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¿Cuál es el origen del aguinaldo navideño?

¿Cuál es el origen del aguinaldo navideño?

Cuando llega la Navidad muchos son los niños y niñas que se pasean de puerta en puerta por todo su vecindario cantando alegres villancicos en busca de una propina, comúnmente conocida como ‘aguinaldo’.

Este presente (que suele ser en metálico) también se ofrecía hace unas décadas a aquellos trabajadores que ofrecían algún tipo de servicio a la comunidad (carteros, serenos, barrenderos, porteros de fincas…) quienes unos días antes de Navidad se pasaban por las casas entregando una postal de felicitación y a cambio recibían la mencionado aguinaldo.

Con los años incluso algunas empresas han denominado con el término aguinaldo a la paga extra que da a sus trabajadores en Navidad.

El hecho de dar una propina (o aguinaldo) a alguien –ya sea por realizar un trabajo o servicio público a lo largo de todo un año  como gratificación puntual- es antiquísimo y podemos encontrar que en la Antigua Roma ya se gratificaba a los súbditos, soldados o personal de servicio en vísperas del Solsticio de Invierno y la celebración de las Saturnales (una de las fiestas paganas más importantes de aquella época).

Donde hay ciertas divergencias es el origen etimológico del término aguinaldo. La mayoría de expertos (incluyendo la RAE) señala que dicho vocablo proviene de la locución latina ‘hoc in anno’, cuyo significado literal es ‘en este año’ y hacía precisamente referencia a la gratificación que se daba al personal de servicio al finalizar la anualidad por los servicios prestados a lo largo de todo aquel año.

La locución ‘hoc in anno’ derivó en el castellano ‘aguilando’ (muchas son las personas que así lo pronuncian) y con los años pasó a la forma aguinaldo.

Otro de los orígenes que se le da al término (y que es defendido por el lexicógrafo, de los siglos XVI y XVII, Sebastián de Covarrubias) son el arábigo ‘Guineldun’ (regalar) de ahí pasó al griego ‘Gininaldo’ (de idéntico significado) y derivando en ‘agimnaldo’ y finalmente aguinaldo. Esta etimología está ampliamente discutida por la mayoría de expertos.

 

 

Lee y descubre en este blog algunas curiosidades relacionadas con la Navidad

 

 

Fuente de la imagen: maxpixel

¿Sabías que decimos incorrectamente la expresión ‘quedar en aguas de borrajas’?

¿Sabías que decimos incorrectamente la expresión ‘quedar en aguas de borrajas’?

Quién no ha escuchado o dicho en alguna ocasión una frase del tipo: ‘Estaba esperanzado en conseguirlo pero al final todo ha quedado en agua de borrajas’. Estas expresiones suelen utilizarse para referirse a aquello que finalmente no ha salido como uno esperaba y a un desenlace que ha resultado ser decepcionante (cuando las expectativas eran buenas).

Se dice que su significado se debe a lo insípida que resulta la infusión de la planta de la borraja, la cual se utilizaba desde la antigüedad como remedio para hacer sudar (sudorífica). También se tenía la vieja creencia (y superstición) de que si se una mujer pisaba una hoja de borraja quedaría embarazada.

Pero en realidad, por muchas veces y tiempo que llevemos escuchando la frase ‘quedar en aguas de borrajas’, ésta no es del todo correcta y con los años ha variado de como realmente se decía en sus orígenes.

Inicialmente  la hierba utilizada para esta expresión era la ‘cerraja’, una planta semejante a una lechuga silvestre (así la definía el Diccionario de Autoridades de 1729) cuyas propiedades de las hojas, flores o jugo lechoso se aplicaba como estimulante del apetito, el tratamiento de la ascitis o para trastornos hepáticos (entre otros). Pero sin embargo su agua infusionada resultaba insulsa y sin propiedades, de ahí que, originalmente, la expresión fuese ‘quedar en agua de cerrajas’: esta agua en comparación a los atributos del resto de la planta se quedaba en nada.

Sebastián de Covarrubias en su ‘Tesoro de la lengua castellana o española’, de 1611, ya menciona el ‘agua de cerrajas’ como sinónimo de algo que no llega a buen término.

Muchos son los lexicógrafos que culpan a una corrupción de la expresión cuando ésta pasó de ser utilizada en los ambientes rurales a las poblaciones más grandes e importantes, siendo prácticamente desconocida la cerraja y mucho más común la borraja, por lo que se adoptó este término para aplicárselo a la frase. El propio José María Iribarren en ‘El porqué de los dichos’ alude al provincialismo a la hora de haber modificado el modismo para que les resultase mucho más fácil fonéticamente a la hora de decir y recordar.

Para finalizar, cabe destacar que la propia web del Diccionario de la Rae redirige a ‘agua de cerrajas’ cuando se realiza la búsqueda ‘agua de borrajas’.

 

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Fuentes de consulta: Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias / ‘El porqué de los dichos de José María Iribarren / Diccionario de Autoridades de 1729 / cvc.cervantes / Diccionario de la Rae
Fuente de la imagen: Wikimedia commons