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Media docena de curiosidades sobre los cementerios

Media docena de curiosidades sobre los cementerios

El primero de noviembre es por antonomasia el día del año en el que más personas acuden a los cementerios para llevar flores e ir a visitar a sus seres queridos fallecidos. Se realiza esta fecha debido a que es festiva (Día de Todos los Santos) aunque el Día de los Santos Difuntos es el día siguiente, 2 de noviembre.

Aprovechando esta festividad os traigo al blog media docena de curiosidades relacionadas con los cementerios:

 

  • El origen del término ‘cementerio’

Cementerio proviene del latín vulgar ‘cemeteriu’, éste del latín culto ‘coemeterium’ que a la vez venía del griego ‘koimeterion’ -κοιμητήριον-: lugar donde dormir/dormitorio (koimo: dormir/estar echado/acostarse, -terion: sufijo de lugar).

Al castellano nos llegó como ‘cemeterio’ (desde el latín vulgar cemeteriu), pero a través de los siglos se le coló al término una ‘n’ intercalada, la cual los expertos se dividen entre dos motivos las posibles causas de que el término acabase siendo conocido por todos como ‘cementerio’ y no ‘cemeterio’. Por un lado por la facilidad a la hora de ser pronunciada, ya que es mucho menos complicada hacerlo con esa ene extra. Por otro lado, muchos son los que defienden la hipótesis de que hubo quien confundió el origen etimológico de la palabra y se lo adjudicó al término latín ‘caementa’ (piedra quebrada) que derivó en ‘cemento’, al utilizarse esta argamasa para construir y cerrar las tumbas o nichos.

  • ¿Por qué antiguamente llamaban ‘Necrópolis’ a los cementerios?

Antes de la llegada del cristianismo aquellos lugares destinados para dar sepultura a los fallecidos eran conocidos como ‘Necrópolis’, término que proviene del griego ‘nekrópolis’ -νεκρόπολις- y significa literalmente ‘ciudad de los muertos’ (necro: muerte, polis: ciudad).

Ante la creencia cristiana de que la muerte solo es un tránsito y, por tanto, al fallecer lo que se hacía era ‘dormir’ para posteriormente ‘resucitar’ se sustituyó el termino necrópolis por el de cementerio en la mayoría de culturas.

  • El origen de la costumbre de llevar flores a los muertos

El origen de dicha costumbre se remonta a la antigüedad, en la que los fallecidos eran puestos a exposición de todos durante varios días, con el propósito de ser velados y comprobar que no regresaban de la muerte.

Por aquel entonces no existían las avanzadas técnicas de embalsamiento y las que habían no estaban al alcance de todo el mundo, por lo que, los cuerpos (que solían estar expuestos a la intemperie), se descomponían y desprendían un desagradable olor, sobre todo en época de calor. Para enmascarar ese hedor, se quemaba incienso y se cubría al fallecido con todo tipo de flores, lo cual aromatizaba el ambiente y hacía más agradable el acto de velar al difunto.

Con el transcurrir de los años, la costumbre de llevar flores a los muertos perduró y se afianzó, no solo durante el tiempo de vela y entierro, sino que también llevarlos al cementerio en días específicos, como el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos.

  • ¿Por qué en los cementerios hay plantados cipreses?

Una de las características más llamativas de los cementerios (sobre todo de los países mediterráneos) es la visión de los solemnes cipreses que ahí se encuentran plantados.

El motivo de que este vistoso, alto y frondoso árbol esté plantado en el ‘camposanto’, se debe a la longevidad del mismo, su hoja perenne y a no necesitar cuidado especial alguno. Soporta bien los cambios bruscos de temperatura y no varía en su forma y color (verde oscuro).

La altura del ciprés ayuda en gran medida como cortavientos, plantándose próximo a los muros del cementerio, y al crecer su raíz de manera vertical y recta hacia abajo, esta no crea los posibles estropicios que otro árbol ahí plantado causaría a las lápidas y otros ornamentos fúnebres.

La costumbre de utilizar cipreses en los cementerios es antiquísima, encontrándonos que las antiguas civilizaciones griega y romana ya lo plantaban y atribuían toda una simbología alrededor de la muerte. La forma ascendente y frondosa del tronco hacia la copa de este árbol encaminaba (según la mitología) las almas de los difuntos hacia los cielos.

