Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Archivo de diciembre, 2017

Un canal de YouTube para imprimir en 3D

Make Anything es un portal de YouTube centrado en la creación con impresoras 3D. Estas máquinas aparecen como una tecnología de poder. Una tierra virgen de posibilidades, dicen. Diseñar y crear en un mismo rincón, unir la idea y la materialización bajo la batuta única del creador.

Hazlo tú mismo.

Devin Montes es la persona que está detrás de este canal porque cree que todo el mundo debería tener acceso a diseñar sus propios objetos y considera que las impresoras 3D -por la maleabilidad de los materiales termoplásticos- son el instrumento perfecto.

Lo nutre de tutoriales de vídeo en los que enseña a desarrollar una variopinta oferta de cosas domésticas: se puede diseñar y esculpir una cabellera digna de medusa, pequeños terrarios, calaveras aztecas, esculturas con efectos visuales, o decoración navideña…

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Thomasson o el arte conceptual de la arquitectura inútil

Puertas ciegas. Buzones sin casa. Escaleras que se deslizan hacia el precipicio… digamos “Thomasson”. Letreros que nadie puede leer. Restos de edificios nunca derrumbados. Fenómenos urbanísticos contrarios a la lógica: “¡Thomasson!”. Paradojas en la calle, supensos en la facultad de arquitectura, pasillos hacia la incertidumbre.

Puede que te hayas topado con alguno de estos rompecabezas arquitectónicos y que nunca dijeras…

Ejemplo de Thomasson. Por yosukesan - old days. Wikimedia Commons.

Ejemplo de thomasson. Escalera que no conduce a ningún sitio. Por Yosukesan – old days. Wikimedia Commons. Licencia Creative Commons.

Portales que cuelgan del vacío. Peldaños en caracola que ascienden hacia un cielo infinito y cuya única finalidad solo puede ser la de una trampa para invidentes.

Todo eso es un Thomasson. Un despropósito, errores, construcciones sin sentido, que acaban siendo una forma de arte según la mirada del espectador.

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La única película de animación oficialmente prohibida por la URSS

Todas las películas prohibidas, señaladas por el filo del señor de las tijeras, por la mordaza ubicua que cabalga sobre nubarrones históricos, tienen su atractivo heroico, su triunfo moral en la derrota anunciada; más si la obra de arte nace para criticar al enemigo y termina siendo finalmente un reflejo de tu propia sociedad, que es siempre pulcra, avanzada, mejor, virtuosa y buena, bajo el prisma de las lentillas ideológicas que proporcionan al censor una vista de hiena.

The Glass Harmonica, del director ruso Andrei Khrzhanovsky, nació en los años 60 como un proyecto de crítica soviética contra la sociedad burguesa que brutalizaba y alienaba a sus ciudadanos con dosis masivas de avaricia, políticas de terror y soledad.

Cuando los censores de la era Khrushchev vieron la película de animación pronto percibieron que este alegato retrataba- además de la demoniaca sociedad burguesa- la relación entre el individuo y un poder autoritario. La carga contra la burguesía terminaba siendo una carga contra la URSS. Los dos polos tenían algo en común en este imán de la Guerra Fría: poderes que subyugan a los individuos, sociedades grises que aspiran a una única pauta y control. La proclamación de un invierno eterno.

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Utopía

Among the Sierra Nevada, California, 1868. Albert Bierstadt. Wikimedia Commons.

Among the Sierra Nevada, California, 1868. Albert Bierstadt. Wikimedia Commons.

El cuadro lo firmó Albert Bierstadt, pero yo lo llamaré utopía. En 1868 capturó este horizonte de cordilleras salvajes en el que no sabemos si empieza o termina la noche. Es solo la estampa de un sol naciente o moribundo, inclinado sobre las aguas recién nacidas; allí los animales mojan sus patas, y los bosques, como silenciosos espectadores, se sienten sagrados.

Dejadme llamarlo utopía.

Bierstadt fue el gran retratista del Salvaje Oeste, antes de que el ferrocarril importara la plaga. El cuadro corresponde a Sierra Nevada, estado de California, hoy una antorcha encendida en el valle de la emergencia. Paradójicamente Bierstadt colaboró con la destrucción de estos paisajes con sus labores de topógrafo explorador. Había retratado los territorios aún no conquistados. Murió solo y olvidado, quizás soñando con la utopía perdida.

