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¿Cuál es el origen de la exclamación ‘caray’?

Días atrás, mi compañero y amigo José Miguel Cruz, del programa La linterna de Cope Catalunya y Andorra (en el que realizo una sección de curiosidades), me preguntó sobre el origen de la exclamación ‘¡caray!’.

¿Cuál es el origen de la exclamación ‘caray’?

Se utiliza el término ‘caray’ a modo de exclamación y con intención de indicar algún tipo de emoción o sentimiento (de sorpresa, admiración, enfado…) sin utilizar una palabra malsonante (muy en la línea de otras como ‘caramba’, ‘¡ostras!’, ‘jolines’ o las desfasadas ‘cáspita’ o ‘canasto’).

No es un vocablo que surgió de la nada sino que tiene tras de si un origen etimológico de lo más curioso, ya que pocas son las personas que conocen que el término ‘caray’ es un eufemismo que surgió para sustituir a otra exclamación malsonante: ‘carajo’ (que, como sabréis, se utiliza como sinónimo de ‘pene’).

En realidad caray no es más que el resultado final de la catalanización del término carajo. Inicialmente se decía en la forma ‘carall’ y con el tiempo se modificó a ‘carai’ e incluso podemos encontrarlo en la forma ‘carat’. Estos tres términos están recogidos por los diferentes diccionarios de la lengua catalana dándoles como acepción a todos ellos el de ‘interjección y eufemismo de carajo’.

Las primeras referencias en castellano, recogidas en los diccionarios, de este eufemismo las encontramos por un lado en la 10ª edición del Diccionario de la RAE de 1852 en la forma ‘caray’ y con la acepción: ‘Interjección semejante a las de caramba, cáspita, canasto y otras’. Ese mismo año (1852) aparece recogida en el Gran diccionario de la lengua española de Adolfo de Castro y Rossi en la forma ‘carai’ y con la acepción: ‘Interjección de sorpresa, o extrañeza, o dolor. Es voz nada decorosa’.

Cabe destacar que en los diccionarios podemos encontrar también que se le da una segunda acepción al término caray que es el de ‘tortuga de mar’, pero hay que señalar que este caray no proviene del mencionado carajo sino que es una variación de ‘carey’ que es como realmente se denomina la citada tortuga de mar.

 

 

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Fuentes de consulta: Nuevo Tesoro Lexicográfico de la Lengua Española / RAE (1) / RAE (2) / enciclopedia.cat (1) / enciclopedia.cat (2) / enciclopedia.cat (3) / libertaddigital / etimologias.dechile
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‘¡Jiminy Cricket!’, la exclamación que usan algunos angloparlantes para no blasfemar

Es común en algunas persona angloparlantes el utilizar la expresión ‘Jiminy Cricket’ a modo de exclamación a la hora de soltar un improperio pero no quieren blasfemar.

‘¡Jiminy Cricket!’, la exclamación que usan algunos angloparlantes para no blasfemar

No se tiene constancia del origen exacto de su uso, pero la primera constancia que se tiene data de 1803 en la forma ‘Jiminy’ y en la que se señalaba como eufemismo para maldecir por algo o a alguien sin utilizar el nombre de Jesucristo y, por tanto, no caer en la blasfemia (algo que, además de ser pecado, estaba castigado por la ley en aquella época).

En 1848 ya aparece en la forma de Jiminy Cricket (cuyas iniciales coinciden con las de Jesus Christ) y hacia finales del siglo XIX (1890) tuvo una nueva variante: Jiminy Christmas.

Pero curiosamente Jiminy Cricket es también el nombre que le otorgó, en 1940, Walt Disney al famosísimo grillo que acompañaba a Pinocho (Pepito Grillo en España), ya que dicho personaje se llamaba originalmente ‘El Grillo Parlante’ en la novela Las aventuras de Pinocho, escrita por Carlo Collodi en 1883.

Cabe destacar que la exclamación ‘Jiminy Cricket’ aparece, antes de ser utilizada como nombre del grillo en la película Pinocho,  en el filme El Mago de Oz en 1939, en el que Dorothy la pronuncia y, dos años antes, es exclamada también por los enanitos en Blancanieves y los siete enanitos de la factoría Disney.

 

 

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¿De dónde surge la exclamación ‘¡diantres!’?

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Normalmente, cuando se utiliza término ‘diantre’, se hace a modo de exclamación y, sobre todo, como eufemismo (forma de aludir a algo sin necesidad de decir una grosería o blasfemar). Un ejemplo de su uso es: ‘¡¿Pero qué diantres ha pasado aquí?!’.

En sus orígenes se comenzó a utilizar el vocablo ‘diantre’ para sustituir a palabras como ‘diablo’ o ‘demonio’, debido a que antiguamente se tenía el convencimiento (superstición) que si se nombraba al maligno algo malo podría ocurrir, de ahí que se buscara un término con el que referirse a él sin tenerlo que mentar.

Diantre llegó al castellano desde el francés de exacta grafía y significado (la primera aparición del término en legua francesa es del siglo XVI). El vocablo no dejaba de ser una alteración de la palabra ‘diable’ con el mismo propósito eufemístico con el que en nuestra lengua se utiliza.

Cabe destacar que este caso de eufemismo es muy similar al de la utilización del término ‘¡pardiez!’, usada para sustituir la exclamación ¡por Dios!, tal y como os expliqué hace un tiempo en este otro post: https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/de-donde-surge-la-exclamacion-pardiez

 

 

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¿De dónde surge la exclamación ‘¡pardiez!’?

¿De dónde surge la exclamación ‘¡pardiez!’?A través de la página en Facebook de este blog Mónica Carrasco me escribe explicándome que recuerda que su abuelo utilizaba a menudo la exclamación ‘¡pardiez!’, la cual hace años que no la ha vuelto a escuchar decir a nadie, y le gustaría saber de dónde surgió dicho término.

La exclamación ‘¡pardiez!’ está en desuso (como bien apunta la lectora), pero durante varios siglos fue un término ampliamente utilizado como eufemismo (forma de aludir a algo sin necesidad de decir una grosería o blasfemar) por aquellos que querían realizar un juramento o exclamar algo en nombre de Dios. Debemos tener en cuenta que durante gran parte de la Historia todo aquello que era blasfemar o decir el nombre de Dios en vano estaba considerado pecado y era perseguido por la justicia; por lo que, gracias al ingenio de la época, se buscó una fórmula en la que se enmascaraba el nombre del llamado Creador de una forma en la que no pudiesen acusarles de herejía al pronunciarla.

Podemos encontrar el término pardiez ampliamente referenciado en textos del Siglo de Oro español por autores como Cervantes, Lope de Vega o Quevedo.

Esta fórmula de juramento y/o exclamación suele ser contundente y viene a sustituir a ‘Por Dios’: ¡Pardiez! ¿has visto cómo me has puesto?, Deja ya de dar el coñazo, ¡pardiez!.

 

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