Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

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Conoce el arte del chindogu: los inventos más inútiles del planeta

Estas son las leyes del chindogu:

No puede usarse realmente.
Debe haberse construido, es decir, existir.
Será pensado como una herramienta para uso diario.
No puede estar o ponerse a la venta.
No pueden haberse creado solo como una broma.
No puede ser o contener propaganda.
Nunca debe ser o encarnar algo tabú.
No puede patentarse ni registrarse bajo ninguna licencia
No puede promover prejuicios.

Los chindogu son inventos inútiles. Inventos que no funcionan del todo pero que son divertidos. Herramientas que deberían servirnos para el uso cotidiano pero que nadie compraría. Un utensilio, aparejo o instrumento extraño o deformado. Como por ejemplo este gorro con el que obtener tus fotografías en 360 grados.

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How to take 360° photo 😂 #chindogu

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O estas gafas tomavistas…

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La artista que realiza retratos en tres dimensiones de gatos difuntos

Wakuneco invierte muchas horas en su taller de Tokio. Tiene un sentido asiático de la perfección y el realismo. Sus retratos en tres dimensiones terminan dentro de un marco que envía luego a los clientes.

Con pulso de taxidermista, la artista realiza estos trabajos. Son retratos minuciosos, fieles, y siempre por encargo. Algunos quieren, y es una rara costumbre que parece egipcia, inmortalizar a sus gatos. Entonces le mandan una fotografía del animal difunto.

Cose, teje, pega.

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真正面と、途中経過。

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Wakuneco significa en japonés: “marco de gato” o “retrato de gato”. Los clientes que acuden a ella quieren mediante este culto recordarlos, casi una momificación hecha de tela.

 

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Hiroshima: retrato de una ciudad 10 años antes del infierno

Hoy es viernes y miro esta peliculita de Japón, un found footage que dicen los ingleses. Es material encontrado e inédito, apenas unos minutos mudos que muestran una ciudad en los años treinta; ráfagas de vida, niños corriendo, pájaros, tranvías, mercados, mujeres con kimono que parecen venir de la compra, ajetreo, arterias que bombean un barrio, que huelen a barrio, que son el barrio, con sus carteros, los señores cubiertos por gorras y sombreros, ciclistas, autos, un tráfico denso, policías, transeúntes, mozos cargando paquetes, un día cualquiera, vaya, en una ciudad que me parece incluso moderna, con sus bulevares y teatros, sus puentes y río, las prisas y los atascos, y los alumnos que salen del colegio y sonríen inocentes hacia la cámara.

Pienso que si en Barcelona o Nueva York las señoras llevaran kimono la estampa no sería tan distinta. Solo por los magníficos almendros te diría que eso es Asia; árboles blancos, preciosos, una sinfonía de hojas enroscadas como en un haiku primaveral, tributos al reflorecer de la vida con los que el operador cámara inicia su reportaje sobre la existencia común en una ciudad cualquiera; los tiernos tallos de almendro que solo 10 años después acabarían pulverizados por Little Boy y sus 16 kilotones de soberbia; los 4.000 grados de asfixia, destrucción, radiación y muerte, desplegados en sendos lengüetazos de fuego por toda esa urbe que abandonó en aquella mañana de agosto su anonimato histórico.

Hoy es viernes y así era la vida en Hiroshima en 1935.

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El hotel más antiguo del mundo: un oasis enfrentado a los nuevos tiempos

El hotel más antiguo del mundo se encuentra en Japón, en la zona de Awazu, en el centro del país. Se llama Hoshi y está bendecido por un hermoso jardín zen; cual arquitectura de oasis, o bosquecillo benévolo, aparece incrustado entre edificios modernos que respetan con pudor su antiquísima forma.

Lleva en pie y dando servicio desde hace 1300 años, y su fuente termal nunca ha dejado emanar gracias al cuidado de sus administradores. Es un ryokan (hotel tradicional) construido alrededor de esas aguas en el año 718 y regentando por la misma familia desde hace 46 generaciones.

El fotoperiodista Fritz Schumann ha publicado un corto documental, titulado Houshi, que se adentra en este establecimiento que llegó a albergar en su centenar de habitaciones a miembros de la familia real, geishas y samuráis. Un espacio de relajación que sobrevive en el contraste de lo nuevo y lo viejo, la tradición y la tecnología, que hay en Japón.

