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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Archivo de la categoría ‘Obsesiones’

Sexo con dinosaurios: ¿perversión o nuevo género literario?

Si pretendes describir la mente humana aparece un manicomio cimentado sobre habitaciones oscuras. Peldaños que al estilo de unas matrioska perversas descienden hacia nuevas puertas y sótanos prehistóricos. Si recordamos que la parte más profunda y primitiva de nuestra mente fue bautizada como “el cerebro reptiliano”, empezaremos a comprender mejor este post.

Primero nos dijeron que los dinosaurios convivieron en su día con los humanos – películas como Cuando los dinosaurios gobernaban la tierra, El planeta de los dinosaurios, etc.-; después que los humanos podían tener sexo con ellos.

Nada de esto es cierto… ¿acaso importa?

Así, por estos sótanos medio abiertos, lugares trémulos donde el rugido se confunde con el deseo, pudo nacer un género literario capaz de dejarte tan pétreo como un huevo fósil en el desierto del Gobi: Dinosaur erotica o Erótica de dinosaurios. Un estilo surgido en la autoedición de Amazon, y en ocasiones censurado – “cómo puede incitar a la corrupción un acto imposible en la naturaleza”, braman sus defensores-, pero que sigue vigente y productivo, con sus núcleos de fans dispuestos a empaparse del bestialismo fantástico -paleozoofilia, para ser exactos-, en el que aparecen Triceratops, Tiranosaurios, Velociraptores o Pterodáctilos que tienen sexo consentido o no con mujeres u hombres. “No he encontrado ningún libro gratuito en Internet, esto empieza a ser algo personal”, escribió en un foro uno de sus presuntos seguidores.

Amazon.com

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¿Por qué grita ‘El Grito’ de Munch?

¿Por qué grita El Grito de Munch? ¿Qué expresará esa cara desencajada, dolorida, atávica…?

Edvard Munch, maestro expresionista, tuvo una vida de perros. Peor que eso, porque los perros gozan de cierta inocencia: bostezan bajo el sol en invierno, cagan a la sombra en verano, muerden enemigos, huelen culos, esperan que el dueño recoja su mierda.

Nada de eso tuvo Munch. Un padre obsesivo y estricto. Maltratos bañados en agua ardiente. La muerte prematura de madre y hermana por tuberculosis. El necesario universo femenino que se colapsa bajo el dominio fálico de Saturno.

Depresión. Alcoholismo. El ingreso posterior en el club de los buenos manicomios, donde lobotomía suena a banda de jazz… La pintura como acto único de redención.

Razones suficientes para gritar, ¿no te parece?

El Grito de Edvard Munch. Wikimedia Commons.

El Grito de Edvard Munch. Wikimedia Commons.

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La modelo rusa que desafía al vértigo jugándose la vida

Una pin-up de la moda suicida. Look de niña sin miedo. Un fashion film de riesgo. Temeridad. Desafío. Inconsciencia. La gata sobre el rascacielos de acero.

Vértigo. Demasiado vértigo.

Sinceramente, no sé que decir de Angela Nikolau. Solo sé que es rusa, modelo, chica de Instagram (hasta aquí hormona y silicio); sé que corretea por edificios sin arneses, protocolos o leyes, una práctica popular en Rusia. Aquí, las coordenadas erróneas, el juego perverso que en inglés llaman Rooftopping: personas que eluden las medidas de seguridad de los edificios más altos para tomarse, una vez en la cumbre, fotografías o vídeos panorámicos.

Lugares de acceso restringido por su extrema peligrosidad.

Como un cuerpecito que quiere vacilar al abismo. Una modelo que asciende por unas cuchillas que destripan el cielo. Posa sobre estas aristas, su estudio fotográfico, en los límites de la sensatez, donde tu vida depende de la fuerza del viento, el sudor, o el conjuro de la fatalidad.

No sé si es atractivo este dilema. Su rostro angelical, la marca seductora, y un vértigo tremebundo.

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‘Ghibli food’: fans que cocinan los platos de las películas de Miyazaki

Hayao Miyazaki se inspiró en la comida tradicional japonesa para dibujar los platos que ofrecía a los protagonistas de sus obras de animación. También en la cocina occidental. Le gustan los sándwich. Los huevos fritos con beicon.

