas pinturas negras. Refleja a la perfección un ideario común y la transmisión arquetípica en el folclore. Hablan de nuestra psique y de sus temores profundos.

¿Pero qué sabemos en realidad de las brujas? ¿Por qué fueron perseguidas? ¿Cuál era el temor hacia ellas?

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Querido Torquemada 3.0

En el espejo aparece esta imagen.

Fray Tomás de Torquemada. Wikimedia.

Fray Tomás de Torquemada. Wikimedia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es el retrato del ilustre Gran Inquisidor, fray Tomás de Torquemada, un dominico que es símbolo perpetuo de la Inquisición. No es una obra de arte, pero explica bien el personaje: rasgos duros, mente obtusa, peinado extremo, cruz justificante.

Me golpea su leyenda negra, los actos que dicen que cometió, cómo condenó y quemó a los conversos, el modo en que asesinó a brujas y herejes. Armado con la maza de la ley levantó una fe monolítica de espinas y cruces puñal al servicio de los reyes, grave cual losa de una fosa común– solo él tenía la razón y la impuso sobre el coste de miles de vidas que hoy consideramos inocentes.

He leído que lanzó a España, que hasta entonces la escribíamos en plural –las Españas– a las tinieblas de las que tanto le cuesta recuperarse: habitamos desde aquellos días en una especie de cripta ideológica, siempre contrariada, enfrentada, vehemente, dispuesta al juicio del que grita “¡traidor!” -dicen los parapsicólogos que si prestas la suficiente atención todavía hoy puedes oír a alguien, puede que sea un poeta, un filósofo o un pensador, aullar en la tumba de Franco, y golpea, clama por su liberación desde el interior de la fosa, reverbera su auxilio en la cripta. Fue como un pesticida moral que solo permitía la supervivencia a una clase de hombre y mujer: la consagración del pensamiento uniforme y el cabreo eterno.

No nos gusta este Torquemada en el reino del pluralismo político. Es cierto, al menos en apariencia. Ahí está el enigma que esconde el retrato que veo en el espejo. Como en el cuadro de Dorian Gray, enseña un reflejo perverso.

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La Bestia o la maldición del lobo hombre

De entre todas las criaturas que nos pueden aterrar en la noche oscura dejadme rescatar al licántropo. Es el hombre lobo, esa metáfora del monstruo oculto bajo la niebla epidérmica. La bestia inesperada que aparece y exige sangre inocente, incapaz de contener su frustración o rabia: antes un ciudadano modélico, un vecino más, ahora un padre de familia que no duda en devorarnos, eclipsada su mirada por un turbión de mil aullidos.

La Bestia. © Swen Renault

La Bestia. © Swen Renault

Hoy, caídos bajo el influjo de los zombis que triunfan en la cultura capitalista- parece éste el único terror que nos conmueve, la posibilidad de morir devorados por una manada de estúpidos consumidores de grasas transgénicas-, hemos olvidado a la bestia que nos habita.

Malmetemos los mitos y su enseñanza ancestral. Convertimos a los vampiros en músculos atractivos, son novios y novias de perfecta adolescencia. Hacemos de los fantasmas y de la posesión demoníaca sonoros parques de atracciones. Pero olvidamos en este camino a la alimaña que nunca será doméstica o bien digerida por Hollywood.

El licántropo es un monstruo territorial, suele cazar en espacios conocidos, a gente cercana, y ésta es la maldición: tras el crimen, despierta inocente, desnudo, cubierto por la sangre de su esposa e hijos. Entonces pide perdón, culpa a la luna, a la mala suerte.

A veces va tan cargado de alcohol que no necesita luna llena.

La Bestia. ©Swen Renault.

La Bestia. ©Swen Renault.

La Bestia. © Swen Renault

La Bestia. © Swen Renault

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Utopía

Among the Sierra Nevada, California, 1868. Albert Bierstadt. Wikimedia Commons.

Among the Sierra Nevada, California, 1868. Albert Bierstadt. Wikimedia Commons.

El cuadro lo firmó Albert Bierstadt, pero yo lo llamaré utopía. En 1868 capturó este horizonte de cordilleras salvajes en el que no sabemos si empieza o termina la noche. Es solo la estampa de un sol naciente o moribundo, inclinado sobre las aguas recién nacidas; allí los animales mojan sus patas, y los bosques, como silenciosos espectadores de esta maravilla, se sienten sagrados.

