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Camisetas para la historia: Peñarol y el tren que le dio sus colores

Severino Valera, luciendo los colores de Peñarol en 1938 (WIKIPEDIA).

Severino Valera, luciendo los colores de Peñarol en 1938 (WIKIPEDIA).

Peñarol de Montevideo es uno de los más importantes equipos de América y del mundo entero. El equipo más laureado de Uruguay es fácilmente reconocible en todo el planeta por sus colores, y sobre ellos vamos a hablar hoy.

Existe un debate sobre la fecha de nacimiento de Peñarol. Unos la ubican en 1891, y otros en 1913. La cuestión es que el primero es el año en el que nació el CURCC (Central Uruguay Railway Cricket Club), el club original. En 1913, la sección de fútbol de este CURCC se independizó con el nombre de Peñarol (por el barrio donde estaba la empresa, que a su vez se llama así por la ciudad italiana de Pinerolo, en el Piamonte), pero a pesar de ser la continuación del primero, algunos creen que su historia debe empezar a contarse desde ahí. Pero como los colores son los mismos, para esta historia no nos importa tanto.

El hecho es que el actual peñarol nació de la Central Uruguay Railway Company, una compañía británica establecida en el país sudamericano para desarrollar el ferrocarril. La empresa puso en marcha secciones de rugby, cricket y fútbol para los empleados, y eligieron los colores amarillo y negro.

Réplica de 'The Rocket', el tren que dio sus colores a Peñarol (WIKIPEDIA).

Réplica de ‘The Rocket’, el tren que dio sus colores a Peñarol (WIKIPEDIA).

Estos colores eran en los que estaba pintado The Rocket, una locomotora inventada en 1829 y que era la que usaba la CURC. La primera camiseta del CURCC usaba estos colores, pero dispuestos en cuatro cuadros, no a rayas como ahora. Esta disposición se empezó a usar de manera definitiva a partir de 1911.

Os dejo con un fantástico documental sobre la historia del más grande equipo de Uruguay:

Hasta mañana.

Quién fue… José Nasazzi: el primer dueño del bastón que marca al otro campeón del mundo

José Nasazzi, con la camiseta celeste de Uruguay (WIKIPEDIA).

José Nasazzi, con la camiseta celeste de Uruguay (WIKIPEDIA).

En los sucesivos viernes en los que toque fútbol vamos a aproximarnos un poco a historias relacionadas con la Copa del Mundo, que está a la vuelta de la esquina, como bien sabéis. Hoy os hablaré de un jugador cuyo nombre ha salido en un par de ocasiones y del que siempre he querido hacer un artículo. El problema es que no es que tenga una vida realmente azarosa, pero me sirve como excusa para contaros otra cosa, bastante divertida, que también alguna vez hemos comentado de pasada. ¿Quiénes son los protagonistas? Pues José Nasazzi y su bastón.

Nacido en Montevideo, Uruguay, el 24 de mayo de 1901, José Nasazzi Yarza era hijo de Giuseppe, un italiano de Milán, y María, llegada a América desde el País Vasco. Empezó a jugar al fútbol de manera profesional en 1918, en las filas del Lito. Dos años después se fue al Bella Vista, donde pasó diez años. En 1933 fichó por el Nacional y allí se retiró en 1937.

Pero más allá de su desempeño como jugador de club (ganó dos Ligas), Nasazzi es famoso porque capitaneó, en 1930, a su selección en el primer Mundial de la historia, disputado precisamente en Uruguay. Y como bien sabéis, los anfitriones lograron alzarse con el primer trofeo y José Nasazzi, como capitán, fue el primero en levantarlo.

Nasazzi, apodado ‘el Mariscal’ por sus dotes de mando en la defensa y que acabó su carrera sumando dos medallas de oro olímpicas y cuatro Copas de América, fue entrenador tras su retiró, en concreto de la selección urugaya, a la que dirigió entre 1942 y 1945. Falleció en Montevideo el 17 de junio de 1968. El estadio del Bella Vista lleva su nombre.

Pero el nombre de José Nasazzi sigue vigente por una cosa muy curiosa, un trofeo no oficial (e inexistente como tal) que, creedme, es bastante divertido de seguir: el Bastón (o Batuta) de Nasazzi.

