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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Archivo de la categoría ‘Top secret’

El fotógrafo que captura las olas como en un célebre grabado japonés

Su nombre es Warren Keelan y es capaz de detener el océano.

DANCE! // www.WarrenKeelan.com

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Solo el agua. El impulso. El impredecible giro. El segundo previo al harakiri final, cuando la ola se destripa a sí misma.

// Waterfall www.WarrenKeelan.com

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Este multi-premiado fotógrafo oceánico recrea estampas que me recuerdan al célebre grabado de Katsushika Hokusai, La gran ola de Kanagawa. Su cámara parece imitar el trabajo de los japoneses antiguos. Un australiano con sensibilidad zen.

La gran ola de Kanagawa. Autor: Katsushika Hokusai. Wikimedia Commons.

La gran ola de Kanagawa. Autor: Katsushika Hokusai. Wikimedia Commons.

 

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‘Los Caminantes’: La estética fugaz de los vendedores ambulantes

Surgen sobre la arena suave o el áspero cemento, son los caminantes, que otros llaman vendedores ambulantes. Los distinguimos por su constante merodeo, parecen obligados al tránsito eterno, como movidos por la maldición bíblica de un tal Caín, que castigado tuvo que vagar por las playas, azotado por su marca de nacimiento.

The Walkers. ©Felipe Bedoya.

Los Caminantes/The Walkers. ©Felipe Bedoya.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nada o poco sabemos de ellos. Caminan, venden, ofrecen, piden, transportan enseres. Podrían ser la tribu perdida de un sistema galáctico, recolectando monedas para pagarse el retorno a casa.

Aparecen antes que nadie en los lugares turísticos. Cruzan las miradas en un paseo sin tiempo. Son una fuerza telúrica. Una marea. Un impulso muchas veces molesto para el afortunado que se tumba en la playa esperando que el bronceado disimule su condición de esclavo financiero. Son en realidad sombras huidizas, encuentros con algo oscuro.

Pocos les prestan atención, no más allá de la urgencia: el oleaje de la demanda y la oferta. A quienes no comparten su suerte no les importa por qué caminan durante jornadas enteras. Vagan por la tierra, nada más. Nómadas en este territorio de ilusiones sedentarias. Una anomalía en este balneario de sol. Forman parte del paisaje, acaso sean el paisaje mismo.

Los Caminantes. ©Felipe Bedoya

Los Caminantes. ©Felipe Bedoya

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El artista Felipe Bedoya ha dedicado uno de sus mejores trabajos a estas personas, que en su Colombia natal representan a un indígena flotando sobre las arenas económicas.

Así los describe Natalia Vidal Toutin en el prólogo de este proyecto estético llamado Los Caminantes.

Llegan antes que el forastero. Delineados, en apariencia, por trazos pictóricos gruesos y homologantes, merodean jornadas completas caminando sin destino. Son esclavos desorientados del impulso de un sol que quema y de uno que otro viajero que les presta atención e intercambia miradas y monedas con sus cuerpos cansados. Ruegan por la voluntad de una compra artesanal.

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Una biblioteca creada para ser leída solo en 2114

Ahora mismo, al norte de Oslo, en Noruega, un árbol crece, cultiva un mensaje para el futuro. Este árbol no puede saber que tiene el mañana marcado: un día de 2114 será libro, convertido en papel, impregnado de palabras.

Bosque primario. Merlin. Creative Commons. Wikimedia.

Bosque primario. Merlin. Creative Commons. Wikimedia.

Al mismo tiempo, quizás en algún escritorio de madera hecho también a partir de la madera de otro árbol extinto, un escritor estará cultivando esas mismas palabras, haciendo crecer una novela o un relato que solo se publicará en esa fecha, en las carnes de ese mismo árbol. El escritor sí sabe que sus letras no verán la luz hasta que el tronco haya crecido. Cuando alguien pueda leerlo, de aquí un siglo, el humano, la planta y el tiempo que los concibió habrán desaparecido.