Y ya que he nombrado la mitología, encontramos en la griega el mito alrededor de Cipariso (cuya traducción es Ciprés), un joven que por error mató a su ciervo domesticado, siendo tan grande su dolor y pena que le pidió al dios Apolo que permitiera llorarlo eternamente, convirtiendo a Cipariso en un árbol (ciprés) y quedando, desde ese momento, relacionado este árbol con el duelo tras la pérdida de los seres queridos.

  • ¿Por qué se llama ‘mausoleo’ a los sepulcros suntuosos?

El término ‘mausoleo’, para referirnos a las tumbas construidas de forma esplendida con todo tipo de detalle y gran solemnidad, proviene de Mausolo, gobernador (sátrapa) de la provincia de Caria que falleció en el año 353 a.C.

Su hermana (y a la vez esposa) Artemisia II asumió su cargo, mandando erigirle un monumental sepulcro y para ello reunió a los artistas griegos dedicados a la escultura y arquitectura más importantes de la época. Hasta allí se personaron Briaxis, Escopas, Leocares, Sátiros, Timoteo y Piteos, quienes diseñaron un templo funerario en Halicarnaso en el que colocaron la tumba rectangular de mármol y la rodearon de 36 columnas jónicas sobre las que descansaba un arquitrabe y sobre este una pirámide en la que colocaron un carro de bronce con las estatuas de Mausolo y Artemisa (que falleció un año antes de ser finalizada la obra). El 350 a.C. el monumento estaba terminado, convirtiéndose en todo un símbolo que dio origen al término ‘mausoleo’. En 1404 fue destruido por un terremoto.

  • ¿Cuál es el origen del término ‘sarcófago’?

Conocemos como ‘sarcófago’ al sepulcro, normalmente realizado de obra y piedra, que es utilizado para dar sepultura a un cadáver (o varios).

El origen etimológico del término sarcófago lo encontramos en el griego ‘sarkophágos’ (σαρκοφάγος) aunque al castellano llegó desde el latín ‘sarcophăgum’ y cuya traducción literal es ‘el que se come / el que devora la carne’.

Y es que ese ‘devorar la carne’ provenía del tipo de piedra caliza utilizada en la antigüedad para construir los sarcófagos, la cual tenían el convencimiento que poseía unos poderes especiales para comer y hacer desparecer los cuerpos que ahí se introducían.

 

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Fuente de la imagen: pixabay

Don Juan Tenorio, un clásico del teatro para la noche de Halloween

Don Juan Tenorio, un clásico del teatro para la noche de Halloween

Posiblemente a más de un lector en estos momentos le estén sangrando los ojos (metafóricamente hablando) al leer el título de este post y haber metido (premeditadamente) en una misma línea los conceptos ‘Don Juan Tenorio’ y ‘Halloween’. Pero tranquilos, todo tiene su explicación.

Lo primero que os habrá venido a la cabeza a algunos de vosotros es que la tradición de representar el Tenorio en la noche del 31 de octubre (víspera del Día de Todos los Santos) nada tiene que ver con la ‘moderna’ costumbre lúdico-festiva de celebrar la Noche de Difuntos.

Pero nada más lejos de la realidad si nos ponemos a tirar del hilo y encontramos que los orígenes del Halloween no son otros que una amalgama de antiquísimos ritos y celebraciones paganas –la más conocida la llamada Samhain y de origen Celta- que con los años derivaron en lo que hoy se ha convertido y que, tal y como os explicaba en el post ‘¿Sabías que en España ya se celebraba ‘Halloween’ muchos siglos antes de ponerse de moda en EEUU?’ el término Halloween no deja de ser una contracción de la expresión en inglés ‘All Hallows’ Eve’, que literalmente significa ‘Víspera del Día de Todos los Santos’.

Don Juan Tenorio, un clásico del teatro para la noche de Halloween (Santa Compaña)Pues bien, en esa tradición que heredamos desde el antiguo rito del Samhain (o Samaín) y que se extendió por buena parte del norte de la Península Ibérica (lo que hoy conocemos como Galicia y Asturias) dio lugar a celebraciones dedicadas a los muertos y espíritus -como la Santa Compaña gallega o la Güestia asturiana- extendiéndose posteriormente por otras regiones con la expansión de los pueblos Celtíberos. Con la llegada del cristianismo la Iglesia Católica, en su afán de ‘cristianizar’ todas las fiestas de origen pagano, aunó todos esos ritos y celebraciones bajo la festividad de Todos los Santos (o Tosantos como es llamado en numerosísimos lugares de España).