Dejadme llamarlo utopía.

Bierstadt fue el gran retratista de las tierras aborígenes del Salvaje Oeste, antes de que el ferrocarril importara la plaga. El cuadro corresponde a Sierra Nevada, estado de California, hoy una antorcha encendida por unos incendios que no aspiran a retroceder. Entonces los hombres eran primitivos, los humanos una minoría. Paradójicamente Bierstadt colaboró con la destrucción de estos paisajes por sus labores de topógrafo explorador. Había retratado los grandes territorios aún no conquistados. Murió solo y olvidado, quizás soñando en su utopía perdida.

Las utopías suelen ser lugares lejanos, espacios que pensamos futuros, decimos que inalcanzables. La utopía es el lugar al que se aspira a ir, donde nos gustaría vivir. Y cuando yo miro a ese futuro lejano en el que querría morir veo un cuadro de Bierstadt.

Quiero verlo, acudir a él como un elefante camina hacia su frondoso cementerio:

Veo que en este futuro la naturaleza, como en el lienzo, mantiene su cíclico retorno. Veo en este cuadro que llamo utopía el símbolo de nuestra continuidad: la supervivencia de este paisaje significa que el porvenir de los hijos está garantizado. Lo siento como un baile perfecto, orgánico, como la lluvia suave o la brisa fresca en verano, mi esperanza tiene aquí el aliento del musgo. No veo la tecnología en este cuadro porque ahora es invisible, y está al servicio del paisaje y no en contra. Si éste pervive, entiendo que supimos corregir los errores, unir esfuerzos y lazos como si fuéramos un inteligente micelio, y sé que tuvimos que hacerlo en el último minuto… Me entusiasmo porque hemos respondido juntos a esta debacle que empezó en el día negro en que decidimos comportarnos como una plaga que viaja en ferrocarril, que mata indios, quema bosques, extermina bisontes, y que deja a sus coloridos nietos -blancos, negros, amarillos, marrones- sin sustento, en una condición muy precaria, con todos los recursos esquilmados. Veo que hemos vencido a esa cultura suicida del ahora mismo. Comprendimos el verdadero sentido de la palabra hogar al identificarlo con este paisaje. Veo que en ese mundo lejano que llamo futuro somos por fin justos, razonables, equilibrados, cooperativos, sensibles, conectados, responsables. Somos los habitantes del jardín y no la plaga, y lo sentimos en carne viva, vertimos en él nuestro instinto de pertenencia: el río es la arteria; el árbol, el alveolo; el mar, la sangre; el amanecer, la córnea húmeda… Somos los que podremos volver a pintar un cuadro de Bierstadt.

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Caravaggio sabía que Cupido es un criminal

El maestro convirtió a mendigos en santos, a prostitutas en vírgenes, fueron sus modelos. Tenía el pulso de un yihadista si retrataba decapitaciones. Violento y navajero, dormía con un puñal siempre a mano. A Caravaggio no se le conoce amor alguno.

Un día, sin embargo, pintó a este Cupido somnoliento, cansando, puede que borracho. Este sería el mayor de sus crímenes

'Cupido durmiendo", 1608, por Caravaggio (1571-1610). Wikimedia Commons.

‘Cupido durmiendo’, 1608, por Caravaggio (1571-1610). Wikimedia Commons.

Cupido es dios y símbolo del enamoramiento, del deseo. Está borracho porque unos cuadros antes, el autor, maestro del Barroco, señor del claroscuro, había retratado, en las habituales tinieblas, a Baco, mecenas de la borrachera perpetua- ¡te adoramos!- y amante de la guapa Venus, madre de este angelillo dormido.

Autorretrato de Caravaggio en "Baco enfermo". 1593-1594. Wikimedia Commons.

Autorretrato de Caravaggio en “Baco enfermo”. 1593-1594. Wikimedia Commons.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El lienzo de Caravaggio es una amenaza porque aparece un Cupido caído. El autor busca inquietarnos con esta pregunta: ¿qué sería del mundo sin sus flechas? Por ahora solo sabemos que el amor ha sucumbido bajo las sombras. Cupido está rendido, rodeado de pesadillas… y en su ausencia, ¿en qué ocuparán el tiempo los enamorados?

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La Verdad es una tía desnuda y está cabreada

Yo una vez me enrollé con la Verdad, fue un amor corto, es cierto, pero pasional, diría que sadomaso. La Verdad es una domina que suele ir armada con un látigo, y que sale de un pozo profundo, como sugería Demócrito, que la amó antes que yo.