Ambos forman parte de un inusual proyecto de biblioteca del futuro.

The Future Library es un proyecto artístico que busca realzar una idea: toda biblioteca es un vínculo de tiempo, un anillo bidireccional, un puente que nos conecta con el pasado y el futuro, la verdadera máquina que puede transportarnos a las ideas, sentimientos, perspectivas, lenguajes, impresiones y necesidades de otras épocas. Crea una autopista entre el hoy y el mañana: une a los humanos y árboles de distintas generaciones. Y lo hace a través de ese artefacto que trastocó las culturas y el mundo: un libro.

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Thomasson o el arte conceptual de la arquitectura inútil

Puertas ciegas. Buzones sin casa. Escaleras que se deslizan hacia el precipicio… digamos “Thomasson”. Letreros que nadie puede leer. Restos de edificios nunca derrumbados. Fenómenos urbanísticos contrarios a la lógica: “¡Thomasson!”. Paradojas en la calle, supensos en la facultad de arquitectura, pasillos hacia la incertidumbre.

Puede que te hayas topado con alguno de estos rompecabezas arquitectónicos y que nunca dijeras…

Ejemplo de Thomasson. Por yosukesan - old days. Wikimedia Commons.

Ejemplo de thomasson. Escalera que no conduce a ningún sitio. Por Yosukesan – old days. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons.

Portales que cuelgan del vacío. Peldaños en caracola que ascienden hacia un cielo infinito y cuya única finalidad solo puede ser la de una trampa para invidentes.

Todo eso es un Thomasson. Un despropósito, errores, construcciones sin sentido, que acaban siendo una forma de arte según la mirada del espectador.

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La única película de animación oficialmente prohibida por la URSS

Todas las películas prohibidas, señaladas por el filo del señor de las tijeras, por la mordaza ubicua que cabalga sobre nubarrones históricos, tienen su atractivo heroico, su triunfo moral en la derrota anunciada; más si la obra de arte nace para criticar al enemigo y termina siendo finalmente un reflejo de tu propia sociedad, que es siempre pulcra, avanzada, mejor, virtuosa y buena, bajo el prisma de las lentillas ideológicas que proporcionan al censor una vista de hiena.

The Glass Harmonica, del director ruso Andrei Khrzhanovsky, nació en los años 60 como un proyecto de crítica soviética contra la sociedad burguesa que brutalizaba y alienaba a sus ciudadanos con dosis masivas de avaricia, políticas de terror y soledad.

Cuando los censores de la era Khrushchev vieron la película de animación pronto percibieron que este alegato retrataba- además de la demoniaca sociedad burguesa- la relación entre el individuo y un poder autoritario. La carga contra la burguesía terminaba siendo una carga contra la URSS. Los dos polos tenían algo en común en este imán de la Guerra Fría: poderes que subyugan a los individuos, sociedades grises que aspiran a una única pauta y control. La proclamación de un invierno eterno.

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La naturaleza binaria de las vallas

El problema de las vallas está en su naturaleza binaria. Si uno levanta un muro aparece otro en la cabeza de quien lo ha levantado. Los constructores de cercas no suelen atender al hecho de que en realidad acaban por cercarse a ellos mismos.

Tenemos entonces dos muros, dos zonas cerradas (la externa y la interna). El comportamiento binario prescribe que siempre habrá una valla visible y otra íntima, la física y la espiritual. Como en un juego de espejos, las personas que habitan a ambos lados de la línea tienen la valla mental reproducida dentro.

No importa que esa valla sea una frontera, un patio de escuela o un cementerio. Es el concepto de valla el que domina en esta regla de la duplicidad: la valla externa crea la interna, la física se proyecta en la espiritual, y a la inversa.

