BLOGS
¡Que paren las máquinas! ¡Que paren las máquinas!

¡Que paren las máquinas! El director de 20 minutos y de 20minutos.es cuenta, entre otras cosas, algunas interioridades del diario

Archivo de la categoría ‘PSOE’

Pedro Sánchez hace las paces con Ximo Puig y con Fernández Vara

Su cada vez más distante relación con los barones territoriales fue uno de los mayores errores de Pedro Sánchez en su primer mandato como secretario general del PSOE. El distanciamiento fue también uno de los detonantes del golpe de mano que acabó provocando su caída el 1 de octubre pasado, en aquel Comité Federal tan vergonzoso para todo el partido.

El propio Sánchez fue consciente del error durante su exilio orgánico: “Como máximo responsable debía haber hablado más con los secretarios generales, con los territoriales…”, me contestaba el 6 de febrero pasado, en la única entrevista que dio en muchos meses, cuando le pregunté por sus errores.

-¿Y no cometerá los errores que cometió antes? -le pregunté unos minutos después, ante la posibilidad de que ganara de nuevo la secretaría general.

-Cometeré, seguro, otros nuevos, pero no los de antes.

En la piedra de los barones territoriales parece que, en efecto, no va a tropezar ahora Sánchez. Ayer hubo primarias en cuatro territorios del PSOE: Comunidad Valenciana, Extremadura, Cantabria y La Rioja. En las dos últimas, han ganado candidatos sanchistas: Pablo Zuloaga en Cantabria y Francisco Ocón en La Rioja. En las dos primeras, fueron refrendados como líderes Ximo Puig y Guillermo Fernández Vara, respectivamente, dos de los dirigentes que en otoño pasado más contribuyeron a la caída de Sánchez y que apoyaron después a Susana Díaz en las primarias federales. Puig, además, se impuso ayer con claridad a un candidato sanchista, Rafa García, alcalde de Burjassot. ¿Nuevo lío, nuevas tensiones a la vista? Pues parece que no. Tanto el líder socialista valenciano como el extremeño han hecho llamamientos públicos a colaborar lealmente con sus secretario general y han contado que anoche recibieron sendas llamadas de felicitación de Sánchez y en un tono muy diferente a la vieja mala relación de antaño. “Estuvo muy cariñoso. Me dio la enhorabuena”, contaba esta mañana Fernández Vara en la Cadena Ser.

-¿Cómo es ahora su relación con Sánchez? -le ha preguntado Aimar Bretos.

-Muy buena -ha contestado el extremeño sin un titubeo.

Hechas las paces con Puig y con Vara, y al parecer también con el castellano manchego Emiliano García-Page -aunque con este, por una vía diferente, apoyando su acuerdo con Podemos en el Gobierno regional-, a Sánchez solo le quedaría una última tarea interna de pacificación y/o integración: Susana Díaz.

A ese guiso parece que aún le falta bastante cocción. Quizás madure algo la semana próxima, con el congreso del PSOE de Andalucía. O quizás no, quizás siga tibio.

Miguel Ángel Blanco es de todos

Además de uno de sus más crueles crímenes, el asesinato de Miguel Ángel Blanco fue uno de los mayores errores de ETA en su historia. A quienes tenían aún dudas sobre la banda terrorista, se les quitaron de golpe. Muchos se sacudieron el miedo. Votantes de HB condenaban el crimen en las emisoras de radio. En la comunidad internacional, dirigentes que aún creían que los etarras eran valientes defensores de un pueblo oprimido vieron que la realidad era muy diferente. La unidad social y política mostrada por casi todos fue ejemplar.

El error de los etarras al secuestrar a un joven concejal del PP del pequeño pueblo de Ermua y asesinarlo después tras su chantaje y extorsión fallidos sobre el Gobierno de José María Aznar probablemente significó el punto de inflexión crucial de la opinión pública sobre ETA, el principio del fin de la banda. Si a ésta le quedaba aún alguna reputación, la perdió de golpe. Al matar a Blanco, ETA nos golpeaba a todos. Blanco era de todos.

