Los andadores para bebés son peligrosos

Andador

Fuente: Flickr

Todavía recuerdo mis tardes de pasillo, allá por los años 80, cuando mis padres me colocaban en un andador, también llamado tacataca en aquella época. Eran tardes en las que, impulsado por mis piernas que colgaban del asiento de aquel artilugio, corría de un lado para otro como pollo sin cabeza sin importar que todavía no tuviera la destreza psicomotriz para haber empezado a caminar por mi cuenta. Tardes en las que todo eran risas cuando me chocaba contra las paredes y mi madre se ponían de los nervios pensado que algún día iba a pasar algo que nos haría salir corriendo al hospital, ya que, con la visión de futuro que suelen tener las madres, auguraba que al final me acabaría dando un trastazo y haciéndome una brecha en la cabeza.

El susodicho artilugio era un idea de los abuelos que, con toda la buena intención del mundo, me lo habían regalado al cumplir 8 meses de edad. En aquella época se creía que los andadores ayudaban a los niños a caminar antes, ya que permitían entrenar los pasitos que antes o después acabaríamos dando. A día de hoy, todavía se puede ir a cualquier tienda de material infantil y adquirir uno de estos andadores. De hecho, hasta han evolucionado en forma, ya que no solo hay disponibles los típicos en los que el niño va sentado, sino que también existen andadores similares a los que utiliza una persona anciana cuando necesita algo de ayuda para caminar, como una especie de carritos que se pueden empujar.

A pesar de todo, mi historia tiene final feliz, pero mi madre siempre recordará aquella tarde de domingo en la que dejó la puerta de la calle abierta mientras iba a por un poco de sal para la vecina y yo, cual piloto de fórmula-1, salí escopetado por la puerta de casa del piso en el que vivíamos directo a la escalera que daba a la calle. Tuve suerte, ya que antes de caer despeñado por las escaleras, el andador se atascó con la barandilla y no se produjo la caída que mi madre había augurado. Eso sí, desde entonces el andador quedó relegado al trastero y prefirió dejarme en el suelo de casa para que pudiera jugar libremente mientras ella se dedicaba a sus quehaceres.

¿Por qué los andadores son peligrosos?

La introducción que habéis leído es una ficción, pero no se aleja mucho de la realidad sobre la peligrosidad que supone un andador. Fijaos si los pediatras estamos concienciados en este tema que ya en el año 2001 la Asociación Americana de Pediatría publicó unas recomendaciones en las que no aconsejaba el empleo de andadores tras haber detectado solo durante el año 1999 cerca de 9.000 niños que habían sufrido heridas asociadas a su uso, y que en el periodo de 1973 a 1998 habían fallecido 35 niños por esta causa.

Muchos estaréis pensado que somos unos exagerados, y que todos los días se producen accidentes en niños asociados al juego. De lo que no cabe duda es que los accidentes asociados a los andadores son prevenibles con el mero hecho de no usarlos. Está claro que los niños se caen y se golpean cuando juegan, sobre todo durante los primeros años en los que todavía no han terminado de desarrollar la motricidad gruesa, pero si a eso añadimos un elemento para el que no están preparados, el desastre está casi asegurado.

Un andador permite al niño desplazarse con mayor movilidad que la que le permite su desarrollo psicomotor, lo que a la postre se puede traducir en que realice acciones que lo pongan en peligro. El relato de la escalera es un buen ejemplo, pero pensad también en otras cosas que permite hacer un andador que de otra forma un bebé no podría hacer. Por ejemplo, al estar sentado en una posición erguida tiene la capacidad de llegar a objetos que se encuentren por encima de su altura, tirar de ellos y que se le caigan encima, como podría ser el cable de una lámpara o algo que cuelgue de una mesa. Además, no debemos olvidar que estos andadores permiten al niño desplazarse muy rápido, lo que puede hacer que tras un pequeño choque con algo que haya por casa, el andador vuelque y el niño acabe tirado por el suelo.

No es mi intención asustaros, pero dado que los andadores no ayudan a los niños en su desarrollo motor, su empleo no parece recomendable, al menos sin la supervisión directa y constante de un adulto que garantice que el niño no se ponga en peligro.

¿Por qué los andadores no ayudan al desarrollo de la marcha?

Decía que los andadores no mejoran la capacidad motora de un niño y desde mi punto de vista esto en muy fácil de entender.

El desarrollo psicomotor es un viaje en el que el niño adquiere nuevas habilidades que le permiten desarrollarse plenamente. Como en cualquier viaje, antes de llegar a una ciudad hay que recorrer todos los kilómetros que te llevan a ella y es el propio viaje el que te permite llegar a destino y disfrutar de la ciudad nueva a la que acabas de llegar. Como os podéis imaginar, los primeros kilómetros del viaje son igual de importantes que los últimos, ya que, al fin y al cabo, no nos podemos saltar una parte del camino para llegar antes al final del viaje.