 

Cada valla que hemos alzado ha ido llenado de vallas las cabezas del mundo. El mío o tuyo, el ellos y nosotros, no es tan real como parece, es solo una valla más. Siempre acaba siendo tuyo este muro, porque la reja está replicada en el adentro.

Esta regla debería llevarnos a calcular cuántas vallas hay en realidad en la tierra. Eso que llamamos mundo es una representación dual que hace nuestro cerebro de las vallas que recibe del exterior; además suele concebirse como unidades binarias de contravallado: “hombre-mujer”, “casa-órden”, “educación-máster”, “ciudad- civilización”, “guerras-riqueza” ,“pastilla-suicidio”,“amor-uniforme”, “excursión-bronceado”…

Ese mundo imaginado o representado en cosas duales está lleno de esas vallas binarias, porque la mente es como una gran valla-copiadora, y lo hace sin que nos demos cuenta (dentro de la jaula se suele creer que el espacio delimitado es la representación de la totalidad).

La gente dice que expresa ideas o lenguaje, pero en realidad solemos escupir vallas. A nuestros padres les encantan las vallas, también a los profesores. No hay maldad en ello. Solo repiten el vallado ancestral. Después los compañeros del colegio hacen de las vallas un símbolo social totalitario. Más tarde será el trabajo, la clase social, el televisor, o incluso la pareja (qué lugar más extraño para levantar muros): valla sobre valla, y la cosa se vuelve muy alta como para saltarla sin miedo.

Los países deberían cambiar en sus banderas los clásicos emblemas de leones o estrellas (entes que vuelan o se mueven libres por la sábana). Pequeñas vallas sobre franjas de colores: así sería todo más exacto y podríamos respirar tranquilos.

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Viaje al Japón abisal con el fotógrafo taxista Issui Enomoto

Estoy en la ciudad Yokohama y es a través del sueño de un extraño, el recuerdo de otra persona. No sé si hace frío o calor. A veces creo que llueve. Tiene algo de nebuloso, de abisal, este paisaje marino: navego por una fotografía de Issui Enomoto

©Issui Enamoto

©Issui Enamoto

En la pantalla del ordenador aparecen estos retratos publicados en su página web. Nado hacia las fosas del Japón nocturno que captura. Él ha dejado escrito que no es una ciudad, sino un océano fotográfico. Él entiende la ciudad como un mar compuesto de ilimitados componentes que son sacudidos frente a su vista por la presión de las olas.

El taxi opera de submarino, sus ojos son el batiscafo, dispara con su cámara arpones de luz. Captura momentos de la ciudad acuática. Miles de kilómetros nos separan, pero nos acompaña la noche, la noche en la que él bucea como taxista. Intuyo las luces de neón y los semáforos tintineantes de una Yokohama marina, abisal, profunda…

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Canódromo Abandonado no hace humor, pero nadie sabe bien qué es lo que hacen

Se describen sin apetito comercial, cual ladrido contra la lógica: “Damos vídeos que no tenemos a la gente que no los quiere”. Son Canódromo Abandonado y juntos forman un colectivo artístico de tres mentes luciérnaga (Lorena Iglesias, Julián Génisson y Aaron Rux). En caso de que tuvieran un objetivo vital éste sería el de expulsar vídeos a la nebulosa de Internet movidos por la extraña manía del ser y querer extraterrestre.

Ciertos exégetas los etiquetan dentro del movimiento post-humor, título que soy incapaz de compartir porque no significa nada para mí (¿qué habrá después del post-humor? ¿cuánto post se necesita para llegar a algo sólido?); humor abandonado será, humor de perros sin un bozal que los obligue a decorar su slogan, píldoras de filosofía errática, extraña, un poderoso eco surreal en el canódromo videográfico que se esconde en la periferia del youtube, en la zona de penumbra, allí abajo, a una profundidad de 13 clicks, donde se oculta la inteligencia: ese virus perverso que un día venceremos.