Las utopías suelen ser lugares lejanos, espacios que pensamos futuros, decimos que inalcanzables. La utopía es el lugar al que se aspira a ir, donde nos gustaría vivir. Y cuando yo miro hacia el futuro en el que querría morir, veo un cuadro de Bierstadt.

Quiero verlo, acudir a él como el elefante que camina a su cementerio:

Veo que en este futuro la naturaleza, como en el lienzo, mantiene su cíclico retorno. Veo en este cuadro el símbolo de nuestra continuidad: la supervivencia de este paisaje significa el porvenir de los hijos. Lo siento como un baile perfecto, orgánico, como la lluvia suave o la brisa fresca en verano, mi esperanza tiene aquí el aliento del musgo. No veo la tecnología en este cuadro porque ahora es invisible, y está al servicio del paisaje y no en contra. Si éste lograr sobrevivir, entiendo que supimos corregir los errores, unir esfuerzos y lazos como si fuéramos un inteligente micelio, y sé que tuvimos que hacerlo en el último minuto… Me entusiasmo porque hemos respondido juntos a esta debacle que empezó en el día en que decidimos comportarnos como una plaga que viaja en ferrocarril. Veo que hemos vencido a la cultura suicida del ahora mismo. Comprendimos el sentido de la palabra hogar al identificarlo con este paisaje. Somos los habitantes del jardín y no la plaga, y lo sentimos en carne viva, vertimos en él nuestro instinto de pertenencia: el río es la arteria; el árbol, el alveolo; el mar, la sangre; el amanecer, la córnea húmeda…

Somos los que podremos volver a pintar un cuadro de Bierstadt.

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Las masas digitales de Alan Warburton

Él lo define como un software de multitudes: las posibilidades que ofrece el movimiento de una masa virtual. Humanos que no son humanos pero que se comportan como tal, diseñados para ser apariencia, copiar nuestros movimientos, ser nosotros, o algo como nosotros, unos seres primitivos que aprenden a caminar hoy dentro de una máquina para salir un día afuera de ella: el grupo, la familia, el clan, la tribu, bajo la flauta del dios programador.

Como una deidad, el artista Alan Warburton ha querido experimentar con la forma, desarrollar este ejército de cuerpos digitales, es un experimento, dice, una búsqueda y una crítica. La simulación de multitudes ocupa hoy la gran pantalla, los extras, esos seres que fueron de carne y hueso entre decorados de cartón, son ahora reemplazados por esbirros mecánicos que aparecen como un conjunto de ajustes informáticos preestablecidos.

En su proyecto Primitives, Warburton copió los movimientos de la bailarina Anya Kravchenko, artista de la compañía Humain trop Humain, para dar vida a estos proto-humanos que, paradójicamente, quería individualizar en los límites de la programación.

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Máquinas de escribir convertidas en fusiles de asalto

Eric Nado es un canadiense licenciado en Bellas Artes y Filosofía que ensambla esculturas contemporáneas. Esto se define en robots vintage y en máquinas de escribir convertidas en armas.

Una serie de aparatos –las míticas Olivetti Lettera– que terminan transformados en alegóricos fusiles de asalto. Para ello tiene que reensamblar las piezas originales y otorgarles un nuevo cuerpo que comunique una idea: las palabras son más potentes que las balas, la voz debe prevalecer.

En su infancia el sonido de las teclas le recordaban a detonaciones. Ideas que explotan. Guerras semánticas. El niño suele percibir bien la metáfora. A veces, nuestras palabras y comentarios imitan al cartucho diabólico. Usamos la voz como el francotirador usa la bala.

Este malsano lenguaje obtiene pronto sus primeras víctimas: la libertad de expresión y el vínculo emocional con nuestros congéneres.

Convertidos en los mercenarios de un ideal, comprados por medias verdades y trampas, sean éstas las que sean, dispuestos a herir y golpear, transformamos el idioma en un ejército de iconos salvajes: la palabra- puente de la comunicación- termina siendo la barbarie que destruye los puentes.

El adjetivo define entonces al enemigo. La duda es el botín de guerra.

