Entradas etiquetadas como ‘COVID-19’

Retrata la ciencia a través de tu cámara o microscopio. ¡Participa en FOTCIENCIA18!

Por Mar Gulis (CSIC)

Si te gusta la fotografía, ve sacando tu cámara y… ¡dispara! FOTCIENCIA abre desde hoy el plazo para participar en su 18ª edición. Anímate a descubrir y retratar la ciencia y la tecnología que nos rodean (en casa, en la ciudad, en la naturaleza, en los centros de investigación, etc.) y presenta una imagen junto con un texto que la describa. Puedes ganar hasta 1.500 euros.

Tu fotografía debe estar relacionada con la investigación científica o sus aplicaciones, así que puede reflejar aspectos tan variados como el objeto de estudio de una investigación, las personas que la realizan, su instrumentación e instalaciones o los resultados del avance científico. Es decir, tienes un rango de temáticas prácticamente infinito para plasmar: alimentos, química, biología, materiales, medicina, matemáticas, arquitectura, ciencias sociales… Es hora de captar lo científico que está presente en nuestro día a día y enviar tu propuesta. Tienes de plazo hasta el 14 de octubre de 2021 a las 13:00h (hora española peninsular).

Si tu imagen es de las mejores en alguna de las categorías de FOTCIENCIA recibirás una remuneración. Junto con estas, se seleccionarán otras imágenes de entre las presentadas para formar parte de un catálogo y una exposición itinerante que recorrerá distintas salas y centros culturales de toda España en 2022/2023.

Si eres mayor de edad, puedes participar en una de estas dos modalidades:

  • Fotografía General, cuando la dimensión real del objeto fotografiado sea mayor a 1 milímetro. Es decir, aquí cabrían casi todas las fotografías que no son microscópicas.
  • Fotografía Micro, cuando la dimensión real del objeto fotografiado sea menor o igual a 1 mm o la imagen haya sido obtenida mediante un instrumento de micrografía. Aquí puedes presentar esa imagen impactante de microscopio que, por su belleza, sus patrones o por lo llamativa que quedó, podría estar tanto en un artículo de Nature como en un museo de arte contemporáneo.

Los y las estudiantes de Secundaria y Ciclos Formativos podrán participar en la modalidad La ciencia en el aula. Sus fotografías deberán retratar motivos científicos captados en su centro de estudios e ir acompañadas, al igual que en el resto de modalidades, de un texto explicativo.

Estas son las mejores imágenes de la anterior edición , #FOTCIENCIA17. Puedes ver todos los datos y el resto de seleccionadas, aquí: https://www.fotciencia.es/Publico/Info/__Recursos/CATALOGO_FOTCIENCIA17.pdf

Estas son las mejores imágenes de la anterior edición  (#FOTCIENCIA17). Puedes ver todos los datos, información complementaria y el resto de imágenes que resultaron seleccionadas, aquí: https://www.fotciencia.es/Publico/Info/__Recursos/CATALOGO_FOTCIENCIA17.pdf

Además, las fotografías presentadas a las modalidad General y Micro podrán adscribirse a otras categorías específicas. Entre ellas, FOTCIENCIA18 incorpora la modalidad especial La ciencia frente al COVID para encontrar imágenes que reflejen la importancia crucial que la investigación científica y la tecnología han tenido durante la pandemia. Sin duda, hemos vivido una época que no olvidaremos y en la que se ha puesto de manifiesto que la ciencia y el conocimiento son pilares esenciales para nuestro bienestar social y para combatir todo tipo de enfermedades. Mostremos en imágenes ese trabajo científico.

Las otras dos categorías específicas son las ya habituales: Agricultura sostenible y Alimentación y nutrición, que cuentan con el apoyo del Instituto de Agricultura Sostenible (IAS-CSIC) y del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA-CSIC), respectivamente.

Las dos mejores imágenes de la modalidad General y las dos mejores de Micro obtendrán una remuneración de 1.500 €. Y cada imagen que resulte la mejor de las otras cuatro modalidades (La ciencia en el aula, La ciencia frente al COVID, Agricultura sostenible, Alimentación y nutrición) recibirá 600 €. Este breve vídeo condensa la información principal:

Suena bien, ¿no? Pues recuerda que la participación se hace de modo digital y que tanto la imagen como el texto que presentes han de ser de tu autoría. Un comité evaluador valorará tanto la imagen –su calidad técnica, originalidad y valor estético– como la claridad de la explicación aportada por el autor o autora.