Con los andadores pasa un poco lo mismo: pretenden acelerar el proceso de maduración del desarrollo psicomotor. Sin embargo, poner a un niño colgando de un andador para que mueva las piernas como entrenamiento para caminar, no va a hacer que camine antes, ya que nos estaremos saltando un montón de etapas (esos kilómetros intermedios que debemos recorrer durante el viaje) que con el tiempo permiten a los niños tener una marcha liberada.

Para que un niño camine por sí solo, primero debe poder hacer otras cosas desde el punto de vista motor. De hecho, el empleo de andadores puede llegar a interferir en el desarrollo psicomotor del niño, ya que le obliga a hacer algo que todavía no sabe hacer y le impide recorrer todos los kilómetros previos de los que hablaba antes de llegar al final del viaje.

¿Y es lo mismo un tacataca que un andador de empujar?

El típico tacataca que todos tenemos en mente es una especie de cesta en la que se mete al niño de la que cuelgan sus piernas, rodeada de un chasis con ruedas que es lo que le dará estabilidad. La evolución lógica de estos andadores para niños que ya son capaces de ponerse de pie sería un andador en las que apoyan sus manos y que ellos irían empujado gracias a unas ruedas. El problema de estos andadores es que no tienen frenos.

La peligrosidad de un andador no desaparece en estos casos, ya que van a permitir que el niño camine mientras se agarra a él, pero si todavía no es capaz de controlar bien el movimiento, es muy probable que acabe cogiendo velocidad y cayendo de bruces. No os creías que esto es tan raro, al fin y al cabo, cuando ves a un niño que ya es capaz de ponerse solo en pie es lógico pensar que si le das algo que puede empujar y del que va a agarrado le pueda servir de entrenamiento. Sin embargo, estos andadores no tienen frenos, y si el niño no va a sabe parar, cosa que ocurre cuando está empezando a caminar, lo más probable es que acabe dando un traspié.

De nuevo, cuando un niño es capaz de ponerse en pie, lo más habitual es que empiece a realizar movimientos laterales apoyado a objetos fijos, y tras ese entrenamiento, cuando se sienta preparado, se soltará para dar sus primeros pasos. No tiene sentido saltarse esa etapa ofreciéndole un andador para empujar que no le va a permitir ganar esa seguridad que necesita.

¿Y que pasa con las minimotos o las actuales bicis sin pedales?

En los últimos años se han puesto de moda las bicicletas de pequeño tamaño sin pedales o unas motos con las ruedas muy amplias que servirían para dar estabilidad. Si somos estrictos, este tipo de vehículos infantiles son muy similares a los tacataca o los andadores de empujar, ya que permiten desplazarse al niño a cierta velocidad mientras juega.

Sin embargo, para que un niño pueda usar una de estas bicis, precisa de un destreza motriz bastante desarrollada ya que requiere de una serie de acciones coordinadas que se adquieren con la edad (movimiento de piernas para el impulso y equilibrio) sin las que va a ser imposible que consiga desplazarse.

Me queda la duda de si estas bicicletas sin pedales estimulan el desarrollo psicomotor, ya que es increíble ver a los niños pequeños cómo las manejan y cómo, cuando pasan a la bici de pedales, casi no necesitan usar ruedines para ganar en estabilidad.

De todas formas, aunque el niño sea el más diestro de la clase, estos vehículos no están exentos de posibles caídas, por lo que el empleo del casco debería ser obligatorio, como en cualquier actividad que implique riesgos de caídas.


En definitiva, los andadores son peligrosos y no estimulan el desarrollo psicomotor infantil, por lo que lo más prudente es no utilizarlos, sobre todo cuando existen un montón de actividades que pueden realizar nuestros hijos que sí que van a influir positivamente en su desarrollo sin ponerlos en peligro.

Fuente: Dos Pediatras en Casa G.O

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Además, en septiembre de 2021 echó a rodar “Sin Cita Previa”, un podcast del que somos presentadores y que seguro que también te pude gustar. Puedes escucharlo en:

La licencia de la imagen que abre este post pretenece a Sandra M. Martinez bajo una licencia CC BY-NC 2.0

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Carmen

    El relato será ficción para ti, pero realidad para mi. Mi madre cuenta que estaba haciendo faenas en una habitación que justo tenía la escalera al lado (ya sabes las casas de antes) y yo pues no andaba, era un poto. Me tenía puesta en el tacataca y se confió porque claro, quien se iba a imaginar que el poto de repente echara a correr y se cayera escaleras abajo rodando con el cacharro. No me pasó nada pero me podría haber pasado perfectamente, que no fueron 2 escalones precisamente.
    Tengo claro que ni tacatacas ni bicis sin pedales. Prefiero el método clásico de bicicletas con ruedines y pedales, irle quitando los ruedines cuando vaya madurando y por supuesto, casco y rodilleras…. Que mi padre me quitó los ruedines un poco pronto pensando que ya era el momento y vaya porrazo me di (y vaya bronca le cayó a él)

    25 octubre 2021 | 10:56 am

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