Los fusiles de palabras de Nado tienen por tanto varias lecturas: siempre será mejor hablar que disparar, la pluma acaba venciendo a la espada, es cierto, pero, según qué decimos y cómo lo decimos, quizás fuera menos doloroso el disparo.

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Caravaggio sabía que Cupido es un criminal

El maestro convirtió a mendigos en santos, a prostitutas en vírgenes, fueron sus modelos. Tenía el pulso de un yihadista si retrataba decapitaciones. Violento y navajero, dormía con un puñal siempre a mano. A Caravaggio no se le conoce amor alguno.

Un día, sin embargo, pintó a este Cupido somnoliento, cansando, puede que borracho. Este sería el mayor de sus crímenes

'Cupido durmiendo", 1608, por Caravaggio (1571-1610). Wikimedia Commons.

‘Cupido durmiendo’, 1608, por Caravaggio (1571-1610). Wikimedia Commons.

Cupido es dios y símbolo del enamoramiento, del deseo. Está borracho porque unos cuadros antes, el autor, maestro del Barroco, señor del claroscuro, había retratado, en las habituales tinieblas, a Baco, mecenas de la borrachera perpetua- ¡te adoramos!- y amante de la guapa Venus, madre de este angelillo dormido.

Autorretrato de Caravaggio en "Baco enfermo". 1593-1594. Wikimedia Commons.

Autorretrato de Caravaggio en “Baco enfermo”. 1593-1594. Wikimedia Commons.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El lienzo de Caravaggio es una amenaza porque aparece un Cupido caído. El autor busca inquietarnos con esta pregunta: ¿qué sería del mundo sin sus flechas? Por ahora solo sabemos que el amor ha sucumbido bajo las sombras. Cupido está rendido, rodeado de pesadillas… y en su ausencia, ¿en qué ocuparán el tiempo los enamorados?

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La naturaleza binaria de las vallas

El problema de las vallas está en su naturaleza binaria. Si uno levanta un muro aparece otro en la cabeza de quien lo ha levantado. Los constructores de cercas no suelen atender al hecho de que en realidad acaban por cercarse a ellos mismos.

Tenemos entonces dos muros, dos zonas cerradas (la externa y la interna). El comportamiento binario prescribe que siempre habrá una valla visible y otra íntima, la física y la espiritual. Como en un juego de espejos, las personas que habitan a ambos lados de la línea tienen la valla mental reproducida dentro.

No importa que esa valla sea una frontera, un patio de escuela o un cementerio. Es el concepto de valla el que domina en esta regla de la duplicidad: la valla externa crea la interna, la física se proyecta en la espiritual, y a la inversa.

 

Cada valla que hemos alzado ha ido llenado de vallas las cabezas del mundo. El mío o tuyo, el ellos y nosotros, no es tan real como parece, es solo una valla más. Siempre acaba siendo tuyo este muro, porque la reja está replicada en el adentro.

Esta regla debería llevarnos a calcular cuántas vallas hay en realidad en la tierra. Eso que llamamos mundo es una representación dual que hace nuestro cerebro de las vallas que recibe del exterior; además suele concebirse como unidades binarias de contravallado: “hombre-mujer”, “casa-órden”, “educación-máster”, “ciudad- civilización”, “guerras-riqueza” ,“pastilla-suicidio”,“amor-uniforme”, “excursión-bronceado”…

Ese mundo imaginado o representado en cosas duales está lleno de esas vallas binarias, porque la mente es como una gran valla-copiadora, y lo hace sin que nos demos cuenta (dentro de la jaula se suele creer que el espacio delimitado es la representación de la totalidad).

La gente dice que expresa ideas o lenguaje, pero en realidad solemos escupir vallas. A nuestros padres les encantan las vallas, también a los profesores. No hay maldad en ello. Solo repiten el vallado ancestral. Después los compañeros del colegio hacen de las vallas un símbolo social totalitario. Más tarde será el trabajo, la clase social, el televisor, o incluso la pareja (qué lugar más extraño para levantar muros): valla sobre valla, y la cosa se vuelve muy alta como para saltarla sin miedo.

Los países deberían cambiar en sus banderas los clásicos emblemas de leones o estrellas (entes que vuelan o se mueven libres por la sábana). Pequeñas vallas sobre franjas de colores: así sería todo más exacto y podríamos respirar tranquilos.