¿De qué se trata? ¿Cuáles son sus normas? Pues muy sencillo. El primer campeón del Bastón de Nasazzi fue, obviamente, Uruguay. A partir de ese momento, cada vez que Uruguay jugara un partido reconocido por FIFA, pondría en juego el Bastón. Si ganaba o empataba, lo mantenía. Si perdía, la Batuta pasaba a manos del ganador. Para que nos entendamos: es el mismo mecanismo del boxeo y los cinturones de campeón.

Así, las cosas, cuando ganó Uruguay el Mundial de 1930, el 30 de julio de aquel año, se hizo con el Bastón. Lo ostentó durante 403 días, ya que el 6 de septiembre de 1931, los uruguayos perdieron ante Brasil en un torneo amistoso. Brasil, nueva poseedora del Bastón, lo tuvo en sus manos 994 días… y lo perdió a manos de España. El 27 de mayo de 1934, en el Mundial, España derrotó a Brasil por 3-1, convirtiéndose en el primer equipo europeo en poseer la Batuta de Nasazzi. Por desgracia, el honor duró poco: los cinco días que transcurrieron hasta el partido de cuartos de final del Mundial, ante Italia, el 1 de junio. El día anterior jugaron y hubo empate a uno, pero como en aquella época no había tandas de penalti, al día siguiente se jugó un replay en el que los transalpinos ganaron 1-0 y se quedaron el bastón. 166 días después, el 14 de noviembre del 34, Italia perdió en Wembley 3-2 e Inglaterra lograba el bastón. Luego Escocia, Gales, de nuevo Inglaterra, Escocia, otra vez Inglaterra, Yugoslavia, Italia, Suiza, Hungría… y así hasta el año 2014.

Uruguay, en 1926. Nasazzi es el primero por la izquierda, en la fila de los agachados (WIKIPEDIA).

Uruguay, en 1926. Nasazzi es el primero por la izquierda, en la fila de los agachados (WIKIPEDIA).

En la actualidad, el Bastón de Nasazzi está en poder de Rusia. Lo posee desde el 13 de noviembre del año pasado, cuando derrotó a Corea del Sur por 2-1 en un amistoso, que a su vez lo habían logrado cuatro días antes en un amistoso ante Suiza. El pasado 5 de marzo salió airoso de su primera defensa del título, derrotando por 2-0 a Armenia. La próxima tendrá lugar el 26 de mayo en Moscú ante Eslovaquia. Si ganan, lo defenderán el 31 de mayo, en Oslo ante Noruega. Y si vencen los rusos, se jugarán la Batuta de nuevo el 6 de junio en Moscú ante Marruecos… y luego llegará el Mundial. Estaremos pendientes.

Os diré que Brasil es la selección que más veces ha ostentado el Bastón (10), seguida de Inglaterra y Argentina (9), Alemania y Uruguay (8), Fracia, Italia, Países Bajos, Suecia y España (6). España lo ganó en 1934, en 1961, en 1981, en 1986, en 1990 y en 2012 (lo recuperamos en la final de la Eurocopa, ante Italia; lo perdimos justo 365 días después, en la final de la Confederaciones ante Brasil. Como curiosidad, comentaros que el Bastón de Nasazzi lo han ostentado países tan exóticos como Zimbabue o las Antillas Holandesas. Si queréis profundizar más, os recomiendo la web francesa www.nasazzi.com.

Además del Bastón de Nasazzi, hay otra ‘competición’ parecida, que es el Unofficial Football World Championship. Surge del periodista de la prestigiosa revista británica FourFourTwo Paul Brown. Se diferencia de la Batuta de Nasazzi en que en este sí se cuentan los resultados en prórrogas y tandas de penalti y en que la cuenta comienza desde aquel Escocia-Inglaterra de 1873. Según este campeonato (web aquí), la actual campeona es Uruguay. El 30 de mayo defenderá el título en Montevideo ante Irlanda del Norte. España ha sido siete veces campeona según este sistema.

Os dejo con un vídeo del mítico Nasazzi, en un homenaje al Uruguay de su generación:

Espero que os haya gustado. Feliz fin de semana.