Ahora los cocineros se inspiran en Miyazaki para copiar sus manjares. Un efecto cobra, muelle, onda expansiva, deflagración estética.

Platos que degustaron unos personajes imaginarios son hoy apreciados por las personas que los imaginaron.

¿Cómo dices?, se preguntará la niña protagonista de Mi vecino Totoro, más sorprendida por este exceso que por compartir vecindad con un conejo gigante. El monstruo peludo sigue en la ficción, los platos, en cambio, ya no.

Gtresonline. MY NEIGHBOR TOTORO, (aka TONARI NO TOTORO), 1988. ©50th Street Films/courtesy Everett Collection

Mi Vecino Totoro, (aka TONARI NO TOTORO), 1988. ©50th Street Films/courtesy Everett Collection. Gtresonline.

Fotografían cada oferta culinaria reproducida al milímetro. Y lo cuelgan en la Red. Generan fiebres gastronómicas. Nos entra, claro está, el hambre…

Mira, por ejemplo, esta sopa de fideos de la película Ponyo en el acantilado.

 

Bajo el hashtag #Ghibli food (Ghibli es el nombre del estudio del artista japonés) aparece un despliegue de bodegones que copian con fidelidad documental los platos de estos largometrajes.

Es una vuelta de tuerca al homenaje. El fanmade (creaciones de fans) se puede aquí comer, puede quemar tu lengua, llevarte al éxtasis. Te entran unas ganas tremendas de pedir la carta en El Castillo en el Cielo, o de compartir unas pastas con La Princesa Mononoke

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Los secuestradores exigen un rescate: mi animal de poder

Indios y niños. Los no contactados y los que no superan los cinco años. Solo ellos pueden ser felices. El resto perdimos a nuestro animal de poder.

Imagina que tu cabeza fuera una selva. Que las fuerzas psíquicas que te componen, conscientes e inconscientes, son animales o personas. Los pensamientos, ideas, pulsiones, cobran vida independiente. Braman. Rugen. Zumban. Aúllan en tu mente.

Así ocurre durante un brote psicótico. No te asustes. Puedes imaginarlo sin perder el control. Estás en la selva

A veces yo también personalizo mis pensamientos, o las fuerzas psíquicas que azuzan, como abejitas borrachas de azúcar, mi conciencia. Es una psicosis controlada que uso para entenderme mejor.

A determinados patrones, capacidades, o líneas de pensamiento, las relaciono con un animal de poder. Mi curiosidad creativa, por ejemplo, sería una urraca que grazna palíndromos.

Urraca. Benutzer123. Wikimedia Commons.

Urraca. Benutzer123. Wikimedia Commons.

A veces recibo el mensaje de la parte opuesta, las fuerzas oscuras que me gobiernan. Los llamo “Los secuestradores”.

Tenemos secuestrado a tu ser íntimo. Entréganos a tu animal poder.

El animal es la forma de pago que exigen a cambio de mi presunta libertad. Una transacción con mi parte oscura. No es buen negocio.

Mata a tu urraca y serás un hombre de éxito.

Los secuestradores son unos tipos siniestros que viven en la mente profunda, disfrazados de cultura, ley y razón. Son colonizadores que llegaron tiempo atrás a mi selva, que entonces era un vergel, y yo tendría dos o tres años.

El que más me acojona se llama “Duda”. Tiene pinta de escolar, de buen tipo, contable, quizás; contrasta con la imagen de sus compinches, “Negación” y “Furia”, que van llenos de cicatrices y pueden jurar en ruso. “EL-MIEDO-QUE-TRANSMITEN-LOS-PADRES” es el más siniestro de todos. Lee el resto de la entrada »

‘El Beso de la Muerte’, una escultura funeraria siniestra, cálida y terrible

Es una escultura terrible, macabra, sensual. Una calavera que subyuga con su beso a un joven. Se encuentra en el cementerio de Poble Nou de Barcelona, el más antiguo de la ciudad. No está claro quién fue su autor. Quién esculpió a esta Muerte alada. La calavera toma la mejilla, la cabeza caída, sometida al rictus final de la entrega. Asistimos a un rapto amatorio. Cadáver, ángel oscuro, abrazo.

Les presento al verdadero novio de la Muerte

 

El Beso de la Muerte. Cementerio de Poble Nou. Enfo. Wikimedia Commons.

