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Archivo de la categoría ‘Educación’

Cómo desterrar el discurso machista en los medios (y generar otros nuevos)

Por Alba Mareca 

Dice la profesora Asunción Bernárdez Rodal en su libro Mujeres en medio(s) que quienes nos dedicamos a la comunicación debemos detectar las trampas a las que nos someten los lenguajes estereotipados propios de los medios. Para estos, las mujeres a menudo somos novias de, víctimas, sujetos pasivos o, directamente, no existimos.

Al relato periodístico que invisibiliza las realidades de las mujeres, en toda su diversidad, le falta rigor. Y, que sepamos, el periodismo va de contar con rigor aquello que nos rodea.

Detalle de la portada de la web www.informarsobreviolenciamachista.com Copyright: La Marea y Oxfam Intermón

Tanto los estereotipos de género como el silenciamiento, junto al uso sexista del lenguaje, son mecanismos presentes en las rutinas periodísticas y conforman la base de otros tipos de violencia machista más extrema: el acoso, la violencia sexual o los asesinatos. Lee el resto de la entrada »

Las madres etíopes se organizan para luchar contra el hambre

Por M.  Nonkes

En Kochere (Etiopía), donde los roles de género todavía están muy definidos, un grupo de madres gana empoderamiento a través del cultivo de la tierra y un club de ahorro organizado por la ONG World Vision.

Workalem, una de las agricultoras del proyecto, delante de su huerto. Foto: M. Nonkes/World Vision

Workalem, una de las agricultoras que forman parte del proyecto comunitario, delante de su huerto. Foto: M. Nonkes/World Vision

Workalem, de 21 años, está decidida. No terminará como su madre. Y seguro que su hija de cuatro años no tendrá el mismo tipo de vida: “Me casé a los 16. No era madura. Debería haber terminado mi educación”.

La vida de Workalem no ha sido fácil. Pertenece a una familia de 8 hermanos y su padre murió cuando tenía 7. Su madre sacó a sus hijos de la escuela porque no podía pagar los cuadernos y lápices. Su familia vivía del cultivo del café pero nunca fue capaz de cosechar lo suficiente; el dinero que recibían de la venta del café se utilizaba para comprar alimentos pero se acababa demasiado pronto. El mismo problema se repite actualmente en muchas familias en esta crisis de hambre que sufre Etiopía.

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Saltar obstáculos para superarlos. Un relato desde África

Por Isabel Pallarés

“¿Cómo salir de la oscuridad?”, “¿cómo puedo aprender a leer y escribir?”, “¿sin dni puedo votar?”,” ¿cómo pido un crédito”. ¿Puedo elegir y hacerme elegir?… Responder a estas preguntas simples y directas fue parte de los contenidos de las clases de empoderamiento que recibieron más de una treintena de mujeres rurales de la provincia de Makambu, en Burundi, durante casi un año. El trabajo consistía en darles herramientas para impulsar su desarrollo.

Primera lección: la importancia de unirse para ser más productivas.  Segunda: el reparto de tareas en el hogar. “He aprendido a superar los obstáculos. Ahora sé que hay que saltárselos y que el trabajo doméstico nos corresponde a todos”, explica Aline Niyonizigiye, una de las alumnas de los talleres cuyo testimonio se plasma en el libro Pequeños Pasos, grandes huellas, escrito por Ángeles Fernández, periodista de Píkara Magazine. Tercera, la importancia de empoderarse y entender lo trascendental que resulta la participación de las mujeres en la sociedad como sujetas activas de derechos. “Defendemos el derecho a la tierra porque no lo tenemos. Todos los derechos los tienen los hombres. Las riquezas son para los hombres, aunque sea la mujer quien haya trabajado”, prosigue Niyonizigiye en la publicación.

Aline Niyonizigiye, agricultora burundesa, ha ampliado sus saberes sobre la gestión de sus cultivos y comparte las enseñanzas entre los hombres y mujeres de su colonia, en la región burundesa de Makamba.