¡Qué triste comprobar, 20 años después, que algunas lecciones aún no calan! Triste ver que Gobierno y PP se adueñan de la figura de Blanco, y le hacen un homenaje en la sede central del partido, y no con todos en un lugar de todos: el Congreso, por ejemplo. Y tristísimo ver cómo algunos alcaldes -de Podemos, IU, PSOE, PNV…- le niegan a Blanco los homenajes más simples. ¡Qué triste, qué tristísimo…!  Y sobre todo, ¡qué error!

 

Solo una sombra de inquietud en la cara de Rajoy, y no es por Sánchez

Francisco Álvarez Cascos, Javier Arenas, Ángel Acebes, Rodrigo Rato, Jaime Mayor Oreja. ¡Quién los ha visto y quién los ve! Todos ellos, que mandaron lo indecible en el PP hasta hace no mucho tiempo -Arenas aún manda algo, pero cada vez menos-, comparecen estos días ante el tribunal que juzga parte del caso Gürtel y los enredos de Bárcenas.

Felipe González (por plasma), José Luis Rodríguez Zapaero, Alfredo Pérez Rubalcaba. Todos ellos tótems hasta hace nada del PSOE, miembros de la exclusiva lista de dirigentes socialistas pata negra, creían resucitar hace apenas tres meses cuando asistían en primera fila al acto en Ifema que lanzaba la candidatura de Susana Díaz a las primarias socialistas… Vano intento. Este pasado fin de semana, todos ellos (González, vía plasma) asistían a su propio funeral político definitivo: la proclamación de su denostado Pedro Sánchez como máximo líder del PSOE, casi en el mismo lugar donde hace tres meses creyeron asistir todos tres a su propia resurrección.

La política es cada día más líquida, los liderazgos más volátiles, los principios más secundarios (mirad los de los dos partidos emergentes, que se han hecho ya varios liftings cada uno en menos de tres años), la realidad más difusa, el votante menos crédulo, el ciudadano en general más autónomo y empoderado…

Sic transit gloria mundi… salvo para Mariano Rajoy, por ahora. No se le ve preocupación alguna por ese nuevo intento (al menos de boquilla) de Pedro Sánchez de montarle en Moncloa un escrache y desalojo con la ayuda de los agentes Iglesias y Rivera. Estos se repelen cada día más, y mientras tanto Rajoy se fuma un puro con solo una sombra de inquietud en el gesto, quizás solo preocupado por la delicada cita que tiene dentro de un mes con el mismo tribunal y por los mismos graves hechos que Cascos, Arenas Acebes, Rato, Mayor…

El PSOE mata a todos sus padres

La de matar al padre -en sentido figurado- para autoafirmarse, emanciparse y madurar el hijo es una de las ideas más controvertidas y potentes de las muchas que lanzó Sigmund Freud. Lo hizo en su Tótem y tabú, una obra que ha cumplido ya más de cien años y en la que establece una analogía entre el desarrollo de las sociedades primitivas -allí los jóvenes machos de una tribu se rebelaban un día contra el macho poderoso y tiránico (el padre de todos, pues era el único que podía poseer a las hembras), lo mataban y se comían su cadáver- y el desarrollo individual de la psiquis humana.

Al ganar con contundencia las primarias socialistas del pasado 21 de mayo, podría pensarse que Pedro Sánchez ha matado de un solo golpe a todos sus padres en el PSOE, a los poderosos y tiránicos machos González, Zapatero, Rubalcaba… que se aliaron en otoño pasado para derrocarlo en su primer mandato y que habían salido ahora en tromba a impedir un segundo mandato apoyando a Susana Díaz.

Pero quizás no sea Sánchez quien haya matado a los padres del viejo PSOE, o al menos no él solo. Quizás hayan sido más bien los militantes quienes se han rebelado contra los machos tiránicos para autoafirmarse como un nuevo PSOE que emprenda su propio camino.