Quién fue… Héctor Castro, ‘El Divino Manco’

Héctor Castro (WIKIPEDIA)

Héctor Castro (WIKIPEDIA)

Hace ya casi un año que os hablé de Robert Schlienz, aquel jugador que logró ganar un par de Bundesligas pese a haber sufrido varias heridas graves de guerra y un accidente que le costó el brazo. Decía en aquel artículo, erróneamente, que Schlienz era el único internacional con una discapacidad de este tipo. En los comentarios, el lector brodie me corregía con razón y puso sobre la mesa el nombre del protagonista de hoy, al que rindo homenaje: Héctor Castro.

Nacido de padres gallegos en Montevideo el 29 de noviembre de 1904, Héctor Castro se inició en el fútbol en las calles, como tantos grandes jugadores sudamericanos. Empezó a trabajar a los 10 años de edad, con tan mala suerte de que a los 13, sufrió un accidente laboral. Una sierra eléctrica le cortó el brazo derecho unos centímetros por debajo del codo.

En condiciones normales, ahí habrían acabado los sueños futbolísticos de Castro. Pero el joven Castro no se resignó y siguió adelante con su sueño de ser jugador: condiciones no le faltaban, pues era habilidoso, rápido, peleón, incordiante… Así, antes de cumplir los 17 años ya jugaba en el Club Atlético Lito. Sólo dos años le bastaron para que uno de los grandes del fútbol uruguayo, el Nacional, se fijara en él y lo contratara. Tenía 20 años.

En su primer año, Nacional ganó la Liga. Sus actuaciones le valieron una convocatoria con la selección uruguaya, con la que jugó en la Copa América de 1926 y en los Juegos Olímpicos de 1928. Cuatro años antes, los charrúas se habían colgado el oro. Castro se incorporaba a un equipo nacional que contaba ya con algunos de los legendarios jugadores que jugarían el primer Mundial, entre los que estaban el viejo conocido por los lectores José Leandro Andrade o el mítico José Nasazzi, el primer gran defensa sudamericano.

En la cita olímpica de 1928, Uruguay reeditó su medalla de oro. Pero lo mejor estaba por llegar. Uruguay acogía en 1930 el primer Mundial de la historia. Los anfitriones debutaban el 18 de julio de 1930 ante Perú. Era el primer partido mundialista de la historia de Uruguay y era el primer partido de la historia del Estadio Centenario de Montevideo. Gracias a un tanto en el minuto 65, Héctor Castro se convertía en el autor del primer gol mundialista de la historia de Uruguay y en el primer jugador en marcar en el Centenario.

Fue avanzando el torneo y llegó la final, que enfrentaba a Uruguay y a la Argentina de Guillermo Stábile. El once de los celestes pasaría a la historia: Ballesteros; Nasazzi (c), Mascheroni; Andrade, Fernández, Gestido; Dorado, Scarone, Castro, Cea e Iriarte. Abrió el marcador Dorado, empató Peucelle para Argentina y el ‘pichichi’ Stábile le daba la vuelta al marcador antes del descanso. En la reanudación, marcaron Cea (del que se dice fue el primer campeón del mundo español, ya que nació en la provincia de Pontevedra) e Iriarte y en el minuto 89, el joven manco Héctor Castro, de cabeza y a centro de Dorado, firmaba el definitivo 4-2. Castro había marcado el primer y el último gol de Uruguay en aquella inolvidable primera Copa del Mundo.

Castro se hizo muy famoso, no sólo por sus hazañas futbolísticas, sino por su discapacidad. En vez de considerarlo un hándicap, Castro hizo de su minusvalía una ventaja, usaba su brazo mutilado con destreza para ganar saltos y balones divididos, no dudando en usar el muñón para ‘golpear’ a los rivales. Por todo ello, en su país se le empezó a conocer con el sobrenombre de ‘El Divino Manco’.

Dos años después del Mundial, fichó por el Estudiantes argentino, para regresar una temporada después al Nacional, donde se retiró en 1936, tras haber ganado una Copa América y dos Ligas más. En total, jugó 25 partidos con la celeste y marcó la nada despreciable cifra de 18 goles.