A través de los siglos son muchos los actos que se realizaban para celebrar la noche de difuntos y uno de ellos fue el representar, en la práctica totalidad de teatros españoles, la obra escrita por el dramaturgo José Zorrilla ‘Don Juan Tenorio’ (cuyo estreno tuvo lugar en marzo de 1844).

No fue hasta finales del siglo XIX en que se convertiría en una ‘obligada tradición’ la representación anual del Tenorio en la Noche de difuntos, pero no en todos los lugares se realizaba en la noche del 31 de octubre, sino en la del 1 de noviembre, debido a que esa era precisamente la víspera del Día de los Fieles Difuntos (que cae realmente el 2 de noviembre, aunque en nuestro calendario actual no es festivo), por lo que, con los años, se trasladó dicha representación a la noche del 31 de octubre por sí ser víspera de un día festivo.

La obra ‘Don Juan Tenorio’ se estuvo representando ininterrumpidamente en esa fecha durante los tres primeros cuartos del siglo XX, siendo su representación discontinua, en muchos lugares, a partir de las últimas décadas de ese siglo.

Don Juan Tenorio, un clásico del teatro para la noche de HalloweenParece ser que en estos últimos años se ha recuperado la costumbre de representar el Tenorio en la noche de difuntos en un gran número de poblaciones, gracias al empeño y sacrificio de un gran número de personas que han trabajado para rescatar esas tradiciones que, como puede comprobarse, hoy en día conviven y son totalmente compatibles con los actos lúdico-festivos de la noche de Halloween que, recordemos, no es más que la forma anglosajona de llamar a la Víspera del Día de Todos los Santos (al igual que nosotros lo hemos contraído en la forma de Tosantos).

 

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Fuente de las imágenes: Wikimedia commons / Terry Tyson (Flickr) / Wikimedia commons

¿Cuál es el origen del término ‘cementerio’?

¿Cuál es el origen del término ‘cementerio’?

Como es habitual en aquellos lugares con predominio del cristianismo, cada primero de noviembre infinidad de personas acuden a los cementerios para visitar las tumbas de sus difuntos, rezarles una oración o llevarles flores. Esta tradición originalmente se realizaba el 2 de noviembre que es la fecha en la que cae el Día de los Santos Difuntos y que la iglesia católica dedicó a las almas de los fallecidos, pero al no caer en festivo se comenzó a realizar el día 1.

Pero, tal y como indico en el título, el post de hoy trata sobre el origen del término ‘cementerio’ que es el nombre con el que conocemos habitualmente al lugar destinado para dar entierro a los fallecidos.

El término cementerio tiene mucho que ver con el cristianismo y cuando éste comenzó su expansión, ya que se impuso a la palabra que, hasta aquel momento, se usaba para designar a los emplazamientos donde se realizaban los entierros: necrópolis.

La palabra necrópolis (de origen griego) significa literalmente ‘ciudad de los muertos’ (necro: muerte, polis: ciudad).

Ante la creencia cristiana de que la muerte solo es un tránsito y, por tanto, al fallecer lo que se hacía era ‘dormir’ para posteriormente ‘resucitar’ se sustituyó el termino necrópolis por el de cementerio, cuyo significado literal es ‘dormitorio’.

Cementerio proviene del latín vulgar cemeteriu’, éste del latín culto ‘coemeterium’ que a la vez venía del griego ‘koimeterion’ -κοιμητήριον-: lugar donde dormir/dormitorio (koimo: dormir/estar echado/acostarse, -terion: sufijo de lugar).

Al castellano nos llegó como ‘cemeterio’ (desde el latín vulgar cemeteriu), pero a través de los siglos se le coló al término una ‘n’ intercalada, la cual los expertos se dividen entre dos motivos las posibles causas de que el término acabase siendo conocido por todos como ‘cementerio’ y no ‘cemeterio’. Por un lado por la facilidad a la hora de ser pronunciada, ya que es mucho menos complicada hacerlo con esa ene extra. Por otro lado, muchos son los que defienden la hipótesis de que hubo quien confundió el origen etimológico de la palabra y se lo adjudicó al término latín ‘caementa’ (piedra quebrada) que derivó en ‘cemento’, al utilizarse esta argamasa para construir y cerrar las tumbas/nichos/mausoleos.