P.D. Parece que las viejas glorias (o los viejos tótems) tienen mal perder. Transcurridos nueve días de las primarias, ni González ni Zapatero ni Rubalcaba han felicitado al nuevo secretario general socialista.

Detector de metales en la Ejecutiva de Pedro Sánchez

Integrar todo lo que se pueda. Listas pactadas en los territorios (salvo Andalucía) que representen proporcionalmente lo que pasó en las primarias del domingo pasado. Políticas de distensión interna, intentando que la guerra civil se dé por definitivamente cerrada, con vencedores y vencidos, sí, pero sin represalias de postguerra, para intentar restaurar las zonas devastadas… Estas han sido algunas de las principales líneas de trabajo que han ocupado a Pedro Sánchez en su primera semana como secretario general electo.

¿Y al equipo, su entorno más cercano? También, pero con matices. Algunos de los más veteranos no quieren descuidos ni fiarse demasiado sobre la desaparición del susanismo, y creen que hay que tener mucho cuidado y poner muchas cautelas sobre todo en un asunto: en cómo se conforman los dos órganos internos del PSOE donde en otoño pasado se le dio a Sánchez el golpe: el Comité Federal (menos controlable, porque sus miembros son centenares y salen del más variado origen, sobre todo de los territorios, vía el Congreso Federal o los congresos regionales o nacionales -artículo 35 de los Estatutos-) y, sobre todo, la Comisión Ejecutiva Federal, donde es el secretario general quien hace al Congreso del partido la propuesta de quiénes han de componerlo (artículo 32, 2).

La Ejecutiva fue el órgano donde se precipitó todo hace ocho meses: empujados por Susana Díaz, el 28 de septiembre dimitían en bloque 17 de sus miembros para que cayera Sánchez. Cuatro días después, el 1 de octubre, el Comité Federal remataba la operación.

El domingo pasado, cuando los militantes devolvieron a Pedro Sánchez a la Secretaría General, y con más de diez puntos porcentuales sobre Susana Díaz, una persona muy cercana a aquel, ex alto cargo del Gobierno con Zapatero, le dio un consejo: que pusiera un “detector de metales” en la nueva Ejecutiva. ¿Un detector de metales? “Sí, para que no se cuele nadie con un cuchillo y un día intente matar de nuevo al secretario general, como la vez anterior”.

Era una manera muy gráfica de aconsejarle a Sánchez que pusiera mucho cuidado en la selección de nombres a la hora de hacer su lista para la dirección del partido.

El error Susana y el estallido de su burbuja

Derrocar al secretario general elegido por los militantes y sin darles a estos la oportunidad de pronunciarse. Hacerlo no por los procedimientos legales previstos en los Estatutos del partido –una moción de censura a la Comisión Ejecutiva en el Comité Federal, conforme a lo que prevé el artículo 36, letra C- sino provocando la dimisión de 17 miembros de la Ejecutiva sin dar luego lugar a lo que los Estatutos también dictan, en el 36, letra O: convocar de inmediato un congreso extraordinario para elegir una nueva dirección. Poner una Gestora, que no está prevista en los Estatutos para el nivel federal, y darle atribuciones y eternizarla en sus funciones para ver si los militantes se olvidaban del pecado original del 1 de octubre y para que el cadáver del exlíder se pudriera a la intemperie orgánica. Abstenerse y dar la investidura a Rajoy y obligar a todos los diputados a hacerlo para empujar al exlíder a comerse su ‘no es no’ o a dejar el escaño e irse a la intemperie institucional. Convertirse sin recato en la gestora de la Gestora…

Tras la contundente derrota del domingo, la ristra de errores que han cometido Susana Díaz y su equipo eran enumeradas ayer en diferentes conversaciones privadas por partidarios y detractores, como una larga letanía. Los errores de las primeras semanas… y los errores de estas últimas:

Menospreciar la capacidad de movilización de Sánchez en sus actos de precampaña («no son militantes», «son siempre los mismos», «los lleva en autobús de mitin en mitin»…). Creer que movilizando a toda la vieja guardia al acto de Ifema se rendiría el ejército rival, sin reparar en que muchos de los militantes ven en algunos de ellos un mal ejemplo de puertas giratorias o de gestión de la crisis con recetas liberales. Basar toda la estrategia en ganar por aplastamiento del rival en el prólogo de la recogida de avales, sin enterarse de que la otra parte también estaba recogiéndolos a mansalva. No tener plan B si el aplastamiento en lo de los avales no funcionaba. Tratar de adueñarse de la ponencia política de la Gestora, no elaborar un programa propio y centrar la campaña en frases hueras y manidas -«100% PSOE», «El PSOE es mucho PSOE», «un PSOE ganador»- que solo conven-cían a los ya convencidos. Improvisar un programa a última hora y meter en él una nueva formulación del sistema de primarias que fue interpretado por muchos militantes como un paso atrás, como un recorte de un derecho que las bases ya tenían adquirido…

«La campaña de Susana ha sido una mezcla de soberbia, endogamia y burbuja», me comenta un ex alto cargo socialista que estaba retirado de la brega política y dedicado ya a su profesión y que en las últimas semanas se sumó al equipo de Sánchez.

¿Burbuja Susana? Ya en noviembre -y aquí lo publicamos-, algunos ilustres antisanchistas que habían colaborado en el derrocamiento del líder empezaron a preguntarse si Susana Díaz realmente daba el perfil de lo que buscaban, si no estaba sobrevalorada, si al norte de Despeñaperros tendría el tirón que mostraba en su territorio andaluz. Tanto desconfiaron que barajaron incluso algunos nombres alternativos; al menos, tres. Finalmente, no hicieron nada. Ayer, digiriendo la derrota, estos ya no hablaban solo de los errores de Susana. También del suyo propio, del ‘error Susana’.

P.D. Más sobre la ‘burbuja Susana’. La politóloga María Ramos me envía este comentario a mi post: “La candidatura de Susana estaba muy inflada, pero esta vez no era por las encuestas sino por algunos medios”. Las urnas del domingo pasado hicieron estallar la burbuja.

Victoria pírrica de Susana Díaz en los avales

Desde el mismo día de la presentación de su candidatura, arropada por casi todas las viejas glorias y gran parte del aparato del PSOE, Susana Díaz aspiraba a ganar a Pedro Sánchez las primarias del Partido Socialista por aplastamiento y desde el prólogo: la recogida y presentación de avales de militantes. No ha habido tal. Lo ajustado de su ventaja, por solo unos 5.000 avales de diferencia (la candidata andaluza ha presentado algo menos de 63.000; y el candidato madrileño, algo más de 57.000), se le vuelve en contra y la pueden convertir en una victoria pírrica.

Si con el aplastamiento, con el golpe de efecto que hubiera supuesto sacarle a Sánchez una enorme ventaja en los avales, pretendía Díaz darle a la militancia un mensaje rotundo para que apostaran por caballo ganador, con el no aplastamiento y la escasa diferencia el mensaje que estará recibiendo la militancia socialista ahora es el contrario: hay partido y Sánchez tiene posibilidades de ganarlo en la elección real, la de las urnas del próximo 21 de mayo.

Hay otro dato en el que probablemente esté la clave del resultado final. El tercer candidato, Patxi López, se ha quedado en 12.000 avales, muy lejos de los otros dos. López se presentaba como una tercera vía que evitaría el choque de trenes entre Díaz y Sánchez, pero visto el resultado del prólogo es probable que muchos de sus avalistas se estén preguntando ahora, antes de lanzarse a la piscina del voto, si hay agua en esa tercera vía. Los que lleguen a la conclusión de que no, probablemente se decanten el 21 de mayo por un voto útil a Díaz o a Sánchez, a aquel de los dos que les provoque menos rechazo o incertidumbres.