El Beso de la Muerte. Cementerio de Poble Nou. Enfo. Wikimedia Commons.

Las garras sujetan la musculatura hundida, evitan que se desplome el cuerpo aún caliente de una persona que no ha cumplido la treintena. Y todo acompañado por un poema, los versos que inspiraron esta estatua de mármol.

Más su joven corazón no puede más;
en sus venas la sangre se detiene y se hiela
y el ánimo perdido con la fe se abraza
sintiéndose caer al beso de la muerte
El poema es de Jacint Verdaguer, sacerdote y poeta catalán, maestro de los Juegos Florales. La familia Llaudet escogió en 1930 estas palabras para sellar la tumba que sepultó sus corazones. Hoy es la escultura más reconocida de este cementerio. Dicen que inspiró a Ingmar Bergman en su obra maestra El Séptimo Sello (solo dicen, forma parte de su misterio, que está lleno de habladurías y mitos…)

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‘El futuro será calvo’

Hoy es viernes, así que vamos a exagerar

En una comida familiar conocerás tu destino. Será una visión. Te darás cuenta de que tu padre, tío y hermanos, son calvos. Empieza la cuenta atrás. Ese día llegará. Solo una costosa operación podrá evitarlo. Horror vacui (miedo al vacío). Estás jodido.

De entre todos los terrores modernos la alopecia masculina es como un habitáculo subterráneo. En cuanto surge el problema, nos hacemos los suecos (¿habrá suecos calvos?). Nos rapamos el pelo y decimos: ¡OMMM! Listo. Nadie se entera. Mejor ser budista que bola de billar. Orgullo de kundalini. Cabezas que iluminan el mundo.

Adoptaríamos el ideario skin head si fuera necesario. “¡Yo siempre fui facha!”, soltará el hippie que perdió las rastas a los cuarenta. Inventamos nuevas tribus urbanas: calvos con barba talibán, por ejemplo. Hacemos de la desgracia un don aunque ello implique ser detenido en la frontera de los Estados Unidos.

Pero no es oro toda testa que reluce. En cada calvo habita un heavy frustrado. ‘Metaleros Anónimos’ se juntan los sábados por la noche y lloran en corrillo. Hay nostalgia y patetismo. Corrigen el balanceo de sus cabezas. Maldicen a Megadeth.

En el corto de animación El futuro será calvo, el director francés, Paul Cabon, usa la ironía, la metafísica y el surrealismo para aceptar que un día se enfrentará al destino explícito en la cena de Navidad. Por maldición familiar perderá su pelo y estatus. Caerá como Sansón bajo las columnas corintias que sustentan el éxito y la dignidad.

¿Exagera?

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Cápsulas del tiempo: genios de principios del siglo XX grabados por las cámaras en su taller

La Red esconde secretos, puertas al pasado, anillos del árbol histórico, miradas que parecen los estiletes de un cirujano capaz de abrir las membranas del tiempo. Allí encontramos las películas de épocavintage, las llaman hoy- que muestran qué aspecto tenían y cómo vestían y pintaban los genios del arte a principios del siglo XX.

Otro arte, que terminaría siendo el rey, el cine, la fuerza voluminosa que se casó con la palomita crujiente, estaba entonces dando sus primeros pasos, cual niño que explora el mundo y se asombra con sus mayores.

No es de extrañar que el recién llegado, hambriento de inspiración y curiosidad, retratara a los genios de la disciplina antigua en su medio natural, en sus casas o talleres, en la cúspide de su carrera, a veces enfermos, rodeados por sus seres queridos o en solitario misticismo.

Picasso fue inmortalizado por las cámaras, pero también Monet, Rodin, Kandinsky, Renoir… A continuación podéis visitar estas cápsulas temporales que muestran el anillo perdido de unos artistas que gobernaron la Historia del Arte.

1. Claude Monet. (1840, París- 1926, Giverny). Pintor francés considerado uno de los padres del impresionismo. En este vídeo lo vemos trabajando en los jardines de Giverny en 1915, a la edad de 75 años.