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

 

Fuentes de consulta: RAE 1 / RAE 2 / etimologias.dechile 1 / etimologias.dechile 2 / etimologias.dechile 3 / etimologiasymitologia / diocesisdecanarias
Fuente de la imagen: pixabay

¿Sabías que en España ya se celebraba ‘Halloween’ muchos siglos antes de ponerse de moda en EEUU?

¿Sabías que en España ya se celebraba ‘Halloween’ muchos siglos antes de ponerse de moda en EEUU?

Posiblemente eres, o conoces a alguien, de la opinión de que no hay que celebrar ‘Halloween’ porque se trata de una fiesta estadounidense, la cual nada tiene que ver con nuestra arraigada y tradicional celebración de la castañada española. Pero permíteme decirte que esa es una apreciación algo confusa, ya que en realidad lo que se viene celebrando en España cada víspera del Día de Todos los Santos (noche del 31 de octubre) tiene que ver, y mucho, con el Halloween, debido a que aquí ya lo celebrábamos (evidentemente con otro nombre) muchísimos siglos antes de ponerse de moda en Estados Unidos.

Ante todo debemos tener en cuenta que el término ‘Halloween’ no deja de ser la contracción de la expresión inglesa All Hallows’ Eve’ cuya traducción literal es ‘Víspera de Todos los Santos’ (el término comenzó a usarse en Irlanda no en EEUU).

Lo que hoy en día conocemos como Halloween no es más que la evolución de una serie de tradiciones y celebraciones que se vienen realizando desde la antigüedad y a la que se le ha ido añadiendo nuevos elementos por el camino (evidentemente más modernos y consumistas).

Por un lado nos encontramos con una antiquísima tradición pagana (hay datos que indican que ya se celebraba antes del marcado como nacimiento de Cristo) y que era conocida como Samhain (también Samaín, cuya etimología viene a decir ‘fin del verano’) en la que los celtas celebraban el final de la época de las cosechas y el buen tiempo coincidiendo con el inicio del periodo de la oscuridad y el frío, siendo considerado como el Año Nuevo Celta. La mezcolanza entre lo viejo y lo nuevo hacía que ancestrales mitos y leyendas acerca de espíritus que aprovechaban esa época de oscuridad para regresar y mezclarse entre los vivos propició que aquella celebración tomase un carácter ocultista, teniendo a la muerte como protagonista de la fiesta y en la que existía la firme creencia de que los muertos se infiltraban entre los vivos con la intención de llevarse algunas almas. La solución que se les ocurrió a los antiguos druidas celtas para engañar a los muertos y no ser llevados al inframundo era disfrazándose de espíritus y dedicándoles unas ofrendas. Esta tradición se extendió por gran parte de Centroeuropa, las islas Británicas (en especial Gales e Irlanda) y llegó hasta una buena parte del norte de la Península Ibérica (lo que hoy conocemos como Galicia y Asturias para  posteriormente extenderse por otras regiones con la expansión de los pueblos Celtíberos).

Por otra parte tenemos que en el siglo IV comenzó la celebración de la festividad del Día de Todos los Santos, que en un principio caía en el 13 de mayo, y en la que se conmemoraba a todos aquellos mártires perseguidos durante los primeros siglos del cristianismo (comenzó a realizarse tras ser promulgado el ‘Edicto de Milán’ del año 313 d.C. una vez permitida la libertad de culto en el Imperio Romano). A España, como país de influencia romana y evangelizado por el catolicismo, llegó antes de finalizar ese mismo siglo. A partir del siglo VIII la festividad  fue trasladada al 1 de noviembre por orden del papa Gregorio III con intención de sustituir a la fiesta pagana del ‘Samhain’, y aunque en algunos lugares sí que se sustituyó totalmente, muchos fueron donde se realizó una mezcolanza de ambas celebraciones.