Apenas unos años después de su retirada, en 1939, Castro se hizo con el puesto de entrenador de Nacional, cesando en 1943, tras ganar cuatro Ligas consecutivas. Permaneció unos años sin entrenar hasta que regresó en 1952, logrando de nuevo otra Liga. Y en 1959 consiguió ser seleccionador uruguayo, pero el 15 de septiembre de 1960, con 55 años de edad, un infarto de miocardio acababa con su vida, la de un chico de Montevideo al que una sierra mecánica no le impidió llegar a lo más alto en el mundo del fútbol.

Os dejo con un documental sobre el primer Mundial, remasterizado por FIFA. Merece la pena verlo:

Buen fin de semana.

Qué fue de… Diego Alonso

diego alonsoEl domingo debutamos contra la campeona de América (Uruguay) en la Copa Confederaciones. Por este motivo, hoy saco a un charrúa en esta vuestra bitácora. No es que fuera uno de los más legendarios jugadores en vestir la camiseta celeste, pero pasó varios años en España y creo que es bien recordado. Sin más, os traigo a Diego Alonso.

¿Quién era?: Un delantero uruguayo de finales de los 90 y la pasada década.

¿Por qué se le recuerda?: En España, por su paso por equipos como el Valencia, el Atlético de Madrid, el Racing de Santander, el Málaga o el Murcia, así como por jugar en México y en los dos grandes de Montevideo.

¿Qué fue de él?: Se retiró hace un par de temporadas en las filas de Peñarol. En la actualidad, es el entrenador del Club Guaraní de Paraguay.

¿Sabías qué…?: Llegó a España el mismo año que su primo-hermano Iván Alonso, al que recordaréis sobre todo por su paso por el Alavés. Iván es cuatro años menor que Diego.

– Ambos primos llegaron a jugar juntos en las filas del Real Murcia en la temporada 2005-2006. Iván jugó mucho más (8 goles) que Diego (2 goles).

– Otro punto común es que ambos jugaron en el Nacional de Montevideo (en etapas diferentes) y en México (Diego en los Pumas de la UNAM e Iván en el Toluca).

– Otra curiosidad: ambos primos llegaron en 2001 a una final europea. Iván a la de la UEFA con el Alavés y Diego a la de la Champions con el Valencia (aunque no jugó).diego alonso2

– El Valencia pagó por sus servicios 9 millones de dólares al Gimnasia y Esgrima de la Plata argentino.

– Tras un año en el que el noruego John Carew le comió la tostada en el Valencia, lo fichó el Atlético de Madrid para intentar subir a Primera en el segundo de sus añitos en el infierno. Fue el más destacado del equipo, proclamándose pichichi de la categoría con 22 goles.

– Al año siguiente no continuó y se fue al Racing de Santander. Ni en Cantabria ni en su siguiente equipo español, el Málaga, tuvo tan buenos datos.

– Entre 1999 y 2009, no pasó más de una temporada en el mismo equipo. Sólo en su primer club, el Bella Vista urugayo (dos temporadas) y en el último, Peñarol (otras dos), estuvo más de una.

– Su primo Matías (hermano de Iván) también jugó en España: en el Celta B, en el Murcia B y en el Murcia.

– En su etapa en Argentina se ganó el apelativo de El Tornado.

Biografía, palmarés, estadísticas: Diego Martín Alonso López nació en Montevideo, Uruguay, el 16 de abril de 1975. Debutó como profesional en 1997. En 1999 pasó al Gimnasia y Esgrima de la Plata, donde estuvo una temporada. La siguiente la pasó en el Valencia. Luego, en temporadas consecutivas, en el Atlético de Madrid, el Racing de Santander, el Málaga, los Pumas de la UNAM, el Real Murcia, el Nacional de Montevideo, el Shanghai Shenhua de China, de nuevo Gimnasia y Esgrima y finalmente, desde 2009 a 2011, en Peñarol. En su palmarés tiene una Liga mexicana y una uruguaya. Con Uruguay jugó ocho partidos.