Los 12.000 avalistas de López son muchos votos, más del doble de la diferencia que Díaz le ha sacado a Sánchez en avales. La campaña quizá se centre en parte ahora en ese mercado de votos. Ahí está el diferencial para una u otro.

La moción de censura a Rajoy por ahora impacta en el PSOE

Las mociones de censura se presentan con dos objetivos: o bien para derribar a un presidente o a un partido que están en el poder, o al menos para debilitarlos políticamente; o bien para reforzarse el partido y/o el líder que presentan la moción.

La que presentó Felipe González (PSOE) en mayo de 1980 contra Adolfo Suárez (UCD) no logró que este cayera, pero sí les hizo mucho daño político tanto al presidente como a su partido al tiempo que reforzaba a González y al PSOE: Suárez cayó apenas nueve meses después, y González y el PSOE desalojaron a UCD de la Moncloa dos años y medio después de la moción.

La que presentó en marzo de 1987 Antonio Hernández Mancha, entonces recién elegido líder de Alianza Popular (luego PP), contra Felipe González (PSOE) no logró ni que este cayera ni debilitar al PSOE ni fortalecer al AP o al propio Hernández Mancha. Más bien al revés. El debate de la moción de censura dejó a Mancha tan tocado que su liderazgo en la derecha declinó hasta el punto de que lo perdió en febrero de 1989. Y tan hecha unos zorros quedó Alianza Popular del liderazgo de Hernández Mancha que tuvo que refundarla el fundador, Manuel Fraga, convertirla en el Partido Popular y darle el mando a José María Aznar.

Aún es pronto para calibrar los efectos políticos de la anunciada moción de censura de Unidos Podemos y Pablo Iglesias contra Mariano Rajoy y el PP. No sabemos cuándo se presentará, ni tenemos la certeza de que se presente. No sabemos si acabará con Rajoy y/o el PP saliendo de Moncloa (es improbable, pero no imposible), si debilitará al PP (es posible, pero no es seguro) ni si fortalecerá o debilitará a Podemos y a Iglesias (una y otra cosa pueden producirse). Lo que sí parece ya es que esta moción trae una novedad política: aún no se ha presentado, solo anunciado, y donde más impacto político está teniendo no es ni en el partido o el líder que anuncian que la van a presentar ni en el partido y el líder mocionados (no me crucifiquéis, el verbo y su participio existen en el DRAE), sino en un tercero, el PSOE, al que Iglesias y Podemos le han puesto un espejo para que vea de modo crudo su división interna, sus contradicciones, su desorientación, su falta de liderazgo y, en resumen, su estado de crisis.

Francia, en claves españolas

Ya estábamos en España acostumbrados a que, en las noches electorales, casi todos los partidos -salvo desastre estrepitoso- se presentaran como los ganadores. Ahora estamos viendo que nuestras formaciones políticas, y especialmente las dos nuevas, son capaces incluso de proclamarse los ganadores de unas elecciones fuera de España; por ejemplo, en las francesas de ayer.

Algunos dirigentes de Ciudadanos están celebrando la victoria y el paso a la segunda vuelta de Enmanuel Macron -y su probable triunfo holgado sobre Marine Le Pen el próximo 7 de mayo- como si fuera la prueba definitiva de la inminente llegada de Albert Rivera al Palacio de la Moncloa como presidente del Gobierno español. Y algunos de Podemos se congratulan del enorme y meritorio salto de Jean-Luc Mélenchon, que se ha convertido en el principal referente de la izquierda, dejando a los socialistas en posiciones residuales al triplicarlos en votos, como si el fenómeno fuera totalmente trasladable aquí, y con el mismo efecto en el campo socialista.

Es cierto que hay algunos paralelismos entre la situación política en Francia y la que tenemos en España. Pero también lo es que hay muchas diferencias. Aquí -por suerte- no tenemos, ni de lejos, un partido xenófobo de extrema derecha con la fuerza, implantación y transversalidad ideológica al captar apoyos electorales como los que muestra el Frente Nacional francés. Aquí tampoco tenemos -por desgracia- la fina pituitaria que muestran los votantes franceses ante la corrupción de sus políticos afines, sensibilidad que explica por qué François Fillon ha pasado en pocos meses de ser el casi seguro presidente galo a quedarse por debajo del 20% de los votos y no superar el corte de la primera vuelta.

