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Entradas etiquetadas como ‘violencia de género’

56 personas que nos faltan

Por Flor de Torres Porras

Nos faltan 48 Mujeres y 8 menores que en 2017 han sido víctimas directas de la violencia de género. Pienso en cifras y personas. Me imagino qué ocurrirá en los días que pasan entre el momento en que genero estas reflexiones y su publicación. Ignoro si cuando lo lean se habrán sumado más mujeres al contador de las víctimas de la desigualdad. A ese recuento doloroso de las víctimas mortales y de sus hijos. Qué historias y qué vidas encerrarán esas nuevas cifras. Y qué inmensa tragedia social que nunca tengamos al día los números mortales de la violencia de genero.

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El año de las mujeres

Por María Millán 

2017 ha sido sin duda uno de los años en que más se ha visibilizado la lucha por los derechos de las mujeres. Nos escandalizamos con el caso Weinstein, pero la valentía de muchas mujeres que se atrevieron a denunciarlo nos emocionó y el movimiento #MeToo corrió como la pólvora en todo el mundo. Conocimos la atrocidad de La Manada, pero también la solidaridad de muchas hermanas. Ahora que se acaba el año analizamos algunos avances notables en materia de derechos humanos de las mujeres, sin olvidar que al menos 48 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o ex parejas este año en España.

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Mi casa es mi madre

Por Nuria Coronado 

Desde hace días hay cinco palabras que no paran de darme vueltas en la cabeza y patadas en la boca del estómago. Son cinco palabras cortas y sencillas que gritan al mundo, a partes iguales, el amor y el dolor más absoluto: “Mi casa es mi madre”… “Mi casa es mi madre”… “Mi casa es mi madre”… “Mi casa es mi madre”…“Mi casa es mi madre”.

Quien las dice tiene muy poca edad, once añitos de nada, pero ha vivido tanto y tan duro, que es como escuchar a un “viejico sabio y tierno”, tal y como dice su madre. Quien las pronuncia es Gabriel y quien las escuchó hace nada en la dura distancia, es Juana Rivas. Quince letras que puestas en fila te dejan sin respiración, pensando en todos esos abrazos que él y su hermano Daniel (de tres años), no tienen porque les falta el calor de quien les parió y que cada día les quiere y les echa en falta a más no poder.

Que Gabriel hable de que no le importa dónde estar porque “su único hogar es su madre”, es el triste reflejo de una sociedad enferma, loca, perdida y que deja a la deriva y sufriendo no solo a las mujeres que padecen la lacra imparable de la violencia de género, sino también a quienes viven la infancia siendo testigos y sufridores de la misma.

Una de las ilustraciones del libro Hombres por la igualdad. Autora: Catalina Flora

Es una infancia que, como escuché al cantautor Rafa Sánchez mientras le entrevistaba para mi libro Hombres por la igualdad, está preñada de miedo, pánico y terror. “Crecí con el cotidiano temor de pensar que un día llegaría a casa desde el cole y encontraría sin vida a mi madre. Finalmente no fue así pero presencié cosas que no debiera presenciar ningún niño ni ninguna niña, porque cuando esto sucede no se saborea la inocencia, no se respira en ella porque te la roban, y una parte muy importante de ti se ve obligada a desconectar de la pureza. Es una herida que sangra sin fin”, explica.

Una herida que por desgracia también conoce bien Francisco Orantes, uno de los 11 hijos de Ana Orantes (la granadina que hace 20 años plantó cara a los malos tratos y palizas que sufrió durante 40 años de su pareja y fue a un plató de televisión a contarlo) y quien dos décadas después sigue sin recuperarse de su pasado. “La seguridad no estaba en mi casa, solo había inseguridad, miedo. Cerrábamos con pestillo la puerta de la habitación porque teníamos miedo. ¿Cómo voy a decir que él podía ser un buen padre? Mi madre por desgracia murió, pero me tocó la mejor madre del mundo. Si tuviera que volver a vivir todo lo pasado la volvería a querer como madre. No la cambio por nada”, recuerda triste.