Ojo al vídeo que os dejo: Jornada 38 de la temporada 2001/2002 en Segunda (quedaban cuatro). Si el Atleti ganaba al Nástic, retornaba a Primera. Ese día Diego Alonso marcó dos goles. Fue un partido muy del Atleti (bueno, de cuando era el Pupas, que ya no…)

Saludos y hasta mañana.

Quién fue… José Leandro Andrade, el futbolista que bailó con Joséphine Baker

Esta historia la encontré cuando buscaba algún personaje del mítico Uruguay de 1930, el primer campeón del mundo de fútbol, para traer al blog. Mi idea era hablar del capitán, José Nasazzi, el futbolista que da nombre al título oficioso de campeón del mundo (buscad “Bastón de Nasazzi” en Google, es bastante curioso), pero hallé que la historia del protagonista de hoy daba mucho más juego: Es José Leandro Andrade.

Salto, Uruguay, 22 de noviembre de 1901. De la pareja formada por una argentina y el hijo de un ex esclavo negro que escapó del Brasil, que además era experto en magia africana, nació el joven José Leandro Andrade. De pequeñito se trasladó al barrio de Palermo en Montevideo, para vivir con una tía. José estaba apasionado por el carnaval, que en la capital uruguaya tiene mucha fama. Tocaba el tamboril, ese instrumento de percusión que se cuelga del hombro y que es tan típico de las batucadas.

De jovencito alternaba trabajos como limpiador de zapatos o vendedor de periódicos con sus pinitos como futbolista en un club llamado Misiones. Su primer contrato profesional lo tuvo con el Bella Vista, un club de la capital, donde desempeñó como volante derecho. Andrade, pronto, se convirtió en un jugador llamativo. Era negro, medía 1,80 y tenía un estilo de juego muy particular, muy flexible, muy acrobático, que enamoraba a la afición. Fue precisamente José Nasazzi el que coincidió con él en el Bella Vista y el que le recomendó para jugar a nivel internacional.

La Maravilla Negra

Así, Andrade fue convocado para jugar en las Olimpiadas de París en 1924. Fue allí donde empezó la leyenda. Andrade, que era un tipo muy ’echao p’alante’, se encontró en París como pez en el agua. En la capital francesa fue la sensación y le bautizaron como La Maravilla Negra. Andrade, un consumado bailarín, no desaprovechó la oportunidad de alternar todo lo que pudo y más. Se ligó a un buen número de francesas, que caían rendidas ante el exotismo y la planta del uruguayo. Incluso llegó a marcarse un comentadísimo tango con la mítica Joséphine Baker. Otra anécdota fue cuando, en plena concentración de la selección en París, Andrade desapareció, provocando la preocupación de todos. El delantero Ángel Romano, que era buen amigo suyo, se ofreció para buscarle. En realidad, Romano tenía una dirección que Andrade le había dado por si ‘desaparecía’. A aquella dirección acudió Romano y se quedó extrañado al ver que era un lujoso apartamento. Llamó al timbre y una doncella le recibió. A pesar de que entre ambos no se entendían, cuando Romano dijo “Andrade”, la joven sonrió e hizo pasar al delantero. Éste se quedó de pasta de boniato. Ante él apareció su mulato amigo, vestido sólo con un batín de seda, rodeado de bellas señoritas con poca ropa y envueltas en caros perfumes. Todo un figura.441-426 Voetbal; OS 1928 Amsterdam; jJose Leandro Andrade uit Uruguay.

Uruguay ganó el oro y regresaron en loor de multitudes. Andrade ya era un héroe nacional. Pasó por el Nacional y el Peñarol, aunque empezó a tener un tren de vida que le pasaría factura. Además, desde los Juegos Olímpicos arrastraba una extraña lesión que a la postre acabaría con su carrera. En un lance de un partido, chocó contra un poste, provocándole un problema en la vista que degeneró poco a poco.

Pero aún tenía fútbol en sus piernas. Andrade fue convocado para jugar el primer Mundial de la historia, en Uruguay, precisamente, en 1930. Formó parte de ese mítico once (Ballesteros; Nasazzi, Mascherone; Andrade, Fernández, Gestido; Dorado, Scarone, Castro, Cea e Iriarte) que se proclamó campeón del mundo. Andrade estaba ya en decadencia, pero aún así aportó lo suyo, como un lance defensivo que perfeccionó, llamado la tijera: se lanzaba frente al atacante rival que llevaba el balón, estirando mucho la pierna izquierda, mientras que, con la derecha, le arrebataba el balón.