Aline Niyonizigiye, agricultora burundesa, ha ampliado sus saberes sobre la gestión de sus cultivos y comparte las enseñanzas entre los hombres y mujeres de su colonia, en la región burundesa de Makamba. Foto: Revista Píkara

“El objetivo principal de este proyecto era lograr la participación de las mujeres en las estancias de toma de decisión”, afirma Dorothée Buhangare en el libro. “Que haya más de un 30 por ciento de mujeres en el Parlamento no ha sido efectivo, así que hemos decidido trabajar desde la base, con mujeres campesinas”, añade. “Ellas están acostumbradas a llevar a sus familias, tienen el peso de que nadie muera de hambre, llevan todas las cargas productivas y reproductivas”, contextualiza, “pero no conocen sus derechos”.

Dorothée, miembro de CAFOB (Colectivo de Asociaciones y ONGs femeninas de Burundi, que integrada a 72 organizaciones), era la contraparte local que participada en este proceso de formación.  Y los hechos avalan el trabajo. “El espacio de encuentro, los diálogos tranquilos, las reflexiones conjuntas, la alfabetización, el conocimiento de las leyes y el cuestionamiento del sistema han logrado que mujeres como Gertrude Nyandwi, sin formación previa y residente en una zona rural, se haya convertido – gracias al apoyo de su comunidad – en una lideresa fundamental para su colina: es concejala comunitaria”, narra Ángeles Fernández.

En el libro (que se puede adquirir gratuitamente en la librería Louise Michel de Bilbao) se reiteró cómo además de esas clases prácticas para ser más productivas y eficientes (y lograr una independencia económica), también se les hablaba de perspectiva de género, igualdad y justicia social. De ahí salieron los módulos pedidos por las alumnas, con asuntos vitales para ellas como la legalización de sus matrimonios o el derecho a la propiedad de las tierras.

Ilustración de una de las conversaciones que se detallan el libro. Autora: Señora Milton

En las páginas de Pequeños pasos, grandes huellas; diseñadas por Señora Milton, se cuenta también cómo fue el proceso de acercamiento a ellas, el contexto del país y el viaje de dos de las mujeres participantes en los talleres al País Vasco para intercambiar experiencias con otras asociaciones de mujeres. Además, la publicación cuenta con unos relatos dibujados del proceso de empoderamiento de estas mujeres africanas.

El programa ‘Escuela de liderazgo transformador para mujeres’, de Oxfam Intermón, es uno de los proyectos de ‘Seguridad alimentaria y derechos de las mujeres’, de la Agencia Vasca de Cooperación.

 

Isabel Pallarés es periodista y colaboradora de Oxfam Intermón.

En el Día Internacional por la Despenalización del Aborto: Ni muertas, ni presas, ni clandestinas. Nos queremos vivas y libres.

Por Sílvia Aldavert Garcia

 

Hoy me he sentado a escribir como un ejercicio de autogestión emocional, de esa que repensamos tanto y, a las activistas, nos cuesta horrores. Mis piernas no quieren estar sentadas, quieren estar en la calle, en la que es mía y nuestra. Pero mi cabeza, con el ruido del helicóptero clavado en la sien, sabe que poner negro sobre blanco es imprescindible para avanzar en una lucha que es de todas.

Hoy 28 de septiembre celebramos el Día Internacional de la Despenalización del Aborto declarado el 1990 por la Asamblea del Movimiento Feminista en el V Encuentro Feminista Latinoamericano. Es nuestro día, las feministas nos lo apropiamos para exigir, año tras año, la despenalización del aborto y su acceso seguro a los gobiernos de todo el mundo. ¿Por qué? Las cifras de la Organización Mundial de la Salud hablan por sí solas:

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¿Los hijos varones de parejas divorciadas están más sensibilizados ante la violencia machista?