“Si así es, nunca encontraremos la verdad, pues se halla en el fondo de un pozo”, dijo.

La verdad saliendo del pozo (La Vérité sortant du puits), de Jean Léon Gerome 1896. Wikimedia Commons

La verdad saliendo del pozo (La Vérité sortant du puits), de Jean Léon Gerome 1896. Wikimedia Commons

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero a veces, solo a veces, ella, muy digna, sale del foso para castigar a la humanidad, como en el cuadro que el academicista Jean-Léon Gerome pintó en 1896. La verdad se te aparece desnuda –nada tiene que esconder- y empieza a pegarte. Te quedas gélido, alucinado. Pero es así el amor con ella si no respondes a sus llamadas o Whatsapps.

Supongo que lo hizo porque era periodista, y me dijo que eso le parecía sexy. “Vamos esclavo, ponte a escribir…” Se supone que los periodistas y políticos deberíamos estar entre sus primeros amantes, que somos mansos con ella. Es mentira, claro, en realidad muchas veces nos comportamos como unos patanes, tenemos alma de coyote: viene la jovencita dinero, o la casquivana envidia, o la exuberante avaricia, y empieza a acariciarte con sus labios de botox el ego, la neurosis o la autoestima -tenemos muchas zonas erógenas-, y entonces la Verdad te parece -así es el arte de este encantamiento- vieja, pasada, flácida, como una gracia caída en desgracia. La insultas: la llamas post, prefijo que significa “después de”, o simplemente, “después” (y esto es peor que decirle vieja). La Verdad tiene otro canon de belleza que no se ajusta al actual; aunque no tengo claro si hubo un tiempo en que la pobre estuviera de moda.

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Esta fotógrafa lleva 16 años persiguiendo supuestos espíritus

Shannon Taggart es una adicta al ectoplasma, la materia viva de los muertos, esencia que dicen que supura en las sesiones de los médiums cuando estos contactan con los espíritus. Busca su reflejo en cada fotografía, como un cruzado al Santo Grial.

Un día su cámara empezó a mostrarle cosas, accidentes del revelado que parecían transmitirle un misterio específico. Esas manchas, luces, sombras, presencias, que aparecían en sus fotografías, eran un dolor invocado, el azaroso reflejo de una pérdida allí capturada (puede que sea mi marido muerto, mi esposa fallecida, mi prima ausente, le decían), la definición perfecta de un fantasma: mancha, dolor y pérdida, qué habrá más tenebroso…

Medium Sylvia Howarth enters a trance, Reeth, England 2013. #medium #trance #séancebook

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Shannon se crió en la América profunda, y allí la corriente religiosa del espiritualismo asegura que es posible contactar con los muertos, tener cerca a tus seres queridos. Tuvo su primera experiencia siendo adolescente. Entonces su prima le aseguró que una médium guardaba el mensaje de su abuela fallecida. En 2001 empezó a fotografiar el pueblo en el que se había recibido este supuesto mensaje: Lily Dale, aldea cercana a Pomfret (Nueva York), y que está considerada la meca del espiritualismo en Norteamérica. Empezó a creer, o tal vez a sugestionarse como el resto.

Ha pasado 16 años persiguiendo fantasmas, espíritus, seres del más allá, rastros de ese esquivo ectoplasma que nadie ha conseguido capturar, comunicaciones con la ultratumba. Más de una década documentando rituales espiritistas en los Estados Unidos, Reino Unido y Europa. Testigo de los supuestos mensajes de los muertos. Sintiendo, dice, una energía especial.

El juego de lentes y luces, y eso que llaman la serendipia– que podemos transcribir como la casualidad o hallazgo afortunado– hacen el resto. Ella es en realidad continuadora de una vieja tradición que surgió en los inicios de la fotografía: parece que a los fantasmas les gustan tanto los retratos como a los adolescentes los selfies.

Spirit photograph with spirit extra of Gustave Geley, William Hope, 1924 #spiritphotography #spritualism #séancebook

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La imaginación salvaje de las paradas de bus soviéticas

Hay rincones donde el espacio cotidiano se convierte en una orgía arquitectónica, las formas son dominadas por una imaginación portentosa y desacomplejada, donde una parada de autobús acaba siendo, por ejemplo, una suerte de ovni, escultura sin código, un sueño estrambótico, la deformación alegórica en mitad de la nada, el huevo creativo que eclosiona en la estepa olvidada, a medio camino entre el brutalismo y la fantasía personal. Esto es lo que ocurrió en la antigua Unión Soviética.