Si quieres inspiración, o simplemente disfrutar de las selecciones anteriores, entra aquí y descubre las imágenes de ediciones pasadas. O, aún mejor, consulta el calendario de exposiciones por si puedes visitar in situ la muestra de la pasada edición (FOTCIENCIA17). También puedes escuchar los textos que acompañaban a las imágenes de la muestra aquí.

Un año más, FOTCIENCIA se suma a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) declarados por Naciones Unidas, por lo que, en el formulario de participación, cada autor o autora deberá adscribir su imagen a uno de los 17 ODS. Puedes consultar las normas completas de participación en la web: www.fotciencia.es

FOTCIENCIA es una iniciativa organizada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), con la colaboración de la Fundación Jesús Serra.

Los riesgos del teletrabajo: ¿es seguro trabajar en la red?

Por David Arroyo, Víctor Gayoso y Luis Hernández (CSIC)*

El confinamiento ha sido uno de los principales elementos de contención de la COVID-19 desde el inicio de la crisis pandémica. Para mantener la actividad laboral y educativa ha sido necesario desplegar un conjunto de soluciones tecnológicas que han hecho que el teletrabajo y la enseñanza online cobren un peso muy significativo en nuestra sociedad. Así, por ejemplo, se ha estimado que entre marzo y septiembre de 2020 hubo un incremento del 84% en el uso de herramientas de teletrabajo. En paralelo, sin embargo, también han proliferado los ciberataques y los cibercrímenes: a lo largo de 2020, se estima que hubo un incremento del 6.000% en ataques por spam, ransomware (programas de secuestro de datos) y phishing (suplantación de la identidad de un tercero –persona, empresa o servicio– para que un usuario proporcione datos confidenciales creyendo que trata con un interlocutor de confianza).

Un ejemplo de los riesgos que trae consigo el teletrabajo es el de las aplicaciones de videoconferencia, como Zoom, Skype o Teams, que nos han permitido seguir manteniendo reuniones. El uso de herramientas como estas, desarrolladas por terceros, puede hacer mucho más vulnerable la seguridad de la información intercambiada; sobre todo, cuando se recurre a ellas con urgencia y no son debidamente auditadas y verificadas.

La amenaza del espionaje afecta también a las reuniones presenciales, pero acceder maliciosamente a la información que se comparte en estos encuentros supone que los atacantes pongan en marcha procedimientos y técnicas de alto coste y específicos para cada situación. En el caso de las videoconferencias, si existen vulnerabilidades de seguridad en una aplicación, todas las reuniones celebradas usando ese software estarán afectadas por un riesgo de interceptación de la información intercambiada. Esto es, existiría una vulnerabilidad matriz que puede ser explotada de modo generalizado.

El software que se emplea en videoconferencias solo es una pieza dentro del complejo del teletrabajo, que constituye un verdadero reto para las políticas de ciberseguridad. Lo es en situaciones de normalidad, pero mucho más en escenarios de crisis similares al deparado por la COVID-19. En este contexto, el teletrabajo se ha adoptado en la mayor parte de los casos de modo improvisado, sin una política de seguridad previamente definida y debidamente evaluada. Baste mencionar como ejemplo de ello los recientes ataques contra el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y el Ayuntamiento de Castellón, o los mensajes fraudulentos relacionados con el ofrecimiento de servicios a domicilio para la vacunación contra la COVID-19.

Ciberhigiene y ciberseguridad

Sin duda, es deseable que todas las personas que teletrabajan sigan unas buenas prácticas de ciberhigiene, como evitar la instalación de software no recomendado por los responsables de cibersegu­ridad, no conectarse a redes wifi públicas o no responder correos sospechosos de phishing. Ahora bien, una buena política de seguridad no asume sin más que esas normas de ciberhigiene se vayan a cumplir, sino que establece mecanismos de control para salvaguardar la seguridad, o al menos paliar las consecuencias de posibles ataques, en caso de incumplimiento.

Pues bien, en la crisis de la COVID-19 el teletrabajo se ha desplegado, en muchos casos, sin que las plantillas tengan arraigada esa disciplina de ciberhigiene y sin que su empresa haya diseñado una política de seguridad adecuada. Es más, en muchas situaciones los teletrabajadores han tenido que utilizar ordenadores y dispositivos propios. Dada la situación de confinamiento generalizado y la limitación de recursos tecnológicos en el hogar, es de suponer que en muchos domicilios los ordenadores han sido compartidos entre varios integrantes de la unidad familiar. Esta práctica tiene que ser considerada como un riesgo de seguridad adicional, ya que cada miembro del hogar tiene, a priori, una cultura de ciberseguridad distinta y usa la tecnología para objetivos diferentes.