Por Dori Fernández Hernando 

El pasado 7 de septiembre se celebró en más de 25 ciudades una manifestación en apoyo a todas las madres que, como Juana Rivas, intentan cada día proteger a sus hijas e hijos de situaciones de violencia por parte de sus exparejas, una violencia de la que ellas mismas han sido víctimas en primera persona.

La de Sevilla, convocada y organizada por el movimiento estudiantil, en concreto por la Plataforma Feminista del Sindicato de Estudiantes y la Izquierda Revolucionaria ‘Libres y combativas’ llevó por lema: “Un maltratador no es un buen padre” #JuanaSomosTodas

Manifestación en Sevilla. Foto propia

Una manifestación en la que prácticamente el 90 por ciento eran jóvenes de universidad; chicas y chicos concienciados en la justicia de género. Y ese era el lema que reinaba de fondo: reivindicar una justicia con perspectiva de género que supiera contextualizar y entender la diferente posición social, económica y personal de la que parten las personas en nuestra sociedad en función del sexo, la identidad de género o la orientación sexual que poseen. Porque de haber sido así, quienes han juzgado a Juana Rivas aplicando sin pestañear el Convenio de la Haya sin atender como se debe al artículo 13b, hubieran comprendido que Juana, igual que otras muchas, escapó con sus criaturas de una situación de maltrato aprovechando la excusa de un viaje familiar (autorizado por su expareja); algo que es lógico si te están humillando, controlando, o agrediendo de distintas formas a diario y delante de tus propias hijas e hijos.

Y es que la cuestión de fondo es ineludible: ¿puede afirmarse que se garantiza a las y los menores una vida libre de violencia viviendo en un contexto de violencia hacia su madre?

Una vez dicho lo anterior, quiero centrarme en el aspecto que me parece más destacable de la movilización: la alta participación de jóvenes varones.

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Ada Lovelace: las referentes existen

Por Beatriz Pozo

Este artículo está escrito en un ordenador y probablemente va a ser leído en otros. Un montón de letras que surgen como por arte de magia cuando pulso una tecla y se reflejan en una pantalla, y que, con unos cuantos clicks más, pueden aparecer en cientos de otras pantallas. Si lo piensas bien es casi como magia, y, aunque probablemente son muchas las personas a las que le debemos que esa magia sea posible, hay una en especial que, por mujer y por preceder a muchos de los nombres que todos conocemos, como Alan Turing o Bill Gates, merece la pena ser destacada.

Retrato de Ada Lovelace. Imagen: wikipedia.

Se llamaba Ada Lovelace y podía parecer el prototipo de una mujer de la alta sociedad inglesa del siglo XIX. Nacida en una familia noble, se casó joven con un hombre de similar posición que llegaría a ser conde, y durante años fue una presencia regular en los eventos y fiestas donde se reunían las más importantes figuras de la sociedad londinense. Sin embargo, no era una mujer convencional.

La madre de Ada Lovelace no quería que su hija recibiera una educación literaria. Temía que se pareciera a su padre. Separada dos meses después del nacimiento de su hija, estaba claro que no guardaba un buen recuerdo de aquel poeta que la engañaba, y que se había marchado a viajar por Europa, para acabar muriendo ocho años después en Grecia. Claro que, por aquel entonces, Ada se apellidaba Byron. ‘Demasiadas emociones‘, debió pensar su madre, ‘mejor que la niña no estudie letras’.

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Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras

Por Damaris Ruiz

Soy nicaragüense, con casi 40 años y al menos en esta etapa de mi vida me acompaña y acompaño a una niña. Una niña que quiero ver crecer en un mundo donde las mujeres tengamos derechos sin tener que pelearlos diariamente, donde podamos caminar o hablar sin temor, donde hagamos y no pidamos permiso, donde asumamos que lo correcto lo definen nuestros valores. Además, es muy importante decir que tengo varios trabajos, pero solamente uno de ellos se corresponde con aquellos en los que solemos pensar cuando mencionamos la palabra trabajo.