Otros usan el calificativo de humor claustrofóbico. Yo creo, en cambio, que es arte. Cierto encanto por el surrealismo y la cultura pop. Cada vídeo, te guste o no, estimula alguna glándula que no sabías que existía en tu cuerpo. Como una flora intestinal de ideas bacteria que intentan devorarte, como las odas de los ácaros a las magníficas bolas de pelo. Algo así. Me cuesta definir sus vídeos. A cada intento, aparecen cosas absurdas que flotan por mi mente cual niños ahogados en una charca, y sufro entonces un cálido delirio invernal… Como si todos los despertadores del mundo sonaran a la vez y no hubiera nadie que pudiera apagarlos. Algo así.

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Acciones callejeras para concienciar sobre la destrucción del aceite de palma

Volaron a la Isla de Sumatra (Indonesia) y tuvieron que trabajar en secreto. Fueron sombras dejando su huella entre cultivos, solares y carreteras. Con su arte querían que fijáramos la mirada allí donde se destruye el bosque primario, el hogar de miles de especies, una tierra en llamas. “¡Tala y quema!”, es el grito que asusta a los pájaros que alzan el vuelo sobre nubes negras.

Eran artistas callejeros reconocidos, y habían sido invitados por el artista lituano Ernest Zacharevic. La misión consistía en crear una obra de arte que denunciara el ecocidio que producen las malas prácticas del cultivo de aceite de palma en Indonesia. Los preparativos se llevaron en secreto para evitar presiones. El proyecto se llamaría Splash and Burn, juego de palabras derivado de un lema, slash-and-burn, tala y quema, método que usan los agricultores para liberar la selva.

Cada artista debería donar su obra a la causa: una campaña de arte público que llegara a muchos de los terrícolas que hemos decidido vivir como invidentes dentro de una gigantesca bolsa de plástico, ajenos a la necesidad de aire puro: aire que proviene de los bosques que ahora arden, oxígeno que compartimos con el resto de animales que huyen despavoridos, buscando a su madre sin saber que la leche de los muertos no alimenta.

El arte convertido en un arma poética que denunciara el cultivo de esta planta africana, la elaeis guineensis, que ha ido colonizando el Sudeste Asiático. Gracias a la grasa vegetal que de ella se extrae, nuestros alimentos y cosméticos resultan más económicos, duraderos o sabrosos. Pero el precio que pagamos es altísimo.

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Nazis paseándose por Nueva York

Marshall Curry ha sido nonimado dos veces a los Oscar y firma esta pieza que se titula a A night at the Garden, emitida por la plataforma Field of Vision.

El corto documental usa metraje de archivo y recupera un suceso olvidado por la mayoría de estadounidenses: cuando los nazis se paseaban con marcial simpatía por las calles de Nueva York, una estampa para la estupefacción, escenografía hitleriana que se perdió en el tiempo, con actores secundarios borrados del recuerdo, demasiado molestos con sus brazos alzados. Esta es la historia de cuando Hitler era un tío cool en los Estados Unidos.

Ocurrió en 1939, en un encuentro llamado Pro American Rally. La misión de los amigos del Reich era la de convencer a las masas americanas de las bondades políticas de una supuesta raza superior que acabaría en su delirio de nibelungo por destruir Europa, exterminando a millones de judíos, homosexuales, gitanos, comunistas, disidentes, críticos, seres humanos inocentes, y todo a ritmo de Wagner y de tubas ensalzando un trastorno freudiano.

20.000 americanos acudieron a esta llamada racista en el Madison Square Garden. Escucharon las proclamas antisemitas. Sintieron el poder del dios primitivo en la movilización popular. En principio el director quiso hacer un documental de corte tradicional, narrado con voz en off, pero en seguida se dio cuenta de la potencia de un mensaje sin más adorno que los hechos: imágenes de George Washington y la bandera de los EEUU unidos a esvásticas, sorprendiendo al moderno espectador. Un insulto a la memoria de Indiana Jones.

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