Por ello, es preciso formar de modo adecuado a las personas que potencialmente van a teletrabajar para que tomen conciencia de los riesgos de ciberseguridad asociados a entornos de trabajo fuera del perímetro de seguridad de su empresa. En este sentido, sería de alto interés la planificación de simulacros y ciberejercicios en los que la interacción con las personas responsables de la ciberseguridad permitiera fortalecer rutinas de ciberhigiene, así como establecer pautas para la resolución de problemas de seguridad con el apoyo telemático de especialistas.

Si se ejecutan de modo correcto y de forma regular, estos ejercicios pueden servir para disminuir el impacto de los ciberataques al mejorar las competencias tecnológicas de la plantilla y la gestión de factores psicológicos que pueden ser explotados por ciberatacantes en periodos de crisis. Es el caso del estrés, la ansiedad o la falta de concentración motivada por las distracciones que se dan en un entorno distinto del laboral. Aquí conviene tener presente que la cadena de ataque habitual incluye estrategias de ingeniería social y phishing mediante las que los usuarios pueden bajar la guardia e instalar software sin evaluación de seguridad, acceder a sitios web asociados a campañas de malware y ser víctimas de robo de información o de ciberacoso.

Fomentar una cultura de ciberseguridad y ciberresiliencia puede y debe contribuir a reducir el impacto de estos ataques en posibles crisis futuras.

* David Arroyo, Víctor Gayoso y Luis Hernández son investigadores del CSIC en el Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información “Leonardo Torres Quevedo” y autores del libro Ciberseguridad (CSIC-Catarata). Este post es un extracto del mismo.

¿Cómo ha cambiado nuestra movilidad con la pandemia? Ayúdanos a estudiarlo

Por Frederic Bartumeus y John Palmer (CSIC)*

La eliminación de las restricciones impuestas para doblegar la primera ola de la epidemia de COVID-19 trajo consigo un aumento de la movilidad y de las interacciones sociales, pero no de una forma homogénea en el conjunto de la población. Esta es una de las primeras conclusiones de las dos encuestas sobre movilidad y distanciamiento social realizadas a la población en el marco del proyecto Distancia-COVID, en el que participamos investigadores e investigadoras de varios centros del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF).

Nuestro objetivo es comprender mejor las dinámicas de contagio observadas durante las distintas fases de la pandemia y contribuir a plantear escenarios de mayor utilidad para gestionar la crisis generada por el SARS-CoV-2. Por eso acabamos de lanzar una tercera encuesta completamente anónima en la que te animamos a participar.

Movilidad COVID

Imagen de César Hernández (CSIC)

Cambios tras el estado de alarma

Gracias a las respuestas de 6.952 personas, hemos podido aproximarnos a la diversidad de los patrones de movilidad e interacción social de la población española entre el 14 de mayo y el 31 de agosto de 2020. Los resultados obtenidos nos indican que, si bien en este periodo la estructura de los hogares –el número de personas y las edades con los que se convive– no cambió, lo que sí lo hizo fue el número de contactos diarios fuera de casa.

Con la supresión del estado de alarma la población de más de 20 años pasó de una media de 3 contactos diarios durante el confinamiento a una media de 5. Sin embargo, este cambio no fue homogéneo ya que los contactos aumentaron principalmente en franjas de edad concretas: por un lado, crecieron los encuentros entre jóvenes de 20 a 29 años y, por otro, los contactos de mayores de 65 con personas de 30 a 49 años.

Las estimaciones denotan un cambio notable en el número medio de contactos en la franja de 20 a 29 años, pero la encuesta no nos informa de su contexto y puede haber múltiples causas que expliquen este aumento. En el caso del grupo de edad igual o mayor de 65 años el incremento podría corresponderse con personas mayores que se relacionan con los que generacionalmente podrían ser sus hijos adultos.

En relación a la movilidad, nuestro estudio muestra que durante el estado de alarma la mayoría de los movimientos de las personas encuestadas fuera de casa no superaban los 10 kilómetros de distancia. De hecho, el 40% informó de que sus desplazamientos diarios no iban más allá de un radio de acción de 1 km alrededor de su casa. Sin restricciones, los desplazamientos por encima de los 10 km se dispararon, al igual que lo hicieron el número de salidas semanales.

El destino de los viajes de los encuestados durante y tras el estado de alarma siguió dominado por los comercios, así como por escapadas a espacios públicos y viajes diarios a los lugares de trabajo. No obstante, será necesario realizar un modelo estadístico de los datos disponibles para poder hacer estimaciones más detalladas y fiables sobre la distancia y destino de los desplazamientos.