En los siguientes siglos en cada territorio se le fueron añadiendo nuevos componentes a esta celebración como la leyenda de Jack-o’-lantern, el famoso ‘truco o trato’ (que aunque conocemos la versión moderna y americanizada en realidad proviene de la Edad Media) y numerosas tradiciones gastronómicas (por ejemplo en España la castañada –también conocida como magosto- y la elaboración de variados dulces como buñuelos, panellets…). Cada lugar tenía su propia celebración, pero en todas había un denominador común: era una noche dedicada a los muertos, en el que de una manera festiva la gente se reunía y disfrazaba. Se llamase Víspera de Todos los santos, Tosantos, All Hallows’ Eve o Halloween, en realidad todas se trataban de la misma fiesta.

Hasta mediados del siglo XIX esta tradición no llegó a los Estados Unidos y lo hizo de la mano de los cientos de miles de irlandeses que hasta allí inmigraron a raíz de la conocida como ‘Gran hambruna irlandesa de 1845’, llevando consigo todas sus tradiciones y festividades (entre ellas la de su patrón ‘San Patricio’, el personaje mitológico ‘Mister Sandman’ o el propio ‘Halloween’, que ya se había convertido en una mescolanza de la celebración del Samhain celta con la católica Víspera de Todos los Santos).

Cabe destacar que al igual que en Europa, una vez llegada a los Estados Unidos, a esta tradición se le fue añadiendo nuevos componentes (tal y como había ocurrido anteriormente por aquí) entre ellos el cambiar el ‘nabo’, que era lo que se utilizaba para vaciar e iluminar como una linterna, por la actualmente famosa calabaza, debido a que por aquel entonces en EEUU no había plantación de nabos. También coincidió que fue por esa misma época cuando en España se le incorporó el realizar las representaciones teatrales del Tenorio, que en un principio tenían lugar la noche del 1 de noviembre, víspera del Día de los Fieles Difuntos y que posteriormente se trasladó dicha representación a la noche del 31 de octubre por ser víspera de un día festivo.

Así pues, a todos aquellos que no celebráis Halloween porque creíais y estabais convencidos de que se trataba de una fiesta netamente estadounidense aquí tenéis la explicación de que andabais algo equivocados y podéis quedaros tranquilos porque en España, esta misma fiesta, ya se celebraba muchos siglos antes de ponerse de moda en EEUU (eso sí, no lo llamábamos Halloween ni había tanta parafernalia consumista).

¿Sabías que en España ya se celebraba ‘Halloween’ muchos siglos antes de ponerse de moda en EEUU?

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons / pixabay
NOTA: Al no haber encontrado imágenes libres de derecho (CC) relacionadas con la celebración en España, he ilustrado la cabecera del post con una imagen representativa de la celebración irlandesa de Todos los Santos en el siglo XIX y que dio origen al término Halloween

¿Por qué las calabazas son el símbolo de Halloween?

¿Por qué las calabazas son el símbolo de Halloween?

Cuando los cientos de miles de inmigrantes irlandeses llegaron a los Estados Unidos a mediados del siglo XIX se encontraron que en su nueva tierra de acogida no se sembraban ‘nabos’, una hortaliza que era imprescindible para una de sus celebraciones: el  “All Hallows Eve” (Víspera de Todos los Santos) una antiquísima y tradicional fiesta de origen celta conocida como “Samhain” y en la que se evocaba a los fallecidos y se celebraba el final de las cosechas.

Para ello se realizaban unos rudimentarios farolillos utilizando nabos que se vaciaban y se encendía su interior como si de linternas se tratase y las cuales debían permanecer encendidas toda la noche, con el fin de procurar no hacer enfadar a los espíritus (cabe destacar que el pueblo celta era muy supersticioso y basaba muchas de sus historias y creencias en leyendas, dioses y difuntos, algo que se heredó en todas aquellas regiones que recibieron su influencia).

Al encontrarse los irlandeses que no disponían de nabos, y ante la imposibilidad de celebrar los primeros Halloween sin éstos hasta que pudieran tener una producción propia plantada por ellos, echaron mano de un producto de temporada y que se cosechaba ampliamente en todos los Estados Unidos: la calabaza.

Así fue como la calabaza se hizo un sitio en esta antiquísima celebración que mucho ha cambiado desde entonces, convirtiéndose en una fiesta totalmente lúdica.