Para que dejen de sucederse tristes infancias como estas, se tiene que pasar de las palabras vacías a los hechos contundentes. Se ha de cambiar la cultura machista que comienza en los salones de las casas por “la pedagogía de los amores”, tal y como recalca Sánchez. “El territorio de las emociones. Es ahí donde hay que demoler construcciones condicionantes, desvelar la ancestral manera de vincularnos emocionalmente desde el apego y la posesión, y otras muchas cosas que requieren luz y un trabajo en profundidad en este ámbito. Hay que poner mucha atención en los hogares y en la escuela para no reproducir esquemas de pensamientos que solo conducen a enquistar los anclajes del machismo como construcción cultural”, comenta.

De esta manera educaremos en igualdad en lugar de vivir en un mundo patriarcal que rompe las vidas de demasiados menores y que en la mayoría de los casos cuesta sanar. “Te haces adulto y si tienes suerte (yo tuve mucha) la vida te pone delante personas y espacios que te salvan. Y aprendes a mirar a aquel niño que fuiste y lo abrazas sabiendo y sintiendo que te hiciste un hombre. Miro hacia atrás sin resistencia, sin resentimiento, con una infinita compasión. Y eso me curó. Puede parecer extraño pero abrazo mi historia con amor. Soy lo que pasé y lo que me pasó. Paradójicamente le debo mucho a lo vivido, le debo todo. Mi mirada hoy ante la vida se tejió en esos años y en la lenta y sosegada elaboración que he hecho de todo aquello como adulto y como hombre”, finaliza Rafa Sánchez.

Nuria Coronado es periodista y autora del libro Hombres por la Igualdad (Editorial LoQueNoExiste)

 

#MeNiegoA que los celos sean una excusa

Por Sandrine Muir

Jackline Añez tenía 21 años. Fue asesinada por su exnovio celoso de un disparo en la cabeza. Ella se negaba a retomar la relación.

Para muchos, los celos forman parte de cualquier relación. “Los celos son una prueba de que hay amor”, dijeron uno de cada tres entrevistados. “El control del celular evita la infidelidad” señalaron dos de cada cinco. Eran las respuestas de un grupo de jóvenes de Bolivia de entre 16 y 21 años a los que nos acercamos para saber hasta qué punto habían normalizado una serie de creencias y valores que justificaban la violencia. Muchos de ellos nos hablaban de “celos positivos” y lo explicaban como la única forma en que alguien que te ama te expresa su interés.

Detalle del vídeo “Los celos no son excusa”, un experimento sociológico de Oxfam en Bolivia.

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Violencia contra la mujer: violencia social

Por Maribel Maseda 

Desde que un hombre violento agrede a una mujer, es frecuente que se repitan  los mismos errores por parte de la sociedad en general que ayudan a que la mujer  pierda no “su” seguridad, sino “la” seguridad de que lo que una y otra vez  aconsejan en los medios de comunicación -“denuncia, no te calles, etc.”-, puede encajar en el episodio que acaba de vivir ella. No tiene que ver con la baja autoestima de la mujer, tiene que ver con una presión social tan contradictoria como poderosa que acaba por convencerla para que no haga nada y si lo hace, que no salpique demasiado su propio entorno.

Dejemos ya de justificar todo en su inseguridad y comencemos a hablar de la que presenta la sociedad ante este problema y que acaba por confundir a la víctima.

No me cansaré de pedirlo, como ya hice hace unos meses en distintas reuniones con diversos grupos políticos en Bruselas: hay que debatir con valentía ( la que parece que falta en la sociedad entera y no solo en la mujer agredida a la que sin piedad se la tacha de insegura, cobarde o masoquista) sobre los mecanismos sociales, emocionales y psicológicos que mueven al hombre violento a serlo  y a volver una y otra vez  al lado de su víctima sabiendo que seguirá agrediéndola.

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Me niego a… callar

Por Chelo Alvarez-Stehle

#MeNiegoA callar y quiero afrontar y derrotar cada mirada que nos desnuda, cada grosería que escupe a nuestra vagina, cada chiste que nos veja. Por que ahí empieza todo. De ahí a la palmada en el culo, al pellizco en el pezón, al abuso sexual, a la violencia doméstica, a la violación hasta cuando estás borracha e inconsciente, o a la violación dentro del matrimonio, no hay nada. De ahí a la trata y al feminicidio, sólo un paso.