Iniciamos la tercera fase de encuestas

La primera encuesta se llevó a cabo dentro del período de estado de alarma, entre el 14 mayo y el 10 de junio de 2020. La segunda se completó ya fuera de este período, entre el 24 de julio y el 31 de agosto, cuando ya no existían la mayoría de las restricciones. Los datos obtenidos se han recogido en un informe, que también incluye unas primeras estimaciones de los parámetros de movilidad y distanciamiento social para el conjunto de la población española.

Para poder completar esta información necesitamos más datos y por ello vamos a realizar una tercera encuesta, en la que se puede participar de manera anónima a través de la página web del proyecto: https://distancia-covid.csic.es/encuesta/

Las preguntas del cuestionario se centran en las dinámicas de movilidad, el número de contactos mantenidos en los últimos días y las personas con las que se convive en un mismo hogar. Participar en la encuesta es contribuir de una forma importante a la lucha científica contra la COVID-19 en España.

 

* Frederic Bartumeus es investigador del CSIC en el Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CEAB) y el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF). John Palmer es profesor de la Universidad Pompeu Fabra (UPF). En el proyecto  Distancia-COVID participan también el Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC), un centro mixto del CSIC y de la Universitat de les Illes Baleares, el Instituto de Física de Cantabria (IFCA-CSIC) y el Instituto de Economía, Geografía y Demografía (IEGD-CSIC).

¿Cómo cambiará el coronavirus nuestra alimentación?

María Dolores del Castillo y Amaia Iriondo (CSIC)

Especialistas y empresas del sector agroalimentario apuntan que la ‘primera fase’ de la crisis del coronavirus ha tenido un impacto dramático en lo que comemos. En primer lugar, se ha observado una polarización del mercado: mientas unos hogares han apostado por productos más saludables, otros se han visto obligados a reducir el gasto en alimentación. Todo indica que no habrá clase media en cuanto a alimentos se refiere.

Sin embargo, con independencia de esta polarización, parece que cada vez más personas van a demandar alimentos y bebidas de mayor calidad, por lo que la innovación en este campo será el principal reto de la industria alimentaria.

¿Por qué decimos esto? Porque los consumidores que marcan tendencia son los llamados millenials –personas con edades comprendidas entre los 20 y los 30 años– y los estudios realizados indican que esta generación está especialmente preocupada por el impacto de la pandemia en su estilo de vida, su salud y su economía. Este grupo poblacional parece ser el más propenso a introducir cambios en sus hábitos como consecuencia de la pandemia y a demandar alimentos y bebidas más saludables. Para esta generación, la relación entre la alimentación y la salud nunca había sido tan clara.

Las empresas del sector tendrán que adaptarse al nuevo escenario. Entre los cambios que algunas ya están introduciendo figuran el impulso del comercio electrónico y de un ‘nuevo entorno de compras’ próximo y cómodo, así como la inversión en el desarrollo de productos que reduzcan el riesgo de enfermedades crónicas (diabetes y obesidad) que, a su vez, favorecen el desarrollo de otras patologías. A la industria de los alimentos no le va a quedar más remedio que innovar y para ello tendrá que buscar la colaboración con especialistas en ciencias de la alimentación y profesionales de la salud.

¿Cómo será la oferta de alimentos y bebidas post-COVID19? Esencialmente, se regresará a lo básico, sin renunciar a la comodidad y a lo saludable.

  • El sabor seguirá siendo primordial. Los productos con mayor éxito serán aquellos que los consumidores consideran más saludables, pero también más placenteros. Por muy nutritivos y beneficiosos que sean para la salud, los alimentos y bebidas ‘funcionales’ sólo llegarán a un pequeño porcentaje de personas si no alcanzan los niveles de calidad sensorial esperados. Así pues, tendrán que seguir siendo deliciosos y de aspecto agradable.
  • Productos para fortalecer la inmunidad (inmunonutrición). Debido a la pandemia, los alimentos y bebidas para fortalecer la inmunidad disfrutarán de un interés creciente. Los ingredientes que tienen más probabilidades de tener éxito durante este período son aquellos con propiedades beneficiosas asociadas a la inmunidad, como la vitamina C, la vitamina D, los probióticos, las proteínas y la fibra dietética.
  • Alimentos saludables y sostenibles. Las alternativas a los productos cárnicos y lácteos cobran cada vez más relevancia: el 39% de los consumidores europeos están interesados en productos vegetales y el número de personas que cambiaron sus hábitos alimentarios a opciones vegetarianas por razones de sostenibilidad creció en un 44% entre 2014 y 2017. En su mayoría, estos cambios en los hábitos dietéticos están encaminados a favorecer al medioambiente y la salud y el bienestar personales. Las empresas de alimentos tendrán que tener en cuenta los factores que los consumidores consideran más importantes a la hora de seleccionar este tipo de productos: su contenido en proteínas (35%), el empleo de ingredientes naturales (41%) y el sabor (68%). También será necesario encontrar alternativas sostenibles a los plásticos y otros materiales de envasado no reciclables. Es una demanda creciente de la sociedad.
  • Bienestar total. Como vemos, es previsible un incremento de los productos para la promoción de la salud y la dieta flexitariana, pues cada vez más personas buscan el ‘bienestar total’ y la ‘salud holística’ (física, mental y emocional) a través del consumo de determinados alimentos. Ello explica el creciente interés por las hierbas, las especias y la importación de ingredientes naturales de origen vegetal de otras culturas. Y también el aumento de la demanda de productos con beneficios extra para la salud ricos en antioxidantes, antiinflamatorios, proteínas vegetales y fibra dietética. Estas tendencias ofrecen una gran oportunidad para la innovación alimentaria y el desarrollo de snacks