El Hoshi ha sufrido a lo largo de los siglos cataclismos y guerras, pero la familia siempre lo reconstruyó para continuar con un oficio que puede solo transmitirse- según el estricto protocolo privado– a los hijos mayores del clan, y cuya misión es la de proteger con convicción de samurái la fuente termal.

El linaje de esta familia proviene de un antiguo monje que fundó un templo en la zona y que adoptó a un niño llamado Zengoro, el cual sentaría el legado dinástico, vinculando su descendencia al hotel budista. Desde entonces cada uno de los dueños de este espacio cargaron con su nombre: el último administrador responde a Zengoro 46.

En el documental de Fritz Schumann se desliza el conflicto existente entre un modelo tradicional -que lucha por sobrevivir en un mundo volátil- y las nuevas generaciones de la familia, especialmente las mujeres, que pelean por encauzar su destino dentro de una estructura conservadora y asfixiante. La muerte prematura del hijo mayor provoca un conflicto en el sistema de herencia, la preocupación de decidir quién puede ser elegido el próximo Zengoro 47, cuando para cubrir este vacío solo queda la hija superviviente.

Houshi (english) from Fritz Schumann on Vimeo.

Otros yōkai o demonios que vale la pena conocer

Seguimos con los demonios y demás criaturas. En el post anterior traté en este blog el tema de los yōkai o espíritus tradicionales de la cultura japonesa.

Yokai Kappa. Por Katsushika Hokusai. Wikimedia Commons.

Yokai Kappa o Niño de río. Por Katsushika Hokusai. Wikimedia Commons.

He decidido ampliarlo a un segundo escrito partiendo una vez más de la obra del artista Matthew Meyer.

Os voy a mostrar nuevos seres sobrenaturales interesantes. Todos han sido dibujados por Meyer, ilustrador estadounidense que está detrás de la web divulgativa yokai.com (una pequeña enciclopedia mitológica a la que podéis acudir).

Aquí vienen nuevos seres sorprendentes. Empezamos con el Bashō no sei.

Es un espíritu tropical oriundo de la isla de Okinawa. Se caracteriza por aparecerse como un rostro humano dentro de las hojas de una planta conocida como banana japonesa o musa basjoo. En la tradición nipona y china estos árboles suelen contener espíritus. Al Bashō no sei le gusta asustar a las personas más que dañarlas, y puede esconderse en los jardines ornamentales. No es particularmente hostil pero tampoco está exento de peligros. Por ello se recomienda no visitar los plataneros pasado el atardecer o, en su defecto, llevar una espada. Puede dejar a las mujeres embarazadas, por lo que darían a luz a un niño demonio.

El alegre Haradashi

Si el chupa-mugres era mi favorito en el anterior post, aquí tenemos otro ganador. Este espíritu tiene el nombre de “El que expone su vientre”. Habita en templos antiguos y casas. Es juguetón e inocente, y se pirra por unas botellas de sake. Suele amenizar las veladas con bailes y juegos. Sus rasgos van de la amabilidad a la estupidez. Es benéfico. Presenta un rostro y un estómago grande. Le encanta hacer reír a la gente. Es experto en las danzas ridículas, usando su vientre prominente. Suele aparecerse a las personas tristes, especialmente si están bebiendo solas. A cambio de alcohol, el Haradashi los anima. En su presencia perciben que la aflicción desaparece. Tiene el poder de llenar de esperanza y sueños a los deprimidos.

El Kappa es quizás el más famoso de todos yōkais en Occidente. Ha sido muy representado en series y videojuegos.

Su nombre quiere decir “niño del río”. Habita en cualquier medio acuático. Es omnívoro, tiene predilección por los pepinos pero también- y esto es una advertencia- por las entrañas humanas. Su forma característica es la de un reptil humanoide con caparazón de tortuga. Aparece principalmente en ríos y arroyos, y es un excelente nadador. A pesar de tener la forma de un niño goza de una fuerza increíble, muy superior a la de un ser humano adulto. Posee tres anos, sufre muchas flatulencias, y huele a pescado. Presenta un agujero cóncavo en su cabeza, que siempre debe contener agua. Si se seca este cuenco, muere. Son seres muy poderosos e inteligentes, que conocen los idiomas humanos y yōkai. Son venerados en el sintoísmo– la religión ancestral del Japón- como dioses de agua. Suelen ser traviesos y hasta groseros. Son muy territoriales- dejan sus marcas en los lagos- y les gusta ahogar a los intrusos. Pueden violar a las mujeres y devorar vivas a sus víctimas. Son invencibles en el agua, pero se muestran patosos en tierra. Si se les vence, prometen eterna fidelidad al ganador.