El declive

Tras la Copa del Mundo, jugó en Argentina (Atlanta y Lanús), en el Wanderers de Montevideo y se retiró en Argentinos Juniors. Su vida, a partir de ahí fue un declive permanente. Se arruinó, sus amigos desaparecieron y volvió al barrio de Palermo, tan pobre como cuando llegó siendo un niño. Algunos quieren ver tintes racistas en su declive. Y es que el destino de los campeones del mundo de 1930 fue dispar. Por ejemplo, Nasazzi, hijo de italiano y vasca, fue director general del Casino de Montevideo. Cea se convirtió en periodista deportivo y Scarone, en entrenador. Andrade no encontró ocupación fija.

Aún así, su nombre siguió sonando en Uruguay. Y es que en el Mundial de 1950, con los charrúas jugaba un tal Victor Rodríguez Andrade, sobrino del protagonista de hoy. Y como su tío, logró alzarse con el trofeo.

Años más tarde, en 1956, un periodista alemán llamado Fritz Hack, viajó a Uruguay para encontrar a Andrade. Tras seis días buscándolo, lo halló malviviendo en un sótano, alcoholizado y casi ciego (por aquel golpe contra un poste en París). No podía ni responder las preguntas del periodista. Poco tiempo después, con sólo 56 años, José Leandro Andrade fallecía en un hospital de Montevideo para enfermos pulmonares. Sus pertenencias se limitaban a una caja de zapatos con algunas medallas y otros trofeos.

Desaparecía así una de las primeras estrellas negras del mundo del fútbol, de una manera inmerecida y triste, como tantas que hemos comentado aquí. Valga pues, este artículo, como homenaje a La Maravilla Negra, el futbolista que bailó un tango en París con la gran Joséphine Baker.

Os dejo un gran vídeo. Está narrado nada menos que por don Matías Prats padre (aunque ya no sé si decir abuelo, ya que el tercero de la saga ya se prodiga en Cuatro). Es sobre la Uruguay campeona olímpica del 24 y en él, se cita a Andrade:

Que paséis un buen fin de semana.

PD: Os recuerdo que podéis seguir este blog en Facebook.

Santuarios del deporte. Estadio Pocitos, Montevideo

El estadio que os traigo hoy ya no existe. De hecho, no existe desde hace más de 70 años. Pero es especial, así que no me extiendo más.

Nombre oficial: Estadio de los Pocitos.

Ubicación: Montevideo, Uruguay.

Capacidad: 10.000 espectadores.

Año de inauguración: 1921.

Año de clausura: 1940.

Equipos: Club Atlético Peñarol (hasta 1933).

Deportes: Fútbol.

Más cosas: Pues este estadio tiene de especial que fue el primero que acogió un partido mundialista. Sí, amigos, como bien sabréis, el primer Mundial de la historia fue el de Uruguay 1930. Todos los partidos se disputaron en Montevideo, en tres estadios: Centenario (el actual de Peñarol), Parque Central (el actual del Nacional) y el Pocitos. El estadio Pocitos entró en los Mundiales porque el Centenario no estaba del todo terminado.

El primer partido de la historia de la Copa del Mundo fue un Francia-México, disputado el 13 de julio de 1930. El resultado fue de 4-1 para los galos. El primer gol de la historia de los Mundiales lo marcó en este campo Lucien Laurent.

Pero volvamos un poco atrás. En noviembre de 1921 se estrenaba este campo, que sería el de Peñarol, con un amistoso entre el equipo aurinegro y el River Plate argentino, con un resultado de 1-1. El Nacional, eterno rival de Peñarol, no quiso participar en el partido inaugural, y de ahí la presencia de los bonaerenses.