 

* María Dolores del Castillo y Amaia Iriondo son investigadoras del CSIC en el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL). 

¿Es posible “oler” una enfermedad?

Por Laura López Mascaraque (CSIC)*

Aunque el olfato es el más desconocido de los sentidos, es bien sabido que los olores pueden provocar reacciones emocionales, físicas y mentales. Así, algunos olores desagradables y penetrantes, denominados hedores, se han asociado históricamente tanto a la muerte como a la transmisión de enfermedades.

Antes de que se comenzaran a perfeccionar los medios de investigación médica a partir del siglo XVIII, el análisis del olor y color de la orina era el recurso más empleado en el diagnóstico. Desde la Edad Media existían ruedas de orina, divididas en 20 colores posibles, con categorías olfativas que marcaban analogías entre estos caracteres y la dolencia. Los pacientes llevaban la orina en frascos de cristal transparente y los médicos, además de observarla, basaban su diagnóstico también en su sabor. En 1764, el inglés Thomas Willis describió como muy dulce, similar a la miel, la orina de una persona diabética, por lo que a esta enfermedad se la denominó Diabetes mellitus, e incluso durante un tiempo se la llamó enfermedad de Willis.

Rueda de orina medieval que se utilizaba para la realización de uroscopias

Rueda de orina medieval que se utilizaba para la realización de uroscopias.

Hay otras anécdotas curiosas, como la “enfermedad del jarabe del arce”, una patología rara de origen metabólico así llamada por el olor dulzón de la orina de los pacientes, similar al de este alimento. En otros casos, la orina puede oler a pescado si se padece trimetilaminuria (o síndrome de olor a pescado), mientras que el olor a levadura o el olor a amoniaco se debe a la presencia de determinadas bacterias.

El cirujano francés Landré-Beauvais (1772-1840) recomendaba a los médicos memorizar los diferentes olores que exhalaban los cuerpos, tanto sanos como enfermos, a fin de crear una tabla olfativa de las enfermedades para elaborar un primer diagnóstico. En concreto, él y sus seguidores entendían que la halitosis es uno de los signos del empacho e intentaban descubrir determinadas enfermedades por las alteraciones del aliento. Pensaban que algunas patologías tenían un determinado olor, es decir, hacían emanar del cuerpo del paciente compuestos orgánicos volátiles específicos. No les faltaba razón, y aunque hoy día el uso del olfato en la práctica médica ha desaparecido, sabemos que el patrón aromático que desprende una persona enferma es distinto al de una sana:

  • Un aliento con olor afrutado se manifiesta a medida que el organismo elimina el exceso de acetona a través de la respiración, lo que puede ocurrir en caso de diabetes.
  • Un aliento que huele a pescado crudo se produce por un trastorno del hígado (insuficiencia hepática).
  • Un aliento con olor a vinagre es desprendido por algunos pacientes con esquizofrenia.
  • El olor similar al amoniaco (parecido a la orina) suele ser signo de insuficiencia renal o infección en la vejiga.

El análisis moderno del aliento empezó en la década de 1970, cuando el doble premio Nobel de Química (1954) y de la Paz (1962) Linus Pauling detectó por cromatografía de gases más de doscientos compuestos orgánicos volátiles, aunque en la actualidad sabemos que por nuestra boca podemos exhalar más de tres mil compuestos. Entre las pruebas de aliento más conocidas actualmente destacan la que se realiza para detectar la presencia de la bacteria Helicobacter pylori, responsable de úlceras e inflamación del estómago y de la gastritis; las pruebas de alcoholemia que identifican la presencia de etanol y acetaldehído; y las que detectan óxido nítrico como predictivo del asma infantil.