 

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Los vampiros existen (no los dejes entrar)

Vampiros, sí. Muchísimos. Miles de ellos. Plaga creciente, cual luna oscura, sobre la tierra. Sangre perdida. Ataúdes saciados por el líquido elemental que ha sido derramado en un sacrificio íntimo. Nadie nos enseñó, sin embargo, a defendernos de ellos. Pero hoy traje la estaca. Vamos a cortar cabezas

Tú no creerás en los vampiros, pero yo sí, por desgracia he conocido algunos; sombras que se aparecen sin capa, visitantes en las horas oscuras que te agreden en su invisibilidad sin que percibas que estás bajo el ataque. Es prioritario identificarlos si no quieres caer en su poder, o te chuparán la vida y entonces serás solo sombra, nada, existencia perdida, una marioneta…

Vampyren, "The Vampire", by Edvard Munch. Wikimedia Commons.

Vampyren, “The Vampire”, by Edvard Munch. Wikimedia Commons.

Fíjate bien. El vampiro, para cumplir con su condición de no muerto, debe albergar ciertas máculas, las marcas visibles de una maldición. Un supuesto vampiro que se muestre bajo la luz del día, por ejemplo, debería gozar del eximente: nadie que aparezca durante el periodo solar puede ser sospechoso de Príncipe de las Tinieblas.

Esta era la ley antigua. Pero ya no funciona. Estamos desprotegidos. Follamos sin condón con un mal abisal.

Los chupa-sangres de hoy han logrado engañarnos en su nueva adaptación. Surgen elegantes al punto del mediodía y nadie acierta a desenmascararlos; no lucen colmillos o el pestilente aliento que les es característico en la mitología.

Los vampiros de hoy tienen trompas eléctricas.

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Un documental narra la vida de un refugiado climático en Madrid

Hay países donde el desierto ocupa casi la totalidad, y esta nada informe, devoradora de viajeros, cementerio sin nombre de emigrantes y necesitados, sigue creciendo. El cambio climático mantiene su curso como la gangrena que va desvelando su ruta desde los pies a la cabeza, la mancha ascendente de una catástrofe planetaria.

Si ves morir a tus animales, como lo hizo Usman, un exiliado mauritano; si pierdes los árboles que te cobijan, o sientes la sed como un alambre que juguetea en tu vacío, sabrás que son signos de mal agüero, presagios. Constituyen una señal del peor futuro y una fuerza suficiente que obliga a los desesperados a caminar por la tierra sin descanso.

 

Fotograma del documental El huerto de Usman, de Raquel Diniz

Fotograma del documental ‘El huerto de Usman’, de Raquel Diniz

Tenemos en esos países azotados por el viento, mientras lees estas líneas en el aparente confort, a personas que necesitan una salida urgente, los primeros refugiados climáticos de esta era. Son jóvenes, o familias, incluso poblaciones enteras. A pesar de haberse adaptado durante generaciones a espacios duros o inhóspitos, se están topando con el punto de no retorno.

Esta condición, la del exiliado climático o ambiental, no está reconocida en la legislación internacional. Se ignora la causa y sobre todo el dolor, la ansiedad que mueve sus pies, a pesar de que organizaciones como ACNUR anuncian que en los próximos 50 años entre 250 y 1.000 millones de personas se verán obligadas a abandonar sus hogares por este motivo.

Nuestros gobernantes actúan como si estas personas fueran unos locos del running, como si padecieran una enfermedad que podrían llamar en su característico cinismo la “manía obsesiva atlética”, y que consistiría en masas de seres humanos que sin razón aparente se ponen a caminar miles de kilómetros dejando atrás todo cuanto quieren y necesitan.

Estos gobernantes parecen ciegos y son las sombras más amenazadoras en el extenso desierto. Nadie deja su vida atrás sin una causa; a veces es la ignorancia, pero casi siempre los mueve la perturbación de no poder enfrentarse al día a día. Los seres humanos no se juegan el pellejo solo por incordiar. Los primeros refugiados climáticos ya han empezado a caminar y muchas de sus huellas las borra ahora el mar o la arena en un siniestro recorrido que terminará enfermando a las almas del Occidente (el ascenso del fascismo es solo un síntoma de este mal y no es el peor de todos).

El corto documental El Huerto de Usman, de la realizadora brasileña Raquel Diniz, explica una de estas pequeñas historias cuyo contenido trágico es universal, y por tanto, también nuestro. Usman es un joven mauritano que se ha visto obligado a dejar su país por el avance inexorable de la nada.

 

El Huerto de Usman from Raquel Diniz on Vimeo.

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