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¿Cuál es el origen de la expresión ‘ser un vivalavirgen’?

¿Cuál es el origen de la expresión ‘ser un vivalavirgen’?

Se conoce como ‘vivalavirgen’ a aquella persona que se comporta de manera despreocupada e informal. El término es un vocablo formado a partir de la locución ‘Viva la Virgen’ y se escribe todo junto cuando es utilizado para referirse coloquialmente a quienes he descrito al inicio del post (tal y como recoge el Diccionario de la RAE).

El origen de la expresión ‘ser un vivalavirgen’ procede de los ambientes marinos y tal y como apuntan la mayoría de fuentes, proviene del momento en el que los marineros de un barco estaban en formación y debían ir indicando que allí se encontraban en el momento del recuento. Era una norma establecida que el marinero que cerraba dicha formación tenía como encargo gritar ‘¡Viva la Virgen!’ en lugar de decir su nombre o número y esa mención a la madre de Jesús se hacía con el propósito de reclamar la protección divina para toda la tripulación.

Al ser el último quien debía hacerlo, todo apunta a que siempre recaía en el más despistado, holgazán o despreocupado (algunos indican incluso que torpe) que se incorporaba al grupo, de ahí que con el tiempo se utilizase el término ‘vivalavirgen’ como sinónimo de ese tipo de personas.

También podemos encontrarnos con quien defiende que el origen de la locución es otra, situando la acción en tiempos en los que las costas del Nuevo Mundo (bajo control español) eran atacadas por piratas ingleses y en la defensa de la misma los soldados e indígenas armados gritaban ese ¡Viva la Virgen!. Evidentemente, muy pocos son los que defienden esta hipótesis y apenas existen fuentes que así lo confirmen. El propio José María Iribarren en ‘El porqué de los dichos’ no le otorga demasiada fiabilidad a esta explicación.

 

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Post realizado a raíz de la consulta realizada por Ana Rosa Lorite a través del apartado de contacto de este blog

Fuentes de consulta: fundacionlengua / El porqué de los dichos de José María Iribarren / Viaje de circunnavegacion de la corbeta Nautilus de Fernando VillaamilyorokobuRAE
Fuente de la imagen: pixabay

¿Sabías que decimos incorrectamente la expresión ‘quedar en aguas de borrajas’?

¿Sabías que decimos incorrectamente la expresión ‘quedar en aguas de borrajas’?

Quién no ha escuchado o dicho en alguna ocasión una frase del tipo: ‘Estaba esperanzado en conseguirlo pero al final todo ha quedado en agua de borrajas’. Estas expresiones suelen utilizarse para referirse a aquello que finalmente no ha salido como uno esperaba y a un desenlace que ha resultado ser decepcionante (cuando las expectativas eran buenas).

Se dice que su significado se debe a lo insípida que resulta la infusión de la planta de la borraja, la cual se utilizaba desde la antigüedad como remedio para hacer sudar (sudorífica). También se tenía la vieja creencia (y superstición) de que si se una mujer pisaba una hoja de borraja quedaría embarazada.

Pero en realidad, por muchas veces y tiempo que llevemos escuchando la frase ‘quedar en aguas de borrajas’, ésta no es del todo correcta y con los años ha variado de como realmente se decía en sus orígenes.

Inicialmente  la hierba utilizada para esta expresión era la ‘cerraja’, una planta semejante a una lechuga silvestre (así la definía el Diccionario de Autoridades de 1729) cuyas propiedades de las hojas, flores o jugo lechoso se aplicaba como estimulante del apetito, el tratamiento de la ascitis o para trastornos hepáticos (entre otros). Pero sin embargo su agua infusionada resultaba insulsa y sin propiedades, de ahí que, originalmente, la expresión fuese ‘quedar en agua de cerrajas’: esta agua en comparación a los atributos del resto de la planta se quedaba en nada.

Sebastián de Covarrubias en su ‘Tesoro de la lengua castellana o española’, de 1611, ya menciona el ‘agua de cerrajas’ como sinónimo de algo que no llega a buen término.

Muchos son los lexicógrafos que culpan a una corrupción de la expresión cuando ésta pasó de ser utilizada en los ambientes rurales a las poblaciones más grandes e importantes, siendo prácticamente desconocida la cerraja y mucho más común la borraja, por lo que se adoptó este término para aplicárselo a la frase. El propio José María Iribarren en ‘El porqué de los dichos’ alude al provincialismo a la hora de haber modificado el modismo para que les resultase mucho más fácil fonéticamente a la hora de decir y recordar.

Para finalizar, cabe destacar que la propia web del Diccionario de la Rae redirige a ‘agua de cerrajas’ cuando se realiza la búsqueda ‘agua de borrajas’.

 

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Fuentes de consulta: Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias / ‘El porqué de los dichos de José María Iribarren / Diccionario de Autoridades de 1729 / cvc.cervantes / Diccionario de la Rae
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿De dónde proviene la expresión ‘sacar a alguien de sus casillas’?

Seguro que en más de una ocasión habéis utilizado la expresión ‘sacar a alguien de sus casillas’ para referidos al hecho de hacer perder la paciencia a alguien, irritarla, encolerizarla o hacer que se enfade…

Aunque algunas fuentes atribuyen el origen del dicho a la relación que existe con las casillas de un tablero de ajedrez, parece ser que realmente proviene de otro popular juego de mesa.

Según el libro El porqué de los dichos’ de José María Iribarren, ilustre lexicógrafo y escritor (entre otras muchas cosas), ésta es una expresión cuya procedencia la debemos buscar en el Backgammon (en España conocido popularmente como “Tablas Reales” o “Chaquete”) un milenario juego de tablero y fichas al que eran muy aficionados en la antigüedad, siendo jugado, sobre todo, por personas de las altas esferas (reyes, gobernantes, eclesiásticos…). Éstos solían disputar sus partidas enfrentándose a algún lacayo, sirviente o persona de menor rango y aunque los adversarios procuraban dejarles ganar, no siempre se conseguía, ya que los dados tenían mucho que ver en el devenir de la partida.

De ahí que en un momento del juego, cuando una de las fichas caía en una de

las casillas que ocupaba otra del adversario ésta era echada fuera (se sacaba de la casilla) y debía volver a entrar por el principio. De ahí que muchos oponentes se irritasen y/o enfadasen porque ‘les habían sacado de sus casillas’.

 

 

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Fuentes de consulta: El porqué de los dichos’ de José María Iribarren / hispanoteca / RAE