Del olfato canino a las narices electrónicas

Existen indicios de que perros bien entrenados pueden detectar tumores cancerígenos a partir del aliento y las heces. Distintos laboratorios intentan descubrir algún elemento común de los diferentes tumores y, dado que estos animales poseen una enorme capacidad de discriminación odorífera, incluso con olores extremadamente parecidos en su composición química, están siendo entrenados para que, oliendo la orina de los pacientes, puedan indicar o predecir la existencia de cáncer de próstata, pulmón y piel. Una vez se conozcan los tipos de compuestos segregados por las células tumorales que identifican los perros, se podrán desarrollar narices electrónicas para complementar la práctica clínica.

Las narices electrónicas utilizan sensores químicos de vapores (gases) para analizar algunos compuestos orgánicos volátiles que se exhalan en el aliento. Esperamos que, en un futuro próximo, esta identificación electrónica de los olores permita establecer biomarcadores que contribuyan al diagnóstico precoz de diferentes tipos de asma, diabetes, cáncer o enfermedades tropicales como hidatidosis, leishmaniasis y dengue.

De hecho, en la actualidad, se está estudiando la posibilidad de desarrollar narices electrónicas para ayudar en el diagnóstico de la enfermedad Covid-19 a través del aliento de una persona, a fin de detectar la presencia o no del SARS-CoV-2. El paso previo imprescindible será identificar los compuestos orgánicos volátiles propios de esta enfermedad. También, varios estudios a nivel internacional han reportado una asociación directa de la pérdida abrupta del olfato y/o gusto (anosmia/ageusia) como un síntoma temprano común de esta enfermedad. Por ello, varias asociaciones médicas, y en distintos países, han apuntado que la anosmia podría ser un buen marcador de presencia en casos asintomáticos. Además, parece que este síntoma también podría indicar que la infección por SARS-CoV-2 no será tan severa.

 

Laura López Mascaraque es investigadora del Instituto Cajal del CSIC y autora, junto con José Ramón Alonso, de la Universidad de Salamanca, del libro El olfato de la colección ¿Qué sabemos de? (CSIC-Catarata).

Coronavirus, presupuesto europeo y Política Agraria Común (PAC): ¿vuelta a la casilla de salida?

Por Tomás García-Azcárate (CSIC)*

En mis conversaciones con mis antiguos colegas de la Comisión Europea, todos ellos teletrabajando en el momento de escribir este artículo, a menudo surge una palabra: antes. ‘Antes’ no se refiere a la época de los romanos. ‘Antes’ era a principios de marzo, antes de la crisis del coronavirus.

Antes, todo era relativamente sencillo. Se discutía firmemente sobre las perspectivas financieras de la Unión, el marco presupuesto para el período 2020-2027. La base para el cálculo es el Producto Interior Bruto (PIB). El ‘club de los rácanos’ defendía un límite del 1%; el Parlamento Europeo proponía el 1,3% y, en el Consejo, los Estados miembros discutían sobre la base de una llamada “propuesta de compromiso”, en torno a un 1,07%.

Pero hoy, ¿quién podría tener la osadía de estimar cuál será el PIB europeo en 2020 y los años siguientes? Se desconoce el impacto inmediato de la crisis. Después, algunos economistas eminentes hablan de una recuperación en ‘V’ (recuperación rápida y vuelta rápida a la normalidad); otros explican que tendrá forma de ‘U’ (crisis duradera pero con recuperación rápida); otros argumentan que será una ‘L’ (recuperación lenta y progresiva); algunos incluso hablan de ‘W’ (recuperación con recaídas).  En realidad, nadie sabe nada.

Antes, la discusión presupuestaria se estaba retrasando. Los optimistas esperaban un acuerdo antes de fin de año, bajo la presidencia alemana. Pero es aún menos probable hoy que ayer.

La naturaleza liliputiense del presupuesto europeo se hizo aún más clara con la crisis del coranavirus. Al menos, en marzo pasado, el Consejo acordó un paquete de ayudas de emergencia COVID-19 de 540.000 millones, aproximadamente tres veces y medio el presupuesto anual de toda la Unión.

Incluso circula un globo-sonda con una cifra presupuestaria del 2%, como medida excepcional y temporal para hacer frente a la crisis. Esto explotaría el límite presupuestario máximo fijado y, como tal, me parece poco probable. Pero, cosas veredes, amigo Sancho.

Paisaje castellano

Consecuencias para la PAC

Antes, dado que las discusiones presupuestarias se habían retrasado, sabíamos que la nueva PAC no entraría en vigor, como se había (voluntaristamente) anunciado inicialmente, para el 1 de enero de 2021. Ya estábamos discutiendo un retraso de al menos un año. Fui una de las pocas voces que dijo que la demora iba a ser de al menos dos años y hoy nadie nos contradice.