Mención aparte merece, en los paralelismos y en las diferencias, el caso de los socialistas franceses. El hundimiento de su candidato, Benoît Hamon, recuerda demasiado a otros de nuestro entorno europeo, desde más lejanos en el tiempo, como el del Pasok en Grecia hasta recientes como el del PvdA holandés, que ha pasado en nada de gobernar -en alianza con la derecha- a ser sólo el séptimo partido en votos en las elecciones de hace poco más de un mes. En las urnas, Hamon no ha pagado tanto su anunciado giro a la izquierda como las políticas erradas de Hollande y la división interna en sus filas, en las que al perdedor frente al propio Hamon en las primarias, Manuel Valls, le faltó tiempo para anunciar… que votaría a Macron.

En resumen: abrazar desde la socialdemocracia las recetas liberales y traicionar a los que internamente han ganado procesos internos es tomar muchas papeletas para el desastre y el paso a la marginalidad. En el PSOE deberían tomar nota.

El día en que Zapatero cedió ante Rubalcaba y renunció a las primarias y a Chacón

Se ha especulado mucho estos últimos días, tras la muerte de Carmen Chacón: ¿Hubiera sido muy diferente la historia del PSOE durante estos últimos cinco años si en el 38º Congreso Federal del partido, celebrado en Sevilla en febrero de 2012, en vez de ganar Alfredo Pérez Rubalcaba lo hubiera hecho Chacón? Vayámonos un poco más atrás en el calendario, a casi un año antes. ¿Hubiera sido muy diferente la historia del PSOE y de España si en la primavera de 2011 Zapatero no hubiera sucumbido a las presiones y hubiera permitido, como había prometido antes, que su sucesión se decidiera en unas primarias?

La secuencia de hechos y los detalles de aquellos días son interesantes, porque encierran enseñanzas aún vigentes y debates internos no resueltos. (Te aconsejo que, si tienes tiempo e interés, abras los enlaces).

Sábado 2 de abril de 2011. Para sorpresa de muchos (no de todos), el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hace dos anuncios muy relevantes en el Comité Federal del PSOE. El primero, que no será candidato en las siguientes elecciones generales, previstas entonces para 2012. El segundo, que el cabeza de cartel socialista saldría de un proceso de primarias. Con el primer anuncio, Zapatero, muy deteriorados ya su reputación y su crédito político tras las controvertidas -incluso dentro del Gobierno- medidas ‘neoliberales’ que había tomado en mayo de 2010 frente a la crisis económica, cedía así a dos diferentes tipos de presiones internas: unas, de los que aspiraban a sucederle como líder del PSOE; otras, de presidentes autonómicos y alcaldes socialistas que temían pagar ellos los platos rotos de ZP en las elecciones autonómicas y municipales previstas para el 22 de mayo. Con la segunda decisión, se sacudía Zapatero -o eso creía él entonces- las presiones de su número dos en el Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente del Ejecutivo y ministro del Interior, y de su número dos en el partido, el vicesecretario general José Blanco, que le empujaban a designar a dedo a un sucesor: al propio Rubalcaba.

Domingo 22 de mayo de 2011, una semana después de que hayan comenzado las movilizaciones ciudadanas del 15-M contra la vieja política. El PSOE cae estrepitosamente derrotado en las elecciones autonómicas y municipales. En las municipales, que se celebran en toda España, el PP le saca casi 10 puntos porcentuales: 37,53% frente a 27,79%. Los socialistas pierden varios gobiernos autonómicos y grandes alcaldías. ‘Del bipartidismo al partido y medio’, titulé una entrada ya al día siguiente en este blog, en la que decía: “El PSOE entonó anoche el final de uno de sus ciclos históricos, el del zapaterismo. Aunque quizás no fue ayer cuando se produjo el final, quizás fue hace un año, cuando, acuciado por la crisis económica generalizada y por el acoso de los mercados financieros, el líder socialista y su Gobierno emprendieron un viraje de sus políticas económicas y sociales que su electorado no le han perdonado”.

