¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

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Cebrián: “Pedro J. es un periodista excelente”

Andrés Rodríguez es un periodista y editor muy singular y muy valioso. Trabajamos juntos en El Sol, hace ya casi dos décadas, y somos buenos amigos desde entonces. Él fue después biógrafo de Camarón y directivo en distintos destinos en el Grupo Prisa: dirigió, entre otras publicaciones, la edición española de la revista Rolling Stone.

Hace dos años, Andrés tuvo el coraje de independizarse, comprar a los estadounidenses la licencia para España de la revista Esquire y lanzarla aquí, con éxito. En el número 18, que hoy sale a la venta, dedica el primer tema de portada a una entrevista a Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa. La entrevista la ha hecho el propio Andrés, que le ha arrancado a Cebrián confesiones como éstas:

“La vocación son las circunstancias. Yo, en el colegio, quería ser cura”.

“No hay como ser redactor, el rey de esta profesión. Ser un buen redactor de periódico -un redactor senior, como ahora se dice- es lo mejor que le puede pasar a uno en la vida”.

“Tanto Ignacio Polanco [presidente de Prisa] como yo debemos cambiar la cultura de esta empresa, manteniendo como referencia a la familia, pero incrementando la idea de multinacional cotizada, que es lo que verdaderamente somos”.

“Los diarios se sustentan en un sistema del siglo pasado: la economía de oferta; y la era digital trae una economía de demanda. Estamos en un momento en el que la intermediación, que es lo que caracteriza a la democracia representativa, está desapareciendo. Y los periodistas, que somos intermediarios entre lo que pasa y los que demandan información, estamos viendo cómo son los demás, los no periodistas, los que cuentan lo que les pasa sin ningún tipo de intermediario. Y como no sabemos qué hacer, le echamos la culpa al soporte, a ese viejo papel de periódico que servía para envolver plátanos en la frutería”.

“Ni los profesionales ni los empresarios sabemos qué va a pasar. Los optimistas dicen que habrá periódicos. No lo tengo yo tan claro. Lo que sí habrá es periodistas, gente que nos interprete la realidad”.

“Un site informativo de éxito en Internet tiene márgenes de explotación del 4%. Un periódico o una radio tienen un margen del 25% o del 30%. Es imposible competir, pagar bien la mano de obra intelectual, enviar corresponsales… todos los modelos están montados respecto a un sistema del pasado. Vivimos un cambio de modelo, no una crisis”.

“En Google News, es una máquina y no un periodista, quien ordena las noticias por número de visitas, no por su importancia. A partir de ahí, todo está boca abajo”.

“Nunca he dejado de pensar en las noticias, ni en su interpretación. Lo que pasa es que ya tienen poca relación con los periódicos. Por desgracia, lo noticioso tiene ahora mucho más que ver con teléfonos móviles y descargas que con los diarios”.

El Mundo no responde a una concepción de la convivencia ni de la vida. Responde a toda clase de oportunismos constantes y ése es uno de los problemas que tiene. El País responde a una concepción de la profesión muy definida. Tiene unos principios editoriales e internacionales que te pueden gustar o no, pero que son muy estrictos. Eso es lo que nos ha dado coherencia todo este tiempo”.

“Pedro J llegó a decir que sí a Prisa, para trabajar en El Globo,pero luego se echó atrás. Aquí hubieramos sabido potenciar sus virtudes y limado sus defectos”.

“[Pedro J. Ramírez, director de El Mundo] ha sido y es un periodista excelente; víctima de sus propias virtudes, eso sí”.

“He tenido, a veces, tentaciones de retirarme para dedicarme exclusivamente a escribir, pero las obligaciones familiares y las responsabilidades me lo han impedido. Aunque no sé si estás responsabilidades eran más bien excusas que me daba para no hacerlo”.