Pero hay un problema sin resolver: ¿con qué presupuesto para ayudas directas? La Comisión había, lógicamente, propuesto tomar sus propuestas presupuestarias como base para el debate, pero ya ha anunciado que en abril presentará nuevas propuestas. ¿Qué ayudas directas cobraran los agricultores europeos, si no hay un acuerdo antes de fin de año?

Antes sabíamos que la Comisión quería limitar los presupuestos agrarios y de cohesión para financiar las nuevas prioridades. También sabíamos que ciertos gobiernos, entre ellos el francés y el español, defendían el mantenimiento, al menos en términos nominales, del presupuesto de la PAC. En un contexto de baja inflación, este sería un buen resultado. Pero, y en esto están de acuerdo, todos los economistas saben que la explosión del gasto público que estamos experimentando finalmente generará una mayor inflación.

Ganado bovino

Antes, no sin confusión, teníamos una propuesta de una nueva PAC sobre la mesa de negociaciones y sabíamos que un día u otro, se juntaría con la discusión del Pacto Verde Europeo y la estrategia ‘De la granja a la mesa’. La cosa estaba ciertamente confusa y ahora nos anuncian que el presupuesto europeo debe utilizarse para un nuevo Plan Marshall.

Antes, se temía que la nueva PAC iba a representar un aumento (bastante lógico en un contexto de mitigación y adaptación al cambio climático) de la contribución medioambiental solicitada a los agricultores y una disminución (estancamiento en términos nominales, en el mejor de los casos) de los fondos disponibles.

La cuadratura del círculo no era sencilla, porque el reto climático no se resolverá sin una participación activa de los actores económicos, y aumentar las obligaciones disminuyendo los apoyos no es una manera sencilla de convencer, sensibilizar y movilizar a un colectivo.

Algunos abogan, no sin buenas razones, por una reducción de la presión ambiental sobre la agricultura. Sin llegar a la desafortunada frase del presidente Sarkozy “Estamos hartos de medioambiente”, plantean escalonar más en el tiempo las exigencias.

Sequía

La gestión agraria juega un papel fundamental ante los retos del cambio global.

Pero, si realmente hay una emergencia ambiental, ¿es razonable retrasar los cambios necesarios? Si la Unión Europea y los Estados miembros han  asumido compromisos internacionales, ¿son compatibles con un cambio de ritmo? Estas son preguntas a las que no tengo respuestas pero que nuestros responsables políticos no podrán eludir.

Antes, se hablaba mucho, y con razón, de la PAC de la transición ecológica y la agroecología, de la resiliencia ambiental. Hoy, también estamos hablando de la resiliencia económica y alimentaria. Estos son los grandes retos a los que tiene que hacer frente nuestra sociedad. Desde el CSIC, estamos orgullosos de estar contribuyendo a que estos debates estén basados en evidencias científicas y que los actores sociales y políticos tomen sus decisiones con el mejor conocimiento de causa.

 

* Tomás García-Azcárate es vicedirector del Instituto de Economía, Geografía y Demografía (IEGD) del Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS) del CSIC, investigador del grupo Desarrollo Territorial Sostenible del mismo instituto y del Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales (CEIGRAM) de la Universidad Politécnica de Madrid. Es especialista en Política Agraria Común (PAC) y mercados agrarios, con especial interés en las relaciones entre políticas agrarias y derecho de la competencia. Ha sido durante 28 años coordinador del Observatorio Europeo de precios y mercados agrícolas y, durante 7, catedrático de Política Agraria Común en la Universidad Libre de Bruselas.

Este artículo forma parte de la serie de reflexiones titulada: ‘Sistema agroalimentario en un mundo post COVID-19’una iniciativa del grupo de investigación Sistemas Agroalimentarios y Desarrollo Territorial del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del CSIC. Otros textos publicados de esta misma serie: La crisis del coronavirus y el imperativo de fomentar la resiliencia de los mercados internacionales de alimentos.

Únete a la ciencia ciudadana: pon a tu ordenador a cribar fármacos contra el coronavirus

Por Mar Gulis (CSIC)

Colaborar desde casa en la búsqueda de medicamentos que frenen el coronavirus ya es posible gracias a un nuevo proyecto de ciencia ciudadana impulsado por el CSIC y la Fundación Ibercivis. Basta con tener un ordenador, conexión a internet y unirse, instalando un programa, a la red de computación distribuida de Ibercivis. A partir de ese momento, cada vez que se active el salvapantallas, tu ordenador se pondrá a hacer cálculos que servirán para conocer si fármacos que se están utilizando para tratar otras enfermedades víricas, como el ébola, la infección por VIH (causante del sida), la hepatitis B o la gripe, logran inhibir una proteína clave en la reproducción del virus SARS-CoV-2. Si quieres saber más, aquí te damos algunas claves del proyecto, que responde a las siglas ‘COVID-PHYM’.