Pero Pocitos duró poco como estadio de Peñarol. De cara al Mundial, se planeó la construcción del estadio Centenario y el equipo aurinegro decidió el traslado. En 1933, cuando el Centenario estaba completado, Peñarol abandonó Pocitos y el estadio se quedó a merced del planeamiento urbanístico de un Montevideo cada vez más creciente. Así las cosas, a partir de 1940 comenzó el desmantelamiento del estadio y en 1946 ya no quedaba ni rastro de Pocitos, ya que sobre él se construyeron avenidas y viviendas.

En el año 2002, un arquitecto uruguayo llamado Héctor Enrique Benech decidió buscar y encontrar el lugar exacto en el que se marcó el primer gol de la historia de los Mundiales. Tras mucho rebuscar, en 1926 encontró una fotografía aérea de la zona, y superponiéndola a una actual, logró encontrar ambos puntos. Así, se convocó un concurso para colocar dos monumentos conmemorativos en el punto exacto donde estaba el centro del campo, y en el punto exacto donde estaba la portería en la que Lucien Laurent marcó el gol. El concurso lo ganó el escultor local Eduardo Di Mauro, que colocó dos monumentos, uno titulado Cero a cero y pelota al medio y Donde duermen las arañas. Me parece una iniciativa cojonuda, la verdad.

Bueno, espero que os haya gustado el artículo. Mañana más.

Qué fue de… Zalazar

El otro día os hablé de Luis Gabelo Conejo, el guardameta costarricense que se convirtió en una leyenda de ese simpático equipo llamado Albacete Balompié. Hoy os voy a hablar de un futbolista que junto a él o más si cabe, marcó una época en el equipo manchego y ayudó a que el equipo blanquillo se le conociera como ‘El Queso Mecánico’. Me consta que el protagonista de hoy es toda una leyenda en Albacete. Cómo no lo va a ser cuando, en realidad, es una de las leyendas de nuestra liga, uno de los más destacados jugadores suramericanos que han pasado por nuestra Liga. Es José Luis Zalazar.

¿Quién era?: Un centrocampista uruguayo de la década de los 80 y los 90.

¿Por qué se le recuerda?: Por ser la principal estrella del Albacete Balompié en su primera época en Primera Divisón (para muchos es el mejor futbolista que ha vestido la camiseta del Alba), jugador, además, de equipos españoles como el Cádiz, el Espanyol o el Racing de Santander y uno de los más fiables jugadores iberoamericanos de la década de los 90 en España.

¿Qué fue de él?: Se retiró en el Albacete en 1999, en lo que era su segunda etapa en el equipo manchego. En la actualidad, vive en Albacete, donde es representante de jugadores.

¿Sabías qué…?: Era famoso por sus extraordinarios lanzamientos lejanos.

– En 1992 fue elegido como el mejor suramericano del año por la Agencia EFE.

– Es el futbolista que más partidos de Primera ha jugado con el Albacete en su historia (180 encuentros) y el que más goles ha marcado (57).

– En Uruguay se le conocía como El Oso o Cabeza.

– Se dice que perfeccionó su potente tiro lejano entrenando descalzo.

– Se recuerda especialmente un gol que le metió a mi siempre desdichado Atlético de Madrid desde el centro del campo.

– Antes de retornar al Albacete, con el que consiguió por cierto la permanencia, estuvo a punto de fichar por el Real Murcia.

– La afición del Carlos Belmonte tenía un ritual cada vez que Zalazar se aproximaba al balón para tirar una falta. Gritaban “Gol, gol, gol, gol…”, cada vez más rápido, hasta que el uruguayo tiraba. En muchísimas ocasiones, ese mantra culminaba con un “Gooooooool” de verdad.

– Tiene una peña en la localidad albaceteña de Alatoz, que según dicen ellos es la más antigua del club.

– Llevaba el 10.

Biografía, palmarés, estadísticas: José Luis Zalazar Rodríguez nació el 26 de octubre de 1962 en Montevideo, Uruguay. Su primer equipo fue el legendario Peñarol, donde jugó entre 1982 y 1986. Luego se fue a México para jugar en el Tecos de la Universidad de Guadalajara, donde estuvo un año. La temporada 86-87 la pasó en el Cádiz, tras la que regresó a Guadalajara. En 1989 retornó a España para jugar en el Espanyol y al año siguiente desembarcó en Albacete, donde estuvo seis inolvidables años. En 1996 se fue al Racing de Santander. Un año después volvió a Uruguay para jugar en el Nacional y en el Bella Vista, pero sus últimas patadas las dio en la temporada 98-99 en el Albacete. En su palmarés tiene una Liga uruguaya. Con la selección jugó 29 partidos y metió tres goles.