El Kotobuki

Esta quimera está compuesta por muchos animales y es un ser de buen auspicio. Contiene todos los signos del zodíaco asiático: la rata, la liebre, el buey, el tigre, el jabalí, el dragón, el mono, el perro, la oveja, la serpiente… Es una criatura poderosa que simboliza felicidad, progreso y una vida larga. Todos los japoneses desearían tener uno en su casa.

El Kazenbō

Es un fantasma que parece un monje en llamas. Oriundo de la montaña Toribeyama, cerca de Kioto, donde se encuentra un cementerio tradicional en el que se incineraba a los muertos en caso de epidemia. A pesar de que no daña a los seres humanos, su aparición es terrorífica. Suele surgir de la nada y consumirse inmediatamente por el fuego. Se cree que son los espíritus de unos antiguos monjes budistas que se sacrificaron dentro de un ritual crematorio y que no consiguieron, sin embargo, trascender al nirvana (la iluminación), por lo que seguirían apegados al mundo material.

La Hone Onna es la mujer esqueleto.

Es uno de los múltiples seres fantasmagóricos que hay entre los yōkais. Le gustan las calles oscuras, callejones y cementerios. No se alimenta de humanos pero tiene un gran apetito sexual. Este espíritu no sabe que ha muerto y suele presentarse ante sus seres queridos. Muchas veces aparece como la hermosa joven que fue, pero es solo un engaño. Normalmente regresa con sus amantes, porque está atada al mundo de los vivos por el amor que ha dejado atrás. Entonces copula con ellos y poco a poco les va robando la energía vital. Finalmente, si no se detienen estas prácticas, el amante se unirá a ella en el reino de los muertos.

La Ubume

Es un fantasma desamparado que ha muerto durante el parto. Uno de los yōkais más trágicos. Merodea por las noches oscuras y lluviosas. Lleva un niño en brazos y no para de gemir y de llorar. En ocasiones tiene la forma de una horrorosa mujer preñada ensangrentada que pide ayuda a los asombrados testigos. Normalmente vaga cerca del lugar en que murió. Si su bebé sobrevivió a su muerte intenta cuidarlo y compra comida para él, aunque solo pagará con hojas secas en los establecimientos.

Adagio a una tetera

Picasso pintó guitarras. Cortázar escribió trompetas. Bukowski evocó el sonoro magnetismo de las botellas. Amaban a estos instrumentos, aparatos que tienen linaje y arraigo literario, convertidos en iconos.

La tradición manda que alguien le escriba entonces una oda a esta tetera

Un poema, un relato, una pintura, partitura, que deje subrayada nuestra admiración, porque si aún fuéramos animistas sabríamos que todo objeto doméstico esconde un alma. Una tetera que emite notas, notas que son música, música que es alimento, trascendencia, espíritu que nace de este instrumento de inusual armonía oriental.

Un animista diría que en el fondo de su vasija esta tetera quería ser artista. Vivía quemada, agobiada por líquidos amargos que colapsaban su corazón, y este sería el origen de su aullido, la desesperación que se derrama por la trompa.

El destino de una tetera metálica comprada en el súper es jodido, aciago. Lo sabe toda persona sensible. La tetera nace paria, su casta es baja, acaba siendo el objeto con la peor sonoridad de la casa: ese grito o ladrido, un verdadero lamento. Todos los seres vivos – y las almas de muchos objetos- odiamos el sonido de la tetera.

Los sádicos que las diseñan lo hacen a conciencia: irritante, doliente, un centenar de agujas lanzadas en apabullante torbellino contra el tímpano para que nadie pueda obviar su llamada y se pierda el valioso líquido o aparezca el incendio. A este crimen de lesa tetería lo llamamos utilidad. Aquí tenemos la prueba…

Entonces, ¿qué puede hacer un tetera que quiera cantar, provista en origen de pésimas dotes y con esa trompa?