SARANSK, Russia. Homage to local lightbulb factory. #sovietbusstops Vol.2 @fuelpublishing .

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Las paradas de autobús de ese territorio, bautizadas como “pabellones del bus”, son eso: edificios alzados como arquitecturas inverosímiles. Último reducto de la originalidad en un mundo excesivamente centralizado. Pura extrañeza. Llamaradas en la visión del recién llegado que no sabe responder si son feas o hermosas, genialidades o bazofias.

Anapa, Russia. #sovietbusstops Vol. 2. Now available from Fuel-design.com, Amazon and fine bookstores everywhere.

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A todo viajero que se precie le gustaría esperar al autobús en una de estas paradas. Perder cuantos vehículos fuera necesario. Su belleza reside en lo inusual. Y lo inusual es el enemigo a derribar en este proceso de copia globalizadora que hemos tomado.

Kamenka Каменка, Russia. #sovietbusstops Volume 2, PAGE 93. Available on Amazon and from Fuel-design.com

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El fotógrafo Christopher Herwig ya va por el segundo volumen de su libro Soviet Bus Stops (publicado en septiembre, en Amazon). Ha recorrido 30.000 kilómetros y viajado por 14 países del extinto imperio soviético (Tayikistán, Georgia, Bielorrusia, Lituania, Abjasia, etc.). Ha utilizado todo tipo de transportes: bicicletas, motos, coches, tranvías, y, naturalmente, el autobús. Esta obra encarna su necesario arte de mirar allí donde los panfletos turísticos nos dicen que no hay nada.

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Rocaterrania, el estado más secreto del mundo

Durante muchos años los vecinos de Raleigh, en los Estados Unidos, observaban con suspicacia las hábitos de Renaldo Kuhler: supuestamente, aquel chaleco sin mangas, a juego con los pantalones cortos ajustados por las rodillas, eran el uniforme del Servicio Nacional del Trabajo de un país desconocido.

Nadie sospechó que aquel atuendo representaba en realidad un portal hacia otro mundo.

Rocaterrania es un país que tiene museos, escuelas, policías, ejército, calles peatonales, tranvías, night clubes, casinos, fábricas, casitas adosadas, centenares de habitantes y unas fronteras que delimitan al sur con el Estado de Nueva York, y al norte con la frontera de Canadá.

Está poblado por inmigrantes de la Europa del Este que en las décadas de los 30 y 40 salieron de Nueva York para fundar una nación a orillas de un río, en las tierras rocosas. Eran personas que decían no entender para qué servía la democracia. Deseaban levantar su pequeña Europa en América.

Con los años acabaron desarrollando un idioma propio, el rocaterranski (que comparte familia lingüística con el eslavo y el germano, y que tiene una gramática basada en un español corrupto). Solo los diplomáticos de Rocaterrania están obligados a hablar en inglés para poder tratar con los vecinos Estados Unidos.

Las fronteras con este país están cerradas exceptuando algunos puntos, motivo por el que quizás Rocaterrania sea pobre.

Hay hombres, mujeres y neutants (una raza andrógina), y su capital, Ciudad Eldorado, está considerada como el diminuto París de América. Este núcleo cosmopolita es reconocido por su arquitectura ecléctica – destacan las iglesias de libre inspiración ortodoxa- y por sus dinámicos ciudadanos a los que les gusta, como a Renaldo, lucir trajes originales, de inspiración decimonónica o victoriana.

Por su origen fundacional, la bandera de esta nación se parece a la de los Estados Unidos, solo que en vez de presentar las estrellas de la unión muestra la incógnita de una X.

Rocaterrania alberga estas cosas y muchas más, pero jamás podrás obtener un visado, pues tienes prohibida la entrada física en este territorio ficticio. Es un mundo privado, uno de los muchos que cohabitan en la Tierra- ¿cuántos habrá?-, universos completos imaginados por personas durante su vida, y que los han nutrido de personajes, lenguajes, vidas, tramas, e historia propia. Un pequeño estado soñado durante más de sesenta años por el artista visionario Renaldo Kuhler, ilustrador científico autodidacta que trabajó durante décadas para el Museo de Ciencias Naturales de Carolina del Norte.

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