Cabe destacar que la tradición también habla de un personaje imprescindible en la celebración de Halloween: “Jack el tacaño”, el cual portaba una calabaza hueca a la que se le añadía una vela y se utilizaba como linterna, de ahí su nombre: Jack-o’-lantern (linterna de Jack o Jack el de la linterna). Inicialmente, tal y como explica el cuento en el que está basado, esa linterna se realizaba con los mencionados nabos.

 

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Fuente de la imagen: Terry.Tyson (Flickr)

¿Cuál es el origen del famoso ‘truco o trato’ de Halloween?

¿Cuál es el origen del famoso ‘truco o trato’ de Halloween?

Truco o trato [trick-or-treat] es una divertida actividad que se celebra la noche de Halloween y que está protagonizada por los niños y niñas disfrazados que se presentan en las casas colindantes a las suyas en busca de algunas golosinas o regalos. Tras el grito de «¡Truco o trato!», el vecino visitado debe obsequiarles con algo y de no ser así se expone a ser molestado con alguna que otra travesura por parte de los pequeños.

Muchas son las fuentes en las que erróneamente vinculan el origen de truco o trato a las persecuciones de los protestantes por parte de los católicos y el intento de atentado para destruir el Palacio de Westminster, en la Inglaterra del rey Jacobo I (inicios del siglo XVII). Pero nada tiene que ver este hecho histórico con la celebración del Halloween y mucho menos con el acto de ir los niños disfrazados por las casas, ya que se trata de la Guy Fawkes Night [Noche de Guy Fawkes] que se conmemora el 5 de noviembre. En realidad es una tradición muy diferente y que nada tenía que ver en su origen con el Halloween y que con los años ha acabado acoplándose a esta celebración.

En la Edad Media era una costumbre muy extendida por muchos países el hecho de que la noche de cada 1 de noviembre (Día de Todos los Santos y víspera del Día de los Santos Difuntos) pasar por las casas en busca de alimentos y limosnas a cambio de rezar unas oraciones por el alma de los muertos de cada familia. Esto era realizado por personas adultas (mayoritariamente mujeres) quienes iban acompañadas de sus hambrientos hijos. Muchos son los lugares en los que esta tradición perduró y en el que se encontró por el camino con una celebración (Halloween) que se extendió por un gran número de países.

Pero el truco o trato tal y como lo conocemos actualmente no empezó a realizarse hasta finales del siglo XIX (el escrito más antiguo en el que se menciona esta práctica corresponde al año 1895 en Escocia). El traslado y popularización de la fiesta de Halloween a Estados Unidos también puso de moda el hecho de ir los pequeños por las casas a pedir dulces, pero hasta 1911 no hay ninguna anotación en la que aparezca mencionado. Los años 20 fueron los de la expansión de la celebración, pero cuando realmente se hizo popular (a nivel mundial) fue a partir de 1950, año en el que una familia de Pensilvania inició una campaña de recogida de dulces y alimentos a favor de la UNICEF, utilizando para ello el truco o trato. A partir de entonces, la aparición y mención de esta campaña por parte de múltiples medios de comunicación lo convirtieron en uno de los ejes centrales de la celebración de cada Halloween.

 

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Fuente de la imagen: Kevin Rivoli (saturdayeveningpost)

¿Cuál es el origen de la costumbre de poner flores a los muertos?

Muchas son las culturas que honran la memoria de sus difuntos realizando ofrendas de flores y éstas tienen cierto simbolismo en este acto. Todo parece indicar que el origen de dicha costumbre se remonta a la antigüedad, en la que los muertos eran puestos a exposición de todos durante varios días, con el propósito de ser velados y pedir por sus almas.

Por aquel entonces no existían las avanzadas técnicas de embalsamiento y las que habían no estaban al alcance de todo el mundo, por lo que, los cuerpos (que solían estar expuestos a la intemperie), se descomponían y desprendían un desagradable olor, sobre todo en época de calor. Para enmascarar ese hedor, se quemaba incienso y se cubría al fallecido con todo tipo de flores, lo cual aromatizaba el ambiente y hacía más agradable el acto de velar al difunto.

Con el transcurrir de los años, la costumbre de llevar flores a los muertos perduró y se afianzó, no solo durante el tiempo de vela y entierro, sino que también llevarlos al cementerio en días específicos, como el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos.

 

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