Ciencia ciudadana

¿Por qué probar compuestos que ya existen?

Pues para ganar tiempo en el control de la pandemia. Como los medicamentos aprobados ya han demostrado ser suficientemente seguros para nuestra salud, podrían estar disponibles para tratar a pacientes con COVID-19 mucho antes que un fármaco de nueva creación.

En cualquier caso, aunque un medicamento esté aprobado, hay que demostrar que es eficaz contra este coronavirus. Los ensayos clínicos con personas son muy costosos en términos económicos, de tiempo y de esfuerzo para los pacientes y el sistema sanitario. Así que, antes de hacer pruebas de este tipo, conviene utilizar técnicas informáticas para seleccionar buenos candidatos, es decir, fármacos que tengan realmente oportunidades de funcionar.

¿Cuál es la diana terapéutica?

La proteína que se quiere inhibir se conoce como ARN polimerasa dependiente de ARN’ y ha sido escogida porque juega un papel central en la replicación y transcripción del material genético del virus. Si se neutraliza, se puede frenar la propagación del virus en el organismo y ayudar en la curación.

¿Qué pintan los ordenadores personales en todo esto?

Como explica Javier Martínez de Salazar, investigador del CSIC en el Instituto de Estructura de la Materia y líder del grupo que está detrás de esta iniciativa (Biophym), buscar con técnicas informáticas un compuesto capaz de neutralizar una proteína concreta es como probar un enorme número de llaves para abrir una cerradura. “Como en el caso de una llave y una cerradura, hay que encontrar el fármaco que mejor se adapte a la estructura de la zona de la proteína en la que esta realiza su función; el problema es que los modelos basados en la química-física que nos permiten hacerlo implican realizar cientos de miles de cálculos para medir la fuerza de la interacción de cada una de las posibles asociaciones entre el fármaco y la proteína”, advierte Javier Ramos Díaz, uno de los investigadores del grupo.

Un ordenador convencional tardaría varios años en ejecutar los cálculos necesarios para llevar a cabo la investigación. Por eso, el proyecto necesita la colaboración ciudadana: es decir, muchos ordenadores de personas voluntarias que reciban y procesen pequeños paquetes de trabajo. De este modo será posible conseguir una potencia de cálculo similar a la de un supercomputador y realizar todas las tareas previstas.

Coronavirus y proteina diana

Principal: imagen al microscopio electrónico del virus SARS-CoV-2 . Arriba a la derecha: estructura de la ARN-Polimerasa del SARS-CoV-2. / Center for Disease Control/epa/dpa y PDB Id: 6M71.

Realmente, ¿es eficaz distribuir el trabajo en muchos ordenadores?

Sí. Esta forma de trabajar se conoce como computación distribuida, y lleva cerca de 20 años ayudando con éxito a llevar a cabo proyectos científicos que demandan una gran capacidad de procesamiento. Uno de los ejemplos más vistosos es el proyecto SETI, que ha conseguido que millones de voluntarios y voluntarias contribuyan con sus ordenadores a analizar señales de radio procedentes del espacio en busca de indicios de vida extraterrestre. Para facilitar su puesta en marcha, la Universidad de Berkeley desarrolló la plataforma de computación distribuida BOINC, un programa de código abierto que actualmente utilizan numerosos centros de investigación de todo el mundo en áreas tan diversas como la física, las matemáticas, la climatología o la astrofísica.

En España, uno de los principales impulsores de este paradigma de computación ha sido Ibercivis. Aunque actualmente esta fundación se dedica a promover todo tipo de iniciativas de ciencia ciudadana, cuenta con una infraestructura de computación distribuida basada en BOINC con más de 20.000 voluntarios y voluntarias que ceden la potencia de cálculo de sus ordenadores y que ha dado soporte a más de 15 proyectos de investigación.

¿Qué hay que hacer para colaborar?

Solo necesitas descargar el programa BOINC y unirte a ‘Ibercivis BOINC’ en el momento de la instalación. Al hacerlo podrás elegir fácilmente cuándo y cómo participar. Si no quieres que el rendimiento del ordenador se vea afectado mientras lo usas, deja activada la configuración por defecto para que el programa solo se ejecute en los tiempos de pausa, cuando salta el salvapantallas.