Me niego a callar cuando en el siglo XXI, España se cuestiona si, al fin y al cabo, La manada embistió con consentimiento. Me asusta ver que se sigue considerando a la mujer como un objeto de placer, un objeto consumo, un cuerpo a disposición del hombre. No embistieron solo contra ella, embistieron contra cada una de nosotras.

De las docenas de víctimas que he entrevistado en distintos lugares del mundo muchas admiten haber entrado en estado de shock.  Muchas admiten que se rindieron y cerraron los ojos. Muchas tuvieron experiencias de disociación. Salían del cuerpo y veían cómo las violaban.

Pero la víctima de La manada se negó a callar.

Violencia y silencio. Inseparables. Homófonas.

Mi documental Arenas de Silencio: Olas de valor (Sands of Silence: Waves of Courage), que se emite este sábado 25 de noviembre en TVE, para celebrar el día de la lucha contra la violencia contra la mujer, alude precisamente a esa afasia colectiva que ahoga la pandemia de violencia sexual. De ese férreo vínculo que enlaza todas las caras de la violencia.

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Silencio es una palabra

Por Natalia Sánchez 

Alguna vez, alguien dijo de mí que fui “la más silenciosa” del grupo, y tuvo razón. Mi silencio proviene de tantos intersticios míos que ya no sé cuál es su origen certero o el que debería contar. Mi silencio podría provenir de esa duda: ¿qué debo decir? O de esta: ¿por qué lo voy a decir? O, tal vez, de esta: ¿debo decir? Antes de hablar, silencio. Para mí, las palabras no son ligeras. Por eso, hago lo que hago a pesar de su paradoja: el silencio cesa cuando empieza la escritura. O, más bien, el silencio se transforma cuando empieza la escritura. El silencio no es un espacio vacío. ¿Qué comunica el silencio entonces? ¿Estoy siendo consecuente?

De pronto, es mi turno de hablar sola y frente a la cámara. Micrófono sobre blusa blanca, pantalón y saco negros. Sentada en una banca en medio del jardín botánico de Medellín cuando acaba de detenerse la lluvia. Indicaciones: no mires a la cámara, mira a la periodista que se ha sentado al lado de ella y habla como lo haces normalmente.

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Desmontando los falsos mitos del patriarcado

Por Flor de Torres Porras

El patriarcado es un concepto con una fuerte carga ideológica que en la medida que se avanza en igualdad se desarma como noción, maquinaria e idea.

Ha tenido la capacidad de construirse milimétricamente en una estructura social  e histórica  tras años, siglos y milenios. Pero no se acostumbra a su desarme. Y es que en la medida que avanzamos en igualdad: Pierde poder.

Imagen de la justicia. Dublin Castle. Fotografía: B. de la Banda

La perspectiva de  género y su explicación desde la visión patriarcal es un terreno resbaladizo en todas las relaciones de poder, instituciones, relaciones sociales, académicas, asistenciales, intelectuales e incluso jurídicas donde  se supone que la Justicia ha de primar.

Y es por ello que surgen discursos muy interesados con la expresión post-patriarcado para rubricar realidades supuestamente más avanzadas, o emergentes, en cuanto al disfrute de condiciones de género supuestamente cada vez más igualitarias. Pero caen en su propia trampa, pues no se puede avanzar, construir una cultura post- patriarcal sin estudiar, reconocer y dar por hecho el porqué de su previa existencia. Tan solo con su desvalor y negación.

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El amor no duele

Por Flor de Torres 

Más allá de actos, lazos y recuento de víctimas, en la lucha contra la violencia de género aún queda pendiente una revolución desde el interior. Aquella a la que debemos ir juntos mujeres y hombres en armonía e igualdad. Una batalla, una revolución desde la profunda defensa de las víctimas y de sus familias para que el desgarro de la pérdida de vidas no vaya acompañado por la incomprensión y la frustración. Porque el amor no duele.

El amor no duele. Imagen de Vladislav Muslakov en Slack.