Carta a Juan Luis Cebrián

Juan Luis Cebrián

Consejero delegado del Grupo Prisa

Querido y admirado Juan Luis:

Hace dos años te fuiste a México a decir que nos considerabas a los diarios gratuitos como los principales sospechosos del “asesinato” de los diarios de pago (“porque muertos, lo que se dice muertos, ya lo estamos”, admitías). Te tiré aquí de las orejas cariñosamente, pero veo que me sirvió de poco. No has hecho los deberes, no te has informado un poco más sobre los diarios gratuitos (pese a que has invertido en uno) antes de volver a opinar.

Ahora te has ido a Colombia para hablar con Semana sobre los gratuitos con una mezcla de desinformación y de desprecio indignas de tu cargo, de tu trayectoria y de tu sabiduría. Has dicho:

“La prensa gratuita no ha ganado dinero en ninguna parte del mundo. La sacaron los fabricantes nórdicos de papel, que no sacaron prensa gratuita en sus propios países. Se puede uno imaginar que hay un intento de generar marcas globales de cara a Internet. Pero al margen de las condiciones económicas, yo no creo en la información como un commodity. Si hay un vínculo fuerte en la historia de la comunicación, ahora que hablamos de interactividad e Internet, es entre el lector de un periódico y la redacción de ese periódico. Por lo tanto, es la adhesión de los lectores lo que genera la estabilidad y el crecimiento del periódico. Yo creo que los periódicos se venden por lo que dicen, no porque sean más baratos o porque los regalen en las calles. Y hacer periódicos sólo como soporte de la publicidad, pues te lleva a hacer periódicos con la información como commodity, que no es la base de un periódico. (…) Yo creo que los periódicos cumplen una función en la socialización y en la creación de opinión pública, y eso nada tiene que ver con la prensa gratuita”.

Vamos por partes:

-“La prensa gratuita no ha ganado dinero en ninguna parte del mundo”, aseguras, rotundo. Estás muy equivocado. 20 minutos lleva cuatro años seguidos ganando dinero en sus ediciones impresas (dinero que los accionistas no se llevan en dividendo, lo reinvierten todo en la edición on line) y, pese a la crisis económica y la caída de la publicidad, aspiramos a que también lo gane este año. Conozco docenas de diarios gratuitos en otros países que también ganan dinero.

-“Si hay un vínculo fuerte en la historia de la comunicación, es entre el lector de un periódico y la redacción de ese periódico”, afirmas. Completamente de acuerdo: entre el lector de los gratuitos y las redacciones de los gratuitos también se da ese vínculo, no seas prepotente.

-“Yo creo que los periódicos se venden por lo que dicen, no porque sean más baratos o porque los regalen en las calles”, pontificas. Yo sin embargo creo humildemente que los periódicos se leen (no se venden, eso de la venta es un tema de los contables, no de los periodistas) por lo que dicen, no porque sean baratos o porque los regalen por las calles. El País lo regaláis en muchos sitios (por ejemplo, en la universidad) y los jóvenes no lo leen ni gratis, tus expositores de distribución gratuita están llenos al final de cada día, pásate a verlo. No os leen porque no les interesa en absoluto lo que les decís. Y te recuerdo que 20 minutos tiene 637.000 lectores más que El País (medidos con la misma vara, el EGM). No desprecies a los nuestros, no seas clasista. Y no te pegues un tiro en tu propia rodilla: un 10% de nuestros 2,9 millones de lectores leen también El País. ¿Si esos 290.000 lectores te leen a ti es por el dichoso vínculo, y si nos leen a nosotros no?

-“Yo creo que los periódicos cumplen una función en la socialización y en la creación de opinión pública, y eso nada tiene que ver con la prensa gratuita”, rematas. Yo creo, por el contrario, que la función en la socialización la cumplimos mucho más los gratuitos que los de pago, porque llegamos a mucha gente a la que vosotros jamás llegaréis, ni regalando ejemplares: mujeres, jóvenes… Y te concedo que en la creación de opinión pública aún estamos por detrás, pero ya os alcanzaremos, no te quepa duda. No nos acuses de nuevo ese día de ser los asesinos de los venerables, caducos, desorientados y según tú ya muertos diarios de pago.

Con el cariño que sabes que te tengo

Arsenio.