Lunes 23 de mayo de 2011. Zapatero comunica a la Comisión Ejecutiva del PSOE que ese mismo sábado, día 28, va a llevar al Comité Federal del partido una propuesta de calendario para las primarias que él mismo había anunciado en el anterior Comité Federal, el 2 de abril.

Martes 24 de mayo de 2011. Carmen Chacón, ministra de Defensa, se reúne con Zapatero y le confirma oficialmente lo que desde días atrás era un secreto a voces en muchos círculos políticos de Madrid: que se va a presentar a esas primarias del PSOE anunciadas en abril por ZP para elegir al candidato socialista a presidente del Gobierno y que quiere abrir un debate en profundidad sobre el partido y sus políticas. Pero ese mismo día, varios medios contamos que la dirigente catalana estaba siendo presionada para que no lo hiciera o para que aceptara unir fuerzas con Rubalcaba, como segunda suya. Esa tarde, el líder de los socialistas vascos y lehendakari, Patxi López, anuncia que va a proponer que en el Comité Federal previsto para el sábado 28, en principio para convocar las primarias, no se aprueben estas sino un congreso extraordinario del PSOE. El órdago es muy claro: si se hace así, Zapatero y su Ejecutiva caen en sus puestos en el partido, y el propio Gobierno queda desestabilizado.

Jueves 26 de mayo de 2011. A primera hora de la mañana, circula la especie –que recogemos varios medios en nuestras ediciones online- de que Rubalcaba y Blanco “retirarían los tanques que le han puesto en la puerta a Zapatero” -me autocito- “si a cambio Zapatero convence a Chacón de que anuncie que no será candidata y se va a unas primarias con un solo candidato: Rubalcaba”. Ese mismo día, al final de la mañana, Chacón cede: anuncia casi entre lágrimas en una comparecencia en la sede central del PSOE que renuncia a ser candidata, al tiempo que denuncia, sin dar nombres, las maniobras internas que arriba se relatan. No habrá en el PSOE ni primarias ni “un debate ideológico sobre si volver o no a las esencias del partido o sobre por qué les dan la espalda los ciudadanos”. La guerra interna la ha ganado Rubalcaba.

Lo que siguió es mucho más conocido. Las elecciones generales se celebraron finalmente en noviembre de 2011. El PSOE -sin debate interno, sin autocrítica, sin revisión de sus políticas y de su viraje de mayo de 2010 y con Rubalcaba de candidato sin pasar por primarias- sufre una derrota severa: pasa del 43,87% de los votos y 169 diputados al 28,73% y 110 escaños. Pocos meses después, en febrero de 2012, Rubalcaba salva su cabeza por muy poco en el 38º Congreso Federal del PSOE. Apoyado por la vieja guardia del partido -Felipe González, Alfonso Guerra, José Bono, Manuel Chaves…-, derrota a Carmen Chacón -a la que apoyaba la entonces estrella andaluza emergente Susana Díaz- por 487 votos a 465 de los delegados. Rubalcaba aguantó un par de años más, hasta la siguiente derrota electoral, la de las europeas de mayo de 2014, en las que el PSOE cae al 23% de los votos y emerge Podemos con casi el 8%.

Chacón hizo aquellos días algunas reflexiones en público muy reveladoras: los socialistas hemos “perdido la conexión con la realidad” y solo se recuperará “si demostramos un propósito sincero de rectificación de nuestras políticas, nos abrimos y escuchamos”. Y cometió un error, quizás el mayor en su carrera: no presentarse a las primarias convocadas para la secretaría general, a las que finalmente acudieron Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias.

Rectificación de las políticas, abrirse, escuchar… La asignatura del PSOE sigue pendiente.