Pero esta revolución debe venir también del lado masculino. Hombres y mujeres debemos compartir una idea: la violencia de género está instalada en la desigualdad. La sociedad aún no puede ganar la partida porque, pese a que el Estado y la ley se han volcado en las víctimas, aún se pone en entredicho la violencia de género y se hace contrapeso con falacias sobre falsas denuncias o indeterminados privilegios en la atención a las víctimas.

Se acaba de presentar la Memoria de la Fiscalía General del Estado en la apertura del Año Judicial. De un total de142.893 denuncias en Violencia de Genero en 2016 resultaron condenadas o en causas tramitadas por denuncia falsa sólo 14 de ellas. Solo un 0,01%. Empírica y científicamente queda fuera de toda duda la veracidad y contundencia de la violencia de género.

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La última mirada

Por Beatriz Blanco

‘Me harté, me di cuenta de con quién había estado, y en quién me había convertido. Dejé que alguien al que todavía amaba me destruyera mi mundo, mis amigos y mi cabeza. Me levanté, cogí mi abrigo, las llaves, y el dinero que tenía guardado para una ocasión especial  y ésta lo era. Me di cuenta de ello cuando caminaba, esta vez un poco más orientada a pedir ayuda…’

Estas palabras pertenecen Encarna, uno de los personajes de la obra ‘Mírame a los ojos’  que se podrá ver el próximo viernes 27 de enero en el Círculo Catalán en Madrid (Plaza de España 6-1ª) a las 20:30.

Una escena de la obra ‘Mírame a los ojos’, que se representa el viernes 27 de enero en Madrid a beneficio de la organización Luz Casanova.

Representada por la asociación sin ánimo de lucro Recrearte, el texto está basado en hechos reales  y combina testimonios, vídeos, poemas y actuaciones musicales. Su objetivo es sensibilizar contra la violencia de género, delito que acabó en 2016 con 44 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas, según datos del Ministerio de Sanidad Servicios Sociales e Igualdad.

Perseguimos un objetivo, y es que todas las mujeres y hombres que vean esta obra aumenten su capacidad crítica, se empoderen como mujeres y hombres, y la expresen contra la sociedad que las discrimina; además de que reivindiquen relaciones de buen trato en todos los ámbitos de participación, así como la igualdad de oportunidades para todos y todas’, se dice al principio de la representación.

Otro de los personajes, la hija de Sara, una víctima de la violencia de género, explica que su madre ‘dice que no es ella la que ha cambiado, que es el país el que ha cambiado. Se casó en un país en el que no se hablaba de malos tratos sino de ‘débito conyugal’. ‘No te metas’, decían los vecinos cuando alguien oía gritos. ‘No te metas’: era el lema de aquella época. Ella ya estaba metida’

Erradicar la violencia de género es sencillo, quizás por eso es tan complicado, porque no exige fórmulas extrañas ni planteamientos sofisticados, sólo presencia, palabras y compromiso con la igualdad y con el resto de los valores que deben articular la convivencia’, se explica en el texto.

Educar en igualdad es la mejor prevención contra la violencia de género. Formación y sensibilización son herramientas que no deben faltar desde los primeros años de vida para erradicar los roles que como sociedad, se asumen desde la infancia y que, en el fondo son los responsables ya que confunden la violencia física o psíquica con los estereotipos masculinos y femeninos de control y sumisión y, por tanto los toleran.

Los autores de ‘Mírame a los ojos’ tienen muy clara esta situación: ‘queremos alcanzar dos metas: por un lado reducir la tolerancia social hacia la violencia de género visualizándola en todas sus formas, no sólo en los casos graves, que son los que llegan a los medios de comunicación; y por otro concienciar a la sociedad para que denuncien formalmente los casos de violencia de género’.

La obra se representa el próximo viernes 27 de enero en Madrid tras dos años de gira por toda España.  Los beneficios obtenidos con la representación se donarán a la Fundación Luz Casanova,  una entidad sin ánimo de lucro que intenta conseguir el desarrollo personal y la inclusión social de mujeres y adolescentes víctimas de violencia de género. Esta organización trabaja en este ámbito desde 2007, aunque desde 1924 tiene presencia en la sociedad con una importante red de personas voluntarias para dar respuesta a las necesidades de cada momento.

Beatriz Blanco es periodista especializada en violencia de género.