Para que luego me critiquéis, aquí os pongo el golazo de Zalazar contra el Atleti (si os dais cuenta, en multitud de resumenes o vídeos homenajes de equipos o futbolistas de cualquier época, los homenajeados siempre salen metiéndole un gol al Atlético de Madrid):

¿Sabes algo más de Zalazar? ¿Tienes alguna anécdota? Escríbeme en los comentarios.

Qué fue de… Bengoechea

Os voy a seguir hablando de jugadores clásicos de nuestra Liga y hoy le toca al Sevilla FC. Antes de sus últimos éxitos, el mejor Sevilla que recordamos (que también pasó por los campos europeos, tras disputar la UEFA) es uno que tuvo en sus filas al gran delantero austríaco Anton Polster y al actual entrenador sevillista, Manolo Jiménez. Pero uno de los jugadores más importantes de ese equipo es el que va a protagonizar el post de hoy. Un gran jugador que en su país natal, uno de los que más tradición futbolística tiene en todo el mundo, es muy admirado, no tanto como Francescoli o Rubén Sosa, pero sí es una institución. Es Pablo Bengoechea.

¿Quién era?: Un futbolista uruguayo de los 80 y los 90.

¿Por qué se le recuerda?: Por ser titular indiscutible en el Sevilla FC y en la selección uruguaya y ser uno de los mayores ídolos del que para muchos, es el mejor equipo de Uruguay, el Peñarol de Montevideo.

¿Qué fue de él?: Se retiró en las filas de Peñarol en 2003, con nada menos que 38 años de edad. Tras retirarse, abrió un restaurante en Montevideo. Ha formado parte del staff técnico de River Plate y del Cruz Azul de México, hasta este mismo verano.

¿Sabías qué…?: En Uruguay, su apodo es El Profesor.

– Nació en Rivera, una ciudad uruguaya literalmente pegada a la frontera con Brasil (vamos, separada por una calle). Por eso, Bengoechea siempre dijo que de pequeño hablaba ‘portuñol’.

– En un control antidpoing de la Copa América de 1988 se le detectó exceso de cafeína. Fue apartado del equipo.

– Participó en el Mundial de Italia 90, en el que Uruguay se enfrentó a España. Metió un gol en un partido contra Bélgica.

– Dos hinchas de Peñarol le compusieron una canción en su honor.

– Bengoechea tiene una estatua en Los Aromos, el paraje de Montevideo donde Peñarol tiene su ciudad deportiva.

– Mediocentro tanto defensivo como ofensico (depende de las circunstancias), destacó por su maestría en el lanzamiento de faltas.

– En el Sevilla, fueron dos entrenadores (Vicente Cantatore y Víctor Espárrago, éste último precisamente uruguayo), los que empezaron a no contar con él para el equipo titular.

– Muchos en Nervión le criticaron por, supuestamente, ralentizar el juego del equipo.

– Marcó dos goles en sendas finales de la Copa América (ganadas por Uruguay).

Biografía, palmarés, estadísticas: Pablo Javier Bengoechea Dutra nació el 27 de junio de 1965 en Rivera, Uruguay. Comenzó su carrera en 1985 en el Wanderers de Montevideo. Dos años después dio el salto a Europa para jugar en el Sevilla, donde permaneció hasta 1992. Pasó una temporada en el Gimnasia de La Plata de Argentina y en 1993 fichó por Peñarol, donde permaneció hasta su retirada, en 2003. Con la selección jugó 43 partidos. En su palmarés destacan siete ligas uruguayas y dos Copas de América (19987 y 1995).

Aquí os dejo un vídeo homenaje a Bengoechea, con la canción que le compusieron:

¿Sabes algo más de Bengoechea? ¿Tienes alguna anécdota? Escríbeme en los comentarios.