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La Verdad es una tía desnuda y está cabreada

Yo una vez me enrollé con la Verdad, fue un amor corto, es cierto, pero pasional, diría que sadomaso. La Verdad es una domina que suele ir armada con un látigo, y que sale de un pozo profundo, como sugería Demócrito, que la amó antes que yo.

“Si así es, nunca encontraremos la verdad, pues se halla en el fondo de un pozo”, dijo.

La verdad saliendo del pozo (La Vérité sortant du puits), de Jean Léon Gerome 1896. Wikimedia Commons

La verdad saliendo del pozo (La Vérité sortant du puits), de Jean Léon Gerome 1896. Wikimedia Commons

A veces, solo a veces, ella, muy digna, sale del foso para castigar a la humanidad, como en el cuadro que el academicista Jean-Léon Gerome pintó en 1896. La verdad se te aparece desnuda –nada tiene que esconder- y empieza a pegarte. Te quedas gélido, alucinado. Así el amor con ella si no respondes a sus llamadas o Whatsapps.

Supongo que lo hizo porque era periodista, y me dijo que eso le parecía sexy. “Vamos esclavo, ponte a escribir…” Se supone que los periodistas y políticos deberíamos estar entre sus primeros amantes, que somos mansos con ella. Es mentira, claro, en realidad muchas veces nos comportamos como unos patanes, tenemos alma de coyote: viene la jovencita dinero, o la casquivana envidia, o la exuberante avaricia, y empieza a acariciarte con sus labios de botox el ego, la neurosis o la autoestima -tenemos muchas zonas erógenas-, y entonces la Verdad te parece -así es el arte de este encantamiento- vieja, pasada, flácida, como una gracia caída en desgracia. La insultas: la llamas post, prefijo que significa “después de”, o simplemente, “después” (y esto es peor que decirle vieja). La Verdad tiene otro canon de belleza que no se ajusta al actual; aunque no tengo claro si hubo un tiempo en que la pobre estuviera de moda.

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Esta fotógrafa lleva 16 años persiguiendo supuestos espíritus

Shannon Taggart es una adicta al ectoplasma, la materia viva de los muertos, esencia que dicen que supura en las sesiones de los médiums cuando estos contactan con los espíritus. Busca su reflejo en cada fotografía, como un cruzado al Santo Grial.

Un día su cámara empezó a mostrarle cosas, accidentes del revelado que parecían transmitirle un misterio específico. Esas manchas, luces, sombras, presencias, que aparecían en sus fotografías, eran un dolor invocado, el azaroso reflejo de una pérdida allí capturada (puede que sea mi marido muerto, mi esposa fallecida, mi prima ausente, le decían), la definición perfecta de un fantasma: mancha, dolor y pérdida, qué habrá más tenebroso…

Medium Sylvia Howarth enters a trance, Reeth, England 2013. #medium #trance #séancebook

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Shannon se crió en la América profunda, y allí la corriente religiosa del espiritualismo asegura que es posible contactar con los muertos, tener cerca a tus seres queridos. Tuvo su primera experiencia siendo adolescente. Entonces su prima le aseguró que una médium guardaba el mensaje de su abuela fallecida. En 2001 empezó a fotografiar el pueblo en el que se había recibido este supuesto mensaje: Lily Dale, aldea cercana a Pomfret (Nueva York), y que está considerada la meca del espiritualismo en Norteamérica. Empezó a creer, o tal vez a sugestionarse como el resto.

Ha pasado 16 años persiguiendo fantasmas, espíritus, seres del más allá, rastros de ese esquivo ectoplasma que nadie ha conseguido capturar, comunicaciones con la ultratumba. Más de una década documentando rituales espiritistas en los Estados Unidos, Reino Unido y Europa. Testigo de los supuestos mensajes de los muertos. Sintiendo, dice, una energía especial.

El juego de lentes y luces, y eso que llaman la serendipia– que podemos transcribir como la casualidad o hallazgo afortunado– hacen el resto. Ella es en realidad continuadora de una vieja tradición que surgió en los inicios de la fotografía: parece que a los fantasmas les gustan tanto los retratos como a los adolescentes los selfies.

Spirit photograph with spirit extra of Gustave Geley, William Hope, 1924 #spiritphotography #spritualism #séancebook

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