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El curioso origen del término ‘despendolarse’

Se utiliza el término ‘despendolarse’ para referirse a la acción de comportarse alocadamente y/o realizar alguna cosa fuera de lo convencionalmente formal, excediéndose en algunos límites. Algunos de sus sinónimos son desmadrarse y ‘desmelenarse’.

El curioso origen del término ‘despendolarse’

Tiene un curioso origen etimológico, debido a que muchas personas suelen relacionar este término con el vocablo ‘pendón’ (en relación a la persona de ‘vida irregular y desordenada’), pero en realidad no proviene de ahí sino de una pieza fundamental para el perfecto funcionamiento de los relojes: la péndola.

La ‘péndola’ es una varilla (normalmente metálica) que cuelga de los relojes de pared o sobremesa y que lleva una placa o adorno  (normalmente circular) cuyas oscilaciones regulan el movimiento, haciendo que el reloj marche correctamente (de ahí que se conozca también como ‘reloj de péndulo’).

Pero en algunas ocasiones esa péndola puede desajustarse (o sea, se ‘despendola’), alterando el ritmo del reloj y dando incorrectamente las horas (al adelantarse o retrasarse), causando cierto caos (sobre todo antiguamente cuando ese tipo de relojes se convirtieron en la única referencia que tenían algunas personas para saber qué momento exacto del día era).

De ahí que ese ‘despendole’ del reloj (al estropearse dicha pieza) diese origen al término despendolarse para referirse a lo que alguien hace fuera de los convencionalismos y formalidades.

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿De dónde surge el hecho de disfrazarse durante el carnaval?

¿De dónde surge el hecho de disfrazarse durante el carnaval?

Para la mayoría de personas el término carnaval va asociado con el hecho de disfrazarse y pasar unos días de fiesta y jolgorio, pero esta celebración que lleva tantísimos siglos realizándose no siempre estuvo vinculada al hecho de ponerse un disfraz sino que es el resultado de una mezcolanza de fiestas y tradiciones, provenientes de distintas culturas, que en un punto de la Historia fueron unificándose para acabar siendo el festejo que hoy en día conocemos.

Por un lado, existen evidencias de que los sumerios ya se divertían pintarrajeándose o colocándose máscaras alrededor de una hoguera para ahuyentar a los malos espíritus y tener buenas cosechas y pedir a los dioses que sus tierras fuesen fértiles.

Otras civilizaciones posteriores como los griegos o los egipcios también practicaron el hecho de disfrazarse en sus homenajes a sus deidades o incluso las Saturnales que celebraban los romanos que es la primera semilla de lo que hoy en día es el carnaval tal y como lo conocemos. Unos días en los que se conmemoraba a Saturno, el dios de la agricultura y en los que estaban permitidos todo tipo de excesos y desmadres, por lo que algunos eran los que optaban por camuflarse bajo máscaras y otras ropas para preservar sus identidades.

Tal y como explicaba en el post que publiqué en 2014 sobre por qué el carnaval cae cada año en una fecha distinta, a partir del siglo IV, la imposición del catolicismo como única religión válida a raíz de la decadencia del Imperio Romano, hizo que las saturnales dejasen de ser una fiesta pagana para convertirse en una celebración previa a la Cuaresma que precedía a la Semana Santa, por lo que eran los últimos días en los que se podía comer carne (de ahí la etimología de ‘carnaval’: quitar la carne) antes del  ayuno y abstinencia obligados durante los cuarenta días que llevaban hasta la celebración religiosa. Desde entonces el carnaval empieza el ‘Jueves lardero’ y termina el siguiente Miércoles de Ceniza con el ‘entierro de la sardina’.

Evidentemente, durante un buen puñado de siglos los festejos más relacionados con el desmadre dejaron de realizarse públicamente, ante el temor de sufrir represalias por parte de los jerarcas eclesiásticos, pasando a ser una celebración de carácter familiar y religiosa que se hacía en el campo y donde se compartían distintas viandas. Aquellos que se atrevían a continuar haciéndolo como jolgorio preferían asegurarse que sus identidades quedaban en el anonimato, hecho que propició que los disfraces y máscaras cogieran un significativo protagonismo.

Pero si debemos destacar cuándo y dónde el carnaval tuvo su momento culminante de eclosión ese fue durante la Edad Media en Venecia, en el que la ciudad italiana se convirtió en el centro social, cultural y artístico de Europa y donde la aristocracia de la época acudía con asiduidad. El hecho de colocarse máscaras y disfraces y poder mezclarse con la gente llana del pueblo, camuflándose entre ella como uno más, sin ser reconocidos, es lo que dio un empuje definitivo a los carnavales siendo rápidamente exportados hacia un gran número de poblaciones de todo el continente.

A lo largo de los siguientes siglos la celebración del carnaval sufrió varios altibajos, siendo festejados mayoritariamente en entornos privados donde cada vez fue cogiendo más protagonismo el hecho de preservar la identidad.

 

 

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