Manifestación del Paro de Mujeres 2017 #NosotrasParamos en Nicaragua. Imagen de Milagros Guadalupe.

Salgo con cierta frecuencia fuera de mi país y muy a menudo otras mujeres me preguntan: ¿cómo lo haces? ¿cómo quedó tu niña? Pensándolo bien, creo que los dedos de una mano me bastarían para contar cuántos hombres me hacen la misma pregunta. Son múltiples las alternativas que vamos construyendo las mujeres para poder estar donde queremos estar, la tenacidad y el diálogo con otras nos van dando las fuerzas necesarias. Y sí a veces me pregunto ¿lo estoy haciendo bien? Pero también me toca escuchar de manera recurrente ¿y no has considerado un trabajo donde tengas que viajar menos y estar más en casa?

Cuando digo que nuestros trabajos son múltiples es porque si me pongo a sacar cuentas, por un lado uno de mis trabajos me demanda entre 8 y 10 horas diarias, pero por otro lado, mientras hago este trabajo estoy pensando y conectada con la escuela, la alimentación, los pagos y en su caso, las medicinas. Por supuesto antes de salir de casa, toca hacer todo lo que ya sabemos y al regresar también. A todo esto debemos sumar el tiempo para la interacción con las personas que cuidamos, su educación y la afectividad, que es algo tan fundamental para la vida de cualquier ser humano. Todos estos son trabajos y sentimos que a veces los tiempos no dan y eso que en mi caso, el papá de mi hija asume una buena parte de lo que corresponde.

La dicotomía entre presencia y ausencia física en mi caso particular, y que estoy segura les ocurre a muchas mujeres,  la resuelvo o al menos encuentro alternativas en la solidaridad que vamos tejiendo entre las propias mujeres. Nuestras madres, hermanas y amigas, terminan siendo parte de las redes de cuidados que construimos alrededor de aquellas personas que más importan en nuestras vidas.

¿Y los hombres? ¿Y las empresas y los Estados? Sin pretender generalizar, al menos en mis entornos más cercanos algo se está moviendo. El ejercicio de la masculinidad centrada en el padre-salvador-proveedor de ciertos hombres esté cambiando, aunque aún es insuficiente. Los trabajos que sostienen la vida y que sostienen las economías no deben seguir siendo única responsabilidad de las mujeres y los hombres no pueden seguir sintiéndose como actores secundarios o que “ayudan” a las mujeres.

Por supuesto, aunque es fundamental, no es suficiente con que los hombres participen de manera plena en la corresponsabilidad de estos trabajos. Las empresas se benefician con un sistema de cuidados que exonera a los hombres de sus responsabilidades familiares: esto garantiza que una parte importante de sus tiempos sean exclusivos para el mercado. Para revertirlo, las empresas deben pagar los impuestos necesarios y asegurar condiciones para que hombres y mujeres puedan participar en igualdad de condiciones en los mercados remunerados. Los Estados que se ahorran presupuesto al dejar en manos de las mujeres y familias todas las responsabilidades de cuidados deben invertir en políticas de protección social de calidad, en la región de América Latina y el Caribe tiene deudas enormes.

Una de las consignas feministas más fuerte del Paro Internacional de Mujeres fue “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, da para mucha reflexión y un mensaje directo para el sistema actual es un ¡Basta! Exigimos que todo sea pensado con nosotras. Es profundamente desigual que seamos siendo las mujeres las principales responsables de los trabajos de cuidados.  #NosotrasParamos #DigamosBasta

Damaris Ruiz es Coordinadora Regional de Derechos de las Mujeres para Oxfam en América Latina y el Caribe 

Hermanas

Por Rosel Murillo Lechuga

Es más fácil llegar a entenderse que ver una ola en el desierto.