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Viaje al Japón abisal con el fotógrafo taxista Issui Enomoto

Estoy en la ciudad Yokohama y es a través del sueño de un extraño, el recuerdo de otra persona. No sé si hace frío o calor. A veces creo que llueve. Tiene algo de nebuloso, de abisal, este paisaje marino: navego por una fotografía de Issui Enomoto

©Issui Enamoto

©Issui Enamoto

En la pantalla del ordenador aparecen estos retratos publicados en su página web. Nado hacia las fosas del Japón nocturno que captura. Él ha dejado escrito que no es una ciudad, sino un océano fotográfico. Él entiende la ciudad como un mar compuesto de ilimitados componentes que son sacudidos frente a su vista por la presión de las olas.

El taxi opera de submarino, sus ojos son el batiscafo, dispara con su cámara arpones de luz. Captura momentos de la ciudad acuática. Miles de kilómetros nos separan, pero nos acompaña la noche, la noche en la que él bucea como taxista. Intuyo las luces de neón y los semáforos tintineantes de una Yokohama marina, abisal, profunda…

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Un museo japonés permite controlar por Internet los objetos en exhibición

Los objetos sustituyen a los seres humanos de carne y hueso, que no tienen por qué visitar el museo para participar en la instalación interactiva. Sin aparente relación entre ellos, un ventilador, un cono de tráfico, un teléfono o el busto pálido de una venus grecorromana comparten la sala. Tienen en común una serie de añadidos insertados: pantallas, cámaras y microprocesadores.

Avatars (Avatares) es una exposición basada en la participación a distancia. Las piezas que se exhiben en la muestra se pueden controlar, están conectadas a Internet y sólo hay que entrar en una web para manejarlas.

Los artistas japoneses So Kanno y Yamaguchi Takahiro son los autores de la instalación, que permanecerá hasta el 14 de mayo en el YCAM (en la ciudad de Yamaguchi, al sur de Japón), un museo especializado en proyectos que unen arte y nuevas tecnologías. Quien desee participar tendrá que hacerlo cuando el centroestá abierto en Japón, de 10:00 a 19:00 horas, de las 3 a las 12 de la mañana UTC.

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La artista japonesa que encontró en Barcelona a su pareja artística

'Sanpo' - Mina Hamada - Foto: cargocollective.com/minahamada

‘Sanpo’ – Mina Hamada – Foto: cargocollective.com/minahamada

Es probable que, al contemplar los acrílicos de Mina Hamada, también quieras tocarlos. Las figuras son abstractas pero bien definidas, evocan un objeto conocido y a la vez son deliciosamente extrañas. Producen una sensación parecida a la de vaciar sobre la mesa una bolsa de gominolas y disfrutar de la combinación de formas y colores antes de comerlas.

Harunohi, Selva De Mar, Spin, Hora Del Té, Natural conversation… Los títulos en japonés, castellano e inglés descubren a una artista que maneja sensibilidades muy variadas. Nació en Luisiana (EE UU), creció en Tokio —donde estudió Bellas Artes y Diseño— y desde el año 2009 vive en Barcelona.

El texto que en su página web describe su trabajo, menciona la “combinación de occidente y oriente”, el “inconsciente”, la “improvisación” y el “autoanálisis poético” como herramientas para examinar la propia identidad.

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‘El malvado Mickey ataca Japón’, una historieta animada de 1934

En una alegre isla japonesa, un grupo de animales humanoides y una niña se mueven al son de los violines. Como instrumento de percusión, una extraña tortuga-pato estira el cuello: cada vez que asoma la cabeza, un gato la golpea para añadir percusión a la música. La fiesta termina cuando sobre ellos planea un murciélago que suena como un avión y sobre el que viaja un roedor diabólico: Mickey Mouse.

El malvado Mickey ataca Japón (1934) es una historia de dibujos animados realizada en Japón con fines propagandísticos. La acción se sitúa sin embargo en 1936, como anunciando una amenaza inminente y sólo dos años de margen para reaccionar. Aunque salta a la vista que la coreografía y los movimientos combados de brazos y piernas son una herencia de las primeras historietas de Disney, el contradictorio cartoon nipón es una advertencia sobre los potenciales peligros imperialistas estadounidenses, que también llegan en forma de ratón animado.

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