Al menos así debería de ser, pues somos la raza evolucionada, con capacidades que otros seres de la tierra no han llegado a alcanzar, hemos desarrollado un idioma para comunicarnos, pero el don no lo es todo, hay que saber utilizarlo. ¿será que no estamos tan evolucionados? Será que nuestras emociones se quedaron en Atapuerca.

Las actrices Andrea Hermoso y Lucía Esteso en una imagen promocional de la obra ‘Perdóname cuando me haya ido’, de Rosel Murillo Lechuga.

La obra de teatro Perdóname cuando me haya ido dibuja la profunda incomunicación de dos hermanas que hace casi una década que no se hablan. ¿Y por qué no se hablan? Pues como casi la mayoría de las personas que conocemos enfadadas, o como nosotros mismos con otros. No se hablan porque no se escuchan, porque no se entienden, porque no se han puesto en el lugar del otro. Emma (interpretada por Lucía Esteso) decidió vivir su vida y marcharse de casa para buscar fuera lo que dentro no podía conseguir. Marta (interpretada por Andrea Hermoso), más pequeña, permaneció en la casa desempeñando las tareas que por obligación, tras la ausencia de su hermana, le había tocado asumir.

Un golpe en la puerta y las palabras al aire. Es curioso como entorpecemos a la facilidad y somos capaces de hacer ligeras las cosas más complicadas. Ese es el ser humano. Es complicado retomar una conversación después de diez años, ¿pero cómo acabar con la ausencia de palabra entre dos personas que no se hablan desde hace una década? Sólo una palabra es liberadora de todo el peso que nos acompaña la mayoría de las veces.

Un perdón es capaz de aliviar la carga más pesada, reponer el corazón más dañado.  Hemos construido palabras cortas, fáciles de pronunciar para arreglar los mayores daños y que así no sean tan difíciles de pronunciar, como perdón, gracias, te quiero… Prueben delante de un espejo primero, y luego prueben a mirar a los  ojos que fijamente te miran, y pide perdón. No es tan difícil, y la recompensa es mayor.

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Paco, la zorra, las brujas y las talibanas

Por Lorena Moncholí

Paco está triste, le han divorciado.

No fue su culpa, él es la víctima.

“¿Cómo osa la zorra (sic.)?”. Así la llama, por haberle dejado.

Paco tiene un amigo importante, con silla en la RAE, premios y algún que otro libro.

Tranquilo, Paco, voy a ponerles verdes a todas, ¡por nuestra amistad!’, le dice el periodista. ‘¡Que tengo columna y nada que escribir esta semana!’.

Paco era feliz con su moto y sin asumir responsabilidades. Con descendencia, pero sin saber ni cómo alimentarla, que de eso ya se ocupaba la otra.

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Asamblea de Brujas (1600), Art History Museum, Vienna. Obra de Frans Francken II, el Joven

Cuando una jueza le explicó que divorciarse no era ‘vivir los nuevos 30’, sino destinar las tres cuartas partes del sueldo a seguir manteniendo a su hijo, Paco se enfadó mucho. También, cuando le explicó, por sentencia, que los hijos deben quedarse a vivir en su casa de siempre y con los que sepan criarles y darles de comer de caliente, que para tigretones y foskitos ya hay una tarde a la semana.

Paco le echa la culpa de su tragedia a las brujas de las amigas, que manipularon a su inocente mujer que no sabía pensar por sí sola. O eso creía. Quizás, si la hubiera aislado de ellas, como hacen esos maltratadores de la tele, otra hubiera sido su suerte.

Paco tiene una personalidad muy débil. Antes de que le echaran, era un pijoprogre orgulloso. Eligió a conciencia un colegio para su prole, pero ahora, como ‘la zorra’ le ha dejado, ya no le gusta. Quiere fastidiar.

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Cómo enfocar -y saltar- las barreras invisibles

Por Paz Casillas

Hoy la pobreza ya no se mide exclusivamente como magnitud económica en función de los ingresos económicos obtenidos por la persona. Hemos aprendido que “no tener” significa sólo una parte en el proceso de estar socialmente excluido. Y aquí es importante hablar desde ya de género, porque las mujeres, por el mero hecho de serlo somos más vulnerables, es decir, contamos con menos oportunidades para ser partícipes de la sociedad y disfrutar de una ciudadanía con los derechos plenos.

Obra de Señora Milton.

Obra de Señora Milton.

En Fundación Atenea llevamos 30 años estudiando el fenómeno de la feminización de la pobreza y su invisibilidad. Y para abordar esta desigualdad y aportar soluciones hemos analizado nueve ámbitos sociolaborales que marcan la vulnerabilidad con tres variables: edad, etnicidad y/ó lugar de procedencia y género. Con ellos nos acercamos más a lo que significa ser hoy pobre, un hecho que tiene, principalmente rostro de mujer y que queda casi siempre oculto.

El problema es serio, porque lo que no se nombra no existe y los estudios que analizan los complejos fenómenos de exclusión social y las políticas, programas y proyectos desde una perspectiva de género son escasos. Es decir, están pensados para una realidad normativa que discrimina permanentemente a las mujeres y no contempla los mandatos de género partiendo de un tremendo error de diagnóstico.

Los nueve escenarios sobre los que analizamos la exclusión social son indicadores de economía, empleo, educación, salud, alojamiento, aspectos socio-relacionales y macro-sociales, ámbito personal y participación social ciudadana. Consideramos estos ámbitos como necesidades humanas a las que dar cobertura desde los Estados de Bienestar de las sociedades desarrolladas, derechos para estar integrados.

Y no, no valen excusas, ni crisis, ni austeridades. En el siglo XXI no podemos renunciar a ese sueño de bienestar conseguido, en gran parte. Los estados deben ser conscientes de que si no las cubren están vulnerando las posibilidades de una ciudadanía plena.

Por ello, y si hablamos de justicia social para todos y todas, ha llegado el momento de hablar claro y de manera contundente: sin un análisis de género las políticas seguirán sin favorecer a las personas y familias en situación de exclusión, principalmente mujeres.Si las políticas no cuentan con esta perspectiva pueden provocar el resultado contrario al que persiguen. Mientras se fomente que únicamente las mujeres se encarguen del cuidado, el 52 por ciento de la población seguirá estando en una situación de desventaja y condenada a empleos precarios y una situación de salud peor. La realidad confirma que las políticas muchas veces expulsan a las mujeres del mercado laboral, dificultan su permanencia y promoción y producen sobrecarga, enfermedad y malestar.

Muchas cosas han cambiado en la sociedad española, especialmente los modelos de familia. Por más que los gobiernos se empeñan en favorecer el modelo tradicional, la España del siglo XXI es cada vez más diversa y las mujeres ya no se definen en función de un segundomasculino. La igualdad de oportunidades es la base del desarrollo económico por más que el modelo neoliberal y patriarcal vigente se empeñe en darnos el mensaje contrario… Si no desaparecen los privilegios por clase y género, no habrá progreso. Ejemplos: las prestaciones de viudedad y, sobre todo, nuestro sistema fiscal vigente que sigue permitiendo el modelo de tributación conjunta. Ambas herramientas son discriminatorias y seguirán desincentivando la incorporación igualitaria de la mujer en el mercado laboral.

Las soluciones pasan por contemplar el género desde el análisis social, y no como algo residual en los presupuestos. Porque un sistema tan desigual sólo puede cambiar con apuestas políticas claras para acabar con estructuras que producen desigualdad y rechazo hacia las mujeres. Sobre todo ello tuvimos ocasión de reflexionar en octubre en la jornada sobre Género e Inclusión Social con la que Fundación Atenea ha conmemorado su 30 aniversario. Un espacio de conocimiento y reflexión para acabar con la exclusión de las mujeres.

Paz Casillas es directora de la Fundación Atenea